41 – Verdaderos y Falsos Adoradores

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

41 – Verdaderos y Falsos Adoradores

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

¿Qué pasa si no entiendo lo que leo en la Biblia?

Coalición por el Evangelio

¿Qué pasa si no entiendo lo que leo en la Biblia?

JOSÉ “PEPE” MENDOZA

Nota del editor: Este artículo es parte de la serie “Biblia para principiantes“, a través de la cual buscamos proveerte recursos útiles para tu estudio y comprensión de las Escrituras.

Son muy pocas las personas que no puedan decir que están familiarizadas con algún versículo o porción de la Biblia. Para algunos será el famoso Salmo 23, la exaltación paulina del amor en 1 Corintios 13 o algún otro versículo o pasaje predilecto. La verdad es que esa lista de pasajes populares o conocidos es cortísima en comparación con los 66 libros de la Biblia en sus dos testamentos y sus miles de versículos. Hay mucho que debemos conocer y entender a cabalidad en la Biblia.

Gloriémonos en conocer y entender al Dios de la Biblia

El problema con nuestro conocimiento y entendimiento radica en que la Biblia intimida por su longitud y su variedad. Seamos honestos, son muy pocos los valientes que dedican tiempo, esfuerzo, sudor y, como dicen en algunos países, “queman pestañas” en su estudio de la Palabra de Dios. En mi caso, siempre ha sido de exhortación las palabras del Señor en Jeremías:

“«No se gloríe el sabio de su sabiduría, Ni se gloríe el poderoso de su poder, Ni el rico se gloríe de su riqueza; gloríese en esto: De que me entiende y me conoce, Pues Yo soy el Señor que hago misericordia, Derecho y justicia en la tierra, Porque en estas cosas me complazco», declara el Señor” (Jr 9:23-24).

El Señor valora el que le conozcamos y entendamos. Ni la sabiduría humana, ni el poder y mucho menos las riquezas (aspectos tan valorados entre los humanos) se comparan con conocer y entender al Dios revelado en las Escrituras, quien es misericordioso, justo y soberano. Lo que más me impresiona es que Jeremías está diciendo estas palabras en un momento de profundo abandono espiritual e ignorancia por parte de Judá. El pueblo y sus autoridades políticas y religiosas estaban viendo su propia descomposición y caída, pero no eran capaces de buscar al Señor y atender a su Palabra. Por eso Jeremías dice de parte de Dios, “«Ciertamente estos solo son gente ignorante, son necios, porque no conocen el camino del Señor Ni las ordenanzas de su Dios” (Jr 5:4).

Ni la sabiduría humana, ni el poder y mucho menos las riquezas se comparan con conocer y entender al Dios revelado en las Escrituras 

Dice el dicho “mal de muchos, consuelo de tontos”. Yo imagino que esa ignorancia popular que pasaba por el rey, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, terminaba envalentonando a los ignorantes, quienes pensaban que no valía la pena esforzarse por conocer y entender lo que, aparentemente, nadie más buscaba. Lo que estaba de moda eran los sueños de los profetas y los sacrificios y ritos a dioses paganos. ¿Profundizar y entender la Palabra? ¡Ná!

Lo que quiero decir con esta larga introducción es que SÍ pasa algo si es que no entendemos lo que leemos en la Biblia. No se trata simplemente pasar al siguiente versículo u olvidarme de lo difícil y mantenerme solo con esos salmos o esas palabras del evangelio que son tan claritos y tanto me gustan. Si no entiendo lo que leo, debo esforzarme en buscar una respuesta a mis interrogantes. 

Entonces, ¿cómo me esfuerzo para poder entender lo que no he entendido en la Biblia? Vayamos en orden descubriendo fundamentos y principios.

Fundamentos y principios para entender la Biblia

En primer lugar, la Biblia es un libro y, como tal, no fue escrito como cápsulas o meros párrafos o versículos aislados. Nunca podremos llegar a tener un conocimiento cabal de las Escrituras si estamos leyendo de aquí y de allá. Debemos asumir el compromiso de leer libros completos de principio a fin si es que realmente queremos conocer y entender su mensaje.

En segundo lugar, debemos ser conscientes que un aniquilador del entendimiento es la inconstancia. Si hoy leemos un capítulo y esperamos a acordarnos de nuevo en un par de semanas para leer el siguiente capítulo, entonces no esperemos que ese ritmo de lectura será provechoso para el entendimiento. La constancia demanda un esfuerzo y una dedicación que David resalta en su poema a la Palabra cuando dice, 

“Me anticipo al alba y clamo,
En Tus Palabras espero.
Mis ojos se anticipan a las
vigilias de la noche
Para meditar en Tu palabra»
(Salmo 119:147-148)

En tercer lugar, los cristianos tenemos una enorme ventaja espiritual. Nunca estamos solos y sin más recursos que nuestra propia materia gris para entender la Biblia. No debemos olvidar que nuestro Señor Jesucristo prometió la venida del Espíritu Santo, quien nos “enseñará todas las cosas, y [nos] recordará todo lo que [nos] ha dicho” y nos  “guiará a toda verdad” (Jn 14:2616:13). Esta realidad espiritual no podemos pasarla por alto y debemos orar al Señor y buscar la dirección del Espíritu cada vez que nos acercamos a la Palabra.

En cuarto lugar, es importante que entendamos que somos responsables de nuestra búsqueda personal del Señor, pero no se trata de una tarea en solitario. El Señor diseñó la Biblia para que la leamos a solas y también en la compañía de otros hermanas y hermanos en la fe. Cuando nos desafiamos a leer la Biblia con otras personas podemos mantener la constancia y también ayudarnos a entender la Palabra al ser guiados todos por el mismo Espíritu Santo.

En quinto lugar, podemos llevar nuestras dudas a nuestros pastores y maestros, quienes han sido puestos por el Señor para edificarnos y su tarea no acaba “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios…” (Ef 4:13). Además no debemos descuidar los cursos bíblicos y los grupos pequeños de estudio que continuamente se están brindando en nuestras iglesias.

Finalmente, también tenemos buenos libros, Biblias de estudio y comentarios bíblicos que podemos consultar para resolver nuestras dudas. Pregúntale a tu pastor o líder en tu iglesias acerca de los materiales de consulta más confiables para que vayas creando tu biblioteca personal. 

Huye de cualquier superficialidad que te impida tener un conocimiento cabal de las Escrituras 

Nuestros tiempos se caracterizan por los 180 caracteres, las imágenes con pocas palabras y el entendimiento superficial de todo y de nada, al mismo tiempo. Sin embargo, como cristianos debemos huir de cualquier superficialidad que nos impida tener un conocimiento cabal de las Escrituras. 

Ahora ya sabes lo que tienes que hacer si hay algo que no entiendes en la Escritura. Eso significa que no tienes excusa para la ignorancia o la duda, sino un camino abierto y provisto por el Señor para que te gloríes en entender y conocer a tu Señor revelado en su Palabra.

​José “Pepe” Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter.

La Iglesia en el plan de Dios

The Master’s Seminary

La Iglesia en el plan de Dios

John MacArthur

La Iglesia es la manifestación externa de un plan eterno

En Tito 1: 2, el apóstol Pablo escribe de la “vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes de los siglos.” En este contexto, el apóstol Pablo describe su ministerio, un ministerio de evangelización y de salvación “por la fe de los elegidos de Dios” –a saber, la iglesia (v. 1).

Pablo, al describir su ministerio, describe el propósito redentor de Dios de: la elección (“los elegidos de Dios”, v. 1), la salvación (“el conocimiento de la verdad”, v. 1), la santificación (“que es según a la piedad “, 1) y la gloria final (” con la esperanza de la vida eterna “, v. 2). Todo esto es la obra de Dios (cf. Romanos 8:29-30), algo que Él “prometió antes de los tiempos.”

En otras palabras, en la eternidad pasada, antes de que cualquier cosa fuese creada – antes de los siglos – Dios determinó comenzar y terminar su plan de redención. Las personas fueron elegidas. Sus nombres fueron escritos para que sean llevados a la fe, a la piedad y a la gloria. Dios “prometió” estos del tiempo.

¿A quién hizo Dios la promesa? Esto fue antes de tiempo, y por lo tanto antes de la creación. Así que no había personas u otras criaturas alrededor. ¿A quién, entonces, hizo Dios esta promesa?

La respuesta la encontramos en 2 Timoteo 1: 9. Allí leemos que Dios “nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos.” Ese versículo termina con la misma frase nos encontramos en Tito 1: 2: “antes de los siglos” Y aquí el apóstol dice el propósito eterno de Dios – esta misma promesa que se hizo antes del principio de los tiempos “nos fue dada en Cristo Jesús.” La promesa eterna de nuestra salvación, el pacto divino de redención, implicó una promesa hecha por el Padre al Hijo antes de los siglos.

Esta es una realidad asombrosa. En el misterio de la Trinidad, vemos que hay un amor inefable y eterno entre los miembros de la Trinidad. Jesús se refiere a él en su oración sacerdotal: “Padre, quiero que ellos también, a quien me has dado, estén conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria que me has dado, porque me has amado desde antes la fundación del mundo “(Juan 17:24, énfasis añadido).

Ese amor debe encontrar una expresión. El amor verdadero siempre busca maneras de dar. Y en una demostración de su amor perfecto para su Hijo, el Padre hizo una promesa al Hijo. ¿Y cuál fue esa promesa? Prometió el Hijo un pueblo redimido – justificado, santificado y glorificado. Él prometió llevar a los redimidos a la gloria, para que habite en el mismo lugar donde el Padre y el Hijo han habitado desde tiempo comenzó antes – el reino de Dios. Y este cuerpo colectivo de los llamados de fuera – un pueblo para su nombre (Hechos 15:14) de toda raza, pueblo, lengua y nación (Apocalipsis 13: 7) – formaría un templo vivo por el Espíritu Santo (Efesios 2: 21-22), convirtiéndose en la misma morada de Dios.

Esa es la promesa eterna del Padre hecha al Hijo. ¿Por qué? Como una expresión de su amor. Los redimidos de la humanidad, entonces, son un don del Padre al Hijo.

Con eso en mente, considere las palabras de Jesús en Juan 6:37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y el que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.” Eso, de nuevo, afirma la invencibilidad absoluta de la iglesia. Cada individuo redimido – todo s los que alguna vez se les dio el don de la fe, perdonado y justificado ante Dios por la gracia – es un don de amor del Padre al Hijo. Y ninguno de ellos se perderá o será echado fuera. ¿Podría Cristo rechazar un regalo de amor de Su propio padre?

Por otra parte, la importancia de la doctrina de la elección surge de todo esto. Los redimidos son escogidos y dados al Hijo por el Padre como un regalo. Si usted es un creyente, no es porque es más listo que sus vecinos incrédulos. No ha venido a la fe a través de su propio ingenio. Usted fue atraído a Cristo por Dios el Padre (Juan 6:44, 65). Y cada persona que llega a la fe es atraído por Dios y dado como un regalo de amor del Padre al Hijo, como parte de un pueblo redimido – la iglesia – prometida al Hijo antes de los siglos.

El significado completo del propósito eterno de Dios se hace evidente a medida que se desarrolla en el libro de Apocalipsis. Hay que echar un vistazo al cielo, y ¿qué creen que la iglesia triunfante está haciendo allí? ¿Qué es lo que hacen los santos glorificados por toda la eternidad? Ellos adoran y glorifican el Cordero, alabándole y sirviéndole – e incluso reinan con él (Apocalipsis 22: 3-5). El cuerpo colectivo es descrito como su novia, pura y sin mancha y vestida de lino fino (19:7-8). Viven con él eternamente donde no hay noche, ni lágrimas, ni tristeza, ni dolor (21:4). Ellos glorifican y sirven al Cordero para siempre. Esa es la plenitud del propósito de Dios; esa es la razón por la que la iglesia es Su regalo para su Hijo.

Ahora bien, esta eterna promesa incluía la promesa recíproca del Hijo al Padre. La redención no era de ninguna manera la obra del Padre solamente. Para llevar a cabo el plan divino, el Hijo tendría que ir al mundo como un miembro de la raza humana y pagar el castigo por el pecado. Y el Hijo se sometió completamente a la voluntad del Padre. Eso es lo que Jesús quiso decir en Juan 6: 38-39: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me envió: Que de todo lo que El me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el último día.”

La redención del pecado no podía ser adquirida por los sacrificios de animales o cualquier otro medio. Así que el Hijo vino a la tierra con el propósito expreso de morir por el pecado. Su sacrificio en la cruz fue un acto de sumisión a la voluntad del Padre. Hebreos 10:4-9 hace que este mismo punto:

4 Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados. 5 Por lo cual, al entrar El en el mundo, dice: Sacrificio y ofrenda no has querido, pero un cuerpo has preparado para mi; 6 en holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacido. 7 Entonces dije: “He aqui, yo he venido (en el rollo del libro esta escrito de mi) para hacer, oh Dios, tu voluntad.” 8 Habiendo dicho arriba: Sacrificios y ofrendas y holocaustos, y sacrificios por el pecado no has querido, ni en ellos te has complacido (los cuales se ofrecen según la ley), 9 entonces dijo: He aqui, yo he venido para hacer tu voluntad. El quita lo primero para establecer lo segundo.

Así que el Hijo se sometió a la voluntad del Padre, lo que demuestra su amor por el Padre. Y el edificio de la iglesia, por lo tanto no sólo es expresión de amor del Padre al Hijo, sino también la expresión del Hijo del amor al Padre.

Todo esto significa que la iglesia es algo tan monumental, tan vasta, tan trascendente, que nuestras mentes pobres apenas pueden comenzar a apreciar su importancia en el plan eterno de Dios. El verdadero objetivo del plan de Dios no es simplemente llevarnos al cielo. Sino que el drama de nuestra salvación tiene un propósito aún más grandioso: es una expresión de amor eterno dentro de la Trinidad. Nosotros sólo somos el regalo.

Hay una cosa más pena destacar sobre el plan eterno del Padre con respecto a la iglesia. Romanos 8:29 dice que aquellos a quienes el Padre eligió dar al Hijo Él también los predestinó para ser hechos conforme a la imagen del Hijo. No sólo Él los justifica, santifica, glorifica, y los lleva al cielo para que por los siglos de los siglos de los siglos podrían decir: “¡Digno es el Cordero”, sino que Él también determinó que se harían como el Hijo. Esto es “para que Él sea el primogénito [prototokos] entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29). Prototokos no se refiere a alguien que nació por primera vez en una cronología, sino el primero de una clase. En otras palabras, Cristo es el supremo sobre toda una hermandad de personas que son como él.

Nuestra glorificación instantáneamente nos transforma en Cristo. Juan escribió: “Cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2). Pablo dijo a los Gálatas: “por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gal. 4:19). Estamos siendo conformados a la imagen de Cristo. Y la buena noticia es que se logrará este objetivo. La iglesia surgirá de todas sus pruebas triunfantes, gloriosas, impecablemente vestida para encontrarse con su novio.

¿Cómo no regocijarnos en la perspectiva de eso? ¿Cómo pueden los cristianos posiblemente ser apáticos acerca de la iglesia? La iglesia es en última instancia, invencible. Los propósitos de Dios no pueden ser frustrados.

Hay una conclusión fascinante para todo esto. Pablo lo describe en 1 Corintios 15: 24-28:

24 entonces vendrá el fin, cuando El entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido[a] todo dominio y toda autoridad y poder. 25 Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el último enemigo que será abolido es la muerte. 27 Porque Dios ha puesto todo en sujecion bajo sus pies. Pero cuando dice que todas las cosas le están sujetas, es evidente que se exceptúa a aquel que ha sometido a El todas las cosas. 28 Y cuando todo haya sido sometido a El, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a El todas las cosas, para que Dios sea todo en todos..

Imagíne la escena. Todos los enemigos de Cristo son destruidos y derrotados. Todas las cosas se colocan bajo sujeción al Hijo. El Padre le ha dado el gran don del amor, de la iglesia, para ser su novia y estar sujeta a Él. Cristo está en el trono. Todas las cosas están ahora sujetas a El – excepto el Padre, quien puso todas las cosas en sujeción a Su Hijo. “Entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó todas las cosas a Él, para que Dios sea todo en todos” (v. 28).

En otras palabras, cuando el Hijo lleva a la iglesia a la gloria y el Padre la entregue al Hijo como Su regalo de amor eterno, entonces también el Hijo se dará la vuelta y dará todo, incluso a sí mismo, de regreso al Padre.

Este es un aspecto alucinante en nuestro futuro. Este es el plan de Dios para la iglesia. Somos un pueblo llamado por Su nombre, redimido, conformados a la imagen de su Hijo, hecho para ser una expresión inmensa, incomprensible y suprema de amor entre las Personas de la Trinidad. La iglesia es el regalo que se intercambia. Este es el plan eterno de Dios para la iglesia. Debemos estar profundamente agradecidos, y ansiosos y emocionados de ser parte de la misma.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.


John MacArthur is the Chancellor Emeritus and professor of pastoral ministry at The Master’s University and Seminary. He is also the pastor-teacher of Grace Community Church, author, conference speaker, and featured teacher with Grace to You.

Columba: misionero a Escocia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VI

Columba: misionero a Escocia

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VI

Por: Sinclair B. Ferguson

Al leer la «vida de los santos» es difícil y hasta imposible descubrir la verdad sin subterfugios. Este es ciertamente el caso cuando hablamos de Columba, o Columcille, el misionero irlandés a los escoceses y los pictos en la segunda mitad del siglo VI. La biografía de Columba, escrita por Adomnán cien años después de su muerte, contiene todos los elementos característicos de la hagiografía medieval: visiones y revelaciones, profecías, visitaciones angélicas, sanidades, resurrección de muertos y batallas contra las fuerzas de las tinieblas (incluyendo, en el caso de Columba, el desterrar mediante la señal de la cruz a un antepasado del monstruo del lago Ness del siglo VI).

Una vez que hemos hecho el trabajo de detective para separar la paja del trigo, hay ciertos detalles que aún permanecen.

Columba nació en una familia noble alrededor del año 521 en Donegal, Irlanda, y murió en la isla de Iona, en la costa oeste de Escocia en el año 597. Destinado tempranamente al sacerdocio, él hizo votos monásticos y los mantuvo con ferviente celo (se le atribuye la fundación de veinticinco monasterios y cuarenta iglesias ¡a la edad de veinticinco años!). Su temperamento apresurado y obstinado parece haber sido el catalizador de guerras entre clanes y de múltiples muertes. Según la tradición, su consejero espiritual, Molaise de Devenish, le ordenó procurar la conversión de un número de almas igual al de aquellos cuyas muertes había causado.

De cualquier modo, alrededor de los cuarenta y dos años de edad, Columba parece haber sufrido un cambio radical y se comprometió con la obra misionera. Junto con doce acompañantes zarpó a través del Mar de Irlanda y arribó en Iona, que posteriormente se convirtió en su base de operaciones para la conversión de dos de las principales tribus del territorio escocés, los pictos y los escotos, así como de los ingleses del norte.

Lo que Columba realmente creyó y enseñó sigue siendo un misterio para nosotros (el cristianismo celta en Escocia mantuvo importantes diferencias con el cristianismo romano hasta el siglo XI con la influencia de la reina Margarita). Pero su historia ilustra varios principios importantes que se repiten en las crónicas de la expansión de la Iglesia cristiana.

El primer principio es que las meras estrategias para la evangelización nunca son la causa real de su impacto duradero; se necesita un compromiso personal. Las tan citadas palabras de E. M. Bounds han sido ciertas a lo largo de los siglos: «Los hombres están buscando mejores métodos; Dios está buscando mejores hombres. Los hombres son los métodos de Dios». Por imposible que sea hoy en día descifrar la fe personal de Columba a través de las acumulaciones hagiográficas, la profundidad, la determinación y la persistencia de su compromiso con su causa están fuera de toda duda. El reino de Cristo prospera por medio de una pasión debidamente dirigida a su extensión. Esa pasión puede que no sea inmaculada; la prosperidad puede que no sea inmediata. Pero ambas pertenecen a la receta divina para el avance del reino. Después de todo, ¿acaso Sus discípulos no notaron de manera particular el celo del Señor (Jn 2:17)?

En segundo lugar, donde vivimos y servimos, no es el factor determinante de nuestra influencia espiritual. Para algunos sería herético decirlo, pero la realidad es que Iona está de camino a ningún lado. Aquí hay una lección, reflejada también en la vida de los cristianos contemporáneos: una visión mundial no requiere residir en una gran ciudad para prosperar. ¿Existe una desviación creciente en algunos círculos evangélicos hoy en día de que solo en las grandes ciudades, y en las grandes iglesias con sus pastores, se encuentra la acción del reino? Pero la Hipona de Agustín no era Roma, Atenas o Constantinopla. ¿Puedes ubicar a Northamptonshire en un mapa? (¿Por qué harías eso? Bueno, fue allí que nació la pasión de William Carey por la misión mundial); y así pudiéramos seguir. Todo lugar es equidistante al poder y la presencia de Dios. Nunca debemos olvidar esto si nos encontramos en una esfera juzgada como pequeña por el mundo o, tristemente, por la en ocasiones muy mundana iglesia.

El tercer principio es que la manera de Dios, tradicionalmente, es avanzar Su causa a través de fraternidades espirituales. Aquí yace parte del poder del movimiento monástico, y ciertamente de la misión de Columba: él y sus compañeros, unidos por su visión común, estaban dispuestos a arriesgar todo por la causa y por los demás. Este modelo se remonta, a lo largo de la Escritura, a las escuelas de los profetas, al Señor y a los apóstoles, a las misiones apostólicas, a Agustín y sus amigos, a los grandes reformadores y, quizás más notablemente en nuestra propia historia, a los puritanos y el Gran Avivamiento. El hierro con hierro se afila.

La historia de Columba nos anima a orar para que Dios levante obreros para Su mies, y los una para vivir, servir y —si es necesario— darlo todo por Cristo y Su causa. Este, con mucha frecuencia, ha sido el instrumento que Dios usa para hacer avanzar Su reino a las generaciones futuras.

Ahora que lo pienso, en cierto sentido es probablemente cierto que yo, mi familia y muchos de nuestros amigos más cercanos, seamos cristianos hoy en día debido a Columba.

Pero, ¿quién será cristiano mañana por causa de nosotros?

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

Agosto 20/2021

Solid Joys en Español

Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

John Piper

John Piper

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Lo mejor que me ha sucedido

Viernes 27 Agosto

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.Isaías 45:22

Lo mejor que me ha sucedido

Testimonio

“Nací en el año 1961. Desde niña tuve problemas nerviosos; debido a esto tenía complejos y pensamientos extraños. No era feliz, no me sentía amada, tenía miedo a mi padre. Así crecí y llegué a estudiar pintura.

Tuve dos fracasos matrimoniales y varias relaciones fallidas; dos veces estuve hospitalizada; una vez atenté contra mi vida. Fui militante de la Unión de Jóvenes, pero a los 27 años me decepcioné de todo.

Desde pequeña, cuando me veía en problemas, siempre clamaba a Dios. Pero también daba tumbos entre el espiritismo y la santería. Cada día me sentía más desequilibrada, hasta que recibí a Jesús como mi Salvador y Señor, el 3 de diciembre de 1994. Dos semanas después mi compañero también lo aceptó. Comenzamos a servir al Señor y legalizamos nuestra unión. Nos bautizamos en febrero de 1995.

Dos años después mi madre también se convirtió al Señor, fue bautizada y se congregó durante varios años. Luego sufrió un infarto cerebral. Dios permitió que mi esposo y yo la cuidáramos con amor durante dos años, con el apoyo de nuestros hermanos en Cristo y algunos vecinos, hasta que partió con Él.

Hoy sigo sirviendo al Señor visitando a ancianos y a hermanos enfermos. Además, en nuestra casa se reúne un grupo pequeño para escuchar la Palabra de Dios. Quiero testificar que Dios me sanó del problema nervioso, me libró del miedo a los espíritus, a la oscuridad, a las brujerías y a la muerte.

Oro a Dios por todas las naciones, por nuestros gobernantes, por mis familiares, vecinos y amigos, para que puedan experimentar el amor y la sanidad de Dios”.Vilma

2 Crónicas 12 – 1 Corintios 5 – Salmo 101:1-4 – Proverbios 22:7© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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