Deconstruye tu cultura, no tu fe

Coalición por el Evangelio

Deconstruye tu cultura, no tu fe

HUNTER BEAUMONT

Nota del editor: Este artículo fue adaptado del capítulo escrito por Hunter Beaumont en Before You Lose Your Faith (Antes de que pierdas la fe) (The Gospel Coalition, 2021).

Muchos de mis amigos y miembros de iglesia que emprenden un viaje de deconstrucción no están tratando de perder su fe. No quieren terminar en un lugar sin Jesús. Solo quieren darle sentido a la fe en la que crecieron y dejar ir las cosas que están viciadas o son represivas. Ellos en realidad quieren una fe más fuerte, no ninguna fe; más de Jesús, no menos.

Si esto te describe, piensa en lo siguiente: lo que estás buscando en realidad no es una deconstrucción. Lo que estás buscando es una desculturización.

La desculturización es el proceso utilizado por los misioneros para diferenciar el evangelio de la cultura. Habiendo pasado de una cultura a otra, los misioneros pueden ver que el evangelio es como una semilla protegida por una cáscara externa (cultura). Su trabajo es asegurar que la semilla del evangelio sea libre de entrar a nuevas culturas sin estar cautiva dentro de su antigua cáscara. Esto se remonta al momento en el que el evangelio entró en la cultura gentil en el libro de los Hechos. Desde ese entonces, la iglesia primitiva tuvo que diferenciar el evangelio del judaísmo.

De la misma manera, es posible que debas diferenciar el evangelio de la subcultura evangélica. ¡He pasado por este proceso! No crecí en el evangelio, pero me convertí dentro de una escuela secundaria evangélica. Me enamoré del evangelio que me enseñó mi escuela, pero también pude ver que este mundo evangélico tenía mucha cultura que no era parte del evangelio. Aprender a desculturizar el evangelio del evangelicalismo no solo ha salvado mi fe. Me ha ayudado a amar más el evangelio en sí mismo.

Si deseas emprender un viaje de desculturización en lugar de un viaje de deconstrucción, te muestro el camino por donde debes comenzar.

1. Aprende a ver la cultura

Como un pez en el agua que no sabe que está mojado, a menudo no reconocemos nuestra cultura, el vocabulario y las historias que explican nuestro mundo. Las culturas fomentan hábitos que constituyen lo que se considera como una buena vida y los mecanismos de defensa que desvían las preguntas de los que están afuera. Las culturas elevan a las celebridades que ejemplifican sus ideales. Tras lograr todo esto, ellas son sigilosas: pretenden no existir. Se presentan a sí mismas como “la manera como son las cosas”. Pero la cultura siempre está presente y siempre juega un papel en nuestra experiencia de fe.

Aprender a desculturizar el evangelio del evangelicalismo no solo ha salvado mi fe. Me ha ayudado a amar más el evangelio en sí 

Es por esto que el primer paso es aprender a ver la cultura y su poder. Mis amigos que crecieron dentro de una subcultura evangélica no empezaron a dudar del cristianismo hasta que abandonaron esa subcultura. ¿Coincidencia? Probablemente no. La subcultura había sustentado su fe.

Pero esto también significa que la cultura contribuyó a sus nuevas preguntas. Lo que muchos llaman duda es en realidad un cambio cultural que desplaza las viejas estructuras de credibilidad. Lo que muchos llaman “deconstruir mi fe” es en realidad un cambio de ubicación cultural que me hace repensar viejas suposiciones. Cuando aprendes a ver el poder de la cultura, ves lo que realmente está sucediendo: aprendiste el cristianismo en una cultura. Ahora te has mudado a una nueva cultura. Entonces, el primer paso es reconocer las cosas por lo que son: una tensión causada por un cambio de cultura y no necesariamente por el cristianismo en sí.

2. Lucha con los problemas correctos 

La duda puede ser desorientadora. La desculturización no puede salvarte de esta lucha, pero puede enfocarla en los lugares correctos. Al diferenciar la semilla del evangelio de la cáscara cultural, la desculturización dice: “Lucha con los problemas de la semilla”.

Cuando dejé mi escuela secundaria cristiana, comencé a luchar con el juicio de Dios. Allí me habían enseñado sobre la santidad de Dios y la pecaminosidad de las personas, por lo que para mí era una experiencia sorprendente entablar amistad con no cristianos amables. No me parecieron malas personas, pero de repente la doctrina del juicio sí me pareció mal.

Reflexionando sobre esto, vi que estaba luchando en parte con algo bíblico y en parte con algo meramente cultural. El Nuevo Testamento enseña que el Señor juzgará a vivos y muertos por medio de un Hombre a quien Él ha designado (Hch 17:31Ro 2:5-16). Jesús usó imágenes como “infierno de fuego”, “el llanto y el crujir de dientes” y “las tinieblas de afuera” para describir lo que era estar fuera de su reino (Mt 5:228:1222:13). No había forma de evitar este telón de fondo del evangelio.

Sin embargo, algo de mi repulsión se debió a la forma en que se había enseñado sobre el juicio dentro de la subcultura evangélica. Los sermones ejercían mucha presión y se enfocaban más en escapar del infierno que en conocer a Dios. El pecado era representado en formas grotescas y caricaturizadas. El aliento del predicador olía a desprecio.

Por varios años traté de volver a aprender lo que la Biblia dice (semilla) mientras desconectaba las voces de los predicadores en mi cabeza (cáscara). También busqué maestros que explicaran el juicio de una manera que no dejara la Biblia a un lado, pero que tampoco sonara como aquellos evangelistas. Gradualmente, esto me llevó a algunos descubrimientos sorprendentes. Vi cómo el juicio hablaba de mi profundo anhelo de vivir en un mundo de justicia donde Dios corrige todas las cosas. Pude ver esto por primera vez porque volví a aprender esta doctrina fuera de mi subcultura evangélica de una manera que abordaba mis preguntas y preocupaciones dentro de ella.

3. Encuentra una iglesia que involucra tanto el evangelio como la cultura 

La desculturización nos muestra que es posible diferenciar el evangelio de la cultura, pero no significa que el evangelio se pueda experimentar sin cultura alguna. El objetivo de liberar el evangelio de una cultura es que pueda echar raíces en otra. Esto significa que tu tarea no es encontrar una utopía, un cristianismo libre de cultura. Más bien, es aprender y vivir tu fe en tu cultura actual.

¿Cómo se hace eso en la práctica? Las iglesias encarnan el evangelio en una cultura particular. Una vez que hayas aprendido a ver la cultura, no podrás dejar de notar que cada iglesia tiene la suya. Las mejores iglesias son conscientes de ella. Dejan que el evangelio dé forma a la cultura dentro de la iglesia. Enseñan el evangelio de una manera que se conecta con la cultura fuera de la iglesia. Ellos discipulan a sus miembros para que vivan en esa cultura circundante de una manera que se distingan por asemejarse a Cristo.

Busca una de estas iglesias e involúcrate. Una iglesia que ama el evangelio y la cultura circundante se complace en dar la bienvenida a personas que luchan con preguntas difíciles sobre el cristianismo. Lo notarás en sus posturas, lo escucharás en los sermones y lo sentirás de los líderes.

4. Espera ver el evangelio de una manera nueva

Una iglesia que ama el evangelio y la cultura circundante se complace en dar la bienvenida a personas que luchan con preguntas difíciles sobre el cristianismo 

Cuando el evangelio se libera de su cáscara cultural y se lleva a una nueva cultura, a menudo brilla de una manera fresca y hermosa.

Uno de mis ejemplos favoritos es un renombrado sermón de Matt Chandler. Este pastor en Texas describe un vergonzoso evento de ministerio juvenil de la década de 1990 sobre la abstinencia sexual. El predicador hace pasar una rosa por toda la audiencia hasta que vuelve destrozada, una analogía de lo que les sucederá a los que tienen relaciones con varias personas. “¿Quién querría esta rosa ahora?”, dice el predicador con desdén. Chandler concluyó: “¡Jesús quiere esa rosa! ¡Ese es el punto del evangelio!”.

¿Por qué esta es una imagen tan poderosa? Porque muchos en la audiencia de Chandler crecieron en el movimiento evangélico de pureza. No solo se les enseñó una ética sexual bíblica; se les enseñó en un entorno que se basaba en el miedo, la presión, la vergüenza y la fuerza de voluntad. Dentro de este mundo, la ética del sexo cristiano sonaba como una gravosa mala noticia. Peor aún, muchos de los que pecaron sexualmente comenzaron a sentirse sin esperanza, ya que la cultura de pureza tendía a oscurecer la gracia de Dios.

¿Cómo Chandler sabía todo esto? Había salido de su subcultura. Él presentó la historia contando que una madre soltera tenía una relación fuera del matrimonio. Chandler se había hecho amigo de ella y la invitó al evento esa noche, sin saber que incluiría un sermón sobre el tema sexual. Tan pronto comenzara la predicación, Chandler sabía que su amiga se sentiría avergonzada y la alejaría más de Dios. Muchos que escucharon el sermón de Chandler habían experimentado lo mismo. Pero cuando Chandler grita: “¡Jesús quiere la rosa!”, puso la cultura de pureza en la bandeja de “ignorar” y el evangelio se libera para brillar en toda su belleza.

Sé que los mismos beneficios de la desculturización están disponibles para ti. No deconstruyas tu fe. En su lugar, atraviesa el proceso de la desculturización.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Hunter Beaumont es el pastor principal de la iglesia Fellowship Denver Church y sirve en la junta de directores de Denver Institute for Faith and Work y de Acts 29 U. S. West.

¿Cómo serán nuestros cuerpos glorificados?

The Master’s Seminary

¿Cómo serán nuestros cuerpos glorificados?

Michael Riccardi

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas – Filipenses 3:20-21

Si tratamos de resumirlo en una sola palabra, la perspectiva del ciudadano celestial es la glorificación. La glorificación es esa etapa final en el proceso de redención en la cual Cristo resucita los cuerpos de todo creyente de entre los muertos, reúne esos cuerpos con sus almas e instantáneamente cambia los cuerpos de aquellos creyentes que se encuentren vivos en cuerpos libres de pecado, perfectos, tal como el suyo cuando resucito de entre los muertos.

«El cuerpo de la humillación»

Diferentes traducciones toman estas palabras de distintas formas, por ejemplo: «el cuerpo de nuestro estado de humillación» (LBLA) o «nuestro cuerpo miserable» (NVI). Cuando comparemos estas traducciones debemos entender que Pablo no tiene la intención de degradar el cuerpo de ninguna manera, como si el cuerpo físico fuese malo en sí mismo. Tal idea no es bíblica, pues proviene de enseñanzas paganas y de filosofías erróneas (recuerde que Adán y Eva fueron creados a la perfección, a imagen y semejanza de Dios, como una entidad compuesta de un cuerpo y un alma).

Por lo tanto «el cuerpo de la humillación» no tiene nada que ver con una maldad inherente del cuerpo físico. Más bien, se refiere a nuestros cuerpos que actualmente están marcadas por la humillación causada por el pecado, caracterizados por debilidad, decadencia física, indignidad, enfermedad, sufrimiento y humillación mental. El cuerpo, aunque no intrínsecamente pecaminoso en sí mismo, a menudo es el instrumento de nuestros actos pecaminosos y el vehículo a través del cual buscamos satisfacer nuestros deseos pecaminosos.

Cuando entendemos que estamos llamados a estar apartados y nuestros cuerpos consagrados como el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19) y al mismo tiempo vemos como presentamos nuestros cuerpos como instrumentos de iniquidad (Romanos 6:13), nos damos cuenta que en realidad estamos lidiando con un «cuerpo de la humillación.» Ciertamente en este cuerpo gemimos (2 Corintios 5:2; cp. Romanos 8:23) y nos unimos al apóstol Pablo en decir: «¿quién me librará de este cuerpo de mal?» (Romanos 7:24).

¿Cómo serán nuestros cuerpos glorificados?

En 1 Corintios 15, Pablo defiende la resurrección corporal, pues ciertas personas en Corinto lo negaban. Hacia el final del capítulo, nos da una idea de la naturaleza de nuestros cuerpos glorificados después de la resurrección al contrastarlos con nuestros cuerpos mortales.

Imperecedero

Primeramente serán imperecederos. 1 Corintios 15:42 nos dice: «Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.»

Nuestros cuerpos resucitados no estarán sujetos a la corrupción y la decadencia que nuestros cuerpos actuales están sujetos. No envejecerán, ni se terminarán ni sufrirá enfermedades o dolencias. La Biblia nos enseña que el estado eterno de nuestros cuerpos jamas mostrará señales de envejecimiento pero, como Waynn Grudem lo dice, «va a tener características juveniles pero completa madurez masculina o femenina para siempre» (Teología Sistemática, 832).

Glorioso

En segundo lugar será un cuerpo glorioso, según nos dice 1 Corintios 15:43: «Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.» Es difícil entender todas las implicaciones de lo que significa que un cuerpo sea glorioso. Yo me imagino que serán cuerpos atractivos y completamente libres de vergüenza.

¿Por qué? Porque 1 Corintios 12:23 habla de los miembros de nuestro cuerpo que nos parecen «menos dignos», o, como lo dice 1 Cor 15:43, «deshonra» (ambos utilizan la misma palabra en el original). Por lo tanto, ya que nuestros cuerpos resucitados no serán caracterizados por alguna tipo de deshonra, cualquiera que sea el significado de «deshonra» no estará presente en nuestros cuerpos después de la resurrección, pues cada miembro será glorioso.

Fuerte y Poderoso

En tercer lugar, será un cuerpo fuerte y poderoso. En 1 Corintios 15:43 leemos: «se siembra en debilidad, resucitará en poder.» Nosotros estamos conscientes de las limitaciones físicas de nuestro cuerpo, ¿no es así? Sabemos lo que es ser débil. Pero no será así en nuestros cuerpos glorificados.

Ahora bien, no está diciendo que todos vamos a ser versiones cristianas de algún superhéroe, como los Increíbles, o Hulk o Ironman. Lo que está diciendo es que nuestros cuerpos glorificados tendrán toda la fuerza y ​​el poder que Dios le otorgó a los seres humanos cuando los hizo perfectos y sin pecado. Wayne Grudem comenta: «Tendremos, por lo tanto, la fuerza necesaria para hacer todo lo que deseemos hacer en conformidad con la voluntad de Dios» (Teología Sistemática, 832).

Espiritual

Finalmente nuestros cuerpos glorificados estarán completamente sujetos a y en perfecta armonía con el Espíritu Santo: «Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual» (1 Corintios 15:44).

Ahora, la palabra «espiritual» en este versículo no quiere decir algo que no es físico, pues sabemos que nuestros cuerpos glorificados serán cuerpos físicos, tal como lo dice Filipenses 3:21 cuando menciona que serán transformados en conformidad con el cuerpo de la gloria suya (de Cristo). Y sabemos también que Jesús tenía un cuerpo físico después de la resurrección. Él no pretendió haber sido resucitado, espíritus sin cuerpo no tienen estómagos o sistemas digestivos para comer pescado (Lucas 24:39-43), son sólo cuerpos físicos que pueden hacer esto. Jesús cuando resucitó de entre los muertos resucitó en su propio cuerpo, y lo mismo será con nosotros (1 Corintios 15:20-23).

El punto de Pablo al decir que nuestro cuerpo va a ser espiritual es que será un cuerpo físico sometido plenamente a, y en perfecta armonía con el Espíritu Santo. ¡Imagine! Tendremos un corazón sin distracciones y sin tentaciones de deseos engañosos y pecaminosos. Tendremos ambiciones santas y aspiraciones verdaderamente piadosas. Tendremos la habilidad de llevar acabo todas estas cosas sin distracciones o fatiga alguna, y podremos disfrutar las bondades de la creación física tal como Dios en un principio diseñó el mundo para que lo disfrutáramos!

Querido lector, si esa perspectiva de cómo serán nuestros cuerpos glorificados no le conduce a adorar y si no le hace desear aún más el regreso de nuestro gran Salvador, entonces no entiende lo que Pablo quiso enseñar en 1 Corintios 15. Indiscutiblemente, si su alma ha sido hecha viva por vida divina, guiada por el Espíritu Santo a odiar el pecado y anhelar el día en que esté completamente apartado de todo pecado y tentación, entonces el saber más acerca de nuestro glorioso futuro debería impulsar su corazón a adorar y crecer en piedad y santidad.

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Mike Riccardi, graduado de The Master’s Seminary con una Maestría en Divinidades (M.Div.) y otra en Teología (Th.M.), es el pastor de evangelismo local de la iglesia Grace Community Church. Él y su familia viven en Los Ángeles, California.

Una era crucial

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

Una era crucial

Por John D. Hannah

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

Fue un siglo extraordinario. Lo que inició como la «Era de los mártires» bajo Diocleciano, culminó con el surgimiento del cristianismo como religión del Imperio. El futuro de la Iglesia pasó rápidamente del ámbito de lo marginado y perseguido a lo victorioso, de no tener estatus legal a ser la hegemonía religiosa. Y así comienzan catorce siglos de dominio de la fe cristiana en el mundo occidental

El triunfo del cristianismo

Como creía que el Imperio estaba en decadencia, Diocleciano se dispuso reformar el Estado. La historia ha demostrado que, a menudo, los dictadores vienen disfrazados de libertadores, apelando a las necesidades de las masas; y este fue el caso aquí. Diocleciano creó una monarquía absoluta engrandeciendo al senado y declarándose a sí mismo como monarca semidivino. Sus talentos organizacionales resultaron ser beneficiosos a medida que el Imperio era asegurado y se extendía geográficamente. Sin embargo, en el año 303 desató una brutal persecución contra los cristianos por no ofrecer sacrificios a los dioses. Los persiguió quemando iglesias y destruyendo libros cristianos. Esto alcanzó al clero en el 305, lo que trajo encarcelamiento, tortura y muerte.

Constantino intentó unir a la Iglesia y al Estado; la Iglesia fue concebida como una institución de utilidad pública. Se hicieron reparaciones por la destrucción de la propiedad cristiana durante las persecuciones; al clero le fueron dadas concesiones tributarias y autoridad judicial para decidir en litigios privados. El culto al emperador cesó, los dioses desaparecieron de las monedas y a los funcionarios públicos les fue prohibido presidir ritos paganos. Constantino destruyó templos paganos, recompensó a las ciudades que suprimieron la adoración pagana y prohibió los juegos de gladiadores. Se adoptó un calendario cristiano con el domingo como día santo.

La explicación del cristianismo
En la nueva era del dominio de la Iglesia por medio del apoyo del Estado, surgieron obispos poderosos. Muchos de los avances organizacionales de Diocleciano, como la división del Imperio en doce diócesis, fueron incorporados a la Iglesia, añadiendo complejidad y eficiencia a su estructura de gobierno. En este siglo surgieron obispos poderosos tales como Ambrosio de Milán (340-97), quien fue conocido por sus habilidades retóricas que tuvieron gran influencia en Agustín, en la música de la Iglesia y en el ideal monástico. Ambrosio también condenó la persecución de paganos cometida por Teodosio I en Tesalónica (390) y lo excomulgó. Jerónimo fue un gran erudito bíblico y monje (fundó un monasterio en Belén). Es mayormente conocido por su traducción de la Biblia desde las lenguas originales, bajo la dirección de Dámaso, obispo de Roma; la Vulgata Latina, la Biblia de la Edad Media. Juan Crisóstomo (345-407), que fue una vez patriarca de Constantinopla, fue un predicador elocuente y un reformador moral; ha sido llamado el expositor cristiano más grande de su época. Eusebio (c. 263-340), obispo de Cesarea, aunque manchado por su posición moderadamente arriana, fue un erudito y clérigo. Su Historia eclesiástica, la fuente principal de nuestro conocimiento de la Iglesia en los primeros siglos, le ha hecho merecedor del título de «Historiador de la Iglesia». Cirilo de Jerusalén (c. 315-86) fue un destacado pastor, escritor y catequista.

Uno de los mayores beneficios del nuevo protagonismo de la Iglesia en el Imperio fue que los asuntos teológicos podían ser discutidos con una base más extensa que en siglos anteriores. De hecho, los emperadores jugaron un rol para resolver asuntos que amenazaban la tranquilidad del Imperio. Los obispos a lo largo del Imperio podían reunirse a discutir y formular respuestas a preguntas complejas. Los académicos hablan de la «era ecuménica», un período de varias reuniones mundiales de obispos para desenredar problemas y redactar credos. Como resultado, los clérigos ayudaron a definir la fe ortodoxa. Ellos no inventaron la fe, sino que pudieron explicarla de manera que fuera recibida por todas las iglesias.

Una vez que la paz llegó a las iglesias, el emperador se interesó profundamente en el bienestar del cristianismo; los asuntos religiosos se convirtieron en preocupaciones para el Estado. El tema que dominó el siglo, la deidad de Jesucristo, se encuentra en el corazón de la fe cristiana. Los clérigos se habían empeñado por un tiempo en explicar la relación del Padre con el Hijo. ¿Cómo podría la Iglesia proclamar de manera creíble que Jesucristo es Dios y, al mismo tiempo, declarar que «Dios, el Señor uno es» (Dt 6:4)? Al extender la deidad al Salvador, el monoteísmo parecía estar bajo amenaza.

Cuando en el siglo IV cierto presbítero buscó explicar la relación del Padre con el Hijo, negando su igualdad absoluta, el escenario quedó preparado para una resolución. Arrio de Alejandría (c. 250-336) se enfrentó a su obispo. Fue condenado en un concilio local en el año 321, pero su visión dividió a los obispos y amenazó la armonía del mundo de Constantino. En consecuencia, Constantino convocó al primer concilio ecuménico, o mundial, de obispos de la Iglesia en Nicea (una residencia de verano cerca de la, aún por terminar, nueva capital Constantinopla). El emperador favoreció la posición de Atanasio (c. 296-373), reciente sucesor de Alejandro. Esto ayudó a determinar las conclusiones del concilio. Arrio negó la igualdad del Padre con el Hijo para evitar el modalismo (la posición que él pensaba que Atanasio sostenía); Atanasio negó la desigualdad entre el Padre y el Hijo (posición que él acusaba a Arrio de defender). Más de trescientos obispos se reunieron y condenaron las enseñanzas de Arrio. Atanasio y Constantino, entre otros, sintieron que la frase «de una sustancia con el Padre» expresaba la coigualdad del Padre y del Hijo.

En parte, las continuas tensiones fueron el resultado de diferencias lingüísticas. El occidente latino hacía una distinción entre los términos «persona» y «sustancia». Se podía hablar, tal como lo hizo Tertuliano el siglo anterior, de dos personas y una sustancia. El oriente griego veía ambos términos como sinónimos y acusaba al occidente de apoyar el modalismo. El apoyo aumentó para la visión adopcionista de Arrio (una visión que afirmaba la deidad del Salvador a costa de Su eternidad).

La obra monumental de los tres obispos de Capadocia (Basilio de Cesarea [c. 330-97]; Gregorio de Nacianzo [c. 329-89]; y Gregorio de Nisa [c. 330-95]), al desenredar la confusión lingüística, abrió el camino a un segundo concilio ecuménico. Convocado por Teodosio I en Constantinopla (381), este concilio afirmó y amplió el Credo Niceno. Se distinguieron los términos «sustancia» y «personas». El primero, se refiere a los atributos de Dios que son igualmente compartidos por el Padre y por el Hijo; el segundo, se refiere a funciones que destacan las distinciones no en tipo sino en función. Las distinciones dentro de la Deidad se relacionan con la redención de la creación.

Un corolario a la discusión de la relación entre el Padre y el Hijo fue la comprensión del Espíritu Santo. La pregunta que dominaba la insistencia de Atanasio en que Jesús es Dios era: «¿Cómo podría un ser inferior a la divinidad absoluta proveernos de la redención divina, la vida de Dios para el alma?». La pregunta concerniente al Espíritu Santo era: «¿Cómo podría un ser inferior a Dios traernos la santidad de Dios?». En Constantinopla, la Iglesia pudo articular la doctrina de la tri-unidad de Dios. Hablar de la Trinidad apropiadamente es hablar de Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios Espíritu Santo, el gran tres en uno. La doctrina de la Santísima Trinidad continuó sin ser cuestionada en las iglesias cristianas por más de un milenio. Este fue el mayor logro de la Iglesia del siglo IV. Los obispos no inventaron la doctrina de la igualdad del Padre y del Hijo, sino que nos dieron una explicación importante de lo que la Iglesia siempre confesó. Dios es uno y Jesucristo es Dios.

El concilio también abordó un tema que se resolvería en el siglo V en el Concilio de Calcedonia (451). En Nicea y en Constantinopla, la Iglesia luchó por explicar la relación preencarnada del Hijo con el Padre. Un tema relacionado con eso fue el siguiente: ¿Cuál es la relación entre la deidad y la humanidad de Cristo cuando Cristo se encarnó? La lucha por explicar estas cosas comenzó aquí, pero la explicación final llegaría más tarde.

Apolinar (c. 310-90), obispo de Laodicea, afirmó que Cristo fue siempre completamente Dios, pero estuvo dispuesto a denigrar Su humanidad para preservar la unicidad de Cristo. Él argumentaba que Cristo no poseía una mente o un alma humana; sino que en su ausencia, moraba la deidad. Cristo era verdaderamente Dios pero no verdaderamente hombre. Su visión acerca de Cristo fue condenada, pues se entendió que podía ser tan destructiva como la de Arrio.

Intemporalidad y cambio
¿Qué podemos aprender del siglo IV como ciudadanos del siglo XXI? Para los santos que soportaron las aterradoras purgas de Diocleciano, es importante estar consciente de que Dios es soberano tanto en los momentos más oscuros como en los momentos más agradables. Él está obrando Su gran e inalterable plan incluso cuando no podemos ver qué cosas buenas podrían salir de una tragedia. ¿Quién hubiera imaginado que la ira de Diocleciano era el último respiro del paganismo y que la Iglesia estaba siendo preparada para una era completamente nueva? Es bueno saber que las apariencias pueden no ser la realidad.

Sin embargo, hay un factor constante en el siglo IV que provee continuidad para todos los cristianos. El común denominador es la pasión de la Iglesia por definir y defender las doctrinas de los apóstoles. Cuando las persecuciones terminaron y la Iglesia se encontró en un ambiente favorable, se propuso inmediatamente a explicar las maravillas de su proclamación: la deidad absoluta de Jesucristo, la belleza del Salvador encarnado. ¿Por qué? En el corazón de la fe cristiana están las buenas nuevas de redención del pecado por medio de Uno que tomaría el lugar del pecador, cargando su culpa y satisfaciendo la deuda de la justa y eterna ira de Dios. Solo Dios podía hacer esto; el gran Juez de la humanidad fue juzgado por nosotros. Sin embargo, solamente un ser humano debía estar en lugar de los humanos; y a la vez tenía que ser perfecto. ¿Quién podía hacer eso? Aquel que es Dios y, al mismo tiempo, un hombre perfecto, el Señor Jesucristo.

Lo que debe estar en el centro o ser la preocupación de la Iglesia es siempre Cristo y Sus misericordias. Somos deudores de hombres y mujeres, clérigos y laicos, de este maravilloso siglo por modelar eso para nosotros. Nuestra oración es que Él se convierta en la preocupación central de la Iglesia en el siglo XXI.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John D. Hannah

El Dr. John D. Hannah es profesor y presidente del departamento de teología histórica del Seminario Teológico de Dallas, Texas.

Jesús pagó por nuestra perseverancia

Soldados de Jesucristo

Agosto 06/2021

Solid Joys en Español

Jesús pagó por nuestra perseverancia

John Piper

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¡Necesito un Salvador!

Viernes 6 Agosto

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.1 Pedro 3:18

¡Necesito un Salvador!

Si caigo al agua sin saber nadar, no necesito buenos consejos, ni lecciones de natación, sino a alguien que me salve sacándome del agua.

Si tengo muchas facturas que no puedo pagar, necesito a alguien que me libre de las manos de los acreedores y de los alguaciles, aceptando pagar en mi lugar.

Por naturaleza soy pecador, culpable a los ojos de Dios. Lo que necesito no es una lección de moral, sino un Salvador que pague en mi lugar mis pecados y sufra el castigo ante la justicia divina.

Así como una moneda tiene dos caras inseparables, Dios es inseparablemente amor y luz. Como es amor, nos busca para hacer de nosotros sus hijos. Como es luz, no puede soportar en su presencia a ningún pecador cargado con sus faltas. Su justicia exige que nos condene, pues todo acto malo, al igual que toda palabra mala, debe ser castigado. Dios es justo castigando a los pecadores, sin embargo, en su gran amor quiere que los culpables lleguen a ser justos a sus ojos santos. ¿Cómo?

Las exigencias de la justicia de Dios y la abundancia de su amor se expresaron en la cruz. El mal tenía que ser castigado; y lo fue cuando el Hijo de Dios se entregó y murió en la cruz en nuestro lugar. Él es nuestro rescate; él sufrió el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados: ¡esta es su justicia, y al mismo tiempo su amor hacia nosotros!

Los que creen son “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).

1 Crónicas 19 – Lucas 16 – Salmo 91:1-6 – Proverbios 20:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Vivid como es digno del evangelio

Iglesia Evangélica de la Gracia

Vivid como es digno del evangelio

Jairo Chaur

Jairo Chaur

Jairo nació en Bogotá (Colombia). A finales del año 2000 vino a Barcelona con su esposa Ruth y sus tres hijos Daniel, Juan y Laura, con el propósito de adelantar estudios de doctorado en ingeniería.
Luego de concluir sus estudios, continuó en Barcelona y a finales de 2005 conoció el punto de misión en Sant Andreu, que para entonces comenzaba sus reuniones en la casa de David y Elisabet Barceló.
Convencido que tanto la doctrina como la visión de la IEG son fieles a la Palabra de Dios, Jairo y su familia se unen en diciembre de 2005 al que para entonces era un punto de misión. Fue en febrero de 2010 cuando es ordenado en el ministerio pastoral. Los primeros años combinó su ministerio con su trabajo secular como ingeniero y como profesor, y a partir del 2017 a plena dedicación, como misionero de HeartCry Missionary Society.

1 – La revelación divina

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

1. La revelación divina

R.C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

Todo lo que conocemos sobre el cristianismo nos ha sido revelado por Dios. Revelar significa «quitar el velo». Implica el retirar la cubierta de algo que estaba oculto.

Cuando mi hijo estaba creciendo, desarrollamos una tradición anual para festejar su cumpleaños. En lugar de seguir el procedimiento normal de repartir los regalos, lo hacíamos mediante una modalidad que era nuestra versión casera del programa televisivo de entretenimientos «Hagamos un trato». Escondía sus regalos en lugares secretos tales como un cajón, o debajo del sillón, o detrás de una silla. Luego le daba opciones: «Puedes tener lo que está en el cajón del escritorio o lo que está en mi bolsillo». El juego alcanzaba su clímax cuando llegábamos al «gran trato de día». Colocaba en fila a tres sillas que cubría con una manta. Cada manta ocultaba un regalo. Una de las sillas tenía un pequeño regalo, la segunda silla tenía su regalo más grande, y la tercera silla tenía una muleta que había utilizado cuando se fracturó la pierna a los siete años.

¡Por tres años consecutivos mi hijo eligió la silla que tenía la muleta! (Siempre terminaba permitiéndole canjear la muleta por el verdadero regalo.) Al cuarto año, él estaba resuelto a no elegir la silla con la muleta debajo de la manta. Esta vez oculté su regalo grande junto con la muleta y dejé que la punta de la muleta asomara por debajo de la manta. Al ver la punta de la muleta, evitó elegir esa silla. ¡Nuevamente lo había atrapado!

La diversión del juego consistía en adivinar dónde estaba escondido el tesoro. Pero se trataba únicamente de adivinar, de pura especulación. El descubrimiento del tesoro verdadero no podía concretarse hasta tanto la manta no hubiera sido retirada y el regalo quedara al descubierto.

Lo mismo sucede con nuestro conocimiento de Dios. La especulación ociosa sobre Dios es tarea para un tonto. Si deseamos conocerle en verdad, debemos confiar en lo que Él nos dice sobre sí mismo.

La Biblia nos indica que Dios se revela a sí mismo de diversas maneras. Despliega su gloria en la naturaleza y por medio de la naturaleza. En los tiempos antiguos se reveló por medio de sueños y de visiones. La marca de su providencia está demostrada en las páginas de la historia. Se revela a sí mismo en las Escrituras inspiradas. Y podemos ver el zenit de su revelación en Jesucristo que se hizo hombre – lo que los teólogos denominan la Encarnación».

El autor de la epístola a los Hebreos escribe:

Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (Heb. 1:1-2).

Si bien la Biblia habla de las «muchas maneras» en que Dios se ha revelado a sí mismo, debemos distinguir entre dos tipos principales de revelación – la general y la especial.

La revelación general se llama «general» por dos razones: (1) es general en cuanto a su contenido, y (2) ha sido revelada a un público en general.

El contenido general.

La revelación general nos provee del conocimiento de que Dios existe. «Los cielos declaran la gloria de Dios», nos dice el salmista. La gloria de Dios la vemos desplegada en la obra de sus manos. Este despliegue es tan claro y manifiesto que ninguna criatura puede dejar de apreciarlo. Nos revela la deidad y el poder eterno de Dios (Rom. 1:18-23). La revelación en la naturaleza no nos brinda una revelación completa de Dios. No nos brinda la información sobre Dios el Redentor que encontramos en la Biblia. Pero el Dios revelado en la naturaleza es el mismo Dios revelado en las Escrituras.

El público en general

No todas las personas en el mundo han leído la Biblia o escuchado la proclamación del evangelio. Pero la luz de la naturaleza brilla sobre cada uno en cualquier lugar y en cualquier tiempo. La revelación general de Dios tiene lugar todos los días. El nunca se queda sin ningún testigo. El mundo visible es como un espejo que refleja la gloria de su Hacedor.

El mundo es el escenario de Dios. El es el actor principal que aparece al principio y en el centro. No puede caer ningún telón que oscurezca su presencia. De una simple mirada a la creación podemos saber que la naturaleza no es su propia madre. No hay nada de «madre» en la Madre Naturaleza. La naturaleza en sí misma no tiene ningún poder para producir ningún tipo de vida.

En sí misma, la naturaleza es estéril. El poder para producir la vida reside en el Autor de la naturaleza -Dios. El sustituir la naturaleza como la fuente de vida es confundir a la criatura con el Creador. Cualquier forma de adoración de la naturaleza es un acto de idolatría y como talle resulta detestable a Dios.

Debido a la fuerza de la revelación general, todos los seres humanos saben que Dios existe. El ateísmo consiste en la negación lisa y llana de algo que se sabe ser cierto. Por eso es que la Biblia dice: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios» (Salmo 14:1). Cuando las Escrituras tratan de este modo al ateo, llamándolo «necio», le están haciendo un juicio moral. Ser un necio en términos bíblicos no es ser de pocas luces o ser poco inteligente; es ser inmoral. Así como el temor de Dios es el principio de la sabiduría, la negación de Dios es el colmo de la necedad.

DIOS  > Revelación > Seres humanos

El agnóstico, asimismo, niega la fuerza de la revelación general. El agnóstico es menos estridente que el ateo; no niega de manera tajante la existencia de Dios. Sin embargo, el agnóstico declara que no hay evidencia suficiente para decidirse por una cosa u otra con respecto a la existencia de Dios. Prefiere dejar su juicio en suspenso, dejar la cuestión sobre la existencia de Dios con un signo de interrogación. Sin embargo, a la luz de la claridad de la revelación general, la postura que asume el agnóstico no es menos detestable para Dios que la del ateo militante.

Pero para todo aquel cuya mente y corazón estén abiertos, la gloria de Dios es maravillosa de contemplar -desde los billones de universos en los cielos hasta las partículas subatómicas que componen la más pequeña de las moléculas. ¡Qué Dios increíble es este a quien servimos!

Resumen

1. El cristianismo es una religión revelada.

2. La revelación de Dios es Dios revelándose. Dios mismo quita el velo que nos impide conocerle.

3. No podemos llegar a conocer a Dios por medio de la especulación.

4. Dios, a lo largo de la historia, se reveló a sí mismo de diversas maneras.

5. La revelación general ha sido dada a todos los seres humanos.

6. El ateísmo y el agnosticismo se basan en la negación de lo que las personas saben que es cierto.

7. La necedad se funda sobre la negación de Dios.

8. La sabiduría se funda en el temor de Dios. La revelación general:

Dios el Creador

La revelación es dada a todos los seres humanos

La revelación especial:

Dios el Redentor se revela a quienes escuchan

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 19:1-14

Eph. 3:1-13

2 Tim. 3:14-17

Heb. 1:1-4

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

¿Qué es la verdad?

Got Questions

¿Qué es la verdad?

Hace casi dos mil años la Verdad fue sometida a juicio y juzgada por la gente que era adicta a las mentiras. De hecho, la Verdad enfrentó seis juicios en menos de un día completo, tres de los cuales fueron religiosos, y tres fueron legales. Al final, pocas personas implicadas en esos acontecimientos podían responder a la pregunta, «¿Qué es la verdad?».

Después de ser arrestado, la Verdad fue conducida primeramente a un hombre llamado Anás, un corrupto ex sumo sacerdote de los judíos. Anás quebrantó numerosas leyes judías durante el juicio, incluyendo la celebración del juicio en su casa, tratando de inducir auto acusaciones en contra del acusado, y golpeando al acusado, quien hasta ese momento no se le había declarado culpable de nada. Después de Anás, la Verdad fue llevada al sumo sacerdote en funciones, Caifás, quien resultaba ser yerno de Anás. Ante Caifás y el Sanedrín judío, se acercaron muchos falsos testigos para hablar en contra de la Verdad, pero no se pudo probar nada, y no podía encontrarse evidencia de algún delito. Caifás rompió no menos de siete leyes mientras trataba de condenar a la Verdad: (1) el juicio fue mantenido en secreto; (2) se llevó a cabo de noche; (3) implicó soborno; (4) el acusado no tuvo a nadie presente que actuara en su defensa; (5) el requerimiento de dos o tres testigos, no se cumplió; (6) utilizó un testimonio auto incriminatorio contra del acusado; (7) decretaron la pena de muerte contra el acusado el mismo día. Todas estas acciones estaban prohibidas por la ley judía. A pesar de todo, Caifás declaró culpable a la Verdad, porque la Verdad aseguró ser Dios encarnado, algo que Caifás llamó una blasfemia.

Cuando llegó la mañana, se llevó a cabo el tercer juicio de la Verdad, con el resultado de que el Sanedrín judío pronunció la sentencia de que la Verdad debía morir. Sin embargo, el concilio judío no tenía derecho legal para llevar a cabo la pena de muerte, así que se vieron forzados a traer a la Verdad ante el gobernador romano en turno, un hombre llamado Poncio Pilato. Pilato fue asignado por Tiberio como el quinto prefecto de Judea y sirvió en ese cargo del año 26 al 36 d.C. El procurador tenía el poder de decidir la vida o la muerte, y podía revertir la sentencia capital dictada por el Sanedrín. Mientras la Verdad se encontraba ante Pilato, más mentiras fueron declaradas en Su contra. Sus enemigos decían, «A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey» (Lucas 23:2) Esto era mentira, puesto que la Verdad había dicho a todos que pagaran sus impuestos (Mateo 22:21) y jamás habló de Él mismo como un desafío para César.

Después de esto, se produjo un diálogo interesante entre la Verdad y Pilato. «Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?» (Juan 18:33-38). La pregunta de Pilato, «¿Qué es la verdad?» ha reverberado a través de la historia. ¿Era un deseo melancólico de saber lo que nadie más podría decirle, un cínico insulto, o tal vez una irritada e indiferente respuesta a las palabras de Jesús?

En el mundo postmodernista que niega que la verdad pueda ser conocida, es más importante que nunca antes de responder a la pregunta. ¿Qué es la verdad?

Una propuesta definición de la Verdad

Al definir la verdad, primero es útil notar lo que la verdad no es:

• La verdad no es simplemente lo que funciona. Esta es la filosofía del pragmatismo – un enfoque del tipo de, un fin justifica los medios. En realidad, las mentiras pueden parecer que «funcionan,» pero aun así son mentiras y no la verdad.

• La verdad no es simplemente lo que es coherente o comprensible. Un grupo de gente puede reunirse y formar una conspiración basándose en una serie de falsedades en la que todos convienen en contar la misma historia falsa, pero eso no hace que su declaración fuera una verdad.

• La verdad no es lo que hace sentir bien a la gente. Desafortunadamente, las malas noticias pueden ser la verdad.

• La verdad no es lo que la mayoría dice que es la verdad. Cincuenta y un por ciento de un grupo puede llegar a una conclusión equivocada.

• La verdad no es lo que resulta comprensible. Aún una larga y detallada presentación puede resultar en una conclusión falsa.

• La verdad no se define por lo que se pretende. Las buenas intenciones pueden estar equivocadas.

• La verdad no es cómo la conocemos; la verdad es lo que conocemos.

• La verdad no es simplemente lo que se cree. Una mentira creída sigue siendo una mentira.

• La verdad no es lo que es demostrado públicamente. Una verdad puede ser conocida privadamente (por ejemplo, la ubicación de un tesoro enterrado).

La palabra griega para «verdad» es alētheia, la cual, literalmente significa «no-escondida» o «nada escondido». Transmite la idea de que la verdad siempre está ahí, siempre abierta y disponible para que todos puedan verla, con nada escondido u oculto. La palabra hebrea para «verdad es emeth, que significa «firmeza» «constancia» y «duración». Tal definición implica una sustancia eterna y algo en que se puede confiar.

Desde la perspectiva filosófica, hay tres maneras simples de definir la verdad:

1. Verdad es lo que corresponde a la realidad.

2. Verdad es lo que concuerda con su objeto.

3. Verdad es simplemente decirlo tal como es.

Primero, la verdad corresponde a la realidad o «lo que es». Es real. La verdad también es correspondiente en la naturaleza. En otras palabras, concuerda con su objeto y es conocida por su referente. Por ejemplo, un maestro frente a una clase puede decir, «La única salida de este salón se encuentra a la derecha». Para la clase que está frente al maestro, la puerta de salida puede estar a su izquierda, pero es absolutamente cierto que la puerta, para el profesor, está a la derecha.

La verdad también concuerda con su objeto. Puede ser absolutamente cierto que alguna persona pueda necesitar determinada cantidad de miligramos de un medicamento, pero otra persona puede necesitar más o menos del mismo medicamento para producir el efecto deseado. Esta no es una verdad relativa, sino solo un ejemplo de cómo la verdad debe ajustarse a su objeto. Sería erróneo (y potencialmente peligroso) para un paciente, solicitar a su médico que le dé una cantidad inadecuada de un medicamento en particular, o decir que cualquier medicina funcionará para su padecimiento específico. En pocas palabras, la verdad es simplemente decirla tal como es; es la manera en que las cosas son en realidad, y cualquier otro punto de vista es incorrecto. Un principio fundamental de la filosofía, es ser capaz de discernir entre la verdad y el error, o como Tomás de Aquino observó, «Es la tarea del filósofo, hacer distinciones.»

Desafíos de la Verdad

Las palabras de Aquino no son muy populares hoy en día. El hacer distinciones parece estar pasado de moda en una era postmoderna de relativismo. Es aceptable decir, «Esto es verdad», en tanto no sea seguido por un, «y por lo tanto eso es falso». Esto es especialmente observable en asuntos de fe y religión, en donde se supone que cada sistema de creencias se encuentra en igualdad de condiciones respecto a la verdad.

Hay una variedad de filosofías y cosmovisiones que desafían el concepto de la verdad, sin embargo, cuando se les analiza detenidamente, resultan ser auto excluyentes en su naturaleza.

La filosofía del relativismo dice que toda verdad es relativa y que no hay tal cosa como la verdad absoluta. Pero uno se pregunta: ¿la afirmación de que «toda verdad es relativa» es una verdad relativa o una verdad absoluta? Si es una verdad relativa, entonces realmente carece de sentido; ¿cómo sabemos cuándo y dónde se aplica? Si es una verdad absoluta, entonces la verdad absoluta existe. Más aún, el relativismo traiciona su propia postura cuando establece que la posición del absolutismo es errónea – ¿por qué no pueden estar también en lo correcto, aquellos que dicen que la verdad absoluta existe? En esencia, cuando el relativista dice que, «La verdad no existe», te pide que no le creas, y lo mejor por hacer es seguir su consejo.

Aquellos que siguen la filosofía del escepticismo simplemente dudan de toda verdad. Pero ¿está escéptico el escéptico del escepticismo; duda él de la verdad de su propia afirmación? Si es así, entonces ¿para qué prestarle atención al escepticismo? Si no es así, entonces podemos estar seguros de al menos una cosa (en otras palabras, la verdad absoluta existe) – el escepticismo, el cual, irónicamente, se convierte en la verdad absoluta en ese caso. El agnóstico dice que no puedes conocer la verdad. Sin embargo, esta mentalidad es autoexcluyente, porque asegura conocer al menos una verdad: que tú no puedes conocer la verdad.

Los discípulos del postmodernismo, simplemente no afirman ninguna verdad en particular. El santo patrón del postmodernismo – Frederick Nietzsche – describió la verdad de esta manera: «¿Qué es entonces la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias y antropomorfismos… verdades son ilusiones… monedas que han perdido sus imágenes y que ahora cuentan solo como metal, ya no como monedas». Irónicamente, aunque el postmodernismo mantiene monedas en su mano que ahora son «meramente metal». éste afirma al menos una verdad absoluta: la verdad absoluta de que ninguna verdad debe ser afirmada. Al igual que las otras cosmovisiones, el postmodernismo es autoexcluyente y no puede sostenerse bajo su propia afirmación.

Una cosmovisión popular es el pluralismo, el cual dice que todas las afirmaciones de la verdad son igualmente válidas. Desde luego, esto es imposible. ¿Pueden dos afirmaciones – una diciendo que una mujer está embarazada y la otra diciendo que no lo está – ser ciertas al mismo tiempo? El pluralismo se deshace a los pies de la ley de la no-contradicción, la cual dice que algo no puede ser tanto «A» como «No-A» al mismo tiempo y en el mismo sentido. Como un filósofo dijo sarcásticamente, que cualquiera que crea que la ley de la no-contradicción no es verdad (y de forma predeterminada, el pluralismo es verdad) debe ser golpeado y quemado, hasta que admita que ser golpeado y quemado, no es la misma cosa a no ser golpeado y quemado. También, noten que el pluralismo afirma que es verdad, y que cualquier cosa que se le oponga es falsa, la cual es una afirmación que niega su propio principio fundamental.

El espíritu detrás del pluralismo, es una actitud de brazos abiertos a la tolerancia. Sin embargo, el pluralismo confunde la idea de que todos tienen igual valor, con que cada afirmación de la verdad sea igualmente válida. Más sencillo, toda la gente puede ser igual, pero no todas las afirmaciones de la verdad lo son. El pluralismo no entiende la diferencia entre la opinión y la verdad, una distinción que Mortimer Adler señala: «El pluralismo es deseable y tolerable, solo en aquellas áreas en que son cuestiones de gusto, y no en asuntos de la verdad».

La ofensiva naturaleza de la Verdad

Cuando el concepto de la verdad es difamado, generalmente es por una o más de las siguientes razones:

Una queja común en contra de cualquiera que asegura tener la verdad absoluta, en cuestiones de fe y religión, es que tal postura es «intolerante». Sin embargo, el crítico no entiende que, por naturaleza, la verdad es intolerante. ¿Es intolerante un maestro de matemáticas, por sostener la creencia de que 2 + 2 solo es igual a 4?

Otra objeción a la verdad, es que es arrogante asegurar que alguien esté en lo cierto y la otra persona esté equivocada. Sin embargo, regresando al ejemplo anterior con las matemáticas, ¿es arrogante para el maestro de matemáticas insistir en que solo hay una respuesta correcta al problema matemático? ¿O es arrogante para un cerrajero asegurar que solo una llave abrirá una puerta cerrada?

Un tercer cargo contra aquellos partidarios de la verdad absoluta en materia de fe y religión, es que tal posición excluye a la gente, en lugar de incluirla. Pero tal queja fracasa en entender que la verdad, por naturaleza, excluye a su opositor. Todas las respuestas, a excepción del 4 son excluidas de la realidad que resulta del 2 + 2.

Hay aún otra protesta en contra de la verdad absoluta, y es que es ofensivo y divisivo asegurar que uno tiene la verdad. En cambio, el crítico sostiene, todo lo que importa es la sinceridad. El problema con esta postura, es que la verdad es inmune a la sinceridad, la creencia y el deseo. No importa cuán sinceramente crea uno que la llave equivocada abrirá la puerta; aun así la llave no entrará y la cerradura no se abrirá. La verdad tampoco es afectada por la sinceridad. Si alguien toma un frasco de veneno, y sinceramente cree que es limonada, aun así sufrirá los infortunados efectos del veneno. Finalmente, la verdad es insensible al deseo. Una persona puede desear fuertemente que su auto no se haya quedado sin gasolina, pero si el indicador dice que el tanque está vacío, y el auto ya no arranca, entonces no hay deseo en el mundo que haga que milagrosamente el auto siga adelante.

Algunos admitirán que la verdad absoluta existe, pero dirán que tal postura solo es válida en el área de la ciencia y no en cuestiones de fe y religión. Esta es una filosofía llamada positivismo lógico, el cual fue popularizado por filósofos tales como David Hume, y A. J. Ayer. En esencia, tales personas declaran que las afirmaciones de la verdad deben ser, o (1) tautologías (por ejemplo, que todos solteros son hombres solteros), o (2) empíricamente verificable (esto es, verificable mediante la ciencia). Para el positivista lógico, toda conversación sobre Dios es una tontería.

Aquellos que se adhieren a la noción de que solo la ciencia puede hacer afirmaciones de la verdad, no reconocen en que hay muchas realidades de la verdad, donde la ciencia es impotente. Por ejemplo:

• La ciencia no puede probar las disciplinas de las matemáticas y la lógica, porque las presupone.

• La ciencia no puede probar verdades metafísicas, tales como, las mentes además de la mía, realmente existen.

• La ciencia es incapaz de proporcionar la verdad en las áreas de la moral y la ética. Por ejemplo, tú no puedes usar la ciencia para probar que los Nazis eran malvados.

• La ciencia es incapaz de declarar verdades sobre disposiciones estéticas, como la belleza de un amanecer.

• Por último, cuando alguien hace la declaración de que «la ciencia es la única fuente de verdad objetiva», acaba de hacer un reclamo filosófico – que no puede ser probado por la ciencia.

Y hay aquellos que dicen que la verdad absoluta, no se aplica en el área de la moralidad. Sin embargo, la respuesta a la pregunta, «¿Es moral torturar y asesinar a un niño inocente?» es absoluta y universal: No. O, para hacerlo más personal, aquellos que se adhieren a la verdad relativa con respecto a la moral, siempre parecen desear que su cónyuge les sea absolutamente fiel a ellos.

Por qué es importante la Verdad

¿Por qué es tan importante entender y adherirse al concepto de la verdad absoluta en todas las áreas de la vida (incluyendo la fe y la religión)? Simplemente porque la vida tiene consecuencias por estar equivocado. El dar a alguien la cantidad equivocada de medicamento, puede matarlo; el tener un asesor inversionista que tome las decisiones monetarias equivocadas, puede empobrecer a una familia; el abordar el avión equivocado, te llevará donde no deseas ir; y lidiar con una pareja que es infiel en el matrimonio, puede resultar en la destrucción de una familia, y potencialmente en enfermedad.

Como el cristiano apologista Ravi Zacharias lo expresa, «El hecho es, que la verdad importa – especialmente cuando estás en el lado receptor de la mentira». Y en ninguna parte es más importante, que en el área de la fe y la religión. La eternidad es un tiempo tremendamente largo como para arriesgarse a equivocarse.

Dios y la Verdad

Durante los seis juicios de Jesús, el contraste entre la verdad (justicia) y las mentiras (injusticia) fue inconfundible. Ahí estaba Jesús, la Verdad, siendo juzgado por aquellos cuyas acciones, estaba bañadas en mentiras. Los líderes judíos quebrantaron casi cada ley diseñada para proteger al acusado de condenas injustas. Trabajaron fervientemente para encontrar cualquier testimonio que pudiera incriminar a Jesús, y en su frustración, se basaron en evidencias falsas, presentadas por mentirosos. Pero aún eso no podía ayudarlos a lograr su objetivo. Así que quebrantaron otra ley y forzaron a Jesús a implicarse a Sí Mismo.

Una vez frente a Pilato, los líderes judíos mintieron nuevamente. Acusaron a Jesús de blasfemia, pero puesto que sabían que esto no sería suficiente para convencer a Pilato de condenar a muerte a Jesús, afirmaron que Jesús desafiaba a César y quebrantaba la ley romana, soliviantando a la gente para no pagar impuestos. Pilato rápidamente detectó su engaño superficial, y ni siquiera hizo mención del cargo.

Jesús, el Justo, estaba siendo juzgado por los injustos. La triste realidad es que éste último siempre perseguirá al primero. Es por lo que Caín mató a Abel. El vínculo entre la verdad y la justicia, y entre la falsedad y la injusticia, está demostrado por una serie de ejemplos en el Nuevo Testamento:

• «Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia» (2 Tesalonicenses 2:11 y 12, énfasis añadido)

• «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad» (Romanos 1:18, énfasis añadido).

• «… el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia» (Romanos 2:6-8, énfasis añadido).

• «[el amor] no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad» (1ª Corintios 13:5-6, énfasis añadido).

Conclusión

La pregunta que hizo Poncio Pilato hace siglos, debe ser reformulada, a fin de ser completamente exacta. El comentario del gobernador romano, «¿Qué es la verdad?» pasa por alto el hecho de que muchas cosas pueden tener la verdad, pero solo una cosa puede realmente ser la Verdad. La verdad debe provenir de alguna parte.

La cruda realidad, es que Pilato estaba mirando directamente al Origen de toda la Verdad en esa madrugada de hace casi dos mil años. No mucho antes de ser arrestado y traído ante el gobernador, Jesús había hecho esta simple declaración «Yo soy la verdad» (Juan 14:6), lo que fue una declaración bastante increíble. ¿Cómo un simple hombre podía ser la verdad? No era posible, a menos que Él fuera más que un hombre, que en realidad fuera lo que Él aseguraba ser. El hecho es que, la afirmación de Jesús fue validada cuando Él resucitó de los muertos (Romanos 1:4).

Hay una historia acerca de un hombre que vivía en París, quien fue visitado por un forastero del campo. Queriendo mostrar al forastero la magnificencia de París, lo llevó al museo de Louvre para ver lo grandioso del arte, y luego a un concierto en una majestuosa sala de conciertos, para escuchar tocar a una gran orquesta sinfónica. Al final del día, el forastero del campo comentó que a él no le gustó en particular ni el arte ni la música. A lo que su anfitrión replicó, «Ellos no están en juicio, usted lo está». Pilato y los líderes judíos pensaron que estaban juzgando a Cristo, cuando, en realidad, ellos eran los que estaban siendo juzgados. Además, Aquel a quien condenaron, realmente servirá como su Juez un día, como lo hará para con todos los que con injusticia detienen la verdad.

Evidentemente, Pilato nunca llegó a conocer la verdad. Eusebio, el historiador y Obispo de Cesárea, registra el hecho de que Pilato finalmente cometió suicidio en algún momento durante el reinado del emperador Calígula (37-41 d.C.) – un triste final y un recordatorio para todos, que el ignorar la verdad, siempre conduce a consecuencias indeseables.

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¿Quién decís que soy yo?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

¿Quién decís que soy yo?

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

En el principio existía el Verbo. Y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».

El segmento introductorio del prólogo del Evangelio de Juan fue el texto más cuidadosamente examinado del Nuevo Testamento durante los primeros tres siglos de la historia cristiana. De todos los temas teológicos y preguntas que enfrenta la Iglesia primitiva, ninguno fue más agudo que el entendimiento de la Iglesia de la persona de Jesucristo.

El Nuevo Testamento dedica mucha atención a la persona y obra de Jesús: lo que dijo, lo que hizo, de dónde vino y adónde fue. Pero nada cautivó tanto las mentes de los líderes intelectuales de la Iglesia primitiva como la pregunta: «¿Quién era Él?».

La pregunta «¿quién era Jesús?» obligó a prestar atención al concepto juanino del logos. Este término griego, simplemente traducido como «verbo», era la idea más profunda sobre Jesús presentada en el Nuevo Testamento.

Notamos la distinción que hace Juan cuando escribe: «El Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». En el peor de los casos, Juan cae en una horrible contradicción entre dos afirmaciones hechas acerca del Logos con apenas un suspiro entre ellas. Cuando decimos que alguien o algo está con otro, eso normalmente indica una distinción entre ellos. Notamos una diferencia obvia entre distinción e identidad. Cuando afirmamos que dos cosas son idénticas, generalmente queremos decir que no hay diferencia o distinción entre ellas. Sin embargo, aquí Juan hace dos cosas: por un lado, distingue entre el Logos y Dios, mientras que, por el otro, identifica al Logos con Dios.

¿Contradicción? No necesariamente, aunque vivimos en una época en la que los teólogos, tanto liberales como conservadores, no solo se contentan, sino que se deleitan en las contradicciones. Sin embargo, si queremos conservar la cordura teológica, debemos rechazar la idea de que estas afirmaciones son de hecho contradictorias. Tampoco deseamos sucumbir a la noción popular pero mortal, que ahora es popular en los círculos anteriormente reformados, de que las verdaderas contradicciones pueden resolverse en la mente de Dios. Este nuevo irracionalismo nos da un Dios irracional con una Biblia irracional y una teología irracional; todo esto defendido por una apologética irracional. Este movimiento se basa en la falsa premisa de que la única alternativa al irracionalismo es el racionalismo. Pero uno no necesita ser racionalista para ser racional. Los vuelos a lo absurdo pueden deleitar a los filósofos existenciales, pero calumnian al Espíritu Santo de la verdad.

Tampoco podemos resolver la tensión en Juan apelando a la ausencia del artículo definido (como lo hacen los mormones y los testigos de Jehová) y traducir el texto: «Y el Verbo era un Dios». Este débil intento de resolución solo produce politeísmo.

Este fue el tipo de pregunta que impulsó a la Iglesia a examinar y probar las formulaciones cristológicas durante tres siglos. La confesión decisiva  del Credo Niceno del siglo IV no saltó de repente a la escena como Atenea de la cabeza de Zeus. La formulación de la doctrina de la Trinidad fue codificada en el siglo IV, pero de ninguna manera nació en ese momento. La Tri-unidad en la Deidad tuvo sus raíces en el suelo fértil del texto bíblico del primer siglo.

La cuestión del monoteísmo estuvo presente desde el principio. Se discutió en términos de la idea del monarquianismo. Estamos familiarizados con las palabras monarca o monarquía en una conversación normal, ya que las usamos con respecto a las mariposas y los gobernantes. En griego, el término tiene un prefijo y una raíz.

Irónicamente, la raíz de monarca «arc» aparece en Juan 1. El apóstol escribe: «En el principio…,» y la palabra traducida «principio» es archè. Esta palabra también significa «jefe» o «gobernante». En español hablamos de arcángeles, archienemigos, arquitectos (jefes de construcción), arzobispos, etc. En todas estas palabras, archè significa «jefe» o «gobernante». Por lo tanto, cuando agregamos el prefijo «mono» a la raíz archè, obtenemos la idea de «un gobernante». Un monarca, entonces, es un único gobernante sobre cualquier reino (generalmente un rey o una reina).

En los primeros siglos, la Iglesia tuvo que mantener la noción claramente enseñada del monoteísmo, con la igualmente clara afirmación de la deidad de Cristo. La forma en que el monoteísmo pudo mantenerse mientras se afirmaba la deidad de Cristo alcanzó proporciones de crisis en el siglo III y IV.

El tercer siglo fue testigo del fuerte asalto contra el cristianismo por diversas formas de gnosticismo que engendraron una especie de monarquianismo llamado «monarquianismo modalista». Para entender esto debemos comprender algo del significado del término «modo». Un modo era un «nivel» o «manifestación» particular de una realidad dada. La idea popular entre los gnósticos era que Dios es la realidad suprema. Su Ser irradia o emana del núcleo de Su Ser. Cada radiación o emanación representa un nivel de Su ser. Cuanto más lejos esté la emanación, o nivel, del núcleo del Ser divino, menos «puro» es su Ser divino.

El hereje Sabelio enseñó tal concepto. Comparó la relación del Logos con Dios como análoga, como lo es un rayo de sol con el sol. El rayo de sol es de la misma esencia o ser del sol, pero puede distinguirse del sol. En términos modernos, decimos que el sol está a ciento cincuenta millones de kilómetros de nosotros y, sin embargo, nos calientan los rayos que están cerca. Sabelio argumentó que Jesús era de la «misma esencia» (gr. homo-ousios) que Dios, pero era menos que Dios. Sabelio y su monarquianismo modalista fueron condenados como herejía en Antioquía en 267, y la Iglesia utilizó la expresión «de esencia similar» (homoi-ousios) para referirse al Logos. Aquí la idea era que el Logos, aunque se distinguía del Padre, compartía plenamente «de manera similar» con el Padre en Su Ser divino.

Poco después de la derrota de Sabelio y el monarquianismo modalista, surgió una nueva y más virulenta forma de monarquianismo. Irónicamente, su cuna fue Antioquía, el mismo lugar donde Sabelio fue condenado. La nueva herejía ha sido llamada «monarquianismo dinámico» y, a veces, «adopcionismo». La escuela antioqueña de Luciano, Pablo de Samósata y otros produjeron su representante más formidable: Arrio. Fue la enseñanza de Arrio y sus seguidores lo que provocó el crítico Concilio de Nicea y el Credo Niceno en 325.

Ya que esto será discutido más adelante en esta serie de Tabletalk, restringiré mis comentarios aquí para indicar que Arrio claramente negó la deidad eterna del Logos. Se defendió a sí mismo, irónicamente, apelando a la frase ortodoxa «esencia similar» (homoi-ousios). El Logos es solo «similar» a Dios; Él no es Dios mismo. La mayoría de los herejes como Arrio intentaron enmascarar su herejía utilizando lenguaje ortodoxo para transmitirla. La amenaza arriana fue tan grande que la Iglesia retrocedió en su elección de términos para definir la relación del Logos con el Padre. El término que la Iglesia había rechazado previamente en la disputa del siglo III con Sabelio, homoousios («de la misma esencia») fue elevado a la ortodoxia. Por supuesto, el término ahora no fue usado para volver al modalismo de Sabelio; más bien, se usó para afirmar que el Logos es de la misma esencia divina que Dios: coeterno, coesencial, no creado.

La importancia de la elección de esta palabra subraya en rojo cuán seriamente la Iglesia tomó la amenaza del arrianismo y cuán resuelta fue la Iglesia para mantener su confesión de la deidad plena de Cristo. Este fue el momento decisivo del cristianismo del siglo IV.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

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