Cinco enseñanzas de una Oveja Perdida – 14

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

14 – Cinco enseñanzas de una Oveja Perdida

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 4

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 22/26

El plan de redención – Parte 4

Bienvenido. Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

Mientras hemos estado estudiando el plan de redención de Dios, la semana pasada, con John Joseph uno de nuestros pastores recientemente reconocidos, consideramos la gloriosa obra de Dios de adoptar pecadores rebeldes en su propia familia, para luego santificarlos, y preservarlos hasta el final.

Sin embargo, a medida que nos preocupamos por las personas y vivimos la vida cristiana, la perseverancia puede ser un tema problemático y difícil. Supongo que la mayoría de nosotros tenemos conocidos, familiares y amigos que se han «alejado», han abandonado la fe. E incluso en nuestra última reunión de miembros tuvimos a uno de los nuestros que había renunciado a la fe. Si bien esto nos causa una gran pena, no debería ser una gran sorpresa. Porque no todos los que alguna vez profesaron fe en Cristo serán salvos. Se hacen falsas profesiones; los entusiastas a corto plazo se apartan (Mt. 13:20-22); y no todos los que dicen «Señor, Señor» entrarán en el reino de los cielos (Mt 7:21-23). Y ya se trate del dolor de las pruebas, la tentación del pecado o la desesperación de las dudas persistentes, terminar la carrera y pelear la buena batalla a menudo parece una batalla demasiado grande para nosotros.

Pero nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección. Nuestra esperanza es que Dios preservará a su pueblo, ¿amén? Lo repetiré una vez más: nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección, porque como dice John MacArthur, si pudiéramos perder nuestra salvación lo haríamos. Nuestra esperanza es que Dios preservará a su pueblo. Él terminará esta obra que comenzó en nosotros (Filipenses 1:6). Ningún cristiano se perderá. Nadie quedará atrás. Nuestro salvador dice: «Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero» (Jn. 6:39). «Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre» (Juan 10:28-29). Observemos algo aquí acerca del carácter de nuestro salvador. ¡Fíjate cuán seguro está de asegurar nuestra salvación! No sé tú, pero cuando soy puesto a prueba en la vida cristiana, me da miedo. Me desanimo. Como un niño con miedo a los monstruos que se niega a dormir, me niego a descansar y confiar en algo que no sea yo. ¡Pero Jesús no es así! ¡Él nuestro es un salvador seguro! ¡Regocíjate en eso esta mañana! Él dice: «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). Qué promesa. Qué invitación. Tal vez estás visitándonos esta mañana, con un amigo o solo querías ver cómo es el cristianismo. Solo quiero reiterar esa promesa y te invito a confiar en ella. Jesús nunca te echará si vienes a él en arrepentimiento y fe.

Pero tal vez eres cristiano, o quieres ser uno, ¿pero crees que has cometido el «pecado imperdonable»? Durante mucho tiempo, estaba preocupado por haber cometido este pecado. ¿Estamos malditos más allá del perdón? En Mt. 12:31, dice Jesús, la blasfemia contra el Espíritu nunca será perdonada. Pero él no se está refiriendo a pecados «realmente malos» como el asesinato (Moisés, David, incluso Pablo fueron asesinos), o el adulterio (David), o el suicidio. La Biblia no hace distinción entre pecados mortales y veniales. En contexto, blasfemar contra el Espíritu Santo es atribuir de manera intencional, desafiante y persistente a Satanás lo que es innegablemente obra de Dios. Sam Storms señala: «La blasfemia contra el Espíritu Santo no es un error momentáneo, transitorio o inadvertido en el juicio, sino una rebelión persistente de toda la vida frente a la verdad ineludible. La blasfemia contra el Espíritu Santo no es un acto descuidado, sino una actitud endurecida. Los fariseos habían visto a Jesús sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos, enseñar en el Sermón del Monte, dar vista a los ciegos, sanar a los paralíticos. La blasfemia contra el Espíritu Santo, por tanto, no es solo incredulidad, sino una incredulidad desvergonzada que surge no de la ignorancia de lo que es verdadero, sino que desafía lo que uno sabe más allá de toda duda que es verdad. No es una simple negación, sino una negación decidida… La blasfemia contra el Espíritu Santo es, por definición, un repudio no arrepentido hacia Espíritu Santo y una identificación impenitente de su obra con la obra del diablo».

Trazar un paralelo entre los obstinados líderes religiosos de los días de Jesús y los nuestros es difícil. Tal vez un buen ejemplo es el líder de la iglesia impenitente que rechaza lo que sabe que es la verdad de Dios, y conduce a otros a hacer lo mismo. Es difícil decirlo. Pero podemos decir con Romanos 10:13«Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Eso incluye a hombres que han negado a Jesús públicamente (como Pedro), y que han ordenado que otros sean asesinados (como Pablo). ¿No es alentador que los héroes de la fe sean grandes pecadores también? Si hay esperanza para ellos, hay esperanza para nosotros.

Antes de continuar, ¿alguna pregunta final acerca de la perseverancia o la blasfemia contra el Espíritu Santo? [Solo una última cosa: si estás preocupado por haber blasfemado contra el Espíritu Santo, es probable que no te hayas dado cuenta que demuestras sensibilidad ante este pecado. Pero si tiene más preguntas al respecto, no dudes en enviarnos un correo electrónico, nuestra información de contacto está en la parte posterior del folleto, o habla con un anciano].

Pasemos al punto 2 de tu folletoLa muerte

Todos los días al ver las noticias, encontramos enemigos. A pesar de estar en las montañas de Utah, mi esposa y yo todavía escuchábamos los trágicos asesinatos de aquellos en el cine de Louisiana. Leyendo el periódico, escuchamos sobre militantes de ISIS, terroristas locales en Tennessee o Carolina del Sur, bombas iraníes. Todos estos son enemigos. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, el último gran enemigo al que nos enfrentamos en esta vida no es el terrorismo, un régimen político o aquellos empeñados en destruir la libertad de expresión y la religión. El último gran enemigo, según la Biblia, es la muerte misma. 1 Co. 15:26 dice: «Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte».

Pero cada vez más nuestra cultura ve la muerte no como un enemigo, sino como un amigo, tal vez incluso como nuestra última esperanza. Lo fue para Brittany Maynard, de 29 años, quien eligió el alivio de la muerte en lugar de las pruebas de la vida. Ya sea que estemos hablando de suicidio asistido por un médico (también conocido como «muerte con dignidad», si existe tal cosa) o de los 50 millones de bebés abortados desde Wade v. Roe, la muerte debe ser bienvenida, no temida, apreciada, no aborrecida. Por cierto, el número de bebés abortados representa aproximadamente 1/6 parte de nuestra población actual. Y si has visto los videos de Planned Parenthood en los últimos tiempos, es innegable que nuestra cultura al menos tiene una visión insensible e informal de la muerte.

Pero la Biblia presenta una visión diferente de la muerte. No es «fallecer o dejar de existir» (Mary Baker Eddy). No es navegar felizmente hacia el atardecer. Las Escrituras aclaran que la muerte es una maldición (Gn. 3:19). Es una consecuencia directa y un castigo del pecado humano. La paga del pecado es la muerte (Ro. 6:23). Y todos mueren, porque todos han pecado (Ro. 5:12). La muerte no es natural. No es pacífica. Es trágica y aterradora, porque refleja el justo juicio de Dios sobre nosotros en nuestro pecado. No hay nada romántico acerca de la muerte en la Biblia. Es tan horrible que incluso el que triunfaría sobre ella se estremeció y se conmovió ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn. 11:33-36). La muerte no era el amigo libertador de Lázaro, o el portal a una «vida mejor». Jesús vio la muerte por lo que era.

La razón por la que no lloramos como aquellos que no tienen esperanza no es porque sepamos que la muerte es buena, sino porque sabemos que el amor y la vida de Dios son más poderosos que las fauces de la muerte (1 Ts. 4:13). Aunque sentimos su mordedura, Cristo ha eliminado el aguijón de la muerte y tenemos esperanza en eso (1 Co.15: 54-57).

Entonces como aquellos que tienen esperanza, debemos considerar: ¿Qué pasa cuando morimos? Este es el punto B en el interior de tu folleto. Ha habido un mercado popular (¡y rentable!) de libros del género «turismo celestial» últimamente. Así es, libros como «Heaven Is For Real» que recientemente salió a la luz, hablan de personas que mueren, van al cielo, y luego vuelven y nos cuentan todo tipo de cosas al respecto. Permíteme ser claro en esto: las cosas que dicen esos libros no son ciertas. Como dice Jesús, la Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). La Biblia nos da preciosos y pequeños detalles acerca del estado en que nos encontramos entre la muerte y el cielo o lo que se conoce como el «estado intermedio». La mayoría de lo que la Biblia dice acerca del cielo se refiere al estado eterno (lo que sucede después de la resurrección final), no al estado intermedio (lo que sucede entre la muerte y la resurrección final).

No obstante, en lo que respecta al estado intermedio, las Escrituras dicen que cuando morimos, nuestras almas y cuerpos se separan mientras esperan esa reunión final en los cielos nuevos y la tierra nueva. No estamos simplemente en algún espacio contemplativo suspendido. Tampoco somos almas perdidas vagando por las sombras o cruzando el río Styx. Pablo dice: «Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (2 Co. 5:8). Así, cuando morimos, somos hechos parte de la verdadera Sión, junto a «muchos millares de ángeles,  a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos» como dice Hebreos 12:22-23. Qué increíble suena eso: ¡cuando muramos, estaremos junto a innumerables ángeles en una fiesta en el cielo! ¿Alguna vez te detuviste a considerar eso? Sé que yo no lo he hecho lo suficiente. Estaba en un avión cuando me preparaba para esta clase y miraba por la ventana a 9000 m de altura, preguntándome dónde está esta fiesta, ¿¡Piloto llévame allí!? Pero Jesús es el verdadero y único piloto que puede llevarnos allí, ¿no? Cuando morimos, nuestras almas van inmediatamente a estar con él y disfrutar, este va a ser el momento más feliz, disfrutaremos, la existencia continua, consciente y personal con nuestro Señor mientras esperamos la resurrección de nuestros cuerpos en el último día. Debería detener la clase aquí para sentarnos y maravillarnos.

Pero algunos han tomado la imagen de «dormir» de la Biblia, que es una referencia a la muerte como apoyo a una especie de «sueño del alma». De acuerdo con este punto de vista, los cristianos están en un estado suspendido de inconsciencia hasta el juicio final. Si quieres una palabra divertida del día, se llama psicopaniquia. Dato teológico divertido del día: Juan Calvino escribió su primer tratado teológico en contra de esta opinión. Porque la Biblia habla del estado intermedio como una existencia consciente, no un sueño, no un sueño del alma. Después de todo, considera lo que Jesús le dice al ladrón en la cruz: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc. 23:43). ¡Alabado sea Dios que cuando morimos no entramos en una coma etérea! ¡Entramos en la presencia de Jesús!

Sin embargo, otros han sugerido que el estado intermedio ofrece todas las oportunidades de la salvación post mortem, o, en otras palabras, que podemos ser salvos después de morir. Este punto de vista es especialmente atractivo para aquellos que quieren decir que todos deben arrepentirse y creer para poder ser salvos y, no obstante, quieren una forma para que las personas sean salvas, aunque nunca han escuchado acerca de Cristo en esta vida. Recuerda la parábola del hombre rico en Lucas 16:9-31. No hubo una segunda oportunidad, ninguna oportunidad post mortem para ese hombre rico que rechazó a Dios. Y, por supuesto, nadie es condenado simplemente por rechazar a Cristo conscientemente. Por el contrario, todos estamos condenados y perdidos a causa del pecado consciente y voluntario. Pablo dice en Romanos 3:23«por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios». En otras palabras, nuestro problema no es fundamentalmente que no conozcamos a Jesús, sino que hayamos pecado conscientemente y deliberadamente, por tanto, merecemos la ira de Dios. Una ira que enfrentaremos en la próxima vida si no recurrimos a Jesús en esta vida; esta vida es la única oportunidad que tenemos, por eso debemos ser tan urgentes en compartir las buenas noticias. Hebreos 9:27 dice: «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio».

Esto significa que la idea del purgatorio no es consistente con el estado intermedio. El purgatorio es la doctrina católica romana, que enseña que aunque Cristo ha perdonado la culpa del pecado, el castigo por los pecados debe ser sufrido antes de que uno pueda ser completamente limpio y entrar al cielo. El purgatorio es un lugar de purificación y preparación. La duración e intensidad de esos sufrimientos está determinada por los pecados cometidos. La estancia de alguien en el purgatorio puede reducirse con las oraciones de los que viven, las buenas obras de los fieles o la misa. El Papa tiene jurisdicción sobre el purgatorio; cualquier indulgencia (dinero) entregada a la iglesia en nombre de los muertos puede aliviar el sufrimiento o eliminarlos todos juntos. Esta doctrina, este abuso de la Escritura es lo que dio origen a las 95 tesis de Lutero  y estimuló la Reforma. Y para ser claro: no hay garantía bíblica del purgatorio. Lo mejor que la Iglesia de Roma puede hacer es señalar 2 Macabeos 12:42-45, que en sí mismo no es un libro canónico (no está en la Biblia), ni siquiera enseña claramente la doctrina. De modo que no tiene sentido orar por los muertos, y mucho menos comprar indulgencias o dedicar esfuerzos para asegurar una pronta liberación de los difuntos de los castigos del purgatorio.

Finalmente, el estado intermedio rechaza la noción de aniquilacionismo, donde los que mueren en incredulidad son aniquilados, cuerpo y alma completamente destruidos, mientras que los creyentes existen eternamente con el Señor. Aunque el aniquilacionismo es apoyado por los adventistas del séptimo día y algunos prominentes evangélicos británicos (Lewis, Stott), no está respaldado por las Escrituras. Sí, incluso C.S. Lewis se equivoca.

Sabemos esto porque al hablar del fin de los tiempos, Daniel escribe: «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» (Daniel 12:2). Los pecadores y los santos continuarán existiendo para siempre. Esta es una verdad importante porque nos enseña a cuidar a las personas porque sabemos que van a existir para siempre y queremos que existan en el gozo de Dios, no bajo su ira. Entonces, cuando estamos tratando con alguien, especialmente con alguien difícil, tal vez alguien que no nos gusta realmente, quizá nuestro cónyuge, solo recuerda: esta es una persona; podría haber ramificaciones eternas de nuestro trato hacia ellas. Esta realidad, que las personas existirán para siempre, es la razón por la cual una de las cosas más amorosas que Jesús hizo fue hablar no solo de la vida eterna, sino también del castigo eterno (Mt. 25:46), donde los fuegos del infierno son «eternos» «inextinguibles» (Mt. 3:1218:825:41). Si alguien viene a ti y te dice que Jesús nunca habló acerca del infierno, simplemente puedes estar seguro de que no ha leído bien la Biblia; En amor, Jesús habló claramente de ello, y las referencias están ahí en tu folleto para que puedas darle un vistazo.

Aunque la muerte es el último gran enemigo, Cristo ha vencido a la muerte. Por tanto, el cristiano finalmente puede enfrentar la muerte no con miedo, sino con la esperanza de que la muerte no tendrá la última palabra. Así, podemos decir con Pablo: «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Fil. 1:21). Podemos unirnos a Pablo en su cántico: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1 Corintios 15:55).

Avancemos al punto 4 en el lado derecho en el interior de tu folleto: La glorificación.

Lo creas o no, ir al cielo cuando morimos no es nuestra esperanza final. Correcto, no solo queremos estar en el estado intermedio; queremos estar en el estado final. Ese estado final es la glorificación. La glorificación es la esperanza final del cristiano.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. Sucederá cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

Este es el gran paso final. En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libres puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Si vas a elegir un texto para meditar sobre la glorificación, todo lo que tienes que hacer es ir a 1 Corintios 15. En él, Pablo dice: «He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados» (1 Corintios 15:51-52).

Pero, ¿cómo serán transformados y glorificados nuestros cuerpos cuando estén 3 m bajo tierra y comidos por los gusanos? Esta es probablemente la pregunta a la que Pablo responde en 2 Corintios. Él responde usando la analogía de una semilla que necesita ser enterrada para convertirse en la planta para la que fue creada. Si bien no es concluyente, es sugestivo que habrá alguna forma de continuidad con nuestros viejos cuerpos una vez que sean glorificados (Romanos 8:11). Si muero mañana, ¿tendré un cuerpo de 25 años en el cielo? No lo sé.

La Escritura simplemente nos dice que nuestros cuerpos serán como el de Cristo. Filipenses 3:21, dice que Cristo «transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya». Observa cómo, de nuevo, no podemos tomar crédito; Cristo es el actor en esa oración, él es el transformador de nuestros cuerpos.

Para ser claro: la glorificación se aplica a nuestros cuerpos físicos. Pablo dice: «Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción» (1 Corintios 15:42). Esto significa que nuestros cuerpos serán como el de Cristo, no porque nos parezcamos a él, sino porque nuestros cuerpos no se desgastarán, envejecerán, enfermarán, ni sufrirán daño (Apocalipsis 21:3-5). Esta es la razón por la cual las Escrituras dicen: «seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2).

Nuestros cuerpos glorificados serán perfeccionados. Podemos regocijarnos de que nuestros nuevos cuerpos serán hechos a imagen de Dios, como originalmente lo pensó, siendo conformados a la semejanza de Cristo.

¿Esperas ansiosamente el regreso de Cristo cuando la salvación será completa y nuestros cuerpos serán como el de Cristo?

Quiero concluir hoy con esta pregunta: ¿Hay momentos específicos en la vida que te hayan llevado a desear más el cielo? ¿Alguien dispuesto a compartir?

Sabes, una de las bellezas de ser parte de una iglesia local es tener amistades con personas diferentes a ti principalmente porque ambos creen en Jesús. Y solo quiero decir cuánto me alienta como joven, el ver a santos mayores, cuyos cuerpos sufren, están rotos y llenos de dolor; estos santos son un gran testimonio de la esperanza en la glorificación. De la esperanza de que un día estos cuerpos no se romperán. El cáncer no podrá ingresar en ellos. Nunca volverás a mirarte en el espejo y desearás tener un tamaño diferente. Porque cada vez que te mires a ti mismo, podrás recordar que eres de Cristo, y él es tuyo. Qué esperanza. Mark recientemente publicó en Twitter: «Nuestros ejemplos de penurias duraderas a menudo son más poderosos que nuestras historias de éxito y triunfo». La próxima semana hablaremos acerca de la doctrina de la iglesia, nuestros hermanos y hermanas con quienes nos reunimos para regocijarnos en esta esperanza, pero por ahora permíteme orar por nosotros.

Oremos.

Notas del autor:

LA GLORIFICACIÓN

(1 Corintios 15:51-521 Tesalonicenses 4:14-16Romanos 8:111 Corintios 15:53Ap. 21:35)

La glorificación es esa bendición salvadora en la que los creyentes disfrutan la plena y final realización de nuestra unión con Cristo, en la cual los santos serán transformados para reflejar a la perfección la imagen de Jesucristo por la eternidad.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. Sucederá cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libre puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Filipenses 3:20-4:1

«20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. 4:1: Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados».

Romanos 8:23

«No sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo».

1 Co. 15:51-53

«51He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad».

La iglesia no espera el regreso de Cristo para que podamos estar unidos a él; más bien, la iglesia está unida a Cristo y espera ansiosamente la consumación de esta unión.

Mark Deve

¿Está el hombre compuesto de dos o tres partes?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de Teología

¿Está el hombre compuesto de dos o tres partes? 

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

¿Y si no tengo deseos de orar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Y si no tengo deseos de orar?

Adriel Sanchez

Nota del editor: Este es el capítulo 18 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Nunca he conocido a un cristiano que haya dicho: «Creo que oro lo suficiente». A la mayoría de nosotros nos cuesta orar. Esto puede ser por diversas razones, pero a veces es que simplemente no deseamos orar. Nuestra falta de deseo no solo se debe a la pereza, sino que radica en una incredulidad mucho más profunda. Muchas veces no deseamos orar porque no creemos verdaderamente que orar nos ayudará. Somos incrédulos, como suele demostrar el hecho de que orar no es lo primero que hacemos normalmente, pues lo vemos como el último recurso. Para poder cultivar una pasión por la oración tenemos que recordar el poder de la oración.

El poder de la oración no depende de tus deseos de orar, sino de la fe en las promesas de Dios.

La oración es uno de los medios principales por los cuales descubrimos el plan soberano de Dios para nuestras vidas. No siempre tendremos deseos de orar, pero cuando lo hacemos, las cosas cambian. Jesús dijo: «Porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: «Pásate de aquí allá», y se pasará; y nada os será imposible» (Mt 17:20). Observa la relación que hay entre la fe y la oración. La fe produce oración. Así como un recién nacido comienza a balbucear, al que ha nacido de nuevo se le concede un nuevo deseo de tener comunión con Dios a través de la oración. Sin embargo, la debilidad de nuestra carne (la misma debilidad que impedía que los discípulos de Jesús oraran, Mt 26:41) a menudo apaga el deseo de orar. Esa debilidad, junto al diluvio de las circunstancias de la vida, puede acabar completamente con nuestra vida de oración.

Necesitamos avivar las llamas de las brasas de la oración. Estas brasas son encendidas por medio de la predicación fiel que escuchamos los domingos y por nuestra propia lectura privada de la Escritura durante la semana. La fe produce oración, pero la Palabra de Dios con Su Espíritu produce fe (Rom 10:17). En mi propia vida, he notado que existe una correlación directa entre estar llenos de la Palabra de Cristo y tener el deseo de una comunión con Dios por medio de la oración. La falta de oración resulta de una falta de fe, lo cual suele significar que hemos dejado de contemplar la gloria de Dios revelada en la Escritura.

Así que para el cristiano que dice: «Es que nunca tengo deseos de orar» (el tipo de cristiano que me encuentro todo el tiempo), mi exhortación es esta: disciplínate para orar comoquiera. Acepta que el poder de la oración no depende de tus deseos de orar, sino de la fe en las promesas de Dios. Sumérgete en esas promesas y notarás que hay momentos en tu vida en los que la oración se enciende como un fuego. También podrías notar que a veces orar es como encender un carro durante el invierno: toma tiempo para que el motor se caliente. Eso está bien. No te des por vencido cuando te sientas frío; más bien, excava más profundo en los tesoros del evangelio. Ese evangelio produce fe, y esa fe producirá un corazón de oración.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Adriel Sanchez
Adriel Sanchez

El Rev. Adriel Sánchez es el pastor principal de la iglesia North Park Presbyterian Church en San Diego y conductor del programa de radio Core Christianity.

Cuando el alfarero está a nuestro favor

Soldados de Jesucristo

Marzo 12/2021

Solid Joys en Español

Cuando el alfarero está a nuestro favor

John Piper

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Por las redes de Sus manos

Viernes 12 Marzo

Respóndeme pronto, oh Señor, porque desmaya mi espíritu. Salmo 143 : 7

Por las redes de Sus manos

Testimonio

“Llevábamos 18 días a la deriva. En aquella pequeña embarcación, a la cual no cesaba de filtrarse el agua, habíamos enfrentado varias tormentas e intensos frentes fríos. Teníamos hambre y sed. Los innumerables barcos comerciales que pasaban no podían vernos ; los remos tampoco respondían ante la caprichosa voluntad de la corriente oceánica del Caribe.

Mis fuerzas y mi fe en Dios estaban a punto de sucumbir, aunque en público no demostraba ninguna debilidad. Ya no tenía ánimos para cantar, ni alabar. Los ojos de mis compañeros no creyentes estaban puestos en mí en todo momento, a la expectativa de mi posible frustración.

”Señor“, le dije desde el fondo de mi alma,”mi fe se desmorona ; si no nos salvas hoy, ya no podré mantener el ejemplo en alto por más tiempo ; tú me conoces, no puedo más ; lo siento“.

Esa madrugada vimos una luz distante que se acercaba lentamente hacia nosotros. Eran dos pescadores mexicanos que recogían sus redes kilométricas y, sin que nadie lo sospechara, estas se habían enredado en nuestra hélice por debajo del agua. Literalmente nos habían pescado. Entonces fuimos rescatados.

No importa cuántos días haya durado la prueba, ni las terribles circunstancias que hayamos tenido que atravesar. Él nos cuida. Debemos ser sinceros con Dios y no aparentar una fuerza interior que realmente no poseemos ; solo él la renueva. El mundo espera y desea ver nuestra caída y desesperanza, pero debemos permanecer firmes en la fe. Jesús nunca nos probará más allá de lo que podamos resistir. Su luz nos guía en la oscuridad ; incluso cuando parece que vamos sin rumbo, a la deriva, las redes de Sus manos nos sostienen con amor para rescatarnos”.Edi

Ezequiel 7 – Hechos 17 : 16-34 – Salmo 32 : 5-7 – Proverbios 11 : 13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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