1 – El Señor es mi pastor

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Jehová es mi pastor

1 – El Señor es mi pastor

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

6/6 – “LA BATALLA POR SU MENTE”

El Amor que Vale

Serie: “CÓMO CAMBIAR SU FORMA DE PENSAR”

6/6 – “LA BATALLA POR SU MENTE”

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

http://www.lwf.org/eaq

¿LAS PALABRAS POSITIVAS TIENEN PODER?

Esclavos de Cristo

¿LAS PALABRAS POSITIVAS TIENEN PODER?

. Las palabras usadas correctamente tienen un gran poder motivacional, desafiante y retador. Por ello, sí creo que las palabras tienen poder: el motivacional.

Y esto lo saben los coaches, los entrenadores deportivos, los maestros de artes marciales, profesores de artes gráficas, maestros de música y, en general, todo mentor que espera buenos resultados de sus alumnos usa palabras positivas (adjetivos calificativos positivos).

¿Eso significa que la doctrina del “decláralo y recíbelo” es cierta?

¡No! Una cosa son palabras positivas que estimulan a las personas, otra es darle poder espiritual o divino a estas palabras, lo cual no es bíblico. Inclusive, todo padre debe hacer uso de un lenguaje positivo, agradable y amoroso para con su cónyuge y sus hijos, esto provoca un ambiente de confianza en el hogar, y trae buenos resultados.

Los autores inspirados de las Sagradas Escrituras lo sabían:

“Como naranjas de oro con incrustaciones de plata son las palabras dichas a tiempo.” Proverbios 25:11 (NVI)

En el Nuevo Testamento se nos exhorta a usar un lenguaje correcto y agradable, en otras palabras, un lenguaje positivo:

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal (-cordiales y agradables-), para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” Colosenses 4:6 (RV1960)

La frase inglesa “¡Well Done!”, en español “¡Bien hecho!”, tiene mucho poder motivacional. En mi experiencia personal, lo puse en práctica cuando estuve a cargo de más de ciento cincuenta operarios, y el resultado fue positivo. Yo simplemente apliqué el método recomendado por Ken Blanchard en su libro que lleva esta frase por título: “¡Bien hecho!”[1]

Si esto es así y da resultados, ¿por qué no es correcto “declarar y decretar”?

Nuevamente, decretar y declarar, ya sea salud, prosperidad económica o lo que fuere, no es una práctica bíblica, no lo practicaron los patriarcas, jueces, profetas, ni reyes, no lo enseñó Jesús, ni los apóstoles, no fue una práctica de los cristianos en ningún siglo de la historia. El auge que tiene en este siglo es por la supremacía que se la ha dado al hombre, ya que todo gira en base a su bienestar y confort. Pero esto es totalmente contrario al mensaje de las Escrituras:

“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Lucas 12:15 (RV1960)

Los predicadores que han introducido estos métodos de predicación con el uso de palabras positivas en la iglesia cristiana lo han hecho creyendo que van a lograr mejoras en los creyentes. Han querido facilitar su trabajo de discipular y entrenar con las Escrituras para que los creyentes crezcan en fe.

De la misma manera, estas personas, le han atribuido a las palabras positivas un poder espiritual. Lo cual tiene su origen en las religiones paganas que aseguran que las palabras tienen poder en sí mismas, extrasensorial y trascendental con la capacidad cambiar su realidad, su ambiente, su atmosfera inmediata, y lo han sustentado con la vieja práctica, usada por el mismo diablo, de manipular a los textos sacándolos de su contexto.

Lo digo con mucha seguridad. No hay nada de bíblico en afirmar como Joyce Meyer dice, que “uno de los grandes privilegios que tenemos como hijos de Dios es penetrar, tocar o alcanzar, ese ámbito o esfera en donde Dios …llama a las cosas que no son como si fueran.[2]

Meyer dice que la boca, del que cree, tiene un poder dado por Dios para prosperar o para hacer la vida infructuosa. Dice que muchos cristianos desconocen este principio que Dios lo da en su Palabra, y al desconocerlo, se están privando de muchas bendiciones, e inclusive esta fórmula “puede obrar en contra nuestra cuando llamamos las cosas que no son la voluntad de Dios, sino de nuestro adversario el diablo”.[3] Es decir, si no usas tus labios para declarar y decretar bendición, salud y prosperidad para tu vida, por desconocimiento podrías estar declarando infortunio, pobreza y enfermedad.

Los creyentes, que creen y practican esta doctrina, a menudo son personas genuinas, quienes desean salir de una crisis económica o enfermedad, y en su ignorancia cometen estos errores doctrinales; pero por otro lado, puede tratarse de personas que codician bienes materiales y parece que han encontrado al genio de la lámpara.

Miguel Nuñez hace una reflexión sobre la Evangelización en Latinoamérica, en la cual dice que “la mayor parte del evangelio que se oye hoy en nuestros púlpitos, en las estaciones de radio y televisión y en determinados círculos eclesiásticos es el evangelio de la prosperidad o la doctrina de Proclámalo y Recíbelo”.[4]

Es el mismo mensaje del tentador en el jardín del Edén: “Puedes ser como Dios”. Hoy Satanás ofrece prosperidad material a los hijos de Adán, diciendo: “Puedes ser más rico”. En ambos casos, la promesa del pecado resulta ser una amarga mentira.

Muchos de los seguidores de este falso evangelio son, según estudios, personas de la clase media. Estas personas están siendo pseudo-evangelizadas con una deformación de la verdad que está más cerca de la condenación que de la salvación.

Entonces ¿Por qué hemos creído en estas falsas doctrinas?

La mayoría de cristianos, de esta generación, no están interesados en saber si lo que creen tiene fundamento bíblico. Esto es parte del engaño del enemigo de nuestras almas. Por ello, oramos para que caiga el velo de los ojos de muchos para que salir del error.

La Biblia no ordena hacer este tipo de oraciones declarando y decretando. Tener fe es confiar en Dios, que Él hará de acuerdo a su voluntad pues, aunque espera de nosotros que vayamos en oración, Él sabe qué es lo que verdaderamente necesitamos y nos lo dará.

La única razón por la que las personas creen en esta mentira se encuentra en un sistema montado por los predicadores del error, en el cual las Escrituras pasan a un segundo plano, siendo relegadas por el pastor o líder espiritual, quien toma el liderazgo y la función de intérprete autorizado de las Escrituras. El resultado final es que los miembros de las iglesias creen de las Escrituras sólo lo que su pastor les enseña.

Por ello, Edmundo Robb no tiene reparos en declararlo como un  error doctrinal, cuando dijo: “una de las mayores herejías de la iglesia de hoy es el evangelio de la prosperidad.[5] (Robb es un pastor metodista que sinceró su opinión sobre este falso evangelio en uno de sus libros en el año 1997)

La única manera de salir de estos errores es escudriñar la Biblia. La solución es regresar a las Escrituras y darle verdadera autoridad sobre nuestras vidas.

¿En qué concluimos?

Volviendo a las palabras positivas, los cristianos podemos y debemos usar un lenguaje correcto y firme, de confianza y positivo. Pero en el sentido que no hablamos, ni proferimos “palabras deshonestas”, ni maldiciones, ni griterías. En lugar de eso, estamos constantemente estimulándonos a las buenas obras y al buen proceder como cristianos.

Si tenemos necesidades, Pablo nos dice “por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7).

Nuestra confianza está, no en nuestras palabras positivasconfesiones positivas o declaraciones y decretos. La verdadera confianza del creyente está en Dios, cuya paz “sobrepasa todo entendimiento”, es decir, Él sabe mejor que nadie lo que necesitamos, lo que nos conviene, y su amor guarda nuestros corazones y pensamientos, velando por nuestra tranquilidad emocional y espiritual.

Qué maravilloso es saber que tenemos un Dios que nos llama a buscarlo en oración para tener una relación genuina con Él, quien también promete darnos más allá de nuestro propio entendimiento, trayendo verdadera paz y seguridad a nuestras vidas. Pero que nos deja claro que no necesitamos decretar y declarar para conseguir las cosas, puesto que no es bíblico.


[1] BLANCHAR, K, 2002, ¡Bien hecho! Bogotá-Colombia: Editorial Norma, Pág. 15
[2] MEYER, J. 2002, Esta boca mía, Bogotá-Colombia: Editorial Buena Semilla, Pág 31
[3] Ibídem, Pág. 31
[4] NUÑEZ et al, 2015, Gracia Sobre Gracia, Medellín-Colombia: Poiema Publicaciones, Pág.32
[5] ROBB, E. 2001, El Espíritu que no se intimida, Lima-Perú: Misión Andina Evangélica, Pág. 135

 

Articulo tomado íntegramente del  Ministerio Esclavos de Cristo

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Disponible sobre el Internet en:  http://www.esclavosdecristo.com

Todas las naciones y la plantación de iglesias

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Todas las naciones y la plantación de iglesias

Ed StetzerNota del editor: Este es el primer capítulo en la serie «La Gran Comisión», publicada por la Tabletalk Magazine.

 

La Gran Comisión. Las palabras «gran» y «comisión» no están en el texto, pero el calificativo aplica. Esta «orden autoritativa, encargo o directriz» es «inusualmente grande, extrema y notable» (frases prestadas de las definiciones de libros de texto de ambas palabras). Pero ¿por qué?

La magnitud de la tarea es expresada por tres pequeñas palabras: todas las naciones. Esta frase se traduce del griego panta ta ethnē, y a menudo es un tema de gran discusión. Cuando muchas personas escuchan ethnē, o «naciones», piensan en países. Pero cuando Jesús dijo esas palabras, no habían países como los tenemos hoy. El estado nación es una invención de la era moderna. En los días de Jesús, habían grupos de personas, y habían imperios. Entonces, Jesús estaba hablando de pueblos, de todos los pueblos.

La Gran Comisión no se puede cumplir sin la plantación de iglesias.

Cuando Jesús dijo «a todas las naciones», no quiso decir exactamente lo que los misiólogos como yo quieren leer en el texto, como si estuviera hablando de los once mil grupos de personas etnolingüísticas en el mundo de hoy. Sin embargo, tenía la intención de identificar más que simplemente a los no judíos o gentiles. Él le habló a un pueblo judío que sabía que Dios creó las naciones en Babel (Gn. 11:9), llamó a las naciones «a Jerusalén» (Is. 2), expuso las lenguas de las naciones en Pentecostés (Hch. 2) y será adorado por hombres y mujeres de toda lengua, tribu y nación para siempre (Ap. 7).

En otras palabras, cuando Jesús habló de ir a las naciones, los oyentes de Su época entendieron la inmensidad de esta extraordinaria tarea. La idea de «las naciones» no era nueva para ellos, aunque Jesús estaba cambiando la forma en que el pueblo de Dios llegaba a ellos.

Al hablar de las naciones, Jesús revirtió la dirección de la misión. Ya no era que las naciones vinieran a Jerusalén (Is. 2), sino que los discípulos debían salir de Jerusalén hacia las naciones (Hch. 1:8).

Al escuchar esas palabras, los discípulos obedecieron al mandato de Jesús. Lo que hicieron revela lo que entendieron que Jesús quiso decir cuando les dijo que fueran a todas las naciones. Fueron a todas las naciones y plantaron iglesias. Y nosotros también deberíamos hacerlo.

La Gran Comisión sin un enfoque en las naciones carece de su contexto bíblico, de los hechos de los discípulos y del lugar que ocupa en la misión de Dios. La Gran Comisión sin un enfoque en plantación no ha entendido lo que hicieron los discípulos al escuchar de la Gran Comisión.

Cuando Jesús dijo: «todas las naciones»,  Él redirigió la misión y envió a Su pueblo a las naciones. Dependiendo de quién los cuenta y cómo los cuentan, hay más de seis mil grupos de personas no alcanzadas. Poco menos de tres mil de ellos todavía no han sido contactados siquiera, lo que significa que hay poco o ningún creyente en el área.

Las naciones son de gran importancia en la Gran Comisión, y Dios nos está llamando a plantar iglesias entre esas (y otras) naciones. Se necesitan nuevas plantaciones de iglesias.

Tu nación, de donde sea que estés leyendo esto, está entre las naciones. De donde sea que estés leyendo esto, este pasaje aplica. La plantación de iglesias debe llevarse a cabo en tu nación, tal como debería ocurrir en todas las naciones. A veces esto ocurre debido a que “las naciones” viven en nuestra nación. Solo en los Estados Unidos, hay más de quinientos grupos de personas no alcanzadas.

En una investigación publicada del año pasado por el Gordon-Conwell Theological Seminary, el misiólogo Todd M. Johnson y su equipo descubrieron que casi el veinte por ciento de las personas que no son cristianas en América del Norte no conocen personalmente a un cristiano. Más del setenta y cinco por ciento de los sijs, hindúes y jainistas que viven en los Estados Unidos no conocen a un cristiano. Lo mismo es cierto para más del sesenta y cinco por ciento de los budistas, sintoístas, taoístas, zoroastrianos y practicantes de la religión popular china. Incluso el cuarenta y dos por ciento de los musulmanes reconocen que no tienen contacto cercano con algún cristiano. Se necesitan nuevas plantaciones de iglesias.

Pero, incluso las personas en la cultura mayoritaria necesitan nuevas iglesias. La iglesia es central para la misión de Dios de proclamar la historia de Jesús a cada hombre, mujer y niño. Al mirar en el Nuevo Testamento, vemos que la plantación de iglesias intencional, bajo la guía del Espíritu Santo, fue un método clave usado por las iglesias primitivas para obedecer el mandato de Jesús. Eso debería ser cierto hoy. Y eso incluye plantar iglesias en centros urbanos, suburbios en crecimiento, comunidades rurales y más. Se necesitan nuevas plantaciones de iglesias.

La Gran Comisión no se puede cumplir sin la plantación de iglesias. Jesús nos dijo que debemos discipular, bautizar y enseñar. Esas tres cosas se hacen en el contexto de una iglesia local. Si tu quieres que las personas se conviertan en discípulos, se bauticen y se les enseñe la Palabra de Dios, ya sea en una gran ciudad estadounidense o en una aldea rural de Asia, la plantación de iglesias debe ser uno de los medios.

Alguien plantó la iglesia a la que asistes. Alguien plantó la iglesia desde la cual alguien vino a contarte del evangelio. Alguien plantó la iglesia donde fuiste un nuevo discípulo, fuiste bautizado y donde te enseñaron por primera vez.

No permitas que tu iglesia sea un callejón sin salida en la carretera de la Gran Comisión. Las naciones, y los perdidos en tu nación, necesitan más. Se necesitan nuevas plantaciones de iglesias.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Ed Stetzer
Ed Stetzer
El Dr. Ed Stetzer es director ejecutivo del Centro de Evangelismo de Billy Graham, Billy Graham Center for Evangelism, y es el Presidente de la organización para la Iglesia, Misión y Evangelismo de Billy Graham en el Wheaton College en Wheaton, Illinois.

M14 – Permitiendo que Dios moldee a tu esposo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M14 – Permitiendo que Dios moldee a tu esposo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/permitiendo-que-dios-moldee-tu-esposo/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Amigas, si sus hijos las ven cortar los ojos a sus esposos y hablar de ellos con irritación, no se sorprendan entonces cuando esos niños sean adolescentes y también te corten los ojos y te hablen a ti con el mismo tono irrespetuoso. Debes modelar respeto y amor a los demás, a sus hijos de manera muy particular.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es tu matrimonio perfecto? Bueno, sé que la respuesta es no, porque no existe tal cosa como un matrimonio perfecto. Aprende hoy cómo honrar a Dios en medio de tu matrimonio imperfecto. Esto es parte de una serie llamada El hermoso diseño para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Nancy: Vi a la señorita Dorothy en la iglesia hace unas semanas y le dije, “Estoy trabajando en una serie sobre Tito capítulo 2 y estaré enseñando sobre la importancia de que las mujeres jóvenes amen a sus esposos”.

Ahora, deben saber ustedes que la señorita Dorothy tiene 80 años de edad y tiene mucha sabiduría y ama la Palabra de Dios.

Ella me dijo: “Tengo una cosa que decir sobre el tema.”

La observé con mucha expectativa, como esperando atrapar la joya de sabiduría que estaba a punto de salir de sus labios sobre este tema de las mujeres amando a sus maridos.

Ella me dijo: “La marcha nupcial es tu camino a la muerte”. Y explicó, “Lo que quiero decir es ‘la muerte del YO’”.

¿No es cierto? En cierto sentido, cuando hablamos de amar al cónyuge, estamos hablando de morir a nosotros mismos, y de una vida que se vive en la cruz, el único lugar donde un matrimonio realmente puede funcionar.

Al continuar en esta discusión sobre lo que significa que las esposas amen a sus esposos, considero importante que tú reconozcas queambos son pecadores. Si en tu matrimonio se va a manifestar el tipo de amor que Dios da, entonces ambos deben darse cuenta de que son dos pecadores en necesidad de la gracia de Dios.

Resulta fácil para las mujeres comparar a sus esposos con cualquier otro hombre que les parezca más maduro espiritualmente. Sé que hay mujeres que ven algunos de esos hombres y piensan, “Sería mucho más fácil si yo estuviera casada con alguien así”.

Ahora, ese otro hombre puede ser más maduro espiritualmente que tu esposo. Pudiera ser que tu esposo ni creyente sea; pero, estoy convencida de que no hay ningún hombre ni ninguna mujer con quien resulte fácil estar casado. Ese es el meollo del asunto.

Pudieras voltear a ver estos otros hombres y decir: “¡Son tan santos!”. Y sí, pudieran serlo. Pero no hay un ser humano con quien resulte fácil estar casado.

A veces cuando escuchas a tu pastor hablar, pudieras pensar, “¡Oh su esposa ‘está hecha’; no tiene problemas!” Pero ellos tienen problemas por resolver dentro de su matrimonio. Son dos seres humanos, por lo tanto son dos pecadores caídos en necesidad de la gracia de Dios.

Quiero decirles que el mejor matrimonio no es otra cosa que dos pecadores continuamente humillándose a sí mismos, conscientes y dispuestos a ir a la cruz en busca de la gracia de Dios. El mejor matrimonio no se da por sí solo con facilidad, no sucede alejado de la cruz.

Encontré una cita de Charles Spurgeon, que pienso se aplica tan bien a este tema del amor de las esposas por sus esposos. Spurgeon dijo,

“Aquel que crece en gracia recuerda que no es otra cosa más que polvo, por lo tanto no espera que sus hermanos cristianos sean algo más que eso (incluyendo a su pareja). Pasa por alto 10,000 faltas en ellos, porque sabe que su Dios pasa por alto 20,000 de las propias. No espera perfección en la criatura, y por ende no se desilusiona cuando no la encuentra.”

¿No es esa una perspectiva útil al pensar en tu pareja? Sí, él tiene 10,000 defectos, pero Dios te ha perdonado unas 20,000 faltas a ti. Y si tú no esperas perfección en la criatura, entonces no vas a sufrir decepción al encontrar algo menos que perfección.

La humildad es un asunto muy importante en un matrimonio que ha de mostrar amor constante. Ese matrimonio extiende misericordia, asume lo mejor, no juzga los motivos, se hacen concesiones uno hacia el otro y no tiene la expectativa de que su pareja sea perfecta, espiritualmente hablando.

Recuerda que las fortalezas de tu esposo y sus debilidades son exactamente lo que Dios sabía que tú necesitabas para transformarte en la mujer que Él quiere que tú seas y viceversa. Tus fortalezas y tus debilidades son lo que Dios sabía que tu esposo necesitaba para convertirse en el hombre que tiene que ser.

A pesar de lo que hayan sido sus fracasos o sus pecados, recuerda que tu respuesta crítica y dura, o tus tácticas no amorosas, no son otra cosa que pecados. ¿Lo entiendes? Independientemente de qué clase de pecados o fallas él haya cometido, no deja de ser pecado en ti si respondes a sus fracasos de manera crítica, áspera o con desamor.

He visto tantas mujeres pecar con sus lenguas al hablar de los pecados de sus esposos. He visto mujeres continuamente derribar a sus esposos. Y no es su intención, pero de hecho lo hacen, y destruyen el corazón de su matrimonio con una lengua o con un espíritu crítico o negativo.

Alguien de otro ministerio compartió conmigo una carta que recibieron, la cual siento que es apropiada compartir en este caso.

Esta persona dijo: “. . . Cuando usted dijo que nuestras palabras son como punzones, realmente me golpeó. Hubo un tiempo en el que yo intentaba que así lo fueran. Un punzón es una herramienta [dijo esta esposa], y así eran mis palabras. De alguna manera pensé que como mujer yo debía tomar este enorme pedazo de hielo deformado, conocido como mi esposo, y esculpirlo en algo más agradable.

Así que tomaba mi punzón y esculpía las asperezas y las imperfecciones de este bloque de hielo. [Ella usaba sus palabras para hacer esto]. No comprendía por qué el punzón no estaba haciendo su trabajo. Mis palabras no estaban siendo escuchadas. Quizás tenía que esforzarme más o buscar un punzón más grande. ¿Por qué este bloque no toma forma?”

Tarde o temprano algunas mujeres suelen tomar un soldador, y solo terminan con hielo derretido. Puede ser peligroso tratar de esculpir una creación ajena a la cual no te corresponde a ti darle forma.

Ruth Graham, la esposa de Billy Graham, dijo que fue un día grandioso cuando ella comprendió que no era su labor cambiar a su esposo. Ella dijo, “Mi trabajo era amar a Billy, y el trabajo de Dios es cambiarlo.”

Eso es un buen lema para mantener en tu matrimonio. Tu trabajo es amar a tu esposo. El trabajo de Dios es cambiarlo.

¿Te encuentras usando palabras como punzones, tratando de dar forma y de moldear a tu esposo? Tal vez hasta has sacado el soldador y has socavado, y socavado, minado; reduciéndolo, en algunos casos, hasta la nada.

Si te encuentras identificada con ese testimonio, tal vez ahora necesites simplemente decir, “Señor, perdóname. He pecado contra ti. He pecado contra mi esposo con mis palabras, con mi espíritu crítico y condenatorio—siempre tratando de cambiarlo en vez de amarlo incondicionalmente y de permitirte que Tú lo cambies”.

Elisabeth Elliot, quien ha tenido una gran influencia en muchas de nuestras vidas, sabe mucho acerca del matrimonio. Ella ha estado casada en tres ocasiones. Dios se llevó a sus dos primeros esposos a través de la muerte.

Ella ha escrito y hablado tantas palabras sabias sobre el matrimonio, pero creo que esta cita en particular es útil. Ella dijo,

“Una esposa, si es muy generosa, quizás permita que su esposo cumpla un 80% de las expectativas de ella. [Y conste, esto ella lo califica como un buen matrimonio.] Siempre habrá un 20% que a ella le gustaría cambiar. E insistirá en ello durante todo su matrimonio, sin lograr reducirlo gran cosa. Pudiera, en cambio, simplemente decidir disfrutar del 80% y ambos serán muy felices.”

Palabras sabias, ¿no?

Es tan fácil señalar sus fracasos, sus defectos, sus deficiencias. La pregunta no es, “¿Tiene fallas tu esposo, tiene defectos o deficiencias?” Claro que los tiene. La pregunta es “¿Lo vas amar a pesar de ello?”

Déjame animarte—aunque sé que ustedes entienden esto mejor que yo (aquellas que están casadas), pero es muy fácil perder la perspectiva correcta. Permítanme animarles a no hacer un gran evento sobre los pequeños detalles que quisieras cambiar.

Y a la vez permítanme animarles a hacer un gran alboroto sobre los llamados “pequeños detalles”—que son cualidades positivas. ¡Hagan una fiesta sobre eso!

No solo lo pienses. Dígalo ¡Dígalo!, “Gracias, te aprecio y admiro por esto. Te amo. Gracias por escogerme”. ¡Diga las palabras!

Muchísimas esposas llegan a pensar y a sentir estas palabras; pero no las dicen.

Pudieras decir, “Yo quisiera que mi esposo me dijera esas cosas a mí”. Dios no te está llamando a ser responsable por tu esposo. Te está llamando a cumplir con tu responsabilidad de amar a tu esposo.

Así que como lo hemos venido haciendo en otros programas de esta serie, permítanme hacerles unas cuantas preguntas para hacerlo más personal.

• ¿Pasas más tiempo pensando de manera crítica sobre tu esposo u orando por él? Sé honesta. ¿Hacia dónde divagan tus pensamientos con mayor frecuencia? ¿A criticarlo? O, ¿a llevarlo delante del Señor, intercediendo a su favor? ¿Qué tan seguido le hablas palabras de admiración y afirmación a tu esposo?

Una mujer dijo que cuando asumió el reto de motivar a su esposo, ella se dio cuenta que si uno tiene pensamientos de aliento sobre su esposo, eso la convierte en una motivadora. Pero también se dio cuenta de que no eres una persona que alienta si no ofreces las palabras de aliento.

• ¿Te enfocas más en los éxitos y en las cualidades positivas de tu esposo, o en sus debilidades y fracasos—las cosas que deseas ver cambiar?

• ¿Amas, aceptas y admiras a tu esposo tal cómo él es?

Eso no significa que todo acerca de él sea digno de aceptar y amar. Pero, ¿Acaso siente él que necesita pasar por una transformación total para que tú le ames, le aceptes o le respetes?

Es asombroso cuando ves a alguien a través de los ojos del amor, lo ves muy diferente a como lo ves con ojos de crítica y de juicio. He escuchado a mujeres describir a sus esposos de formas que nadie quisiera vivir con ese hombre—claro esas personas que no viven con él, al verlo piensan: “Ese hombre luce tan generoso, tan buen trabajador o tan amable y considerado.”

¿Por qué será que otros ven cualidades en él, pero la mujer que está casada con él no las ve? Seguramente no es porque esas cualidades no estén presentes, sólo que ella lo observa a través de unos lentes de crítica y de juicio.

Insisto, las otras personas no saben todo lo que tú sabes, pues tú vives con él; y, desafortunadamente, mostramos nuestro peor lado hacia el otro en el hogar. Eso es parte de la vida en familia; el amarnos y aceptarnos los unos a los otros a pesar de conocer lo peor de cada uno.

Aquí otra pregunta:

● ¿Eres tan rápida para disculpar a tu esposo como lo eres para disculpar a otros hombres en tu iglesia, en tu trabajo o huéspedes en tu casa?

Es muy triste ver como mucha gente trata mejor a sus huéspedes que a su pareja. Recientemente yo estaba en una tienda y vi a una pareja de esposos. Desconozco el inicio de la discusión, coincidí con ellos cuando ya habían comenzado la polémica. Obviamente él había hecho algo que a ella le molestó y ella le estaba haciendo pagar su error con su tono de voz.

Ellos se esforzaban por ser discretos al respecto, pero era imposible mantenerlo discreto. No gritaban; era muy tranquilo, pero se sentía la tensión.

Claro, yo ignoraba lo que había precipitado ese momento, pero recuerdo haber visto a la mujer tomarlo como un rehén por lo que él había hecho o dicho (o por no haber hecho o dicho algo), y recuerdo haber pensado, “Suéltalo, déjalo ir. ¿Qué puede haber sido tan importante que no puedas dejar libre?”

• ¿Debes tener la última palabra? ¿Necesitas ganar cada asunto? ¿Tienes que demostrar que tienes la razón? ¿No puedes pasar esto por alto por amor a una relación que merece ser atesorada y protegida?

• ¿Siente tu esposo que él tiene la libertad de fallar sin temor a ser criticado o rechazado?

Escucha, cuando tu esposo falla, ¡él lo sabe! Y tiene un montón de otras personas en el trabajo u otra parte que se lo dirá.

El esposo de mi amiga Kim es pastor. Él nos decía el otro día lo mucho que significa para él que ella lo anime y lo aliente. Él dijo que ella es honesta, pero que también puede contar con que ella lo anima y lo alienta con entusiasmo. Ese es un gran rol para desempeñar como esposa.

Cuando tu esposo comete errores, ¿se lo estrujas en la cara? ¿Serás la persona que se lo señala? O, ¿serás la persona que tratará de levantarlo?

Ahora bien, no estamos hablando en un mundo ficticio, irreal en el que se pretende que no hay faltas ni errores, donde no hay problemas o asuntos por resolver. Estas cosas son reales, sí existen.

Pero en medio de esta realidad, te pregunto, ¿tratas a tu esposo de la misma manera amorosa, alentadora, positiva, constructiva con que tratarías a una visita en tu casa que lucha con lo mismo?

● ¿Alabas y hablas bien de tu esposo cuando hablas con otros acerca de él?—¿qué tal con tus hijos?

Amigas, si sus hijos las ven cortar los ojos a sus esposos y hablar de ellos con irritación, no se sorprendan entonces cuando esos niños sean adolescentes y también te corten los ojos y te hablen a ti con el mismo tono irrespetuoso. Debes modelar respeto y amor a los demás, a sus hijos de manera muy particular.

¿Cubres sus faltas? No insinúo que el pecado debe ocultarse, pero, ¿tienes un corazón quiere exponer el pecado, o que más bien quiere proteger?

Ahora, hay circunstancias que cuando suceden dentro de un matrimonio, o cuando un esposo está pecando en ciertas formas (o quizás la esposa), se necesita recurrir a las autoridades si la ley se ha infringido. Dios ha establecido provisión para esos casos.

Habrá otras ocasiones, cuando la ley de Dios sea quebrantada, en que irás a tu pastor o a los líderes, o a la autoridad espiritual. Si se maneja a la manera bíblica, no es falta de amor.

Cuando lo haces, cuando buscas consejo, ¿lo haces de una manera que trata de exponer y destruir a tu esposo, tratando de que otros vean lo malo que es tu esposo, solo porque tú has visto lo peor? O acaso, ¿es tu meta hacer lo que hicieron los hijos de Noé, cuando vieron a su padre en un estado de embriaguez?

Entraron de espaldas, y lo cubrieron para no exponer su desnudez y su vergüenza. Protege a tu esposo de esta forma.

Y por cierto, sé que tenemos muchas oyentes solteras. No obstante este pasaje se puede aplicar a mujeres en cualquier etapa de la vida.

También tenemos oyentes solteras que nunca se han casado. Si Dios está por traer un esposo a tu vida algún día, permíteme decirte que puedes amar muy bien a tu futuro cónyuge, por medio del tipo de relación que guardes con los hombres desde ahora, y desarrollando patrones amorosos y respetuosos para relacionarte con los hombres en tu vida.

Tenemos también viudas aquí escuchándonos. Permítanme animarlas a imitar a muchas otras viudas a hablar bien de sus exesposos y a mostrar respeto por su memoria.

Mi madre hace un trabajo impresionante con ello con relación a mi papá. Nunca la he escuchado hablar una palabra de crítica acerca de mi papá, jamás, no recuerdo haberlo escuchado nunca.

No es que no existieron detalles que ella bien pudiera haber señalado. Pero ella le guarda respeto con sus palabras aun después de casi 30 años de viuda.

Y las divorciadas—esto les puede resultar un poco más difícil a ustedes, pero si han de hablar de sus ex esposos, hablen bien de ellos. No los destruyan. Tu ex esposo es un hombre creado a imagen de Dios.

Puede que no sea un creyente. Pudo haber cometido cosas horrendas. Pero no lo destruyas.

Y a todas las mujeres— ¿qué debes hacer si no amas a tu esposo de la manera que hemos descrito?

Primero, ponte de acuerdo con Dios. Admítelo. Confiésalo. No pongas excusas.

Es difícil amar a la gente. Tú también eres difícil de amar. Yo soy difícil de amar. Todos somos imposibles de amar fuera del amor de Cristo. Si hoy tienes la convicción de que realmente no amas a tu esposo, confiésalo como pecado.

Y pídele al Señor que te dé amor para tu esposo.

“Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16). “El amor viene de Dios” (1 Juan 4:7 NIV). “El amor es fruto del Espíritu Santo” (Gálatas 5:22).

Reconoce, “Señor, no puedo amar a este hombre en mis propias fuerzas.” No importa que tan maravilloso sea tu esposo, no lo puedes amar por ti misma; en la forma cariñosa y afectiva que hemos venido describiendo aquí.

Comienza a invertir en tu esposo con tus palabras, con tus acciones, siendo considerada y amable con él. Puedes aprender a amar a tu esposo; en la medida que inviertes en él, ese amor crecerá.

Cité a Charles Spurgeon, uno de los más grandes predicadores en la historia del Siglo XIX. Lo cité al inicio de esta transmisión. Él escribió un tributo a su esposa, Susana, y quiero ir cerrando con este tributo. Él dijo,

“Ella se deleita en su esposo, en su persona, en su carácter, en su afecto hacia ella; él no solo es el más importante ser humano, sino que sus ojos, lo es todo en todo. El amor de su corazón le pertenece a él y solo a él. Él es su pequeño mundo, su paraíso, su tesoro escogido. A ella le place fundir su individualidad en él. No busca reconocimiento para ella; el honor de él se refleja en ella, y ella se regocija en ello; ella defenderá el buen nombre de su esposo hasta con su último aliento, él está a salvo cuando a ella se le permite hablar por él… Aun en su forma de vestir ella piensa en él y no considera nada hermoso que a él no le agrade.

Él tiene muchos objetivos en la vida, algunos de los cuales ella no entiende muy bien; pero ella cree en todos ellos, y le es un deleite hacer cualquier cosa a su alcance para promoverlos. Esta mujer, como una verdadera esposa, se da cuenta del modelo de una relación de matrimonio, y pone de manifiesto lo que nuestra unión con el SEÑOR debe ser.”

Ahora, tu esposo quizás no sea tan elocuente—probablemente no es tan elocuente como Charles Spurgeon. Pero aun así, ¿puede él decir que te deleitas en él? ¿Que estás enamorada de él? ¿Que lo disfrutas?

Eso no es la descripción de un amor egoísta. Es el amor que en tu matrimonio reflejará a otros lo que el “ser uno” con el Señor debe ser.

Al concluir hoy, quiero compartir con ustedes un tributo más. Hace muchos años atrás, mi papá, Art DeMoss, contrató un asistente. Cuando ese joven llegó a trabajar con papá, mi mamá —la otra Nancy DeMoss (la primera Nancy DeMoss)— le escribió una carta al asistente, para darle un poco de información privilegiada sobre mi papá, el hombre quien iba a ser su jefe.

A continuación algunos extractos de la carta que mi madre escribió acerca de mi padre, Art DeMoss. Ella dijo,

“Aunque yo no comparto estas cosas en público por razones obvias. Estoy casada con un hombre único, en verdad—uno que es piadoso y a la vez un genio, totalmente comprometido en hacer la voluntad de Dios (a cualquier precio), completamente digno de confianza, muy transparente, un esposo y padre devoto (¡y también entusiasta!). Alguien que estimula el crecimiento en todos nosotros (ya que constantemente se reta a sí mismo para crecimiento mental y espiritual), es un amigo fiel, y ¡es un ser tan lleno de amor que en ocasiones no es posible recibirlo todo!

Aunque él es todo lo que he descrito (¡y mucho más!), él es extremadamente humilde.

Creo que esto me hace parecer ingenua o poco realista, o totalmente parcializada. . . pero, después de 21 años de vivir con este hombre, realmente creo que soy la mujer más bendecida en el mundo.

Hace algunos años la autora, Helen Kooiman me preguntó si podía escribir una historia sobre mí para incluirla en su libro sobre mujeres que han alcanzado algo para Dios. Le respondí que, después de orar, sentía que no pertenecía en ese libro. Le comenté que me veía más bien, a mí misma, como una mujer detrás de un gran hombre. Posteriormente me llamó para decirme que le había dado una buena idea para otro libro y pensaba llamarlo “Siluetas: Mujeres detrás de grandes hombres”. Gozosamente acepté formar parte de ese libro.

Esa historia [dijo la señora DeMoss] realmente ilustra mi propia vida. Hace ya mucho tiempo, de manera voluntaria y alegremente intercambié mi propia carrera y mis logros personales por un rol de apoyo a Art. Y Dios ha hecho que ese intercambio sea totalmente satisfactorio en todos los aspectos.”

Esas son palabras de una mujer que ama a su esposo, que lo ama bien. Esa carta se escribió en agosto de 1979. Menos de dos semanas después —mi madre tenía 40 años de edad y mi padre de 53— él sufrió un paro cardiaco. Pasó a la presencia del Señor en un instante.

Asegúrate de pronunciar las palabras. De hablarlas. De afirmarlas. Dilas a tu esposo. Dilas de él a otros, mientras Dios te de aliento para hablar y a él para escucharlas y conocer lo que hay en tu corazón .

Carmen: El tiempo que tienes para compartir con tu esposo, aunque sea un esposo imperfecto, es un verdadero regalo. Nancy Leigh DeMoss te ha estado ayudando a reconocer la oportunidad que tienes hoy de hablar palabras de aliento a su vida.

Es una de las cosas más poderosas que podemos hacer como mujeres. Las mujeres tenemos mucho poder dado por Dios para influir en los que nos rodean, sin dejar de ser humildes, femeninas, y respetuosas. Espero que explores lo que significa ser una mujer verdadera y que experimentes el poder y la belleza de someterte a Dios en todas las áreas de tu vida. Tenemos material disponible para ti en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Por qué deberías alentar a tu esposo? Escucha razones convincentes en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Charles Spurgeon, “Citas de Gracia,” publicación correo electrónico, April 10, 2002, editado del sermón de Spurgeon “Fruto Maduro,” #945. (Citado en Feminine Appeal, 30).

Elisabeth Elliot, Love Has a Price Tag (Ann Arbor, Mich.: Servant Books, 1979), 97.

John MacArthur, Comentario de Tito, 87.

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Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Vida eterna

Jueves 20 Agosto
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.
Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Vida eterna

Recuerdo mi confusión cuando siendo niño asistí a un entierro y escuché al predicador declarar que el difunto tenía la vida eterna.

–¿Cómo es posible?, pensé. Tiene la vida eterna y sin embargo está muerto…

La vida eterna… Solo mucho más tarde comprendí lo que ella es. Dios la da a todos los que creen en el Señor Jesús, y no es una vida terrenal sin fin. Es una relación indestructible con Dios y con su Hijo Jesucristo, la cual no es interrumpida por la muerte del cuerpo. Al contrario, cuando un creyente deja este mundo, su relación con Dios cesa de estar marcada por las preocupaciones de su vida en la tierra. Ya está, y para siempre, con el Señor.

Luego comprendí que cuando la Biblia habla de los muertos, no es necesariamente de personas cuya vida terrenal se ha terminado. A menudo se trata de personas que no tienen ninguna relación con Dios. “Éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Efesios 2:3-5).

Si no tengo relación con Dios, estoy muerto en mis pecados, mi destino es el juicio y la muerte eternos. En cambio, si he creído que Dios me amó al dar a su Hijo para librarme de mis pecados, entonces tengo la vida eterna y la esperanza de resucitar con Cristo.

Esta es la voluntad de Dios: “Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40).