34/62 – Dios: El autor de toda la historia 

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

34/62 – Dios: El autor de toda la historia

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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28/41 – Filipenses 28 – Protegido por Gozo

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

28/41 – Filipenses 28 – Protegido por Gozo

Stephen Davey

Texto: Filipenses 3:1-3
Un cristiano gozoso tiene un sistema de defensa alrededor de su corazón y mente. Es por eso que en estos versículos el apóstol Pablo nos enseña a cómo mantenernos protegidos por el gozo.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Sabiduría para el Corazón

¿Tenemos ángeles guardianes?

Got Questions

¿Tenemos ángeles guardianes?

Mateo 18:10 dice, “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. En el contexto, “estos pequeños” podría aplicarse a aquellos que creen en Él (v.6) o podría referirse a los niños pequeños (vv.3-5). Este es el pasaje clave con respecto a los ángeles de la guarda. No hay duda de que hay ángeles buenos que protegen (Daniel 6:20-23; 2 Reyes 6:13-17), revelan información (Hechos 7:52-53; Lucas 1:11-20), guían (Mateo 1:20-21; Hechos 8:26), proveen (Génesis 21:17-20; 1 Reyes 19:5-7), y ministran a los creyentes en general (Hebreos 1:14).

La pregunta que surge es si cada persona –o cada creyente—tiene un ángel asignado. En el Antiguo Testamento, la nación de Israel tenía asignado al arcángel Miguel (Daniel 10:21; 12:1), pero en ninguna otra parte de la Escritura se establece que un ángel haya sido “asignado” a un individuo (aunque algunas veces eran enviados a individuos, no se menciona que se les diera una asignación “permanente”). Los judíos desarrollaron plenamente la creencia de los ángeles guardianes durante el tiempo transcurrido entre en Antiguo y Nuevo Testamento. Algunos padres de la iglesia primitiva creían que cada persona no sólo tenía asignado un ángel bueno, sino también un demonio. La creencia de ángeles guardianes ha existido durante mucho tiempo, pero no hay bases en la Escritura para ello.

Regresando a Mateo 18:10, la palabra “sus” es un pronombre colectivo en el griego, y se refiere al hecho de que los ángeles sirven a los creyentes en general. Estos ángeles son representados como “siempre” viendo el rostro de Dios para escuchar Sus órdenes de ayudar a un creyente cuando se necesite. Los ángeles en este pasaje no parecen estar guardando a una persona tanto como estando atentos al Padre en el cielo. El servicio activo o supervisión parece entonces venir más de Dios que de los ángeles, lo que tiene perfecto sentido, porque sólo Dios es omnisciente. Él ve a cada creyente en todo momento, y sólo Él sabe cuándo uno de nosotros necesita la intervención de un ángel. Puesto que ellos están continuamente viendo Su rostro, los ángeles se encuentran a Su disposición para ayudar a uno de Sus “pequeños”.

En la sociedad occidental actual, está de moda creer en ángeles. Tenemos películas que se enfocan en los ángeles; tenemos series de televisión, que muestran a los ángeles como siendo asignados para ayudar a los humanos. La Escritura hace claro que, aunque los ángeles poseen un poder y conocimiento sobrehumano, ellos sólo son seres creados, al igual que nosotros y son “nada” comparados con Dios. Como tales, ellos no deben ser adorados (Éxodo 20:1-6; Colosenses 2:18). La adoración únicamente debe ser reservada para el Dios Trino. Desafortunadamente, mientras que los programas acerca de ángeles, sirven a Dios sólo de labios, el Hijo de Dios es raramente mencionado (si no es que nunca). Como dice Dios en Juan 5:23, que, si uno no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo envió.

No se puede responder enfáticamente por la Escritura, si cada creyente tiene un ángel guardián asignado a él/ella. Pero como se aclaró anteriormente, Dios los utiliza para ministrarnos. Es bíblico decir que Dios los utiliza a ellos, como nos utiliza a nosotros; es decir, de ninguna manera somos necesarios ni nosotros ni ellos, para llevar a cabo Sus propósitos, sin embargo, Él elige utilizarlos a ellos y a nosotros (Job 4:18; Job 15:15). Al final, ya sea que tengamos un ángel asignado para protegernos o no, tenemos la mayor seguridad que nos brinda Dios: Si somos Sus hijos a través de la fe en Cristo, Él hace que todas las cosas sucedan para bien (Romanos 8:28-30), y que Jesucristo nunca nos dejará ni nos desamparará (Hebreos 13:5-6). Si tenemos un Dios omnisciente, omnipotente y amoroso con nosotros, ¿realmente importa si tenemos a un ángel finito protegiéndonos?

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Por qué sentimos vergüenza

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Por qué sentimos vergüenza

Jeremy Pierre

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie «La vergüenza», publicada por la Tabletalk Magazine. 

Las vacas no sienten vergüenza. Este sorprendente hecho me vino a la mente en la Feria del Condado Lorain, durante un verano particularmente moderado en Ohio. Lo que no fue para nada moderada fue mi repugnancia ante las hinchadas ubres llenas de mugre expuestas a la vista de todos. Mientras tanto, la vaca permaneció allí, parpadeando con ojos vidriosos. Mi mente casi adolescente , ya constantemente consciente de los aspectos desagradables de la existencia corporal, no podía entender tal cosa. Puede que las vacas no sientan vergüenza, pero los preadolescentes la respiran.

No solo los adolescentes, todo ser humano que respira siente vergüenza, independientemente de la etapa de la vida en que se encuentre o de sus antecedentes personales. Siempre ha sido así, casi desde que apareció el hombre en la tierra. Casi. Hubo un tiempo en que las personas disfrutaban de la riqueza de la existencia humana sin siquiera saber qué es la vergüenza. Sin experimentar una continua duda interna y el miedo a la condenación.

Gente gloriosa y vergonzosa

Dios originalmente creó al hombre bueno, muy bueno, de hecho, lo creó a Su imagen (Gn. 1:26-312:25). Es decir, en las palabras del Catecismo de Heidelberg: «en verdadera justicia y santidad» (Q & A 6). Adán estaba completamente seguro cerca de Dios porque era como Él. La vergüenza era completamente extraña a su naturaleza, totalmente inapropiada para una criatura tan gloriosa. Él podía caminar desnudo frente a toda la creación. Todo lo que se podía conocer sobre este hombre y su esposa estaba en plena exhibición. Y ellos no tenían miedo.

Pero todos conocemos el capítulo siguiente. La duda tonta, la mirada lujuriosa, la codicia consumada. Y de repente, ellos fueron conscientes de su desnudez en formas que nunca antes lo habían sido. No estaban más desnudos de lo que estaban antes, pero su desnudez ahora les hacía sentir inseguros. Ya no podían revelar de manera segura todo acerca de sí mismos al mundo que los observaba, el uno al otro, o especialmente a Dios. Los paseos vespertinos con Dios, que una vez fueron el deleite del día, ahora eran el terror de sus vidas.

El placer había sido reemplazado por el terror, no porque Dios había cambiado, sino porque ellos lo hicieron. Ellos estaban muy conscientes de la presencia de algo nuevo, una enfermedad extraña a su diseño: defecto, falta, pecado. Y lo habían invitado a entrar, sin pensar que con el pecado vendría la muerte (Ro. 5:12). Habían insistido en conocer el mal, y ahora eran partícipes de sus consecuencias, a saber, la conciencia de que la muerte está al acecho.

Mientras tanto, las vacas masticaban y miraban, ajenas a su propia desnudez. Una vaca no siente vergüenza porque ella no es la obra maestra de Dios. Los agentes morales creados para reflejar el carácter de Dios son los únicos capaces de conocer la tragedia personal de lo que se perdió en Edén.

Nuestra experiencia de vergüenza

No mucho ha cambiado para las vacas a lo largo de las generaciones. Tampoco ha cambiado mucho para nosotros. Seguimos plagados de vergüenza. Dentro de nosotros, nuestros pensamientos entran en conflicto y nuestras conciencias nos acusan, recordándonos que Cristo juzgará «los secretos de los hombres» (Ro. 2: 14-16). La vergüenza es el dolor de saber que nuestras conciencias tienen razón.

La vergüenza es una parte necesaria de la experiencia de un cristiano porque lo lleva de regreso a la cruz, donde vuelve a experimentar que su vergüenza ya ha sido quitada.

La vergüenza es auto evaluativa, pero es consciente también de las evaluaciones de los demás, particularmente de Dios. Es un sentimiento intenso sobre uno mismo, pero siempre consciente de la mirada de los demás. Es el testimonio interno inquebrantable de que no estamos a la altura y también el respectivo temor de que otros descubran este hecho.

A algunos estudiosos les gusta hacer distinción entre la vergüenza y la culpa describiendo la vergüenza como un pronunciamiento en contra de lo que soy, mientras que la culpa es un pronunciamiento en contra de lo que hago. La vergüenza es la conciencia particular de un individuo de que merece ser juzgado como persona, mientras que la culpa es un sentimiento de remordimiento por su conducta digna de juicio. Muchos creen que una buena dosis de culpa por las acciones injustas es saludable, pero no creen que la vergüenza como pronunciamiento sobre uno lo sea.

Creo que distinciones como estas pueden ser útiles para comprender los matices de nuestra experiencia, pero no para separarlos. La culpa y la vergüenza van de la mano. Si hago algo malo, eso indica algo sobre mí. Pecamos porque somos pecadores. Esa es una conexión que la Biblia claramente mantiene (Mt. 15:18Lc. 6:45), de manera que la vergüenza es una parte saludable de nuestra autopercepción.

Ahora espera un segundo. ¿Acabo de decir que la vergüenza es saludable? Sí, pero ten en cuenta lo siguiente con mucho cuidado: la vergüenza es una parte saludable, pero no un final saludable de la experiencia cristiana. La vergüenza no es la conclusión final que hacemos sobre nosotros mismos. Es una conciencia dolorosa que nos guarda de descansar satisfactoriamente en nuestro estado caído. Ella nos impulsa a buscar defensa de las acusaciones, un refugio de la amenaza del juicio, una pizca de gracia de un Juez misericordioso.

Y solo al ser empujados encontraremos que hay más que una pizca de gracia. Hay en abundancia. Abundante lino blanco para vestir a las personas desnudas.

Este es el evangelio cristiano, uno que los cristianos proclaman a sí mismos una y otra vez mientras viven bajo la carga diaria de que se les recuerde la oscuridad que aún permanece en su interior. De esta manera, Dios revierte el uso que Satanás hace de la vergüenza. Satanás quiere que nuestra vergüenza nos lleve lejos de Dios y hacia los arbustos. Pero Dios quiere que nuestra vergüenza nos lleve a Él en busca de ropas.

Qué hace un cristiano con la vergüenza

Al desempacar los aspectos prácticos de estas observaciones, vemos que a un cristiano le quedan al menos tres opciones para lidiar con su experiencia de vergüenza. Las primeras dos son falsas. Solo la última es la intención de Dios para el creyente.

Primero, los cristianos pueden esconderse de Dios y de los demás con miedo. Los cristianos saben mejor que nadie lo que Dios dice sobre el pecado. Sus declaraciones resuenan en sus oídos por la predicación de la iglesia y por las vidas de otros creyentes. Como lo hicieron nuestros padres originales, ellos se esconden de Dios y de los demás. Viven bajo la angustiosa conciencia de que las cosas que están en su interior no se ajustan a las expectativas de todos los que los rodean.

Una cosa es admitir orgullo. Todo el mundo llama a eso pecado, y se espera que confesarlo sea parte del proceso. ¿Pero qué hay de los pecados ocultos y profundos? ¿Las sucias fantasías sexuales, los viciosos insultos confidenciales, las borracheras desenfrenadas? La idea de que alguien descubra estas cosas causa tanta angustia que un cristiano se aísla de todos, incluyendo a Dios.

No toma mucho tiempo para que este aislamiento se vuelva cinismo. Jesús se convierte en el tipo de Salvador que prefiere a personas felices con pecados delicados. El cínico ve a Jesús dispuesto a ayudar a las personas que son impacientes, pero no a los que son pervertidos. Pero este no es el Jesús de la Escritura, que da «vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez» (Ap. 3:18).

Esta primera opción no funciona porque la vergüenza necesita ser quitada, no ocultada.

En segundo lugar, los cristianos pueden tratar de evitar su sentido de la vergüenza. No la disfrutan y creen que es perjudicial para su autoestima. Por lo tanto, a través de varios medios, ya sea una psicología sofisticada o simplemente la confundida sabiduría convencional, se convencen a sí mismos de no sentir vergüenza poniendo excusas o culpando a otros.

Ahora, es completamente posible para los creyentes sentir falsa vergüenza; es decir, temer la condena de los demás porque no se ajustan a algún sistema de valores culturales que no sea necesariamente bíblico. Los adolescentes pueden sentir vergüenza por tener espinillas, las personas mayores por ser olvidadizas, los profesionales por no ganar suficiente dinero. Esta es una vergüenza falsa porque está basada en un estándar falso. Tratar con esto requiere que rechacemos aquellos estándares que compiten con los de Dios y rehusemos medirnos por estos.

Pero cuando se trata del estándar de Dios, de nada nos sirve negar la culpabilidad personal. No hay un máximo confort en tratar de disminuir mi sensación de desnudez ante un Dios santo. Tratar de hacerlo es simplemente coserse un vestido de retazos con hojas de higuera. La vergüenza es una parte necesaria de la experiencia de un cristiano porque lo lleva de regreso a la cruz, donde vuelve a experimentar que su vergüenza ya ha sido quitada.

Esta segunda opción no funciona porque la vergüenza necesita ser eliminada, no evitada.

Por lo tanto, la tercera y última opción para un cristiano es manejar la vergüenza, y es la única correcta: los cristianos reconocen lo que es vergonzoso dentro de ellos en la seguridad de la gracia prometida de Dios. La vergüenza es un testigo interno de que el pecado nos ha corrompido tan profundamente que solo Dios podría arreglar las cosas. Y Él ha prometido hacer exactamente eso.

El Dios de santidad resplandeciente, cuya pureza caracteriza a todo lo que le rodea, no despreciará a un corazón contrito y humillado (Sal. 51:17). Como dijimos, la vergüenza es una parte saludable, pero no un final saludable de la identidad cristiana. Esto se debe a que la identidad cristiana se basa en el mensaje original de Jesús, quien vino a decirles a las personas buenas que en realidad son malas y a las personas malas que Él las puede hacer buenas (Mr. 2:15-17). El fin de la identidad cristiana es la justicia o rectitud, no la vergüenza. Esta justicia les es dada de parte de Otro por fe, pero no es menos suya a causa de esto (Ro. 1:16-17).

Claro, las vacas no sienten vergüenza. Pero eso no las hace más afortunadas que nosotros. Las vacas nunca tendrán la oportunidad de compartir la justicia de Cristo. Ninguna otra criatura siente vergüenza porque ninguna otra criatura estuvo destinada a compartir el carácter de su Creador.

La vergüenza es un privilegio. Recuerda eso la próxima vez que la experimentes. Ella muestra que Dios te valora lo suficiente como para atraerte hacia la justicia que solo Él puede proporcionar.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Jeremy Pierre
Jeremy Pierre
El Dr. Jeremy Pierre es decano de estudiantes y profesor asistente de consejería bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky y es pastor en Clifton Baptist Church, y coautor de “The Pastor and Counseling”.

M5 – Liberada de la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M5 – Liberada de la adicción

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Liberada-de-la-adiccion/

Carmen Espaillat: Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss : Si estas buscando satisfacción en algo o alguien aparte de Cristo, inicialmente podrá parecer que todo está funcionando, pero invariablemente vas de camino a sufrir decepción, desilusión, y estarás conformándote con menos de lo que Dios desea darte.

Debemos mantenernos recurriendo a Cristo; a Su cruz, a Su Espíritu y Su gracia.

Carmen: Estas escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos estado compartiendo un estudio muy útil llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Este pasaje contiene mucha sabiduría práctica para la mujer. Esta semana nos enfocamos en lo que el pasaje nos dice acerca de la adicción y el alcoholismo.

Hoy Nancy nos habla sobre cómo encontrar libertad de todo tipo de adicción.

Nancy: recibí ayer un correo electrónico de una señora que escribió solicitando ayuda a Aviva Nuestros Corazones para una amiga que está luchando con la adicción a las drogas y a la prostitución.

La señora que escribió decía: “Mi amiga está desesperada por cambiar pero no puede. Ahora está más confundida porque después de un largo tiempo sin consumir drogas, recientemente tuvo una recaída. Ella tan solo desea morirse.”

Así que esta amiga — ¡y doy gracias a Dios por las amigas!— esta acudiendo a nosotras rogando: “¿Podrían ayudarme a darle una mano a mi amiga que está luchando con la adicción y la prostitución?”

Y pensé que, aunque la drogadicción y la prostitución no son cosas que he experimentado personalmente, mientras leía eso me podía identificar con el hecho de tener un pecado que te acosa y pasar un buen tiempo pensando que estas caminando en victoria y de repente, algo te provoca, o bajas la guardia, o eres tentado de una forma diferente y caes de nuevo, y te sientes confundida, frustrada, decepcionada contigo misma y a veces tan solo te quieres morir.

Mientras leía esto, pensé que eso es precisamente lo que tengo que hacer. No quiero decir ‘morir’ literalmente, sino que espiritualmente debo llegar a ese punto donde pueda reconocer que no soy yo, “sino Cristo que vive en mí” (Gálatas 2:20). No puedo vivir esta vida yo sola.

Así que ya puede ser que sean las drogas, la prostitución, el alcohol, el helado, o cualquier otra cosa que consideremos que no es en esencia pecaminosa — algo que quizás es inocuo, pero que se ha convertido para nosotras en un dios, en un ídolo….hoy deseamos hablar de la frustración que a veces nos embarga cuando tratamos de alcanzar la victoria sobre nuestra carne, cuando tratamos de ser libertados de la adicción.

Esto viene en el contexto de Tito capítulo 2, donde se instruye a las mujeres ancianas a cómo deben vivir, el tipo de vida que deben llevar. Debemos darnos cuenta que todas somos esclavas. Somos o esclavas del pecado, o esclavas de la justicia.

O somos esclavas de nosotras mismas, de la influencia de Satanás y del engaño en nuestras vidas, o somos esclavas de Dios y de Su justicia.

Cuando el apóstol dice que las mujeres no deben ser esclavas del mucho vino, utiliza una palabra que usualmente se traduce como siervo en algunas de las traducciones. Está relacionada a esa palabra, y se refiere a una persona que está atada, que se encuentra controlada por, o bajo la voluntad y el dominio de otra persona.

En Tito capítulo 3 versículo 3 Pablo nos dice, “Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos”. Así era cuando no éramos cristianas. Ahora que somos cristianas, Pablo dice, que no debemos ser esclavas del mucho vino o de cualquier otra cosa que nos aparte de la intimidad con Cristo y de nuestra relación con Él.

Un pasaje maravilloso para memorizar y para meditar con relación a la adicción y a la esclavitud —la esclavitud al pecado o a la justicia-— se encuentra en Romanos capítulo 6.

No vamos a pasar mucho tiempo en esto; quizás en otra oportunidad enseñe sobre ese pasaje completo, pero es un pasaje con el que ustedes deben estar familiarizadas. Deben memorizarlo; deben meditar en él. Permítanme tomar unas pocas frases de ese capítulo para mostrarles lo que quiero decir.

En Romanos capítulo 6 versículo 6 Pablo dice que, “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él (con Cristo)… a fin de que ya no seamos esclavos del pecado.” Aquí encontramos una palabra similar; es una especie de “familia de palabras” —esclavos, esclavitud, esclavizados— todas son palabras similares en el griego.

Él dice que fuimos crucificados con Cristo para que no estuviésemos esclavizados más al pecado. Por cierto este debería ser un mensaje de esperanza para todas aquellas de nosotras que hemos sentido esas cadenas y esa esclavitud del pecado o de hábitos pecaminosos y carnales, y sobre los cuales hemos pensado: “no puedo liberarme. Tan solo deseo morir. “

Pablo dice que has muerto. Fuiste crucificada en Cristo para que esas cadenas fueran rotas.

Luego en el versículo 17 dice: “Erais esclavos del pecado,” Ustedes eran esclavas del pecado. Todas éramos esclavas del pecado. Nacimos así.

Pero más adelante en el versículo18 dice: “Habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia.” Así que aún somos esclavas pero de un amo muy diferente. Ya no somos más esclavas del pecado sino de la justicia.

Versículo 20, “Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia.”

Versículo 22, “Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios.”

Verás, si deseas ser liberada de las pasiones y de los placeres pecaminosos y de las adicciones, creo que la clave es reconocer que en Cristo somos libres de aquellas cosas para venir a ser esclavas de Cristo. Tenemos un Amo.

No podemos tener dos señores. No puedes ser esclava de los placeres y pasiones de la carne, y ser esclava de Cristo; pero puedes ser liberada de las adicciones pecaminosas y convertirte entonces en una esclava de la justicia.

En última instancia la adicción es un asunto de adoración. Somos esclavas de aquello que adoramos. Ya sea el alcohol, las drogas, el helado o cualquier otra cosa —o como alguien dijo hoy en uno de los recesos: “He sido esclava de los hombres, adicta a los hombres.” Claro, no lo decía en el sentido sexual o moral; esta es una mujer que ha vivido una vida muy pura y que está comprometida con la pureza. Pero ella dijo: “Me he dado cuenta que estoy obsesionada con el matrimonio.”

La forma de enfrentar eso es reconociendo que hemos estado adorando eso o esa adicción, ese hábito, ese placer; reconociendo que ese deseo se ha convertido en un dios en nuestras vidas. Somos libertadas reemplazando ese dios con el verdadero Dios viviente, y adorando a Cristo.

Hace algunos años entreviste al Dr. Ed Welch en Aviva Nuestros Corazones acerca del tema de la adicción. El escribió un libro sobre el tema y en esta entrevista dijo que la causa más profunda para la adicción se reduce, esencialmente, a una cuestión de quien gobierna nuestro corazón.

● ¿A quién honrarás?

● ¿A quién servirás?

● ¿Quién será tu amo?

● ¿Quién será tu señor?

Cuando Dios le habla a Su pueblo en el Antiguo Testamento, Él dice en Jeremías capítulo 2 versículo 13:

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.

¿Qué nos está diciendo Él? Ustedes han permitido que las cosas de este mundo sustituyan su relación con Dios. Han puesto sus ojos en ellas para satisfacerse, cuando en verdad solo Dios puede satisfacer las necesidades los deseos más profundos de nuestro corazón.

El problema es que pensamos que esas cosas en las que ponemos la vista pueden satisfacernos pero esas cosas son temporales. Nos proporcionan algo de placer, pero nada duradero.

Me recuerda aquella mujer que Jesús encontró en el pozo en Samaria. Ella había tratado de encontrar el amor en los lugares equivocados.

¡Ella sí que era una mujer con adicciones! Ciertamente existe una cierta adicción a los hombres—una adicción al matrimonio. Y el agua de ese pozo se convirtió en el símbolo que Jesús utilizó para mostrar la naturaleza de las cosas de las que ella estaba dependiendo para satisfacer su sed.

Así que Jesús le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed” (Juan 4:13). La implicación es que todos aquellos que buscan la felicidad en el hombre, en el matrimonio, el alcohol, o en las drogas, o en cualquier otra cosa de este mundo no encontrarán satisfacción. En eso consiste precisamente la naturaleza de la adicción.

“Pero” Jesús dijo “el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”. ¿Cuál es esa agua que Jesús nos da? Es Él mismo. Él es el Agua Viva, el Agua de Vida.

Así que Jesús dice; “¿Está tu alma cansada y cargada? Ven a mí, y yo te daré el verdadero descanso para tu alma.”

¿Estás sedienta? Jesús te dice: “Ven a Mí, y desde tu interior fluirán ríos de agua viva.”

Si has puesto tus ojos en algo o alguien aparte de Cristo para encontrar satisfacción, podría funcionar inicialmente, pero invariablemente estarás encaminándote hacia la desilusión, hacia la decepción, y estarás conformándote con menos de lo que Dios desea darte.

Me encanta el versículo 11 del Salmo 16, que dice: “Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra (Señor Jesús), deleites para siempre.” Dios desea llenarnos. Él desea satisfacernos.

El salmo 107 versículo 9 dice: “Él ha saciado al alma sedienta, y ha llenado de bienes al alma hambrienta.”

Dios dice: “Yo, el SEÑOR, soy tu Dios… abre bien tu boca y la llenaré” (Salmos 81:10). “Yo te alimentaría con lo mejor del trigo y con miel de la peña te saciaría” (Salmos 81:16).

Él quiere satisfacernos. Él quiere llenarnos, pero no podemos buscar sustitutos. Si lo hacemos nos daremos cuenta de que esas cisternas están rotas. Tienen filtraciones. Es necesario regresar a ellas a llenarlas de nuevo. solo Cristo nos satisface verdaderamente y de manera duradera.

Quiero que recordemos que existen muchas promesas que nos dejan saber que las adicciones y las cadenas en nuestras vidas, esas áreas que nos esclavizan, pueden ser vencidas. Es algo que necesitamos creer, pues si crees que siempre estarás esclavizada, entonces así será.

Si crees que no puedes ser liberada, entonces no serás libre. Este es un engaño que utiliza el diablo para mantener a muchas de nosotras en la esclavitud , creyendo, “Yo no puedo librarme de esto. Tengo que ser una prisionera.”

No tienes que ser una prisionera. La Palabra de Dios dice en 1 Corintios capítulo 10 versículo 13,

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.

No obstante, una cosa es saber que podemos ser liberadas, una cosa es saber que no tenemos que ser esclavas del pecado, que hemos sido salvas para ser esclavas de la justicia. Creo que algunas de nosotras no nos damos cuenta que hay una batalla involucrada. No hay atajos.

Muchas de nosotras quisiéramos ser liberadas instantáneamente. A las personas les encantan los ministerios de liberación. Sabes, tan solo pasas adelante, o alguien ora por ti y abracadabra, de repente no tienes más deseos de aquello que te tenia esclavizada.

Ahora, algunas veces Dios liberta a las personas de esa manera, milagrosamente. Pero lo que sucede más a menudo es que debemos transitar un camino largo y duro, mortificando (haciendo morir) esos viejos deseos carnales, y fijando nuestros afectos en Jesucristo, renovando nuestras mentes. No hay atajos en el proceso de santificación.

Los deseos que tenemos no son tan solo deseos físicos, es una batalla espiritual. Cualesquiera que sean estas adicciones, ya sean estas del alcohol, las medicinas recetadas, la televisión, los juegos de computadora, los juegos de azar o las compras, no se trata tan solo de antojos físicos. No son tan solo vínculos emocionales; existe una batalla espiritual.

En 2da a los Corintios capítulo 10, Pablo las llama fortalezas. Él dice:

Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Luego habla acerca de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Aquí Pablo se está refiriendo a una batalla espiritual, se está refiriendo a sujetar nuestras mentes, nuestros afectos y nuestros deseos, sometiéndolos al dominio de Cristo.

En la última sesión hice referencia a Romanos capítulo 7, donde Pablo describe esta batalla que hace estragos en la vida de los creyentes, una batalla entre la carne y el espíritu. Si eres una hija de Dios, tu deseo es obedecer a Dios. Pablo dice:

Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero adicto de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado. (Romanos 7:22-25).

Así que, ¿qué hacemos? Pues vayamos a Romanos 8, el próximo capítulo, el versículo 1,

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.

Ven, es el Evangelio el que nos salva, el que nos liberta del dominio del pecado, del control y del poder del pecado en nuestras vidas. Pero es el Evangelio también que nos mantiene salvos, que continúa salvándonos en medio de esa guerra diaria entre la carne y el espíritu. Para continuar caminando en esa libertad de las cosas que nos mantienen esclavizadas, debemos mantenernos recurriendo a Cristo, a Su cruz, a Su Espíritu, y Su gracia.

Hay una imagen preciosa en Lucas capítulo 4, empezando en el versículo 16. Si tienen sus Biblias les voy a pedir por favor que busquemos ese versículo.

Dice así,

(Jesús) Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre, entró en la sinagoga en el día de reposo, y se levantó a leer. Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 1EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS PARA PROCLAMAR EL AÑO FAVORABLE DEL SEÑOR.

Versículo 20,

Cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis oído. (Lucas 4:16-21).

¿Qué les está queriendo dejar dicho Él? Por supuesto que ellos sabían que ésta era una profecía mesiánica. Él les estaba diciendo: “Yo soy el Mesías; yo soy el Enviado.”

Pero, ¿que más nos está diciendo Él? Este es un momento poderoso El Espíritu del Señor esta sobre Mí, y Dios me ha ungido para proclamar las buenas nuevas —este es el Evangelio— para aquellos que lo necesitan.

“Dios me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos. He venido a decirles, son libres. Ya no tienen que seguir siendo esclavas del pecado. No tienen que someter los miembros de sus cuerpos como instrumentos de maldad.”

“Son libres. Son libres para ser esclavas de la justicia y siervas de Dios. He venido a devolver la vista a los ciegos y a libertar a los oprimidos.” Él declaró: “Están viendo a Aquel que vino a libertarlos.”

La liberación viene a través de Cristo y de Cristo solamente. Podrás romper malos hábitos con tu fuerza de voluntad y con disciplina, pero no serás libre. No serás libre hasta que no te enamores de Cristo y te comprometas con Él, sirviéndole agradecida y gozosa como tu Señor. Solo entonces serás libre.

Sobre pecado y tentación victoria te dará,

Su sangre limpia al ser más vil, gloria a Dios soy limpio ya.

Unos amigos tienen una hija de veinte años que escribió un poema acerca de algunos de los asuntos que ha tenido que enfrentar en la vida. Me dio permiso para compartirlo con ustedes. Se llama “Encontré la vida”. Permítanme compartir con ustedes. Lo que ella escribió:

“Tengo una adicción. La he tenido por 12 años. Lo único que sé es que esa adicción ha tomado de mi vida. Ha transformado mis deseos puros en oscuros placeres carnales, para satisfacer mis deseos inmediatamente—gratificación instantánea.

Me ha vencido la carne. No puedo tomar recesos o tener vacaciones. Este monstruo me ha perseguido por años.”

[Me alegro que ella no especificara cual era su adicción porque así puedes llenar el espacio en blanco con cualquiera que sea ese monstruo que tú estás enfrentando.]

Sigue diciendo “Enfrentar esta adicción de frente me ha puesto de rodillas. De rodillas—ante la cruz. Me ha permitido darme cuenta de que necesito ser sanada, de cómo buscar sanidad. Me ha permitido saber lo que significa tomar mi cruz—tomar la autosuficiencia y todo aquello que va en contra de mí misma. Y cargar mi cruz al monte de la crucifixión, a ese lugar donde puedo rendirme completamente, para crucificar mi carne y todos sus deseos, y colocarme en mi cruz de culpabilidad y vergüenza, sentir penetrar los clavos en mis manos, y el maligno ser echado fuera.

No yo, sino Cristo que vive en mí… “Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierde su vida por Mí la salvará.”

Luego ella menciona el versículo de Santiago capítulo 1 versículo 5 (Nueva Versión Internacional): “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría (en cuanto a cómo recibir esta vida), pídasela a Dios, y Él se la dará (vida abundante), pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.”

Me pregunto si durante esta serie sobre la esclavitud y las adicciones, y al postrarnos delante de Dios, si Él te ha estado hablando a tu corazón. Quizás puedas reconocer delante de Él: “Existe un área de esclavitud en mi vida. Tengo una adicción.”

¿Podrías identificar cuál es esa área de esclavitud? ¿Podrías confesarle a Dios que has permitido que eso gobierne sobre tu vida, y que has hecho elecciones que te han hecho esclava de eso?

Luego, ¿podrías pedirle a Dios que te liberte por el poder de Cristo y de Su cruz?

Confiesa: “Señor, lo que sea necesario, cualquiera que sea el proceso, lo que sea que esto involucre o implique, deseo ser libre. Me has creado para ser libre del pecado, y para ser esclava de la justicia, y quiero ser libre de esas cadenas. Me pongo de acuerdo contigo de que a través de Cristo y de Su cruz, hay esperanza. No tengo que seguir siendo una esclava. Puedo caminar en libertad.”

Exprésale al Señor que deseas abrazar, disfrutar y experimentar la libertad que Él vino a darte.

Luego pídele al Señor que te de nuevos deseos y que te ayude a que los deseos que te llevaron hacia el comportamiento adictivo encuentren su satisfacción, no en cosas, no en sustancias, sino en Cristo y solamente en Cristo.

Así que Dios, decimos, ¡Aleluya! Te hemos encontrado a Ti, Aquél que por tanto tiempo ha anhelado nuestra alma. Ponemos nuestra vista en Ti y decimos: Gracias Señor Jesús. Llénanos. Llena nuestra copa. Llena nuestros corazones. Complétanos y que seamos totalmente tuyas. En el nombre de Jesús oramos, amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss le ha estado infundiendo esperanza a cualquiera que se encuentre atrapada en un comportamiento adictivo. Dios es mucho más poderoso que cualquier tipo de esclavitud en la que te puedas encontrar.

Si has visto las consecuencias de tus malas acciones desbaratar tu hogar y tu familia, el programa de hoy encontraras como detener este comportamiento negativo. Pero en lugar de simplemente dejar de hacer elecciones equivocadas que puedan destruir tu hogar, necesitamos hacer buenas elecciones que construyan nuestro hogar, que edifiquen a aquellos que nos rodean, que edifiquen las vidas de los demás de maneras específicamente femeninas.

Continúa con Nancy a través de esta serie en nuestra próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La Biblia y las discriminaciones

Martes 11 Agosto


No hay acepción de personas para con Dios.
Romanos 2:11

Si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.
Santiago 2:9

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros.
Romanos 13:8

La Biblia y las discriminaciones

La Biblia no solo nos dice que no hagamos acepción de personas, sino más bien… ¡que amemos a todas las personas! Porque el amor, según la Biblia, es un mandamiento del Señor Jesús. Entonces… ¿verdaderamente debo amar a todo el mundo?

¿Incluso a mi vecino? “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31).

¿A mi cónyuge, que es tan difícil? “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). “Que (las ancianas) enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tito 2:4).

¿A mis enemigos? “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen” (Mateo 5:44).

¿A los extranjeros? Dios “ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero” (Deuteronomio 10:18-19).

¿Verdaderamente debo amar a todos? Dios amó al mundo, aunque este se rebeló contra él. Nos amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito (Juan 3:16). Sin duda Cristo murió por nuestros pecados, lo que ninguna persona podía hacer. ¡Pero Dios nos pide que amemos como él! Hasta dar nuestra vida por nuestros hermanos (1 Juan 3:16). Este es el amor ilimitado de Dios que los creyentes son llamados a manifestar. La fuente de este amor no está en ellos sino en Cristo, quien se dio a sí mismo por ellos. Sigamos sus huellas y no esperemos que «el otro» comience, ¡demos el primer paso!

Jeremías 15 – Lucas 19:28-48 – Salmo 92:10-15 – Proverbios 21:7-8
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