Aviva Nuestros Corazones
Serie: El SeƱor es mi Pastor
Aviva Nuestros Corazones
Ene 8 ā No temerĆ©
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Annamarie Sauter: Tan a menudo vivimos en temor⦠¿Sabes cuĆ”l es el antĆdoto?
Nancy DeMoss Wolgemuth: El hecho de que la presencia de Dios es real, es el antĆdoto para cada temor. No es el hecho de que sientas que Dios estĆ” contigo, no es el hecho de que pienses que Dios estĆ” contigo, ni tampoco que percibas la presencia de Dios, sino el hecho de que Ćl estĆ” ahĆ. Esa es la cura. Esa es la solución. Ese es el antĆdoto a todo temor. Mientras caminas por el valle, Ćl camina contigo acompaƱƔndote para compartir la experiencia contigo.
Annamarie: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de SaladĆn.
Necesidad e incertidumbre. Es algo que experimentamos en este mundo y ante lo cual debemos pausar y reflexionar, «¿responderé en temor o responderé con fe?». Hoy Nancy nos hablarÔ acerca de cómo podemos responder con fe, como parte de la serie titulada, «El Señor es mi Pastor».
Nancy: Si entras al internet y buscas una lista de fobias, encontrarÔs una colección de mÔs de 500 temores y fobias recopilados por un hombre llamado Fredd Culbertson. No estoy segura de por qué escogió este pasatiempo.
DƩjame leerte unas cuantas. Es toda una lista en orden alfabƩtico. Veamos si tienes alguno de estos temores:
Nictofobia: Miedo a la oscuridad
Acrofobia: Miedo a las alturas
Agateofobia: Miedo a la locura
Agliofobia o algofobia: Miedo al dolor
Aicmofobia: Miedo a objetos cortantes o punzantes
Anuptafobia: Miedo a permanecer soltera
QuizƔs en los aƱos que estuve soltera tuve esa fobia
Apifobia: Miedo a las abejas
Araquibutirofobia: Miedo a que la mantequilla de manĆ se te pegue al paladar.
Atomosofobia: Miedo a una explosión atómica.
Eso sĆ deberĆa darnos miedo.
Atiquifobia: Miedo al fracaso
Y aquà hay una que tomé de la sección de la letra «P»:
Penterafobia āde seguro la has experimentado: Miedo a la suegra.
Bueno, estamos en el Salmo 23, y el tema del temor aparece aquĆ. Tenemos un Buen Pastor, uno que nos ama, uno que provee para nosotras, uno que ministra a nuestras necesidades, pero a veces podemos estar en medio de circunstancias que nos asustan, lugares que nos causan temor.
El salmista dice en el versĆculo 4: Ā«Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temerĆ© mal alguno, porque tĆŗ estĆ”s conmigoĀ». No temerĆ© mal alguno.
El salmista reconoce aquà que existe el mal. Esto no quiere decir que nunca vas a enfrentar el mal. No quiere decir que Dios te va a colocar en este pequeño capullo, en esta burbuja de protección donde nunca vas a experimentar dolor o problemas. Vas a pasar por el valle.
Recuerda que en el programa anterior dijimos que el pastor dirige a sus ovejas de los lugares bajos a los terrenos mĆ”s altos, pero que tienen que pasar por unos barrancos oscuros y profundos que son peligrosos. Dios nos estĆ” llevando a lugares mĆ”s altos. Nos estĆ” llevando a parecernos mĆ”s a JesĆŗs. Nos estĆ” santificando y un dĆa seremos glorificadas. Pero mientras, nos estĆ” transformando para que seamos como su Hijo JesĆŗs.
Pero en este proceso tenemos que enfrentar el mal, asĆ como JesĆŗs lo hizo en este mundo. Ćl fue tentado por el maligno. Fue probado. Estuvo cansado. Hay una cruz en nuestro evangelio. De hecho, si no hay cruz, no hay evangelio. No habrĆa salvación si JesĆŗs no hubiera caminado por el valle de profunda oscuridad.
Asà que, mientras seguimos Sus pasos, Dios nos guia a tomar nuestra cruz y a seguirle. En este mundo hay oscuridad. Hay muerte. Hay maldad. Pero la clave aquà es que no tenemos que temer porque el que es justicia, el que es luz, el que es vida, estÔ con nosotros. «No temeré mal alguno porque tú estarÔs conmigo».
Hebreos capĆtulo 2 nos dice que como nosotros somos carne y hueso, JesĆŗs mismo tuvo que hacerse de carne y hueso. Y dice en los versĆculos 14 y 15: Ā«para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenĆa el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que, por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vidaĀ».
Esa es la victoria del calvario. Es ahà donde Jesús aplastó a la serpiente. Es ahà donde la despojó de su poder. SatanÔs ha mantenido a las personas en esclavitud, en cautiverio, durante todas sus vidas usando el temor a la muerte, usando el temor al valle de profunda oscuridad, el valle de sombra de muerte. El evangelio es que Jesucristo vino a darte libertad de la esclavitud, libertad del cautiverio, libertad del temor a la muerte, libertad del temor al valle de profunda oscuridad.
AsĆ que sĆ, algunas circunstancias nos causan temor. Es real. No es fingido. Los barrancos son reales. Las rocas filosas son reales. La oscuridad es real. Las hienas en esos barrancos, en esos lugares oscuros, son reales.
JesĆŗs estuvo en el desierto donde habĆa animales salvajes. El Evangelio de Marcos nos da ese pequeƱo detalle. Es importante porque caminamos en lugares donde hay animales salvajes, donde hay maldad. Pero el temor no nos agobia. No nos paraliza. No nos destruye. No nos pone en cautiverio. La maldad a nuestro alrededor puede ser muy grande, muy real, muy poderosa.
Algunas de ustedes quizĆ”s estĆ”n en ambientes de trabajo o en un lugar donde la presencia del mal estĆ” presente dĆa tras dĆa y vives con ello. Tal vez estĆ”s justo en el centro de la voluntad de Dios ahĆ. Pero de acuerdo a la Palabra de Dios, Ćl te guĆa y Ćl va contigo en el valle de profunda oscuridad; asĆ que no debes temer al mal porque Ćl estĆ” contigo.
No importa cuĆ”n grande sea el mal a tu alrededor… el que estĆ” contigo es mayor.
Es interesante que, hasta este punto en el salmo, David ha estado hablando acerca de su pastor. Ha usado tĆ©rminos dulces, Ćntimos, preciosos. Pero ahora, en este valle de profunda oscuridad, Ć©l empieza a hablarle al pastor. En el lugar donde el peligro, el temor y la amenaza es mayor, Ć©l hace esta declaración de fe.
«No temeré mal alguno, porque Tú estÔs conmigo» (v. 4).
En la profunda oscuridad, a veces no puedes ver al pastor, a veces no percibes que Ćl estĆ” ahĆ. Pero David estĆ” diciendo, Ā«voy a expresar fe en lo que sĆ© que es verdad aun cuando todo a mi alrededor parece gritar, Ā”Dios no estĆ” aquĆ! Dios me ha abandonado. Estoy soloĀ».
Lo que Ć©l estĆ” diciendo es,Ā«tal vez me siento asĆ. Tal vez no puedo ver a Dios en este momento. Tal vez no percibo la presencia de Dios en mi vida. Pero el hecho es que Ćl estĆ” conmigo. SĆ© que es verdad. Es verdad sin importar si lo siento o noĀ».
ĀæNo es cierto que Dios estĆ” mĆ”s cerca de nosotras, es mĆ”s amado, mĆ”s personal cuando estamos pasando a travĆ©s de dificultades y dolor, si le permitimos ser nuestro pastor? Cuando las cosas prosperan, cuando tenemos esos pastos verdes, esas aguas de descanso, hablamos de Dios. Pero cuando venimos al valle de profunda oscuridad, le hablamos a Ćl.
Esto no es solo un conocimiento teórico y teológico de la presencia de Dios, es un hecho. Ćl verdaderamente estĆ” aquĆ conmigo, en estas circunstancias, en este hogar, en esta relación, en esta situación sobre la que no tengo control. Ćl estĆ” aquĆ.
Tal vez camines por el valle de profunda oscuridad, y a veces asĆ serĆ”. Pero si Ćl es tu Pastor, si tĆŗ eres Su hija, nunca vas a pasar por el valle sola.
Dejame decirte, si no eres su oveja, si no tienes una relación personal con Jesucristo, entonces ese valle de profunda oscuridad, el valle de muerte, es algo temible porque tendrÔs que pasar por él sola y no podrÔs hacerlo sola.
He visto personas vivir tragedias y pruebas, aun hasta el punto de morir sin Cristo; y es inimaginable para mĆ que puedan hacerlo, porque no hay esperanza. Y si no tienes la presencia de Dios contigo, estĆ”s en verdaderos problemas y no puedes hacerlo. Pero para un hijo de Dios hay esta certeza, Ā«Ćl estĆ” conmigo. El Pastor estĆ” conmigoĀ».
ĀæNo es eso lo que cantamos en ese hermoso himno, Grande es tu fidelidad? Tierno me guĆas por sendas de paz; eres mi fuerza, mi fe, mi reposo, y por los siglos mi Padre serĆ”s.
Cuando necesitas Ć”nimo, cuando necesitas guĆa, cuando estĆ”s en el valle de profunda oscuridad, ahĆ es donde encontramos Su presencia.
Isaias capitulo 43:1-2, dice:
Ā«Mas ahora, asĆ dice el SEĆOR tu Creadorā¦el que te formó⦠No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; mĆo eres tĆŗ. Cuando pases por las aguas, yo estarĆ© contigo, y si por los rĆos, no te anegarĆ”n; cuando pases por el fuego, no te quemarĆ”s, ni la llama te abrasarÔ» (LBLA)
ĀæPor quĆ©? ĀæPor quĆ© no debes temer? Porque Ćl dice, Ā«Yo estarĆ© contigoĀ».
No conozco una promesa mƔs alentadora en toda la Palabra de Dios. No conozco nada mejor a que aferrarme en cada circunstancia y Ʃpoca de la vida, que a la realidad, a la promesa de que Dios estƔ conmigo.
La realidad, el hecho de la presencia de Dios, es el antĆdoto para cada temor. No el hecho de que sientas que Dios estĆ” contigo, no el hecho de que pienses que Dios estĆ” contigo, no el hecho de que percibas la presencia de Dios, sino el hecho de que Ćl estĆ” ahĆ. Esa es la cura. Esa es la solución. Ese es el antĆdoto para todo temor.
Y mientras caminas a travĆ©s de ese valle, Ćl camina contigo. Ćl comparte esa experiencia contigo.
HablĆ© con una esposa recientemente y tanto ella como su esposo estĆ”n caminando por un valle de profunda oscuridad. Pero ella me dijo, Ā«no estamos haciendo esto solosĀ». ĀæY no te llena de consuelo, de esperanza, que no estĆ”s atravesando sola ninguna situación en tu matrimonio, ni en tu vida, ni en tus relaciones? Ćl es tu compaƱero. Ćl es el guĆa y te lleva a travĆ©s del valle para mostrarte la salida. Es muy oscuro ese valle. No podemos ver.
Pero mi SeƱor conoce el camino a travĆ©s del desierto. Todo lo que tienes que hacer es seguirlo. Ćl es un buen protector. Ćl es el consolador. Ćl estĆ” ahĆ en todos esos tiempos. Solo piensa, el Dios del universo que es alto y estĆ” en el cielo, que llena el universo, Ćl estĆ” contigo. Ćl estĆ” conmigo.
Tal vez estÔs enfrentando algún desastre o catÔstrofe o problema o presión en tu vida, pero sea lo que sea, no lo estÔs enfrentando sola. El Señor estÔ contigo.
Esta promesa de la presencia de Dios contrasta grandemente con lo que leemos en el salmo anterior donde escuchamos estas palabras de desesperación, de angustia, Ā«Dios mĆo, Dios mĆo, Āæpor quĆ© me has abandonado?Ā»
Ahà es cuando se nos recuerda que solo una Persona, solo Jesús, solo Cristo, pudo decir estas palabras a Dios: «¿Por qué me has abandonado?» Y ese es el Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, quien llevó sobre Sà nuestros pecados en la cruz. Dios le dió la espalda a su Hijo. Jesús fue abandonado en la cruz por el Padre.
Pero como Ćl pasó por el calvario por nosotros y estuvo dispuesto a ser abandonado por Dios, ningĆŗn hijo de Dios tiene que decir jamĆ”s: Ā«Dios mĆo, Dios mĆo, Āæpor quĆ© me has abandonado?Ā»
Podemos sentirnos solas, abandonadas. El sentirlo no es un pecado. Lo que es pecado es asumir que lo que sientes es un hecho. El hecho es que no has sido abandonada, no estĆ”s sola. Ćl estĆ” contigo.
Recuerdo un tiempo en mi vida cuando todo estaba oscuro como resultado de diferentes circunstancias y pĆ©rdidas que habĆa experimentado. Era uno de esos puntos, realmente el Ćŗnico que he vivido como ese, donde todos, todos los cimientos de mi vida parecĆan sacudirse. Cosas de las que antes siempre estaba segura ahora las cuestionaba. Estaba llena de dudas.
Durante meses tuve muy poco sentido de la presencia de Dios en mi vida. Como dijo Job, Ā«veo a la derecha, veo a la izquierda, veo frente a mĆ, veo detrĆ”s de mĆ, y no puedo encontrar a DiosĀ».
Pero despuĆ©s, en su angustia, Job recuerda, tal vez yo no pueda ver a Dios pero Ćl me ve a mĆ. Ćl estĆ” ahĆ. Job 23, dice: Ā«Pero Ćl sabe el camino que tomo; cuando me haya probado, saldrĆ© como el oroĀ» (vv.9-10).
Miro hacia atrĆ”s a esa experiencia y veo claramente que Dios estuvo ahĆ todo el tiempo. Ćl nunca se fue. Nunca me dejó. Aunque quisiera decir que pasĆ© por esa experiencia sin temor, no fue asĆ, no confiĆ© en mi Pastor.
Meses despuĆ©s de pasar por esa experiencia recuerdo que me despertĆ© a media noche con una canción en mi corazón. No habĆa tenido canciones en la noche durante meses y meses.
Recuerdo haber pensado, «¿por quĆ© dudĆ© de mi Pastor?Ā» Y era tan claro para mĆ. Ćl estaba ahĆ. Ćl estĆ” ahĆ. ĀæPor quĆ© dudĆ© de Ćl?
¿Por qué dudo ahora? No hay razón. El Señor es mi Pastor.
Como dice este antiguo himno:
Ā«El alma que anhele la paz que hay en mĆ,
jamƔs en sus luchas la habrƩ de dejar.
Si todo el infierno la quiere perder,
yo nunca, no nunca la puedo dejar,
nunca, no nunca la habré de dejar».
AsĆ que, hemos visto:
Ā«El SeƱor es mi pastor, nada me faltarĆ”; en lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. Ćl restaura mi alma; me guĆa por senderos de justicia por amor de Su nombre. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temerĆ© mal alguno, porque TĆŗ estĆ”s conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden alientoĀ».
Recuerda que este es el mismo versĆculo donde David estĆ” hablando de caminar por el valle de profunda oscuridad. Es un lugar donde necesita y anhela ser consolado, donde necesita aliento. La palabra confortar tiene unos sinónimos en el Antiguo Testamento. Puede significar Ā«animar, consolar, avivar, alentar, alegrar, vigorizar, alegrar el corazón, estimular, refrescarĀ».
La palabra confortar en inglés, es una palabra compuesta por, «con» y «fort», que al ponerlas juntas significa, «con fuerza, devolver la fuerza cuando tu corazón ha perdido el consuelo; cuando ha perdido el vigor». Confortar significa que Dios estÔ devolviendo fuerza a nuestros corazones.
Me gusta lo que un escritor dijo, un comentarista de los salmos. Ćl escribió: Ā«El confortar o consolar o animar, es ayudar a otro que estĆ” ahogado en dolor y temor a respirar libremente y darle aire a su corazónĀ». 1
¿No te trae esto a la memoria tiempos cuando has estado ahogada en dolor y miedo? Cuando has estado llorando tanto que apenas puedes respirar. Puede ser exteriormente, literalmente, o en lo mÔs profundo de tu corazón. Este escritor dice: «Confortar a alguien es ayudar a esa persona a respirar libremente, darle aire a su corazón». Eso es confortar.
Al meditar en este versĆculo me he preguntado, «¿cuĆ”les son algunas de las formas en las que las personas buscan consuelo cuando tienen miedo, cuando se sienten amenazadas, cuando estĆ”n confundidas o desalentadas?Ā»
Recuerda que este es el mismo versĆculo que habla del valle de profunda oscuridad. Es un tiempo en que necesitas consuelo.
Hay muchas maneras en las que tratamos de encontrar consuelo. Algunas veces buscamos amigos, alguien que nos pueda abrazar y alentar, a la familia. A veces lo buscamos en el trabajo, tratamos de encontrar alivio del dolor.
A lo mejor tratamos de apaciguar el dolor con comida. Algunos lo hacen con el alcohol, con las drogas. Algunas personas van de compras. Eso las harĆ” sentir muy bien, al menos hasta que le llegue la cuenta a final de mes, por supuesto.
Algunas personas buscan acabar con el dolor o encuentran consuelo a travĆ©s de la pornografĆa o de relaciones ilĆcitas en brazos de hombres que las entienden. Estas son algunas de las formas en las que las personas tratan de encontrar consuelo.
Y algunas de estas cosas que hemos mencionado no tienen nada de malo. No hay nada de malo con la comida o con ir al trabajo o con tener amigos o familia; a menos que estƩs buscando en esa persona o en esa cosa, el consuelo que Dios y solo Dios quiere traer a tu vida.
Es interesante como el salmista, al hablar de lo que le trae consuelo, menciona algunas cosas que yo no pensarĆa como medios de consuelo.
«Tu vara y tu cayado», le dice a su pastor, «me infunden aliento», me consuelan.
No sĆ© tĆŗ, pero eso no suena muy consolador para mĆ. No pienso en estos como instrumentos que traigan consuelo. SĆ, el brazo de alguien alrededor de mĆ o palabras de aliento o notas de Ć”nimo. Pero Āæuna vara y un cayado?
¿Cómo es que una vara y un cayado de un pastor pueden proveer consuelo a una oveja? ¿Cómo es que la vara de Dios y su cayado proporcionan consuelo a Sus ovejas, a nosotras?
La vara del pastor es un sĆmbolo de su poder. Es un palo largo y se usa para defender a las ovejas en contra de bestias salvajes, provee protección de los lobos y de los ladrones. Tal vez fue lo que usó David cuando mató al oso que estaba tratando de atacar a sus ovejas.
Esa vara provee seguridad a las ovejas. Esa vara o caña, les da la certeza de que estÔn protegidas de sus enemigos. Ellas no se pueden protegerse a sà mismas. Esas ovejas estÔn desvalidas, indefensas.
Pero ellas saben que su pastor tiene una vara, tiene un instrumento que serĆ” usado, si es necesario, para ahuyentar a los enemigos. AsĆ es que esa vara las conforta. Saber que la vara estĆ” en manos del pastor.
Y después tenemos el cayado que es un palo con una curva al final. Tiene múltiples usos, pero uno de ellos es refrenar a las ovejas de vagar.
Si vagan por ahĆ y caen en un hoyo, el cayado se usa para halar y sacar a la oveja de ese hoyo. O si se queda atorada en un matorral, el cayado se puede usar para empujar o guiar a las ovejas. Es un medio de consuelo.
Phillip Keller escribió un estudio clĆ”sico del Salmo 23, La vida en el redil. Ćl mismo fue pastor de ovejas y dice:
Ā«Siendo criaturas muy tercas, las ovejas frecuentemente se encuentran en dilemas totalmente ridĆculos y absurdos. He visto mis propias ovejas, codiciando un bocado mĆ”s de pasto verde, bajar por empinados acantilados donde se han resbalado y caĆdo al mar. Solo con mi largo cayado fue que pude sacarlas del agua, regresarlas a tierra firme. Un dĆa de invierno estuve varias horas rescatando a una oveja que habĆa hecho esto con anterioridad varias veces. Su terquedad era su perdiciónĀ». 2
ĀæSuena eso como alguien que conoces? Tu dirĆ”s, Ā«sĆ, tengo algunos niƱos asĆĀ».
Bueno, el hecho es que con frecuencia somos asĆ, y Dios usa Su vara y Su cayado para rescatarnos, para protegernos, para dirigirnos.
Phillip Keller tambiĆ©n habla en ese libro de cómo usa el cayado para examinar a las ovejas, especialmente cuando la lana se pone muy gruesa; para examinarlas de parĆ”sitos, insectos, quemaduras o enfermedades. Ćl usa ese cayado para inspeccionarlas, para separar la lana y ver por debajo de la superficie y examinarlas a fondo.
ĀæNo es eso lo que Dios hace con Su Palabra? Ćl toma Su Palabra y la hace brillar dentro de nuestros corazones por el poder de Su EspĆritu Santo. Ćl dice: Ā«Yo soy el Dios que escudriƱa todas las cosas. Yo soy el Dios que conoce todas las cosas. Quiero conocerte, no solo en la superficie, lo que otros ven de ti, lo que otros piensan que tĆŗ eres. Quiero que veas ese viejo yo dentro de ti, debajo de la superficie. Todas las personas creen que eres tan amable, amorosa y buena, pero por debajo de la superficie hay una actitud muy distintaĀ».
El Pastor estĆ” exponiendo eso. Algo asĆ serĆa aterrador. Es algo que no quisiĆ©ramos que pasara a menos que supiĆ©ramos que lo hace un pastor amoroso que puede restaurar y sanar cualquier cosa que exponga.
AsĆ que, al traer esa vara y ese cayado a nuestras vidas, Ćl nos conforta, nos consuela en nuestra aflicción, nos anima en tiempos de terror, en tiempos de peligro. Ćl usa Su Palabra. Su Palabra es ese cayado con el que nos guĆa, nos rescata cuando nos hemos extraviado. Su Palabra, mientras la leemos o la escuchamos cuando alguien la enseƱa o la prĆ©dica.
Me encantan esos versĆculos del Salmo 119:50 y 52 que dicen: Ā«Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado⦠Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, (tu palabra), oh SeƱor, y me consueloĀ».
Y entonces Dios usa a Su pueblo. Ellos pueden ser esa vara y ese cayado en Su mano para protegernos, para dirigirnos, para consolarnos, para proveer exhortación, para que rindamos cuentas. Yo necesito personas piadosas en mi vida que sean instrumentos en las manos de Dios para ayudarme a ser rescatada, para decirme, «hay peligro adelante y no creo que te estés dando cuenta. Cuidado. Debes tener cuidado en esa situación. Veo algo que es un punto ciego en tu vida».
Da gracias al SeƱor por esas personas. Se convierten en instrumentos en las manos de Dios para confortarte.
Dios usa las circunstancias. Ćl usa las experiencias de la vida. Exactamente las que hubiĆ©ramos querido evitar, frecuentemente se convierten en instrumentos de consuelo y de bendición en nuestras vidas al usar esas circunstancias para entrenarnos y protegernos.
Recientemente tuve una conversación con alguien que es parte de nuestro ministerio y me dijo, «¿has escuchado este mensaje de John Piper?Ā» Yo no lo habĆa escuchado. AsĆ que me lo recomendó y me dijo: Ā«pienso que esto serĆa de gran ayuda y de gran bendición para ti mientras estĆ”s pensando y meditando en todos estos temas. Era un mensaje sobre la vida de Adoniram Judson. Y oh, SeƱor, mientrasme sentĆ© ahĆ, lloraba y sollozaba porque era justo lo que necesitaba.
La vara y el cayado especial para mi vida en ese momento. Y me retó en algunas Ôreas donde yo no estaba pensando correctamente, y donde yo necesitaba ese mensajero de Dios, ese instrumento de Dios para que me protegiera.
En última instancia, todo el consuelo viene del Señor mismo.
La segunda carta a los Tesalonicenses en 2: 16-17, dice:
«Y que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia, consuele sus corazones y los afirme en toda obra y palabra buena».
Gracias, SeƱor, por Tu vara y Tu cayado. Gracias porque TĆŗ sabes dónde y cuĆ”ndo usarlos. Eres un buen Pastor. No nos golpeas. Tal vez nos castigas, pero es siempre con la meta de restaurarnos. Nos proteges, nos guĆas, nos consuelas. Alegras nuestras almas y nos animas y avivas nuestros corazones con Tu Palabra, a travĆ©s de Tus medios de gracia para traernos consuelo. Te damos gracias en el nombre de JesĆŗs, amĆ©n.
Annamarie:AmĆ©n. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado recordando que Dios es tu verdadera fuente de consuelo. Si Ćl es tu Pastor, no tienes razón para vivir en temor. Te animo a reflexionar hoy acerca de lo que has escuchado y a evaluar si estĆ”s viviendo en temor o en fe. Recuerda que en Cristo encontrarĆ”s la gracia que necesitas para enfrentar tus circunstancias.
ĀæCuĆ”l es el mayor problema que estĆ”s enfrentando en este momento? Es difĆcil de creer pero ese problema podrĆa convertirse en una fuente de gozo. AcompƔƱanos el lunes para escuchar mĆ”s sobre esto, aquĆ en Aviva Nuestros Corazones.
EscudriƱando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Te recordamos que la lectura bĆblica para hoy es GĆ©nesis capĆtulos 28 al 30.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las AmƩricas, a menos que se indique lo contrario.
1 George Adam Smith, Four Psalms, p. 13.
2 Phillip Keller, A Shepherd Looks at Psalm 23, p. 90.
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