¿De Quiénes Dios no se Avergüenza?

Grace en Español

¿De Quiénes Dios no se Avergüenza?

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

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Seriedad de la apostasía y la manera de evitar caer en la apostasía

CONSULTORIO BÍBLICO

Seriedad de la apostasía y la manera de evitar caer en la apostasía

DAVID LOGACHO

Es motivo de mucho gozo estar nuevamente junto a usted, amiga, amigo oyente. La Biblia Dice… le da la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Proseguimos con nuestro estudio del libro de Hebreos, en la serie que lleva por título: La preeminencia de Jesucristo. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de la seriedad de la apostasía y la manera de evitar caer en la apostasía.

A lo largo de casi diez capítulos, el autor del libro de Hebreos ha confrontado a sus lectores con la deslumbrante verdad que Cristo es superior a todo y a todos. Entre muchas cosas en las cuales Cristo es superior, se destaca nítidamente la superioridad de su sacrificio con respecto a los sacrificios del Antiguo Testamento.

Hebreos 10:14 resume esta idea con estas palabras: “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” El sacrificio de Cristo, hecho una sola vez y para siempre tiene el poder de unir a un hombre pecador con un Dios santo, lo cual era imposible mediante los sacrificios del Antiguo Testamento. ¿Qué hacer ante esta realidad? En honor a la verdad, hay solamente dos alternativas. Recibir a Cristo como Salvador o rechazar a Cristo como Salvador.

Cuando una persona conoce intelectualmente toda la verdad acerca de eficacia del sacrifico de Cristo y voluntariamente rechaza esta verdad, se torna en un apóstata. Para un apóstata, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

En el estudio bíblico de hoy continuaremos con el tema de la apostasía, viendo la seriedad de la apostasía y la manera de evitar caer en la apostasía. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hebreos 10:28-39. En los versículos 28 a 31 encontramos la seriedad de la apostasía, en los versículos 32 a 39 la manera de evitar caer en la apostasía. Para mostrar la seriedad de la apostasía, el autor de Hebreos toma como ejemplo la ley de Moisés y hace referencia a la severidad del castito a los desobedientes, luego aplica este ejemplo para afirmar que si el castigo por violar la ley de Moisés fue tan severo, cuando más severo será el castigo por violar un mejor pacto que la ley.

Con esta idea en mente veamos la severidad del castigo en la ley de Moisés. Hebreos 10:28 dice: “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.” La ley de Moisés era muy severa para castigar el pecado voluntario. Números 15:30-31 dice: “Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo. Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y menospreció su mandamiento, enteramente será cortada esa persona; su iniquidad caerá sobre ella.” Pecar voluntariamente era algo muy serio.

En Números 15:32-36 se relata el caso de una persona que recogía leña en día de reposo. Números 15:36 muestra la consecuencia de este pecado. “Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.” Si la ley de Moisés fue tan severa castigando a los que la violan, cuánto más severo será el castigo para los que violan el nuevo pacto.
Hebreos 10:29 dice: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” El apóstata es merecedor de un mayor castigo porque rechaza un privilegio mayor que el dado por la ley de Moisés a un israelita del Antiguo Testamento. La enormidad del pecado de un apóstata se ve en las tres culpabilidades que aparecen en este texto. Primero. Es culpable pisotear al Hijo de Dios. Este es un pecado contra el Padre. El Padre envió a su amado Hijo a morir por los pecadores.

El pecador que a sabiendas rechaza a Cristo, está tratando al Hijo amado de Dos como una basura. ¿Cómo piensa que va a reaccionar el Padre? Segundo. Es culpable de tener por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado. Esto es un pecado contra el Hijo. Él se sacrificó a sí mismo y derramó su sangre, esa sangre fue ofrecida al Padre y fue suficiente para unir al hombre pecador con Dios.

El apóstata que sabiendo esto rechaza a Cristo como Salvador está diciendo que la sangre de Cristo es inmunda, que su sacrifico no es perfecto y desprecia de esta manera algo que es santo. Tercero, es culpable de hacer afrenta al Espíritu de gracia. Esto es un pecado contra el Espíritu Santo. El apóstata hace afrenta o insulta al Espíritu Santo que por gracia o favor no merecido ha estado obrando en su vida.

Así es amigo oyente. Saber toda la verdad sobre la salvación y rechazarla acarrea un gravísimo castigo, porque es un pecado contra el Padre, contra el Hijo y contra el Espíritu Santo. Con razón que Hebreos 10:27 dice que el apóstata es un diablo o adversario, digno del peor de los castigos. Por eso Hebreos 10:30 dice lo siguiente: “Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez; El Señor juzgará a su pueblo.” El Señor mismo, con todo su furor derramará su ira sobre los apóstatas.

El versículo 31 describe en vívidas palabras lo trágico de este castigo. “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” Así que, hemos visto la seriedad de la apostasía. ¿Habrá alguna manera de evitar caer en la apostasía? Por la gracia de Dios, sí, y de eso trata los versículos 32 a 39. Los judíos intelectualmente convencidos, estaban en peligro de caer en la apostasía, es decir de volver al judaísmo con todos sus ritos y sacrificios caducos. Para evitar que caigan en la apostasía, de donde ya no podrán ser renovados para arrepentimiento, según Hebreos 6:6, el autor de Hebreos les recomienda dos acciones.

Primero: Recordad los tiempos cuando por primera vez escucharon y entendieron las buenas nuevas de salvación. Hebreos 10:32-34 dice: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo, que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.” Los judíos intelectualmente convencidos de la verdad, tuvieron un tiempo hermoso, lleno de emociones nuevas cuando fueron iluminados para entender el mensaje de salvación.

Durante este tiempo, no faltaron las dificultades, aun sin ser creyentes fueron tratados como creyentes, sufriendo la burla y rechazo de los judíos incrédulos. Siendo incrédulos estuvieron en contacto o fueron compañeros de los creyentes que estaban siendo perseguidos por su fe. Prácticamente actuaban como creyentes, mostraban compasión hacia los creyentes que estaban en prisión a causa de su fe.

Fueron inclusive despojados de sus posesiones y lo hicieron con gozo, sabiendo de las promesas de Dios acerca del tesoro eterno, pero la triste realidad es que nunca habían recibido a Cristo como su Salvador. En algún momento de sus vidas se vieron tentados a regresar al judaísmo. Por eso el autor de Hebreos les está diciendo: No den un paso atrás, recuerden lo bueno que fue sufrir por la justicia. Ustedes han pasado la peor parte, sigan adelante, den el paso de fe recibiendo a Cristo como su Salvador.

¿Se ha dado cuenta, amigo oyente que es posible llevar una vida religiosa pero no ser salvo? Esta era la situación de estas personas, estaban en la iglesia, sufrían persecución como los creyentes, visitaban, inclusive les quitaban sus posesiones ¡pero no eran salvos! Así como ellos, existen millones hoy en día, llenos de religión pero vacíos de una relación personal con Cristo. Quiera Dios que ese no sea su caso. Y si lo es, recuerde que todavía hay esperanza para usted. Además de recordad, los judíos convencidos intelectualmente, pero no convertidos, tenían que depositar su confianza en la obra perfecta de Cristo en la cruz.

A esto se refieren los versículos 35 a 39 que dice: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tienen grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.” La exhortación es a mantener firme la confianza, a no volver atrás.

La fe en la obra de Cristo traerá como resultado el tan ansiado galardón de la vida eterna. Ciertamente que habrá dificultades, persecuciones y lágrimas, pero todo esto es pasajero, porque el que ha de venir vendrá y no tardará. Mientras llegue, es necesaria la paciencia, y esa paciencia es fruto de la fe, porque la palabra de Dios dice en Habacuc 2:4 “Mas el justo vivirá por fe” Y también dice: “Y si retrocediere, no agradará a mi alma” El autor de Hebreos termina esta exhortación a los judíos convencidos intelectualmente, pero no convertidos, con una palabra de ánimo.

“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición” Es como si el autor estuviera empujando “Vamos, no podemos dar marcha atrás. Adelante, no volvamos atrás porque lo único que nos espera es la perdición” Continúa su exhortación afirmando que en lugar de volver atrás es necesario confiar en Cristo, recibiéndolo por fe. Sólo así podremos preservar el alma. Sin lugar a dudas, este pasaje bíblico habrá sacudido a muchas personas que están intelectualmente convencidas del evangelio, pero hasta ahora están renuentes a recibir a Cristo como Salvador.

Para personas así es la invitación. Siga adelante, dé el paso de fe, reciba a Cristo como su Salvador. No retroceda para perdición. Aprópiese por fe de la promesa de preservación de su alma por recibir a Cristo.

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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¿Qué es la ESCATOLOGÍA?

Teología Express

¿Qué es la ESCATOLOGÍA?

Javier Pérez

Javier Pérez es pastor en la Iglesia Bíblica Evangélica de Sabadell, cerca de Barcelona. Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Qué es la escatología?
Escatología

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Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

El fracaso y la decepción en las Escrituras

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El fracaso y la decepción en las Escrituras

David P. Murray

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie «Esperanza en medio de la decepción», publicada por la Tabletalk Magazine. 

Si organizáramos una conferencia sobre “El fracaso y la decepción”, ¿crees que alguien asistiría? Si escribiéramos un libro con ese título, ¿crees que alguien lo compraría? El fracaso y la decepción no son temas muy populares. No venden taquillas ni libros. No generan tráfico, como nos aseguran los mercadólogos de Internet. No nos interesa pensar en nuestros fracasos y decepciones, y mucho menos escuchar los de otras personas. Vivimos en una “cultura del éxito” que endiosa el ganar y la realización; sin embargo, todo eso es tan irreal.

Leer la Biblia es como echarse un balde de agua fría. El fracaso y la decepción se encuentran en casi cada página. Aunque no nos guste, eso es más real que las historias de éxito a las que solemos aspirar alcanzar. Sin duda, ponte metas altas, pero al hacerlo, debes tomar en cuenta que nadie se libra de los fracasos y las decepciones. Entonces, mejor es prepararse para sacarle provecho a esos momentos.

“¿En serio? ¿Sacarle provecho al fracaso y a la decepción?” Así es; igual que muchos dentro del pueblo de Dios, me he dado cuenta de que los momentos más productivos espiritualmente hablando son cuando he fracasado y estoy decepcionado.

Antes de ver cómo la Biblia nos puede ayudar a planificarnos, prepararnos y beneficiarnos de nuestros fracasos y decepciones, debemos definir unos conceptos. El fracaso es la falta de éxito al hacer algo. Es no llenar las expectativas del estándar personal que nos hemos trazado o que otros han determinado por nosotros. Puede ser culpa nuestra (p. ej., reprobamos un examen porque no estudiamos suficiente), o culpa de otro (p. ej., fracasamos en el matrimonio porque nuestro cónyuge nos fue infiel). Y a veces podemos tener una sensación de fracaso cuando en realidad no hemos fallado (p. ej., nos despiden del trabajo porque hubo una fusión o una reestructuración). La decepción es la sensación de tristeza y frustración que proviene del fracaso, ya sea de nuestro propio fracaso, el de otros, o de ambos. Con estas definiciones a mano, ¿qué nos enseña la Biblia sobre el fracaso y la decepción?

El fracaso es inevitable

Si nuestros centros educativos realmente quisieran preparar a nuestros hijos para enfrentar la vida, darían clases sobre el fracaso y la decepción. Puede ser que nuestros hijos jamás tengan que usar álgebra o química en sus vidas, pero sí tendrán que saber lidiar con los fracasos y las decepciones. Sin importar donde nos encontramos en la Biblia, hallamos fracaso y decepción: Adán y Eva (Gen. 3), Caín y Abel (Gen. 4), Noé y sus hijos (Gen. 9), Abraham y Sara (Gen. 16), Lot y sus hijas (Gen. 19), Jacob y Esaú (Gen. 27), José y sus hermanos (Gen. 37), Nadab y Abiú (Lev. 10), Aarón y María (Num. 12), Israel y Canaán (Num. 14), Moisés y la peña (Num. 20), Sansón y Dalila (Jueces 16), Samuel y sus hijos (1 Sam. 8), David y Betsabé (2 Sam. 11), Salomón y su harén (1 Re. 11). Y así continúa, incluso hasta en el Nuevo Testamento, donde vemos discípulo tras discípulo e iglesia tras iglesia marcados por el fracaso y la decepción. El mensaje uniforme de la Biblia es que el fracaso y la decepción son una parte inevitable de la experiencia humana. Imagínate un discurso de graduación o de inauguración con este énfasis bíblico. Esto prepararía a nuestros hijos aún mejor para la vida, particularmente ayudándoles a manejar apropiadamente sus expectativas.

El fracaso es variado

Al examinar el récord bíblico, nos asombra la variedad y la diversidad de fracasos. Si no llega de una forma, lo hará de otra. Los fracasos espirituales y morales son los más comunes, con múltiples ejemplos muy claros de desobediencia a los Diez Mandamientos de Dios. Por ejemplo, Israel no adoró exclusivamente a Dios (Isa. 2:8), Aarón fracasó al hacer un becerro de oro para adorar (Ex. 32:4); Uza fracasó al no reverenciar a Dios (2 Sam. 6:7); Israel no guardó el día de reposo para santificarlo (Ex. 16:27-30); Elí no disciplinó a sus hijos y sus hijos no lo honraron (1Sam. 2:22-25); David no respetó la santidad de la vida y del matrimonio (2 Sam. 11:1-21); Acán fracasó al robarse objetos de oro (Jos. 7:1); Ananías y Safira fracasaron al mentirle al Espíritu Santo (Hch. 5:3); y Demas fracasó al codiciar las riquezas de este mundo (2 Tim. 4:10). Diez Mandamientos, diez fracasos.

Fracasos familiares se pueden notar en como Abraham y Sara trataron a Agar (Gen. 16:21) y en la rivalidad celosa entre Jacob y Esaú (Gen. 25:29-34). Amistades fracasadas son visibles en el saludo y beso engañoso de aquel que traicionó a Jesús (Mat. 26:49) y en el desacuerdo entre el apóstol Pablo y Bernabé a causa de la utilidad de Marcos (Hch. 15:36-41). Fracasos de liderazgo se evidencian en cada rey de Israel y de Judá (2Cr. 12:14-22:9-10). Vemos fracasos eclesiásticos en casi cada congregación del Nuevo Testamento, como es evidenciado en el tono decepcionado que encontramos en muchas de las cartas de Pablo (1 Co. 1:11-13Gá. 1:6) y en cinco de las cartas de Cristo a las siete iglesias (Ap. 2-3). Fracasos financieros ocurren en las vidas de Giezi (2 Re. 5:22-27), del hombre con un talento (Mat. 25:24-30), y del rico insensato (Lc. 12:16-21). Fracasos nacionales y políticos son muy evidentes en la historia de constante rebelión de Israel en contra de Dios. La Biblia hasta nos muestra un fracaso social con el invitado mal vestido para la boda (Mat. 22:11-13). El fracaso usa una gran variedad de atuendos.

El fracaso puede venir luego de un gran éxito

Una de las lecciones que estas variadas experiencias de fracaso y decepción nos enseñan es que somos más vulnerables cuando tenemos más éxito. El éxito genera confianza, que en muchos casos se convierte en exceso de confianza, que suele ser la antesala del desastre (Pro. 16:18). Sansón, David y Salomón son pruebas dolorosas de esto en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento destaca a Pedro como un ejemplo de esto (Mat. 26:33-3569-75). Él era de los amigos íntimos de Jesús, hablaba grandes cosas acerca de Dios, estaba siendo grandemente usado por el Señor y tenía una gran confianza en su capacidad de ser fuerte en el momento de la prueba. Pero fracasó en tres ocasiones, dos veces negando a Cristo frente a una joven sierva y una vez ante desconocidos. La narrativa bíblica sobre el peligro de la arrogancia y el orgullo ha probado ser verdadera a través de toda la historia, incluyendo nuestros días, cuando hombres poderosos y exitosos son derrumbados diariamente por las víctimas débiles e indefensas que ellos previamente habían oprimido y abusado.

El fracaso puede ser repetido

Hay muchos dichos trillados y simplistas en cuanto al fracaso, incluyendo: “El fracaso es el mejor maestro” y “En todo fracaso hay una oportunidad nueva”. Gracias a Dios, como veremos más adelante, muchas personas logran aprender de sus fracasos y muchos individuos logran avanzar después de una caída. Pero esto no siempre es así. Como nos advierte la Biblia, el fracaso puede ser repetido. Por ejemplo, Abraham no pudo confiar en Dios para cuidar de Sara cuando fueron a Egipto. Terminó diciendo mentiras sobre su relación con ella a un rey pagano que finalmente se enteró de la verdad y lo reprendió por eso (Gen.12:10-20). Pero eso no lo detuvo de hacer prácticamente lo mismo más adelante (Gen. 20). Uno pensaría que Jacob hubiera aprendido la dolorosa lección del favoritismo al recordar la amarga historia de su propia familia. No obstante, hizo lo mismo al demostrar demasiado favoritismo para con su hijo José (Gen.37:3-4). Hasta los mismos discípulos de Jesús, a pesar de que tenían el beneficio de Sus constantes y afectuosas amonestaciones, fracasaron repetidamente en comprender quién era Cristo y qué vino a hacer (Mat. 16:21-23Lc. 18:3423:25-27). A veces el fracaso se duplica al ir de un extremo al otro tal como hizo la iglesia en Corinto. En primera instancia, no disciplinan a un hermano impenitente (1 Co. 5), y luego no le dan la bienvenida cuando se arrepiente (2 Co. 2:5-11). El fracaso no es un maestro perfecto, en parte porque nosotros no somos estudiantes perfectos.

El fracaso es doloroso

Todos los ejemplos bíblicos del fracaso demuestran la dolorosa decepción que le sigue: decepción personal, decepción con otros y hasta decepción con Dios. Pero hay tres fracasos bíblicos que son particularmente agonizantes. Primeramente, tenemos la amarga decepción de Moisés al no poder entrar a la Tierra Prometida por haber golpeado la peña en vez de hablarle a esta como Dios le había pedido. (Nu. 20:10-13). Imagínate todo ese esfuerzo, todo ese estrés, esos cuarenta años vagando por el desierto, todas las quejas y murmuraciones de los Israelitas, para venir a ser detenido en la misma frontera de su destino final, todo por haber perdido los estribos una vez. Moisés le suplicó a Dios que aliviara su decepción y le permitiera entrar a la Tierra Prometida. Pero Dios se negó y en cambio le dio la consolación de verla de lejos (Deu. 3:23-27). Imagínate la decepción de Moisés.

El segundo fracaso bíblico que es particularmente agonizante es el del Rey David, quien fracasó moralmente al cometer adulterio con Betsabé y luego matar a su esposo, Urías (2 Sam. 11). Como nos enseñan los Salmos 32 y 51, la dolorosa decepción de David consigo mismo no fue solo mental, espiritual y emocional, pero también fue física. Aun cuando había sido perdonado, las consecuencias de sus fracasos se evidenciaron durante el resto de su vida en la desintegración de su familia y la pérdida temporal del trono. Grandes convulsiones acompañaron sus fracasos.

El tercer fracaso es el de Pedro, quien negó a Cristo tres veces. Este era un hombre a quien Jesús le había advertido una y otra vez sobre su exceso de confianza; a quien Jesús le dijo claramente que le negaría tres veces y aun así lo hizo. Luego cantó el gallo, los ojos de Jesús se encontraron con los de Pedro, “y saliendo fuera, lloró amargamente” (Lc. 22:62). Piensa en cuánto dolor debió haber llenado la vida de Pedro en los días después de este triple fracaso al pensar en lo que hizo. Cuántas veces debieron haber deseado Moisés, David y Pedro no haber fracasado. Puede ser que los videos de fracasos o “fails” en YouTube nos hagan reír, pero los fracasos de nuestros héroes bíblicos nos hacen llorar.

El fracaso debe ser compartido

Uno de los problemas con las constantes historias de éxito que se nos venden hoy día es el mensaje de que el éxito es para todos y todos serán exitosos. Eso da como resultado la realidad de que nadie está preparado cuando el éxito nunca hace acto de presencia y en cambio es el fracaso que continuamente visita. Consciente de este desequilibrio, Johannes Haushofer de la Universidad de Princeton publicó en Twitter una lista de todos sus fracasos. Hizo esto “en un intento de buscar cierto equilibrio y animar así a otras personas a continuar esforzándose aún frente al fracaso.” Él dice: “La mayoría de las cosas que intento fracasan, pero esos fracasos suelen ser invisibles, mientras que los éxitos son visibles. He notado que esto a veces les da a otros la impresión de que la mayoría de las cosas me salen bien”.

La Biblia publica la lista de fracasos de prácticamente todos sus personajes. Algunos hasta publican sus propios fracasos. Por ejemplo, los salmistas no solo confiesan sus fracasos, sino que también cantan de ellos no para celebrarlos sino para lamentarse de ellos y buscar la ayuda de Dios. Son muy sinceros en cuanto a sus vidas y cómo en realidad no todo les sale bien. En los Salmos 73 y 78, Asaf confiesa como él fracasa mientras que los malhechores tienen éxito, llevándolo a fallar en su fe. Él deja todo sobre la mesa y básicamente confiesa: “No estoy manejando bien esta situación”. Es entonces que Dios interviene para recordarle Sus promesas y propósitos, y Asaf empieza a recuperar su compostura y equilibrio espiritual. ¡Cuán agradecidos debemos estar por estos cantos de fracaso con los cuales podemos identificarnos, recordándonos que no estamos solos, ayudándonos a aceptar que lo anormal es normal y guiándonos a llevar nuestros fracasos ante Dios al igual que compartirlos con otros!

Job es otro ejemplo de un fracaso compartido. Él era un hombre justo (Job 1:1). Sin embargo, cuando le tocó un sufrimiento extremo, en parte, terminó culpando a Dios. Es cierto, se mantuvo firme al inicio (vv.20-22), y es verdad que hubo grandes momentos de éxito espiritual ante grandes pruebas espirituales (19:23-27; 23:8-10). Pero esa no es toda la historia; ni siquiera es la mayor parte de la historia. Su libro incluye momentos en que su respuesta fue muy inadecuada, mientras expresaba decepción con sus amigos y hasta con Dios y Su providencia. Nuevamente, somos animados por el registro honesto tanto de los fracasos como los éxitos de Job (aunque escritores y predicadores suelen ignorar lo primero).

El compartir los fracasos de estos hombres nos motiva a ser honestos y abiertos en cuanto a nuestras propias vidas. Dejemos a un lado las historias de éxito que el mundo nos cuenta para seguir el ejemplo bíblico de autenticidad valiente al compartir con otros creyentes las altas y bajas de nuestras vidas. ¡Cuán diferente sería esto de tantos perfiles en Facebook!

El fracaso evita peores fracasos

Una cosa que he notado al reflexionar sobre mi propia vida es que mis fracasos me han evitado peores fracasos, no sólo por lo que he aprendido a través de ellos, pero también al enseñar a otros. Esto también lo vemos en la Biblia. Si las iglesias del Nuevo Testamento no hubieran fracasado tan miserablemente en muchos aspectos, en nuestras biblias no tuviéramos hoy las cartas que les fueron enviadas y de las cuales aprendemos y tomamos medidas para evitar o lidiar con fracasos similares. ¿Cuántas iglesias han evitado caer en el caos carismático gracias a las cartas a los corintios fracasados? ¿Cuántas iglesias han evitado comprometer la doctrina de la justificación solo por fe gracias a la carta a los gálatas fracasados? ¿Cuántas iglesias han sido libradas de la fiebre de los últimos tiempos gracias a las cartas de Pablo a los tesalonicenses fracasados? ¿Cuántas iglesias han retornado a su primer amor gracias a la carta de Cristo a los efesios fracasados en Apocalipsis? ¿Cuántos cristianos han evitado el exceso de confianza gracias a los fracasos de Pedro?

Podemos mirar a nuestro alrededor y escuchar las sirenas sonando al lado de los escombros de iglesias y pastores que han fracasado en permanecer firme en pureza doctrinal y moral. Ni siquiera tenemos que ver más allá de nuestras propias vidas para ver las señales de advertencia. Hace un par de años mi salud se deterioró a causa del mucho trabajo y estrés. Terminé siendo hospitalizado en dos ocasiones con enfermedades que amenazaban mi vida. Sin embargo, al reflexionar sobre lo acontecido, puedo ver cómo Dios usó el fracaso de mi salud para evitarme posibles fracasos espirituales. En ese sentido, el fracaso puede ser un regalo precioso. Dios usa hasta nuestros fracasos para nuestro bien (Ro. 8:28).

El fracaso puede ser perdonado

En muchos sentidos, la pregunta no es cuándo, dónde ni cómo fracasaremos. La interrogante más importante es: ¿qué haremos con nuestros fracasos? Como hemos podido ver, muchos fracasos no solamente son lecciones para ser aprendidas sino también pecados para ser confesados. No se trata simplemente de recordarlos para aprender de ellos; debemos llevarlos ante Dios para recibir el perdón por ellos. Eso es difícil, pero a la vez libertador. La confesión nos libra de culpa y vergüenza y nos asegura perdón y aceptación (Pro. 28:13). En vez de negar, minimizar, ocultar o evitar nuestros fracasos, debemos sacarlosa la luz del día y ante la luz de Dios, confesar ante Él nuestra culpabilidad, y en oración pedir de Su misericordia. Sin importar la gravedad, la frecuencia o la torpeza de nuestra caída, si confesamos nuestros fracasos ante Dios, hallaremos misericordia (1Jn. 1:9). Le puedes llevar fracasos de cada área de tu vida y Él te hará más blanco que la nieve. Si me permitieran hacerle un cambio al muy querido villancico navideño, lo titularía: “Venid fracasados todos”.

No solo eso, pero Cristo también nos da Su perfección. Así es, Él no solo nos quita lo negativo dejándonos en un estado neutral, Él nos da Su justicia para que estemos más que bien (2 Co. 5:21). La perfección de Cristo se nos otorga y es contada como nuestra (Ro.3:21-26). No importa lo que ha sucedido en nuestro pasado o lo que sucederá en nuestro futuro, cuando Dios nos juzga, Él no ve fracaso sino éxito, no ve imperfección sino perfección, no ve injusticia sino justicia, no ve razones para condenar sino para celebrar (Ro. 8:1). Por fe en Cristo, nuestros fracasos son intercambiados por Sus logros.

El fracaso no nos define

El resultado de esto no es que nunca más fracasamos. No, el resultado es que el fracaso ya no es lo que nos define. Nuestro Dios y Salvador no define a Su pueblo por sus fracasos sino por su fe. Mira los fracasos de los santos en el Antiguo Testamento, sin embargo, mira como Dios los define en Hebreos 11. No es el salón del fracaso sino el salón de la fe. Él no recuerda sus tropezones, sino que celebra sus éxitos por su fe solo en Cristo. El fracaso sigue siendo parte de nuestra identidad, pero ya no es la mayor parte. Sigue siendo parte de nuestras vidas, pero ya no es crucial, no tiene la última palabra, y definitivamente no tiene la primera palabra tampoco. El fracaso no es lo que Dios ve a primera vista cuando mira a Su pueblo, y no debe ser lo primero que veamos nosotros al mirarnos a nosotros mismos o a otros cristianos. En Cristo somos justos. Esa es nuestra identidad primordial. Eso es lo que Dios ve primero, y, por lo tanto, eso es lo que nosotros debemos ver primero también.

El fracaso nos acerca al cielo

Sin importar cuantas veces confesamos nuestros fracasos, somos perdonados por nuestros fracasos, e intercambiamos nuestros fracasos por la justicia de Cristo. Mientras estemos en este mundo, fracasaremos; una y otra vez, fracasaremos. Esto nos mantiene humildes, nos mantiene dependientes y nos mantiene mirando hacia Cristo. Pero, sobre todo, nos mantiene con la mirada hacia el cielo, el lugar donde no habrá más fracasos. ¿Recordaremos nuestros fracasos allí? Si, pero sin dolor, solo como algo cubierto del perdón de Cristo, y solo para motivarnos a alabarle más:

Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con Su sangre, e hizo de nosotros un reino y sacerdotes para Su Dios y Padre, a Él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén. (Ap. 1:5-6)

Todos veremos nuestros fracasos desde una nueva perspectiva, no solo nuestros fracasos morales y espirituales, pero también las decepciones relacionales y vocacionales. Veremos la sabia providencia de Dios al permitir esa ruptura relacional, esa entrevista fatal, esa pérdida del trabajo y ese examen reprobado. Cuando Dios re-enmarca nuestros fracasos, poniéndoles el marco dorado de Su sabia soberanía, estos son transformados de feas casualidades abstractas a diseños bellamente elaborados.

¿Fracasaremos allá? No, nunca. No fracasaremos, ni tampoco lo hará nadie más. Las lágrimas de la decepción serán parte del torrente que serán enjugado de nuestros ojos (Ap. 21:4). El cielo será una gran y larga historia de éxito: éxito moral, éxito espiritual, éxito intelectual, éxito físico, éxito relacional, éxito vocacional y éxito eclesiástico.

Así que, sí, nuestros fracasos del presente deben llevarnos a Cristo, pero a la vez, nos deben hacer anhelar el cielo, para apresurar el día en que el dolor del fracaso y la tortura de la decepción desaparecerán para siempre.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

David P. Murray
David P. Murray
El Dr. David P. Murray es profesor de Antiguo Testamento y teología práctica en el Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Michigan, y pastor de Grand Rapids Reformed Church.

A29 – La ley del amor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A29 – La ley del amor

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ley-del-amor/

Carmen Espaillat: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: La gracia de Dios debe hacer que las personas salvas sean diferentes en su manera de pensar, en su manera de actuar, en su manera de hablar, en la manera de vestir, en la forma de comer, y en su forma de beber. Todo sobre nosotros debe estar informado y moldeado por la gracia de Dios.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

En las últimas semanas Nancy ha estado en una serie llamada El hermoso diseño para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 A través de esta serie hemos podido ver lo prácticas que realmente son las Escrituras, y hoy continuamos.

Nancy: Estamos ahora en una sesión de nuestro estudio de Tito 2 donde estaremos hablando de un tema que hasta los ángeles temen abordar. Este es un tema que nunca había enseñado pero debido a que las Escrituras lo enseñan, es importante que lo abordemos—es sobre el tema del uso y abuso del alcohol.

No se escucha mucho sobre este tema dentro del contexto de la iglesia. Pero está aquí mismo en nuestro pasaje de Tito capítulo 2, así que entiendo que es importante que nosotros lo estudiemos y que hablemos sobre esto.

Ahora bien, estoy consciente de que estoy hablando a grupos diferentes de personas que están escuchando esto. Algunas de las que me escuchan a través de la radio o del internet practican la abstinencia total. No beben para nada en lo absoluto.

Pero hay otras, conscientes o no, que tienen un problema con el alcohol. No lo controlan: el alcohol las controla a ellas.

Y luego hay un tercer grupo. Hay otras que disfrutan lo que muchas veces llamamos “la bebida social.” Y dicen, “Yo bebo sin peligro. Yo bebo de manera legal. Y bebo responsablemente. Yo no me emborracho. El alcohol no es un problema para mí.” Y en algunos casos esa debe ser realmente la situación.

Pero en días recientes he estado hablado bastante con alcohólicos en recuperación para darme cuenta de que hay muchas personas que están en grave peligro con respecto al alcohol, y que están diciendo, “No tengo problemas con esto”.

Pero he aprendido que hay algunos que realmente pueden beber, manejarlo y hacerlo sin peligro, legal y responsablemente.

Así que tenemos todo un espectro de personas con relación a este tema. Hay una gran gama de opciones sobre el mismo asunto. Así que queremos hablar sobre esto: “¿Está bien para los cristianos beber alcohol? ¿En qué debemos basar nuestra decisión y nuestro pensamiento con relación con a este tema?”

Sé que cualquier cosa que diga sobre este tema, siempre habrá algunas personas en este salón que no estén de acuerdo conmigo. De manera que voy a tratar de separar mi opinión y mi aplicación de lo que entiendo que dicen las Escrituras de lo que creo que claramente enseñan. Y quiero animarte a que hagas lo mismo.

Como dijimos en la última sesión, la Biblia no prohíbe de manera general el tomar bebidas alcohólicas. Y debemos ser muy cuidadosos de no imponerle a nadie reglas sobre este tema u otros temas; reglas que vayan más allá de las Escrituras.

Debemos ser cuidadosos de no juzgar la espiritualidad de otras personas o su relación con el Señor sobre la base de nuestra lista—cualquiera que esta sea. Y algunos de nosotros tenemos listas bastantes largas.

Y aún así yo diría lo siguiente: En un esfuerzo de evitar un espíritu legalista (uno que añade a la gracia de Dios y que hace que nuestra relación con Dios se torne más en lo que nosotros hacemos por Dios en vez de lo que Él ha hecho por nosotros) en esta y en muchas otras áreas hoy, muchos cristianos han caído en la otra —igualmente peligrosa— trampa de la permisividad.

Lo que dicen es, “Estamos viviendo bajo la gracia.” Ahora lo que no dicen —y que aparentemente es la implicación— es, “Por lo tanto, como estamos viviendo bajo la gracia, somos libres de hacer cualquier cosa que nuestra carne quiera hacer.”

Este no es el concepto bíblico de vivir bajo la gracia. Claro, la mayoría de la gente no lo diría de esa manera, pero esa la es forma en que hoy vemos a muchas personas vivir su vida cristiana.

Contrariamente a esto, si estuviésemos estudiando el libro completo de Tito, estaríamos empleando tiempo en este maravilloso pasaje que viene justo un párrafo o dos más adelante en Tito capítulo 2 comenzando en el versículo 11. Es dado después de todas estas instrucciones a las mujeres ancianas, a las mujeres más jóvenes, a los hombres ancianos, a los hombres más jóvenes, a los servidores y dice, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres”.

Por cierto, nada más que la gracia de Dios que te puede salvar —no hay nada que tú puedas hacer para ganarte la salvación de Dios. Es el regalo de la gracia de Dios.

Pero ¿qué hace la gracia de Dios por nosotros mientras nos trae salvación? Versículo 12:

[Nos enseña] que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús, quien se dio a Sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras (versículos 12-14).

¿Ves ahí el corazón de lo que la gracia hace en tu vida? La gracia no te hace querer vivir igual a como viviste antes de ser cristiano. En la medida de lo posible, te hace querer ser parecido a Cristo.

La gracia de Dios debe hacer a las personas salvas únicas en:

● La manera en la que pensamos.

● La manera en la que actuamos.

● La manera en la que hablamos.

● La manera como vestimos.

● La manera como comemos.

● La manera como bebemos.

Todo sobre nosotros debe ser informado y moldeado por la gracia de Dios para que todo sea para Su Gloria y todo para el avance de Su reino y de Su dominio y reinado en esta tierra.

Te quiero presentar cuatro preguntas que debes hacerte a la hora de determinar si eres libre para beber bajo el Señorío de Jesucristo —en cuanto si puedes o debes ingerir alcohol.

Número uno , y creo que debes hacerte esta pregunta. ¿Es dañino para tu cuerpo físico? Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. ¿Es dañino el alcohol?

Ahora tú no puedes investigar el tema del alcohol sin encontrarte con una gran cantidad de riesgos potenciales de salud. Déjame señalarte algunos de ellos.

● El alcohol es una toxina que daña el hígado.

● Aún pequeñas cantidades de alcohol pueden destruir las células del cerebro.

● En cuanto al uso del alcohol entre mujeres, se sabe desde hace años que tomar alcohol durante el embarazo puede causar defectos físicos y mentales de nacimiento. Ningún nivel de uso de alcohol durante el embarazo es considerado seguro para el bebé y aun tomar moderadamente aumenta el riesgo de aborto espontáneo.

● Unas semanas atrás salió a la luz un nuevo estudio donde se estudiaron 70,000 mujeres durante dos décadas aquí en los Estados Unidos. Y el titular era: “El alcohol aumenta el riesgo de cáncer del seno —independientemente del tipo de bebida.”1

● El uso del alcohol puede aumentar también el riesgo de desarrollar cáncer de colon, esófago, boca y garganta.2

Ahora siempre habrá alguien que te diga, “Bueno, ¿y qué hay de esos doctores que están diciendo que el vino tinto es bueno para tu corazón?”

El Dr. Ira Goldberg es un miembro de la Asociación Americana del Corazón. Es un profesor de medicina de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. Él dijo— y cito:

“Los mismos antioxidantes encontrados en el vino —y sin los riesgos relacionados con el alcohol— pueden ser encontrados también en el jugo de uva no fermentado.”

Así que la sugerencia de que el alcohol puede ser beneficioso para tu salud es —desde mi punto de vista— muy opacada por los muchos estudios que indican los riesgos potenciales de salud a través del consumo de alcohol.

Pero primero hazte la pregunta, “¿Puede ser esto dañino para mi cuerpo físico el cual es el lugar donde habita el Espíritu Santo? Yo debo usar mi cuerpo para glorificar a Dios”.

Número dos: ¿Te podría esclavizar el uso del alcohol? ¿Te podría convertir en una prisionera? Se nos dice en este pasaje de Tito 2 que las mujeres no deben ser “esclavas de mucho vino” (versículo 3). Esa palabra significa “ser atrapado y controlado o contra de la voluntad”.

Y es interesante para mí que muchas personas admitan estar usando el alcohol como una forma de escape, y sin embargo terminan esclavizadas en muchos casos. Estaban tratando de liberarse, pero en muchos casos encuentran que están prisioneras.

Y creo que a esto es que hace referencia Efesios capitulo 5 cuando habla del concepto de estar esclavizadas por el alcohol; el Apóstol Pablo dice, “Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución.” [Esa palabra simplemente significa indulgencia excesiva.] “Sino sed llenos del Espíritu” (versículo18).

Se compara estar borracho con vino con estar lleno del Espíritu. No puedes tener ambos al mismo tiempo. No puedes estar bajo el control de Dios y bajo el control de otra sustancia. No puedes servir a dos amos.

Así que Pablo dice en 1 Corintios capítulo 6, al citar lo que algunas personas estaban diciendo: “Todas las cosas me son lícitas.” Pero Pablo agrega, “Pero no todas son de provecho” (versículo 12).

Y algunos estaban diciendo, “Todas las cosas me son lícitas”. “Estoy bajo la gracia,” esa es la implicación aquí. Pero Pablo les dice, “No me dejaré dominar por ninguna. Puede que no esté prohibida, pero ¿acaso te puede esclavizar?” En el contexto de ese texto, él está hablando sobre la inmoralidad sexual y la borrachera, entre otras cosas.

Así que al considerar la bebida social, casual o moderada, también debes considerar el riesgo potencial de convertirte en borracha o adicta.

Lo que encuentro interesante es que al hablar con aquellos que han luchado con la adicción al alcohol o con el pecado de la borrachera, me han dicho, “El problema es que tú no sabes cuánto tu puedes manejar hasta que no has pasado ese punto. Ese es el peligro. Ese es el reto”.

Y digo esto con certeza. Cada caso de adicción o de abuso de alcohol comenzó con un primer trago. Nadie ha llegado a ser un alcohólico, ni se ha embriagado, ni se ha intoxicado, ni se ha vuelto adicto —o lo que sea— usa la palabra que más te guste si no se toma el primer trago.

Así que pregúntate, “¿Esto me esclaviza, o me podría llegar a esclavizar?” Y considera el potencial para la adicción y la borrachera.

Y aquí una tercera pregunta: ¿Es esto un ídolo en mi vida?

“¿Que quieres decir con eso?”, te preguntas. “Yo no le rindo culto al alcohol”.

¿Lo estás usando o lo pudieras estar usando como un sustituto, como un reemplazo para Dios? ¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿O estás tratando de escapar del dolor, la presión, los problemas, o las cosas que Dios quiere usar en nuestras vidas para atraernos hacia Él?

A veces escuchamos sobre personas que han sido llevadas hacia la bebida. ¿Qué los llevó a la bebida? Fue una discordia matrimonial o un problema en el trabajo o un asunto de salud. Ellos dicen, “Fuimos empujados hacia la bebida.”

Bueno esas cosas están supuestas a llevarnos al corazón de Dios, llevarnos a permitir que Él llene nuestras necesidades y consuele nuestros corazones y nos motive, nos consuele y nos de gracia.

¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿Estás buscando el alcohol o cualquier otra cosa en este planeta para proporcionarte alivio, para proporcionarte respuestas a los problemas de la vida tales como la ansiedad, la culpa, el aburrimiento, el rechazo o la soledad?

Si es así, puede ser que el alcohol o esa otra sustancia o esa otra cosa se hayan convertido en un dios falso en tu vida y pregúntate, “¿Es esto un ídolo en mi vida? ¿Es esto un sustituto? ¿Lo estoy usando para sustituir a Dios en mi vida?”

Número cuatro: ¿Pudiera ser que tú uso del alcohol —y pudieras aplicar esto a muchas otras prácticas o hábitos— cause daño espiritual a otras personas o los lleve a pecar? Cause daño a otras personas o los lleve a pecar.

Y aquí es donde el apóstol Pablo habla sobre la ley del amor en el Nuevo Testamento. La ley del amor a Cristo y a los demás debe coartar cualquier libertad que podamos tener. Si para ejercitar nuestra libertad tenemos que dejar de amar a los demás, entonces necesitamos estar deseando echar a un lado nuestra libertad de manera que podamos practicar la ley del amor.

Y quiero que veamos tres pasajes que se relacionan con este tema de ocasionar daño espiritual a otra persona. Vamos primero a 1ra a los Corintios capítulo 8.

En este pasaje de 1ª a los Corintios capítulo 10 —y en uno que está justo dos capítulos más adelante y que vamos a ver en unos instantes— el apóstol Pablo está tratando específicamente con la pregunta que surgió en la iglesia primitiva sobre si estaba bien comer carne que había sido ofrecida como un sacrificio a los ídolos. Esto no es algo que nos preocupa en el día de hoy; era un asunto del primer siglo.

Y Pablo dice en esencia, “Los ídolos no son dioses. Sabemos eso. Solamente Dios es Dios. Solamente hay un Dios, y lo que comemos no nos hace más o menos espirituales”. Sin embargo, él reconoce que debido al trasfondo de idolatría de algunas personas, si ellos comieran de esta carne sacrificada a los ídolos, eso podría causar que su consciencia fuese contaminada. Ese es el antecedente que Pablo ofrece.

Entonces él retoma en el versículo 9 de 1ra de Corintios capítulo 8. Y les dice, “Mas tened cuidado no sea que vuestra libertad,” [esa libertad que tienes de comer esta carne que ha sido ofrecida a los ídolos… El ídolo es insignificante; la carne está bien.]

Pero él dice, “Mas tened cuidado, no sea que esta vuestra libertad de alguna manera se convierta en piedra de tropiezo para el débil”.

¿Quiénes son los débiles? Aquellos cuyas consciencias serían afectadas si fueran a comer esta carne debido a sus antecedentes.

Y él dice en el versículo 10,

Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no será estimulada su conciencia, si él es débil, a comer lo sacrificado a los ídolos? Y por tu conocimiento [tú que te estás tomando esta libertad] se perderá el que es débil, el hermano por quien Cristo murió.

Jesús murió por esta persona. ¿Acaso no estarías dispuesto a limitar tu libertad dejando de comer esa carne?

Y así, al pecar contra los hermanos y herir su conciencia cuando ésta es débil, pecáis contra Cristo. Por consiguiente, si la comida hace que mi hermano tropiece [si le causa que su consciencia sea contaminada o si le hace pecar], no comeré carne jamás, para no hacer tropezar a mi hermano.

Pablo dice, “Estoy dispuesto a someter mi propio derecho y mi propia libertad a la más alta y grande ley del amor”.

Y vayan a 1ra a los Corintios capítulo 10, y verán un principio similar aquí. Aquí él está tratando con los mismos temas, el comer carne ofrecida a los ídolos. Y en el versículo 23 de 1ra a los Corintios capitulo 10 algunas personas están diciendo.

“Todo es lícito.” Pero [Pablo dice] no todo es de provecho.

“Todo es lícito,” algunas personas dirían. “Pero,” Pablo dice, “No todo edifica. Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo”.

Versículo 31:

Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis motivo de tropiezo ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios, así como yo también procuré agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (versículos 31-33).

Ahora bien, Pablo no está diciendo, “Porque tengo miedo de lo que otros pudieran pensar, no haré esto”. Él está dirigido por el amor por Cristo y amor del Evangelio y por el deseo de no causar el tropiezo o el pecado de nadie.

Así que él dice, “No solamente me considero a mí mismo. Considero a otros.” Mientras decides si Dios te da o no te da la libertad de beber con sobriedad, moderadamente, responsablemente, y legalmente, necesitas preguntarte, “¿Pudiera yo en el proceso estar causando que alguna otra persona peque o tropiece en su caminar?”

Vamos a Romanos capítulo 14 y otro pasaje que está dirigido a este tipo de pregunta. Romanos capítulo 14: el contexto aquí es que Pablo está lidiando con temas que no están claramente especificados o abordados en la Escritura. Algunos creyentes sienten que tienen libertad en esta área. Otros dicen, “No puedo hacer eso con una buena consciencia”.

¿Cómo tratamos con estos temas? ¿Y cómo mantenemos la unidad en el Cuerpo de Cristo?

Bueno, Pablo dice en Romanos capítulo 14, “Hay dos principios básicos que necesitamos observar. Y ambos son aplicaciones de la ley del amor—amar a otros más de lo que nos amamos a nosotros mismos y más de lo que amamos nuestra propia libertad”.

Y en los versículos 1-12 él nos da el primer principio el cual es: No rechaces a otros que no estén de acuerdo contigo y no pases juicio sobre ellos.

Versículo 2:

Uno tiene fe que puede comer de todo, pero el que es débil sólo come legumbres. El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. (Versículos 1-4).

Versículo 10:

Pero tú ¿Por qué juzgas a tu hermano? O también, tú ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios. . . Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros. (Versículos 10 y 13).

De manera que el primer principio, la ley del amor, es no pases juicio sobre otros con relación a cosas que no están específicamente escritas en las Escrituras. Ahora bien, en las Escrituras si aparece escrito que la borrachera es pecado. No dice que el consumo de alcohol es pecado bajo toda circunstancia.

Al prepararme y estudiar para esta serie, una de las cosas con la que Dios me ha confrontado es que he pasado juicio sobre otros creyentes que sienten una libertad en esta área donde yo no la siento personalmente. Y ese es el primer principio.

El segundo principio lo encuentras en los versículos 13-23.

[Más bien, no] ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano.

Versículo 14,

Yo sé y estoy convencido en el Señor Jesús que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es. Porque si por causa de la comida [o por implicación; lo que tú bebes] tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida o con tu bebida a aquel por quien Cristo murió.

Versículo 19,

Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comer. Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tú hermano tropiece.

Así que Pablo está diciendo, “Mira tú puedes ser capaz de manejar el alcohol.” O puedes aplicar esto a otros temas también. “Puede que no te emborraches. Pero ¿pudiera ser que el ejercicio de esa libertad lleve a otro creyente a pecar? ¿Pudiera ser piedra de tropiezo para otros?”

Y yo siento esto en muchas áreas de mi vida donde me doy cuenta que las personas están observando mi vida. Están examinando no solamente lo que yo digo en mis libros o por la radio, sino que están observando las elecciones que yo hago.

Así que hay algunas áreas donde yo he elegido voluntariamente limitar mi libertad porque no quisiera que otros creyentes más jóvenes o más débiles, menos maduros que no han pensado sobre algunos de estos asuntos… No quisiera que siguieran mi ejemplo y que quizás lo lleven a un extremo pecaminoso… me sentiría muy triste al pensar que yo les he llevado con mi ejemplo hacia ese pecado, aunque para mí el haber hecho ciertas cosas no haya sido un pecado.

Así que tengo que elegir limitar mis libertades. Tú dices, “Bueno, yo estoy ciertamente muy contenta que no tengo un ministerio nacional como Aviva Nuestros Corazones. No me tengo que preocupar sobre esto”.

Tú tienes un ministerio. La gente mira tu vida como un ejemplo. Y te voy a mencionar algo clave que debes preguntarte si tienes hijos, “¿Cómo puede mi consumo de alcohol influenciar las vidas de mis hijos?”

Se ha hecho la correcta observación de que lo que los padres toleran con moderación, muchas veces sus hijos terminan excusándolo en exceso. Al pensar sobre las estadísticas de la bebida y la ebriedad entre los adolescentes, pienso que la generación adulta debe tomar algunas responsabilidades que son enormes por nuestras vidas, para servir como ejemplos.

De nuevo te digo, no te estoy diciendo lo que Dios tiene para ti. Pero solamente te quiero decir, “Piensa sobre estas cosas. Considéralas”.

La Biblia no requiere abstinencia total. Pero yo estoy persuadida personalmente —y esto es entre el Señor y yo— que la elección mejor y la más sabia es no beber en lo absoluto particularmente en nuestra cultura y en nuestra época donde el alcohol está trayendo consigo tanta destrucción y un daño tan generalizado.

Ahora, si piensas sobre esto, y oras al respecto, y vas donde el Señor, lo buscas a Él y tú crees que Dios te da la libertad de beber dentro de los límites bíblicos, entonces no voy a pasar juicio sobre ti porque las Escrituras dicen que no debo. Debo vivir dentro de los límites de la ley del amor hacia ti y así lo haré.

Pero quiero retarte a que no solamente sigas la cultura, no simplemente hagas lo que resulta más cómodo para ti, no hagas simplemente lo que se hace en tu sociedad o entre tus amigos, en tu grupo o tu familia, sino que consideres la razón por la que harías cualquier elección y que te preguntes: “¿Es lo mejor? ¿Es sabio? ¿Será acaso que el camino más excelente, el camino de la ley del amor, será el tomar la decisión de no beber en lo absoluto?”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss te ha estado desafiando: ¿Cuál es la elección más útil que puedes hacer cuando se refiere al alcohol tanto para ti como para las generaciones venideras?

La enseñanza práctica de Nancy del día de hoy fluyó de nuestro estudio sobre Tito 2. En Tito 2 Pablo le dice a las mujeres mayores que enseñen a las mujeres más jóvenes. Hoy Nancy presentó un fundamento bíblico para pensar sobre el alcohol. En el próximo programa escucharás de tres mujeres que han tenido que lidiar con esta pregunta en formas prácticas. Escucha sus conmovedoras historias de esclavitud y libertad en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Fe y obras

Miércoles 5 Agosto
Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Fe y obras

¿Cuál es la relación entre la fe y las obras?

Esta pregunta estuvo en el corazón de la Reforma del siglo dieciséis. Pero ya a principios del cristianismo, el apóstol Pablo tuvo que resistir a los que querían añadir a la fe la obligación de seguir la ley de Moisés, si se quería ser aceptado por Dios.

Fácilmente nos inclinamos a pensar que, para merecer el favor de Dios, debemos cumplir alguna obra. Unos hacen peregrinajes, otros hacen oraciones, otros se dedican a realizar buenas obras… Pero la Biblia nos enseña claramente que nada de esto nos hace justos ante Dios, porque “el hombre no es justificado por las obras de la ley” (Gálatas 2:16). Tampoco es correcto pensar que debemos agregar las obras a la fe para ser salvos. Esto sería confiar en parte en la gracia de Dios y en parte en sus propias obras. Pero “el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

A la inversa, es falso oponer la fe a las obras. En efecto, la fe produce buenas obras, como un árbol frutal produce su fruto. “La fe sin obras es muerta” (Santiago 2:20).

El Evangelio puede describirse así: la fe recibe de Dios una salvación perfecta, y ella produce las obras. Los que creen en el Evangelio no solo son salvos de sus pecados, sino que también son transformados por la gracia de Dios. Luego, porque son salvos, son invitados a agradar, por medio de sus obras, a Aquel que dio su vida por ellos.