Es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y SabidurĆa. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.
La Biblia tiene mucho para hablarnos al respecto, pero te invito a que respondamos esta pregunta con la ayuda del apóstol Pablo. En 2 Corintios escribió una de las explicaciones mÔs claras sobre cómo sucede el crecimiento espiritual de los creyentes.
A diferencia de los judĆos inconversos que leen o escuchan la Palabra con sus corazones velados, explica Pablo: Ā«Todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del SeƱor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el SeƱor, el EspĆrituĀ» (2 Co 3:18).
Podemos decir, entonces, que los cristianos somos como rollos fotogrĆ”ficos que resultan transformados por la impresión de la luz cuando estĆ”n ante ella. AsĆ como en estos rollos se imprime una imagen cuando son expuestos a la luz, la imagen de Cristo es impresa en nosotros cuando contemplamos su gloria. AsĆ nos convertimos en fotografĆas de JesĆŗs, por asĆ decirlo. La gloria de Dios nos transforma.
Primero, debemos comprender que la gloria de Cristo es una gloria que hoy no se percibe con nuestra vista humana. Es una gloria que se percibe espiritualmente. De hecho, si creemos el evangelio, ya hemos empezado a «ver» esa gloria transformadora. Fue lo que ocurrió en nuestra conversión, como afirma Pablo:
Las personas en perdición no pueden ver el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo. Ellas estÔn ciegas y muertas espiritualmente. Pero por la gracia de Dios los creyentes tenemos vida espiritual. Podemos ver a Cristo tan hermoso y poderoso como realmente lo es, mientras el resto del mundo piensa que el evangelio es una locura (1 Co 1:22-25; 2:14). Podemos responder a la revelación de la gloria de Dios en Cristo.
En el evangelio, Dios muestra Sus atributos, como Su amor, Su justicia, Su gracia, Su sabidurĆa, Su poder. Muestra una belleza indescriptible, una que nos atrapa, nos lleva a vivir para Ćl, y nos hace mĆ”s como JesĆŗs. Nada en el universo es mĆ”s espectacular que esto. Por eso toda la Escritura se trata sobre JesĆŗs (Lc 24:27; Jn 5:39). En la Biblia, Cristo es revelado para que veamos Su gloria al conocerlo.
Esto significa que nuestra mayor necesidad antes de la conversión es ver la gloria de Cristo en Su Palabra, y nuestra mayor necesidad luego de la conversión es seguir viendo esa misma gloria, creciendo en el conocimiento de Ćl. Por eso predicadores como Martyn Lloyd-Jones, Charles Spurgeon, y muchos otros han hablado sobre la importancia de predicarnos a diario el evangelio a nosotros mismos.
Y es por eso que las disciplinas espirituales son tan importantes: necesitamos disciplinarnos para crecer en el conocimiento de Dios, con la mirada puesta en JesĆŗs.
En resumen, la única forma de avanzar hacia la meta que Dios tiene para nosotros es levantando la mirada por encima de nosotros mismos, nuestras circunstancias, las distracciones, y los mensajes que constantemente nos da nuestra cultura de espalda a Dios. Crecemos cuando vemos hacia arriba, al Cristo que vivió, murió, y resucitó por nosotros, y que ahora reina en majestad.
La comunión con Cristo es un remedio seguro para los males. Ya se trate del ajenjo del dolor o del empalago de los placeres terrenales, la Ćntima comunión con el SeƱor JesĆŗs quitarĆ” la amargura del uno y el hartazgo del otro. Vive cerca de JesĆŗs, cristiano, y el que habites en la montaƱa del honor o en el valle de la humillación serĆ” un asunto de importancia secundaria. Si vives cerca de JesĆŗs, estarĆ”s cubierto por las alas de Dios y debajo de ti tendrĆ”s los brazos eternos. Que nada te aleje de aquel sagrado roce que es el privilegio de un alma desposada con el bien Amado.
Cada dĆa, mientras caminamos hacia el lugar de trabajo, mi amigo Carlos y yo hablamos sobre muchos temas. Cuando llegamos cerca de su oficina, aplazamos nuestra conversación, pero sabemos que la podremos continuar al dĆa siguiente. Andamos juntos, compartimos nuestros pensamientos, tenemos ācomuniónā el uno con el otro.
āPor la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Diosā (Hebreos 11:5).