El bien y la misericordia – Ene 12

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 12 El bien y la misericordia

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Annamarie Sauter: El Salmo 23 nos habla de la gran esperanza que tenemos.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Sea lo que sea que estés viviendo hoy, lo que enfrentes mañana, lo que enfrentarás la próxima semana, ese no es el capítulo final. No es el final de la historia. Estaremos por siempre y para siempre en casa con el Señor. Esa es la esperanza que nos mantiene. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «El Señor es mi Pastor». Hemos estado profundizando en un pasaje muy familiar, pero que es mucho más profundo de lo que nos damos cuenta.

Nancy: Creo que algunas veces la forma como usamos el Salmo 23 es un tanto cursi, yo diría…sentimental, porque en ocasiones no nos damos cuenta de qué tan rico y qué tan práctico es para áreas esenciales de nuestras vidas. 

Es un salmo que nos lleva en una progresión de toda nuestra vida cristiana, y trata en solo seis versículos, literalmente con cada situación, cada estación y cada circunstancia que pudiéramos enfrentar desde ahora hasta que lleguemos al cielo. Déjame leerte el pasaje y entonces analizaremos el versículo 6. 

«El Señor es mi pastor, nada me faltará.

En lugares de verdes pastos me hace descansar;

Junto a aguas de reposo me conduce.

Él restaura mi alma;

Me guía por senderos de justicia por amor de Su nombre.

Aunque pase por el valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo;

Tu vara y Tu cayado me infunden aliento.

Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;

Has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando».

Y después viene el versículo 6:

«Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días».

Vemos que hay una progresión aquí; vamos de lugares de descanso, de frescura y relajación, a la restauración; cuando Su pueblo se extravía, el Señor lo dirige, dirige a Sus ovejas por sendas de justicia, correctas. 

Después, algunas veces los hace atravesar y los lleva por esos lugares muy duros, por valles de profunda oscuridad, y aún ahí Su presencia está presente —en medio de esas experiencias. Y también el Señor está con Su pueblo en presencia de sus enemigos. 

¿Hay algún momento en toda esta progresión donde el Señor no está presente? ¿Hay algún momento cuando no está trabajando? ¿Hay algún momento cuando Él no está activo a favor de Su pueblo?

La respuesta a estas preguntas me hace pensar que más vale que te asegures de ser una de Sus ovejas, porque si lo eres, nunca vas a tener que vivir un momento de la vida tú sola.

Podrías preguntar, «bueno, y ¿qué de mi futuro? ¿Y si esto o aquello pasa? ¿Qué tal si mi vida se cae a pedazos? ¿O si pierdo mi trabajo? ¿O si mi esposo pierde su trabajo? ¿O si nunca me caso? ¿O si no tengo hijos? ¿O si pierdo este hijo? ¿O si quedamos en bancarrota? Y tantas otras cosas en las que podemos pensar.

Pero ¿sabes qué? Algunas de estas cosas tal vez pasen. Algunas de esas cosas van a pasar, pero Dios todavía está ahí. Él está presente. Él está vivo. Él está activo. Él está trabajando en los corazones y en las vidas y a favor de Su pueblo. 

El versículo 6 nos dice lo que podemos anticipar. Sí, podemos anticipar problemas desde aquí hasta el cielo y algunos de ellos muy serios. No pretendo minimizarlos, pero lo que estoy diciendo es que hay una realidad mucho mayor que cualquier problema que puedas enfrentar desde ahora y hasta que llegues a la presencia del Señor. 

¿Cuál es la promesa? «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». No importa lo demás que pase, una cosa es segura. De hecho, algunas de sus traducciones tienen una nota al margen que dice: «Solo el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida».

Hay confianza, hay certeza. No hay duda. No hay inseguridad. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». 

Y ves esto en contraste con la maldad de la que leímos anteriormente en este salmo. «No temeré mal alguno». Hay maldad en este mundo, pero no temo porque la bondad de Dios, que vence a la maldad, me sigue todos los días de mi vida. 

La bondad y la misericordia son como un par de guardaespaldas, siempre cuidándome, siempre siguiéndome, siempre cerca, la bondad de Dios presente a pesar de la presencia de la maldad. 

También vemos la bondad de Dios en contraste con los enemigos. «Preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos». Aquí está Dios. Hay enemigos persiguiéndonos para dañarnos y para destruirnos, pero también está la bondad de Dios y Su misericordia persiguiéndonos a lo largo de todo el camino. 

Estuve buscando anoche en la Biblia de estudio de John MacArthur. Él dice que la bondad de Dios aparece en la Escritura como grande, rica, abundante, satisfactoria, perseverante y universal. Eso es lo que significa que la bondad me siga todos los días de mi vida. 

Debido a que Su bondad y Su misericordia me persiguen, mi pasado está cubierto. Su misericordia… es decir, el amor de Dios inagotable, Su amor firme. Su misericordia que perdona todas mis iniquidades y las pone detrás de mí, y no las recuerda nunca más, ¡aleluya!

La bondad y la misericordia de Dios cubren mi pasado. Quiere decir que mi presente está seguro, estoy siendo cuidada, Su bondad y Su misericordia me persiguen. 

Esto significa que mi futuro está asegurado. Siempre voy a estar cuidada por la bondad y la misericordia de Dios. No necesito preocuparme o estar asustada, o quedarme sin dormir en las noches, o estar obsesionada con el futuro. No vayas por ahí, por ese camino. No nos enfoquemos en esas cosas porque lo único que sabes a ciencia cierta acerca de tu futuro es que la bondad y la misericordia de Dios te van a seguir todos los días de tu vida.

No busques problemas. No sabes qué va a pasar. Lo que sí sabes es que el bien y la misericordia de Dios te van a seguir todos los días de tu vida. 

Esa palabra seguir se podría traducir mejor como perseguir. Su bondad y Su misericordia me van a perseguir todos los días de mi vida. 

Así que David está diciendo, como rey y pastor aquí, que el amor de pacto de Dios ha estado con él cuando todo iba bien, cuando estaba en verdes pastos y junto a aguas de reposo. El amor de Dios que guarda el pacto y Su bondad estuvieron conmigo cuando caminé por el valle de profunda oscuridad. Así que estoy seguro, por experiencia, que puedo ver hacia el futuro y saber que Su amor infalible me va a seguir todos los días de mi vida.

Dios es bueno cuando nosotras no lo somos. Dios es misericordioso cuando nosotras hemos pecado. Sabemos que todos los días de nuestras vidas no vamos a ser buenas, no vamos a ser siempre fieles. Pero Dios siempre es bueno. Él siempre es y va a ser fiel. 

Y esa bondad de Dios, de acuerdo con Romanos 2, debe llevarnos al arrepentimiento –no solo inicialmente en el punto de la conversión, sino a través de nuestras vidas– debe llevarnos al arrepentimiento continuamente. 

Pecamos y luego decimos, «Dios, has sido tan bueno conmigo. Has hecho provisión para mi pecado. Has cubierto mi pecado con Tu misericordia y con la sangre de Cristo Jesús. Oh, Dios, ¿cómo puedo pecar otra vez contra ti? Ya no quiero pecar contra ti. Me arrepiento. Le doy la espalda al pecado. Lo dejo totalmente. El bien y la misericordia que nos persiguen nos llevan al arrepentimiento. 

En una ocasión, en una de nuestras conferenciasy como es el caso frecuentemente, varios de nuestro equipo y varios del comité local que estaban siendo anfitriones de la conferencia nos reunimos la noche anterior para un tiempo de oración para buscar al Señor y pedirle su bendición sobre el evento. 

En momentos de ese tiempo oramos todos juntos; pero después, 30 o 40 de nosotros nos reunimos en el auditorio, nos repartimos en diferentes lugares del auditorio y oramos cada uno, ahí en diferentes partes del auditorio donde cientos de miles de mujeres iban a venir la siguiente noche a la conferencia. Usamos ese tiempo para buscar al Señor, esperar en Él, y escucharlo para preparar aún mi propio corazón. 

Recuerdo un punto en particular, estando arriba en la plataforma donde iba a estar hablando… estaba orando y había estado meditando en este pasaje del Salmo 23. 

Y venía a mi mente, una y otra y otra vez y meditaba en esta frase del versículo 6: «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». Y mientras estaba ahí parada en la plataforma, orando, empecé a pensar sobre cómo la bondad y la misericordia de Dios, efectivamente, me han perseguido todos los días de mi vida. 

Venían cosas a mi mente de cómo Dios había derramado Su bondad; cómo me ha llenado de bendiciones. Las tantas circunstancias que ha traído a mi vida que de ninguna manera podría yo tomar el crédito –una familia piadosa, las formas en las que me atrajo a la fe siendo una niña, tantos aspectos de las bondades de Dios en mi vida, oportunidades de ministerio y de servicio que me ha dado. 

Después empecé a pensar en algunos de mis fracasos. Momentos en que no he sido una buena oveja, cuando mi Pastor ha buscado mi corazón sin cesar y me ha traído a ese punto de arrepentimiento. Él me encontró cuando estaba descarriada, me trajo de regreso cuando yo sola no hubiera podido regresar, me rescató de mí misma y de toda clase de peligros y enemigos, me dio arrepentimiento y cubrió mi pecado con Su misericordia. 

Todas estas cosas venían a mi mente, las bondades y las misericordias de Dios, y permanecí parada en esa plataforma y simplemente empecé a llorar y a decir, «Señor, eres tan bueno. Gracias». No es que toda mi vida haya sido fácil. No hay forma de vivir todos estos años y que así sea. 

Hay cosas que son duras. Hay valles de profunda oscuridad. Pero incluso en esos valles, cuando miro hacia atrás, veo que Él ha estado conmigo. Su bondad y Su misericordia me han perseguido. Siempre me han perseguido, siempre, siempre. 

Con un corazón lleno de gratitud, dije, «gracias, Señor». Y en ese momento Dios aumentó mi fe. No solo ha sido cierto en años anteriores, sino que también será cierto todos los días de mi vida. El bien y la misericordia siempre van a estar en mi camino, siempre me van a perseguir. 

¿Saben otra cosa que pienso que también significa? No solo tenemos esa gran promesa, ese gran aliento –no importa donde estemos, no importa a donde vayamos, no importa lo que esté pasando alrededor de nosotras, no importa la clase de enemigos que estén alrededor, Su gracia y Su misericordia siempre van a estar en nuestro camino, persiguiéndonos– pero creo que también quiere decir que como resultado, a donde quiera que vayamos en el transcurso de nuestras vidas, podemos dejar un rastro de la bondad y la misericordia de Dios para aquellos que vienen detrás. 

Él nos persigue con Su bondad y Su misericordia. Ellas me seguirán todos los días de mi vida. Y mientras camino, detrás de mí queda un rastro de la bondad y la misericordia de Dios que bendice a otros. 

Es la fragancia de la que habla Pablo en el Nuevo Testamento, la fragancia de Cristo. Otras personas nos ven y ven lo que hemos pasado o lo que estamos pasando. Ven cómo respondemos y cómo confiamos en el Pastor. 

Ellos ven cómo la bondad y la misericordia están trabajando en nuestras vidas al compartir nuestro testimonio, el mensaje que proclamamos con nuestra vida, «esto es lo que Dios ha hecho por mí. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida».

Ahora, espero que esto no suene como un tipo de fe tipo utópica. Espero que hayas visto que en este salmo está la realidad de la muerte, de la oscuridad, de la maldad y los enemigos. Él no nos promete (de este lado de la eternidad) una vida libre de estos. Pero nos promete un camino a través de ellos y abundancia en medio de ellos. 

Nunca fue la intención de Dios que camináramos por esta vida cristiana aferrándonos a la vida, enterradas bajo las circunstancias, miserables, agotadas, fatigadas, derrotadas, abrumadas, en temor. Aunque tristemente esta es la manera en que muchos cristianos viven. 

El enemigo tal vez sea tu pasado. Tal vez seas tú misma. Tal vez sean hábitos pecaminosos. Tal vez sean otras personas. Tal vez sean tus circunstancias. 

Esas cosas existen. Pero ¿has visto en este salmo que podemos vivir en un lugar de abundancia incluso en medio de las presiones y de los problemas?

Entonces llegamos a la última frase del Salmo 23: «y en la casa del SEÑOR moraré por largos días». Estar en la casa del Señor por siempre es estar en la presencia del Señor, estar donde Él habita, estar donde Él está, estar en Su casa. 

¿No es eso lo que el salmista David vivió y anheló? Leemos en el Salmo 27: «Una cosa he pedido al SEÑOR, y esa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en Su templo» (v. 4).

David decía, «durante toda mi vida, ahora y por la eternidad, mi deseo, único y supremo, es estar en la presencia de Dios».

Tengo un amigo que es viudo con cuatro hijos. Cuando le dije que iba a grabar esta serie sobre el Salmo 23 me dijo, «me encanta esa última frase: en la casa del Señor moraré por largos días».

Y mientras reflexionaba sobre el sufrimiento que había experimentado junto con su familia, él dijo, «si no fuera por la eternidad, todo esto sería una broma muy cruel. Tiene que haber más que esto».

Y él me dijo: «La teología del sufrimiento es cruel si no existe el cielo».

Y no es cruel, porque sí hay un cielo, y es eterno.

Ves, esos enemigos de los que hemos hablado en este salmo son sumamente reales de este lado de la eternidad –maldad, muerte, oscuridad. Pero el cielo es la más grandiosa y definitiva realidad. Así que, sea lo que sea que estés viviendo hoy, lo que enfrentarás mañana, lo que enfrentarás la próxima semana, ese no es el capítulo final. No es el final de la historia.

Este versículo habla de tu esperanza eterna más allá del hoy, más allá del mañana, más allá de la próxima semana. Estaremos por siempre y para siempre en casa con el Señor. Esa es la esperanza que nos mantiene. Es lo que nos da valentía para enfrentar la crueldad aquí y ahora mientras pensamos en lo dulce que está por venir, lo que está delante de nosotros. 

Si tomas un himnario y revisas algunos de los himnos que se escribieron en los últimos dos siglos, es increíble como muchos de ellos hablan en su último verso acerca de la eternidad, acerca del por siempre, acerca del cielo, acerca de nuestra esperanza eterna. 

Esto es lo que hace nuestra vida soportable. Esta estancia corta y miserable aquí en la tierra nos está preparando para algo mucho más maravilloso de lo que podemos comprender. 

Pienso en himnos como Redimido por Cristo. El último verso dice:

Lo sé, lo sé, comprado con sangre yo soy,

lo sé, lo sé, con Cristo al cielo voy.

¿Conoces el himno, Cuán grande amor? El último verso dice:

Cuando al final con los santos Su gloria contemplare,
Con gratitud y con cánticos por siempre le alabaré

Y también ese himno ¡Oh qué Salvador es mi Cristo Jesús! La última estrofa dice:

Y cuando en las nubes descienda Jesús,
Glorioso al mundo a reinar,
Su gran salvación y perfecto amor,
Por siempre yo he de gozar. 

Oh Cristo te adoro, ¿qué dice el último verso? 

Después en mansiones de luz celestial,
De gozo inefable de gloria eternal.

Y luego, uno de mis favoritos: ¡Levantado fue Jesús! Camina a través del sufrimiento, la muerte sacrificial del Señor Jesús por nosotros. Y luego viene el último verso:

El rescate a Dios pagó.
Consumado es, declaró.
Dios por eso me aceptó.
¡Aleluya! ¡Gloria a Cristo!

Diremos, ¡aleluya, qué Pastor! Y diremos, «Jesús dirígeme todo el camino». Lo que realmente estamos viendo en este último versículo del Salmo 23 es el futuro, la culminación del salmo, eso que no vemos todavía por vista, pero que vemos por fe. 

Me viene a la mente un pasaje del último libro de la Biblia, Apocalipsis 7. Escucha mientras leo varios versículos: 

«Y uno de los ancianos habló (a Juan), diciéndome: “Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?”

Y yo le respondí: “Señor mío, tú lo sabes”. 

Y él me dijo: “Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”».

Cristo fue el Cordero de Dios sacrificado por nosotras.

«Por eso están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, ni el sol los abatirá, ni calor alguno, pues el Cordero en medio del trono los pastoreará y los guiará a manantiales de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojosY en la casa del SEÑOR moraré por largos días» (7:13-17).

Annamarie:Hoy hemos llegado a la conclusión de nuestro estudio del Salmo 23 en la serie titulada, «El Señor es mi Pastor». ¿Te ha paralizado el temor en medio de las circunstancias presentes o vives con una visión bíblica del futuro? Reflexionar acerca de ese «por siempre» del último versículo del Salmo 23 cambiará la forma en que vives hoy. 

En la Palabra de Dios encontramos instrucción para cada área de nuestras vidas. En nuestra próxima serie estaremos abordando un tema del que no se habla a menudo en círculos cristianos, y es el de la intimidad en el matrimonio. Asegúrate de acompañarnos para una conversación honesta y bíblica entre Nancy DeMoss Wolgemuth, Linda Dillow y Holly Elliff. Esto será mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 42 al 44.

1 Marty Goetz. Salmo 23. El Amor de Dios. Copyright Marty Goetz, 2000-2004

Ciudad de Dios, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

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