10/12- El Peligro De Las Riquezas

Estudio libro de Santiago

Serie: Cuando aumenta la presión

10/12- El Peligro De Las Riquezas

Santiago 5:1–6

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán”.

La advertencia del apóstol a los ricos parece presentar una crítica dura a los ricos en sí. Por eso, muchos creen que la Biblia está en contra de ellos. ¿Qué enseña la Biblia al respecto? ¿Apoya la crítica popular de la gente en contra de las riquezas y los ricos?

Al estudiar con cuidado este pasaje y los otros que hablan de la riqueza, se observa que no es la posesión del dinero o de bienes en sí que se condena. Es la actitud y conducta de los que buscan cada vez más riquezas lo que se critica. Esta actitud no se limita a quienes tienen riquezas; es la actitud de quien ha hecho un dios de su dinero.

Jacobo escribe esta advertencia a los hermanos esparcidos que sufren, porque ellos se han fijado en la condición de los ricos y quieren imitarlos. Se les da esta advertencia para que se den cuenta del costo verdadero de esta búsqueda.

Jacobo les está llamando a mayor confianza en el Señor frente a la persecución. La solución al problema suyo no es la posesión de las riquezas. Es la fe en Dios. Deben quitar la vista de los bienes y poner la mirada en Dios y en Su plan para su vida.

LA SOLUCIÓN PARA LOS PLEITOS 4:7–5:6

La pregunta mayor que viene ocupando la atención de Jacobo es: “¿De dónde vienen tantos pleitos entre nosotros?” El problema puede ser que somos “ateos” prácticos, es decir, que vivimos como si Dios no existiera, aunque creemos en El.

Nosotros muchas veces pensamos de la misma manera que los demás. Ya no hay mucha diferencia entre nosotros y el mundo. Nosotros también ponemos el énfasis en lo material, buscamos más para nosotros mismos y cada uno quiere salirse con la suya.

Jacobo nos presenta la solución para este problema de los pleitos. La solución no se encuentra en las riquezas. La clave es la sumisión. Así que, el autor señala cuatro áreas en las cuales nosotros debemos someternos:

1. Debemos someternos a Dios 4:7–10

2. Debemos someternos los unos a los otros 4:11–12

3. Debemos someter nuestros planes a Dios 4:13–17

4. Debemos someter nuestros bienes a Dios 5:1–6

LA SUMISIÓN AL SEÑOR 4:7–10

La solución para su frustración empieza con la sumisión al Señor. Las otras clases de sumisión salen de la sumisión a Dios. Si los creyentes se someten a Dios y a Su plan para ellos, encontrarán paz y contentamiento.

LA SUMISIÓN DE LOS UNOS A LOS OTROS 4:11–12

Además de la sumisión a Dios, ellos deben someterse el uno al otro, en vez de criticarse y juzgarse. Dios es el único Juez verdadero. El les juzgará con justicia y les dará a cada uno lo que merece. Por lo tanto, ellos deben preocuparse por vivir como Dios quiere y dejarle el juicio de los demás a El.

DEPENDENCIA DEL SEÑOR 4:13–5:6

El tercer paso para resolver los conflictos y pleitos es la dependencia total del Señor. No deben depender de sus propios planes (4:13–17), ni de los bienes que puedan acumular (5:1–6).

DEPENDER DE DIOS Y NO DE NUESTROS PLANES 4:13–17

Ellos hacían planes para librarse de la aflicción y ganar ío que les hacía falta. El problema que Jacobo señala es que sus planes manifestaban tres características iguales a las que se encuentran en los planes que el mundo hace:

1. Son auto-céntricos.

2. Buscan ganancia personal.

3. No toman en cuenta a Dios.

De nuevo se observa el concepto ateo que un cristiano puede manifestar. No es que no crean en Dios. Es que creen en El, pero en las luchas prácticas de la vida se comportan como si no existiera. Hacen sus propios planes sin tomarlo en cuenta, tal como los demás hombres que no lo conocen. Ellos deben vivir de otra manera que refleje su fe en Dios.

Dios conoce su situación y controla todo el mundo. El tiene un plan perfecto para su vida y sabe lo que está haciendo. Por eso, sería mejor que se entregaran en manos de El y que dejaran que El les diera la solución.

DEPENDER DE DIOS Y NO DE NUESTROS BIENES 5:1–6

La confianza en Dios se relaciona también con su búsqueda de más riqueza. Quienes están sufriendo se han fijado en el estilo de vida de los ricos. Han llegado a ser celosos. Quisieran ellos también poder vivir así.

Todos sentimos así de vez en cuando. Queremos un poquito más para nosotros mismos. Al pensar de esta manera caemos en el mismo patrón del mundo.

Jacobo trata de parar esta actitud. El demuestra el fin que espera a los ricos de este mundo. Así les advierte del peligro de imitar este estilo de vida. Su riqueza es temporal y perecedera. No puede perdurar.

LA TEMPORALIDAD DE LAS RIQUEZAS MATERIALES 5:1–3

El tema de las riquezas se introduce con la expresión de lamento de quienes han confiado en sus riquezas, cuando pierden todo. Para el que confía en lo material, cuando sufre un desastre natural, lo pierde todo. No le queda nada. Ni hay por qué vivir (5:1).

Se presentan las tres clases de riquezas materiales (5:2–3): granos, ropa y dinero. Cada una es temporal y se pierde con el tiempo. La palabra empleada para decir “riquezas” se refiere a los granos, los cuales se pudren. Las ropas se arruinan por causa de la polilla.

El dinero guardado se arruina con moho. La presencia del moho indica que lo están amontonando, aunque ni tienen cómo usarlo. Querían guardar cada vez más para ellos mismos. Tal persona será juzgada.

El que siempre busca más para sí mismo sufrirá pérdida. Sus tesoros no le sirven. Esta es la condición del hombre que se vio antes en 4:1–3. Siempre busca pero no está contento, porque no encuentra lo que busca de verdad.

¡Pensemos!

Dedicarse a ganar más dinero para sí mismo siempre trae frustración al que lo persigue. Considere este problema a la luz de su propia experiencia. ¿Cuáles frustraciones han experimentado, u observado en otros, cuando se le da la prioridad a la búsqueda de más dinero o bienes materiales? ¿Cuáles problemas han encontrado cuando han tratado de acumular más para sí mismos? ¿Vale la pena esta lucha?

LA BASE DEL JUICIO DEL RICO 5:4–6

El ataque no viene en contra de las riquezas en sí. Está en contra de los deseos auto-céntricos de ganar más. También está en contra de la manera en que los ricos las consiguen.

La injusticia que los ricos de este mundo cometen para llegar a ser ricos les va a llevar al juicio. Quienes imitan el mundo en su búsqueda de dinero no entienden el fin al cual esta búsqueda les lleva.

Se señalan tres ofensas comunes que los ricos cometen frecuentemente. Estos abusos son las causas de la condenación del rico, y de quienes quieran imitarlos.

La primera ofensa podría Ilamarse fraude patronal (5:4). Es una clase de injusticia específica que sólo un patrón puede cometer. El patrón goza de los beneficios del trabajo del empleado y después busca una manera para no pagarle el sueldo que merece. Tal abuso sirve para enriquecer al patrón pero es un pecado contra Dios.

El que menos necesidad tiene, hace sufrir injustamente al que más necesita el sostén. Dios se da cuenta de tal injusticia y responderá en juicio.

La segunda ofensa común entre los ricos es la de vivir un estilo de vida de lujo exagerado. Malgastan lo que tienen en deleites personales, mientras otras personas no tienen lo suficiente (5:5). No se preocupan por las necesidades de los demás.

La condición de estos ricos se compara al que se engorda en cuanto a la comida. Tal como el engordar a las bestias es una preparación para la matanza, así también será en el caso de los ricos. El “engordarse” de bienes materiales, les preparará para la matanza, cuando Dios les juzgue.

La tercera ofensa que los ricos cometen es el de matar a quienes les amenazan, especialmente a los justos (5:6). Si alguno les hace competencia al hacer un trato justo para con los demás, los ricos encontrarán la manera de eliminarlos.

Quien se comporta según los principios de la justicia no podrá resistir al que vive conforme a los principios de este mundo, ni luchar según las mismas reglas que el injusto rico sigue. Por lo tanto, el justo es destruído por el más poderoso, pero no justamente.

Los cristianos que quisieran imitar a los ricos no han comprendido todo lo que esta búsqueda implica. Tienen que contemporizar y aceptar las reglas que los ricos emplean, si de verdad quieren ser como ellos. El precio es alto. Un cristiano auténtico no puede aceptar tales reglas para su vida y salir ileso.

¡Pensemos!

¿Ha tratado de acumular más riquezas alguna vez? ¿Cuáles demandas indebidas para un hijo de Dios ha sentido cuando ha tratado de hacerlo? ¿Cuáles alternativas hay para el cristiano auténtico que quiere vivir para Dios y conseguir más para sí mismo?

A fin de cuentas, las riquezas se dejan atrás. No tienen ningún valor permanente. Su búsqueda trae malas consecuencias. Así que, sería mejor que los hermanos se olvidaran de esta búsqueda. Más vale buscar a Dios y la venida de Cristo. Por esto, el autor les anima a esperar con paciencia la venida del Señor (5:7–8).

El camino que lleva a la paz es la sumisión -en todo. Nunca se encontrará paz al buscar más para sí mismo. Así que, la manera de conseguir paz y de gozarse verdaderamente de la vida no es buscar más para sí. Es someterse a Dios y a los demás.

Que ninguno se comporte como si fuera grande.

Que ninguno se comporte como si fuera pequeño.

Que todos se comporten como si fueran medianos hechos a la medida que Dios quiere.

¡Pensemos!

Este estudio sugiere algunos problemas serios que nos pueden afectar cuando queremos acumular más riquezas. A la luz de lo que hemos visto, ¿qué debemos hacer? ¿Existe la posibilidad de que un cristiano tenga riquezas? ¿Cuáles normas debemos mantener frente a esta posibilidad?

A base del juicio de los ricos presentado en este pasaje, ¿cómo debe el hijo de Dios reaccionar frente a las injusticias de los ricos? ¿Qué debemos hacer hoy? ¿Cuáles son las implicaciones de 5:7–8 frente a está situación?

Porter, R. (2003). Estudios Bı́blicos ELA: Cuando aumenta la presión (Santiago) (pp. 73–78). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

Episodio 40 – Quiero que Jesús sea mi tesoro ¿Es suficiente el deseo?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 40 – Quiero que Jesús sea mi tesoro ¿Es suficiente el deseo?

 

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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Nuestra esperanza final

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Nuestra esperanza final

Michael A. Rogers

Nota del editor: Este es el cuarto y último capítulo en la serie «Esperanza en medio de la decepción», publicada por la Tabletalk Magazine.

Enterré a Esperanza recientemente. Ella era una mujer cristiana madura, una joven de ochenta y seis años, que constantemente ejemplificaba su nombre a lo largo de las dos décadas que yo fui su pastor. Cuando nos conocimos, ella estaba en rehabilitación por lesiones casi fatales debido a un accidente automovilístico. Esperanza vivía con dolor diario; caminaba usando dos bastones para mantener el equilibrio. Sin inmutarse ante los múltiples problemas de salud, siempre irradiaba profunda alegría y confianza en su Señor y Salvador.

Al final, Esperanza fue hospitalizada para una cirugía de corazón que había sido planificada para incluir cuatro baipases, pero que al final se convirtieron en seis. Otro pastor y yo la visitamos antes de la cirugía y la ungimos en una oración de Santiago 5 por sanidad. Ella irradiaba confianza en el cuidado providencial de Dios, ya sea en la vida o la muerte. Esperanza sobrevivió a su cirugía cardíaca masiva por cuarenta y ocho horas, pero luego el Señor silenciosamente se la llevó a casa. Santiago 5:15 al final se cumplió: «y la oración de fe [restauró a la enferma], y el Señor [la] levantará» en el último día.

Los que predicamos la Palabra de Dios, necesitamos hablar con más frecuencia sobre los temas principales de la escatología: el regreso de Cristo, el juicio sobre todas las almas en el día del Señor, el infierno como el destino para la incredulidad y el gozo asegurado del cielo que le espera a los redimidos en Cristo. El evangelicalismo de un kilómetro de ancho y dos centímetros de profundidad de nuestros días tiende a enfocarse más en la vida cristiana en este mundo presente que en los contornos de la esperanza eterna. La gente en la antigüedad vivía en una realidad donde era mucho más probable encontrarse con muerte repentina, alta mortalidad infantil y enfermedad desenfrenada. Con una expectativa de vida más corta, ellos no estaban tan profundamente arraigados en el mundo material como nosotros. La esperanza centrada en Cristo ante la inminencia de la muerte resonaba desde sus púlpitos. ¿Dónde están aquellos hoy día que pueden decir como Richard Baxter: «Prediqué como si no estuviera seguro de que volvería a hacerlo de nuevo, y como un moribundo dirigiéndose a moribundos»?

Algunos consideran extraño que la Palabra de Dios diga menos sobre la emocionante experiencia del cielo de lo que quisiéramos escuchar. Las promesas del Antiguo Testamento acerca de la seguridad del creyente más allá de esta vida son como raros destellos relampagueantes, contrastados con un panorama sombrío de sufrimiento. Job 19:25-26 es notable en este sentido: «Yo sé que mi Redentor vive, y al final se levantará sobre el polvo. Y después de deshecha mi piel, aun en mi carne veré a Dios». El Salmo 16:11 ofrece un consuelo igualmente prometedor: «Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre».

Aun aquellos que tienen una esperanza positiva del cielo pueden olvidar que el Nuevo Testamento predice una expectativa de dos etapas para la vida cristiana después de la muerte. Primero está la experiencia instantánea de cada creyente que muere físicamente, cuya alma parte para estar con Cristo (Fil 1:23). En Hebreos 12:23, el autor describe una asamblea general de los santos que han partido y están presentes con el Señor en este momento, antes del gran día de la resurrección. Son llamados «los espíritus de los justos hechos ya perfectos». Por la gracia de Dios, nuestras almas/espíritus reciben el don de la inmortalidad de parte de Dios, quien es el único inmortal. Las Escrituras afirman que al llegar la muerte física, los elegidos de Dios,los creyentes, continúan existiendo como almas conscientes, viviendo de manera excepcional en la presencia de Dios.

Los cristianos no consideramos que el mal y el sufrimiento tienen la última palabra.

En la actualidad, nos es imposible concebir lo que es ser un alma sin un cuerpo carnal. Pensamos en nuestro cuerpo material como la sólida realidad, mientras que nuestras almas son formas tenues y fantasmales. (¿Quién alguna vez ha pesado o medido o tomado una «selfie» de un alma?) Sin embargo, en 2 Corintios 5:1, Pablo insiste en que nuestra alma es «un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos». Nuestras almas son sustanciales; son de naturaleza espiritual, sin embargo disfrutan de una existencia sustancial. Pablo añade en 2 Corintios 5:7-8 que «(por fe andamos, no por vista); pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor». Al morir, dejamos nuestros cuerpos físicos atrás en la tumba mientras nuestras almas son recibidas en la presencia maravillosa de Dios.

Los teólogos típicamente se refieren a esta transición de morir en cuerpo físico a vivir en alma inmortal como el «estado intermedio». Ese término implica algo intermedio, incompleto. No es un término equivocado, pero prefiero llamar a nuestra etapa de entrada a la eternidad por un título más positivo: «el cielo inmediato». El énfasis debe estar en la «inmediatez» de esta experiencia inaugural. Jesús le dijo al ladrón arrepentido en la cruz: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Luc 23:43). La esperanza bíblica respalda la afirmación segura de que todos aquellos que son transformados por la gracia a través de la fe para nombrar a Jesús como Señor, cobran vida en Él en una nueva dimensión inmediatamente después de su muerte física. Hoy estamos «en» Cristo; al morir, estaremos «con» Cristo.

Sin embargo, hay una segunda fase para la esperanza cristiana. La sorprendente segunda venida del Señor Jesús será el amanecer del cielo supremo. En una secuencia que se desarrolla rápidamente, Cristo aparecerá visible y gloriosamente ante todo el mundo, trayendo consigo almas de creyentes que han partido (1 Tes 4:13-18). Todos los creyentes serán investidos con cuerpos de resurrección (1 Cor 15:51-57). Todos los que reciban al Rey con fe gozosa en ese día asombroso estarán bajo la segura protección de su Redentor. Otros eventos cósmicos incluyen el juicio final, donde la incredulidad es condenada más allá de toda apelación y aquellos que nunca confiaron en Cristo exclusivamente son excluidos de la presencia de Dios para siempre (Mat 25:31-46). La creación misma se renovará en un cielo nuevo y una tierra nueva (Rom 8:20-212 Ped 3:10-13).

El pináculo de la experiencia futura del creyente se expone adecuadamente en los últimos dos capítulos de la Biblia. Apocalipsis 21:3 profetiza que en el cielo nuevo y en la tierra recreada: «He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo». Esta es la existencia suprema y perfeccionada en la que se desvanecen todas las huellas del mal, pecado, muerte y llanto. Apocalipsis 22:4-5 da un toque final cuando dice del Señor mismo: «Ellos verán su rostro… no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos».

El panorama extenso de todo este cielo final es tan impresionante que no es de extrañar que millones de escépticos vean la realidad concluyente de la Biblia como irreal o mitológica. En cierto sentido, no me sorprende que los cínicos digan que nuestra esperanza es como «hacer castillos en el aire». Sin embargo, los cristianos no son tontos o ignorantes; nosotros no somos débiles de mente al evaluar las condiciones del mundo de hoy. Nuestras observaciones de sufrimiento brutal y muerte a nuestro alrededor son tan objetivas y realistas como las de cualquiera. Simplemente no consideramos que el mal y el sufrimiento tienen la última palabra.

En Mero Cristianismo, C.S. Lewis escribió:

La esperanza significa una continua expectativa de la vida eterna…. No significa que debemos dejar este mundo tal como está. Si leemos la historia veremos que los cristianos que más hicieron por este mundo fueron aquellos que pensaron más en el otro.

La esperanza es una fe centrada en Cristo que se extiende hacia el futuro. Creemos que todas los cosas que Dios revela en las Escrituras son Sus promesas garantizadas. Debido a quién está hablando, todo lo que el Señor revela debe hacerse realidad. Compara la fe y la esperanza de Abraham. Romanos 4 dice que Abraham tenía una comprensión real de la impotencia de su cuerpo de noventa y tantos años y la esterilidad de su esposa, Sara. Pero él vio más allá de estas circunstancias, porque fue Dios quien le prometió un hijo. Por lo tanto, «el creyó en esperanza contra esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas naciones» (Rom 4:18). Pablo declaró, Abraham estaba «plenamente convencido de que lo que Dios había prometido» (v. 21). Ese es el verdadero centro de la esperanza cristiana.

Sin duda, estar con Cristo como alma perfeccionada al momento de mi muerte, imaginar su regreso histórico, contemplar su trono de juicio sin temor, recibir un magnífico cuerpo renovado y recorrer un planeta recreado, todas estas escenas de esperanza en el futuro parecen increíbles en este momento. La avalancha de datos sobrecarga nuestros circuitos espirituales. Sin embargo, debemos confiar en todo lo que la Escritura presenta, debido a quién reveló estas promesas.

El escritor puritano Thomas Adam concluyó el asunto de esta manera:

La esperanza es una bella dama de semblante claro; su lugar adecuado está sobre la tierra; su objetivo final está en el cielo. . . la fe es su fiscal general, la oración su abogado, la paciencia su médico. . . el agradecimiento su tesorero, la confianza su vicealmirante, las promesas de Dios su ancla. . . y la gloria eterna su corona.

Aunque mi esposa y yo aun no tenemos setenta años, el año pasado compramos un lápida para nuestro lote de cementerio y lo inscribimos con nueve palabras como testimonio de nuestra esperanza ante la muerte física. Las palabras escogidas de Filipenses 1:21 leen: «El vivir es Cristo y el morir es ganancia».

En el análisis final, ¿puedes decir que tu confianza como hijo de Dios en Cristo se mantiene firme sobre ese credo de resurrección?

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Michael A. Rogers
Michael A. Rogers
El Dr. Michael A. Rogers es pastor principal de Westminster Presbyterian Church (PCA) en Lancaster, Pensilvania.

M1 – El poder de Dios sobre la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M1 – El poder de Dios sobre la adicción

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-poder-de-dios-sobre-la-adiccion/

Angeline: Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió.

Carmen Espaillat: Una joven llamada Angeline creció en una familia donde la permisividad con el consumo de alcohol y la violencia abrieron puertas para que el poder restaurador de Dios fuera manifestado en su vida.

Angeline: Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente; como la gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara. Empecé solo así, pero luego se convirtió en un infierno.

Un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día definitivamente me vino a la mente que me quería morir. Pensé: “Pero esto… tiene que haber otra vida, otra forma de hacerlo… porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.”

Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

No seas esclavo del vino. El apóstol Pablo ofreció este consejo a las mujeres en el libro de Tito. Nancy ha comenzado a desempacar lo que para nosotras hoy en día significa este principio. Ayer escuchamos algunas historias impactantes sobre el poder de la adicción y el poder aún mucho más grande del Espíritu de Dios. En el día de hoy continuaremos con ese tema escuchando a una mujer que ha vivido esa situación.

Nancy: Angie, gracias por estar con nosotros en este programa. Quiero comenzar hablando un poco acerca de tu familia. Cuéntanos cómo creciste, cuál fue el ambiente en el cual tú creciste.

Angeline: Gracias por invitarme. Yo me crié en una familia común. Soy la mayor de una familia de cuatro hermanas, mi padre y mi madre. Mi madre era una mujer fuerte, dedicada a darnos todo lo que nosotros necesitábamos. Pero mi padre, un hombre un poco más tranquilo a la hora de enseñarnos y de decirnos qué hacer; inclusive de proveernos, familiarmente hablando.

Desde pequeña —desde que yo tengo uso de razón— mi padre bebía mucho. Inclusive yo creo que lo puedo catalogar como un alcohólico. Y mi madre tenía una actitud ante eso un poco como… podríamos decir que sumisa, ante la idea de que mi papá bebiera tanto. Pero a medida de que fueron pasando los años, eso —de alguna manera— frustró a mi madre. La decepcionó mucho como pareja. Familiarmente esto hizo mucho daño porque él constantemente bebía. Y lo hacía naturalmente, o sea, como lo que pasa en la sociedad, que el alcohol es algo tan natural, tan normal, que ni siquiera lo ven como una droga. Como lo que es.

Nancy: En tu casa estaba la presencia del alcohol constantemente.

Angeline: Constantemente. Inclusive, de parte de mis padres y de la familia de mi padre, era algo que yo me crié viendo.

Nancy: Y ustedes, tú y tus hermanas, estuvieron expuesta a beberlo, o ellos te permitían beber alcohol a temprana edad, o ustedes tomaban…

Angeline: Realmente no lo bebimos temprano, pero sí, siempre estuvo la puerta abierta de que, en el momento en el que tuviéramos la edad suficiente, ya podíamos hacerlo.

No había ningún tipo de límites con relación a eso, en el sentido de hablarnos, “Mira esto es bueno, esto…”, excepto cuando se trataba de quizás salir a la calle con una botella de alcohol en la mano. Ahí sí había un límite. Pero lo que era dentro de la casa, realmente era algo muy común.

Nancy: Pero tú nos compartías que tu problema mayor no fue el alcohol sino el uso de drogas. ¿Cuál fue la primera vez, o cómo llegaste por primera vez al uso de las drogas?

Angeline: Sí. Por ese mismo límite que se rompió durante mi niñez —el hecho de no tener algo, como un control— yo no descubrí temprano que también, igual que mi padre, yo tenía un problema de adicción; o sea, un comportamiento adictivo. Que se manifestaba en diferentes cosas en mi vida como: obsesión por cosas, por personas… a corta edad.

O sea ya con 15, 16 años yo me comportaba de una manera como obsesiva con la gente, ¿entiende? Quería estar con una misma persona todo el tiempo, tenía comportamientos agresivos. Recuerdo en la adolescencia tener ese tipo de comportamientos. Pero luego, fue cuando fui a la universidad —cuando estuve por primera vez sola— que empecé a investigar, quería saber diferentes cosas. Empezó como una búsqueda en mí. Yo… tenía un vacío tan grande, y lo quería llenar, quería investigar. Yo quería hacer cosas que no había hecho en mi casa.

Entonces empecé a juntarme con personas que no debía —malas compañías— a oír mensajes y cosas que de alguna manera me empezaron a influenciar sobre la sociedad y sobre lo que estaba bien o lo que estaba mal. Entonces me encontré primero con la marihuana. Ese fue mi primer encuentro con un tipo de droga.

Recuerdo que la primera vez que la usé no pasó nada conmigo emocionalmente. Pero luego, la segunda, recuerdo haber pensado y dicho a la persona con quien estaba que “había encontrado lo mío”. Eso fue exactamente lo que le dije ese día.

Nancy: Y tú me decías que, creciendo, tú manifestaste comportamientos que te mostraban que había algo que iba mal; que tú tenías una tendencia a obsesionarte, una tendencia a enfocarte sobre una persona—vamos a decir como a deificarla en tú interior, a ir tras eso. ¿Tú pudieras decir, o recordar, si hubo algo más en tu entorno familiar—en tu crianza— tú que piensas que te afectó?

Angeline: Sí, claro que sí. La violencia. Yo recibí mucha violencia, podríamos llamarle “abuso”. No recuerdo un solo día de mi niñez donde yo no me levantara con un boche, una pelea, o con una pela, o una palabra ofensiva hacia mí. Era algo muy normal—la violencia intrafamiliar. No solamente hacia mí, sino también hacia mis hermanas y entre mi padre y mi madre.

Nancy: Tú conectas la violencia con la adicción al alcohol de tu papá, con todo lo que te fue llevando—ya cuando tú sales y vas a la universidad que estás, como dicen, libre de esa influencia paterna…

Angeline: Los vacíos que traía por esa deficiencia familiar, obviamente, fueron de las cosas que me motivaron a empezar a buscar lo equivocado.

Hay personas que han vivido lo que yo he vivido familiarmente y no necesariamente han usado drogas. Pero, en mi caso, al yo tener una tendencia adictiva tanto genética como emocional, se dio esa búsqueda por ese lado.

Nancy: Y tú dices que la primera vez no te hizo nada, pero la segunda vez habías encontrado—te gustó lo que encontraste. ¿Alguna vez tú te dijiste a ti misma: “No debería estar haciendo esto”?

Angeline: Todo el tiempo, todo el tiempo. Había un sentimiento de inadecuación con relación a donde yo estaba: a los espacios y las personas. Me sentía mal e incómoda todo el tiempo. Y es algo que ahora yo identifico como el Espíritu Santo que se manifestaba en mí, pues yo no quería estar, y quería estar. Siempre tenía una lucha y decía—me preguntaba. Había algo que se despertaba en mi consciencia, en mi sano juicio. Y yo decía: “Pero, ¿qué es lo que yo hago aquí?” Eso me pasó mucho.

Nancy: El uso de la marihuana, ¿te llevó progresivamente a usar otras drogas o simplemente te quedaste usando marihuana?

Angeline: Duré un tiempo que solamente usaba marihuana, e inclusive duré un tiempo que ni siquiera la compraba, sino que era ocasional cuando iba a lugares y la consumía. O cuando alguien, de alguna manera me la regalaba o alguna cosa, yo la consumía. Pero entonces empezó eso a ser progresivo y empecé a querer comprarla y mi adicción creció al punto de yo coger y “auto robarme”, como yo le llamo y querer comprar. Darles dinero a personas para que me compraran. Y progresivamente estando en esos espacios —y con las personas equivocadas, también— empecé a usar otro tipo de drogas.

Recuerdo que la primera vez que usé específicamente crack, que fue lo que empecé a consumir, di un salto grandísimo porque realmente nunca usé cocaína, sino que pasé de marihuana a crack, que es algo bien fuerte. El primer “fumo” fue por un engaño. Me pasaron un habano de marihuana y yo lo fumé pensando que era solamente marihuana, y cuando sentí la reacción de mi cuerpo, me di cuenta que tenía algo que no era solamente marihuana. Ahí comenzó mi adicción a otro tipo de drogas y ahí duré más o menos un promedio de seis meses usando solamente crack.

Nancy: Y es cierto, Angie, que, para encontrar el mismo nivel de satisfacción, ¿necesitas cada vez usar más droga?

Angeline: Sí. El nivel de adicción —el deseo por ella— va aumentando, obviamente, porque el consumo de drogas es un deseo de llenar algo emocional y luego se hace físico. Entonces, al ser la parte física, te pide más.

Mi cuerpo se hace más resistente a ese tipo de droga, entonces obviamente voy a desear más y más y aumentar la cantidad. En mi caso, yo le tenía mucho miedo y yo creo que eso me reprimió para no hacer muchas cosas que pude haber hecho en mayor cantidad.

Nancy: ¿Alguna vez odiaste ese estilo de vida? ¿Alguna vez pensaste: “Esto es un asco, yo quiero dejar esto”? O, ¿se convirtió en algo normal para ti?

Angeline: La primera etapa era normal. Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió. Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente, como una gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara.

Empecé a hacerlo así, pero luego se convirtió en un infierno. Pensé: “Pero esto… esto… tiene que haber otra… otra vida, otra forma de hacerlo, porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.” Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla: si quería estar feliz, tenía que usar; si quería bailar, tenía que usar; si quería ir a la universidad, tenía que usar; si quería hablar, tenía que usar; si quería enamorarme, tenía que usar.

O sea que se convirtió realmente en una codependencia—una dependencia demasiado fuerte, y me ató. Y eso no me gustaba.

Nancy: Y, ¿te veías a ti misma como una adicta?

Angeline: No, no, no. Para nada. Yo no… Yo no entendía… yo no me entendía como una adicta. En mi mente decía que en cualquier momento lo podía dejar. Estaba convencida por momentos, que sí, que lo dejaría, que iba a llegar un momento—inclusive había momentos de consumo que decía: “Esta es la última vez.” Y me lo determinaba, pero volvía y lo hacía. Y pasaba una semana, y llegué a pasar un mes, dos meses, tres meses limpia; pero volvía.

Nancy: Y, ¿qué estaba pasando en tu vida en términos espirituales mientras pasabas por todo este tiempo? ¿Qué conocías tú de Dios? Y, si conocías de la existencia de Dios, ¿tú habías puesto esa parte de tu vida como en un segundo plano?

Angeline: Es interesante, pero yo pienso que sí, Dios estaba ahí. Yo conocí del Señor… o sea, conocía de Él, había escuchado de Él, ya tenía encuentros, había escuchado Su Palabra, había gente que me había predicado, me había mostrado al Señor. Pero no había entendido todavía lo que significaba el amor de Dios. Para mí era difícil porque yo no fui… yo no me sentí amada en mi casa, entonces no entendía cuando me decían que Dios me amaba. Entonces era difícil comprender lo que Él me estaba ofreciendo.

Pero sí sabía que Él estaba. Había momentos que yo oraba y que utilizaba un poquito el Dios —lo que yo le llamo “el Dios bombero”— que es cuando yo lo necesitaba. Pero… pero sabía que aun así, Él estaba. Y yo, yo sentía que Él estaba diciéndome: “Yo estoy aquí”, “Yo estoy por aquí”.

Nancy: Y, ¿hubo algún punto en el que tocaste fondo, hasta ese punto como de llegar a la desesperación para entonces clamar a Él?

Angeline: Yo entré a recuperación, traté de salir de las drogas por mí misma, por diferentes vías. Y cuando vi que ninguna vía me funcionaba —porque simplemente yo estaba buscando amor y no encontraba—, entonces me iba por recuperación; que si una iglesia, que si esto, que si aquello. Y nunca llegaba a esa llenura—realmente—que yo estaba buscando. Entonces llegó un momento en que recaía.

Duré más o menos unas tres semanas en consumo, y en ese tiempo dormía todo el tiempo. Y un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día, definitivamente, me vino a la mente que me quería morir. Y que… y le hablé a Dios sobre ese deseo que tenía. Decidí abrirle mi corazón sobre… decirle: “Señor, yo no… yo sé que Tú estás ahí, que Tú me estás viendo, pero haz algo, porque yo ya no puedo más, o sea, si Tú estás ahí, si Tú me estás escuchando de verdad, yo necesito que Tú intervengas, porque este es el tiempo para hacerlo y yo estoy dispuesta a hacer lo que Tú me digas para que se dé.”

Y recuerdo algo… simplemente me paré y estaba determinada no sé a qué, y me paré, y algo me dice: “Ponte tus chancletas y sal.” Y yo salí a la puerta de mi casa, y cuando me paré ahí, pasó una guagua y se devolvió un carro, y ese carro traía todo un grupo de gente que había estado conmigo en un programa de recuperación en el que yo había intentado entrar. Y se devolvieron y me dijeron: “¡Pero mírala aquí!” Y me llevaron a ese programa. Y ese fue el inicio de mi recuperación.

Nancy: O sea que ese día llegaste finalmente —como pudiéramos decir— al final de ti misma.

Angeline: Exactamente.

Nancy: Y, ¿cómo… cuándo fue como que sentiste que tu corazón empezó a volverse hacia Cristo? Porque ahí ok, “Señor, yo te clamo, yo me quiero morir, yo no quiero esta vida”; pero, ¿cuándo la luz de Cristo comienza a resplandecer y te salva?

Angeline: Sí, en mi deseo por estar limpia empecé a asistir—estaba en un programa de recuperación, ya tenía cuatro meses limpia y me sentía… pero empecé a flaquear nuevamente, a sentirme que— ¡guau!—turbulenta. Entonces en esa búsqueda me encuentro con alguien que me invita a una iglesia y me dice: “Yo creo que tú lo que necesitas es otra cosa fuera de recuperación.”

Y comienzo a asistir a una iglesia, y en esa iglesia me comienzan a hablar de un Jesús, de Dios, de un Dios de amor que está ahí pendiente y que Él sabía de antemano que yo lo necesitaba, y que Él estaba ahí desde mi inicio y desde que yo estaba en mi casa, y que supo de los abusos. Y así fue que yo empecé una relación con Él, personal, a escucharlo, Él… a darme ese cariño poco a poco. Y el tiempo pasó hasta que simplemente lo recibí y empecé una relación personal con Él de manera estrecha y amorosa.

Nancy: Pudiste arrepentirte de tus pecados, entendiste que habías sido pecadora y que en Cristo había perdón, que Él los echa a lo profundo del mar y que en Él hay nueva vida. Dice la Palabra que, “si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.”

¿Y cómo fue ese proceso, entonces, de liberarte de la adicción? Hasta ahí tú tenías unos meses limpia pero sentías que podías flaquear. Ahora con Cristo en tu corazón, ¿cómo fue ese proceso?

Angeline: Fue difícil realmente. Fue un proceso de mucho dolor, de morderme los dedos. Pero ya era diferente porque yo ni siquiera quería estar limpia por mí, sino que yo quería estar limpia por Él, por Su gracia, porque yo quería estar limpia por seguirlo para hacer Su voluntad, entiende?. Estar limpia para hacer lo que Él quería para mí y de agradarle a Él por encima de cualquier cosa, inclusive sobre mis propios deseos.

Y Él empezó a darme un amor que yo no había recibido hasta ese momento. Un amor de padre, un amor de hermano y todo. Fue… ha sido maravilloso realmente.

Nancy: O sea que aún tú puedes decir que ha sido largo y difícil pero a su vez maravilloso.

Angeline: ¡Sí! Ha sido difícil, pero maravilloso también porque en ese proceso he conocido personas que me han dado apoyo—amigos, hermanos que han estado conmigo en ese tiempo cuando yo me siento sola o cuando yo necesito que oren por mí, cuando he tenido tentaciones—porque las tengo y las he tenido—. Pero Él ha provisto una serie de recursos que son importantísimos en mi vida.

A través… no sólo de Su Palabra, también los amigos, la iglesia, lugares donde yo puedo ir y recurrir para pedir ayuda cuando lo necesito; espacios, familia nueva. Me he hecho también parte de grupos donde yo puedo servir y ayudar a otras mujeres que están en lo mismo—que han pasado por la misma situación.

Nancy: Sí, son medios de gracia que Dios pone a nuestra disposición. Yo te quería hacer una pregunta sobre eso, eso de rendir cuentas. Hemos oído que es un proceso importante o sea— tener una persona a quien llamar, con quien estés conectada. Para eso mismo, para que ore contigo, para que te ayude, para que te acompañe, para la misma lectura de la Escritura, inclusive memorización, la asistencia—como tú dices—a la iglesia; las familias que te acogen en esa nueva familia, que es la familia de la fe.

Angeline: Sí.

Nancy: Tú tienes esa persona —o esas personas— a quienes tú les rindes cuentas de quienes estás cerca—específicas—no como un grupo general de la iglesia, sino personas específicas.

Angeline: Sí. Definitivamente. Yo tengo gente a la cual yo debo llamar cada cierto tiempo, y si no la llamo hay problemas. Y tengo personas que me mostraron otro patrón de familia, donde yo llego ahí y soy parte de su casa. Gente que yo debo llamar a diario también para contarle en qué estoy, cómo me siento, y me dan seguimiento.

Yo creo que eso fue fundamental —ha sido fundamental— en lo que es mi recuperación y mi encuentro con el Señor. Oraciones; yo en particular recuerdo una oración que se hizo conmigo cuando comencé también mi recuperación. Esa oración diciendo que las puertas estaban abiertas para que todo lo que se diera, llegara con relación a eso—a la recuperación. Y yo recuerdo esa oración con muchísimo cariño porque realmente sentí el poder de Dios que sí, que las puertas se abrieron a partir de ese momento. Nada fue coincidencia a partir de ese día, de esa oración.

Y muchísimas personas que en momentos han salido corriendo cuando yo lo necesitaba, fueron a mi casa inclusive hasta en las noches. O sea que ese tiempo y esa gente tienen que estar ahí. Yo debo ser intencional en buscar ayuda. O sea, no es ni siquiera esperar que llegue a mí, sino yo ser intencional si quiero realmente hacer un cambio y cambiar mi vida.

O sea, pedirle a Dios que, si no las tengo, que esa gente llegue. Pedirla a Dios y buscarla. Y si la primera persona no funciona, buscar la segunda. Y ser parte de ese proyecto que Dios quiere para mí, accionando también.

Nancy: Sí, porque esa es la forma en que Cristo provee esa ayuda.

Angeline: Claro que sí.

Nancy: Es a través… Él usa todos esos medios que tú mencionaste y las personas son claves.

Angeline: Es imposible hacerlo solo. Eso es imposible. La persona que dice que está en recuperación, pero que lo hizo solo, realmente no está en recuperación, porque eso es imposible. La compañía es fundamental para ver un cambio. Inclusive, Dios nos manda a eso—a estar en comunidad y ser parte de una comunidad activa.

Nancy: Exactamente.

Angeline: Y a través de la comunidad es que Él se manifiesta en mi vida.

Nancy: Por eso la Escritura dice, “Mejor son dos que uno, porque hay del solo que cuando cae, no tiene al lado quién lo levante.”

Angeline: Así mismo.

Nancy: Y también me viene a la mente el texto que habla de cuando nosotros hacemos algo por uno de estos más pequeños, el Señor dice, “A mí me lo hiciste.” O sea que el Señor, cuando uno extiende esa mano, es realmente del Señor y al Señor. Es un medio de gracia que Él dispone para nosotros.

Angie, ¿cuánto tiempo tienes sin usar drogas?

Angeline: Doce años.

Nancy: Doce años… eso es mucho tiempo. Y cuando hablábamos de que el proceso ha sido difícil—que no es un proceso fácil—, ¿tú qué pudieras decir acerca de las recaídas? ¿Cómo pudiera ser de aliento el hecho de saber que hay un camino en que uno falla pero sigue adelante?

Angeline: La recaída—yo entiendo—es parte de lo que es el mismo proceso de recuperación. Si una persona tiene la intención, el deseo de mantenerse limpio y está buscando cambios en su vida, debe entender que en algún momento puede ser que falle.

Pero la diferencia está en continuar, por encima de tú caer. Primeramente buscar a Dios por encima de todas las cosas, y pedirle que te dé las fuerzas, el deseo y las herramientas para el siguiente paso. La recaída puede convertirse en una bendición cuando te pasa la primera vez, y tú sabes qué hiciste mal en la primera y la segunda no te pasa, porque ya tienes las herramientas adecuadas.

Voy a ponerte un ejemplo: si yo tengo la experiencia de que hay algunos lugares que yo no puedo visitar porque esos lugares me hacen daño y me llevan a una recaída, obviamente, la segunda vez yo no voy a estar en ese sitio. Yo voy a buscar la manera de alejarme de esos lugares, porque a mí me afecta y me lleva a una recaída.

Entonces, la misma experiencia es la que te va haciendo… En el adicto eso es algo muy común, pero poco a poco, si él se mantiene dentro de lo que es la recuperación, él puede llegar a tener otra vida y a mantenerse firme.

Nancy: Angie, gracias por haber estado con nosotros, por estar dispuesta a ser abierta, a compartir tu testimonio para bendición de otros y de muchas a quienes Dios, quizás a través de este programa, está llamando a la libertad que tú encontraste en Cristo.

¿Qué otra cosa tú quisieras dejarnos como mensaje final ahora que estamos terminando este programa?

Angeline: Sí, quisiera decirles que una de las cosas que más agradezco es la apertura que tuvo la iglesia al recibirme—la iglesia a la cual yo asisto. Que me dio la oportunidad de estar y ser parte de su comunidad. Me dieron apoyo, me abrieron las puertas, hicieron todo lo que fuera necesario que yo necesitara para que se diera ese cambio. Eso lo agradezco mucho.

También ahí conocí a un Dios que… Él puede llenar cualquier tipo de vacío. Que todas mis ansiedades, cualquier tipo de afecto que yo necesité de mi niñez, de mi presente, Él los llena. Que no hay adicción que pueda con Él, que realmente en Él yo recibo todo lo que yo quiero y necesito—está en Jesús; en Su gracia, en Su perdón. A través de Él yo he podido ser otra persona, pero no solamente “otra persona”, sino alguien que Él está moldeando y que Él puede transformar, y que Él ha convertido en lo que Él ha querido.

Yo le doy las gracias al Señor —realmente— por esa… por todo eso que Él ha hecho por mí, que ha dado para mí… le doy las gracias.

Nancy: Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado hablando con una mujer llamada Angeline acerca de la oscuridad de la adicción y el poder restaurador de Dios. Los programas de esta semana nos han ofrecido un buen balance para entender los sólidos principios bíblicos acerca de las adicciones y las historias que ilustran estos principios. Nancy retomará la enseñanza de Tito 2 en el próximo programa y continuará explorando la naturaleza destructiva de las adicciones.

Si necesitas ver más recursos de este y otro tipo te invitamos a visitar nuestra página web, www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Incluso, si nunca has probado el alcohol o las drogas, lo cierto es que necesitas saber sobre este tema y ser cuidadosa. Hay más adicciones sutiles que podrían causarte problemas. Hablaremos sobre esto en nuestro próximo programa. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Nancy está de regreso para terminar con una oración.

Nancy: Señor, qué bueno que en Cristo tenemos un poderoso Salvador. Gloria sea a Tú Nombre, Señor, porque Tú perdonaste todos nuestros pecados; nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Gracias porque así como está de lejos el oriente del occidente, así has hecho alejar de nosotros nuestras transgresiones.

Gracias, Señor, porque Tú has hecho una obra maravillosa en la vida de Angie y Tú puedes repetir esa obra Señor en la vida de tantas mujeres que están escuchando este programa; que están esclavas, Señor, a distintas y diversas adicciones. No solamente a las drogas Señor, sino también al alcohol, a los hombres, a las compras, a tantas y tantas cosas tras las cuales nuestros corazones se van Señor.

Que Tú seas el único Señor a quien nosotros adoremos, el único a quien nosotros servimos. Que busquemos primeramente Tu gloria, Tu reino y Tu justicia. Y todo esto, Señor, te lo presentamos en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Un cántico en el hospital

Viernes 7 Agosto
Me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. Verán su rostro… No habrá allí más noche… Dios el Señor los iluminará.
Un cántico en el hospital

Hace mucho tiempo, una cristiana visitaba un hospital militar inglés en el Cairo (Egipto). Entre los heridos, un joven escocés que había perdido una pierna gemía llamando a su madre. La visitante se inclinó hacia él y pasó un paño mojado por su frente ardiente. El joven abrió los ojos y le dijo:

–Gracias señora, usted me recuerda a mi madre.

–¿Desea que le escriba?

–El médico lo hará por mí, pero… más bien cánteme un himno. Ella dudó, en medio de la gran sala. Pero, viendo el sol ocultarse sobre el Nilo, comenzó a cantar un himno conocido:

Cerca del río a las puras ondas
Que salen del trono de Dios,
De felicidad, fuente profunda,
¿Estaremos en ese lugar?
Y todos diremos su gracia
En un cántico eternal,
Cerca del río puro que pasa
En la ciudad de oro celestial.

Poco a poco las cabezas se voltearon hacia ella y las voces se unieron a su canto. Al final muchos cantaron con emoción:

Sí, para siempre cerca del río
Que sale del trono de Dios,
Donde de felicidad nos abrevamos;
Todos estaremos en ese lugar.

El joven escocés agradeció a su visitante y le dijo: –Sí, estaré allá, porque mi fe se funda sobre lo que mi Salvador sufrió por mí en la cruz.