Dos o tres años de mi vida

Lunes 11 Junio

De ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Hechos 20:24

Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros.

Efesios 5:2

Dos o tres años de mi vida

Un futbolista italiano declaró en junio del año 2012: «Daría dos o tres años de mi vida por jugar en la final del campeonato de fútbol de Europa». La pasión por el juego y quizá la gloria personal que podría obtener dominaban su vida.

Esta actitud es opuesta a la fe cristiana. Jesús nos advierte: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” (Juan 5:44). Las pasiones y la búsqueda de la gloria, a pesar de ser tan efímera, motivan a los hombres en sus actividades, pero a menudo los hacen olvidar a Dios.

En contraste, cuando Jesús vino a la tierra, vivió humildemente. Se puso al servicio de los demás para hacerles bien. No recibía gloria de los hombres (Juan 5:41). Al entregarse en la cruz por amor a nosotros, no trató de buscar su propia gloria; lo hizo para salvarnos, para librarnos del juicio que merecíamos.

Jesús nos dice que debemos nacer de nuevo, y esto solo se obtiene creyendo en él. Entonces esta vida nueva nos animará, y podremos consagrarnos a su servicio, para su gloria, con el deseo de honrarlo sirviendo a los demás. ¡Esto hace toda la diferencia! Vale la pena vivir para Cristo, para Aquel que nos ama con un amor eterno. El apóstol Pablo decía: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Tenía un único objetivo, un único motivo e interés: Jesucristo, su modelo.

Levítico 21 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una nueva actitud

Una nueva actitud

6/10/2018

Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

(Efesios 4:24)

 Cuando usted se entregó a Cristo, reconoció que era pecador y decidió abandonar su pecado y las cosas malvadas de este mundo. Pero Satanás hará brillar al mundo y su pecado delante de usted para tentarlo a que regrese a él. Pablo nos advierte que no volvamos al mundo, sino que más bien nos vistamos de la justicia y santidad de la verdad.

Eso no es algo que se hace una sola vez; es algo que se hace cada día. Una manera de hacerlo se describe en 2 Timoteo 3:16, que dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Si quiere vivir rectamente, lea la Palabra de Dios. Lo ayudará a enfrentarse a los vestigios del mundo todavía presentes en su vida.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Cuando la razón sirve a la rebelión

JUNIO, 10

Cuando la razón sirve a la rebelión

Devocional por John Piper

El perezoso dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles. (Proverbios 22:13)

Eso no es lo que esperaba que dijera el proverbio. Esperaba que dijera: «El cobarde dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles». Pero dice perezoso, no cobarde. Así que la emoción determinante aquí es la pereza, no el miedo.

Pero ¿cuál es la relación entre la pereza y el peligro de que hay un león en las calles? No solemos decir: «Este hombre es demasiado perezoso para ir a hacer su trabajo porque hay un león afuera».

El punto es que el perezoso inventa situaciones imaginarias para justificar el hecho de que no esté haciendo su trabajo y por eso, en lugar de enfocarse en el vicio de su pereza, dirige la atención al peligro de los leones. Nadie aprobaría que se quedara en su casa todo el día solo porque es perezoso.

Una verdad bíblica profunda que necesitamos conocer es que nuestro corazón hace uso de la mente para justificar lo que el corazón quiere. Es decir, nuestros más profundos deseos preceden al funcionamiento racional de nuestra mente, e inclinan la mente a percibir y pensar de modo tal que nuestros deseos parezcan correctos.

Eso es lo que el perezoso está haciendo. Tiene un profundo deseo de quedarse en su casa y no trabajar, pero no tiene una buena razón para quedarse en casa. ¿Qué hace entonces? ¿Se sobrepone al deseo incorrecto? No, más bien hace uso de su mente para inventar circunstancias irreales que justifiquen su deseo.

Hacer el mal que amamos nos hace enemigos de la luz de la verdad. En esta condición la mente se convierte en una fábrica de verdades a medias, estratagemas, sofismas, evasiones y mentiras —todo lo que le permita resguardar los malos deseos del corazón con tal de no ponerlos al descubierto y destruirlos—.

Tengámoslo en cuenta y seamos sabios.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Deuteronomio 15 | Salmos 102 | Isaías 42 | Apocalipsis 12

10 JUNIO

Deuteronomio 15 | Salmos 102 | Isaías 42 | Apocalipsis 12

Isaías mismo es siervo de Dios (20:3), y también lo son Eliaquín, jefe de la casa de Ezequías (22:20), e Israel como colectivo (41:8–20). ¿Quién es el siervo del Señor en Isaías 42:1–9?

Algunos sostienen que sigue siendo Israel. En este caso, las palabras de Dios, “este es mi siervo” (42:1), se pronuncian delante de las naciones, una especie de defensa de su pueblo ante los grandes poderes que no son nada para él. Sin embargo, esta interpretación de Isaías 42 es improbable. “Este es mi siervo” suena como la introducción de un nuevo personaje. En los capítulos anteriores, el siervo de Dios Israel aparece quejándose (40:27), miedoso y angustiado (41:10). Al final de este capítulo, está sordo, ciego (42:18–19) y peca (42:23–24). En contraste, el siervo del Señor en 42:1–9 no flaquea ni se desanima (42:4), se deleita en Dios (42:1), es bondadoso, perseverante y hará justicia con fidelidad (42:3). Es un Siervo ideal, que encarna todo lo que Israel no fue capaz de ser. Así pues, en este caso, esas palabras van dirigidas a Israel. No solo se le presenta al Siervo porque sea un ideal al que deben aspirar, sino porque es quien los rescatará, como Isaías les dejará claro.

Este cántico del siervo se divide en tres partes: (a) En 42:1–4, Dios se dirige a Israel y presenta al Siervo, que traerá “justicia” a las naciones. El término hebreo es más extenso que el castellano. Engloba la idea de hacer efectivos todos los propósitos de Dios. Sin embargo, cuando el Siervo lo hace, no tiene nada que ver con Ciro o cualquier otro líder imperial. Es bondadoso: no grita ni levanta su voz por las calles (42:2). No rompe la caña quebrada ni apaga la mecha que apenas arde (42:3), un pasaje explícitamente aplicado a Jesús en Mateo 12:15–21. (b) En 42:5–7, Dios se dirige directamente al Siervo (nótese el v. 6: “Yo, el Señor, te he llamado en justicia”), y se permite a Israel escuchar lo que se ha dicho. Aquí, el Dios que da aliento a todas las personas (42:5) hace ahora que este Siervo sea tanto “pacto para el pueblo, como luz para las naciones” (42:6), anulando todos los efectos degradantes del pecado (42:7). (c) En 42:8–9, el Señor se dirige de nuevo a Israel, resumiendo una vez más la misión del Siervo ideal y afirmando que esta trae “cosas nuevas”, que se anunciaron de antemano.

No es de extrañar que este cántico exprese una profunda alabanza al Señor (42:10–17) y contraste una vez más la profundidad de la culpabilidad moral del siervo de Dios Israel (42:18–25), que sólo el Siervo ideal puede eliminar.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 161). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El precio de la expiación

Domingo 10 Junio

Jesucristo Hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.

1 Timoteo 2:5-6

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

El precio de la expiación

El Salmo 22 empieza con una pregunta que llama nuestra atención: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Quien hace esta pregunta considera a Dios como su Dios. ¿Quién es? ¿Es David, el autor del salmo? No, pues si leemos su historia en los libros de Samuel, lo vemos atravesar grandes pruebas, cometer graves faltas, pero nunca desamparado por Dios. ¿Hablará de otro hombre fiel de su época, que habría conocido el desamparo de Dios? No lo hallamos. Además, David mismo dice: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado” (Salmo 37:25).

En Mateo 27:46 hallamos la respuesta a nuestra pregunta: el único Justo desamparado por Dios fue Jesús. Y lo fue en el momento en que estaba en la más profunda angustia, clavado en una cruz, cuando estaba glorificando a su Dios de la manera más excelente. ¡Qué misterio insondable! ¿Por qué Dios abandonó a su Hijo? Porque cargaba con todos nuestros pecados, siendo hecho pecado por nosotros. Toda nuestra culpa cayó sobre él, y Dios nos juzgó en la persona del Señor Jesús, quien llevó, en nuestro lugar, el juicio que merecíamos. Dios quería salvarnos, y para ello su justicia y su santidad exigían tal sacrificio. Cristo murió por nosotros.

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas… mas el Señor cargó en él (Jesucristo) el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:6-7).

Levítico 20 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una mente renovada

Una mente renovada

6/9/2018

Renovaos en el espíritu de vuestra mente. (Efesios 4:23) 

Cuando usted se hace cristiano, Dios le da una nueva mente; pero usted debe llenarla de nuevos pensamientos. Un bebé nace con una mente nueva y fresca, y entonces se van haciendo impresiones en la mente del bebé que determinan el curso de su vida. Lo mismo ocurre con un cristiano. Cuando usted entra en el reino de Dios, recibe una mente nueva y fresca. Entonces tiene que formar los buenos pensamientos en su nueva mente. Por eso Filipenses 4:8 dice: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Tenemos una mente renovada, no una mente depravada.

En vez de tener una mente depravada, vil, lasciva, avara, sucia, tenemos una mente llena de justicia y santidad. Y eso debe caracterizar naturalmente nuestro modo de vivir.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

La oración es para pecadores

JUNIO, 09

La oración es para pecadores

Devocional por John Piper

Señor, enséñanos a orar. (Lucas 11:1)

Dios responde las oraciones de pecadores, no de personas perfectas. La vida de oración puede quedarse totalmente paralizada si uno no se centra en la cruz y se da cuenta de esto.

Podría mostrarlo en numerosos pasajes del Antiguo Testamento —donde Dios oye el gemido de su pueblo pecador que clama para ser librado de los problemas en los que sus mismos pecados los metieron (por ejemplo, Salmos 38:41540:12-13107:11-13)— pero lo mostraré en Lucas 11, de dos maneras:

En esta versión del Padre Nuestro (versículos 2-4), Jesús dice: «cuando oréis, decid», y luego en el versículo 4 incluye esta petición: «y perdónanos nuestros pecados». Por lo tanto, si conectamos el principio de la oración con la mitad, lo que Jesús dice es: «Cuando oréis, decid… perdónanos nuestros pecados».

Considero que esto significa que ésta debería ser una parte de todas nuestras oraciones, del mismo modo que cuando decimos «santificado sea tu nombre». Esto quiere decir que Jesús da por sentado que necesitamos buscar el perdón prácticamente cada vez que oramos.

En otras palabras, siempre somos pecadores. Nada de lo que hacemos es perfecto. Como dijo Martín Lutero en su lecho de muerte: «Somos mendigos, eso es lo que somos». No importa qué tan obedientes hayamos sido antes de orar. Siempre nos acercamos al Señor como pecadores —todos nosotros—. Y Dios no da la espalda a las oraciones de pecadores cuando oran de este modo.

El segundo lugar donde veo que se da esta enseñanza es en el versículo 13: «Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?».

Jesús llama a sus discípulos «malos». Un lenguaje bastante fuerte. Y no quiso decir que ellos ya no tendrían comunión con él. Tampoco quiso decir que sus oraciones no serían respondidas.

Quiso decir que mientras esta era de perdición dure, incluso sus propios discípulos tendrían una inclinación hacia el mal que contaminaría todo lo que hicieran, pero que eso no impediría que hicieran mucho bien.

Somos malos y redimidos al mismo tiempo. Estamos venciendo nuestra maldad gradualmente por el poder del Espíritu Santo. Pero nuestra corrupción natural no queda anulada en el momento de la conversión.

Somos pecadores y somos mendigos. Si reconocemos este pecado, luchamos contra él y nos aferramos a la cruz de Cristo como nuestra esperanza, entonces Dios nos oirá y responderá nuestras oraciones.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Deuteronomio 13–14 | Salmos 99–101 | Isaías 41 | Apocalipsis 11

9 JUNIO

Deuteronomio 13–14 | Salmos 99–101 | Isaías 41 | Apocalipsis 11

El poder teológico de Isaías 41 es notorio si comprendemos algo de la historia subyacente.

En línea con la predicción de 39:6–7, Jerusalén fue destruida finalmente en 587 a. C. Los babilonios derribaron el templo y mataron o deportaron a su pueblo. Este fue el acontecimiento más demoledor que la ciudad sufrió en la época del Antiguo Testamento. Sin embargo, lejos de creer que estos hechos demostraban que Dios estaba perdiendo el control, Isaías no solo previó la situación, sino que afirmó que era obra de Dios. Ahora, se dirige a aquellos que sufrirían el ataque babilonio y que se preguntarían si había alguna esperanza para ellos. Isaías ya les ha recordado que, en lo que a Dios respecta, las naciones no son más que una gota de agua en un balde o una mota de polvo en una balanza (40:15–17). Después, predice que Dios mismo acabará con la invasión del imperio babilónico, por medio del rey persa Ciro (41:2–4, 25–27; Ciro se nombra realmente en 44:28; 45:1).

Ciro, rey de la ciudad persa de Anshan, subió al poder en 559, cuando Persia seguía sometida a Media. Diez años más tarde, mató al rey medo Astiages y fundó el imperio persa. En menos de una década, conquistó territorios hasta llegar a la Turquía actual en el oeste (derrotando de camino al legendario rey Creso) y, en el este, hasta el noroeste de la India. Babilonia cayó en 539. Ciro modificó la política de anteriores imperios. Lejos de deportar a los pueblos sometidos, instó a los exiliados a regresar a su tierra, incluyendo a Israel (Esdras 1:2–4; véase la meditación del 1 de enero).

Isaías 41 hace entonces dos importantes reflexiones. En primer lugar, solo Dios es quien convoca a las naciones delante de él, controlando su destino, llamándolas a cumplir su voluntad, lo cual incluye a Ciro, al cual el Señor “hizo venir” para llevar a cabo las tareas asignadas a él. Esta atrevida declaración se apoya en el hecho de que Dios predice toda la secuencia de acontecimientos siglo y medio antes (41:21–29), algo que los ídolos paganos no podrían hacer: “¡Todos ellos son falsos! Sus obras no son nada; sus ídolos no son más que viento y confusión” (41:29). Tales predicciones pertenecen exclusivamente al ámbito del rey de Jacob (41:21), porque sólo él escribe la historia de antemano. En segundo lugar, Israel debe comprender que, como colectivo, es el siervo de Dios (41:8–20), descendiente de Jacob y Abraham, también siervos de Dios. Nada de esto significa que sean intrínsecamente grandes: el Señor se dirige a ellos como “gusano Jacob, pequeño Israel” (41:14). Sin embargo, su Dios y Redentor es grande, el Santo de Israel (41:14). Pueden dejar de lado el miedo (41:10) y regocijarse en él (41:16).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 160). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿No sabéis?

Sábado 9 Junio

Para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.

Mateo 9:6

Os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.

1 Juan 5:13

¿No sabéis?

Dios no estaba obligado a dar a conocer a los hombres pecadores sus planes de amor. Habría podido dejarlos en la ignorancia; así habrían hallado un pretexto para disculparse. Pero Dios se dio a conocer. Habló a los hombres de varias maneras, y sigue hablándoles.

El hombre debe reconocer primeramente la existencia de Dios: “Los cielos cuentan la gloria de Dios…” (Salmo 19:1), y el hombre es inexcusable si no la discierne (Romanos 1:20).

Cada persona también debe saber que Dios, santo y justo, no puede recibir al pecador. “Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios” (Isaías 59:2).

La Biblia, la Palabra de Dios, nos enseña que Dios es amor y que amó tanto a los hombres, que quiso salvarlos. Pero para salvar y justificar a pecadores y hacerlos aptos para habitar la santa morada de Dios, era necesario una obra de rescate que manifestara perfectamente todos los caracteres de Dios: su santidad, su justicia y su amor.

Esta obra es la de Cristo, el justo que murió por los injustos, “para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). “Dios… nos reconcilió consigo mismo por Cristo… Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo… os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:18-21).

“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).

Levítico 19 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La vida centrada en Cristo

La vida centrada en Cristo

6/8/2018

Vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído. (Efesios 4:20-21)

Los cristianos ya no estamos dominados por una mente ególatra; aprendemos de Cristo. Cristo piensa por nosotros, obra por medio de nosotros, ama por medio de nosotros, siente por medio de nosotros y sirve por medio de nosotros. La vida que tenemos no es nuestra, sino que es Cristo viviendo en nosotros (Gá. 2:20).

Filipenses 2:5 dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Un inconverso anda en la vanidad de su mente, pero una persona salva anda conforme a la mente de Cristo.

Dios tiene un plan para el universo, y mientras Cristo esté obrando en nosotros, Él está realizando una parte de ese plan por medio de nosotros. Pablo observó que Él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3:20).

Cada día debiera ser una aventura fantástica para nosotros porque estamos en medio del plan de Dios para los siglos

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org