Dios Bendice La Santidad, No El Talento Pastoral

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Dios Bendice La Santidad, No El Talento Pastoral

The south London tabernacle, mr. C.H. Spurgeon preaching on Sunday, 1876, UK, britain, british, europe, united kingdom, great britain, european

Por John Macarthur

Predicando a Cristo y a Él Crucificado

Cuando miras al apóstol Pablo, difícilmente ves a un pragmático. El dice a los Corintios: “pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y este crucificado.” (1 Cor. 2:2) Vaya, ese es un mensaje bastante estrecho. Así que cada vez que se presentaba en una situación, todo era sobre Cristo, sobre Cristo crucificado, y por consiguiente, Cristo resucitado de entre los muertos.

Pablo dice, no vine a ustedes con la sabiduría de un hombre, no vine a ustedes con ninguna inteligencia o ingenio humano. Vine y prediqué a Cristo crucificado y a Cristo resucitado, así que el enfoque está en Cristo. (1 Cor. 2)

Hasta que Cristo Sea Formado en Ustedes

También dice en el libro de Gálatas, “Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros.” ¿Por qué habla de dolores de parto? Porque es el tipo de experiencia humana más agonizante. Todos entendemos que los dolores de parto en los que una mujer da a luz a un niño son dolores de parto agonizantes.

Pablo está diciendo, literalmente agonizo en una especie de dolor de parto para dar a luz a un creyente santificado que es como Cristo. Por lo tanto, se podría decir que la pasión de su ministerio era la santificación de su pueblo. Nunca se contentó con que alguien creyera. Eso no era suficiente. Nunca se contentó con que alguien se reuniera con los santos. Nunca se contentó hasta que Cristo se formó completamente en ese creyente. Ese fue siempre el objetivo: ver a ese creyente conformado a la imagen de Jesucristo. Esa es la vocación principal del pastor: la santificación de su pueblo.

Continuamente Volviéndose del Pecado…

Es algo muy simple para ir por el camino de la santificación. A través de la oración, clama al Señor, confiesa tus pecados, arrepiéntete de tus pecados, y vuélvete de tus pecados para que limpies constantemente tu corazón de una manera honesta. Esto se remonta a lo que Pablo le dijo a Timoteo: “Por tanto, si alguno se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 2)

Eso lo dice todo. Si no te limpias de las cosas que corrompen tu vida, no eres un recipiente apto para el uso del Maestro. Puedes ser capaz de conseguir una multitud, puedes ser capaz de entretener a algunas personas y mantener su atención, pero lo que Dios bendice no es un gran talento; lo que bendice es una gran santidad.

Sed Llenos De La Palabra

Una espada limpia es un arma impresionante en la mano de Dios. Así que, en primer lugar, es cuestión de presentarse constantemente ante el Señor para que tu corazón se limpie en el arrepentimiento. Y luego necesitas estar en la palabra de Dios. Necesitas estar en la palabra de Dios constantemente porque como dijo David, Tu palabra la he guardado en mi corazón para no pecar contra ti. (Salmo 119:11)

O, como dijo Jesús, santifícalos con tu verdad, tu palabra es verdad. (Juan 17:17) Si pasas tiempo en la palabra de Dios, hará su obra de purificación. Un corazón abierto, un arrepentimiento constante del pecado y un corazón lleno de las profundas riquezas de la palabra de Dios son medios de gracia. Estas son las herramientas que el Espíritu de Dios usa para santificarte. Si crees que tienes un efecto ahora sin esas cosas, es superficial. Entra en esa zona y observa lo que el Señor hará con tu vida eternamente.

John MacArthur es autor de Sanctificaiton: God’s Passion for His People.

Tomado de: https://evangelio.blog/

Elige el quebrantamiento

Aviva Nuestros Corazones

Elige el quebrantamiento

Por Nancy DeMoss Wolgemuth

El pequeño grupo de líderes de la iglesia había estado orando fervientemente por un avivamiento en su comunidad, una aldea en la isla de Lewis, la mayor isla de las Hébridas Exteriores, frente a la costa de Escocia. Había en ellos una  carga particular  por los jóvenes de la isla que no tenían ningún interés en asuntos espirituales y despreciaban las cosas de Dios.

Se reunieron durante 18 meses  (tres noches a la semana, orando toda la noche hasta las primeras horas de la mañana, rogando a Dios que los  visitara por medio de un avivamiento). Pero no había  evidencia alguna de  cambio.

 Entonces, una noche, un joven diácono se puso de pie, abrió la Biblia y leyó el Salmo 24: ” ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Sólo el de manos limpias y corazón puro,   el que no adora ídolos vanos  ni jura por dioses falsos.  Quien es así recibe bendiciones del Señor; Dios su Salvador le hará justicia.  “(vv. 3-5, NVI).

Enfrentando a los hombres que le rodeaban, el joven dijo: “Hermanos, me parece una tontería estar orando y esperando como estamos haciendo si no  tenemos  una  correcta relación con Dios.”

Allí, en la paja, los hombres se arrodillaron humildemente y confesaron sus pecados al Señor. En un breve período de tiempo, Dios comenzó a derramar su Espíritu en un despertar extraordinario que sacudió toda la isla.

Antes de que este impacto se pueda sentir en un hogar, en  una iglesia, o en  una nación, el  avivamiento debe primeramente ser experimentado a nivel personal en los corazones de los hombres y mujeres que han encontrado a Dios de una manera fresca.

Y el obstáculo más grande para que experimentemos un avivamiento personal, es nuestra falta de voluntad para humillarnos y confesar nuestra desesperada necesidad de Su misericordia.

Programados para la felicidad

Nuestra generación ha sido programada para buscar la felicidad, la plenitud, la afirmación, la cura para nuestros sentimientos de dolor  y  daños sicológicos. Pero Dios no está tan interesado en estas cosas como nosotros lo estamos. Él está más comprometido en  hacernos santos que en hacernos felices. Y sólo hay un camino hacia la santidad, (un camino hacia el verdadero avivamiento) y ese es el camino de la humildad y  el quebrantamiento.

Dios está más comprometido en hacernos santos que en hacernos  felices.

Las Escrituras dejan claro que este es el  requisito  número uno para encontrar a Dios en el avivamiento. “Porque lo dice el excelso y sublime,  el que vive para siempre, cuyo nombre es santo: «Yo habito en un lugar santo y sublime,  pero también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y alentar el corazón de los quebrantados”. (Isaías 57:15, NVI).

A menudo pensamos en el avivamiento como un tiempo de gran gozo, bendición, plenitud, y  celebración. Y así será en su plenitud. Pero el problema es que queremos un Pentecostés sin dolor. . . un avivamiento “divertido”. Nos olvidamos  que los caminos de Dios no son nuestros caminos, que el camino hacia arriba es el camino hacia abajo.

Tú y yo nunca encontraremos  a Dios en  avivamiento a menos que primero lo encontremos  en el quebrantamiento. Eso no significa, como algunos piensan, que tengamos un semblante sombrío  o que seamos  morbosamente introspectivos. Tampoco se  puede equiparar con una experiencia profundamente emotiva. Es posible derramar cubetas o baldes de lágrimas sin experimentar un momento de verdadero quebrantamiento. Además, ser quebrantado no es lo mismo que ser profundamente herido por  circunstancias trágicas. Una persona puede haber sufrido muchas heridas profundas y tragedias sin quebrantarse.

El quebrantamiento no es un sentimiento, es más bien una elección, un acto de la voluntad. No se trata principalmente de  una experiencia en tiempo de crisis (aunque puede haber puntos de crisis en el proceso de quebrantamiento), sino que es un estilo de vida permanente y continuo.

El quebrantamiento es un estilo de vida, es una forma de vivir de acuerdo con Dios respecto a la verdadera condición de nuestro corazón y de nuestra vida,  como Él la ve. Es un estilo de vida, de  rendición incondicional y absoluta de nuestra voluntad a la voluntad de Dios, una actitud del corazón que dice: “¡Sí, Señor!” A todo lo que Dios dice. El quebrantamiento significa la destrucción de nuestra voluntad propia, para que la vida y el Espíritu del Señor Jesús puedan manifestarse libremente a través de mí. Es mi respuesta   humilde y obediente a la convicción de la Palabra de Dios y a su Espíritu Santo.

El quebrantamiento es un estilo de vida de ponerse de acuerdo con Dios acerca de la verdadera condición de nuestro corazón y sobre la vida, verla como Él la ve.

La Sagrada Escritura nos ofrece numerosos ejemplos de personas quebrantadas. Curiosamente, estos ejemplos contrastan con los de personas que no fueron quebrantadas. En estos  casos, las  dos personas habían pecado. La diferencia  no radica en   la naturaleza de su pecado, sino en su respuesta al ser confrontados con ese pecado.

Por ejemplo, dos reyes en su trono. Un rey, en un arrebato de pasión, cometió adulterio con la mujer de su prójimo, y luego conspiró para precipitar la muerte de  su vecino. Sin embargo, cuando la historia de su vida es contada, vemos como este hombre fue llamado “un hombre conforme al corazón de Dios.” Por el contrario, el pecado de su predecesor era relativamente insignificante: era sólo culpable de  no ser completamente obediente. Pero le costó su reino, su vida y su familia.

 ¿Cuál es la diferencia?

Cuando el rey Saúl fue confrontado con su pecado,  se  defendió y se excusó, culpó a otros, y trató de encubrir tanto el pecado como sus consecuencias. En resumen, su respuesta revela un corazón orgulloso, que no ha sido quebrantado. Por el contrario, cuando el rey David fue confrontado con su pecado,  estuvo dispuesto a reconocer su falta, a aceptar la responsabilidad personal por su maldad, confesar y  arrepentirse de su pecado. Su respuesta fue la de un hombre humilde y quebrantado. Y Dios honró ese corazón.

El quebrantamiento trae bendiciones

Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres de espíritu” (Mateo 5:3 LBLA), es decir, los “quebrantados”, aquellos  que reconocen que están en bancarrota  y pobreza espiritual”. La Palabra de Dios enseña que el quebrantamiento trae una serie de bendiciones.

En primer lugar, Dios se acerca a los quebrantados. Él levanta a los que son humildes, pero se mantiene lejos de los soberbios.

En segundo lugar,  se libera nueva vida a través de nuestro quebrantamiento. En la víspera de su crucifixión, cuando  Él partió el pan y lo distribuyó a sus discípulos, Jesús declaró: “Este es mi cuerpo que por vosotros es entregado ” (1 Cor. 11:24, RV). Su muerte en la cruz libera la vida eterna para nosotros. Cuando estamos dispuestos a ser quebrantados, Su vida abundante se libera para que fluya en otros a través de nosotros.

En tercer lugar, el quebrantamiento aumenta nuestra capacidad de amar y de adorar. La “pecadora” que ungió los pies de Jesús con sus lágrimas y ungüentos preciosos, era una mujer quebrantada (Lucas 7:37-38 LBLA). A consecuencia de esto, ella era libre de prodigar su amor y adoración al Señor Jesús, sin restricciones, sin estar sujeta a las opiniones de los que la veían. Algunos de nosotros no somos realmente libres para amar y adorar al Señor Jesús con todo nuestro corazón. Tal vez eso se debe a que no estamos quebrantados. Todavía estamos más preocupados por lo que otros piensan que por el objeto de nuestra devoción.

En cuarto lugar, el quebrantamiento trae una mayor cantidad de frutos, porque Dios usa las cosas y personas quebrantadas. Cuando la fortaleza natural de Jacob se debilito en Peniel, por ejemplo, Dios fue capaz de revestirlo de poder espiritual. Cuando los cinco panes traídos a Jesús por el joven fueron partidos,  se multiplicaron de manera sobrenatural y fueron suficientes para alimentar a una multitud. Y cuando el cuerpo de Jesús fue roto en el Calvario, la vida eterna fue liberada para la salvación del mundo.

Por último, el fruto del quebrantamiento se ve en el avivamiento —la liberación del Espíritu de Dios por medio de nuestro quebrantamiento personal y corporativo. Durante el avivamiento galés de 1904-05, la canción que se escuchaba frecuentemente de  labios del pueblo de Dios con corazones quebrantados y  contritos fue, “Doblégame mas y mas, a los pies de Jesús.”

¿Por dónde empezamos?

Tenemos que llegar a ver a Dios como Él realmente es; mientras más nos acerquemos a Dios,  veremos con mayor claridad nuestra propia necesidad a la luz de Su santidad.

En el quinto capítulo de Isaías, el gran profeta pronuncia las bien merecidas aflicciones que recaerían  sobre los materialistas, sensuales,  orgullosos e inmorales de su época. Una y otra vez grita: “¡Ay de ellos. . . .! “Pero entonces Isaías se encuentra cara a cara con la santidad de Dios, y sus siguientes palabras son: ” ¡Ay de mí!” (Isaías 6:5, énfasis de la autora). El hombre o la mujer quebrantada esta  más consciente de la corrupción dentro de su propio pecho que el del corazón de su prójimo.

Después de haber visto a Dios por lo que Él es, debemos clamar a Dios por misericordia. El aprender a reconocer y confesar nuestra necesidad espiritual de Dios es esencial para vivir un estilo de vida de quebrantamiento. La persona quebrantada no culpa a los demás. La actitud de su corazón es: “No es mi hermano, ni mi hermana, ¡soy yo, oh, Señor, de pie ante ti  en  necesidad de oración!”

La persona quebrantada es capaz  también de comunicar sus necesidades a los demás. No hay quebrantamiento donde no hay sinceridad. Casi sin excepción, las grandes victorias sobre el pecado y la tentación que he experimentado han sido ganadas cuando  estuve dispuesta a humillarme y confesar mi necesidad de que un  creyente maduro  orara por mí, de alguien a quien pudiera rendirle cuentas de mi obediencia a Dios.

 Finalmente,  el quebrantamiento es un asunto de ceder el control de nuestra vida a Dios. El corazón que se ha vaciado de sí mismo y librado de su obstinación,  es el corazón que va a experimentar la llenura y el avivamiento  de nuestro glorioso y santo Dios,  que se humilló a sí mismo, para que  en Él  fuésemos levantados.

© Life Action Ministries. Usado con permiso. Adaptado de la revista “El Espíritu del Avivamiento”, Edición Especial, 1996.
Revive Our Hearts/Aviva Nuestros Corazones.
http://www.AvivaNuestrosCorazones.com


Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

106 – Mujer Verdadera

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

106 – Mujer Verdadera

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

La luz de la gloria

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VI

La luz de la gloria

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VI

Los historiadores humanistas y los sociólogos seculares se empeñan en asignar sus abarcadoras y cuidadosamente elaboradas etiquetas a casi cualquier cosa. Siglos de historia y generaciones enteras de personas han sido adornadas con títulos sin sentido y definiciones simplistas. Desde la llamada «generación del baby-boom» hasta la «generación del yo» y la «generación x», nuestra sociedad ha determinado que asignarle una categoría general a toda una población basada en su edad es algo apropiado. Del mismo modo, períodos enteros de la historia son conocidos por el tipo de metal más utilizado durante ese período en particular, por ejemplo, la «Era de Bronce». Tenemos edades de «Oro» y de la «Ilustración», la «Edad de la Razón» y el infame periodo conocido como la «Era de las Tinieblas»

Aunque los historiadores modernos por lo general han dejado de usar el término «Era de las Tinieblas» (476-1000 d. C.), todavía sigue siendo una etiqueta grabada en la mente de la mayoría de nosotros cuando pensamos en los inicios de la Edad Media. Sin embargo, con demasiada frecuencia también olvidamos que el período de la era de las tinieblas no comenzó en el siglo V en Europa, ni tampoco terminó a finales del primer milenio después de Cristo. Este período comenzó hace mucho tiempo en el jardín del Edén cuando Adán y Eva se rebelaron contra el Señor y cayeron en un estado de corrupción. Y aunque ningún historiador respetable asignaría el título de «Era de las Tinieblas» a la mayor parte de la historia de la civilización, desde la caída, el hombre ha sido testigo de una era oscura.

No obstante, desde el momento de la caída, el Señor ha derramado la luz de Su evangelio sobre el mundo. En Génesis 3:15 escuchamos las palabras del primer evangelio habladas a nuestros primeros padres, y a través de la historia vemos cómo Dios ha traído Su luz a Su pueblo en sus horas más oscuras. En el Antiguo Testamento leemos la profecía cristológica de Isaías en la que anuncia la venida de la Luz del Mundo: «El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos» (9:2). En el Nuevo Testamento, somos testigos del cumplimiento de esa proclamación: «En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron» (Jn 1:4–5). Aunque la historia de la civilización del siglo VI es mucho más oscura de lo que los secularistas puedan comprender, hay una luz gloriosa que brilla en las tinieblas. Tanto en el siglo VI como en el XXI, el Señor hace brillar Su luz a través de nosotros para que podamos vivir coram Deo en un mundo en tinieblas.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Dios no es un idólatra

Soldados de Jesucristo

Agosto 23/2021

Solid Joys en Español

Dios no es un idólatra

John Piper

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¡Atrévase con la Biblia! (8)

Lunes 23 Agosto

Siendo renacidos… por la palabra de Dios que vive y permanece.1 Pedro 1:23

Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.Santiago 1:22

¡Atrévase con la Biblia! (8)

La Biblia no es un libro como los demás. Ella responde a las grandes preguntas existenciales, permite descifrar la vida cotidiana y comprender lo que está en juego. ¡Pero también regenera y transforma la vida del que cree! (Romanos 1:16). Miles de personas podrían dar testimonio de la magnífica revolución que la Biblia produjo en ellas. Miles de experiencias vividas prueban que la Biblia sigue siendo el único medio que puede cambiar el corazón de los hombres. Estos dos ejemplos lo demuestran:

1. El señor Staines, misionero en India, y sus dos hijos menores fueron asesinados, quemados vivos, en el año 1999. En 2002 su viuda escribió: “No tengo amargura ni ira; más bien tengo un gran deseo: que todos los habitantes de la India puedan tener una relación personal con Jesucristo”.

2. Un niño, cuya madre estaba encarcelada debido a su fe, el día de su cumpleaños llevó un ramo de flores y una tarjeta al director de la cárcel. En la tarjeta decía: “Este año no puedo ofrecer flores a mi madre en su cumpleaños, como es mi costumbre, porque está en su cárcel. Entonces ofrezco este ramo a la madre de los hijos de usted”.

¡Este es el poder de la Biblia! No es una revolución que abate a un tirano. Es una vida nueva que transforma interiormente a todos los que creen en Jesucristo. ¡Vale la pena conocer ese libro extraordinario! No solo conocerlo, sino vivirlo en nuestra vida cotidiana. Pues conocer la Biblia sin que ella produzca un efecto en nosotros, sin que esto cambie nuestra vida, sería dejar de lado lo esencial y estar perdido, condenado por ella.

2 Crónicas 8 – 1 Corintios 1 – Salmo 98:4-9 – Proverbios 21:31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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