Poner a prueba la Biblia

Jueves 21 Enero

(Jesús dijo :) El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. Juan 7 : 17

Poner a prueba la Biblia

Testimonio

“Durante toda mi vida nunca he encontrado una sola persona que conozca”realmente“la Biblia y que la rechace. En realidad, muchos se niegan a ponerla honestamente a prueba dejándose interpelar por ella.

La Biblia es totalmente diferente a cualquier otro libro humano, porque”es inspirada por Dios“(2 Timoteo 3 : 16). Ella es la Palabra de Dios. Como cristiano encuentro en ella, día tras día, mi alimento espiritual. Al igual que muchos creyentes, descubro la transformación que produce en mi propia vida : aprendo a conocer la justicia de Dios, mis malas inclinaciones son corregidas y mis afectos purificados. Los que no leen la Palabra de Dios no pueden experimentar nada de su acción real en la mente humana.

Una de las mayores razones que tengo para creer en la Biblia es que me presenta, como ningún otro libro puede hacerlo, un diagnóstico preciso sobre mi condición espiritual. Ella me muestra claramente lo que yo era : un hombre perdido en el pecado y extraño a la vida de Dios. Desde Génesis hasta Apocalipsis encuentro una revelación armoniosa de los caracteres de Dios, muy alejada de todo lo que el hombre puede imaginar. La Palabra de Dios también nos revela la ternura y la proximidad de Dios en Cristo, las cuales llenan el corazón del creyente. La Biblia me muestra que el Dios infinito, el Creador del mundo, envió a su Hijo Jesucristo, quien tomó nuestra condición humana. En su amor infinito, se hizo semejante a nosotros en todas las cosas a excepción del pecado. Así pudo rescatarnos muriendo en la cruz”.Howard

1 Samuel 17 : 1-30 – Mateo 13 : 44-14 : 12 – Salmo 14 – Proverbios 4 : 7-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Soldados de Jesucristo

Enero 20/2021

Solid Joys en Español

La batalla de recordar

John Piper

John Piper

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El bien y la misericordia – Ene 12

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 12 El bien y la misericordia

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-bien-y-la-misericordia/

Annamarie Sauter: El Salmo 23 nos habla de la gran esperanza que tenemos.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Sea lo que sea que estés viviendo hoy, lo que enfrentes mañana, lo que enfrentarás la próxima semana, ese no es el capítulo final. No es el final de la historia. Estaremos por siempre y para siempre en casa con el Señor. Esa es la esperanza que nos mantiene. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «El Señor es mi Pastor». Hemos estado profundizando en un pasaje muy familiar, pero que es mucho más profundo de lo que nos damos cuenta.

Nancy: Creo que algunas veces la forma como usamos el Salmo 23 es un tanto cursi, yo diría…sentimental, porque en ocasiones no nos damos cuenta de qué tan rico y qué tan práctico es para áreas esenciales de nuestras vidas. 

Es un salmo que nos lleva en una progresión de toda nuestra vida cristiana, y trata en solo seis versículos, literalmente con cada situación, cada estación y cada circunstancia que pudiéramos enfrentar desde ahora hasta que lleguemos al cielo. Déjame leerte el pasaje y entonces analizaremos el versículo 6. 

«El Señor es mi pastor, nada me faltará.

En lugares de verdes pastos me hace descansar;

Junto a aguas de reposo me conduce.

Él restaura mi alma;

Me guía por senderos de justicia por amor de Su nombre.

Aunque pase por el valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo;

Tu vara y Tu cayado me infunden aliento.

Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;

Has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando».

Y después viene el versículo 6:

«Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días».

Vemos que hay una progresión aquí; vamos de lugares de descanso, de frescura y relajación, a la restauración; cuando Su pueblo se extravía, el Señor lo dirige, dirige a Sus ovejas por sendas de justicia, correctas. 

Después, algunas veces los hace atravesar y los lleva por esos lugares muy duros, por valles de profunda oscuridad, y aún ahí Su presencia está presente —en medio de esas experiencias. Y también el Señor está con Su pueblo en presencia de sus enemigos. 

¿Hay algún momento en toda esta progresión donde el Señor no está presente? ¿Hay algún momento cuando no está trabajando? ¿Hay algún momento cuando Él no está activo a favor de Su pueblo?

La respuesta a estas preguntas me hace pensar que más vale que te asegures de ser una de Sus ovejas, porque si lo eres, nunca vas a tener que vivir un momento de la vida tú sola.

Podrías preguntar, «bueno, y ¿qué de mi futuro? ¿Y si esto o aquello pasa? ¿Qué tal si mi vida se cae a pedazos? ¿O si pierdo mi trabajo? ¿O si mi esposo pierde su trabajo? ¿O si nunca me caso? ¿O si no tengo hijos? ¿O si pierdo este hijo? ¿O si quedamos en bancarrota? Y tantas otras cosas en las que podemos pensar.

Pero ¿sabes qué? Algunas de estas cosas tal vez pasen. Algunas de esas cosas van a pasar, pero Dios todavía está ahí. Él está presente. Él está vivo. Él está activo. Él está trabajando en los corazones y en las vidas y a favor de Su pueblo. 

El versículo 6 nos dice lo que podemos anticipar. Sí, podemos anticipar problemas desde aquí hasta el cielo y algunos de ellos muy serios. No pretendo minimizarlos, pero lo que estoy diciendo es que hay una realidad mucho mayor que cualquier problema que puedas enfrentar desde ahora y hasta que llegues a la presencia del Señor. 

¿Cuál es la promesa? «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». No importa lo demás que pase, una cosa es segura. De hecho, algunas de sus traducciones tienen una nota al margen que dice: «Solo el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida».

Hay confianza, hay certeza. No hay duda. No hay inseguridad. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». 

Y ves esto en contraste con la maldad de la que leímos anteriormente en este salmo. «No temeré mal alguno». Hay maldad en este mundo, pero no temo porque la bondad de Dios, que vence a la maldad, me sigue todos los días de mi vida. 

La bondad y la misericordia son como un par de guardaespaldas, siempre cuidándome, siempre siguiéndome, siempre cerca, la bondad de Dios presente a pesar de la presencia de la maldad. 

También vemos la bondad de Dios en contraste con los enemigos. «Preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos». Aquí está Dios. Hay enemigos persiguiéndonos para dañarnos y para destruirnos, pero también está la bondad de Dios y Su misericordia persiguiéndonos a lo largo de todo el camino. 

Estuve buscando anoche en la Biblia de estudio de John MacArthur. Él dice que la bondad de Dios aparece en la Escritura como grande, rica, abundante, satisfactoria, perseverante y universal. Eso es lo que significa que la bondad me siga todos los días de mi vida. 

Debido a que Su bondad y Su misericordia me persiguen, mi pasado está cubierto. Su misericordia… es decir, el amor de Dios inagotable, Su amor firme. Su misericordia que perdona todas mis iniquidades y las pone detrás de mí, y no las recuerda nunca más, ¡aleluya!

La bondad y la misericordia de Dios cubren mi pasado. Quiere decir que mi presente está seguro, estoy siendo cuidada, Su bondad y Su misericordia me persiguen. 

Esto significa que mi futuro está asegurado. Siempre voy a estar cuidada por la bondad y la misericordia de Dios. No necesito preocuparme o estar asustada, o quedarme sin dormir en las noches, o estar obsesionada con el futuro. No vayas por ahí, por ese camino. No nos enfoquemos en esas cosas porque lo único que sabes a ciencia cierta acerca de tu futuro es que la bondad y la misericordia de Dios te van a seguir todos los días de tu vida.

No busques problemas. No sabes qué va a pasar. Lo que sí sabes es que el bien y la misericordia de Dios te van a seguir todos los días de tu vida. 

Esa palabra seguir se podría traducir mejor como perseguir. Su bondad y Su misericordia me van a perseguir todos los días de mi vida. 

Así que David está diciendo, como rey y pastor aquí, que el amor de pacto de Dios ha estado con él cuando todo iba bien, cuando estaba en verdes pastos y junto a aguas de reposo. El amor de Dios que guarda el pacto y Su bondad estuvieron conmigo cuando caminé por el valle de profunda oscuridad. Así que estoy seguro, por experiencia, que puedo ver hacia el futuro y saber que Su amor infalible me va a seguir todos los días de mi vida.

Dios es bueno cuando nosotras no lo somos. Dios es misericordioso cuando nosotras hemos pecado. Sabemos que todos los días de nuestras vidas no vamos a ser buenas, no vamos a ser siempre fieles. Pero Dios siempre es bueno. Él siempre es y va a ser fiel. 

Y esa bondad de Dios, de acuerdo con Romanos 2, debe llevarnos al arrepentimiento –no solo inicialmente en el punto de la conversión, sino a través de nuestras vidas– debe llevarnos al arrepentimiento continuamente. 

Pecamos y luego decimos, «Dios, has sido tan bueno conmigo. Has hecho provisión para mi pecado. Has cubierto mi pecado con Tu misericordia y con la sangre de Cristo Jesús. Oh, Dios, ¿cómo puedo pecar otra vez contra ti? Ya no quiero pecar contra ti. Me arrepiento. Le doy la espalda al pecado. Lo dejo totalmente. El bien y la misericordia que nos persiguen nos llevan al arrepentimiento. 

En una ocasión, en una de nuestras conferenciasy como es el caso frecuentemente, varios de nuestro equipo y varios del comité local que estaban siendo anfitriones de la conferencia nos reunimos la noche anterior para un tiempo de oración para buscar al Señor y pedirle su bendición sobre el evento. 

En momentos de ese tiempo oramos todos juntos; pero después, 30 o 40 de nosotros nos reunimos en el auditorio, nos repartimos en diferentes lugares del auditorio y oramos cada uno, ahí en diferentes partes del auditorio donde cientos de miles de mujeres iban a venir la siguiente noche a la conferencia. Usamos ese tiempo para buscar al Señor, esperar en Él, y escucharlo para preparar aún mi propio corazón. 

Recuerdo un punto en particular, estando arriba en la plataforma donde iba a estar hablando… estaba orando y había estado meditando en este pasaje del Salmo 23. 

Y venía a mi mente, una y otra y otra vez y meditaba en esta frase del versículo 6: «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». Y mientras estaba ahí parada en la plataforma, orando, empecé a pensar sobre cómo la bondad y la misericordia de Dios, efectivamente, me han perseguido todos los días de mi vida. 

Venían cosas a mi mente de cómo Dios había derramado Su bondad; cómo me ha llenado de bendiciones. Las tantas circunstancias que ha traído a mi vida que de ninguna manera podría yo tomar el crédito –una familia piadosa, las formas en las que me atrajo a la fe siendo una niña, tantos aspectos de las bondades de Dios en mi vida, oportunidades de ministerio y de servicio que me ha dado. 

Después empecé a pensar en algunos de mis fracasos. Momentos en que no he sido una buena oveja, cuando mi Pastor ha buscado mi corazón sin cesar y me ha traído a ese punto de arrepentimiento. Él me encontró cuando estaba descarriada, me trajo de regreso cuando yo sola no hubiera podido regresar, me rescató de mí misma y de toda clase de peligros y enemigos, me dio arrepentimiento y cubrió mi pecado con Su misericordia. 

Todas estas cosas venían a mi mente, las bondades y las misericordias de Dios, y permanecí parada en esa plataforma y simplemente empecé a llorar y a decir, «Señor, eres tan bueno. Gracias». No es que toda mi vida haya sido fácil. No hay forma de vivir todos estos años y que así sea. 

Hay cosas que son duras. Hay valles de profunda oscuridad. Pero incluso en esos valles, cuando miro hacia atrás, veo que Él ha estado conmigo. Su bondad y Su misericordia me han perseguido. Siempre me han perseguido, siempre, siempre. 

Con un corazón lleno de gratitud, dije, «gracias, Señor». Y en ese momento Dios aumentó mi fe. No solo ha sido cierto en años anteriores, sino que también será cierto todos los días de mi vida. El bien y la misericordia siempre van a estar en mi camino, siempre me van a perseguir. 

¿Saben otra cosa que pienso que también significa? No solo tenemos esa gran promesa, ese gran aliento –no importa donde estemos, no importa a donde vayamos, no importa lo que esté pasando alrededor de nosotras, no importa la clase de enemigos que estén alrededor, Su gracia y Su misericordia siempre van a estar en nuestro camino, persiguiéndonos– pero creo que también quiere decir que como resultado, a donde quiera que vayamos en el transcurso de nuestras vidas, podemos dejar un rastro de la bondad y la misericordia de Dios para aquellos que vienen detrás. 

Él nos persigue con Su bondad y Su misericordia. Ellas me seguirán todos los días de mi vida. Y mientras camino, detrás de mí queda un rastro de la bondad y la misericordia de Dios que bendice a otros. 

Es la fragancia de la que habla Pablo en el Nuevo Testamento, la fragancia de Cristo. Otras personas nos ven y ven lo que hemos pasado o lo que estamos pasando. Ven cómo respondemos y cómo confiamos en el Pastor. 

Ellos ven cómo la bondad y la misericordia están trabajando en nuestras vidas al compartir nuestro testimonio, el mensaje que proclamamos con nuestra vida, «esto es lo que Dios ha hecho por mí. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida».

Ahora, espero que esto no suene como un tipo de fe tipo utópica. Espero que hayas visto que en este salmo está la realidad de la muerte, de la oscuridad, de la maldad y los enemigos. Él no nos promete (de este lado de la eternidad) una vida libre de estos. Pero nos promete un camino a través de ellos y abundancia en medio de ellos. 

Nunca fue la intención de Dios que camináramos por esta vida cristiana aferrándonos a la vida, enterradas bajo las circunstancias, miserables, agotadas, fatigadas, derrotadas, abrumadas, en temor. Aunque tristemente esta es la manera en que muchos cristianos viven. 

El enemigo tal vez sea tu pasado. Tal vez seas tú misma. Tal vez sean hábitos pecaminosos. Tal vez sean otras personas. Tal vez sean tus circunstancias. 

Esas cosas existen. Pero ¿has visto en este salmo que podemos vivir en un lugar de abundancia incluso en medio de las presiones y de los problemas?

Entonces llegamos a la última frase del Salmo 23: «y en la casa del SEÑOR moraré por largos días». Estar en la casa del Señor por siempre es estar en la presencia del Señor, estar donde Él habita, estar donde Él está, estar en Su casa. 

¿No es eso lo que el salmista David vivió y anheló? Leemos en el Salmo 27: «Una cosa he pedido al SEÑOR, y esa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en Su templo» (v. 4).

David decía, «durante toda mi vida, ahora y por la eternidad, mi deseo, único y supremo, es estar en la presencia de Dios».

Tengo un amigo que es viudo con cuatro hijos. Cuando le dije que iba a grabar esta serie sobre el Salmo 23 me dijo, «me encanta esa última frase: en la casa del Señor moraré por largos días».

Y mientras reflexionaba sobre el sufrimiento que había experimentado junto con su familia, él dijo, «si no fuera por la eternidad, todo esto sería una broma muy cruel. Tiene que haber más que esto».

Y él me dijo: «La teología del sufrimiento es cruel si no existe el cielo».

Y no es cruel, porque sí hay un cielo, y es eterno.

Ves, esos enemigos de los que hemos hablado en este salmo son sumamente reales de este lado de la eternidad –maldad, muerte, oscuridad. Pero el cielo es la más grandiosa y definitiva realidad. Así que, sea lo que sea que estés viviendo hoy, lo que enfrentarás mañana, lo que enfrentarás la próxima semana, ese no es el capítulo final. No es el final de la historia.

Este versículo habla de tu esperanza eterna más allá del hoy, más allá del mañana, más allá de la próxima semana. Estaremos por siempre y para siempre en casa con el Señor. Esa es la esperanza que nos mantiene. Es lo que nos da valentía para enfrentar la crueldad aquí y ahora mientras pensamos en lo dulce que está por venir, lo que está delante de nosotros. 

Si tomas un himnario y revisas algunos de los himnos que se escribieron en los últimos dos siglos, es increíble como muchos de ellos hablan en su último verso acerca de la eternidad, acerca del por siempre, acerca del cielo, acerca de nuestra esperanza eterna. 

Esto es lo que hace nuestra vida soportable. Esta estancia corta y miserable aquí en la tierra nos está preparando para algo mucho más maravilloso de lo que podemos comprender. 

Pienso en himnos como Redimido por Cristo. El último verso dice:

Lo sé, lo sé, comprado con sangre yo soy,

lo sé, lo sé, con Cristo al cielo voy.

¿Conoces el himno, Cuán grande amor? El último verso dice:

Cuando al final con los santos Su gloria contemplare,
Con gratitud y con cánticos por siempre le alabaré

Y también ese himno ¡Oh qué Salvador es mi Cristo Jesús! La última estrofa dice:

Y cuando en las nubes descienda Jesús,
Glorioso al mundo a reinar,
Su gran salvación y perfecto amor,
Por siempre yo he de gozar. 

Oh Cristo te adoro, ¿qué dice el último verso? 

Después en mansiones de luz celestial,
De gozo inefable de gloria eternal.

Y luego, uno de mis favoritos: ¡Levantado fue Jesús! Camina a través del sufrimiento, la muerte sacrificial del Señor Jesús por nosotros. Y luego viene el último verso:

El rescate a Dios pagó.
Consumado es, declaró.
Dios por eso me aceptó.
¡Aleluya! ¡Gloria a Cristo!

Diremos, ¡aleluya, qué Pastor! Y diremos, «Jesús dirígeme todo el camino». Lo que realmente estamos viendo en este último versículo del Salmo 23 es el futuro, la culminación del salmo, eso que no vemos todavía por vista, pero que vemos por fe. 

Me viene a la mente un pasaje del último libro de la Biblia, Apocalipsis 7. Escucha mientras leo varios versículos: 

«Y uno de los ancianos habló (a Juan), diciéndome: “Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?”

Y yo le respondí: “Señor mío, tú lo sabes”. 

Y él me dijo: “Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”».

Cristo fue el Cordero de Dios sacrificado por nosotras.

«Por eso están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, ni el sol los abatirá, ni calor alguno, pues el Cordero en medio del trono los pastoreará y los guiará a manantiales de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojosY en la casa del SEÑOR moraré por largos días» (7:13-17).

Annamarie:Hoy hemos llegado a la conclusión de nuestro estudio del Salmo 23 en la serie titulada, «El Señor es mi Pastor». ¿Te ha paralizado el temor en medio de las circunstancias presentes o vives con una visión bíblica del futuro? Reflexionar acerca de ese «por siempre» del último versículo del Salmo 23 cambiará la forma en que vives hoy. 

En la Palabra de Dios encontramos instrucción para cada área de nuestras vidas. En nuestra próxima serie estaremos abordando un tema del que no se habla a menudo en círculos cristianos, y es el de la intimidad en el matrimonio. Asegúrate de acompañarnos para una conversación honesta y bíblica entre Nancy DeMoss Wolgemuth, Linda Dillow y Holly Elliff. Esto será mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 42 al 44.

1 Marty Goetz. Salmo 23. El Amor de Dios. Copyright Marty Goetz, 2000-2004

Ciudad de Dios, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Las crisis (2) : El encuentro

Miércoles 20 Enero

Cayendo en tierra, oyó una voz que le decía : Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues ? Él dijo : ¿Quién eres, Señor ? Y le dijo : Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Hechos 9 : 4-5

Las crisis (2) : El encuentro

– El ejemplo (Hechos 9 : 1-22) : Saulo (el futuro apóstol Pablo) era un adversario implacable de los cristianos. Era, como lo diría más tarde, un “blasfemo, perseguidor e injuriador”, el “primero” de los pecadores (1 Timoteo 1 : 1315). Un día iba a Damasco, Siria, para arrestar a los cristianos. Pero en el camino, en pleno mediodía, repentinamente un resplandor de luz del cielo lo dejó ciego. Cayó al suelo y se dio cuenta de que Aquel que lo interpelaba desde lo alto era Jesús… ¡a quien él perseguía atacando a sus discípulos !

– La lección : ¡La conversión de Saulo es excepcional, impresionante ! Pero es un ejemplo de la de todos los creyentes : “Fui recibido a misericordia” (1 Timoteo 1 : 16). ¿He tenido yo mismo este encuentro con el Señor ? Quizá no haya sido tan espectacular ; sin embargo, si soy un verdadero creyente, un día tuve que inclinarme ante Jesucristo vivo, y escucharlo hablarme personalmente.

A menudo este encuentro decisivo se produce leyendo la Biblia, escuchando un mensaje bíblico, hablando con un creyente… Entonces comprendo y creo : ¡Jesucristo vive ! Ya no es aquel que contemplaron muerto en la cruz ; es el Señor en el cielo, aquel que tiene toda la autoridad. También es el autor de la fe, en el cielo, pero unido a cada uno de los creyentes en la tierra.

Desde el momento de su encuentro con el Señor, Saulo le habló. Yo también, si creí, puedo hablarle, orar y decirle : “¡Señor Jesús !”.(continuará el próximo miércoles)

1 Samuel 16 – Mateo 13 : 24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4 : 1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Glorioso Intercambio

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Sermones IBSJ

Glorioso Intercambio | 2 Corintios 5:21

Ps. Salvador Gómez Dickson

Marcos Peña fue llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos.

Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

www.ibsj.org

Cómo servir a un jefe malo

Soldados de Jesucristo

Enero 19/2021

Solid Joys en Español

Cómo servir a un jefe malo

John Piper

John Piper

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La Autoestima, ¿Necesidad psicológica? – 76

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

76 – La Autoestima, ¿Necesidad psicológica?

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org

Gratitud verdadera

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Gratitud verdadera

David P. Murray

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Ha sido un año difícil. Una amiga fue víctima de un abuso sexual serio. El padre de mi esposa, quien tiene noventa años y vive del otro lado del Atlántico, está en un hospicio mientras muere lentamente de cáncer. Hace unos meses, pensé que había matado a mi padre de ochenta años cuando accidentalmente pasé por encima de su pierna con mi carro en la entrada de mi casa. Tres hombres que conocía cometieron suicidio. Y he tenido que lidiar con una cantidad inusual de estrés y de decepciones menores. 

Después de todo esto, Tabletalk me pidió que escribiera sobre “[dar] gracias en todo” (1 Tes 5:18). El Señor sabía que necesitaba esta amonestación, y ahora debo tratar de entender qué significa eso en realidad y cómo se hace. 

Gratitud falsa

Sé que este pasaje no significa que Dios quiere que demos gracias por todas las circunstancias. Recuerdo que un predicador una vez dijo que ese era el significado de 1 Tesalonicenses 5:18, poco después de que un miembro de la congregación perdiera a un hijo debido a un cáncer. Internamente, y por poco de manera audible, grité: “¡No!”. Dios no nos obliga a agradecerle por tales males. Eso es poner una carga demasiado pesada sobre las conciencias de las personas. Suena muy espiritual, pero no es bíblico ni realista. 

Jesucristo sufrió la peor de todas las circunstancias para que yo pudiera disfrutar de las mejores circunstancias por siempre. 

También sé que Dios no nos está mandando a agradecerle por todas las cosas buenas y a simplemente ignorar todas las malas. Escuchamos a los “predicadores de la prosperidad” diciendo cosas como: “Solo enfócate en lo positivo; no pienses en lo negativo”. Pero los Salmos nos dan múltiples ejemplos de creyentes lamentándose en su adoración a Dios. Incluso Jesús se lamentó por Sus sufrimientos y lloró por las miserias de otros (Lc 19:41-4422:41-42Jn 11:35). Negar o ignorar el dolor no es bíblico ni realista. 

Tampoco significa que debemos dar gracias a pesar de nuestras circunstancias. Apretar los dientes y decir unas palabras de agradecimiento a la fuerza sin importar lo que estemos pensando o sintiendo no es nada más que un estoicismo clásico disfrazado de cristianismo. Es una espiritualidad robótica que no tiene sentido ni valor, pues carece de una base racional.

Gratitud verdadera

Así que si no se trata de dar gracias por todas las circunstancias, ni de dar gracias ignorando las circunstancias, ni de dar gracias a pesar de las circunstancias, entonces ¿qué significa 1 Tesalonicenses 5:18? La clave se encuentra en la palabra “en”. Cualquiera que sea la circunstancia en la que nos encontremos, debemos de encontrar algo por lo cual podemos dar gracias. Esto nos permite lamentarnos por el pecado y el sufrimiento, pero al mismo tiempo nos llama a buscar razones para agradecer a Dios. Permíteme darte algunos ejemplos de cómo he intentado practicar el agradecimiento basado en la verdad aun en medio de tiempos difíciles. 

Mientras me lamento por el abuso traumático que experimentó mi amiga, le doy gracias a Dios por la fuerza que Él le ha dado para procurar la justicia y a la vez usar su experiencia para ayudar a otras personas que también están sufriendo. Le doy gracias a Dios por las personas y las organizaciones que Él ha bendecido con la capacidad para ayudar a estas víctimas a recuperarse. 

Mientras me aflijo por la pierna rota de mi padre, le doy gracias a Dios porque la gravedad de ese accidente no fue mayor a pesar de lo horrible que fue la escena durante esos primeros segundos, y porque ya está caminando de nuevo sin dolor. Ahora más que nunca le doy gracias a Dios por mi papá, en especial por lo compasivo y perdonador que fue conmigo aun mientras yacía herido en el suelo. 

Lamento el cáncer terminal de mi suegro, pero le doy gracias a Dios por los cuidados de hospicio, por los analgésicos y por el fiel testimonio cristiano que ha mantenido por más de 60 años. 

Al llorar por los tres suicidios, le doy gracias a Dios por cada día de salud mental y por la esperanza del Evangelio, la cual nos sustenta en medio de las pruebas. Le doy gracias a Dios por cada vida que ha sido salvada y porque, aunque los cristianos también padecen enfermedades mentales, podemos aferrarnos a la esperanza eterna de gozo y paz en el cielo. 

Como cristiano, puedo darle gracias a Dios porque cada circunstancia puede y debería ser peor, porque cada circunstancia es para mi bien, y porque cada circunstancia mejorará cuando finalmente estemos en gloria. Por lo tanto, le doy gracias a Dios por Jesucristo, quien sufrió la peor de todas las circunstancias para que yo pudiera disfrutar de las mejores circunstancias por siempre. 

Una batalla por la gratitud

No estoy diciendo que ya soy experto en la gratitud. Sigo luchando para ser más agradecido. Pero la lucha vale la pena. La ciencia ha demostrado que la gratitud ayuda a reducir el estrés, la ira, la envidia, la avaricia y la ansiedad, a la vez que mejora nuestras relaciones, nuestra energía, nuestro sueño y nuestra salud en general. Dios nos llama a ser agradecidos no solo porque eso le da gloria, sino también porque es bueno para nosotros.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David P. Murray
David P. Murray

El Dr. David P. Murray es profesor de Antiguo Testamento y teología práctica en el Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Michigan, y pastor de Grand Rapids Reformed Church.

Unges mi cabeza con aceite – Ene 11

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 11 – Unges mi cabeza con aceite

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/unges-mi-cabeza-con-aceite/

Annamarie Sauter:¿Te sientes abrumada por las circunstancias que te rodean?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Independientemente de cuáles sean tus problemas, la verdad es que siempre vas a tener más bendiciones que problemas. 

Annamarie:Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En los últimos programas hemos estado profundizando en el Salmo 23, si te has perdido alguno de estos encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también encontrarás el devocional relacionado a la lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365, que es Génesis capítulos 39 al 41.

En un mundo de disturbios y situaciones e informaciones que nos llevan al temor, tenemos la oportunidad de encontrar paz y protección en Dios. Hoy Nancy nos hablará más sobre esto como parte de la serie titulada, «El Señor es mi Pastor»

Nancy: Bueno, espero que nunca vuelvas a ver el Salmo 23 de la misma manera. Y espero también que haya cobrado más vida y un significado aún más profundo a medida que sigues esta serie y lo lees cada día. Meditando en cada frase, como lo hemos hecho. Te darás cuenta de que tu Pastor tiene riquezas que quiere compartir contigo. 

Hemos visto que no nos hace falta nada porque el Señor es nuestro Pastor. Hemos visto que nos hace reposar en verdes pastos y nos lleva junto a aguas de reposo, aguas tranquilas, proveyendo descanso y frescura a nuestras almas. Hemos visto Su capacidad de restaurar nuestras almas cuando estamos débiles o nos hemos extraviado. 

Hemos visto que nos guía por sendas de justicia, correctas y que aun cuando caminemos por esos valles –los valles inevitables de profunda oscuridad– no tenemos razón para temer. Aun cuando el mal nos rodea, no debemos tener miedo. ¿Por qué? Porque Él está con nosotros –«porque Tú estás conmigo» (v. 4). Y también vimos cómo Dios usa Su vara, Su cayado para darnos consuelo, para instruirnos, para guiarnos y protegernos y salvarnos de problemas. 

Ahora, al llegar al versículo 5, vemos un cambio en el salmo. Algunos comentaristas creen que esta es una nueva imagen, distinta a la del Buen Pastor, que ahora pasa a ser un anfitrión amable. El versículo 5 dice: «Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando».

Tal vez leas algunos libros o estudios del Salmo 23, que dicen que continúa hablando de la imagen del Pastor. Es posible. Creo que podría ser de ambas formas. Creo que realmente no importa porque de cualquier manera aquí hay unas imágenes maravillosas de lo que Dios hace en las vidas de Sus hijos. 

Así que me voy a quedar, por ahora, con la imagen del anfitrión amable recibiéndonos en Su mesa, en Su casa. «Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos».

Me encanta algo que Charles Haddon Spurgeon ha dicho acerca de la frase: «Tú preparas mesa». Él dice:

«Justo como lo hace una sierva que despliega el mantel de damasco y muestra los adornos para la fiesta en una ocasión ordinaria y armoniosa. Nada es a la carrera, no hay confusión, no hay interrupciones, el enemigo está en la puerta y a pesar de esto Dios prepara una mesa y el cristiano se sienta y come como si todo estuviera en perfecta paz. ¡Oh, la paz que Jehová da a Sus hijos, a Su pueblo, aun en medio de las circunstancias más difíciles!»

¿No es una imagen maravillosa? Tienes a los enemigos al acecho, los peligros que se avecinan. Sin embargo, justo en medio de esa escena, nuestro anfitrión o nuestro Pastor, si lo prefieres, prepara la mesa, un banquete, una gran mesa, un lugar de descanso para nosotros donde podemos nutrirnos y alimentarnos aun en presencia de nuestros enemigos.

Esa es la mesa que Él prepara para nosotros. Hay varios lugares en la Escritura donde se usa este concepto. Por supuesto, uno de ellos es la imagen de la Cena del Señor. ¿No es esa una mesa que Él ha preparado para nosotros? La sangre y el cuerpo del Señor Jesús. Participamos de ella en la misma presencia de nuestros enemigos, en la presencia de Satanás. En presencia de cínicos, críticos y escépticos, nos sentamos, como pueblo de Dios, en un banquete. La Cena del Señor preparada para nosotros. 

Pienso en ese versículo de Apocalipsis 3:20, donde Jesús dice: «Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo». Esta es una imagen de nosotros sentándonos a la mesa juntos, teniendo una profunda relación de intimidad, de comunión con nuestro Pastor, con nuestro anfitrión, con aquel que mora, que reside en nuestras vidas. Comunión con el Señor Jesús, en la presencia de cualquier enemigo que nos pudiera estar rodeando. 

Y no solamente para esta vida, sino la promesa de la amabilidad, la bondad de Dios hacia nosotros por la eternidad. Es una imagen maravillosa. En Juan 14 leemos: «voy a preparar un lugar para vosotros y cuando esté listo volveré y los llevaré allá» (v.2, parafraseado). ¿Qué vamos a hacer allá? Bueno, leemos en Apocalipsis acerca de la futura cena de las bodas del Cordero. 

Recuerdan cómo el ángel le dijo a Juan: «Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero» (Apoc. 19:9). Todos los enemigos de Dios alrededor, pero ¿qué le pueden hacer a un hijo de Dios? Cuando Dios prepara la mesa, cuando Él prepara un banquete, tú estás a salvo. Puedes estar satisfecha y dejar que Dios se encargue de los enemigos.

Ahora, toma en cuenta que este versículo está justo después del versículo que habla del valle de profunda oscuridad —de atravesar un valle de sombra de muerte. Así que, esta es una persona que ha pasado por esto pero ya está del otro lado, y sale a un banquete, a una mesa, a abundancia, a provisión. 

Me hace recordar el pasaje del Salmo 66:

«Porque tú nos has probado, oh, Dios; nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red; carga pesada pusiste sobre nuestros lomos. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas; pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia» (vv. 10-12).

¿No es Dios así? Mantén esto en mente cuando estés en el valle de profunda oscuridad, cuando estés pasando por el fuego y por el agua y tengas cargas pesadas y estés siendo probada y examinada y haya hombres cabalgando sobre tu cabeza –lo que sea que eso signifique– que más allá de esto, más allá de la cruz está la resurrección. Hay un banquete preparado para ti. Señor, «Tú nos sacaste a un lugar de abundancia».

Así que esos enemigos que nos rodean pueden ser cualquier número de cosas.

  • Puede ser el mismo Satanás
  • Puede ser nuestra propia carne –ese enemigo con el que lucho mientras esté en este cuerpo.
  • Puede ser algo de mi pasado que me persigue o me quiere mantener en esclavitud.
  • Pueden ser otras personas.
  • Puede ser vivir con una pareja que no conoce del Señor.
  • Pueden ser enemigos como enfermedad, edad avanzada y muerte.
  • Pueden ser cosas a las que les tengas temor, cosas que quieres combatir, cosas que te aterrorizan. 

No te enfoques en los enemigos. Enfócate en el Pastor. Enfócate en lo que Él está haciendo. Enfócate en Su provisión ante tus enemigos.

Fui al funeral de una hermosa mujer. Una mujer piadosa de 92 años de edad, que fue mi amiga durante mucho tiempo. Y qué increíble fue verla partir a la presencia del Señor. Estoy segura de que ella entró llena de gozo a esa abundancia que hay en la presencia del Señor. 

Poder ver que la muerte no es finalmente un enemigo porque Cristo ha conquistado ese enemigo. Hay un banquete preparado. Había un banquete preparado para ella aun en presencia de sus enemigos. Esa edad avanzada dejó de ser un enemigo para ella. Ella la enfrentó con coraje, con valentía, con esperanza.

Ella sabía que el Señor estaba allí, sabía que su esposo también iba a estar allí y estaba lista. Así que en presencia de sus enemigos Dios preparó un banquete para ella. Es una escena intensa porque piensas en esos enemigos que están ahí. Pero el punto es que ellos no pueden detener la fiesta, el banquete, la cena. Así que no te preocupes por ellos porque alguien más se está ocupando de ellos.

Es tan maravilloso pensar que esos enemigos pueden ver, literalmente, la realidad de lo que tu Pastor está haciendo contigo. Ellos lo ven proveyendo para ti, ven Su presencia haciendo toda la diferencia en tu vida. Así que habrá enemigos todo el trayecto desde aquí y ahora, hasta el cielo. Puedes contar con eso. El mundo, la carne, el diablo o Satanás, siempre van a estar al acecho, pero no tienes que ser vencida por ellos.

Tú no vas a ser conquistada, intimidada o sobrecogida por ellos, porque Él te dará abundancia y suplirá todas tus necesidades ante la oposición y el peligro. Puedes disfrutar de Su presencia y experimentar llenura, seguridad, provisión y bendición aun en presencia de tus enemigos.

Ahora, es importante dejar que sea el Pastor el que prepare la mesa para nosotros. No trates de organizar tu propio banquete. Nunca será tan bueno como el que Él quiere preparar para ti. 

Quizá algunas de ustedes han leído un libro que cuenta la historia de una mujer llamada Darlene Deebler Rose, quien pasó cuatro años en una prisión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante ese tiempo ella sufrió amenazas, tortura, enfermedad y toda clase de tormentos a manos de sus captores. En el libro ella comparte que hubo un punto cuando estaba sumamente debilitada. Había estado muy enferma. Lo había apenas superado y casi no se podía levantar, cuando los guardias vinieron a la puerta, y eran obligadas a pararse y hacer reverencia ante los guardias cuando venían a las celdas. 

Ella estaba tan débil, y en su debilidad tenía un fuerte deseo por una banana. Ella quería una banana. Esto es lo que ella dijo,

«Todo en mi ser deseaba una. Podía verlas. Podía olerlas. Podía saborearlas. Me arrodillé y dije: “Señor, no te pido una docena. Solo quiero una banana”. Miré hacia arriba y supliqué, “Señor, solo una banana”.

Después empecé a racionalizar –¿cómo sería posible que Dios consiguiera darme una banana a través de estas paredes de la prisión? Nunca se lo pediría al guardia. Y aun si me ayudara y lo descubrieran habría represalias. Había más probabilidad de que se cayera la luna del cielo a que alguien me trajera una banana». 

Después ella describe el siguiente día después de haber orado esa oración, y una serie de acontecimientos que hicieron que el guardia viniera a su puerta. Ella dijo:

«Escuché al guardia regresando y sabía que venía por mí». 

Ella narra como estaba a la expectativa de que viniera por ella para golpearla.

«Con mucho trabajo me paré, lista para ir. Él abrió la puerta, entró y haciendo un gesto como barriendo, dejó a mis pies unas bananas. “Son tuyas”, dijo el guardia, “y son de parte del Sr. Yamaji”».

Ahora, en la historia, el Sr. Yamaji, era el oficial a cargo de otro campamento donde ella había estado cautiva. Este hombre tenía un temperamento terrible. Era brutal y cruel, un hombre enojado, iracundo e increíblemente grosero, cuyo corazón se había suavizado por el testimonio de Darlene en ese campamento. 

Y ahora aparece en este campamento y manda a un mensajero con bananas para Darlene. Ella dice:

«Me senté en total aturdimiento y en silencio las conté. Eran 92 bananas. Empujé las bananas hacia una esquina y me puse a llorar. “Señor, perdóname. Estoy tan avergonzada. No confié en Ti por una sola banana. Y mira, son casi cien”. Supe en ese momento que nada es imposible para mi Dios. «Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos».

¿Estás viendo a tus enemigos, o estás viendo a tu anfitrión? Él ha conquistado cada enemigo y al final todos esos enemigos se postrarán delante de Él. Mira, el Salmo 23 muestra francamente la realidad de la muerte, de la oscuridad, de la maldad y de los enemigos. No hace como que no existen. Dios no nos está ofreciendo un escape de nuestros enemigos sino triunfo sobre ellos.

Sí, el valle de muerte y de profunda oscuridad existe, pero puedo caminar a través de él, y Jesús estará conmigo. Sí, hay maldad, pero no debo temer. No tenemos que vivir con miedo. Podemos tener Su consuelo. Sí, hay enemigos, pero Él es nuestro anfitrión en presencia de ellos. Y justo en ese contexto leemos estas dos frases: «Has ungido mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando». En presencia de esos enemigos. 

¿Ves lo que Dios hace por nosotras? Muchas veces tratamos arduamente de escapar de las presiones y de los problemas, tratamos de manipular y buscamos cómo salir de ahí, y pienso que nos perdemos de las bendiciones más grandes que Dios tiene preparadas para nosotras. Algunas de nosotras nunca experimentamos lo que nuestro Pastor, nuestro bondadoso anfitrión podría y haría por nosotras si le diéramos la oportunidad. 

Estamos muy ocupadas huyendo de nuestros enemigos –y no estoy diciendo, ve y busca enemigos. Ese no es el punto. Que te quedes ahí y aguantes el abuso, pero lo que digo es que hay circunstancias en nuestra vida que no podemos controlar. En vez de resistir y resentirnos o huir de ellas, pon tus ojos en Cristo.

Pon tus ojos en Él. Dile, «Señor, ¿qué quieres hacer en medio de esta situación?» ¿Quieres lidiar con mis enemigos? ¿Quieres proveer para mí frente a ellos? ¿No vas a remover esta situación? Como dijo Jesús en el huerto de Getsemaní, «si es posible quisiera que esta copa fuera removida, pero si no es así, Señor, haz tu voluntad», haz tu voluntad en mi vida. 

Algunas veces la voluntad de Dios —lo que Dios hace es preparar un banquete para ti en presencia de los problemas y después ungir tu cabeza con aceite para que tu copa rebose. Cuando pensamos en ser ungidas con aceite o en que nuestra copa esté rebosando, pensamos que es como cuando el sol está brillando y hay dinero extra en el banco y tenemos un esposo romántico e hijos con modales perfectos y que se portan bien y se levantan y te llaman bienaventurada—aunque tengan 17 años. Ahí no es cuando probablemente lo van a hacer. 

Y decimos, si todo en mi vida fuera perfecto, si tan solo tuviera el trabajo adecuado, o si viviera en la casa ideal, si tuviera la salud perfecta y no tuviera problemas financieros, entonces mi cabeza estaría ungida con aceite y mi copa estaría rebosando. Pero ¿notas el contexto de esas promesas? Es en la presencia de mis problemas. Ahí es donde Dios puede ungir mi cabeza con aceite y hacer que mi copa esté rebosando. 

Pienso en ese versículo del Salmo 92 que dice: «He sido ungido con aceite fresco. Mis ojos satisfechos han mirado a los que me acechaban» (vv. 10–11). Dios te está cuidando aún mientras está tratando con tus enemigos. 

Ahora, si en esta parte el salmista está todavía hablando de la imagen del Pastor y las ovejas, entonces esto puede ser una referencia al Pastor poniendo aceite en la cabeza de la oveja, frotando algo de aceite para protegerla de cosas como, el calor. Se usa como repelente contra moscas o serpientes para que las ovejas puedan seguir pastando en presencia de sus enemigos. Está diciendo, Dios cubre mis necesidades. Él me protege en presencia de mis enemigos. 

Cuando piensas en aceite y en ungir con aceite en el contexto de la Escritura, hay varias imágenes que vienen a la mente. Una es el concepto de gozo, llenura, abundancia, satisfacción, suficiencia, prosperidad. Proverbios habla del aceite en la cabeza como el gozo del corazón. El salmista está hablando de un sentido de satisfacción aquí, de llenura, de gozo, de plenitud. 

También en la Escritura, el aceite y el ungir con aceite, se usan como imágenes de hospitalidad, como cuando entras a casa de alguien y el anfitrión, lleno de gracia y dándote la bienvenida, te dice, «eres bienvenida aquí. Eres apreciada. Eres aceptada. Eres mi invitada de honor». Podría ser usado en ese sentido la frase «unges mi cabeza». Él me recibe y me da la bienvenida a Su presencia. 

Ciertamente, la imagen de aceite en la Escritura es la imagen del ministerio del Espíritu Santo y lo que Él hace en nuestras vidas para purificarnos, refinarnos, llenarnos y capacitarnos. Ungir, en la Escritura, se usaba frecuentemente para la consagración de sacerdotes o de reyes cuando iban a servir al pueblo y al Señor. ¿No crees que necesitamos esa consagración y ser ungidas de esa forma por el Espíritu Santo para servirle? Somos sacerdotes para el Señor. Para poder servirle, necesitamos nuestras cabezas ungidas con el aceite del Espíritu. 

Las personas con las que trabajo pueden decirte que cuando la gente pregunta cómo puede orar por mí, una de las cosas que frecuentemente digo es, «ora por aceite fresco», por una unción fresca de Su Espíritu. Porque el salmo dice: «Me has ungido con aceite fresco». Yo quiero una llenura fresca del Espíritu en mi vida y que trabaje en y a través de mí repetidamente. 

Y mira, «unges mi cabeza con aceite». Esto no es algo de una sola vez, sino que se aplica repetidamente. De la misma manera necesitamos una llenura fresca y ser ungidas con el Espíritu de Dios día tras día para enfrentar retos nuevos, tareas nuevas, oportunidades nuevas.

Cada nuevo día que te levantas para lidiar con esos niños o para ir al trabajo o para servir a tu esposo o a alguien más de quien eres responsable de cuidar, necesitas el aceite del Espíritu. Cuando Dios te unge con Su Espíritu encuentras que es un aceite de alegría. Es un aceite de gozo. 

«Has ungido mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando». Me encanta este versículo. Me encanta esa frase. Habla de la abundante y plena gracia de Dios derramándose de la vida. Varias escrituras de los salmos vienen a mi mente. «Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios» (Salmo 68:19 RV60). «Bendice, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de Sus beneficios» (Salmo 103:2) «¿Qué daré al SEÑOR por todos Sus beneficios para conmigo?» (Salmo 116:12).

Aquí no vemos la imagen de una hija de Dios escarbando, apenas sobreviviendo, en pobreza. Ahora, materialmente tal vez. Pero en el Espíritu hay abundancia, hay llenura, hay plenitud, hay riqueza. Hay un entendimiento de que mi copa está rebosando con la abundante bendición de Dios. 

Así es como el apóstol Pablo puede decir desde una celda en prisión lo que dice en Filipenses 4: «Tengo abundancia. Estoy bien abastecido. Mi copa está rebosando» (parafraseado). Y Jesús dijo: «El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva» (Juan 7:38). «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10).

Y como dice Pablo: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3).

Vemos esta imagen a través de toda la Escritura. Mi copa está rebosando. 

Algunas de nosotras somos pesimistas por naturaleza y tendemos a ver los vasos medio vacíos. La Escritura está diciendo, mira cuán llena está tu copa. Cuenta tus bendiciones. Te da una perspectiva totalmente diferente dependiendo de si te enfocas en los problemas o en tus bendiciones. Sin importar cuántos problemas tienes e independientemente de cuáles sean tus problemas, la verdad es que siempre vas a tener más bendiciones que problemas. 

Tenemos un Dios que es abundante en misericordia, rico en misericordia, que perdona abundantemente. Romanos 5:20 dice: «Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia». «Mi copa está rebosando». Tú dices, «sí, mi copa está muy llena de pecado. Si supieras las cosas que he hecho, los lugares donde he estado, el desastre que he hecho de mi vida», déjame decirte que Su misericordia sobreabunda más que tu pecado. Su gracia sobreabunda más allá de tu pecado.

Así que donde hay pecado que sobreabunda, allí está la abundante gracia de Dios que se desborda. 

El Apóstol Pablo nos enseña en su segunda carta a los Corintios que hemos sido bendecidos abundantemente para que podamos sobreabundar en la vida de otros. Mi copa está rebosando. Dios me llena de sus beneficios y bendiciones para que yo sea generosa, para que bendiga a otras personas. Vemos este ciclo aquí en 2 Corintios 8 y 9, de gracia sobreabundando, después la generosidad desbordándose, y después todas tenemos gratitud hacia Dios por lo que ha hecho. 

Pablo dice en el capítulo 12, que hay momentos en que nuestros problemas sobreabundan. Él dice que algunas veces oraba y le pedía a Dios, y Dios no se llevaba los problemas. Pero él comparte que en medio de esos problemas, Dios da mayor gracia, sobreabundante. Sin importar cuán abundantes sean tus problemas, qué tan abundante sea tu pecado, hay gracia y hay bendición que es más abundante que cualquier otra cosa.

Así que Pablo podía decir en esta carta, en el capítulo 7 versículo 4: «Lleno estoy de consuelo y sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción». ¿Qué estaba diciendo? Mientras nuestros problemas sobreabundan, de la misma manera sobreabunda el consuelo que es nuestro en Cristo. 

Haddon Robinson, en su libro devocional sobre el Salmo 23, escrito hace muchos años dice:

«Con el Señor, el cordero es siempre el cordero más gordo, la túnica es siempre la mejor; el gozo es inexplicable, y la paz sobrepasa todo entendimiento. No hay mezquindad en la bondad de Dios. Él no mide su bondad a cuenta gotas como el químico llenando un frasco con medicamento. Él viene a nosotros desbordante».

«Mi copa está rebosando». Así que, ¿qué significa esto? Bueno, por lo menos dos cosas. No hay lugar para las quejas. No hay lugar para murmurar. En segundo lugar, hay muchas razones para sobreabundar en generosidad y gratitud. Dios te ha bendecido para que seas de bendición a otras personas. 

Oh Señor, unges mi cabeza con aceite, el aceite de Tu Espíritu, el aceite de Tu alegría, el aceite de gozo. Mi copa está rebosando. 

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth ayudarte a entender más profundamente el Salmo 23. 

Este es un salmo muy conocido para muchas de nosotras y es importante que nos sumerjamos en la riqueza que contiene. Espero que al reflexionar en lo que has escuchado puedas ser un canal de la gracia y la bendición de Dios a las personas que te rodean.

Tan a menudo vivimos como aplastadas bajo las circunstancias, agotadas, derrotadas, en temor… Y esto realmente nos sucede pero, ¿será que hemos perdido de vista el hecho de que podemos vivir en un lugar de abundancia aún en medio de los problemas que enfrentamos? Mañana hablaremos más acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Las crisis espirituales (1)

Martes 19 Enero

Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio… a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno… a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 1 Juan 2 : 13

Las crisis espirituales (1)

Desde la antigüedad se han distinguido tres grandes edades en la vida : la juventud, la adultez y la vejez. En la Biblia también encontramos las edades “espirituales” de los creyentes : existen los hijos, los jóvenes y los padres (1 Juan 2 : 13). La edad espiritual no coincide siempre con la edad física. Por ejemplo, el que acaba de creer en Cristo a los 60 años es aún un niño en la fe.

Todos los que han creído en el Señor Jesús forman parte de la familia de Dios. Todos tienen la misma vida nueva, la vida de Cristo. El niño en la fe conoce a Dios como su Padre. Es llamado a crecer espiritualmente, a profundizar su relación con Dios.

El apóstol Juan se dirige, pues, a los padres, a los jóvenes y a los niños. Les da instrucciones con respecto a las etapas normales de su crecimiento según la enseñanza de la Palabra de Dios y los cuidados del Padre. Ese crecimiento se nota cuando se dejan formar y disciplinar : “El Señor al que ama, disciplina” (Hebreos 12 : 6-811).

A lo largo de varias semanas evocaremos algunos momentos críticos que podemos atravesar (los llamaremos “crisis”). Nos apoyaremos en los ejemplos de la Biblia y sacaremos una lección.

Trataremos los siguientes temas : el encuentro con el Señor, el llamado al servicio, los fracasos y la duda, la enfermedad, el conflicto, la incomprensión, las liberaciones, la serenidad, la prueba y sus resultados.(mañana continuará)

1 Samuel 15 – Mateo 13 : 1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3 : 32-35

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