M19 – Criando con un propósito

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M19 – Criando con un propósito

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Carmen Espaillat : Nancy Leigh DeMoss dice que cada madre necesita ser llenada con el amor de Dios.

Nancy Leigh DeMoss : Si tú descuidas tu relación con Él —y yo sé que tú sabes esto— tu amor por tus hijos va a menguar porque Cristo es la fuente de ese amor. Si tú no dejas que Él te llene de Su amor, entonces llegarás al punto en que tu amor se acabará.

Solo podrás hacerlo por determinación y empeño, pero serás incapaz de hacerlo con gozo y paz si no permaneces conectada a la Vid de donde proviene la vida verdadera.

Carmen : Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

La Biblia es un libro práctico. Las oyentes han ido descubriendo cómo un pasaje de Tito puede transformar sus matrimonios y la crianza de sus hijos. Nancy está tratando en esta serie con ideas útiles para las madres.

Nancy : Estamos hablando sobre mujeres que están aprendiendo a amar a sus hijos. Pero quiero desviarme un poco hacia un pasaje diferente en la Escritura. Hemos estado en Tito 2 hace unas semanas.

Pero ahora quiero dirigir tu atención a 1ra a los Tesalonicenses capítulo 2. Es posible que quieras buscarlo ya que iremos a través de los primeros 12 versículos de este pasaje.

Me gustaría algún día hacer una serie completa sobre este texto. Pero hoy solo quiero darles un vistazo general de un pasaje que no es específicamente sobre la crianza de los hijos, pero creo que tiene muchos principios prácticos que se pueden aplicar a este tema.

Pablo estuvo involucrado en la fundación de la iglesia en Tesalónica. Ahora se encuentra escribiendo a los creyentes de allí. Él se preocupaba por ellos como si fueran sus propios hijos. Pablo tenía un corazón de padre. Un corazón de padre para sus hijos espirituales. A menudo habla a Timoteo y a Tito como sus verdaderos hijos en la fe.

Él vio que el cuerpo de Cristo consiste en relaciones familiares —madres, padres, hijos, hermanos y hermanas. Él utiliza mucho esas imágenes porque el Cuerpo de Cristo es una familia. Así que hay una gran cantidad de metáforas del cuerpo de Cristo que son también aplicables a nuestras familias biológicas.

Así que Pablo le dice a los Tesalonicenses en el capítulo 2, en el versículo 1, “Porque vosotros mismos sabéis, hermanos.” Aun allí les llama hermanos; y habla en el contexto de las relaciones familiares. “Que nuestra visita a vosotros no fue en vano.”

No quiero estirar el texto aquí, pero para mí es interesante al estar meditando sobre esto, que Pablo toma la iniciativa para ir a ver a los tesalonicenses; a los habitantes de Tesalónica. El tomó la iniciativa.

Es una ilustración de la iniciativa que los padres toman con sus hijos. La crianza de los hijos requiere de mucha iniciativa de parte de los padres. Porque “no esperamos a que vinieran a nosotros. Fuimos a ellos”. Nosotros iniciamos esto. Nosotros teníamos el Evangelio. A nosotros se nos confió y nosotros quisimos que lo tuvieran ustedes, por eso lo llevamos a ustedes.

Casi siempre son los padres los que toman la iniciativa de evangelizar y discipular espiritualmente; la iniciativa del desarrollo de sus hijos.

Pablo los llama hermanos. Él quiso tener una relación espiritual de familia con los que eran sus hijos en la fe. En última instancia, quieres que tus hijos sean tus hermanos y hermanas espirituales, no solo que sean tus hijos. Ellos siempre lo serán. Pero además, quieres que lleguen al conocimiento de Cristo y a crecer en Cristo de tal manera que se conviertan en parte de tu familia espiritual como hermanos y hermanas en Cristo.

Él dice, “nuestra visita a vosotros no fue en vano.” Hubo dificultades. Si regresamos al libro de los Hechos, podemos leer sobre el tiempo que Pablo pasó con los tesalonicenses. Hubo algunos desafíos y contratiempos que él enfrentó, pero por la gracia de Dios, Dios trajo un fruto del ministerio de Pablo.

Permíteme decir que por la gracia de Dios tu ministerio como madre no será en vano. Habrá un fruto. El fruto puede que no venga tan rápido como quisieras. La crianza misma, por su naturaleza, no nos deja ver los resultados inmediatos.

Pero al mirar hacia atrás, tú podrás ver que tras tu perseverancia Dios trae el fruto. Tu compromiso, y tu fidelidad y tu testimonio para tus hijos no serán en vano.

Eso no significa que todos tus hijos serán unos gigantes espirituales. Algunos de tus hijos escogerán, quizás, rechazar los caminos de Dios. Pero por tu fidelidad al ministerio que Dios te dio como padre de familia, como madre de familia, lo que hayas hecho no será en vano y Dios será glorificado en alguna forma. Ten eso en mente durante los días difíciles, cuando estés enfrentando los desafíos de la crianza día a día.

En el versículo 2 Pablo dice, “Sino que después de haber sufrido y sido maltratados en Filipos, como sabéis.” Esto es lo que le sucedió a Pablo antes de su regreso a Tesalónica. “Tuvimos el valor confiados en nuestro Dios de hablaros el Evangelio de Dios en medio de mucha oposición”.

Aquí veo, solo a modo de aplicación, una ilustración de la disposición de servir a tus hijos y de criarlos fielmente aun si tienes cosas difíciles en tu vida. Pero Dios te puede dar la gracia para criar fielmente esos hijos aun cuando tienes otros asuntos difíciles ocurriendo en tu vida.

Veo esta audiencia aquí y sé que algunas mujeres han criado a sus hijos aun a través de tiempos difíciles, y lo están haciendo ahora. Hay gracia disponible para que lo hagas.

Y luego, ¿cuál era la meta de Pablo cuando vino a los tesalonicenses? “Tuvimos el valor confiados en Dios de hablaros del Evangelio de Dios.”

El Evangelio lo era todo para Pablo. Fue por eso que vivió y respiró y comió y durmió, y sufrió, y fue maltratado, y pasó persecución, para que la gente pudiera conocer el Evangelio de Jesucristo.

Tu meta como padre es “evangelizar” a tus hijos, para que tus hijos no solo hagan una profesión de fe, sino para que tus hijos en realidad lleguen a conocer a Jesucristo de una manera genuina, auténtica y transformadora, para que sean seguidores y discípulos de Cristo.

Así que debes estar dispuesta a perseverar y a soportar lo que sea para que puedas valientemente declarar el Evangelio a tus hijos —a largo plazo— a través de tu vida y de tus palabras.

En los versículos 3-6, Pablo habla acerca de los motivos ¿por qué estamos haciendo esto? Él dice: “Pues nuestra exhortación no procede de error ni de impureza ni es con engaño; sino que así como hemos sido aprobados por Dios para que se nos confiara el Evangelio, así hablamos, no como agradando a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones.”

Déjenme detenerme aquí por un momento. ¿Alguna vez te has encontrado como madre esclavizada al temor a los hombres, sobre lo que los otros piensan de ti como madre? Si tus hijos se portan mal, es a veces tu primer pensamiento: “¿Qué reflejo estoy dando como madre?”

Pablo dice, “No como agradando a los hombres, sino a Dios. Él fue quien nos llamó a esto. Si pudiera saber que estoy agrandando a Dios, entonces no importa lo que piensen los demás.”

Versículo 5: “Porque como sabéis, nunca fuimos a vosotros con palabras lisonjeras, ni con pretexto para lucrar, Dios es testigo” (parafraseado).

Él está diciendo, no estamos haciendo nada de esto para sacar algo de provecho para nosotros mismos. Cualquiera que tenga ideas románticas acerca de la crianza, si tienen esas ideas será desengañada porque si lo haces por lo que vas sacar de esto, terminarás decepcionada.

En última instancia, puede haber muchas recompensas. Pero Pablo dice: “No hicimos esto para obtener ganancia personal. Lo hicimos porque Dios nos llamó a hacerlo, porque los amamos y estamos comprometidos con ustedes para que tengan el Evangelio” (parafraseado).

Versículo 6: “Ni buscando gloria de los hombres.” No estamos tratando de obtener premios por ser “La mejor madre del año.”

Nuestra meta no fue tener la gloria de los hombres, “ni de vosotros ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad.” “Pero,” versículo 7 —y me encanta este párrafo— “más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos.”

La gente piensa del apóstol Pablo como alguien fuerte, enérgico, dinámico, o quizás hasta enojado, o algunos podrían llamarle arrogante. Yo no uso esas palabras, pero he oído que algunos lo describen así.

¡Qué imagen usa el apóstol Pablo! El pensar como una madre que amamanta con ternura a sus propios hijos. ¿Hay alguna imagen más tierna que ésta?

Conozco a una madre que está lactando. Ella, junto a esposo y su bebé, están viviendo en mi casa ahora mismo. Cuando entro a la sala algunas veces Sara está amamantando a su pequeña Caitlin. Es una imagen preciosa. Con ternura, con compasión, con suavidad. Hay una ternura que percibes en una madre al amamantar a su bebé.

El apóstol dice, así éramos: “como si fuéramos sus padres espirituales.” Fuimos delicados, fuimos tiernos. No que no hubiera asuntos que atender, sí los había. Pablo quería atenderlos, y quería ser firme cuando era necesario. Pero también tenía esa ternura.

Vemos de dónde viene en el versículo 8: “Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no solo el Evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegasteis a sernos muy amados.”

Este es el lenguaje del amor. Esto es hablar de amor. Esto es un padre espiritual amoroso. ¡Qué ejemplo para los padres y sus hijos!

“Tuvimos un gran afecto por ustedes. No vinimos solo a darles el mensaje del Evangelio. Vinimos a darnos a ustedes porque nos importan. Los amamos. Tenemos un gran afecto hacia ustedes” (parafraseado).

Y esto me recuerda a aquel pasaje en Isaías 49:15-16 donde vemos ese corazón tierno de Dios, ese corazón compasivo de un padre. Él dice, “¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado.”

Ese es un corazón de padre. O en el Salmo 103:13-14, “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el SEÑOR de los que le temen. Porque Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos solo polvo.” Él es un Dios bondadoso.

Pablo estaba diciendo, no solo compartimos palabras con ustedes, sino que compartimos nuestras vidas también recordando que los hechos hablan más que las palabras a la hora de disciplinar a los hijos.

Luego en el versículo 9—he aquí la parte que sabías que vendría: “Porque recordáis, hermanos, nuestros trabajos y fatigas.”

Trabajo—una palabra que va lado a lado con la maternidad. Yo nací en el día del trabajo. Fue un día de verdadero trabajo para mi madre. Yo fui la primera de siete hijos. Mi madre estuvo embarazada la mayor parte de sus primeros cinco años de casada. Ella tuvo seis hijos en sus primeros cinco años de matrimonio. Imagínense, mucho trabajo.

El apóstol Pablo dice que hay mucha labor y fatiga en la crianza de los hijos. “Trabajando de noche y de día” —suena como la descripción del trabajo de una madre— “para no ser carga a ninguno de vosotros, mientras os proclamamos el Evangelio de Dios.”

Pablo dice, “Estamos dispuestos a hacer lo que sea por pasarles la fe en Jesucristo a ustedes” (parafraseado).

Steve y Janet Blye escribieron un libro llamado “Cómo ser una buena madre”, permítanme leerles un párrafo del libro, dice:

Ningún trabajo en el mundo exige más fuerza física, mental, social, emocional, y espiritual que el ser una buena esposa y madre. Si una mujer busca una vida fácil, mejor que trate de enseñar a jugar tenis, a cortar diamantes, o que se una a un equipo de derby. No es nada fácil el ser una buena madre. Puede ser agotador, desgarrador y producir ansiedad. Y eso es solo el principio.

Es un trabajo duro. El ser madre requiere de sacrificio, abnegación, trabajo, fatiga. Es un empleo de 24 horas los 7 días de la semana, ¿no es cierto? No hay vacaciones. Tu familia puede salir de vacaciones, pero es ahí cuando más duro tú trabajas. No hay días de descanso, no es un empleo de medio tiempo.

Hay momentos en que sientes que no te queda nada más que dar. Eso es verdad en todo lo que Dios nos llama a hacer, dicho sea de paso. A propósito , yo estoy haciendo el papel de madre espiritual a través de Aviva Nuestros Corazones, y hay días en que la labor y la fatiga duran el día y la noche y siento que no me queda nada más que dar.

Eso es parte del llamado. Pero también Dios te puede dar gracia para esta parte del llamado. He visto algunas madres y yo pienso, “¿Cómo lo hacen, con tan pocas horas de sueño?”

No estoy diciendo que tengas que abusar de tu cuerpo. Creo que hay algunas formas prácticas para descansar cuando lo necesites. Pero hay tiempos en que no vas a poder dormir una noche entera por varias noches corridas. Pero si Dios te ha colocado en esa etapa, Él te puede dar la gracia para eso.

Cuando sirves, recuerda que las recompensas no vendrán de la cultura ni de tus hijos a corto plazo. Pero Dios lo ve. Él conoce tu trabajo y tu labor. Él conoce tus fatigas. Dios es el que te dará la recompensa.

Cuando sirves de esta manera con este trabajo de noche y de día y tienes esta labor ardua de madre, tienes que permanecer conectada al Señor para tener Su fortaleza, para tener Su gracia, Su gozo, para servir a tu familia.

Si descuidas tu relación con Él —y yo sé que sabes esto— entonces el amor por tus hijos va a menguar porque es Cristo la fuente de ese amor. Si no dejas que Él te llene con Su amor, llegará un momento en que tu amor se acabará.

Solo podrás hacerlo por determinación y empeño, pero serás incapaz de hacerlo con gozo y paz si no permaneces conectada a la Vid de donde proviene la vida verdadera.

El versículo 10 de 1ra a los Tesalonicenses 2 dice: “Vosotros sois testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes.”

¡Qué versículo! Se trata de la importancia de un mensaje de vida, practicándolo, modelando a tus hijos lo que tú quieres que ellos crean y abracen. No es suficiente con decirles el Evangelio, pero qué importante es que ellos puedan ver tu vida y ver una vida santa, una vida justa e intachable.

No quiero decir que tengas que ser perfecta. Acabas de dar un suspiro de alivio porque pensaste: “Porque, ¿y quién es?” Pero esto es lo que sí significa: tienes que ser humilde. Significa que cuando te equivoques, debes ser honesta y decir, “Me equivoqué”.

Tuve el privilegio hace dos semanas de entrevistar a una niña de 10 años de nombre Ana quien escribió a nuestro ministerio. Le llamé y hablé con ella por teléfono. Al final de la llamada le pregunté si había alguna cosa que me quisiera decir acerca de su madre.

Una de las primeras cosas que Ana dijo fue, “Esto no ocurre muy a menudo, pero cuando mi mamá hace algo mal, pronto viene a nosotros y nos dice que se equivocó y dice, ‘¿Me perdonan?’”

Esta niña de diez años no estaba impactada por el hecho de que su mamá haya hecho algo mal, sino por el hecho de que ella era capaz de humillarse y pedir perdón.

Versículos 11 y 12: “Así como sabéis de qué manera os exhortábamos, alentábamos e implorábamos a cada uno de vosotros, como un padre lo haría con sus propios hijos, para que anduvierais como es digno de Dios que os ha llamado a Su reino y a Su gloria.”

Así que hay un tiempo en que eres tierna y suave cuando tienes un bebé en tus brazos. Esos son momentos de baja confrontación cuando te inviertes en la vida de ese niño y hay una intimidad, ese gozo y ese disfrute en la relación.

Pero luego hay momentos en que tienes que decir algunas cosas duras. Cuando tienes que ser directa, cuando tienes que exhortar y animar y ordenar a tus hijos para que caminen de una manera digna de Dios. Cuando se requiere la palabra con “D”, de “disciplina”, entrenamiento y corrección.

Son difíciles las dos etapas, y ninguna se logra de la noche a la mañana. Pero no hay amor… no los estás amando correctamente si nos los estás disciplinando, entrenando y corrigiendo. El amor no significa complacerlos, ni ceder ante sus demandas y caprichos.

Creo que esto es una realidad para muchos padres, especialmente cuando tienen adolescentes; sienten la necesidad de que sus hijos los aprueben y temen el enfrentar su descontento. ¿Quién quiere que sus hijos se enojen con uno?

Sin embargo, hay ocasiones en las que tienes que arriesgar su descontento y darte cuenta que antes de que tú seas su amiga, eres su madre. Hay veces que en un espíritu de mansedumbre con una vida que la respalda —ya que no estamos diciendo que los entrenes con una vida hipócrita donde los niños saben que dices una cosa y haces otra— sino que con una vida santa y humilde seas honesta con tus hijos acerca de las áreas donde tienen que ser entrenados y corregidos en los caminos del Señor.

De hecho, Proverbios 13:24 nos dice, “El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia”. Pero él dice, “si no corriges a tus hijos bíblicamente entonces los estas odiando.”

“El que lo ama es diligente en disciplinarlo.”

No es fácil; y se tiene que hacer con cuidado y con amor —no con enojos, no con ira, no con violencia. Pero hay formas bíblicas y quizás algún día haremos una serie acerca de esto en Aviva Nuestros Corazones. Va de acuerdo a la disciplina del Señor, que dice en Hebreos 12, «AL QUE AMA, DISCIPLINA, Y AZOTA A TODO AQUEL QUE RECIBE POR HIJO” (verso 6).

Vi un artículo recientemente acerca de una nueva encuesta de Barna. El título del artículo era “Muchos padres cristianos eligen satisfacer a sus hijos por encima de Dios”. El estudio muestra que muchos padres cristianos están comprando medios de entretenimiento como son DVDs, música y juegos de vídeo a sus adolescentes e hijos más jóvenes, a pesar de tener convicciones que son contrarias al contenido de esas cosas que compraron.

Un gran número de padres de familia, en un margen de 25 a un 30% dependiendo del tipo de medios al que nos refiramos—los padres de familia que compran cosas a sus hijos que saben que no es bueno para sus almas. El encabezado era “Padres cristianos eligen satisfacer a sus hijos por encima de Dios.”

Antes de vernos muy apenados por esto, preguntémonos, “¿Habrá alguna manera en la que no estoy disciplinando a mis hijos para pensar y vivir a la manera de Dios?”

Recientemente vi un segmento del programa “60 Minutos” de la cadena televisiva CBS, llamado “The Millenials are Coming” [“Vienen los Mileniales”]. Se trataba de una nueva generación de trabajadores norteamericanos. No tengo tiempo para leer toda la transcripción pero hay aproximadamente 80 millones de mileniales nacidos entre 1980 y 1995. Estos son los que van a llenar las plazas laborales, y que remplazarán a los “baby boomers” quienes están ahora entrando a los 60.

Este segmento decía que estos niños, los mileniales, “fueron criados por padres que les tuvieron un cariño ciego, excesivo que siempre se les dijo que eran especiales, que jugaron en las pequeñas ligas de béisbol sin perdedores o ganadores; siempre se les dijo que todos eran ganadores. Se les dieron trofeos solo por participar.”

Alguien dijo, “Ahora tenemos una generación que creció con la expectativa de que vienen a su trabajo creyendo que automáticamente van a ganar y que siempre se les recompensará por solo aparecerse”.

Los empleadores están aprendiendo que la única forma de mantener los empleados en medio de esta generación es “darles lo que quieren.”

Eso no quiere decir que no haya cosas buenas que decir acerca de las habilidades y el corazón de algunos de esta generación. Pero quiero decir, padres de familia, ustedes están determinando lo que será escrito sobre la siguiente generación de trabajadores. ¿Qué será? ¿Cómo se les describirá?

Esta generación de nuevos trabajadores se formó en los últimos 18-25 años por padres que tenían cierta filosofía de la crianza, y ahora se manifiesta en la cultura adulta. Así que lo que estás haciendo ahora con tus hijos, la forma en que los estás criando y disciplinando, y entrenando y corrigiéndolos, o animándolos y amándolos sabiamente, no solo te impactará a ti y a tus hijos sino a toda una cultura en la próxima generación.

Al entrenar, recuerda que este es el medio de transmitir el Evangelio a la próxima generación. Eso es lo que hace tu tarea como padre tan crucial. Por eso, madres, necesitan amar a sus niños aun si ellos no lo entienden, o incluso cuando no sean dignos de ser amados.

Es por eso que como madre tienes que perseverar y ser fiel en este llamado de la crianza. Recuerda ese pasaje en Oseas 11:1-4 donde Dios dice, “Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Sin embargo yo enseñé a andar a Efraín, yo lo llevé en mis brazos.” Entonces Dios habla de ese tiempo cuando Israel se fue tras la idolatría, el adulterio espiritual, pero Dios nunca dejó de amarlos. Él dijo: “Pero ellos no comprendieron que yo los amaba. Con cuerdas humanas los conduje, con lazos de amor.”

Dios hizo eso por sus hijos rebeldes y obstinados, que no entendían. Dios dice, nunca dejé de amarlos. Nunca dejé de cuidarlos, nunca dejé de alimentarlos, nunca dejé de invertir en ellos.

Algunas de ustedes están en un tiempo de su vida con los niños en que tienen que dar un amor firme. Esto no significa que los debes amar necesariamente de la forma que ellos quieren ser amados o que ellos demandan. Pero nunca dejes de amarlos. Así como Dios nunca ha dejado de amarte a ti.

Carmen : Nancy Leigh DeMoss ha estado ofreciendo consejos útiles para las madres. No puedes amar a tus hijos si no te has llenado de Su amor. Eso es verdad en todos los aspectos de la feminidad bíblica. En cualquier rol al que Dios te haya llamado, en cualquier etapa de la vida, tú necesitas Su visión y fortaleza como mujer. Nosotros podemos apoyarte por medio de recursos y artículos especialmente para ti. Visítanos en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

El dominio propio es una parte fundamental para llegar a ser una verdadera mujer de Dios. Aprende por qué mañana cuando regresemos a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Andar en la noche

Martes 25 Agosto
El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre del Señor, y apóyese en su Dios.
La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
Andar en la noche

En la epístola a los Romanos el apóstol Pablo nos dice que la vida cristiana puede compararse a un paseo en la noche, mientras esperamos el día. El amanecer está más cerca que cuando comenzamos este recorrido. Sin embargo, todavía no ha amanecido. Mientras tanto, debemos confiar en Dios para llegar sanos y salvos a nuestro destino. No podemos ver hasta el fin el camino que tenemos por delante, pero la Palabra de Dios es una lámpara a nuestros pies (Salmo 119:105), y confiamos en que Dios nos llevará a nuestro destino, porque “por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). «La fe consiste en dar el primer paso, incluso si no se ve la escalera completa», dijo Martín Luther King.

La Biblia no pretende explicar cada aspecto de nuestra vida. Sin embargo, sabemos que Dios estará con nosotros a lo largo de nuestra existencia (Salmo 23). La presencia del Señor en nuestra vida vale más que una explicación detallada de todo. ¿Cómo podríamos nosotros, siendo simples criaturas limitadas, esperar tener una comprensión total de nuestra situación?

Cristianos, andamos por un sendero que nos conduce al cielo. Pero no estamos solos: Jesús nos precedió. Él alumbró el camino y nos acompaña en nuestro viaje, en cada etapa del recorrido. Incluso cuando atravesamos momentos difíciles, él está con nosotros. Tal vez no captemos todos los detalles del viaje, pero sabemos que él está con nosotros, a nuestro lado, en nuestro progreso.

26 – Sufrimientos y gloria | Romanos 8:18-25

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

26 – Sufrimientos y gloria | Romanos 8:18-25

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/

Salvación 101

Coalición por el Evangelio

Salvación 101

CARLOS LLAMBÉS

La salvación es uno de esos temas que la mayoría de los cristianos cree maneja muy bien, y sin embargo, a la hora de explicarlo, nos encontramos dudando.

Una de las cosas que más hace un misionero es hablar con las personas de su necesidad de arrepentimiento. Es por eso que al hablar con personas, ya estamos esperando preguntas como: ¿Por qué tengo que arrepentirme? ¿Qué es eso de salvación? ¿Salvación de qué? ¿Por qué necesito salvación? Aunque las respuestas parezcan ser obvias para cualquier cristiano, muchas veces no dominamos el tema como debiéramos, y es por eso que queremos repasar esto que es de suma importancia y fundamental. Lo que quisiera es que este breve escrito pueda servirte para repasar estas verdades y tenerlas más claras, o quizás para entenderlas por primera vez.

Hablando bíblicamente, la salvación se refiere a la obra de Dios en favor del hombre que provee un camino de liberación de la condena y castigo del pecado y la justa ira de Dios.

Para entender la salvación, entonces, debemos entender el estado perdido del hombre.
La Biblia nos deja ver que el hombre esta en un estado caído en pasajes como Romanos 3:9-1923Efesios 2:1-3; y Hechos 9:27.
De manera que, para que el hombre pueda ser salvo, el necesita saber primeramente que está perdido.

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, presenta argumentos poderosos que demuestran el estado perdido del hombre.

Es importante reconocer que la mayoría de los individuos parecen creer:

  1. Que no son realmente pecadores.
  2. Que no son tan malos como algunos otros.
  3. Que el infierno no es real.
  4. Que sus buenas obras sobrepasan sus malas acciones, lo que les será tomado en cuenta a su favor.
  5. Que Dios es tan bueno y tan amoroso que no permitirá que la gente vaya al infierno
  6. Que al final, de alguna manera, toda la gente se salvará.

El problema con todas esas creencias, excusas y argumentos es que todas son falsas. Ninguna tiene soporte en la Escritura.

La realidad del asunto es que sin Cristo todos los hombres:

  1. Están perdidos y sin remedio, la ira de Dios está sobre ellos (Juan 3:36).
  2. Están condenados a morir en sus pecados (Ezequiel 18:20).
  3. Están separados y alienados de Dios por causa del pecado (Romanos 3:23).
  4. La única solución es la provisión de Dios para salvación en Cristo. El hombre carece de la habilidad y la capacidad para salvarse a sí mismo. El pecado del hombre es la razón por la cual el hombre pierde la justicia, la rectitud y la pureza moral que le impide tener una posición correcta delante de Dios.

Por su parte, el hombre insiste en salvarse a sí mismo de múltiples maneras. Las formas más comunes:

Siendo buenos.

En otras palabras por medio del mérito y justicia personal. Sin embargo la Biblia nos deja ver que la justicia del hombre son como trapos de inmundicia, Isaias 64:6. La justicia que es aceptable para Dios no es inherente en el hombre, pues si los escribas y fariseos (que habían dedicado sus vidas a conocer la Palabra y agradar a Dios) no lo lograron, nosotros tampoco lo haremos.

“Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y Fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”, Mateo 5:20.

Haciendo el bien.

Las obras de caridad, los ritos religiosos, el guardar la ley. La Biblia nos deja ver claramente que las obras no pueden salvar al hombre.

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado”, Gálatas 2:15-16.

Confiando en su herencia religiosa.

El asunto no es por herencia o por tradición.

“Sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios”, Romanos 2:29.

Conocimientos, sabiduría e inteligencia.

El hombre no puede discernir por sí mismo la realidad de quien es Jesús. Solamente Dios puede revelarle al hombre el significado de Jesús para salvación.

“Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente”, 1 Corintios 2:14.

Mi oración es que este breve escrito te sirva para explicar a otros las buenas nuevas. Ahora, si Dios ha abierto tu entendimiento para reconocer que eres un pecador que necesitas un Salvador, arrepiéntete de tus pecados y deposita toda tu esperanza y confianza en la obra salvadora de Cristo en la cruz para el perdón de nuestro pecados. Hoy es un buen día para comenzar una relación con él.

58 – «Volveré» Anticipando el Glorioso Retorno de Nuestro Señor Jesucristo

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

58 – «Volveré» Anticipando el Glorioso Retorno de Nuestro Señor Jesucristo

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC

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Toda autoridad en el cielo y en la tierra

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Toda autoridad en el cielo y en la tierra

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie «La Gran Comisión», publicada por la Tabletalk Magazine.

¿Quién tiene la autoridad para mandar a otros? ¿Qué le da a alguien el derecho de mandar a otra persona? Esta pregunta puede plantearse con respecto a cada área de la vida: la vida familiar (padres), la vida de la iglesia (pastores, ancianos), la vida civil (gobernantes, presidentes, etc.). ¿Quién autoriza a los padres, pastores, ancianos y gobernadores a presidir en sus respectivas esferas?

Es de destacar que antes de que Jesús comisionara a Sus discípulos en Mateo 28:18-20, afirmó Su autoridad para hacerlo. Habiendo cumplido la obra de redención, anticipó Su ascensión y coronación, ese punto en el cual se sentaría a la diestra del Padre y se le daría el nombre que está sobre todo nombre en los cielos y la tierra (Ef. 1:20-23).

Jesús, siendo el eterno Hijo de Dios, tiene autoridad en Sí mismo.

Autoridad es el derecho a ejercer dominio, a gobernar, a mandar. La palabra griega exousia, que se traduce como la palabra en español autoridad en Mateo 28:18-20, significa literalmente «lo que surge de ser». Es el derecho a gobernar que surge de las condiciones presentes (estado de ser) o de la relación en la que uno se encuentra. Un padre tiene el derecho de gobernar en virtud de la relación ordenada por Dios que el padre tiene con su hijo. Jesús tiene el derecho de gobernar en virtud de Su estado actual de ser, o condición, como el vencedor del pecado, la muerte y el infierno.

Por lo tanto, antes de que el Señor Jesús comisionara a Sus discípulos, afirmó Su autoridad para hacerlo. Aquí tenemos un reclamo de autoridad universal e ilimitada. Debemos notar primero la fuente de Su autoridad: la recibió de Su Padre. En Su estado de humillación (Su vida terrenal antes de Su resurrección), Él poseía autoridad, pero voluntariamente limitó el ejercicio de la misma. Sin embargo, a veces la afirmaba con gran poder.

Durante Su ministerio, Su autoridad fue manifestada en la manera en que enseñaba (Mt. 7:29), en conceder perdón de los pecados (9:6), en calmar el mar (8:26), en sanar todo tipo de enfermedad y dolencia (9:35), en expulsar demonios (12:22) y en obtener victoria sobre la misma muerte (Jn. 11:43).

Pero todos estos ejercicios de autoridad no fueron más que débiles manifestaciones de la autoridad ilimitada y universal que le fue restaurada por el Padre en Su exaltación. Ahora Jesús afirma: «toda autoridad en el cielo y en la tierra». Más adelante el apóstol Pablo escribe a los filipenses que Dios el Padre ahora «exaltó hasta lo sumo» al Hijo para que en Su nombre «se doble toda rodilla». Todas las cosas han sido puestas bajo Su autoridad (Flp. 2:9-10).

Por supuesto, Jesús, siendo el eterno Hijo de Dios, tiene autoridad en Sí mismo. Él posee autoridad de acuerdo a Su deidad junto con el Padre y el Espíritu. Él, junto con el Padre y el Espíritu, es el creador soberano y sustentador de todo lo que existe.

Sin embargo, en Su encarnación y en Su humillación, Él eligió no ejercer Su autoridad de la misma manera que lo hizo antes. Como dice el Catecismo Menor de Westminster: Él nació  «sujeto a la ley» (Pregunta y Respuesta 27). Él, quien con el Padre y el Espíritu expresó Su soberana voluntad en la autoridad de Su santa ley, ahora estaba sujeto a esa ley. Jesús en Su encarnación experimentó la humillación de estar bajo la autoridad de simples hombres: padres, gobernantes civiles, etc. Eligió no ejercer todos los privilegios de Su autoridad y se permitió ser gobernado, incluso abusado, por hombres mortales y malvados.

Pero, después de haber realizado la obra que el Padre le dio, fue exaltado en lo alto como el Dios-hombre, el Mesías. Jesús entonces recibió autoridad dada por el Padre. Su autoridad pre-encarnada fue restablecida ya que fue investido con autoridad desde lo alto como Señor y Cristo. La profecía mesiánica del Salmo 2 se cumplió en Jesús (Hch. 13:33He. 1:55:5). A lo largo del Antiguo Testamento, a Israel se le prometió un Mesías que sería exaltado al lugar de suprema autoridad y dominio. El Salmo 2:6-8 declara que al Mesías le son dadas las naciones mismas de la tierra como Su herencia. Todos los seres angélicos, los santos, los profetas y los apóstoles se postran ante Él, reconociendo que Él es el Rey de reyes y el Señor de señores. Y un día todos Sus enemigos serán conquistados y puestos por estrado de Sus pies (Sal. 110:1).

Ten en cuenta también el alcance de Su autoridad. Es ilimitada. Su autoridad no está restringida por jurisdicción o geografía. Él ha recibido del Padre toda autoridad, sin limitaciones o restricciones. Sabemos que este es el caso porque Jesús agrega la frase aclaratoria «en el cielo y en la tierra», en todas partes del universo en que cualquier autoridad puede ser ejercida. A Él se le otorga toda la autoridad en los ámbitos espiritual y material, en los cielos y en la tierra. No hay lugar en este universo sobre el cual no se le haya dado autoridad. Su autoridad penetra en cada reino y esfera de influencia.

Es sobre este fundamento que Jesús comisionó a Sus discípulos. No sería la Gran Comisión si no descansara sobre esta gran alegación de autoridad universal e ilimitada. Y siendo autorizados por el Señor mismo, los discípulos salieron y transformaron el mundo.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Roland Barnes
Roland Barnes
El reverendo Roland Barnes es pastor principal de Trinity Presbyterian Church (PCA) en Statesboro, Georgia.

 

M18 – Deléitate en tus hijos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M18 – Deléitate en tus hijos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/deleitate-en-tus-hijos/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss : Escucha, mamá. Cuando tu hijo te envía correos electrónicos o te llama o te deja una nota y te dice, “Te amo, mamá,” ¿es significativo para ti? Lo es. ¿Crees que no es significativo también para tus hijos?

Diles a ellos antes de colgar el teléfono que los amas. Tan solo piensa, si esta fuera la última llamada que recibieras, ¿tendrías remordimientos? O, ¿habrías dicho lo necesario o lo suficiente de forma que estés segura que dijiste lo que era necesario haber dicho?

Carmen: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demos en la voz de Patricia de Saladín.

La Carta a Tito, capítulo 2, tiene mucho que ofrecerte como mujer. Hemos estado descubriendo las riquezas de este pasaje en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer. Nancy retoma el tema en Tito 2.

Nancy: Hemos estado hablando en las últimas semanas sobre cómo las mujeres más jóvenes deben aprender a amar a sus esposos. Hoy veremos la próxima frase, que dice: “que enseñen a las jóvenes a que amen a sus hijos”(ver versículo 4).

Mientras estaba estudiando para preparar esta sesión, me encontré con un artículo en el internet. Fue escrito por una madre que tiene seis hijos, y fue titulado, “¿Estás pensando en tener hijos?”. En ese artículo ella da varias lecciones.

Lección 1: Si estás pensando en tener hijos….

● Ve al supermercado.

● Haz los arreglos para que el salario de tu esposo sea pagado directamente a sus oficinas principales.

● Ve a tu casa. Toma tu revista favorita.

● Léela por última vez.

Lección 2: Para descubrir cómo serán las noches. . .

● Camina por la sala desde las 5 de la madrugada hasta las 10 de la noche cargando una bolsa o un bulto mojado que pese aproximadamente de 8-12 libras, con un radio encendido en estática (o algún ruido molestoso) con un alto volumen.

● A eso de las 10 de la noche , coloca la funda en el suelo, pon la alarma para la medianoche y vete a dormir.

● Levántate a las 12 y camina alrededor de la sala otra vez, con el bulto, hasta la 1de la madrugada.

● Pon la alarma para las 3 de la madrugada.

● Como a este punto no te puedes volver a dormir, levántate a las 2 de la madrugada y atraca la nevera.

● Vete a la cama a las 2:45 de la madrugada.

● Levántate a las 3 cuando se dispara la alarma.

● Canta canciones en la oscuridad hasta las 4.

● Levántate y haz el desayuno.

● Mantén durante 5 años.

● Luce alegre.

Lección 3: Vestir niños pequeños no es tan fácil como parece.

● Compra un pulpo y un bulto pequeño hecho de malla flexible.

● Intenta colocar el pulpo dentro del bulto de manera que ninguno de sus brazos quede fuera.

● Dispón de tiempo para esto—toda la mañana.

Lección 4:

● Toma un cartón de huevos. Usa un par de tijeras y una lata de pintura y conviértelo en un caimán.

● Luego, toma el tubo de cartón de un rollo de papel higiénico y usando solo cinta adhesiva y un pedazo de papel aluminio, conviértelo en una atractiva vela de navidad.

● Por último, toma un cartón de leche, una bola de ping-pong, y un paquete vacío de cereal y haz una réplica de la Torre Eiffel.

Lección 5: Compra una mini-van. Y no pienses que puedes dejarla en la marquesina sin ninguna mancha y reluciente. Los carros familiares nunca lucen así.

● Compra una barquilla de helado de chocolate y colócalo en la gaveta delantera del carro y déjalo allí.

● Consigue una moneda de diez centavos y métela en la casetera.

● Toma un paquete de galletas de chocolate de tamaño familiar y aplástalo en el asiento trasero.

● Pasa un rastrillo de jardín por ambos lados del carro. Ya. Perfecto.

Lección 6:

● Vacía un melón.

● Haz un hoyo pequeño en un lado.

● Suspéndelo desde el techo y mécelo de lado a lado.

● Ahora, consigue un tazón de hojuelas de maíz ya empapado de leche e intenta meterlo con una cuchara en el melón que está siendo columpiado de lado a lado pretendiendo que es un avión.

● Continúa haciendo esto hasta darle por lo menos la mitad del tazón de hojuelas de maíz.

● Voltea la mitad del tazón sobre ti. La otra mitad, simplemente lánzala al aire.

Ahora estás lista para alimentar a un bebé de nueve meses.

¿Te suena familiar?

Las ancianas deben entrenar y enseñar a las más jóvenes a amar a sus hijos, de acuerdo a lo que nos enseña Tito 2:4. Esta frase amar a sus hijos, en el griego, en el idioma en que fue escrito originalmente este texto, es una sola palabra. Pero en realidad una combinación de dos palabras que componen o forman una palabra compuesta.

La primera palabra es la palabra philos, la cual es la palabra para amigo; la segunda palabra es teknon, que la palabra para hijo. Es la persona que aprecia a los niños, un amante de los niños, que los disfruta.

Durante las próximas sesiones, queremos hablar sobre algunas cosas simples y sencillas. De nuevo, les reitero que no tengo hijos propios, por lo tanto no soy ninguna experta en este tema; pero quiero animar a aquellas de ustedes que son madres, o están pensando en serlo, aquellas con el corazón de Dios para sus hijos.

La idea de amar a los hijos. . .mientras meditaba sobre esto durante los últimos días, entiendo que parte de amar a los hijos incluye el concepto de deleitarse en ellos. Sé que mucho de la maternidad es parecido a lo que recién leímos, el tener que alimentarlos en la madrugada, los desórdenes en el carro familiar, las muchas distracciones y disturbios y las cosas que hacen que la maternidad sea difícil.

Pero veo muchas madres que pierden la perspectiva sobre el hecho de que los hijos son una bendiciónPuedo ver como eso ocurre, y por eso precisamente es que necesitamos estos tiempos para animar y recordarnos unas a las otras que realmente ellos son algo en lo que debemos deleitarnos.

¿Qué significa deleitarse en los hijos? Y, ¿cómo lo puedes hacer? He aquí varias ideas que pueden serles útiles a ustedes.

La primera tiene que ver con el concepto de tener hijos—el deseo, la voluntad de tenerlos, de recibirlos como bendiciones y regalos de parte del Señor. Pienso que saben que vivimos en una cultura que considera a los hijos como una carga o como una molestia.

Bueno, si vamos a tener el requisito de tener uno punto y tanto de hijos (1.? – una estadística), nadie te va a molestar mucho; pero ahora que estás esperando tu tercer o cuarto hijo o —¡ni lo quiera Dios!— tu quinto o sexto hijo, de seguro ya empiezas a recibir comentarios, ¿verdad? Y los puedes recibir aun dentro de la iglesia. (Las mujeres han compartido que les es difícil aún anunciar que van a tener otro hijo.)

Y eso no es la actitud que nos enseña la Palabra. Dondequiera que leemos sobre los hijos en las Escrituras, o sobre tenerlos, leemos que son una bendición. Son un regalo. Un privilegio.

Pienso en aquel pasaje familiar en Salmos 127 que dice, “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (verso 3). Escuchen a las palabras usadas para describir a los hijos: Ellos son “una herencia”. Ellos son “del Señor”. “El fruto del vientre es una recompensa”. Es un beneficio. Es algo positivo. “Como flechas en las manos del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud” (versículo 4).

¿Qué sería de un guerrero sin municiones o armas? Estaría indefenso. No podría pelear en la batalla. Las flechas son esenciales en las manos de un guerrero. Los hijos son esenciales en el plan y en el programa de Dios para la propagación del Evangelio y para la representación del corazón de Dios y de Sus caminos en este mundo.

Esta no es una opción. No es una idea recién inventada, aunque haya muchos países en el mundo que están teniendo hijos a un ritmo tan lento que ni siquiera están reemplazando su población, y los Estados Unidos están actualmente acercándose a esta estadística, donde ni siquiera estamos teniendo suficientes hijos para reemplazar nuestra población.

Permítanme ir nuevamente al Salmo 127. El versículo 5 dice, “Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; ¡no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta!” Bienaventurado, bendecido. Este es un privilegio y una bendición.

Ustedes ven esto también en el Nuevo Testamento. En Mateo capítulos 18-19, vemos dos incidentes seguidos uno detrás del otro donde Jesús habló acerca de los niños. Y se puede ver el corazón de Jesús para ellos.

Leemos ese pasaje acerca de los niños que llevaban a Jesús para que Él los bendijera, y algunos de esos discípulos más “espirituales” y moralistas estaban un poco molestos. “¡Este no es el tiempo para niños!”

Pero Jesús dijo, en efecto, “Este es el tiempo para los niños, porque el reino de Dios está hecho de personas que tienen la fe y la humildad de los niños. Valoren a los niños. No los despidan ni los dejen de lado. Dejen que ellos vengan a Mí”.

Jesús detiene lo que Él está haciendo—Jesús, el hijo de Dios, quien debe cumplir el plan de redención en tres años. Él se detiene. Él toma a los niños en Su regazo, y Él los bendice.

Aquellos que no tienen nada para ofrecerle, pero Él los ama. Él los bendice. Bendice a sus padres. Los reconoce. No los considera como una carga. Los recibe, y yo veo en el corazón de Jesús cómo debe ser nuestro corazón por los niños.

Así que deleitarte en tus hijos, amar los niños significa, primero que todo, simplemente la voluntad y el deseo de tener hijos, de la forma y en el tiempo que Dios nos los da y de la forma como nos dirige hacia esa decisión. Esto es una forma de pensar muy en contra de la corriente y de la cultura en este mundo de hoy.

Puede sonar muy extraño para ti, y puedes estar pensando si yo he perdido la razón hablando de esta manera. Pero quiero estimularte y animarte a que vayas a las Escrituras y preguntes, “¿Qué dicen las Escrituras sobre los hijos?”

Estuve hablando con una mujer que conocí recientemente, quien tiene ocho hijos, y le pregunté, “¿Cuando tú y tu esposo se casaron, pensaron que tendrían muchos hijos?”

Ella dijo, “No. Nosotros teníamos la mentalidad del mundo, y cuando nos casamos, decidimos que no tendríamos hijos durante un cierto periodo de tiempo, y haríamos lo que fuera necesario para que no ocurriera.” Y ella habló un poco sobre su peregrinaje. Yo le dije, “Bueno, y ¿cómo terminaste teniendo ocho hijos, y por qué?”

Y ella me contestó, “Tú sabes, en la medida que Dios comenzó a traer hijos a nuestras vidas, comencé a ir a las Escrituras y preguntaba, ‘Cuál es la perspectiva de Dios sobre los hijos?’ Donde quiera que iba en la Palabra de Dios, decía que los hijos son una bendición.”

Ella dijo, “Si Dios hubiera querido darme cualquier otra clase de bendiciones, como cheques por miles de dólares, por ejemplo, yo no le hubiera dicho después de haber recibido unos cuantos de esos cheques, ‘Señor, no más bendiciones. Tengo demasiadas bendiciones, no puedo manejar más bendiciones de Ti.’”

“Hubiera recibido con brazos abiertos esas bendiciones. Así que comencé a darme cuenta que realmente no estaba viendo a los hijos como bendiciones y regalos directamente de parte del Señor.”

Ahora, deleitarte en tus hijos significa disfrutarlos, no solamente cumplir con tu responsabilidad de cuidarlos. Verán, cuando Dios inspiró a Pablo para escribir estas palabras a Tito, creo que él sabía que la mayoría de las madres iban a ser responsables de cuidar a sus hijos.

Es decir, hay muy pocas madres, aun las muy malas, que no cumplen con las cosas básicas que se requieren para que sus hijos sobrevivan. Pero yo creo que el Señor también sabía que las madres podrían muy fácilmente quedarse inmersas en las responsabilidades prácticas del día a día de la maternidad, y ellas podrían olvidar lo que realmente significa amar a sus hijos; ellas necesitarían que se les recordara que deben disfrutar a sus hijos, que deben atesorarlos.

Por supuesto, hay un tiempo cuando tú los amas de manera natural—cuando te ponen en tus brazos ese bebé por primera vez. He escuchado madres hablar sobre ese amor tan intenso que Dios pone en sus corazones por ese pequeñito, aun después de 32 horas de dolorosa y difícil labor de parto, o luego de una cesárea.

No importa lo que esa madre haya tenido que pasar —un horrible embarazo, un parto difícil, lo que sea que haya sido— cuando le ponen ese pequeñito en sus brazos, hay algo que Dios ha puesto ahí que sale y hace que ames a ese niño.

Pero, esos sentimientos naturales no duran para siempre, y vendrá el tiempo cuando será más difícil amar a esos hijos. Está ese infante que llora constantemente; ese bebé con cólicos que es difícil, más inquieto; y tú estás más cansada, y tú dices, “No estoy tan segura que esto sea una gran bendición”.

Y también están esas etapas cuando estás entrenando, y hay un preescolar que hace malacrianzas, no es tan fácil amarlos en ese momento— o un niño de seis años que se queja constantemente o ese adolescente irrespetuoso que está probando los límites y tu paciencia.

Y también sé de muchas madres que están lidiando con hijos adultos que son difíciles de amar. Que han roto su corazón. Que han hecho malas, y necias y tontas decisiones, que hasta te han avergonzado.

Y el instinto natural y de la carne, en cualquiera de estas diferentes etapas, es convertirte en una mujer irritada o impaciente, herida, amargada; y que esa amargura se convierta en egoísmo, en resentimiento y en sentimientos de autocompasión.

Algunas de esas madres hasta llegan a caer en patrones de abuso o negligencia, y algunas veces hasta les hacen daño a sus hijos. Estas semillitas de resentimiento y amargura pueden realmente convertirse en algo bien peligroso si no son atendidas y si no permites que Dios reemplace esos sentimientos con Su amor.

Ahora, mientras hablamos sobre disfrutar a los hijos, permítanme decirles que esto no solamente es para aquellas que tienen hijos naturales. Creo que esta es la mentalidad que necesitamos tener en el cuerpo de Cristo. Aun aquellas de nosotras que somos solteras y no hemos tenido hijos podemos amar a los hijos de las otras personas. Eso es parte de pertenecer al cuerpo de Cristo.

Podemos hacerlo con sobrinos y sobrinas y los niños en la iglesia, tomarlos en cuenta, involucrarnos con ellos, orar por ellos— y creo que como solteras, hay un enorme servicio que podemos hacer en el cuerpo de Cristo, poniéndonos al lado de los padres y alentando sus hijos.

Algunas veces podemos ser otra voz en la vida de esos niños, de esos hijos, de tal forma que podamos ayudarlos a oír esas cosas difíciles en tiempos que tal vez se les haga difícil escucharlo de sus propios padres.

También tenemos la importancia de expresar afecto y deleite por tus hijos. Es la misma cosa que dijimos antes sobre animar a los esposos. No es suficiente que lo pienses o que lo sientas. Necesitas decirlo.

Díselo. Exprésalo a tus hijos. Diles que los amas. Que te deleitas en ellos. Habla con los demás de ellos. Esta es la forma como Dios ama a Sus hijos.

¿Recuerdan en el bautizo de Jesús cuando Dios el Padre habló desde el cielo para que todo el mundo lo pudiera oír? “Este es mi hijo amado, en quien me he complacido” (Mateo 3:17). Exprésalo a tus hijos.

Pienso en cómo Dios ama a Su pueblo. Recuerdo en uno de los profetas del Antiguo Testamento donde Dios dice, “Cuando Israel era un muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo” (Oseas 11:1). Hay un Dios quién se deleita en Sus hijos, y Él lo dice. Él lo expresa.

Amigas, sé que esto suena muy elemental, pero creo que cuando nos distraemos y nos desenfocamos con todas las cosas que suceden en la vida, es muy fácil olvidarlo. ¿Puedo simplemente animarte a decirles frecuentemente a tus hijos?

● “Te amo.»

● «Estoy orgullosa de ti.»

● «Doy gracias a Dios por traerte a nuestra familia.”

No te canses de decirlo, no lo puedes decir suficientes veces. ¿Se lo has dicho hoy a tus hijos? Díselo, no importa la edad que tengan. No esperes que sea muy tarde. No sabes cuánto tiempo te queda. No esperes hasta que estés frente a un ataúd y no es una amenaza. Solo digo que el tiempo es corto.

No te distraigas alistando a tus hijos para el colegio y para la práctica de fútbol y para las clases de piano, de manera que te olvides de decirles que los amas.

Díselo cuando lo saludes en la mañana. Díselo cuando le dices las buenas noches. Díselo cuando lo mandes al colegio o a la práctica de béisbol.

Escríbele notas. Tengo notas de mis padres, de ambos, las cuales atesoro. Estuve leyendo una de esas notas anoche, una que mi papá me escribió cuando cumplí mis 16 años, una hermosa carta.

Y hoy en día, tal vez no estés en eso de escribir notas. Sin embargo, tengo un hermano quien tiene tres adolescentes, y él dice que como en estos tiempos los muchachos escriben tan poco —porque ahora todo es mediante correos electrónicos o mensajes de texto— que recibir una nota de sus padres se convierte en una cosa muy importante.

Pero si lo tuyo no es escribir notas, hazlo enviándoles un correo electrónico, o envíales un mensaje de texto. Diles que estás pensando en ellos, que los amas. Ellos pudieran actuar como que eso no significa nada importante para ellos, pero les garantizo, que sí, sí es importante para ellos.

Escuchen, madres. Cuando tu hijo te llame o te envíe un correo electrónico, o un mensaje de texto, y te diga, “Te amo mamá,” ¿es eso significativo para ti? Lo es. Entonces, ¿no crees que es significativo para ellos también?

Díselo antes de colgar el teléfono. Solo piensa, ¿si esa fuera la última llamada que hicieras, tendrías remordimiento? O por el contrario, ¿habrás dicho lo suficiente para que tengas la seguridad que dijiste lo que era necesario haber dicho?

Díselo. Diles, “Te amo. Te amo.” No importa cuántas veces. Quieres que esas palabras resuenen en los oídos de tus hijos, que los amas, que te deleitas en ellos, expresándoles tu afecto de manera activa y abierta.

Y entonces, mientras te deleitas en tus hijos, por supuesto eso implica que ellos tienen una prioridad enorme en tu vida—no primero que tu esposo, pero sí en segundo lugar después de tu esposo: Ellos requieren tiempo y enfoque, atención y esfuerzo.

Dirás, “Bueno, por supuesto. Dedico mucho tiempo. Soy madre. Eso es lo que las madres hacen. Ellas pasan mucho tiempo con sus hijos.”

¿Amas a tu esposo y a tus hijos más de lo que amas a tus amigas y a tus intereses externos? ¿Los amas más que tu trabajo?

Ahora, puede que no ames tu trabajo, pero tal vez tu trabajo demanda tanto de ti que no tienes el tiempo ni la energía ni el esfuerzo para invertirlo en tus hijos y tu esposo. Entonces, necesitas evaluar, “¿Están mis prioridades desbalanceadas? ¿Están las cosas en orden en mi hogar?”

¿Estás más comprometida con darle prioridad a tus hijos por encima de tus amigos? Necesitas ser un amigo de tus hijos. Más que un amigo, pero necesitas desear estar con ellos, ser afectuoso con ellos. Es por esto que este concepto de amar a tus hijos está aquí en Tito capítulo 2.

Recuerden lo corto del tiempo, y vivan en el presente. En este momento. Saca el mayor provecho de este momento presente, en el que estás viviendo con tus hijos. No pierdas las alegrías que puedes tener y disfrutar de este tiempo y de las oportunidades que Dios te está dando por ser impaciente con el futuro.

¿Acaso no es común en nosotros estar ansiosos para que llegue la próxima etapa que aún no ha llegado? “Si tan solo pudiera lograr que este niño aprenda a ir al baño solo. Si solo este niño estuviera en kindergarten. Si tan solo este niño pudiera aprender a leer”.

No estés siempre deseando y anhelando que llegue la próxima cosa, la próxima etapa, olvidando las alegrías y oportunidades de esta temporada de tu vida.

Ahora, esta etapa tiene retos también y no quiero sonar como que la paternidad no tiene grandes retos. Creo que las madres son las empleadas peor pagadas, menos apreciadas, y menos valoradas en la faz de la tierra.

Solo digo, “¡Una ovación a ustedes madres!” Lo que ustedes hacen es un arduo, arduo trabajo, y por eso digo, “Gracias a ustedes. Gracias por ser fieles.”

Pero en medio de ser fieles, no pierdan el gozo de su llamado y de la oportunidad de realmente disfrutar los hijos que Dios les ha dado.

En el Salmo 113:9 Dios dice, “Hace habitar en casa a la mujer estéril, gozosa de ser madre de hijos. ¡Aleluya!”

¿Eres una madre alegre? Esta mañana antes de salir de tu casa, ¿fuiste una madre contenta? Y no estoy diciendo que cada momento es un momento alegre. Pero en general, ¿te ven tus hijos como “una madre gozosa sobre sus hijos”?

Hay momentos difíciles. Hay momentos cuando ser padre te hace postrarte de rodillas, te hace que te salgan lágrimas.

Y no deseo ser insensible al hecho de que estas temporadas existen. Pero por encima de todo, debe estar el gozo de Cristo en estos hijos que Dios te ha dado, y el privilegio que es el criarlos para Él.

¿Te deleitas en tus hijos? ¿Ves tus hijos como bendiciones? No solamente a los niños en general, sino a tus hijos —¿los ves como una bendición, como un regalo de parte del Señor? O, ¿será que tal vez has perdido de vista del privilegio que es tener hijos?

Tal vez quieras detenerte ahora mismo por un momento y decir, “Señor, gracias. Gracias por el privilegio de ser una madre”.

“Sí, es difícil, y sí, mis hijos están pasando por algunas cosas difíciles en este tiempo que hace que se me rompa el corazón. Pero Señor, es realmente un privilegio, tener todos estos pequeñitos que me hacen este desorden en la casa, y aun con todos los retos que trato de resolver. . .”

Hablé con una madre el otro día que tiene un montón de hijos—muchos—y ella ama ser mamá. Ella ama a sus hijos. Y ellos los están educando en su casa, y hay mucho que hacer todo el tiempo.

Y ella me dijo, “Es realmente difícil sobrevivir cada día.” Ella tiene hijos buenos, y ella tiene un corazón para hacer lo que está haciendo, pero ella necesita del Señor cada día para que Él le de la fuerza y la valentía y la fe y el gozo para perseverar.

Ella no quiere rendirse. Ella no va a rendirse, pero ella necesita que el Espíritu Santo la llene con gozo en ese llamado y en esa tarea.

¿Les estás diciendo a tus hijos frecuentemente que los amas, que te deleitas en ellos? ¿Los estás afirmando verbalmente? “Este es mi hijo amado, en quién me he complacido.”

Carmen: Cuando andes corriendo de una actividad a otra, tratando de llenar bocas hambrientas y contestando preguntas que no tienen fin, puedes olvidar el gran panorama de lo que verdaderamente se trata la maternidad.

Mientras te encuentras en medio de las actividades diarias, permíteme invitarte a que te enfoques en el rol y propósito que te ha dado Dios como madre. ¿Alguna vez te has sentido usada y sin nada que ofrecer a tus hijos ni a nadie? Nancy te ayudará a lidiar con esos momentos en nuestra próxima entrega.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

No hay cambio

Lunes 24 Agosto
Se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.
No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno.
No hay cambio

Un director de televisión se expresaba así, con motivo de una nueva difusión: «Es una serie genial, llena de violencia, de sexo… Y lo más extraordinario es que eso apasiona a todo el mundo, a las personas de setenta años como a los jóvenes. ¡Una verdadera joya para un canal de televisión comercial!».

Esta declaración es significativa. Confirma que la humanidad no ha cambiado desde los días en que Dios decidió juzgar la tierra mediante el diluvio, debido a la violencia y la corrupción de la sociedad de entonces. Miles de años más tarde el hombre se felicita por ganar dinero explotando esas mismas inclinaciones del hombre. Definitivamente no hay cambio. La Biblia emplea una palabra terrible respecto al corazón del hombre: ¡perverso! (Jeremías 17:9).

¡Pero Dios tampoco cambia! Ante sus ojos el mal sigue siendo mal, y debe ser castigado: “Ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hechos 17:31). Este hombre es Jesús, su Hijo, enviado del cielo como un mensajero de amor, pero rechazado por los hombres, quienes incluso lo hicieron morir en una cruz. Dios lo resucitó y le confiará la ejecución del juicio, en una fecha que solo él conoce. Mientras tanto, “el Señor… es paciente… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Es tiempo para que cada persona tome conciencia de la inminencia del juicio. Es urgente ponerse bajo el abrigo aceptando la gracia ofrecida por Dios mediante la fe en Jesucristo.

3/3 – La soberanía de Dios en la historia

Para mi el vivir es Cristo

Serie: La Soberanía de Dios

3/3 – La soberanía de Dios en la historia

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

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