10/12- El Peligro De Las Riquezas

Estudio libro de Santiago

Serie: Cuando aumenta la presión

10/12- El Peligro De Las Riquezas

Santiago 5:1–6

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán”.

La advertencia del apóstol a los ricos parece presentar una crítica dura a los ricos en sí. Por eso, muchos creen que la Biblia está en contra de ellos. ¿Qué enseña la Biblia al respecto? ¿Apoya la crítica popular de la gente en contra de las riquezas y los ricos?

Al estudiar con cuidado este pasaje y los otros que hablan de la riqueza, se observa que no es la posesión del dinero o de bienes en sí que se condena. Es la actitud y conducta de los que buscan cada vez más riquezas lo que se critica. Esta actitud no se limita a quienes tienen riquezas; es la actitud de quien ha hecho un dios de su dinero.

Jacobo escribe esta advertencia a los hermanos esparcidos que sufren, porque ellos se han fijado en la condición de los ricos y quieren imitarlos. Se les da esta advertencia para que se den cuenta del costo verdadero de esta búsqueda.

Jacobo les está llamando a mayor confianza en el Señor frente a la persecución. La solución al problema suyo no es la posesión de las riquezas. Es la fe en Dios. Deben quitar la vista de los bienes y poner la mirada en Dios y en Su plan para su vida.

LA SOLUCIÓN PARA LOS PLEITOS 4:7–5:6

La pregunta mayor que viene ocupando la atención de Jacobo es: “¿De dónde vienen tantos pleitos entre nosotros?” El problema puede ser que somos “ateos” prácticos, es decir, que vivimos como si Dios no existiera, aunque creemos en El.

Nosotros muchas veces pensamos de la misma manera que los demás. Ya no hay mucha diferencia entre nosotros y el mundo. Nosotros también ponemos el énfasis en lo material, buscamos más para nosotros mismos y cada uno quiere salirse con la suya.

Jacobo nos presenta la solución para este problema de los pleitos. La solución no se encuentra en las riquezas. La clave es la sumisión. Así que, el autor señala cuatro áreas en las cuales nosotros debemos someternos:

1. Debemos someternos a Dios 4:7–10

2. Debemos someternos los unos a los otros 4:11–12

3. Debemos someter nuestros planes a Dios 4:13–17

4. Debemos someter nuestros bienes a Dios 5:1–6

LA SUMISIÓN AL SEÑOR 4:7–10

La solución para su frustración empieza con la sumisión al Señor. Las otras clases de sumisión salen de la sumisión a Dios. Si los creyentes se someten a Dios y a Su plan para ellos, encontrarán paz y contentamiento.

LA SUMISIÓN DE LOS UNOS A LOS OTROS 4:11–12

Además de la sumisión a Dios, ellos deben someterse el uno al otro, en vez de criticarse y juzgarse. Dios es el único Juez verdadero. El les juzgará con justicia y les dará a cada uno lo que merece. Por lo tanto, ellos deben preocuparse por vivir como Dios quiere y dejarle el juicio de los demás a El.

DEPENDENCIA DEL SEÑOR 4:13–5:6

El tercer paso para resolver los conflictos y pleitos es la dependencia total del Señor. No deben depender de sus propios planes (4:13–17), ni de los bienes que puedan acumular (5:1–6).

DEPENDER DE DIOS Y NO DE NUESTROS PLANES 4:13–17

Ellos hacían planes para librarse de la aflicción y ganar ío que les hacía falta. El problema que Jacobo señala es que sus planes manifestaban tres características iguales a las que se encuentran en los planes que el mundo hace:

1. Son auto-céntricos.

2. Buscan ganancia personal.

3. No toman en cuenta a Dios.

De nuevo se observa el concepto ateo que un cristiano puede manifestar. No es que no crean en Dios. Es que creen en El, pero en las luchas prácticas de la vida se comportan como si no existiera. Hacen sus propios planes sin tomarlo en cuenta, tal como los demás hombres que no lo conocen. Ellos deben vivir de otra manera que refleje su fe en Dios.

Dios conoce su situación y controla todo el mundo. El tiene un plan perfecto para su vida y sabe lo que está haciendo. Por eso, sería mejor que se entregaran en manos de El y que dejaran que El les diera la solución.

DEPENDER DE DIOS Y NO DE NUESTROS BIENES 5:1–6

La confianza en Dios se relaciona también con su búsqueda de más riqueza. Quienes están sufriendo se han fijado en el estilo de vida de los ricos. Han llegado a ser celosos. Quisieran ellos también poder vivir así.

Todos sentimos así de vez en cuando. Queremos un poquito más para nosotros mismos. Al pensar de esta manera caemos en el mismo patrón del mundo.

Jacobo trata de parar esta actitud. El demuestra el fin que espera a los ricos de este mundo. Así les advierte del peligro de imitar este estilo de vida. Su riqueza es temporal y perecedera. No puede perdurar.

LA TEMPORALIDAD DE LAS RIQUEZAS MATERIALES 5:1–3

El tema de las riquezas se introduce con la expresión de lamento de quienes han confiado en sus riquezas, cuando pierden todo. Para el que confía en lo material, cuando sufre un desastre natural, lo pierde todo. No le queda nada. Ni hay por qué vivir (5:1).

Se presentan las tres clases de riquezas materiales (5:2–3): granos, ropa y dinero. Cada una es temporal y se pierde con el tiempo. La palabra empleada para decir “riquezas” se refiere a los granos, los cuales se pudren. Las ropas se arruinan por causa de la polilla.

El dinero guardado se arruina con moho. La presencia del moho indica que lo están amontonando, aunque ni tienen cómo usarlo. Querían guardar cada vez más para ellos mismos. Tal persona será juzgada.

El que siempre busca más para sí mismo sufrirá pérdida. Sus tesoros no le sirven. Esta es la condición del hombre que se vio antes en 4:1–3. Siempre busca pero no está contento, porque no encuentra lo que busca de verdad.

¡Pensemos!

Dedicarse a ganar más dinero para sí mismo siempre trae frustración al que lo persigue. Considere este problema a la luz de su propia experiencia. ¿Cuáles frustraciones han experimentado, u observado en otros, cuando se le da la prioridad a la búsqueda de más dinero o bienes materiales? ¿Cuáles problemas han encontrado cuando han tratado de acumular más para sí mismos? ¿Vale la pena esta lucha?

LA BASE DEL JUICIO DEL RICO 5:4–6

El ataque no viene en contra de las riquezas en sí. Está en contra de los deseos auto-céntricos de ganar más. También está en contra de la manera en que los ricos las consiguen.

La injusticia que los ricos de este mundo cometen para llegar a ser ricos les va a llevar al juicio. Quienes imitan el mundo en su búsqueda de dinero no entienden el fin al cual esta búsqueda les lleva.

Se señalan tres ofensas comunes que los ricos cometen frecuentemente. Estos abusos son las causas de la condenación del rico, y de quienes quieran imitarlos.

La primera ofensa podría Ilamarse fraude patronal (5:4). Es una clase de injusticia específica que sólo un patrón puede cometer. El patrón goza de los beneficios del trabajo del empleado y después busca una manera para no pagarle el sueldo que merece. Tal abuso sirve para enriquecer al patrón pero es un pecado contra Dios.

El que menos necesidad tiene, hace sufrir injustamente al que más necesita el sostén. Dios se da cuenta de tal injusticia y responderá en juicio.

La segunda ofensa común entre los ricos es la de vivir un estilo de vida de lujo exagerado. Malgastan lo que tienen en deleites personales, mientras otras personas no tienen lo suficiente (5:5). No se preocupan por las necesidades de los demás.

La condición de estos ricos se compara al que se engorda en cuanto a la comida. Tal como el engordar a las bestias es una preparación para la matanza, así también será en el caso de los ricos. El “engordarse” de bienes materiales, les preparará para la matanza, cuando Dios les juzgue.

La tercera ofensa que los ricos cometen es el de matar a quienes les amenazan, especialmente a los justos (5:6). Si alguno les hace competencia al hacer un trato justo para con los demás, los ricos encontrarán la manera de eliminarlos.

Quien se comporta según los principios de la justicia no podrá resistir al que vive conforme a los principios de este mundo, ni luchar según las mismas reglas que el injusto rico sigue. Por lo tanto, el justo es destruído por el más poderoso, pero no justamente.

Los cristianos que quisieran imitar a los ricos no han comprendido todo lo que esta búsqueda implica. Tienen que contemporizar y aceptar las reglas que los ricos emplean, si de verdad quieren ser como ellos. El precio es alto. Un cristiano auténtico no puede aceptar tales reglas para su vida y salir ileso.

¡Pensemos!

¿Ha tratado de acumular más riquezas alguna vez? ¿Cuáles demandas indebidas para un hijo de Dios ha sentido cuando ha tratado de hacerlo? ¿Cuáles alternativas hay para el cristiano auténtico que quiere vivir para Dios y conseguir más para sí mismo?

A fin de cuentas, las riquezas se dejan atrás. No tienen ningún valor permanente. Su búsqueda trae malas consecuencias. Así que, sería mejor que los hermanos se olvidaran de esta búsqueda. Más vale buscar a Dios y la venida de Cristo. Por esto, el autor les anima a esperar con paciencia la venida del Señor (5:7–8).

El camino que lleva a la paz es la sumisión -en todo. Nunca se encontrará paz al buscar más para sí mismo. Así que, la manera de conseguir paz y de gozarse verdaderamente de la vida no es buscar más para sí. Es someterse a Dios y a los demás.

Que ninguno se comporte como si fuera grande.

Que ninguno se comporte como si fuera pequeño.

Que todos se comporten como si fueran medianos hechos a la medida que Dios quiere.

¡Pensemos!

Este estudio sugiere algunos problemas serios que nos pueden afectar cuando queremos acumular más riquezas. A la luz de lo que hemos visto, ¿qué debemos hacer? ¿Existe la posibilidad de que un cristiano tenga riquezas? ¿Cuáles normas debemos mantener frente a esta posibilidad?

A base del juicio de los ricos presentado en este pasaje, ¿cómo debe el hijo de Dios reaccionar frente a las injusticias de los ricos? ¿Qué debemos hacer hoy? ¿Cuáles son las implicaciones de 5:7–8 frente a está situación?

Porter, R. (2003). Estudios Bı́blicos ELA: Cuando aumenta la presión (Santiago) (pp. 73–78). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

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