¡Prepárense! Porque Cristo viene pronto!

Grace en Español

¡Prepárense! Porque Cristo viene pronto!

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

https://www.gracechurch.org/espanol

2 – Los eventos futuros

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

2 – Los eventos futuros

DAVID LOGACHO

Con mucho gozo estamos nuevamente con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. Este será el último estudio bíblico dentro de esta serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana. Nos corresponde tratar el tema de los eventos futuros.

La vida cristiana es tan hermosa. Una de las muchas cosas hermosas es la seguridad en cuanto a quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. El creyente genuino es el menos indicado para padecer una crisis de identidad.

Por ahora quisiera enfocar su atención hacia el futuro. El futuro es fuente de mucha incertidumbre y hasta temor para mucha gente. Más aún, cuando se lo mira a la luz de las cosas que están pasando en la actualidad.

La pobreza va en aumento constante, la corrupción va en aumento constante, la violencia va en aumento constante, las enfermedades por ahora incurables van afectando a más y más gente. La ciencia y la tecnología va en constante aumento, pero sus logros no están beneficiando a la gente. En muchos casos, los descubrimientos científicos se la están usando más bien para destruir a la gente. La inmoralidad ha llegado a niveles jamás soñados.

Al mirar todo esto, es inevitable la inquietud: ¿Qué nos deparará el futuro? ¿Cómo será el mundo que tengan que enfrentar nuestros hijos, o nuestros nietos? Más de uno pierde el sueño al pensar en estas cosas. Pero para los creyentes debería ser diferente. ¿Sabe por qué? Pues porque los creyentes podemos saber a ciencia cierta lo que sucederá en el futuro. Nuestro conocimiento anticipado de las cosas no llega al nivel de cuándo nos vamos a morir, o con quién nos vamos a casar, o qué país va a ganar la copa mundial de fútbol, porque eso es secundario en comparación de lo que espera al mundo en general.

La vida auténticamente cristiana se caracteriza por un conocimiento de lo que Dios ha determinado para la humanidad en general. Veamos pues de qué se trata. El evento más cercano es lo que se conoce como el arrebatamiento o el rapto. De esto nos habla 1ª Tesalonicenses 4:13-18 donde dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

En el arrebatamiento participarán todos los creyentes, tanto los que estén vivos cuando ello acontezca, como los que ya hayan muerto para cuando ello acontezca.

Los creyentes vivos serán transformados en un abrir y cerrar de ojos y los creyentes muertos serán resucitados y juntos serán levantados para encontrarse con el Señor en las nubes. A partir de ese momento, estarán para siempre con el Señor. Lo único que percibirá el mundo incrédulo es la súbita, y para ellos inexplicable, desaparición de millones de creyentes. La tierra quedará sin un solo creyente.

Entonces se iniciará en la tierra lo que se llama la Tribulación. Este es un tiempo de siete años de duración, en el cual Dios derramará su ira sobre el mundo, a través de los juicios de los sellos, las trompetas y las copas, con el propósito de purificar a su pueblo escogido, Israel, y rescatar un remanente y con el propósito de castigar a los incrédulos. Durante la tribulación, Dios levantará 144.000 judíos quienes proclamarán el mensaje del evangelio y un gran número de personas recibirán a Cristo como Salvador.

Estas personas sufrirán terrible persecución y muchos de ellos serán martirizados. Durante este tiempo se levantará también el Anticristo, un perverso ser, energizado por Satanás, quien se opondrá a Dios y a su pueblo escogido. Al mismo tiempo hará su aparición el Falso Profeta, quien impulsará adoración al Anticristo.

La tribulación llegará a su fin con lo que se conoce como la batalla de Armagedón, la máxima ofensiva militar liderada por el Anticristo en contra de Cristo. Esta batalla significará un duro revés para el Anticristo y sus ejércitos por cuanto Jesús en persona, se enfrentará con ellos en su segunda venida. Jesús glorificado destruirá el poder militar y el Anticristo y su aliado el Falso Profeta serán lanzados al lago de fuego.

Satanás por su lado será encadenado y encerrado en un abismo por mil años. Apocalipsis 20:1-3 dice: “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; Y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.”

A raíz de la segunda venida de Cristo, tendrán lugar dos juicios importantes. El juicio a Israel y el juicio a las naciones.

El propósito de estos juicios es sacar del mundo a todos los incrédulos y dejar en el mundo a todos los creyentes, tanto de origen judío como de origen gentil. Es decir que al final de estos juicios en la tierra no quedará ni un solo incrédulo. Se habrán dado las condiciones para el establecimiento del reino milenial de Cristo.

Su reino será sobre la tierra y durará mil años. Jesucristo será el Rey de reyes y Señor de Señores. Tendrá su trono en Jerusalén, en donde será objeto de adoración por ser Dios.

La iglesia en su estado de glorificación reinará juntamente con Cristo durante el reino milenial. Los súbditos del reino serán todos aquellos que por haber depositado su fe en Cristo Jesús, no fueron sacados de la tierra al final de la tribulación, después de los juicios a Israel y a las naciones. Serán personas de carne y hueso.

Partiendo de estas personas comenzará a repoblarse la tierra, luego de haber sido diezmada durante la tribulación y los posteriores juicios. Los hijos de estos creyentes, vendrán al mundo en el estado de muerte espiritual, al igual que nosotros, de modo que para ser salvos tendrán necesidad de oír el mensaje del Evangelio y tendrán que depositar su fe en la obra perfecta de Cristo en la cruz del Calvario.

El reino milenial estará caracterizado por la abundancia, la santidad, la paz, el gozo, la ausencia de enfermedad, la muerte estará reservada solamente para aquellos que voluntariamente se rebelan contra el Señor. Será un reino idílico. No podría ser de otra manera porque Jesucristo estará gobernándolo.

Al final del reino milenial Satanás tendrá su última oportunidad para engañar a las naciones. Apocalipsis 20: 7-9 dice: “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió.”

Después de esto, Satanás no tendrá más ninguna oportunidad para engañar a las naciones. Apocalipsis 20:10 dice: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaba la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

Así es como termina la carrera de este siniestro personaje. La tierra se habrá librado de todo vestigio de maldad. Acto seguido tendrá lugar lo que se llama el Juicio de Gran Trono Blanco. De esto nos habla Apocalipsis 20:11-15 donde dice: “Y vi un gran trono blanco y al que se estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

Lo único que resta entonces es la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra. De esto nos habla Apocalipsis 21:1 donde dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más”

El primer cielo y la primera tierra, serán quemados. 2ª Pedro 3:11-13 dice: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”

De esta manera se habrá consumado el plan de Dios para su creación. La vida auténticamente cristiana se caracteriza por una cabal comprensión de lo que Dios ha establecido para la humanidad. Saber y entender lo que Dios tiene planificado disipa las dudas y el temor y trae confianza al corazón.

Todo lo que está sucediendo hoy mismo, indica que lo que Dios ha anunciado está por cumplirse. Lejos de alarmarnos, los hijos de Dios, decimos como Juan el Apóstol: “Amén; sí, ven, Señor Jesús.”

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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¿Cómo es una MUJER de DIOS?

Teología Express

¿Cómo es una MUJER de DIOS?

Will Graham

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¿Cómo es una MUJER de DIOS?, Mujer de Dios, Mujer bíblica
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¿Qué significa “permanecer en Cristo”?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Qué significa “permanecer en Cristo”?

Sinclair B. Ferguson

La exhortación a “permanecer” ha sido frecuentemente mal entendida, como si se tratara de una experiencia especial, mística, e imposible de definir.

Pero Jesús deja en claro que más bien implica una serie de realidades concretas.

Permanecer en Cristo significa permitir que su Palabra llene nuestras mentes, dirija nuestra voluntad, y transforme nuestros afectos.

En primer lugar, la unión con nuestro Señor depende de su gracia. Por supuesto que estamos activamente y personalmente unidos a Cristo por la fe (Juan 14:12). Pero la fe en sí misma tiene sus raíces en la actividad de Dios. Es el Padre quien, como el jardinero divino, nos ha injertado en Cristo. Es Cristo, por su Palabra, quien nos limpia y nos da forma, para unirnos a Él (Juan 15:3). Todo es en su soberanía, todo es por gracia.

En segundo lugar, la unión con Cristo significa ser obediente a Él. Permanecer implica nuestra respuesta a la enseñanza de Jesús: “Si permanecen en Mí, y Mis palabras permanecen en ustedes…” (Juan 15:7a). Pablo hace eco a esta idea en Colosenses 3:16, donde escribe: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes”, una declaración muy relacionada con la exhortación paralela en Efesios 5:18: “Sean llenos del Espíritu”.

En pocas palabras, permanecer en Cristo significa permitir que su Palabra llene nuestras mentes, dirija nuestra voluntad, y transforme nuestros afectos. En otras palabras, ¡nuestra relación con Cristo está íntimamente conectada a lo que hacemos con nuestras Biblias! Luego, por supuesto, mientras que la Palabra de Cristo more en nosotros y el Espíritu nos llene, oraremos de una manera consistente con la voluntad de Dios y descubriremos la verdad de la frecuentemente mal aplicada promesa de nuestro Señor: “Pidan lo que quieran y les será hecho” (Juan 15:7b).

Tercero, Cristo subraya otro principio, “Permanezcan en Mi amor” (Juan 15:9), y dice muy claramente lo que esto implica: el creyente descansa su vida en el amor de Cristo (el amor de Aquel quien da su vida por sus amigos, v. 13).

Este amor para nosotros se ha demostrado en la cruz de Cristo. Nunca nos desviemos de la contemplación diaria de la cruz como la demostración irrefutable de amor, o de la dependencia del Espíritu que derrama ese amor en nuestros corazones (Romanos 5:5). Además, permanecer en el amor de Cristo se ve de una manera muy concreta: la simple obediencia rendida a Él es el fruto y la evidencia del amor por Él (Juan 15:10-14).

Finalmente, somos llamados, como parte del proceso de permanecer, a someternos a las “tijeras” de Dios, quien en su providencia poda toda deslealtad, y a veces todo lo que no es importante, con el fin de que podamos permanecer en Cristo de todo corazón.

Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries. Traducido por la Coalición por el Evangelio. Este es un extracto del libro «Solo en Cristo» por Sinclair Ferguson.

Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson
El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

M13 – Haciendo de tu esposo una prioridad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M13 – Haciendo de tu esposo una prioridad

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/haciendo-de-tu-esposo-una-prioridad/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que en el ritmo acelerado de la vida de hoy, las esposas necesitan revisar sus prioridades.

Nancy Leigh DeMoss : Primero eres esposa y después madre. He visto esposas poner a sus hijos sobre sus esposos, en términos de sus prioridades, y terminar con los hijos fuera del nido… y sin matrimonio.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Dios tiene un hermoso diseño para la mujer. Es claro en el segundo capítulo de Tito—un pasaje que hemos estado estudiando por varias semanas. Si te has perdido alguno de los programas, puedes escucharlos en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy veremos qué dice la Biblia acerca de las prioridades. ¿Quién es más importante: tus hijos o tu esposo?

Nancy: ¿Cuántas de ustedes han la película visto El Violinista en el Tejado? Quizás la mayoría… Pero si tú no estás familiarizada con esto, es un musical que se desarrolla en la Rusia Zarista en 1905.

Tevye y Golde, la pareja casada de esta historia, luchan por adaptarse a los tiempos cambiantes mientras sus tres hijas mayores se resisten a la idea tradicional de los matrimonios arreglados. En vez de ello, ellas prefieren la muy moderna idea de que debían conocer y enamorarse de un joven, y luego casarse con él. Esto era muy difícil de aceptar para esta pareja de padres de 1905.

Cuando su segunda hija se comprometió, Tevye regresó a casa y le dijo a su esposa:

Tevye: Golde, he decidido dar a Perchik permiso para comprometerse con nuestra hija Hodel.

Golde: ¿Qué? Él es pobre. No tiene nada, absolutamente nada.

Tevye: Es un buen hombre, Golde. Me agrada, y lo que es más importante, a Hodel le agrada. Hodel lo ama. Así que, ¿qué podemos hacer? Es un mundo nuevo. Amor. Golde, ¿tú me amas?

Golde: ¿Que si yo qué?

Tevye: ¿Me amas?

Golde: ¿Qué si te amo? Por 25 años he lavado tu ropa, cocinado tus comidas, limpiado tu casa, te di tus hijos, ordeñé la vaca. Después de 25 años, ¿por qué hablar de amor ahora? [Esta es todo en una de las canciones más conocidas de este musical.]

Tevye: Golde, la primera vez que te conocí fue el día de nuestra boda. [Ya te imaginas… esa era la manera en que se hacían la mayoría de estos matrimonios.] Yo estaba asustado, pero mi padre y mi madre dijeron que aprenderíamos a amarnos el uno al otro, y ahora te pregunto, Golde, ¿me amas?

Golde: ¡Soy tu esposa!

Tevye: Lo sé, ¿pero me amas?

Golde: ¿Que si lo amo? Por 25 años he vivido con él, he peleado con él, he muerto de hambre junto a él. Por 25 años mi cama ha sido la suya. Si esto no es amor, entonces ¿qué es?

Finalmente ellos decidieron que realmente se amaban el uno al otro, a pesar de que probablemente no habían usado estos términos antes. Pensaba en esa canción mientras reflexionaba en este pasaje de Tito capítulo 2, donde dice que las mujeres ancianas “enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos” (versos 3-4).

Antes de continuar, quiero que Mary Anne repita algo que me acaba de decir hace unos minutos.

Mary Anne: Bueno, cuando leí esta Escritura por primera vez en mis primeros años de estudio bíblico, yo me horroricé. No podía entender que alguien tuviera que aprender a amar a su esposo y a sus hijos. Yo pensaba que todo el mundo lo hacía—hasta que fui probada.

Entonces me di cuenta que necesitaba aprender de otras mujeres cómo perdonar, cómo buscar reconciliación y cómo mostrar amor y misericordia, tal y como yo lo había recibido de parte del Señor. Pero había una gran pregunta. ¿Por qué necesita alguna mujer ser enseñada sobre cómo amar a su esposo? Entonces encontré que los hombres necesitan respeto, necesitan afirmación y necesitan alabanza, más de lo que necesitan el sexo, y esto fue para mí una gran sorpresa, Nancy.

A los hombres se les dice que nos amen, pero es necesario que a nosotras se nos diga, se nos enseñe que reverenciemos a nuestros esposos. Los hombres no están siendo reverenciados y los hemos castrado. Mi deseo es que las mujeres jóvenes sepan cómo reverenciar y cómo atesorar a sus esposos, protegiendo su reputación y afirmándoles en público. Porque los hombres florecen cuando hacemos esto.

Claro que es difícil, es duro para las mujeres alabar a sus maridos cuando en ocasiones desearían que ellos sacaran la basura (por ejemplo), o cuando desearían que hicieran algo más o cuando sienten que sus expectativas no están siendo satisfechas. Entonces comencé a estudiar sobre las expectativas y aprendí que solo Jesús las llena.

Nancy: Buena palabra. Gracias, Mary Anne.

Las mujeres ancianas deben “enseñar lo que es bueno, y entrenar a las mujeres jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos”. Ahora bien, el amar a los esposos y amar a los hijos—estas son actualmente dos palabras en el griego. La primera palabra es philandros. Esto significa “amante del esposo” (o “amadora del esposo”). La segunda palabra es philoteknos, la cual significa “amante o amadora de los hijos”. Es una palabra compuesta única en cada caso; alguien que ama a los niños y una que ama a su marido.

Este es el único lugar donde estas palabras se utilizan en el Nuevo Testamento, pero algunas veces encontramos estas palabras escritas en las tumbas de mujeres de esa época. Philandros— ella amó a su esposo; o era una amadora de su esposo. Ella le tenía un gran afecto a su esposo. O, philoteknos—amadora de sus hijos. Era lo que se decía de una mujer en muchos casos después que ella moría—ella amó a su esposo o; ella amó a sus hijos.

Este tipo de amor debería ser natural, pero el pecado mata el amor en los matrimonios. Esta es la razón por la que este tipo de amor debe ser aprendido.

Yo comenzaré diciendo que nunca he sido una esposa o una madre. Conforme he estudiado y preparado estas sesiones, honestamente me he sentido un poco mal equipada para enseñar a las mujeres a amar a sus esposos y amar a sus hijos. Porque no soy exactamente lo que llamarían “una experta” en ninguna de estas materias. He estado un poco indecisa sobre cómo enseñar este pasaje porque me doy cuenta de que una cosa es poder enseñar sobre este tipo de asuntos, pero otra muy diferente es vivirlo, como muchas de ustedes lo están haciendo el contexto de sus vidas diariamente.

Pero donde las Escrituras hablan, nosotros necesitamos estar dispuestas a enseñar todo el consejo de Dios, y es aquí donde el texto nos lleva. Así que me di cuenta de que Dios podía darme, por su Espíritu, sabiduría y gracia para enseñar este pasaje en una forma en que, espero, sea de provecho para tu corazón como esposa y para tu corazón como madre.

A través de los años he escuchado de cientos, tal vez miles de mujeres. Las he visto. Les he hecho preguntas y he observado algunos matrimonios maravillosos—no matrimonios fáciles, pero sí maravillosos; matrimonios que reflejan el amor de Dios de maneras asombrosas.

He visto otros matrimonios que son exactamente lo opuesto, apenas están vivos; se caracterizan por heridas, amargura por enojo. He visto muchos matrimonios terminar en divorcio y he visto que muchos matrimonios del mundo cristiano se han conformado con permanecer en la categoría de lo que es mediocre. Estas parejas no se están divorciando, pero no están experimentando lo que Dios planeó para ellos en su relación matrimonial.

Lo primero que las mujeres ancianas deben enseñar a las mujeres jóvenes, de acuerdo con este pasaje, es a amar a sus esposos. Si tú eres una mujer casada, esta es la forma primordial en que demuestras tu compromiso con la sana doctrina. No puedes decir que tienes sana doctrina si tú desprecias o minimizas a tu esposo. El amor al esposo fluye del Evangelio, y este tipo de amor también fluye de una promesa, de un voto, de un pacto.

¿Recuerdas el día cuando estabas parada junto a tu esposo en el altar e hiciste algunos votos delante de Dios? ¿Qué dijiste? Tal vez fue algo como esto:

“Te tomo a ti para ser mi esposo, para tenerte desde hoy en adelante, para bien o para mal, en riqueza o en pobreza, en salud o enfermedad, para amarte y cuidarte desde este día en adelante hasta que la muerte nos separe.”

¿Recuerdas haber dicho algo como esto? No fueron solo palabras. Era un pacto. Era un voto. Fue una promesa.

Es asombroso para mí ver esas jóvenes parejas que están saliendo o que quizás están recién casadas y que están locamente enamorados el uno del otro. Y luego, años más tarde, te encuentras con la misma pareja y están cansados el uno del otro, o molestos con el otro, o hay amargura, odio y heridas profundas, y ellos no pueden soportar la presencia del otro.

Y tú dices y “¿Qué pasó?” Bueno, estas jóvenes mujeres necesitaban ser enseñadas sobre cómo amar a sus esposos—no solo cuando estaban saliendo, o en el cortejo, o en el tiempo de la luna de miel, sino en medio de la lucha diaria, en la vida real después de la boda.

¿Así que cuál es entonces el significado de amar a tu esposo? La palabra, como ya mencionamos, es philandros o “amadora del esposo”. Esta palabra proviene de 2 palabras griegas: philos, que significa “amigo o compañero”, amándole como una amiga, con una especie de amor fraternal, de hermanos y luego aner, la palabra para “esposo.” Así que esto describe a una mujer que es amiga de su esposo. Ella tiene afecto por su esposo: es devota a su esposo.

Lo que está descrito aquí no es primeramente un amor romántico o sexual—el cual es abordado sin duda alguna en otras partes de las Escrituras y que es también una parte muy importante del matrimonio. Esto tiene que ver más bien con una esposa tratando a su esposo con afecto, tratándolo con cariño, estando emocionalmente conectada con él.

Este tipo de amor significa más que solo cumplir con tus obligaciones hacia tu esposo. Significa disfrutarlo, ser su amiga, tener placer en él.

He conocido muchas esposas que son mujeres extremadamente responsables y su comportamiento no puede ser criticado. Ellas sirven a sus esposos fielmente. Hacen las cosas que se supone que deben hacer como esposas y madres. Pero en muchos de los casos, al observar a estas mujeres, pienso, “¿Estás realmente disfrutando a tu esposo? Yo sé que lo hacías cuando eran recién casados, pero ahora que han estado casados por 35 años, ¿continúas disfrutándolo? ¿Le estás mostrando afecto?”

Primero que nada, si tú eres una esposa y una madre, después de tu relación con el Señor, tus relaciones más importantes son: primero con tu esposo y luego con tus hijos. Pero notemos cuál viene mencionada primero en el versículo 4. ¿Cuál es primero, amar a los esposos o amar a los hijos? Amar a los esposos. Amar a tu esposo precede el amar a tus hijos.

Obviamente, la relación con tu esposo comenzó primero que tu relación con tus hijos. Necesitas elevar tu relación con tu esposo sobre tu relación con tus hijos, y cuando tienes varios niños pequeños, esto no es algo fácil de hacer. Necesitas hacerlo en una forma intencional y enfocada. Primero eres una esposa, y luego eres una madre.

He visto a esposas poner a sus hijos sobre sus esposos, en términos de sus prioridades, y terminar con los hijos fuera del nido… y sin matrimonio. Tienes que cultivar, enfocarte y darle prioridad a tu matrimonio.

Esto significa poner a tu esposo, no solamente antes que tus hijos, sino también antes que otras prioridades—el trabajo, los amigos, los pasatiempos. Si tan solo pudiera sugerir, en la medida de lo posible, cuando tu esposo esté en casa, mantente disponible para él. Conozco a mujeres que aman hablar por teléfono y tienen amistades que cultivan por teléfono, pero cuando sus esposos están en casa, ellas no hablan por teléfono. Están disponibles para sus esposos.

Ahora, esto no significa que tienes que estar a su lado en cada instante del día, pero él necesita saber que cuando está allí, tú estás disponible para ser su amiga, para platicar y para disfrutar el uno con el otro.

Hace unas pocas semanas, estaba almorzando fuera con una amiga y con sus hermanas y con su mamá. Esta es una amiga y sus 3 hijas adultas. Todas ellas estaban dirigidas en diferentes direcciones después de la comida. Algunas tenían que salir de la ciudad y los teléfonos celulares sonaban como locos. Entre todas tenían… no sé cuántos niños—pero por lo menos 19 niños.

Los niños estaban llamando, los esposos estaban llamando mientras almorzábamos, y una de las hermanas me dijo, “Algo importante que hemos aprendido de nuestra madre fue que si tu esposo te llama, siempre contesta la llamada.”

Yo pensé, “Esta es una palabra de sabiduría práctica de una mujer anciana que ha estado entrenando a estas jóvenes mamás.” Si es tu esposo en el teléfono, toma la llamada. Si es otra persona, tú puedes decir, “Esta persona puede esperar” o “Le llamaré luego”. Pero si estás hablando conmigo y tu esposo te llama, cuelga conmigo y responde la llamada.”

Esta es solo una forma de decir que tu mundo y tu agenda necesitan girar alrededor de él. No esperes que su mundo gire alrededor tuyo. Tú fuiste hecha para ser su ayuda.

Y ahora voy a decir algunas cosas en un solo sentido porque Dios no me llamó a enseñar a los hombres o a hablar a los hombres sobre sus responsabilidades como esposos. Si solo escuchas esta parte, quizás pienses que no estoy siendo balanceada. Es ahí donde los hombres necesitan ir a la palabra de Dios y permitirle a Dios instruirles sobre cómo amar a sus esposas. Pero yo pienso que es importante que las mujeres se den cuenta que su llamado es que su mundo gire alrededor de bendecir, ministrar, disfrutar, servir y acompañar a sus esposos.

Esto significa que necesitas pasar tiempo con tu esposo y sin los niños. No importa cuánto tiempo hayan estado casados, tienen que ser intencionales sobre cultivar su relación; y los mejores matrimonios hacen esto. Estas esposas buscan formas frescas y creativas de amar a sus hombres, de disfrutar con ellos y de ser sus amigas.

Quizás debas recordar lo que hiciste para cultivar tu relación en los primeros días. Salían juntos. Apartaban tiempo para cosas como esas. Los simples actos de amabilidad y bondad pueden ser muy beneficiosos. Así fue cuando eran jóvenes, será igual hoy.

Regresa a esos días cuando estaban saliendo o cortejándose, si él te llamaba sin mucho aviso y te decía, “¿Podemos salir a cenar esta noche?” Probablemente no le decías, “Oh, ¿tenemos que hacerlo? ¡Estoy muy cansada!” ¿Qué decías? “¡Me encantaría!” Dejabas cualquier cosa que estuvieras haciendo, te cambiabas y te arreglabas en tiempo récord. Estabas ansiosa de pasar tiempo con él.

Si él compraba algo para ti, no le decías, “Sabes que no podemos gastar en esto” o, “En realidad ya tengo dos de estos”. ¡No! Estabas encantada y le agradecías su amabilidad.

Si él dejaba su abrigo en una silla cuando iba a tu casa, no lo sermoneabas sobre su necesidad de madurar y ser más responsable con sus pertenencias. ¿Estoy en lo cierto? Estabas contenta de colgarlo por él.

Ahora, ¡seguramente voy a recibir unas cuantas cartas sobre eso! El matrimonio requiere un nivel diferente de responsabilidad de parte de ambos, esposo y esposa, que el que había cuando eran novios. Pero como esposa, necesitas regresar a algunas de las actitudes que tenías en aquellos días.

Sé una estudiante de tu esposo. Cultiva y muestra interés en las cosas que le interesan a él. Una joven me platicaba no hace mucho cómo ella se interesó en el golf para así poder pasar tiempo con su esposo. Él quería que ella aprendiera golf para poder hacerlo juntos.

Para mí, esto era verdadero amor—aprender golf para mostrarle amor a su esposo. Pero ella era una estudiante de su esposo. Él disfrutaba el golf, y ella decía “Quiero disfrutarlo con él”. Así que ella realmente ha llegado a disfrutar el golf. Ha llegado a ser realmente buena en ese deporte y probablemente ahora lo disfruta casi más que él. Pero eso fue simplemente porque quiso interesarse en las cosas que a él le interesaban.

Invierte en él. Invierte en la relación. Yo he visto esto vez, tras vez, tras vez: “porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:21). El problema está en que comienzas a tomar a tu pareja por sentado y entonces tú esperas que él tenga cuidado de ti y te agrade. Dejas de ser amable y cortés y luego encuentras que hay barreras y frialdad en la relación.

Luego encuentras a alguien en el trabajo, y él muestra interés en ti, y tú respondes. Esto es algo que no has hecho por tu esposo en un tiempo. Comienzas a invertir tiempo, a interesarte, a conversar y a escuchar. Estás mostrando un interés en lo que le interesa a este hombre en su trabajo, y antes de que te des cuenta, tú estás “enamorada”. Estás sintiendo cosas que no has sentido por tu esposo por mucho tiempo.

Y te preguntas, “¿Qué sucedió?” Has estado preparando el terrero para esta nueva amistad y has invertido en ella. Porque donde está tu tesoro, ahí también estará tu corazón.

¿Qué es lo que quiero decir aquí? Haz eso en tu matrimonio. Invierte en esa relación —no en el hombre del trabajo, no en el hombre del internet— invierte en tu esposo, y encontrarás que el amor va a crecer.

Hermanas, lo que hemos estado hablando aquí sobre amar a sus esposos, no es solo una noción romántica. Tampoco es una opción. Es un mandato. No veo ningunas excepciones aquí. No dice, “dependiendo del tipo de esposo que tienes o si es responsable, cariñoso o fiel” —y por cierto, lo mismo puede decirse a los esposos sobre amar a sus esposas, pero recuerden: yo no estoy predicando a los hombres.

No hay excepciones—y si tú no lo amas, puedes aprender a amarlo. De hecho, debes aprender a amarlo. Recuerda, este tipo de amor no es primeramente una emoción, aunque las emociones están involucradas. Es un amor que tú puedes alimentar, que tú puedes cultivar, que puedes desarrollar. Y cuando comienzas a escoger a hacer acciones de amor hacia él, encontrarás que tu corazón te seguirá.

Espera que tu amor sea probado. Si tu esposo siempre fuera fácil de amar, no habría razón para que las Escrituras te exhortaran a aprender a amarlo, ¿estoy en lo cierto? Así que aquí se asume que habrá tiempos cuando no será fácil amarlo y que hay cosas en él que no son fáciles de amar. Así que espera que el amor sea probado. Aquí es cuando vas a Cristo y le dices “Señor, yo no puedo amar a este hombre, pero Tú puedes a través de mí.” Aquí es cuando apelas a Dios por Su gracia y por Su poder para amar a tu esposo.

Permíteme hacerte unas preguntas, solo para tratar de hacer esto personal. Para aquellas de ustedes que están casadas:

● ¿Es tu relación con tu esposo la más alta, la más importante prioridad y la relación más importante en tu vida, después de tu relación con el Señor? ¿Cómo estás en cuanto al asunto de las prioridades?

● ¿Sabe tu esposo que estás comprometida a serle fiel sin importar lo que suceda—de tal forma que nunca te divorciarías de él? Esto es parte del compromiso de amar.

● ¿Has puesto las necesidades y los deseos de tu esposo por encima de los tuyos?

● ¿Estás dispuesta a ajustar tu agenda para cubrir sus necesidades y deseos? O, ¿esperas que él deje a un lado sus asuntos y ajuste su agenda a la tuya? Ahora, no estoy diciendo que él nunca deba hacer esto, y si él te ama, lo hará. Pero tu expectativa no debe ser que él lo haga. Es necesario que tengas la voluntad de adaptarte a su agenda.

● ¿Tienen intereses y amigos comunes, o son independientes—tú tienes tus amigos y él tiene sus amigos; tú tienes tus pasatiempos e intereses y él tiene los suyos? Si este es el caso, entonces una pequeña luz de advertencia debe prenderse en tu cabeza. Eso no significa que nunca deberían tener diferentes amigos o intereses. Pero querrás asegurarte de que tienen intereses y amigos en común que compartir—algo, por cierto, que yo creo que mis padres hicieron increíblemente bien. Ellos compartían juntos sus intereses y sus amigos.

● ¿Buscas maneras significativas de bendecir y agradar a tu esposo?

● ¿Qué has hecho durante la semana pasada para cultivar el amor y la amistad en tu matrimonio, y qué puedes hacer hoy?

Carmen: Nancy Leigh DeMoss regresará para orar por los matrimonios representados por nuestras radioescuchas.

No hace mucho una radioescucha nos escribió desde Ohio diciendo:

“A través de la Palabra de Dios, me han ayudado a darle prioridad a mi rol en este mundo de ser la ayuda de mi esposo. A través de Aviva Nuestros Corazones y la Palabra de Dios, me han animado a hacer de mi hogar un lugar de consuelo para mi familia.”

Bueno, si tus adolescentes te han estado hablando en la forma en que tú hablas a tu esposo, ¿los castigarías por falta de respeto? Daremos un vistazo a esto en nuestro próximo programa. Ahora, oremos con Nancy.

Nancy: Señor, al pensar en aquellas mujeres que están escuchando en la radio o en el internet, yo sé que hay muchas esposas que realmente quieren obedecer Tu Palabra y amar a sus esposos en forma que Te agrade.

Oro por la medida de gracia necesaria. Señor, oro por la sabiduría, por la creatividad y el deseo de hacerlo. Oro que Tú les des un deseo fresco, una esperanza, amistad, compañerismo y cariño en muchos, muchos matrimonios representados por estas mujeres. Oh Señor, que los matrimonios de Tu Pueblo, puedan reflejar la maravilla y la belleza de Tu amor por nosotros y del amor de Cristo por Su iglesia. Gracias, Señor, por tan asombroso amor y por el privilegio de amar a otros como Tú nos has amado. Esto solo es posible por Tu gracia. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voces adicionales:
– Mary Anne, en la voz de Laura González de Chávez

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Se hallará un hombre?

Miércoles 19 Agosto
Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.
¿Se hallará un hombre?

Diógenes de Sinope, filósofo griego (413-327 a. J. C.), decía mientras se paseaba por la plaza pública de Atenas, con una lámpara encendida en pleno día: «Busco un hombre», es decir, un hombre digno de ese nombre; o aún más: «Busco al Hombre, y solo veo hombres».

Alrededor de dos siglos antes, el profeta Jeremías pronunció unas palabras similares. Pero no era un filósofo buscando a un sabio. Era Dios mismo buscando a un hombre recto, uno solo, en Jerusalén, para poder perdonar a toda la ciudad. Jeremías buscó primero entre las personas sencillas, y constató que ellas no sabían lo que era justo para Dios (v. 4). Luego fue a los grandes, pero estos no quisieron obedecer a Dios (v. 5). Así todos eran igualmente culpables.

En toda la humanidad, ¿halló Dios a un hombre justo? Sí, este hombre vino del cielo: Jesucristo. Los que lo conocieron –tanto los que lo amaban como los que lo rechazaban– dieron testimonio de que este hombre era justo. Incluso Pilato, quien pronunció su condena a muerte, tuvo que reconocer: “Yo no hallo delito en él”. Presentándolo a la multitud después de haberlo condenado, declaró: “¡He aquí el hombre!” (Juan 19:65). Jesús era el Hombre por excelencia, el único justo, el Hijo de Dios hecho hombre.

Solo ese hombre, Jesucristo, justo, perfecto, sin pecado, podía soportar el castigo por el pecado de los hombres, frente a la justicia perfecta de Dios.