//
estás leyendo...
Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Deuteronomio 13–14 | Salmos 99–101 | Isaías 41 | Apocalipsis 11

9 JUNIO

Deuteronomio 13–14 | Salmos 99–101 | Isaías 41 | Apocalipsis 11

El poder teológico de Isaías 41 es notorio si comprendemos algo de la historia subyacente.

En línea con la predicción de 39:6–7, Jerusalén fue destruida finalmente en 587 a. C. Los babilonios derribaron el templo y mataron o deportaron a su pueblo. Este fue el acontecimiento más demoledor que la ciudad sufrió en la época del Antiguo Testamento. Sin embargo, lejos de creer que estos hechos demostraban que Dios estaba perdiendo el control, Isaías no solo previó la situación, sino que afirmó que era obra de Dios. Ahora, se dirige a aquellos que sufrirían el ataque babilonio y que se preguntarían si había alguna esperanza para ellos. Isaías ya les ha recordado que, en lo que a Dios respecta, las naciones no son más que una gota de agua en un balde o una mota de polvo en una balanza (40:15–17). Después, predice que Dios mismo acabará con la invasión del imperio babilónico, por medio del rey persa Ciro (41:2–4, 25–27; Ciro se nombra realmente en 44:28; 45:1).

Ciro, rey de la ciudad persa de Anshan, subió al poder en 559, cuando Persia seguía sometida a Media. Diez años más tarde, mató al rey medo Astiages y fundó el imperio persa. En menos de una década, conquistó territorios hasta llegar a la Turquía actual en el oeste (derrotando de camino al legendario rey Creso) y, en el este, hasta el noroeste de la India. Babilonia cayó en 539. Ciro modificó la política de anteriores imperios. Lejos de deportar a los pueblos sometidos, instó a los exiliados a regresar a su tierra, incluyendo a Israel (Esdras 1:2–4; véase la meditación del 1 de enero).

Isaías 41 hace entonces dos importantes reflexiones. En primer lugar, solo Dios es quien convoca a las naciones delante de él, controlando su destino, llamándolas a cumplir su voluntad, lo cual incluye a Ciro, al cual el Señor “hizo venir” para llevar a cabo las tareas asignadas a él. Esta atrevida declaración se apoya en el hecho de que Dios predice toda la secuencia de acontecimientos siglo y medio antes (41:21–29), algo que los ídolos paganos no podrían hacer: “¡Todos ellos son falsos! Sus obras no son nada; sus ídolos no son más que viento y confusión” (41:29). Tales predicciones pertenecen exclusivamente al ámbito del rey de Jacob (41:21), porque sólo él escribe la historia de antemano. En segundo lugar, Israel debe comprender que, como colectivo, es el siervo de Dios (41:8–20), descendiente de Jacob y Abraham, también siervos de Dios. Nada de esto significa que sean intrínsecamente grandes: el Señor se dirige a ellos como “gusano Jacob, pequeño Israel” (41:14). Sin embargo, su Dios y Redentor es grande, el Santo de Israel (41:14). Pueden dejar de lado el miedo (41:10) y regocijarse en él (41:16).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 160). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Las Bienaventuranzas

Mateo 5:3-12 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Twitter

A %d blogueros les gusta esto: