Cinco enseƱanzas de una Oveja Perdida – 14

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

14 – Cinco enseƱanzas de una Oveja Perdida

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 4

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teologƭa SistemƔtica

Clase 22/26

El plan de redención – Parte 4

Bienvenido. Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

Mientras hemos estado estudiando el plan de redención de Dios, la semana pasada, con John Joseph uno de nuestros pastores recientemente reconocidos, consideramos la gloriosa obra de Dios de adoptar pecadores rebeldes en su propia familia, para luego santificarlos, y preservarlos hasta el final.

Sin embargo, a medida que nos preocupamos por las personas y vivimos la vida cristiana, la perseverancia puede ser un tema problemÔtico y difícil. Supongo que la mayoría de nosotros tenemos conocidos, familiares y amigos que se han «alejado», han abandonado la fe. E incluso en nuestra última reunión de miembros tuvimos a uno de los nuestros que había renunciado a la fe. Si bien esto nos causa una gran pena, no debería ser una gran sorpresa. Porque no todos los que alguna vez profesaron fe en Cristo serÔn salvos. Se hacen falsas profesiones; los entusiastas a corto plazo se apartan (Mt. 13:20-22); y no todos los que dicen «Señor, Señor» entrarÔn en el reino de los cielos (Mt 7:21-23). Y ya se trate del dolor de las pruebas, la tentación del pecado o la desesperación de las dudas persistentes, terminar la carrera y pelear la buena batalla a menudo parece una batalla demasiado grande para nosotros.

Pero nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección. Nuestra esperanza es que Dios preservarĆ” a su pueblo, ĀæamĆ©n? Lo repetirĆ© una vez mĆ”s: nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección, porque como dice John MacArthur, si pudiĆ©ramos perder nuestra salvación lo harĆ­amos. Nuestra esperanza es que Dios preservarĆ” a su pueblo. Ɖl terminarĆ” esta obra que comenzó en nosotros (Filipenses 1:6). NingĆŗn cristiano se perderĆ”. Nadie quedarĆ” atrĆ”s. Nuestro salvador dice: Ā«Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el dĆ­a postreroĀ» (Jn. 6:39). Ā«Y yo les doy vida eterna; y no perecerĆ”n jamĆ”s, ni nadie las arrebatarĆ” de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi PadreĀ» (Juan 10:28-29). Observemos algo aquĆ­ acerca del carĆ”cter de nuestro salvador. Ā”FĆ­jate cuĆ”n seguro estĆ” de asegurar nuestra salvación! No sĆ© tĆŗ, pero cuando soy puesto a prueba en la vida cristiana, me da miedo. Me desanimo. Como un niƱo con miedo a los monstruos que se niega a dormir, me niego a descansar y confiar en algo que no sea yo. Ā”Pero JesĆŗs no es asĆ­! Ӄl nuestro es un salvador seguro! Ā”RegocĆ­jate en eso esta maƱana! Ɖl dice: Ā«Todo lo que el Padre me da, vendrĆ” a mĆ­; y al que a mĆ­ viene, no le echo fueraĀ» (Juan 6:37). QuĆ© promesa. QuĆ© invitación. Tal vez estĆ”s visitĆ”ndonos esta maƱana, con un amigo o solo querĆ­as ver cómo es el cristianismo. Solo quiero reiterar esa promesa y te invito a confiar en ella. JesĆŗs nunca te echarĆ” si vienes a Ć©l en arrepentimiento y fe.

Pero tal vez eres cristiano, o quieres ser uno, Āæpero crees que has cometido el Ā«pecado imperdonableĀ»? Durante mucho tiempo, estaba preocupado por haber cometido este pecado. ĀæEstamos malditos mĆ”s allĆ” del perdón? En Mt. 12:31, dice JesĆŗs, la blasfemia contra el EspĆ­ritu nunca serĆ” perdonada. Pero Ć©l no se estĆ” refiriendo a pecados Ā«realmente malosĀ» como el asesinato (MoisĆ©s, David, incluso Pablo fueron asesinos), o el adulterio (David), o el suicidio. La Biblia no hace distinción entre pecados mortales y veniales. En contexto, blasfemar contra el EspĆ­ritu Santo es atribuir de manera intencional, desafiante y persistente a SatanĆ”s lo que es innegablemente obra de Dios. Sam Storms seƱala: Ā«La blasfemia contra el EspĆ­ritu Santo no es un error momentĆ”neo, transitorio o inadvertido en el juicio, sino una rebelión persistente de toda la vida frente a la verdad ineludible. La blasfemia contra el EspĆ­ritu Santo no es un acto descuidado, sino una actitud endurecida. Los fariseos habĆ­an visto a JesĆŗs sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos, enseƱar en el Sermón del Monte, dar vista a los ciegos, sanar a los paralĆ­ticos. La blasfemia contra el EspĆ­ritu Santo, por tanto, no es solo incredulidad, sino una incredulidad desvergonzada que surge no de la ignorancia de lo que es verdadero, sino que desafĆ­a lo que uno sabe mĆ”s allĆ” de toda duda que es verdad. No es una simple negación, sino una negación decidida… La blasfemia contra el EspĆ­ritu Santo es, por definición, un repudio no arrepentido hacia EspĆ­ritu Santo y una identificación impenitente de su obra con la obra del diabloĀ».

Trazar un paralelo entre los obstinados lĆ­deres religiosos de los dĆ­as de JesĆŗs y los nuestros es difĆ­cil. Tal vez un buen ejemplo es el lĆ­der de la iglesia impenitente que rechaza lo que sabe que es la verdad de Dios, y conduce a otros a hacer lo mismo. Es difĆ­cil decirlo. Pero podemos decir con Romanos 10:13Ā«Porque todo aquel que invocare el nombre del SeƱor, serĆ” salvoĀ». Eso incluye a hombres que han negado a JesĆŗs pĆŗblicamente (como Pedro), y que han ordenado que otros sean asesinados (como Pablo). ĀæNo es alentador que los hĆ©roes de la fe sean grandes pecadores tambiĆ©n? Si hay esperanza para ellos, hay esperanza para nosotros.

Antes de continuar, ¿alguna pregunta final acerca de la perseverancia o la blasfemia contra el Espíritu Santo? [Solo una última cosa: si estÔs preocupado por haber blasfemado contra el Espíritu Santo, es probable que no te hayas dado cuenta que demuestras sensibilidad ante este pecado. Pero si tiene mÔs preguntas al respecto, no dudes en enviarnos un correo electrónico, nuestra información de contacto estÔ en la parte posterior del folleto, o habla con un anciano].

Pasemos al punto 2 de tu folletoLa muerte

Todos los dĆ­as al ver las noticias, encontramos enemigos. A pesar de estar en las montaƱas de Utah, mi esposa y yo todavĆ­a escuchĆ”bamos los trĆ”gicos asesinatos de aquellos en el cine de Louisiana. Leyendo el periódico, escuchamos sobre militantes de ISIS, terroristas locales en Tennessee o Carolina del Sur, bombas iranĆ­es. Todos estos son enemigos. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, el Ćŗltimo gran enemigo al que nos enfrentamos en esta vida no es el terrorismo, un rĆ©gimen polĆ­tico o aquellos empeƱados en destruir la libertad de expresión y la religión. El Ćŗltimo gran enemigo, segĆŗn la Biblia, es la muerte misma. 1 Co. 15:26 dice: Ā«Y el postrer enemigo que serĆ” destruido es la muerteĀ».

Pero cada vez mĆ”s nuestra cultura ve la muerte no como un enemigo, sino como un amigo, tal vez incluso como nuestra Ćŗltima esperanza. Lo fue para Brittany Maynard, de 29 aƱos, quien eligió el alivio de la muerte en lugar de las pruebas de la vida. Ya sea que estemos hablando de suicidio asistido por un mĆ©dico (tambiĆ©n conocido como Ā«muerte con dignidadĀ», si existe tal cosa) o de los 50 millones de bebĆ©s abortados desde Wade v. Roe, la muerte debe ser bienvenida, no temida, apreciada, no aborrecida. Por cierto, el nĆŗmero de bebĆ©s abortados representa aproximadamente 1/6 parte de nuestra población actual. Y si has visto los videos de Planned Parenthood en los Ćŗltimos tiempos, es innegable que nuestra cultura al menos tiene una visión insensible e informal de la muerte.

Pero la Biblia presenta una visión diferente de la muerte. No es «fallecer o dejar de existir» (Mary Baker Eddy). No es navegar felizmente hacia el atardecer. Las Escrituras aclaran que la muerte es una maldición (Gn. 3:19). Es una consecuencia directa y un castigo del pecado humano. La paga del pecado es la muerte (Ro. 6:23). Y todos mueren, porque todos han pecado (Ro. 5:12). La muerte no es natural. No es pacífica. Es trÔgica y aterradora, porque refleja el justo juicio de Dios sobre nosotros en nuestro pecado. No hay nada romÔntico acerca de la muerte en la Biblia. Es tan horrible que incluso el que triunfaría sobre ella se estremeció y se conmovió ante la tumba de su amigo LÔzaro (Jn. 11:33-36). La muerte no era el amigo libertador de LÔzaro, o el portal a una «vida mejor». Jesús vio la muerte por lo que era.

La razón por la que no lloramos como aquellos que no tienen esperanza no es porque sepamos que la muerte es buena, sino porque sabemos que el amor y la vida de Dios son mÔs poderosos que las fauces de la muerte (1 Ts. 4:13). Aunque sentimos su mordedura, Cristo ha eliminado el aguijón de la muerte y tenemos esperanza en eso (1 Co.15: 54-57).

Entonces como aquellos que tienen esperanza, debemos considerar: ĀæQuĆ© pasa cuando morimos? Este es el punto B en el interior de tu folleto. Ha habido un mercado popular (Ā”y rentable!) de libros del gĆ©nero Ā«turismo celestialĀ» Ćŗltimamente. AsĆ­ es, libros como Ā«Heaven Is For RealĀ» que recientemente salió a la luz, hablan de personas que mueren, van al cielo, y luego vuelven y nos cuentan todo tipo de cosas al respecto. PermĆ­teme ser claro en esto: las cosas que dicen esos libros no son ciertas. Como dice JesĆŗs, la Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). La Biblia nos da preciosos y pequeƱos detalles acerca del estado en que nos encontramos entre la muerte y el cielo o lo que se conoce como el Ā«estado intermedioĀ». La mayorĆ­a de lo que la Biblia dice acerca del cielo se refiere al estado eterno (lo que sucede despuĆ©s de la resurrección final), no al estado intermedio (lo que sucede entre la muerte y la resurrección final).

No obstante, en lo que respecta al estado intermedio, las Escrituras dicen que cuando morimos, nuestras almas y cuerpos se separan mientras esperan esa reunión final en los cielos nuevos y la tierra nueva. No estamos simplemente en algĆŗn espacio contemplativo suspendido. Tampoco somos almas perdidas vagando por las sombras o cruzando el rĆ­o Styx. Pablo dice: Ā«Pero confiamos, y mĆ”s quisiĆ©ramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al SeƱorĀ» (2 Co. 5:8). AsĆ­, cuando morimos, somos hechos parte de la verdadera Sión, junto a Ā«muchos millares de Ć”ngeles,  a la congregación de los primogĆ©nitos que estĆ”n inscritos en los cielosĀ» como dice Hebreos 12:22-23. QuĆ© increĆ­ble suena eso: Ā”cuando muramos, estaremos junto a innumerables Ć”ngeles en una fiesta en el cielo! ĀæAlguna vez te detuviste a considerar eso? SĆ© que yo no lo he hecho lo suficiente. Estaba en un avión cuando me preparaba para esta clase y miraba por la ventana a 9000 m de altura, preguntĆ”ndome dónde estĆ” esta fiesta, ¿”Piloto llĆ©vame allĆ­!? Pero JesĆŗs es el verdadero y Ćŗnico piloto que puede llevarnos allĆ­, Āæno? Cuando morimos, nuestras almas van inmediatamente a estar con Ć©l y disfrutar, este va a ser el momento mĆ”s feliz, disfrutaremos, la existencia continua, consciente y personal con nuestro SeƱor mientras esperamos la resurrección de nuestros cuerpos en el Ćŗltimo dĆ­a. DeberĆ­a detener la clase aquĆ­ para sentarnos y maravillarnos.

Pero algunos han tomado la imagen de Ā«dormirĀ» de la Biblia, que es una referencia a la muerte como apoyo a una especie de Ā«sueƱo del almaĀ». De acuerdo con este punto de vista, los cristianos estĆ”n en un estado suspendido de inconsciencia hasta el juicio final. Si quieres una palabra divertida del dĆ­a, se llama psicopaniquia. Dato teológico divertido del dĆ­a: Juan Calvino escribió su primer tratado teológico en contra de esta opinión. Porque la Biblia habla del estado intermedio como una existencia consciente, no un sueƱo, no un sueƱo del alma. DespuĆ©s de todo, considera lo que JesĆŗs le dice al ladrón en la cruz: Ā«De cierto te digo que hoy estarĆ”s conmigo en el paraĆ­soĀ» (Lc. 23:43). Ā”Alabado sea Dios que cuando morimos no entramos en una coma etĆ©rea! Ā”Entramos en la presencia de JesĆŗs!

Sin embargo, otros han sugerido que el estado intermedio ofrece todas las oportunidades de la salvación post mortem, o, en otras palabras, que podemos ser salvos despuĆ©s de morir. Este punto de vista es especialmente atractivo para aquellos que quieren decir que todos deben arrepentirse y creer para poder ser salvos y, no obstante, quieren una forma para que las personas sean salvas, aunque nunca han escuchado acerca de Cristo en esta vida. Recuerda la parĆ”bola del hombre rico en Lucas 16:9-31. No hubo una segunda oportunidad, ninguna oportunidad post mortem para ese hombre rico que rechazó a Dios. Y, por supuesto, nadie es condenado simplemente por rechazar a Cristo conscientemente. Por el contrario, todos estamos condenados y perdidos a causa del pecado consciente y voluntario. Pablo dice en Romanos 3:23Ā«por cuanto todos pecaron, y estĆ”n destituidos de la gloria de DiosĀ». En otras palabras, nuestro problema no es fundamentalmente que no conozcamos a JesĆŗs, sino que hayamos pecado conscientemente y deliberadamente, por tanto, merecemos la ira de Dios. Una ira que enfrentaremos en la próxima vida si no recurrimos a JesĆŗs en esta vida; esta vida es la Ćŗnica oportunidad que tenemos, por eso debemos ser tan urgentes en compartir las buenas noticias. Hebreos 9:27 dice: Ā«EstĆ” establecido para los hombres que mueran una sola vez, y despuĆ©s de esto el juicioĀ».

Esto significa que la idea del purgatorio no es consistente con el estado intermedio. El purgatorio es la doctrina católica romana, que enseƱa que aunque Cristo ha perdonado la culpa del pecado, el castigo por los pecados debe ser sufrido antes de que uno pueda ser completamente limpio y entrar al cielo. El purgatorio es un lugar de purificación y preparación. La duración e intensidad de esos sufrimientos estĆ” determinada por los pecados cometidos. La estancia de alguien en el purgatorio puede reducirse con las oraciones de los que viven, las buenas obras de los fieles o la misa. El Papa tiene jurisdicción sobre el purgatorio; cualquier indulgencia (dinero) entregada a la iglesia en nombre de los muertos puede aliviar el sufrimiento o eliminarlos todos juntos. Esta doctrina, este abuso de la Escritura es lo que dio origen a las 95 tesis de Lutero  y estimuló la Reforma. Y para ser claro: no hay garantĆ­a bĆ­blica del purgatorio. Lo mejor que la Iglesia de Roma puede hacer es seƱalar 2 Macabeos 12:42-45, que en sĆ­ mismo no es un libro canónico (no estĆ” en la Biblia), ni siquiera enseƱa claramente la doctrina. De modo que no tiene sentido orar por los muertos, y mucho menos comprar indulgencias o dedicar esfuerzos para asegurar una pronta liberación de los difuntos de los castigos del purgatorio.

Finalmente, el estado intermedio rechaza la noción de aniquilacionismo, donde los que mueren en incredulidad son aniquilados, cuerpo y alma completamente destruidos, mientras que los creyentes existen eternamente con el SeƱor. Aunque el aniquilacionismo es apoyado por los adventistas del sĆ©ptimo dĆ­a y algunos prominentes evangĆ©licos britĆ”nicos (Lewis, Stott), no estĆ” respaldado por las Escrituras. SĆ­, incluso C.S. Lewis se equivoca.

Sabemos esto porque al hablar del fin de los tiempos, Daniel escribe: Ā«Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serĆ”n despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetuaĀ» (Daniel 12:2). Los pecadores y los santos continuarĆ”n existiendo para siempre. Esta es una verdad importante porque nos enseƱa a cuidar a las personas porque sabemos que van a existir para siempre y queremos que existan en el gozo de Dios, no bajo su ira. Entonces, cuando estamos tratando con alguien, especialmente con alguien difĆ­cil, tal vez alguien que no nos gusta realmente, quizĆ” nuestro cónyuge, solo recuerda: esta es una persona; podrĆ­a haber ramificaciones eternas de nuestro trato hacia ellas. Esta realidad, que las personas existirĆ”n para siempre, es la razón por la cual una de las cosas mĆ”s amorosas que JesĆŗs hizo fue hablar no solo de la vida eterna, sino tambiĆ©n del castigo eterno (Mt. 25:46), donde los fuegos del infierno son Ā«eternosĀ» Ā«inextinguiblesĀ» (Mt. 3:1218:825:41). Si alguien viene a ti y te dice que JesĆŗs nunca habló acerca del infierno, simplemente puedes estar seguro de que no ha leĆ­do bien la Biblia; En amor, JesĆŗs habló claramente de ello, y las referencias estĆ”n ahĆ­ en tu folleto para que puedas darle un vistazo.

Aunque la muerte es el Ćŗltimo gran enemigo, Cristo ha vencido a la muerte. Por tanto, el cristiano finalmente puede enfrentar la muerte no con miedo, sino con la esperanza de que la muerte no tendrĆ” la Ćŗltima palabra. AsĆ­, podemos decir con Pablo: Ā«Porque para mĆ­ el vivir es Cristo, y el morir es gananciaĀ» (Fil. 1:21). Podemos unirnos a Pablo en su cĆ”ntico: Ā«ĀæDónde estĆ”, oh muerte, tu aguijón? ĀæDónde, oh sepulcro, tu victoria?Ā» (1 Corintios 15:55).

Avancemos al punto 4 en el lado derecho en el interior de tu folleto: La glorificación.

Lo creas o no, ir al cielo cuando morimos no es nuestra esperanza final. Correcto, no solo queremos estar en el estado intermedio; queremos estar en el estado final. Ese estado final es la glorificación. La glorificación es la esperanza final del cristiano.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. SucederÔ cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

Este es el gran paso final. En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libres puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Si vas a elegir un texto para meditar sobre la glorificación, todo lo que tienes que hacer es ir a 1 Corintios 15. En Ć©l, Pablo dice: Ā«He aquĆ­, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocarĆ” la trompeta, y los muertos serĆ”n resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformadosĀ» (1 Corintios 15:51-52).

Pero, Āæcómo serĆ”n transformados y glorificados nuestros cuerpos cuando estĆ©n 3 m bajo tierra y comidos por los gusanos? Esta es probablemente la pregunta a la que Pablo responde en 2 Corintios. Ɖl responde usando la analogĆ­a de una semilla que necesita ser enterrada para convertirse en la planta para la que fue creada. Si bien no es concluyente, es sugestivo que habrĆ” alguna forma de continuidad con nuestros viejos cuerpos una vez que sean glorificados (Romanos 8:11). Si muero maƱana, ĀætendrĆ© un cuerpo de 25 aƱos en el cielo? No lo sĆ©.

La Escritura simplemente nos dice que nuestros cuerpos serĆ”n como el de Cristo. Filipenses 3:21, dice que Cristo Ā«transformarĆ” el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suyaĀ». Observa cómo, de nuevo, no podemos tomar crĆ©dito; Cristo es el actor en esa oración, Ć©l es el transformador de nuestros cuerpos.

Para ser claro: la glorificación se aplica a nuestros cuerpos fĆ­sicos. Pablo dice: Ā«AsĆ­ tambiĆ©n es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitarĆ” en incorrupciónĀ» (1 Corintios 15:42). Esto significa que nuestros cuerpos serĆ”n como el de Cristo, no porque nos parezcamos a Ć©l, sino porque nuestros cuerpos no se desgastarĆ”n, envejecerĆ”n, enfermarĆ”n, ni sufrirĆ”n daƱo (Apocalipsis 21:3-5). Esta es la razón por la cual las Escrituras dicen: Ā«seremos semejantes a Ć©l, porque le veremos tal como Ć©l esĀ» (1 Juan 3:2).

Nuestros cuerpos glorificados serÔn perfeccionados. Podemos regocijarnos de que nuestros nuevos cuerpos serÔn hechos a imagen de Dios, como originalmente lo pensó, siendo conformados a la semejanza de Cristo.

¿Esperas ansiosamente el regreso de Cristo cuando la salvación serÔ completa y nuestros cuerpos serÔn como el de Cristo?

Quiero concluir hoy con esta pregunta: ¿Hay momentos específicos en la vida que te hayan llevado a desear mÔs el cielo? ¿Alguien dispuesto a compartir?

Sabes, una de las bellezas de ser parte de una iglesia local es tener amistades con personas diferentes a ti principalmente porque ambos creen en JesĆŗs. Y solo quiero decir cuĆ”nto me alienta como joven, el ver a santos mayores, cuyos cuerpos sufren, estĆ”n rotos y llenos de dolor; estos santos son un gran testimonio de la esperanza en la glorificación. De la esperanza de que un dĆ­a estos cuerpos no se romperĆ”n. El cĆ”ncer no podrĆ” ingresar en ellos. Nunca volverĆ”s a mirarte en el espejo y desearĆ”s tener un tamaƱo diferente. Porque cada vez que te mires a ti mismo, podrĆ”s recordar que eres de Cristo, y Ć©l es tuyo. QuĆ© esperanza. Mark recientemente publicó en Twitter: Ā«Nuestros ejemplos de penurias duraderas a menudo son mĆ”s poderosos que nuestras historias de Ć©xito y triunfoĀ». La próxima semana hablaremos acerca de la doctrina de la iglesia, nuestros hermanos y hermanas con quienes nos reunimos para regocijarnos en esta esperanza, pero por ahora permĆ­teme orar por nosotros.

Oremos.

Notas del autor:

LA GLORIFICACIƓN

(1 Corintios 15:51-521 Tesalonicenses 4:14-16Romanos 8:111 Corintios 15:53Ap. 21:35)

La glorificación es esa bendición salvadora en la que los creyentes disfrutan la plena y final realización de nuestra unión con Cristo, en la cual los santos serÔn transformados para reflejar a la perfección la imagen de Jesucristo por la eternidad.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. SucederÔ cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libre puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Filipenses 3:20-4:1

Ā«20 Mas nuestra ciudadanĆ­a estĆ” en los cielos, de donde tambiĆ©n esperamos al Salvador, al SeƱor Jesucristo; 21 el cual transformarĆ” el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambiĆ©n sujetar a sĆ­ mismo todas las cosas. 4:1: AsĆ­ que, hermanos mĆ­os amados y deseados, gozo y corona mĆ­a, estad asĆ­ firmes en el SeƱor, amadosĀ».

Romanos 8:23

«No sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo».

1 Co. 15:51-53

Ā«51He aquĆ­, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocarĆ” la trompeta, y los muertos serĆ”n resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidadĀ».

La iglesia no espera el regreso de Cristo para que podamos estar unidos a él; mÔs bien, la iglesia estÔ unida a Cristo y espera ansiosamente la consumación de esta unión.

Mark Deve

ĀæEstĆ” el hombre compuesto de dos o tres partes?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de TeologĆ­a

ĀæEstĆ” el hombre compuesto de dos o tres partes?Ā 

Lucas AlemƔn

Lucas AlemĆ”n es director de educación en espaƱol y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. AdemĆ”s, es pastor en la Iglesia BĆ­blica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseƱar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramĆ”tica de hebreo y exĆ©gesis de hebreo, Ć©l tambiĆ©n da clases de exĆ©gesis de griego y teologĆ­a. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, ElĆ­as AgustĆ­n y Enoc Emanuel.

ĀæY si no tengo deseos de orar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

ĀæY si no tengo deseos de orar?

Adriel Sanchez

Nota del editor: Este es el capítulo 18 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Nunca he conocido a un cristiano que haya dicho: «Creo que oro lo suficiente». A la mayoría de nosotros nos cuesta orar. Esto puede ser por diversas razones, pero a veces es que simplemente no deseamos orar. Nuestra falta de deseo no solo se debe a la pereza, sino que radica en una incredulidad mucho mÔs profunda. Muchas veces no deseamos orar porque no creemos verdaderamente que orar nos ayudarÔ. Somos incrédulos, como suele demostrar el hecho de que orar no es lo primero que hacemos normalmente, pues lo vemos como el último recurso. Para poder cultivar una pasión por la oración tenemos que recordar el poder de la oración.

El poder de la oración no depende de tus deseos de orar, sino de la fe en las promesas de Dios.

La oración es uno de los medios principales por los cuales descubrimos el plan soberano de Dios para nuestras vidas. No siempre tendremos deseos de orar, pero cuando lo hacemos, las cosas cambian. JesĆŗs dijo: Ā«Porque en verdad os digo que si tenĆ©is fe como un grano de mostaza, dirĆ©is a este monte: Ā«PĆ”sate de aquĆ­ allÔ», y se pasarĆ”; y nada os serĆ” imposibleĀ» (Mt 17:20). Observa la relación que hay entre la fe y la oración. La fe produce oración. AsĆ­ como un reciĆ©n nacido comienza a balbucear, al que ha nacido de nuevo se le concede un nuevo deseo de tener comunión con Dios a travĆ©s de la oración. Sin embargo, la debilidad de nuestra carne (la misma debilidad que impedĆ­a que los discĆ­pulos de JesĆŗs oraran, Mt 26:41) a menudo apaga el deseo de orar. Esa debilidad, junto al diluvio de las circunstancias de la vida, puede acabar completamente con nuestra vida de oración.

Necesitamos avivar las llamas de las brasas de la oración. Estas brasas son encendidas por medio de la predicación fiel que escuchamos los domingos y por nuestra propia lectura privada de la Escritura durante la semana. La fe produce oración, pero la Palabra de Dios con Su Espíritu produce fe (Rom 10:17). En mi propia vida, he notado que existe una correlación directa entre estar llenos de la Palabra de Cristo y tener el deseo de una comunión con Dios por medio de la oración. La falta de oración resulta de una falta de fe, lo cual suele significar que hemos dejado de contemplar la gloria de Dios revelada en la Escritura.

Así que para el cristiano que dice: «Es que nunca tengo deseos de orar» (el tipo de cristiano que me encuentro todo el tiempo), mi exhortación es esta: disciplínate para orar comoquiera. Acepta que el poder de la oración no depende de tus deseos de orar, sino de la fe en las promesas de Dios. Sumérgete en esas promesas y notarÔs que hay momentos en tu vida en los que la oración se enciende como un fuego. También podrías notar que a veces orar es como encender un carro durante el invierno: toma tiempo para que el motor se caliente. Eso estÔ bien. No te des por vencido cuando te sientas frío; mÔs bien, excava mÔs profundo en los tesoros del evangelio. Ese evangelio produce fe, y esa fe producirÔ un corazón de oración.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Adriel Sanchez
Adriel Sanchez

El Rev. Adriel SƔnchez es el pastor principal de la iglesia North Park Presbyterian Church en San Diego y conductor del programa de radio Core Christianity.

Cuando el alfarero estĆ” a nuestro favor

Soldados de Jesucristo

Marzo 12/2021

Solid Joys en EspaƱol

Cuando el alfarero estĆ” a nuestro favor

John Piper

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Por las redes de Sus manos

Viernes 12 Marzo

Respóndeme pronto, oh SeƱor, porque desmaya mi espĆ­ritu. Salmo 143 : 7

Por las redes de Sus manos

Testimonio

ā€œLlevĆ”bamos 18 dĆ­as a la deriva. En aquella pequeƱa embarcación, a la cual no cesaba de filtrarse el agua, habĆ­amos enfrentado varias tormentas e intensos frentes frĆ­os. TenĆ­amos hambre y sed. Los innumerables barcos comerciales que pasaban no podĆ­an vernos ; los remos tampoco respondĆ­an ante la caprichosa voluntad de la corriente oceĆ”nica del Caribe.

Mis fuerzas y mi fe en Dios estaban a punto de sucumbir, aunque en público no demostraba ninguna debilidad. Ya no tenía Ônimos para cantar, ni alabar. Los ojos de mis compañeros no creyentes estaban puestos en mí en todo momento, a la expectativa de mi posible frustración.

ā€SeƱorā€œ, le dije desde el fondo de mi alma,ā€mi fe se desmorona ; si no nos salvas hoy, ya no podrĆ© mantener el ejemplo en alto por mĆ”s tiempo ; tĆŗ me conoces, no puedo mĆ”s ; lo sientoā€œ.

Esa madrugada vimos una luz distante que se acercaba lentamente hacia nosotros. Eran dos pescadores mexicanos que recogƭan sus redes kilomƩtricas y, sin que nadie lo sospechara, estas se habƭan enredado en nuestra hƩlice por debajo del agua. Literalmente nos habƭan pescado. Entonces fuimos rescatados.

No importa cuĆ”ntos dĆ­as haya durado la prueba, ni las terribles circunstancias que hayamos tenido que atravesar. Ɖl nos cuida. Debemos ser sinceros con Dios y no aparentar una fuerza interior que realmente no poseemos ; solo Ć©l la renueva. El mundo espera y desea ver nuestra caĆ­da y desesperanza, pero debemos permanecer firmes en la fe. JesĆŗs nunca nos probarĆ” mĆ”s allĆ” de lo que podamos resistir. Su luz nos guĆ­a en la oscuridad ; incluso cuando parece que vamos sin rumbo, a la deriva, las redes de Sus manos nos sostienen con amor para rescatarnosā€.Edi

Ezequiel 7Ā –Ā Hechos 17 : 16-34Ā –Ā Salmo 32 : 5-7Ā –Ā Proverbios 11 : 13-14

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