¿Qué es la Iglesia?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de Teología

¿Qué es la Iglesia?

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

El tronco de Isaí

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

El tronco de Isaí

Stephen J. Casselli

Nota del editor: Este es el 11vo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El profeta Isaías no tenía un árbol de Navidad. Tenía un tronco. Un tronco en el que crecía un solo retoño (Is 11:1). Según Isaías, ese es un verdadero árbol de Navidad. Pero ¿qué significa? ¿Por qué el profeta llama nuestra atención sobre este extraño y pequeño tronco de Navidad?

Es una imagen del Mesías prometido. Un Salvador que será el Rey. Él es un retoño del tronco de Isaí (Is 11:1). Isaí es el padre del rey David. Pero ahora todo lo que queda del glorioso reino de David es un tronco, tal como el Señor le prometió a Isaías cuando lo llamó (Is 6:13).

Desde Su nacimiento hasta Su resurrección, Jesús es el hombre del Espíritu por excelencia.

El pueblo de Dios se ha alejado. Se han apartado de su Dios, pero “las misericordias del SEÑOR jamás terminan” (Lm 3:22). Él promete levantar a Su libertador en medio de esta situación sombría y desesperada, de esta familia humilde y oscura. Y será como un retoño nuevo y vulnerable creciendo en el suelo del bosque. El Redentor prometido de Dios aparece en escena en las penumbras. Al principio parece ser débil y vulnerable. Saldrá de condiciones desesperantes, en aparente debilidad, pero Su carácter y reinado serán majestuosos.

Será la presencia del Espíritu Santo con Él lo que lo santificará y empoderará. “Reposará sobre Él el Espíritu del SEÑOR” (Is 11:2). El ungimiento de los reyes en Israel era una representación simbólica del Espíritu del Señor siendo derramado sobre ellos para que pudieran guiar al pueblo con sabiduría, justicia, fidelidad y poder (ver 1 Sam 16:13). Por el Espíritu, esta rama podrá saber lo que es correcto y ejecutar Su reinado en consecuencia.

Cuando llega el Mesías de Dios, descubrimos que Él no solo fue ungido con el Espíritu, como lo fueron los reyes de antaño, sino que en realidad fue concebido en el poder del Espíritu Santo (Lc 1:35). Desde Su nacimiento hasta Su resurrección (Rom 1:4), Jesús es el hombre del Espíritu por excelencia. En cada etapa de Su vida y ministerio, el Espíritu lo guía, lo dirige y lo empodera. Él sabe lo que se necesita para redimir a los Suyos, y el Espíritu lo capacita para salvar como corresponde.

El secreto de Su poder sabio es Su deleite en el temor del Señor (Is 11:3), el cual le es dado por el Espíritu. Él se deleita en el temor, una combinación curiosa. El principio de la sabiduría es el temor del Señor porque el que teme al Señor no temerá a nadie más. Esto es lo que lo habilita para ser un Juez equitativo (Is 11:4-5).

Esta es la esencia de la realeza. Él es un Juez misericordioso para los pobres y los afligidos [o  humildes] (v. 4). “Bienaventurados los humildes”, dijo Jesús. Los humildes son aquellos que conocen su necesidad y acuden humildemente a su Rey para recibir protección y cuidado.

Pero también es un Juez ferozmente justo que “herirá la tierra con la vara de Su boca” y “con el soplo de Sus labios matará al impío” (v. 4). Soplará sobre los orgullosos y los hará desaparecer. Los reyes justos y buenos traen justicia a la tierra. Jesús es el verdadero Juez (Jn 5:22).

La justicia produce paz. Por la sabiduría que le da el Espíritu y Su temor del Señor, Él marca el comienzo de un Reino mundial de paz. Allí los animales que suelen comerse unos a otros estarán morando en armonía (Is 11:6-7) y los niños estarán jugando con serpientes (v. 8). Ecos del Edén. Es un mundo donde la paz ha sido restaurada. Esto es lo que hacen los reyes buenos. Establecen la paz.

Desde la caída de Adán, la falta de armonía y el conflicto recorren todo el orden creado. Pero aquí, el depredador y la presa tienen naturalezas transformadas (v. 7), dando como resultado la paz. Incluso un niño podrá ejercer dominio sobre ellos, tal como Dios lo propuso desde el principio (v. 6; ver Gn 1:28).

La simiente de la serpiente ya no será temida (Is 11:8; ver Gn 3:15). En Jesús, la cabeza de la serpiente será aplastada, el enemigo será vencido. Aquí están las primicias proféticas de esa paz. Jesús ha venido como el Príncipe de Paz (Is 9:6). “La bendición del Salvador quitó la maldición”.

¿Y cómo nos convertimos en ciudadanos de Su Reino, en herederos de esta paz? Isaías nos dice: “La tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR como las aguas cubren el mar” (Is 11:9). Conocemos al Rey, el Señor; confiamos en Él y lo amamos. Personas de todas las naciones de la tierra llegarán a conocer al Señor a través de este Rey y Mesías (v. 11).

¿Lo conoces? ¿Has doblado la rodilla ante Él y confesado que Él es tu Rey y tu Salvador?

Para todos los que sí lo conocen, Isaías promete que Su lugar de descanso es glorioso (v. 10). Paz con Dios, protección contra el pecado y Satanás, consuelo en el Espíritu, sin condenación. Todo está allí; ¿lo ves? ¿Ves ese tronco, ese retoño, ese Rey? Feliz Navidad.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Stephen J. Casselli
Stephen J. Casselli

El Dr. Stephen J. Casselli es ministro principal de Holy Trinity Presbyterian Church en Tampa, Fla. Es autor de Divine Rule Maintained [Gobierno divino mantenido].

Miremos a Jesús para nuestro gozo

Soldados de Jesucristo

Marzo 05/2021

Solid Joys en Español

Miremos a Jesús para nuestro gozo

John Piper

John Piper

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La paz interior

Viernes 5 Marzo

(Jesucristo hizo) la paz mediante la sangre de su cruz. Colosenses 1 : 20

Vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz. Efesios 2 : 13-14

La paz interior

La inquietud y la ansiedad marcan fuertemente nuestra época. A menudo las presiones de la sociedad actual son la causa de ello. La soledad y el miedo al mañana también ahuyentan la paz de nuestra mente. Entonces, ¿qué significa tener paz interior ? Es un sentimiento de seguridad ligado a las certezas. Si usted habla de paz en su entorno, muy a menudo las reacciones serán : “¿La paz ? Es precisamente lo que estoy buscando, pero ¿cómo obtenerla ?”. “¡La paz ! ¡Es un espejismo, una ilusión !”. En efecto, ¿cómo hallar la paz en un mundo cada vez más individualista, afectado por el estrés, las reivindicaciones, la corrupción, las incertidumbres… ? ?

La Biblia da una respuesta, una solución a esta pregunta. Jesús dijo a sus discípulos antes de ir a la cruz : “La paz os dejo, mi paz os doy ; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14 : 27). Les dejaba la paz porque en la cruz iba a hacer la paz con Dios por ellos, sufriendo el castigo que sus pecados merecían. Luego, resucitado, Jesús fue a su encuentro y les dijo : “Paz a vosotros” (Lucas 24 : 36). Hoy, a todos los que creemos en él, nos da la paz interior, su paz.

Esto es exactamente lo que necesitan los que están solos, confundidos y temerosos. Necesitan recibir a Jesucristo como su Salvador y Señor, pero también necesitan experimentar su presencia, su paz en su corazón. Ya no debo tener miedo con respecto a las circunstancias de la vida, de la muerte y del futuro, pues Jesús resucitado me dice : ¡Te doy mi paz, una paz sin límite, no como el mundo la da !

2 Samuel 24 – Hechos 13 : 1-25 – Salmo 30 : 1-5 – Proverbios 10 : 31-32

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

«Probad los espíritus» (1 Jn. 4:1-6) – 14/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

14/29 – «Probad los espíritus» (1 Jn. 4:1-6)

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

Got Questions

¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

El catolicismo romano, la ortodoxia oriental, y algunas denominaciones protestantes utilizan el término «sacramento» para referirse a «una señal/rito que resulta en el otorgamiento de la gracia de Dios al individuo.» Típicamente, existen siete sacramentos en estas denominaciones. Ellos son: el bautismo, la confirmación, la sagrada comunión, la confesión, el matrimonio, las santas órdenes, y la administración de los santos óleos. Según la iglesia católica, «Existen siete sacramentos. Fueron instituidos por Cristo y dados a la Iglesia para administrarlos. Son necesarios para la salvación. Los sacramentos son los vehículos de la gracia que transmiten.» La Biblia, por el contrario, nos dice que esa gracia no es dada mediante símbolos externos, y que ningún ritual es «necesario para la salvación.» La gracia es gratis. «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniéramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tito 3:4-7).

Una ordenanza es simplemente una «práctica o ceremonia prescrita.» Protestantes y evangélicos ven las ordenanzas como reconstrucciones simbólicas del mensaje del evangelio, que Cristo vivió, murió, resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y algún día regresará. En vez de requisitos para la salvación, las ordenanzas son ayudas visuales para hacernos comprender mejor, y apreciar lo que Jesucristo logró por nosotros en Su obra redentora. Las ordenanzas están determinadas por tres factores: Fueron instituidas por Cristo, fueron enseñadas por los apóstoles, y fueron practicadas por la iglesia primitiva. Ya que el bautismo y la comunión son los únicos ritos que cumplen con esos criterios, sólo puede haber dos ordenanzas. Ninguna de las ordenanzas es requerida para la salvación, y ninguna es un «vehículo de la gracia.»

Generalmente se entiende que las ordenanzas son esas cosas que Jesús nos dijo que hiciéramos por otros cristianos. Con respecto al bautismo, Mateo 28:18-20 dice: «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.'» En cuanto a la comunión, llamada también la Cena del Señor, Lucas 22:19 dice: «Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi.'» La mayoría de las iglesias observan estas dos prácticas, pero puede que no necesariamente se refieran a ellas como a ordenanzas.

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Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Príncipe de Paz

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

Príncipe de Paz

Scott Redd 

Nota del editor: Este es el décimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

Imagina que el país que una vez amaste ahora se encuentra dividido, destruido, invadido por un liderazgo corrupto, amenazado por grandes poderes internacionales y aparentemente a punto de colapsar. Imagina a tus mejores líderes paralizados por su falta de carácter, indecisión e imprudencia en las alianzas internacionales. Todas estas situaciones moldearon las condiciones políticas y culturales de Jerusalén en el siglo VIII a. C., las cuales proveyeron el trasfondo para el cumplimiento de la profecía de Isaías 9:6-7. El reino del norte de Israel se había rebelado contra el reino del sur, Judá, al unirse neciamente con Siria al norte, una coalición que conduciría a la destrucción de ambas partes a manos del ejército asirio. Judá se quedó solo y con escasas posibilidades de supervivencia.

En medio de esta terrible situación, Isaías pronunció un oráculo de esperanza acerca de un niño que nacería en el reino y traería la restauración nacional e internacional al mundo.

El pasaje comienza asegurando a la audiencia sureña que el reino del norte será incluido en la restauración del exilio (Is 9:1). La restauración venidera incluirá a todos los hijos de Israel, aun a las tribus rebeldes del norte (ver Ez 37:16-17). Llegará el día en que terminará la oscuridad del exilio hasta para el norte y su capital, Samaria; aparecerá la aurora de la restauración y del nuevo rey. El Evangelio de Mateo muestra cómo la restauración del reino llega a través del ministerio de Jesucristo (Mt 4:12-16). Él es la luz que brilla en las tinieblas.

Nuestra afirmación de que el Rey regresará es igualmente audaz, pero nosotros sabemos de qué Rey hablaba Isaías.

Desde la perspectiva de Isaías, lo importante es que esta restauración venidera traerá consigo la reunificación de los dos reinos de Israel a través de un rey del linaje de David (ver 2 Sam 7:14). El nacimiento del niño marcará el fin de su sufrimiento en el exilio. El niño en Isaías 9 es el nuevo rey que inaugurará el período de restauración para el pueblo de Dios luego de los largos años de exilio.

Isaías 9:1-7 evoca una ceremonia de coronación en la que los títulos de la realeza se leen en voz alta ante una audiencia de súbditos y dignatarios. En este caso, cada título representa las características superlativas del nuevo regente, las cuales le servirán en su reino venidero como la luz que reemplaza la oscuridad del exilio que se avecina.

Admirable Consejero: El significado de este título podría parecer poco claro para una audiencia moderna. En este caso, un consejero representa un maestro de la sabiduría y sus enseñanzas. Este sabio consejero serviría en la corte del rey, quien a su vez gobernaba como jefe del poder judicial de la nación. Sin embargo, el rey restaurador se destacará en todas las áreas de la sabiduría, así como Salomón en la antigüedad, pero él mismo será un consejero maravilloso cuyo consejo va acompañado de milagros que confirman su mensaje (Mt 12:42Lc 11:311 Co 1:24). Como tal, él resolverá el problema de liderazgo deficiente que ha habido a través de la historia (Is 3:3).

Dios Poderoso: Este título indica que el rey será identificado por la soberanía divina de la cual se deriva su autoridad. Este rey no será como el primer rey de Israel, Saúl, quien era “pequeño a [sus] propios ojos” (1 Sam 15:17). Esa inseguridad lo llevó a guiar a la nación según sus propios planes y no según los planes de Dios. El rey restaurador será identificado con el rey divino y soberano del cual él, y todo líder terrenal, recibe su autoridad en la tierra (Mt 28:18).

Padre Eterno: Este título implica otra característica del trono: el rey como padre de la nación. Los cristianos recordarán que la paternidad de Dios es el tema principal de la oración que Jesús enseñó a Sus discípulos (Mt 6:9). En la oración se anima al creyente a orar a Dios como a un Padre cuyo reino vendrá y cuya voluntad real debe cumplirse tanto en el ámbito terrenal como en el celestial. En Isaías 9, el lenguaje de paternidad en este pasaje no tiene la intención de transmitir una intimidad cercana sino la reverencia con la que uno se dirige al rey (Jn 10:3014:9-10).

Príncipe de Paz: Este último título se refiere a la abundancia y la totalidad del reino de restauración que está por venir. El título “príncipe” no es necesariamente un título de menor autoridad gubernamental que el de “rey”, sino que incluye a un grupo más amplio de gobernantes. El futuro hijo de David no solo será rey, sino que será un gobernante que marca el inicio de un período de shalom (paz), de bienestar y de integridad comunitaria para el reino. Se hará justicia. Se le dará descanso al pobre y al oprimido. Y cada uno vivirá plena y totalmente según la vocación que Dios le otorgó (Jn 17:20-23Gál 3:27-29Flp 1:6).

Para el profeta Isaías, la seguridad de este reino de restauración y de su rey proveían un gran motivo de esperanza y celebración. Los suyos eran tiempos oscuros, e iban a ser aún más oscuros, pero el Señor en Su «celo» (Is 9:7) no permitiría que la oscuridad durara para siempre. Tenemos mucho en común con la audiencia de Isaías. Cuanto más tiempo parecía Dios ausente en las sombrías realidades del exilio, más audaz era la afirmación de que venía un rey restaurador. Nuestra afirmación de que el Rey regresará es igualmente audaz, pero nosotros sabemos de qué Rey hablaba Isaías. Lo hemos conocido, y Él volverá por nosotros, y Su regreso será glorioso.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scott Redd
Scott Redd

El Dr. Scott Redd es presidente y profesor asociado de Antiguo Testamento en el Reformed Theological Seminary en Washington, D.C. Es el autor de The Wholeness Imperative [El imperativo de la totalidad].

Dios se goza en hacernos bien

Soldados de Jesucristo

Marzo 04/2021

Solid Joys en Español

Dios se goza en hacernos bien

John Piper

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La comunión

Jueves 4 Marzo

(Jesús dijo :) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo ; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Apocalipsis 3 : 20

Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. 1 Juan 1 : 3

La comunión

Tomar una cena con alguien supone que hay una amistad, un deseo de intercambiar, de compartir alegrías y preocupaciones. Jesús quiso compartir con sus discípulos una última comida antes de sus padecimientos en la cruz (Lucas 22 : 15). Esa última “cena” es mencionada en los cuatro evangelios. Aquella noche el Señor instituyó la Cena -el pan y la copa- que deseaba compartir con sus discípulos antes de ser crucificado.

Veamos la actitud del Señor hacia los suyos, a quienes amaba. Desde su llegada, él, el Maestro, se humilló. Lavó los pies a cada uno para que se sintiesen bien en su presencia. Simpatizó con todo lo que les preocupaba, como si dijese : Conozco el poder de Satanás, la traición de Judas, la debilidad y el amor de cada uno… Y añadió : “No se turbe vuestro corazón”. “Confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 14 : 27 ; 16 : 33). Cenar con Jesús significaba beneficiarse de sus maravillosas compasiones.

Pero Jesús tenía otro objetivo : compartir sus pensamientos con sus discípulos, a quienes llamaba “amigos”, “hijos”. Les habló de la casa del Padre, de su comunión con el Padre ; les anunció la venida del Espíritu Santo que estaría siempre con ellos (lea Juan 13 a 17).

Todos los que reciben al Señor hallan a alguien que los anima en todas las circunstancias. Al mismo tiempo los introduce en la esfera de sus intereses por Dios y por todos los creyentes, es decir, su Iglesia. Así somos llevados a tener comunión con el Padre, con el Señor y con los suyos.

2 Samuel 23 – Hechos 12 – Salmo 29 : 7-11 – Proverbios 10 : 29-30

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