Tu vida como testimonio para los incrédulos

Iglesia Bautista Internacional

Tu vida como testimonio para los incrédulos

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

Acepción de personas – 2

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

2 – Acepción de personas

Juan Marcos Vázquez

JUAN MARCOS VÁZQUEZ

Ha sido profesor de teología en los Centros de Educación Teológica de Catalunya y Galicia, presidente de la Unión Evangélica Bautista de España, presidente de la Unión Bautista do Noroeste y presidente del Consello Evanxélico de Galicia. En el año 2014 realizó un viaje misionero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo durante 5 meses colaborando en la dirección del Colegio Buen Pastor y la iglesia Bautista de Malabo. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la U.E.B.E.

“El Día Después de que Muera” – 13

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

13 – “El Día Después de que Muera”

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org​

Texto: Job 9-10.
Luego de experimentar mucho sufrimiento por un largo tiempo, Job se convence de que Dios está siendo injusto. Es más, él expresa su deseo de demandar a Dios y traerlo ante tribunales. En este programa descubriremos cómo las quejas de Job apuntan hacia la necesidad del evangelio y la importancia de la venida del Señor Jesucristo a la tierra.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/​

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 3ra parte

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 3ra parte

Robert Rothwell

Nota del editor: Esta es la tercera parte del tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

En la primera parte de este artículo, nos enfocamos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era primitiva. En la segunda parte vimos algunos ejemplos bíblicos durante la era patriarcal. En esta ocasión, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era del éxodo.

La era del éxodo

Al comienzo de la era del éxodo, vemos el rol fundamental de unas mujeres que fueron fieles en las cosas pequeñas. ¿Cuál es el trabajo de una partera sino ayudar a preservar la vida de la madre y del hijo durante el parto? Ese trabajo requiere prestar atención a un sinfín de detalles pequeños: la respiración y los gemidos de la madre; la posición del bebé en el canal de parto; la presencia o ausencia de toallas limpias, agua y otros artículos. Recordar todas estas cosas diminutas y esenciales es suficientemente estresante, pero en la era del éxodo, las parteras hebreas tuvieron la complicación añadida de un decreto real que les ordenaba matar a los varones recién nacidos de Israel. No obstante, al menos dos de estas parteras, Sifra y Puá, no descuidaron las cosas pequeñas. Continuaron sirviendo fielmente a las madres hebreas, ayudándoles a dar a luz a sus niños (y a sus niñas), prestando atención a los detallitos para que las mujeres y sus hijos estuvieran seguros en el parto, y desobedeciendo al Faraón a fin de que los niños sobrevivieran. A causa de la fidelidad que estas parteras mostraron en las cosas pequeñas, el pueblo de Dios creció en número. Los nombres de Sifra y Puá serán recordados para siempre porque están en la Palabra de Dios (Ex 1:15-22). Dos parteras comunes —que no estaban intentando ser famosas y que probablemente no pensaban que estaban haciendo nada más que ser fieles en sus deberes cotidianos— no han sido olvidadas. Otros pueden pasar por alto la fidelidad de la gente común en las cosas pequeñas, pero Dios no lo hace.

Los israelitas debían instruir a sus hijos e hijas mientras estaban en la casa, mientras estaban viajando, mientras estaban acostados y mientras se estaban levantando.

Sabemos cómo la rapidez mental de Jocabed, la madre de Moisés, salvó a su hijo. ¿Pero nos fijamos también en su fidelidad en las cosas pequeñas? Habiendo vuelto a recibir a Moisés de mano de la hija de Faraón para criarlo, Jocabed desempeñó fielmente la labor de madre. A pesar del esfuerzo y el cansancio involucrados, alimentar y cuidar a un bebé cae dentro de la categoría de las «cosas pequeñas». El cuidado de un bebé implica algunas de las tareas más comunes y menos reconocidas de la vida. No requiere talentos especiales, sino solo prestar atención a cuánto está comiendo el bebé, al tiempo entre las comidas y a otras cosas por el estilo. Hay que prestar atención a decenas de pequeñeces cada día, incluso cada hora, si queremos que el bebé crezca y se desarrolle. Jocabed fue fiel en estas cosas pequeñas, y Moisés creció (Ex 2:1-10; ver 6:20). Años después, él llegó a ser el líder que libró a Israel de Egipto. Nadie debería subestimar lo que puede lograrse cuando una madre es fiel en las cosas pequeñas relacionadas al cuidado de sus hijos.

Después de que los israelitas salieron de Egipto, leemos sobre «Bezaleel y Aholiab y toda persona hábil», a quienes el Señor dio habilidades para trabajar con metales, fabricar telas, tallar maderas y realizar otros oficios (Ex 36:1). Estas personas fueron fieles en las cosas pequeñas del tabernáculo, elaborándolo en conformidad exacta al plan que Dios le dio a Moisés hasta en los detalles más mínimos. Debido a que fueron fieles en las cosas pequeñas, el pueblo de Dios tuvo un tabernáculo donde moraba el Señor y que les apuntaba a Aquel que asumiría nuestra humanidad y «tabernacularía» entre nosotros (Ex 36:2 – 40:38Jn 1:1-14).

Antes de concluir con el período del éxodo, debemos considerar Deuteronomio 6:4-9. Estando en las llanuras de Moab justo antes de entrar a la tierra prometida, los antiguos israelitas escucharon de boca de Moisés la confesión central de su fe —«Escucha, oh Israel, el SEÑOR Señor Señor es nuestro Dios, el SEÑOR uno es»— y la exhortación a enseñar a sus hijos los mandamientos de Dios en cada parte de la vida. Los israelitas debían instruir a sus hijos e hijas mientras estaban en la casa, mientras estaban viajando, mientras estaban acostados y mientras se estaban levantando. Fueron llamados a ser fieles en enseñar incluso los «pequeños mandamientos», las normas del Señor que podrían parecer menores en comparación con leyes como los Diez Mandamientos. Tenían que guiar a sus hijos incluso durante los pequeños momentos de silencio: los cinco minutos que transcurrían entre que se sentaban a la mesa y recibían la cena, los tres minutos que les tomaba ayudar al niño de tres años a quitarse la túnica, el minuto que tomaba darles un beso de buenas noches y apagar la vela. Minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día —mientras trabajaban y mientras jugaban, cuando los niños tenían ganas de escuchar y cuando no las tenían— los antiguos padres israelitas tenían que ser fieles en enseñar a sus hijos e hijas la ley de Dios. Este era un trabajo que muy poca gente veía y que a ratos frustraba a los padres. Después de todo, lograr que sus hijos prestaran atención a la ley no era necesariamente más fácil para ellos que para nosotros. Sin embargo, la fidelidad cotidiana al enseñar incluso los «pequeños» mandamientos y aprovechar los breves momentos de instrucción a la larga producía siervos fieles de Dios. La Escritura menciona a algunos de estos padres —la gran mayoría de ellos no son mencionados—, pero de esos siete mil que no doblaron la rodilla ante Baal en los días de Elías, quizá la mayoría, si no todos, fueron fieles porque sus padres les habían enseñado a no adorar dioses falsos (1 Re 19:18). La gracia de Dios siempre produjo y sustentó a un remanente fiel en Israel, pero el Señor usó a padres que fueron fieles en las cosas pequeñas, que perseveraron en la enseñanza de todos los mandamientos del Señor —tanto «pequeños» como «grandes»— para mantener a ese remanente. Nadie puede subestimar el grado en que la supervivencia del pueblo fiel de Dios en cada generación ha dependido de madres y padres que son fieles en las cosas pequeñas al enseñar a sus hijos los caminos de Dios.


Nota del editor: En la cuarta parte de este artículo,, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era de Josué y los jueces.
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

Él nos mantendrá a salvo

Soldados de Jesucristo

Marzo 30/2021

Solid Joys en Español

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John Piper

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El bien y el mal

Martes 30 Marzo

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! Isaías 5:20

Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Romanos 12:9

El bien y el mal

En los países cristianizados, hasta hace poco tiempo, la conciencia colectiva todavía reconocía una distinción entre el bien y el mal, fundada en la enseñanza de la Biblia, aunque muchos no lo supieran ni reconocieran su autoridad. Hoy, sobre numerosos puntos que la Biblia condena, se prohíbe decir: “Está mal”. El alejamiento de Dios y un ateísmo más o menos marcado borran toda referencia moral. Aún más, so pretexto de secularidad, de libertad, la rebelión contra Dios gana terreno.

Pero la Biblia, la Palabra de Dios, sigue siendo la referencia inmutable del cristiano que quiere ser fiel. Ella siempre le enseña lo que está bien y lo que está mal a los ojos Dios. Le muestra la actitud que debe tener frente a lo que está mal. Lo conduce a hacer el bien en sus relaciones con sus semejantes.

Dios no pide al creyente que trate de mejorar una situación que la Palabra condena, ni que se comporte en el mundo como si este estuviese en orden, ni que se acostumbre a las cosas que ensucian la mente. Incluso en medio de un mundo inmoral, Dios enseña al creyente un camino de pureza aprobado por él. El cristiano aprende a discernirlo mediante la fe, para su bien (Hebreos 5:14). Es el camino que Jesús el Salvador, el hombre perfecto, trazó (Hechos 10:38).

Cristianos, recordemos la oración que Jesús hizo por los que salvó: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15).

Ezequiel 23:28-49 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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