Migajas Para los Perros – 13

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

13 – Migajas Para los Perros

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 3

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teologƭa SistemƔtica

Clase 21/26

El plan de redención – Parte 3

Bienvenido. Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

En las Ćŗltimas dos semanas, hemos estado mirando el glorioso plan de redención de Dios. Como dije la semana pasada, si eres un creyentes en JesĆŗs, tu corazón deberĆ­a deleitarse en estudiar el plan y los propósitos de salvación de Dios porque es la historia de cómo Dios te salvó.

Comenzamos a explicar lo que los teólogos a menudo nos referimos como el orden de la salvación que nos ayuda a entender cómo Dios aplica la redención a los creyentes. Puedes encontrar ese orden en la Sección 1 de tu folleto.

Hace un par de semanas, hablamos acerca de los tres primeros pasos o etapas del orden de la salvación: la elección, el llamado del evangelio y la regeneración. Luego, la semana pasada, echamos un vistazo a las siguientes dos etapas: la conversión y la justificación. TambiĆ©n dimos un vistazo a la idea de la unión con Cristo, cómo se manifiesta a travĆ©s del acto de la conversión y es la realidad de nuestra justificación. Hoy veremos los siguientes tres pasos o etapas del orden de la salvación: la adopción, la santificación y la perseverancia.

En otras palabras, podrĆ­as decir que estaremos mirando la gloriosa obra de Dios de adoptar pecadores rebeldes en su propia familia, para santificarlos y, luego preservarlos hasta el final.

  1. La adopción

El primer tema en el que queremos pensar es la adopción. Esta idea de la adopción no es un concepto extraƱo para nosotros. Es donde el creyente, que una vez fue un extraƱo para Dios, entra a la familia de Dios y se convierte en un hijo de Dios.

Puedo recordar la adopción de mi propio hijo. Esta pequeƱa vida incorporada a nuestra familia. A las 11:30 de la maƱana, el 9 de septiembre de 2011, no tenĆ­amos hijos. Un niƱo pequeƱo estaba en el mundo, pero no era nuestro. Sin embargo, a las 9:00 de esa noche, nos habĆ­an dado un hijo. Ɖl era completamente nuestro, para nunca ser devuelto. El que alguna vez fue un extraƱo para nosotros, ahora se convirtió en el punto focal de nuestras vidas. Se convirtió en nuestro hijo.

Y asĆ­ sucede con el cristiano en el momento en que deposita su fe en Jesucristo.

La adopción, como dice un teólogo, es: «Esa bendición salvadora donde los creyentes, en virtud de su comunión con el verdadero Hijo de Dios, comparten su filiación por gracia, se les concede el derecho de ser llamados y recibidos como hijos amados del Padre, y heredar los inconmensurables derechos y privilegios asegurados por el Hijo unigénito, Jesús. Por la adopción, los redimidos se convierten en hijos e hijas del Señor Dios Todopoderoso; son introducidos y reciben los privilegios de la familia de Dios».

¿Cuando sucede? Bueno, como lo aludí antes, la adopción viene después de que un pecador se convierte y expresa su fe en Dios.

Juan 1:12 dice que: Ā«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de DiosĀ».

El pecador, despuĆ©s de haber sido perdonado y constituido justo a los ojos de Dios (justificado), tambiĆ©n se convierte en receptor de la filiación. El pecador justificado, entonces, es adoptado en la familia de Dios. Ā”Ganas libertad y un padre todo en el mismo momento!

Esta relación es lo que mÔs deseamos como cristianos. El evangelio no se trata principalmente de hechos, sino de ser traídos a una relación con Dios (Filipenses 3:7-8). ”De eso se trata!

Si eres cristiano, me pregunto cómo te afecta esto. En un mundo caído donde las relaciones se rompen, el divorcio es generalizado, y los niños estÔn distanciados de sus padres y otros hermanos, ¿te importa tener un Padre Celestial que te ama y siempre se preocupa por ti?

Mientras que la doctrina de la justificación habla de la relación del cristiano con Dios como Legislador y Juez, Ć©l te declara justo, la doctrina de la adopción habla de la relación del cristiano con Dios como su hijo o hija.

Y entonces vemos que Dios hace mĆ”s que justificarnos: nos da una relación Ć­ntima con Ɖl como hijos del AltĆ­simo.

Bueno, tan impresionante como es esta doctrina, veamos donde aparece en la Biblia:

A. Ve conmigo a Efesios 1:4-5. Lo primero que queremos ver es que, en amor, el Padre predestinó la adopción del creyente en Cristo antes de la fundación del mundo.

Efesios 1:4-5 dice: Ā«SegĆŗn nos escogió en Ć©l antes de la fundación del mundo, para que fuĆ©semos santos y sin mancha delante de Ć©l, en amor [el Padre] habiĆ©ndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de JesucristoĀ».

Por tanto, la adopción que nos ha otorgado ha sido su plan desde el comienzo del mundo.

B. Ahora ve conmigo a GĆ”latas 4, versĆ­culo 6. Queremos ver aquĆ­ que el Padre envió a su Hijo al mundo para hacer la obra de redención necesaria no solo para nuestra salvación, sino para el propósito de nuestra adopción.

GĆ”latas 4:6 dice: Ā«Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiĆ©semos la adopción de hijosĀ».

¿Lo ves? La adopción estaba a la vista de Cristo cuando fue a la cruz. ”El Padre hizo que su propio Hijo fuera a la cruz para que nosotros pudiéramos ser sus hijos!

C. Pasemos ahora a Romanos 8, versĆ­culos 14-17. En este pasaje, quiero que veas que el Padre envió el EspĆ­ritu de su Hijo al corazón del creyente, con el claro propósito de asegurarle al creyente que Ć©l o ella es hijo del Padre.

Romanos 8:14-17 dice: Ā«Porque todos los que son guiados por el EspĆ­ritu de Dios, Ć©stos son hijos de Dios. Pues no habĆ©is recibido el espĆ­ritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habĆ©is recibido el espĆ­ritu de adopción, por el cual clamamos: Ā”Abba, Padre! El EspĆ­ritu mismo da testimonio a nuestro espĆ­ritu, de que somos hijos de DiosĀ».

La seguridad de nuestra salvación estÔ envuelta en nuestra adopción como hijos de Dios.

D. Por Ćŗltimo, mira algunos versĆ­culos mĆ”s abajo, en el versĆ­culo 23. Nota aquĆ­ que el hijo de Dios, habiendo recibido el EspĆ­ritu de adopción, espera la etapa final de su adopción, cuando su cuerpo mortal caĆ­do serĆ” redimido de su corrupción y llevado a un estado de gloria como el de Cristo.

Romanos 8:23 dice: Ā«ā€¦tambiĆ©n nosotros mismos, que tenemos las primicias del EspĆ­ritu, nosotros tambiĆ©n gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpoĀ»[1].

Entonces, hemos sido adoptados como hijos de Dios, pero los efectos completos, la consumación completa, de esa adopción todavía nos estÔn esperando en el cielo.

Veamos las implicaciones de la adopción del cristiano:

  • El hecho de que Dios se relaciona con nosotros como Padre significa que…
    • Ӄl nos ama! 1 Juan 3:1: Ā«Mirad cuĆ”l amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Ć©lĀ».
    • Ā”El nos entiende! Salmo 103:13-14: Ā«Como el padre se compadece de los hijos, se compadece JehovĆ” de los que le temen. Porque Ć©l conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvoĀ».
    • Ӄl nos provee y nos da buenos regales! Mateo 7:11: Ā«Pues si vosotros, siendo malos, sabĆ©is dar buenas dĆ”divas a vuestros hijos, ĀæcuĆ”nto mĆ”s vuestro Padre que estĆ” en los cielos darĆ” buenas cosas a los que le pidan?Ā».
    • Ӄl nos guĆ­a por el EspĆ­ritu Santo! Romanos 8:14: Ā«Porque todos los que son guiados por el EspĆ­ritu de Dios, Ć©stos son hijos de DiosĀ».
    • Ӄl nos disciplina y nos mantiene en el camino de la vida! Hebreos 12:5-6: Ā«Y habĆ©is ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mĆ­o, no menosprecies la disciplina del SeƱor, ni desmayes cuando eres reprendido por Ć©l; porque el SeƱor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijoĀ».
    • Ӄl nos hace una familia! 1 Ti. 5:1-2: Ā«No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los mĆ”s jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda purezaĀ».
    • Finalmente, Ӄl nos hace herederos! GĆ”. 4:7: Ā«AsĆ­ que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, tambiĆ©n heredero de Dios por medio de CristoĀ».
      • ĀæHerederos de de quĆ©? En 1 Corintios 3, Pablo aborda una división en la iglesia de Corinto donde las personas se jactaban y quejaban por cosas de esta vida.
        • Ɖl dice: Ā«AsĆ­ que, ninguno se glorĆ­e en los hombres; porque todo es vuestro: Sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de DiosĀ» (1 Co. 3:21-23).
        • Entonces, todas las cosas son nuestras en Cristo. Ā”Somos los herederos legĆ­timos de todo!

Jonathan Edwards habló bien acerca de la doctrina de la adopción. Ɖl escribió: Ā«Dios hace de Sus siervos Sus hijos: todos los que le sirven, los adopta y les da el derecho a los gloriosos privilegios de los hijos de Dios. Ɖl no los llama mĆ”s siervos, sino hijos. Ɖl se manifiesta a ellos, los hace sus amigos Ć­ntimos, sus herederos y coherederos con su Hijo. Ɖl derrama Su amor sobre ellos y los abraza en Sus brazos, y mora en sus almas y hace Su morada en ellos, y se entrega a ellos para ser su padre y su porción. En esta vida, con frecuencia los refrescarĆ” con los rocĆ­os espirituales del cielo. Los iluminarĆ” con rayos de luz y amor. Pero de ahora en adelante, los harĆ” perfectamente felices,  para siempre. ĀæHubo alguna vez un Maestro tan bueno como este?Ā» [2].

Bueno, cuando una persona es adoptada en la familia de Dios, el viejo refrĆ”n Ā«de tal palo tal astillaĀ» comienza a sonar verdadero, cuando comienza la verdadera santificación, lo que nos lleva a nuestro siguiente tema… la santificación.

  1. La santificación

Comencemos por la Declaración de Fe de CHBC y cómo define la santificación:

ArtĆ­culo X, De la Santificación, Declaración de Fe de CHBC:

Ā«Creemos que la Santificación es el proceso por el cual, de acuerdo con la voluntad de Dios, somos hechos partĆ­cipes de su santidad; que es una obra progresiva; que comienza en la regeneración; y que se lleva a cabo en los corazones de los creyentes por la presencia y el poder del EspĆ­ritu Santo, el Sellador y Consolador, en el uso continuo de los medios designados, especialmente la Palabra de Dios, la autoevaluación, la abnegación, la vigilancia y la oraciónĀ».

Dicho de otra manera, se dice que la Santificación es Ā«esa bendición salvadora en la que los creyentes, en virtud de estar unidos a Jesucristo, el Santo, comparten la santidad de Cristo, llevan el tĆ­tulo de santos y progresivamente llevan a cabo la santidad que ya es nuestra en Ɖl. Por tanto, es ese acto de salvación en el que Dios nos bendice abundantemente al llevarnos a una mayor conformidad con su imagen perfecta, JesĆŗsĀ».

En términos mÔs simples, la santificación es una obra progresiva de Dios y el hombre que nos hace cada vez mÔs libres del pecado y mÔs como Cristo en nuestras vidas reales.

Hay 4 cosas que deben entenderse acerca de la naturaleza de la santificación.

A. Primero, la santificación es posicional o definitiva y ocurre en el momento en que somos regenerados (nacidos de nuevo). Cuando somos regenerados y unidos con Cristo, hay una brecha definitiva con el pecado y la separación del mismo o el compromiso con la santidad y la justicia en el pecador.

Vemos esto en Romanos 6, cuando Pablo escribe que hemos muerto al pecado y hemos sido hechos vivos en Cristo. El pecado ya no reina sobre nosotros. Ya no estamos bajo el poder del pecado… Esa separación inicial del pecado por Dios es lo que llamamos santificación definitiva.

Aunque fuimos esclavos del pecado antes de nuestra conversión, a través de nuestra unión con Cristo en su muerte y resurrección, hemos sido definitivamente santificados, de modo que ya no somos esclavos del pecado y ya no estamos bajo la ley, sino que somos gobernados por la gracia.

Wayne Grudem lo expresa de esta manera: «Una vez que hemos nacido de nuevo, hay un cambio moral que ocurre en nosotros de tal manera que no podemos seguir pecando como un hÔbito o patrón de vida (1 Juan 3:9), porque el poder de la nueva vida espiritual dentro de nosotros nos impide ceder a una vida de pecado»[3].

Ese es el primer punto.

B. Segundo, aunque la Biblia habla acerca de un comienzo definitivo para la santificación, tambiĆ©n ve la santificación como un proceso que continĆŗa a lo largo de la vida cristiana. De esta forma es progresiva. Crecimos en santidad por la gracia de Dios el resto de nuestras vidas.

Ve conmigo a 2 Co. 3:18. Pablo indica que progresivamente nos parecemos cada vez mĆ”s a Cristo a medida que vivimos nuestras vidas cristianas. Mira lo que dice…

a) 2 Co. 3:18: Ā«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del SeƱor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el EspĆ­ritu del SeƱorĀ».

Ve conmigo ahora a Fil. 3:13. AquĆ­, Pablo habla de su propio estado de santificación…

b) Filipenses 3:13-14: Ā«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrĆ”s, y extendiĆ©ndome a lo que estĆ” delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo JesĆŗsĀ».

Incluso Pablo, aquĆ­, no se considera a sĆ­ mismo perfectamente santo. Ɖl sabe que necesita trabajar. Ɖl sabe que el EspĆ­ritu Santo continuarĆ” trabajando en Ć©l para santificarlo y hacerlo a la imagen del Hijo. AsĆ­ sucede con nosotros.

C. Tercero, mientras estamos siendo conformados a la imagen de Cristo Jesús, debemos entender que la santidad perfecta nunca se ha tenido en esta vida. Nuestra santificación nunca se completarÔ en esta vida. Por el contrario, la santidad perfecta, la santificación completa, solo se logra al morir.

Ve a 1 Juan 3. Comenzando en el versĆ­culo 2. ĀæCuĆ”ndo ocurre la santidad perfecta? Juan escribe…

c) 1 Juan3:2-3: Ā«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aĆŗn no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Ć©l se manifieste, seremos semejantes a Ć©l, porque le veremos tal como Ć©l es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en Ć©l, se purifica a sĆ­ mismo, asĆ­ como Ć©l es puroĀ».

El autor de Hebreos escribe en el capĆ­tulo 12 que solo cuando lleguemos a la presencia de Dios, seremos perfectos.

D. Finalmente, cuarto, la santificación es un proceso doble. Es tanto nuestro trabajo como el trabajo de Dios.

Ve conmigo a Fil. 2, comenzando en el versĆ­culo 12. Piensa en las palabras de Pablo, donde se habla del trabajo del hombre y de Dios como activo en el proceso de santificación. Pablo escribe en el versĆ­culo 12…

d) Filipenses 2:12-13: Ā«Por tanto, amados mĆ­os, como siempre habĆ©is obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho mĆ”s ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce asĆ­ el querer como el hacer, por su buena voluntadĀ».

Para entender este concepto, debemos entender que la santificación es principalmente una obra de Dios. Es por eso que Pablo puede orar en 1 Ts. 5: Ā«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espĆ­ritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro SeƱor JesucristoĀ».

El autor de Hebreos escribe en el capĆ­tulo 13: Ā«Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro SeƱor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eternoĀ».

Por tanto, Dios es el actor principal en nuestra santificación. Y la persona de la Deidad mÔs activa en este proceso es el Espíritu Santo.

Por esa razón, Pablo puede escribir en GĆ”latas 5 que si crecemos en santificación, Ā«andamos en el EspĆ­rituĀ» y somos Ā«guiados por el EspĆ­rituĀ». El EspĆ­ritu de santidad trabaja en nuestro interior para cambiar nuestras pasiones, deseos, actitudes y acciones.

Sin embargo, tambiĆ©n debemos comprender que nosotros somos actores involucrados en el proceso de santificación. DesempeƱamos un rol tanto pasivo como activo.

DesempeƱamos el rol pasivo cuando confiamos en Dios para nuestra santificación y oramos a Dios para que trabaje en nosotros y nos haga conforme a la imagen de su Hijo.

Ve conmigo a Romanos 8:13 otra vez… Pablo escribe en Romanos 8:13: Ā«Porque si vivĆ­s conforme a la carne, morirĆ©is, mas si por el EspĆ­ritu hacĆ©is morir las obras de la carne, vivirĆ©isĀ».

Pablo se dio cuenta de que somos completamente dependientes de la obra del Espíritu Santo en nosotros para crecer en nuestra santificación.

Entonces, sí, desempeñamos un rol pasivo en el proceso de la santificación, pero también desempeñamos un rol activo.

NotarĆ”s que en el mismo versĆ­culo, Pablo ordena a sus oyentes que Ā«hagan morir las obras de la carne»… Claro, el EspĆ­ritu Santo nos permite hacer esto, pero al final del dĆ­a, Ā”nosotros debemos hacerlo!

Ā”Observa que no se da al EspĆ­ritu Santo la orden de hacer morir las obras de la carne, sino mĆ”s bien a los cristianos! Somos llamados, con la ayuda del EspĆ­ritu, a eliminar las obras de la carne.

Por esto, Pablo puede escribir en Filipenses 2: Ā«Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblorĀ». Podemos ocuparnos actuando de acuerdo con el impulso y el empoderamiento del EspĆ­ritu  del Ā«querer como el hacer, por su buena voluntadĀ».

  1. La perseverancia

Entonces, si Dios estÔ santificando a los que él escogió, regeneró, justificó y adoptó, ¿puede un creyente caer de su estado justificado?

Para responder eso, demos un vistazo a la declaración de fe de CHBC:

ArtĆ­culo XI, De la Perseverancia de los Santos, Declaración de Fe de CHBC:

«Creemos que los verdaderos creyentes son solo aquellos que resisten hasta el final; que su apego perseverante a Cristo es la gran marca que los distingue de los profesores superficiales; que una providencia especial vela por su bienestar; y ellos son guardados por el poder de Dios a través de la fe para salvación».

En otras palabras, los verdaderos cristianos no pueden perder su salvación.

Echemos un vistazo mĆ”s de cerca a lo que son bĆ”sicamente dos partes o lados de esta definición. Primero, la doctrina de la perseverancia de los santos afirma que… Todos los que verdaderamente nacieron de nuevo perseverarĆ”n hasta el final.

A. Todos los que verdaderamente nacieron de nuevo perseverarƔn hasta el final.

Esta idea, aunque un tanto controversial, se confirma claramente en las Escrituras…

Ve conmigo a Juan 6. Comenzando en el versĆ­culo 38, JesĆŗs explica por quĆ© descendió del cielo. VersĆ­culo 38…: Ā«Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el dĆ­a postreroĀ».

Observa la certeza en el lenguaje de este pasaje: JesĆŗs no perderĆ” a ninguno, o a nadie, por asĆ­ decirlo. JesĆŗs hace la declaración enfĆ”tica de que levantarĆ” a los cristianos en el dĆ­a postrero. No es «Él espera que…» o Ā«si todo va bienĀ». Y no es Ā«si resisten y no pierden su salvaciónĀ». Ɖl dice que lo harĆ”. Dios estĆ” haciendo una promesa.

MĆ”s tarde, en el mismo Evangelio de Juan, JesĆŗs declara: Ā«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerĆ”n jamĆ”s, ni nadie las arrebatarĆ” de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi PadreĀ».

De nuevo, no hay ambigüedad. Nadie, ni otras personas, ni SatanÔs, ni siquiera nosotros mismos, nada puede separarnos de Dios una vez que nos ha traído consigo.

AdemĆ”s, vemos mĆ”s evidencia de esta doctrina porque Dios ha puesto su Ā«selloĀ» sobre nosotros…

Ve a Efesios 1, versĆ­culo 13. Pablo estĆ” hablando de la seguridad que tenemos en Cristo. VersĆ­culo 13… Ā«En Ć©l tambiĆ©n vosotros, habiendo oĆ­do la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creĆ­do en Ć©l, fuisteis sellados con el EspĆ­ritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloriaĀ» (Efesios 1:13-14).

No podemos y no perderemos nuestra salvación si estamos en Cristo JesĆŗs. Ese es el mensaje del Nuevo Testamento, y esa es la promesa de quien ha escrito nuestros nombres en el libro de la vida del Cordero. Ten la seguridad de que si estĆ”s en Cristo, eres suyo por toda la eternidad. Dios te guardarĆ”. Ɖl te preservarĆ” hasta el final.

B. Solo aquellos que perseveran hasta el final han nacido de nuevo.

Por supuesto, te preguntas, entonces ¿por qué veo a personas «alejarse» de la fe? Para eso, vemos la Declaración de Fe de CHBC.

Ten en cuenta que dice: «Creemos que los verdaderos creyentes son solo aquellos que resisten hasta el final; que su apego perseverante a Cristo es la gran marca que los distingue de los profesores superficiales».

Mientras que la Biblia enfatiza el hecho de que el poder de Dios guardarĆ” al que ha nacido de nuevo hasta el final, la Biblia tambiĆ©n enfatiza el hecho de que solo aquellos que perseveran hasta el final pueden decirse que verdaderamente han nacido de nuevo.

En otras palabras, solo los verdaderamente salvos evidenciarƔn continuamente fe y arrepentimiento hasta la muerte.

Con respecto a aquellos que le dan la espalda a la fe y Ā«caenĀ», la Biblia nos dice que podemos estar seguros de que nunca fueron verdaderamente salvos. Debemos recordar que Dios garantiza que aquellos que son verdaderamente salvos lo harĆ”n. Dios preserva al cristiano en su fe, asĆ­ que la perseverancia es la verdadera seƱal de que uno es verdaderamente un creyente.

Ve a Colosenses 1 conmigo. VersĆ­culo 22, Pablo estĆ” explicando por quĆ© Cristo tuvo que morir en la cruz… Pablo escribe: Ā«[Dios] en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de Ć©l; si en verdad permanecĆ©is fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habĆ©is oĆ­doĀ» (Col. 1:22-23)

El punto aquƭ es que permanecer en la fe es una de las seƱales claras de que alguien realmente estƔ en el redil.

Ahora bien, esta idea no pretende causar temor o ansiedad en los verdaderos creyentes, implicando que si luchan con un cierto pecado, se han alejado de la gracia de Dios y no son realmente salvos. Ā”Si somos salvos por la gracia de Dios y esa es nuestra base, entonces podemos estar seguros de que no caeremos por nuestras propias obras!

Por el contrario, pretende hacer un llamado de rendición de cuentas y advertir a aquellos que se han alejado y continúan en su pecado y dejan de exhibir el fruto de la salvación, que su continuada falta de arrepentimiento es una muy buena indicación de que su fe nunca fue real.

C. Aquellos que finalmente caen pueden dar muchas señales externas de conversión.

Pero, ¿qué hay de los que finalmente se apartan, pero dieron, en algún momento de su vida, señales externas de conversión? ¿Que hacemos con eso? Bueno, según Jesús, las señales externas eran en realidad señales falsas, nacidas como tales por el paso del tiempo.

Si recuerdas la parÔbola de Jesús acerca del sembrador, recordarÔs que la semilla que se sembró en realidad brotó en varios lugares diferentes. La semilla creció por un tiempo en el suelo rocoso; creció por un tiempo en el suelo espinoso y floreció en el buen suelo. Escucha cómo Jesús explica a los que escuchan el evangelio en tierra pedregosa y espinosa:

Ā«Y el que fue sembrado en pedregales, Ć©ste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;  pero no tiene raĆ­z en sĆ­, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.  El que fue sembrado entre espinos, Ć©ste es el que oye la palabra, pero el afĆ”n de este siglo y el engaƱo de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosaĀ».

Estos claramente no son cristianos, a pesar de lo que podrĆ­a haber sido una apariencia alentadora al principio.

Si estas personas son Ā«falsos hermanosĀ» conscientes, como Pablo llama a algunos que pretenden ser cristianos, a propósito engaƱados por cualquier razón… o si se engaƱan a sĆ­ mismos de alguna manera, pensando que son cristianos cuando no lo son… estos todavĆ­a pueden parecer externamente creyentes genuinos.

En cualquier caso, sin embargo, la Escritura es clara en cuanto a su destino…

Ā«No todo el que me dice: SeƱor, SeƱor, entrarĆ” en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que estĆ” en los cielos. Muchos me dirĆ”n en aquel dĆ­a: SeƱor, SeƱor, Āæno profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararĆ©: Nunca os conocĆ­; apartaos de mĆ­, hacedores de maldad…» (Mateo 7:21-23).

Observa bien; no es: Ā«Te conocĆ­a y te alejaste de mĆ­Ā». No es: Ā«Ya no te conozcoĀ». Es: Ā«nunca te conocĆ­Ā», fundamentando la idea de que no hay nada bĆ­blico como la pĆ©rdida de la verdadera salvación.

1 Juan 2:19 resume bien esta idea: Ā«Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrĆ­an permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotrosĀ».

Amigo, al cerrar, permíteme terminar con esto. Si bien debemos estar atentos a los falsos creyentes, debemos animarnos a ver el fruto en nuestras propias vidas y las de los demÔs, ya que evidencia la gracia de la redención de Dios en sus vidas y la nuestra.

Por esa razón, es una misericordia de Dios darnos fruto en nuestras vidas. Ɖl nos da frutos para que podamos ver su obra en nuestras vidas y tener la seguridad de la salvación.

Esta mañana no tenemos tiempo para entrar en los detalles de la doctrina de la seguridad, pero ten la certeza de que el mismo Dios que te resucitó de entre los muertos es el mismo Dios que puede y te preservarÔ hasta el final, si estÔs en Cristo.

Oremos.

[1] Si bien la adopción tiene una visión presente que se muestra en Romanos 8:15, tambiĆ©n tiene una visión futura en la que recibimos la herencia completa de nuestra filiación.

[2]Jonathan Edwards Ā«Christian Liberty: A Sermon on James 1:2Ā», en Sermons and Discourses 1720-1723, The Works of Jonathan Edwards, Vol. 10, Ed. Wilson H. Kimnach (New Haven: Yale, 1992), 630. Edwards tenĆ­a 18 aƱos cuando predicó este sermón.

[3] Grudem, Wayne. TeologĆ­a SistemĆ”tica, p. 746.

Mark Deve

ĀæQuĆ© es la Iglesia?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de TeologĆ­a

¿Qué es la Iglesia?

Lucas AlemƔn

Lucas AlemĆ”n es director de educación en espaƱol y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. AdemĆ”s, es pastor en la Iglesia BĆ­blica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseƱar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramĆ”tica de hebreo y exĆ©gesis de hebreo, Ć©l tambiĆ©n da clases de exĆ©gesis de griego y teologĆ­a. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, ElĆ­as AgustĆ­n y Enoc Emanuel.

El tronco de IsaĆ­

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El MesĆ­as prometido

El tronco de IsaĆ­

Stephen J. Casselli

Nota del editor:Ā Este es el 11vo de 13 capĆ­tulos en la serie de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā El MesĆ­as prometido.

El profeta Isaías no tenía un Ôrbol de Navidad. Tenía un tronco. Un tronco en el que crecía un solo retoño (Is 11:1). Según Isaías, ese es un verdadero Ôrbol de Navidad. Pero ¿qué significa? ¿Por qué el profeta llama nuestra atención sobre este extraño y pequeño tronco de Navidad?

Es una imagen del MesĆ­as prometido. Un Salvador que serĆ” el Rey. Ɖl es un retoƱo del tronco de IsaĆ­ (Is 11:1). IsaĆ­ es el padre del rey David. Pero ahora todo lo que queda del glorioso reino de David es un tronco, tal como el SeƱor le prometió a IsaĆ­as cuando lo llamó (Is 6:13).

Desde Su nacimiento hasta Su resurrección, Jesús es el hombre del Espíritu por excelencia.

El pueblo de Dios se ha alejado. Se han apartado de su Dios, pero ā€œlas misericordias del SEƑOR jamĆ”s terminanā€ (Lm 3:22). Ɖl promete levantar a Su libertador en medio de esta situación sombrĆ­a y desesperada, de esta familia humilde y oscura. Y serĆ” como un retoƱo nuevo y vulnerable creciendo en el suelo del bosque. El Redentor prometido de Dios aparece en escena en las penumbras. Al principio parece ser dĆ©bil y vulnerable. SaldrĆ” de condiciones desesperantes, en aparente debilidad, pero Su carĆ”cter y reinado serĆ”n majestuosos.

SerĆ” la presencia del EspĆ­ritu Santo con Ɖl lo que lo santificarĆ” y empoderarĆ”. ā€œReposarĆ” sobre Ɖl el EspĆ­ritu del SEƑORā€ (Is 11:2). El ungimiento de los reyes en Israel era una representación simbólica del EspĆ­ritu del SeƱor siendo derramado sobre ellos para que pudieran guiar al pueblo con sabidurĆ­a, justicia, fidelidad y poder (ver 1 Sam 16:13). Por el EspĆ­ritu, esta rama podrĆ” saber lo que es correcto y ejecutar Su reinado en consecuencia.

Cuando llega el MesĆ­as de Dios, descubrimos que Ɖl no solo fue ungido con el EspĆ­ritu, como lo fueron los reyes de antaƱo, sino que en realidad fue concebido en el poder del EspĆ­ritu Santo (Lc 1:35). Desde Su nacimiento hasta Su resurrección (Rom 1:4), JesĆŗs es el hombre del EspĆ­ritu por excelencia. En cada etapa de Su vida y ministerio, el EspĆ­ritu lo guĆ­a, lo dirige y lo empodera. Ɖl sabe lo que se necesita para redimir a los Suyos, y el EspĆ­ritu lo capacita para salvar como corresponde.

El secreto de Su poder sabio es Su deleite en el temor del SeƱor (Is 11:3), el cual le es dado por el EspĆ­ritu. Ɖl se deleita en el temor, una combinación curiosa. El principio de la sabidurĆ­a es el temor del SeƱor porque el que teme al SeƱor no temerĆ” a nadie mĆ”s. Esto es lo que lo habilita para ser un Juez equitativo (Is 11:4-5).

Esta es la esencia de la realeza. Ɖl es un Juez misericordioso para los pobres y los afligidos [o  humildes] (v. 4). ā€œBienaventurados los humildesā€, dijo JesĆŗs. Los humildes son aquellos que conocen su necesidad y acuden humildemente a su Rey para recibir protección y cuidado.

Pero tambiĆ©n es un Juez ferozmente justo que ā€œherirĆ” la tierra con la vara de Su bocaā€ y ā€œcon el soplo de Sus labios matarĆ” al impĆ­oā€ (v. 4). SoplarĆ” sobre los orgullosos y los harĆ” desaparecer. Los reyes justos y buenos traen justicia a la tierra. JesĆŗs es el verdadero Juez (Jn 5:22).

La justicia produce paz. Por la sabidurĆ­a que le da el EspĆ­ritu y Su temor del SeƱor, Ɖl marca el comienzo de un Reino mundial de paz. AllĆ­ los animales que suelen comerse unos a otros estarĆ”n morando en armonĆ­a (Is 11:6-7) y los niƱos estarĆ”n jugando con serpientes (v. 8). Ecos del EdĆ©n. Es un mundo donde la paz ha sido restaurada. Esto es lo que hacen los reyes buenos. Establecen la paz.

Desde la caĆ­da de AdĆ”n, la falta de armonĆ­a y el conflicto recorren todo el orden creado. Pero aquĆ­, el depredador y la presa tienen naturalezas transformadas (v. 7), dando como resultado la paz. Incluso un niƱo podrĆ” ejercer dominio sobre ellos, tal como Dios lo propuso desde el principio (v. 6; ver Gn 1:28).

La simiente de la serpiente ya no serĆ” temida (Is 11:8; ver Gn 3:15). En JesĆŗs, la cabeza de la serpiente serĆ” aplastada, el enemigo serĆ” vencido. AquĆ­ estĆ”n las primicias profĆ©ticas de esa paz. JesĆŗs ha venido como el PrĆ­ncipe de Paz (Is 9:6). ā€œLa bendición del Salvador quitó la maldiciónā€.

ĀæY cómo nos convertimos en ciudadanos de Su Reino, en herederos de esta paz? IsaĆ­as nos dice: ā€œLa tierra estarĆ” llena del conocimiento del SEƑOR como las aguas cubren el marā€ (Is 11:9). Conocemos al Rey, el SeƱor; confiamos en Ɖl y lo amamos. Personas de todas las naciones de la tierra llegarĆ”n a conocer al SeƱor a travĆ©s de este Rey y MesĆ­as (v. 11).

ĀæLo conoces? ĀæHas doblado la rodilla ante Ɖl y confesado que Ɖl es tu Rey y tu Salvador?

Para todos los que sí lo conocen, Isaías promete que Su lugar de descanso es glorioso (v. 10). Paz con Dios, protección contra el pecado y SatanÔs, consuelo en el Espíritu, sin condenación. Todo estÔ allí; ¿lo ves? ¿Ves ese tronco, ese retoño, ese Rey? Feliz Navidad.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Stephen J. Casselli
Stephen J. Casselli

El Dr. Stephen J. Casselli es ministro principal de Holy Trinity Presbyterian Church en Tampa, Fla. Es autor de Divine Rule Maintained [Gobierno divino mantenido].

Miremos a JesĆŗs para nuestro gozo

Soldados de Jesucristo

Marzo 05/2021

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John Piper

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La paz interior

Viernes 5 Marzo

(Jesucristo hizo) la paz mediante la sangre de su cruz. Colosenses 1 : 20

Vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habĆ©is sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Ć©l es nuestra paz. Efesios 2 : 13-14

La paz interior

La inquietud y la ansiedad marcan fuertemente nuestra Ć©poca. A menudo las presiones de la sociedad actual son la causa de ello. La soledad y el miedo al maƱana tambiĆ©n ahuyentan la paz de nuestra mente. Entonces, ĀæquĆ© significa tener paz interior ? Es un sentimiento de seguridad ligado a las certezas. Si usted habla de paz en su entorno, muy a menudo las reacciones serĆ”n : ā€œĀæLa paz ? Es precisamente lo que estoy buscando, pero Āæcómo obtenerla ?ā€. ā€œĀ”La paz ! Ā”Es un espejismo, una ilusión !ā€. En efecto, Āæcómo hallar la paz en un mundo cada vez mĆ”s individualista, afectado por el estrĆ©s, las reivindicaciones, la corrupción, las incertidumbres… ? ?

La Biblia da una respuesta, una solución a esta pregunta. JesĆŗs dijo a sus discĆ­pulos antes de ir a la cruz : ā€œLa paz os dejo, mi paz os doy ; yo no os la doy como el mundo la daā€ (Juan 14 : 27). Les dejaba la paz porque en la cruz iba a hacer la paz con Dios por ellos, sufriendo el castigo que sus pecados merecĆ­an. Luego, resucitado, JesĆŗs fue a su encuentro y les dijo : ā€œPaz a vosotrosā€ (Lucas 24 : 36). Hoy, a todos los que creemos en Ć©l, nos da la paz interior, su paz.

Esto es exactamente lo que necesitan los que estĆ”n solos, confundidos y temerosos. Necesitan recibir a Jesucristo como su Salvador y SeƱor, pero tambiĆ©n necesitan experimentar su presencia, su paz en su corazón. Ya no debo tener miedo con respecto a las circunstancias de la vida, de la muerte y del futuro, pues JesĆŗs resucitado me dice : Ā”Te doy mi paz, una paz sin lĆ­mite, no como el mundo la da !

2 Samuel 24 – Hechos 13 : 1-25 – Salmo 30 : 1-5 – Proverbios 10 : 31-32

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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