¿Qué Es El Sexo?

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¿Qué Es El Sexo?

Por Wyatt Graham

Quiero definir algo que en un nivel es bastante simple, pero en otro nivel puede ser difícil de entender. Quiero definir el sexo. No, no esa clase de sexo. Me refiero a sexo masculino y femenino. El género, en nuestro discurso moderno, a menudo se refiere a las propiedades accidentales y a veces deseadas de los seres humanos. El sexo, sin embargo, apunta a una realidad concreta sobre la base de normas biológicas y metafísicas para hombres y mujeres.

Zanja

Pero incluso hablar de estas cosas corre el riesgo de caer a ambos lados de una zanja. Por un lado, el patriarcalismo abraza el poder centrado en el hombre en aras de la explotación. Debo señalar que no todas las sociedades patriarcales lo han hecho en su conjunto. Pero me refiero específicamente a la definición más nueva y tan fugaz del patriarcalismo. Algunos querrán rechazar mi definición ahistórica. Que así sea.

En el otro lado yace la indiferencia hacia el sexo. Como dice la historia actual, los poderes sexuales sólo existen como propiedades accidentales, las cuales pueden cambiar y mutar. Un hombre puede convertirse en una mujer o incluso en un animal irracional. Sin embargo, este punto de vista malinterpreta la naturaleza del sexo. La fluidez de género enmascara, ignora o hace que uno sea indiferente a las propiedades esenciales de lo que hace que un hombre, sea hombre y una mujer, sea mujer.

En resumen, el patriarcalismo (explotación masculina) tuerce las virtudes naturales que pertenecen a hombres y mujeres; negar una diferencia en los poderes sexuales de hombres y mujeres tuerce la belleza y la perfección del sexo según la naturaleza.

Patrón

Permanecer en el sendero -y así evitar los peligros de ambos lados- requiere mucha resistencia y valor. También requiere esfuerzo mental, que a veces pasamos por alto. Con demasiada frecuencia tratamos de mantenernos en el camino estrecho imponiendo propiedades antinaturales y accidentales del género al sexo, como si estas cosas por sí solas constituyesen el sexo.

Tome el color rosa. Después de la Segunda Guerra Mundial, el rosa se asoció con la feminidad. No así en épocas anteriores. ¿Deberían las mujeres vestirse de rosa y los hombres de azul? Tal vez. Pero presionar por tal concepción corre el peligro de tropezar con otro peligro más: leer las normas culturales en la esencia de la masculinidad y la feminidad.

Pero, ¿queremos jugar al juego de atribuir ciertas características (cómo habla alguien, o sus manierismos) como si fueran masculinas o femeninas? En muchas partes de Oriente Medio y África, los hombres se toman de las manos o de los brazos o se abrazan o besan; sin embargo, esto significa simplemente amistad y respeto. En Norteamérica, no. Necesitamos definir cuidadosamente los rasgos masculinos y femeninos.

Sospecho que Pablo hace algo así en su primera carta a los Corintios. Declara que los hombres naturalmente deben tener el pelo corto, mientras que las mujeres deben tener el pelo largo. En estos casos, enraíza su observación en la naturaleza o en la creación. Así que se basa en algo estable, pero sabemos que la longitud del cabello era un artefacto de las normas de género construidas en Corinto. Entonces, ¿por qué Pablo podría hacer el argumento?

Creo que la respuesta es bastante obvia, al menos una vez que se ha descubierto, se siente así. Pablo entendió la longitud del cabello, aunque socialmente construida, como una expresión particular de una realidad natural más profunda. Estos accidentes de la naturaleza (la longitud del pelo) pueden acampar adecuadamente en hombres y mujeres en formas que muestran lo que es cierto acerca de su sexo respectivo.

Esencia

Hombres y mujeres comparten plenamente la naturaleza humana, pero tienen poderes respectivos que existen convenientemente en cada sexo. Los hombres tienen la capacidad de ser padres biológicos y espirituales, mientras que las mujeres tienen la misma capacidad de ser madres. La capacidad o potencia para tal solo hace que uno sea un hombre o una mujer. La realidad de esto perfecciona ese potencial.

Sin embargo, Cristo, soltero como era, perfeccionó a la humanidad. Nunca se casó ni tuvo hijos. ¿Cómo podría entonces perfeccionar los poderes de la paternidad y la familia? La respuesta viene a través del propósito del sexo-paternidad y maternidad en el contexto material de la familia siempre han apuntado más allá de ellos mismos. El matrimonio divino es el significado del matrimonio (Ef 5:32).

Permítanme ser demasiado simplista a la hora de plantear la cuestión. Jesús se casó con la iglesia y tuvo millones de hijos espirituales. Es plena y perfectamente humano. Así que Jesús perfeccionó a la humanidad sin la paternidad biológica y la familia. Lo hizo porque completó el fin espiritual incrustado en la naturaleza humana. En línea con esta trayectoria, Pablo a menudo llama a Timoteo su hijo, a pesar de no estar biológicamente relacionado (1 Ti 1:2; 1:18; 2 Ti 1:2; 2:1; 1 Cor 4:17). Por lo tanto, el matrimonio físico y la crianza de los hijos no hacen realidad todo el potencial de un ser humano. Actualiza una potencia importante, pero no la más importante.

Los hombres y las mujeres difieren según el sexo. Por más obvio que esto pueda parecer, la confusión actual sobre el tema del sexo traiciona una complejidad más profunda de la vida y la experiencia humana. Supongo que tenemos algo que ver con esto. Como alguien me señaló recientemente, al presionar las expectativas culturales de masculinidad y feminidad en los niños, podemos crear inadvertidamente la misma confusión que deseamos destruir.

¿Y qué si un niño quiere jugar con una muñeca? Tal vez esté desarrollando compasión y amor por los niños. ¿No deberían los padres potenciales aprender esto? ¿O sólo deberíamos dar a nuestros hijos varones soldados de juguete y, por tanto, profundizar en la maldad de la violencia masculina?

La segunda opción me parece mundanal. Algunos de nosotros amamos la masculinidad en el mundo, y por eso la imponemos a nuestros hijos. Pero si la paternidad y la familia están en el centro del sexo, entonces debemos, al menos, ser más cautelosos en la forma en que presentamos los juguetes e ideas masculinos y femeninos a nuestros hijos.

Puede ser muy útil para los niños evitar el rosa para ayudarles a vivir de acuerdo a sus capacidades naturales. ¿Pero qué pasa si otro país define el rosa como un color masculino? Bueno, no importa. Si uno entiende que un color es apropiado de acuerdo con la naturaleza y como algo incrustado dentro de una cultura específica, vístase en consecuencia. La cultura no existe como una regla o fuerza sobre nosotros; existe como el compuesto de los diversos ambientes que nos rodean -algunos de los cuales producen bienestar, algunos de los cuales llevan consigo su desgracia.

Resistimos sus esfuerzos maliciosos, llamando a eso mundanalidad, pero no negamos el bien y la gracia común de Dios en la sociedad. Aprendemos matemáticas del mundo, y seguimos los avances de la sociedad en la política y así sucesivamente. Pero nunca aceptamos ninguna de estas cosas sin someterlas a la revelación de Dios.

Después de todo, Eva se llamaba Eva porque sería la madre de todos los vivos. Eso significó algo. Todavía lo hace.

Tomado de: https://evangelio.blog/

¿Es importante la belleza física?

Aviva Nuestros Corazones

¿Es importante la belleza física?

Por Nancy DeMoss Wolgemuth

Este mensaje es uno de los que nuestra cultura activamente predica a niñas y mujeres, comenzando desde una edad temprana.  Llega a nosotros prácticamente desde todo ángulo: televisión, películas, música, revistas, libros, y anuncios.  Todos al unísono, nos pintan una foto de lo que realmente importa.  Y lo que les importa más a las mujeres, ellos insisten, es la belleza – la belleza física.  Aún los padres, hermanos, maestros y amigos se agregan inconscientemente al coro: los niños “atractivos” reciben muchos halagos y atención, mientras que niños menos atractivos, que están sobre peso o larguiruchos pueden ser objeto de comentarios crueles, indiferencia o hasta aun de ser rechazados públicamente.

Yo creo que nuestra preocupación con la apariencia externa comenzó con la primera mujer. ¿Recuerdas qué era lo que le llamaba la atención a Eva de la fruta prohibida?

“Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió.” (Génesis 3:6).

La fruta tenía un atractivo funcional (era “buena para comer”); también le agradó por el deseo de obtener sabiduría. Pero igualmente importante era el hecho que era “agradable a los ojos” – era físicamente atractiva. 

El enemigo tuvo éxito en conseguir que la mujer valorara la apariencia física sobre las cualidades menos visibles, tales como la confianza y la obediencia. El problema no era que la fruta era “hermosa” – Dios la había hecho de esa manera.  Tampoco era malo que Eva disfrutara y apreciara la hermosura de la creación de Dios.  El problema fue que Eva puso un énfasis excesivo en la apariencia externa. Al hacer eso, ella creyó y actuó sobre una mentira. La prioridad que Eva le dio a la atracción física se convirtió en el patrón aceptado para todos los seres humanos. 

Desde ese momento en adelante, ella y su esposo se vieron a sí mismos y a sus cuerpos físicos a través de ojos diferentes. Ellos se hicieron conscientes de sus cuerpos y se avergonzaron – cuerpos que fueron formados magistralmente por un Creador amoroso.  Inmediatamente ellos buscaron cubrir sus cuerpos, temerosos del riesgo de exponerse uno frente al otro.

El engaño de que la belleza física debe ser estimada por encima de la belleza del corazón, del espíritu, y de la vida deja tanto a los hombres como a las mujeres sintiéndose poco atractivos,  avergonzados, apenados, e irremediablemente imperfectos.

Irónicamente, la búsqueda de la belleza física es invariablemente una meta inalcanzable y vaga —siempre estará fuera de nuestro alcance.

Uno podría preguntar, ¿Cuánto daño puede hacer el darle valor excesivo a la belleza física externa?  Regresemos a nuestra premisa: lo que creemos básicamente determina cómo vivimos. Si creemos algo que no es cierto, tarde o temprano actuaremos basados en esa mentira; creer y actuar sobre mentiras nos guía hacia la esclavitud.

Cada una de las siguientes mujeres creyó algo acera de la belleza que no es verdad.  Lo que creyeron impactó la forma como se sentían de sí mismas, lo que las llevó a tomar decisiones que las llevaron a la esclavitud.

Yo creí que lo único de valor que las personas veían en mi era la belleza externa (mi cuerpo), especialmente los hombres.  Decidí aprovecharme de eso para conseguir la atención que tan desesperadamente ansiaba. Me convertí en una adicta sexual.” 

“Tengo una hermana hermosa, a quien adoro, pero yo soy simple.  Siempre me he creído inferior y que debo aparentar para ser aceptada por los demás. Yo veo que para la gente bella la vida es más fácil.  Acepto que para mi no es así, y soy esclava de mi propia percepción de mi apariencia.”

“Toda mi vida creí que mi autoestima estaba basada en mi apariencia, y por supuesto, nunca me vi como el mundo decía que debía de verme, así que siempre he tenido una baja autoestima.  Desarrollé desórdenes alimenticios, soy adicta a la comida, y en mi matrimonio lucho con la percepción de que no soy atractiva, y que mi esposo siempre está mirando otras mujeres que son atractivas para él.”

Envidia, comparación, competencia, promiscuidad, adicciones sexuales, desórdenes alimenticios, vestimenta inmodesta, comportamiento insinuante —la lista de actitudes y comportamientos enraizados en una visión falsa de la belleza es larga.  ¿Qué puede liberar a estas mujeres de esta esclavitud? Solamente la Verdad puede vencer las mentiras que hemos creído. La Palabra de Dios nos dice la Verdad de la naturaleza transitoria de la belleza física y la importancia de buscar belleza interna y duradera:

“Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, ésa será alabada.” (Proverbios 31:30)

Que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios” (1 Pedro 3:3-5).

Estos versículos no enseñan, como algunos piensan, que la belleza física es de alguna manera pecaminosa, o que es malo poner cualquier atención a nuestra apariencia externa. Eso es tanto un engaño como la mentira que pone énfasis excesivo en la belleza exterior.

En ningún lugar la Escritura condena la belleza física o sugiere que la apariencia externa no importa. Lo que si es condenado es el enorgullecerse por la belleza dada por Dios, dando excesiva atención a la belleza física, o el poner atención a los asuntos físicos mientras se descuidan los asuntos del corazón.

Una de las estrategias de Satanás es la de llevarnos de un extremo al otro. Hay una aversión cada vez mayor en nuestra cultura al decoro, al orden, a la modestia en el vestido y a la apariencia física. A veces me encuentro queriendo decirle a las mujeres Cristianas: “¿Sabes quién eres? Dios te hizo mujer.  Acepta Su regalo.  No tengas temor de ser femenina y de agregar gracia física y espiritual al ámbito donde Dios te ha colocado. Eres una hija de Dios.  Eres parte de la novia de Cristo. Perteneces al Rey —eres realeza.  Vístete y condúcete de una manera que refleje tu alto y santo llamado. Dios te ha llamado a salir del sistema del mundo —no dejes que el mundo te presione a adoptar su molde. No pienses, vistas, o actúes como el mundo; interna y externamente, deja que los demás vean la diferencia que Él hace en tu vida.”

Nosotras como mujeres Cristianas debemos buscar reflejar la belleza, el orden, la excelencia y la gracia de Dios, tanto a través de nuestro yo externo como del interno.

La esposa Cristiana tiene aun más razón de buscar el balance correcto en este asunto.  La “esposa virtuosa” de Proverbios 31 está físicamente en forma y bien vestida (versos 17,22). Ella es un complemento para su esposo. Si una esposa viste de forma descuidada y desaliñada, si no toma ningún cuidado de su apariencia física, ella hace lucir mal a su esposo (y a su Novio Celestial).

Además, si ella no hace ningún esfuerzo en lucir físicamente atractiva para su esposo, puedes estar segura que otra mujer allá afuera estará haciendo fila para llamar su atención.

Cuando el apóstol Pablo escribió a Timoteo acerca de cómo las cosas deben ser en la iglesia, el tomó tiempo para hablar de la manera en que las mujeres visten. Sus instrucciones demuestran el balance entre la actitud interna del corazón de la mujer y su comportamiento y vestimenta externa. Pablo exhorta a las mujeres a que,

“se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.” (1 Timoteo 2:9-10, RVR60).

Las palabras traducidas como “atavío” y “decoro” en este versículo quieren decir “ordenadamente, bien organizada, decente”; hablan de un “arreglo armonioso.”

La apariencia externa de la mujer Cristiana debe reflejar un corazón que es simple, puro, y bien ordenado; su ropa y estilos de peinado no deben ser motivo de distracción o de llamar atención a ella al ser extravagantes, extremos o indecentes. De esta manera ella refleja la verdadera condición de su corazón y su relación con el Señor, y ella hace el Evangelio atractivo al mundo.

Toda la Escritura es tomada de La Biblia De Las Américas a menos que se indique lo contrario.

© Traducido de Lies Women Believe and the Truth That Sets Them Free, “Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres”  por Nancy Leigh DeMoss, Moody Publishers, 2001. Mas artículos acerca de la modestia disponibles en ingles en http://www.AvivaNuestrosCorazones.com

http://www.alimentemoselalma.com

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

107 – Sombras tenebrosas de Grey

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

107 – Sombras tenebrosas de Grey

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

Gregorio «el Grande»

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VI

Gregorio «el Grande»

Por Tom Nettles

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VI

Una revisión sincera de los logros de Gregorio I, conocido también como «Magno» o «el Grande», debe mover al protestante evangélico a reflexionar detenidamente sobre esta designación tan elevada. No se puede negar que fue un conservador de la ortodoxia, un misiólogo eficaz y un eclesiástico celoso e inteligente; pero mientras corregía y disciplinaba a los herejes en ciertos aspectos doctrinales, con esa misma seguridad bautizaba en un evangelio que no era evangelio. 

Nacido alrededor del 540 en Roma, Gregorio fue criado como un «santo entre santos». Su padre fue un cristiano devoto mientras que su madre Silvia (en su viudez) y dos tías paternas vivieron la austera vida monástica. Gregorio ejerció una ocupación secular por nombramiento del emperador Justino II y como tal vistió de seda, gemas brillantes y una trábea con rayas moradas. Aún en ese tiempo, buscó vivir para Dios, pero se dio cuenta de que era difícil. A la muerte de su padre, decidió dedicarse a la vida religiosa. Utilizó la riqueza que heredó para ayudar a los pobres y establecer varios claustros. Se dedicó a la oración y a la contemplación, al estudio de la Escritura en latín y a estudiar detenidamente los escritos de Agustín, Jerónimo y Ambrosio. Su austeridad lo debilitó y le provocó sufrimientos de gota, indigestión y malestar general que lo acompañaron de por vida.

El entrenamiento legal de Gregorio y sus comprobados talentos administrativos frustraron sus planes de aislamiento personal. Benedicto I lo obligó a ser uno de los siete diáconos de Roma. Pelagio II, necesitando de la confirmación imperial de su elección como obispo y de la ayuda militar contra los lombardos, lo envió a Constantinopla. Gregorio logró lo primero pero, en lo segundo, no pudo conseguir ayuda contra los lombardos. Mientras estuvo allá, se dedicó junto a sus amanuenses en escribir Moralia, un «comentario» sobre Job, una sucesión de meditaciones morales y espirituales elaborada como una ingeniosa alegoría.

Cuando regresó a Roma en el 585, Gregorio se retiró a su monasterio, San Andrés, donde pasó los cinco años más tranquilos y felices de su vida. A la muerte de Pelagio II en el 590, Gregorio fue elegido obispo. Su sincera preferencia por la vida contemplativa y su creencia de que la reticencia, nacida del temor piadoso, mostraba una verdadera humildad, llevaron a Gregorio a desistir de la posición hasta que el populacho de Roma lo obligó a asumirla. Las dificultades que enfrentaba la Iglesia y toda la cultura occidental podrían haber ahogado a un hombre de menos talento con una serie de trágicos fracasos; Gregorio convirtió la situación en un triunfo para la iglesia de Roma.

Gregorio sentó las bases para la expansión del romanismo de varias maneras. En primer lugar, su visión misionera y su metodología práctica virtualmente garantizaron la sumisión de Europa a Roma. Stephen Neill comenta: «Su proceder fue fresco y notable, ya que, en contraste con la manera desorganizada en que por lo general las iglesias habían crecido, este fue casi el primer ejemplo, desde los días de Pablo, de una misión cuidadosamente planificada y calculada». En el 596, Gregorio envió a Inglaterra un monje benedictino, Agustín, junto con otras treinta personas, para convertir a los anglos. Se desalentaron y Agustín regresó a Roma buscando alivio de tal misión. Gregorio, impertérrito, lo envió de vuelta con una amonestación: «Puesto que hubiera sido mejor no comenzar lo que es bueno que abandonarlo una vez comenzado, deben, hijos muy amados, completar la buena obra que, con la ayuda del Señor, han comenzado». Asimismo, lo abasteció de cartas que le garantizaban la ayuda estratégica que necesitaba. Habiendo enviado a Agustín «para ganar almas», Gregorio asumió con decisión el proveer la ayuda y el socorro que necesitaran los misioneros con tal de asegurar el éxito. Cualquiera que los ayudara, sin duda compartiría su gloria espiritual. Las cartas subsiguientes a Agustín se constituyeron en una misiología para las incursiones futuras. Finalmente Inglaterra, en el Sínodo de Whitby en el 662, entró en la órbita de la autoridad eclesiástica de Roma (hasta la década de 1530).

En segundo lugar, Gregorio contribuyó a que la Regla benedictina (o Regla de Benito) dominara la vida monástica. Siendo el primer monje en convertirse en papa, Gregorio alimentó y fomentó la vida contemplativa al considerar que la postura de Benito era la más práctica y enérgica. Incluso los Diálogos de Gregorio preservan la hagiografía benedictina. Fueron monjes que huyeron de Montecassino los que trajeron la Regla y la tradición a Roma, y Gregorio comenzó a usarla en San Andrés. La misión de Agustín la extendió a Canterbury y los esfuerzos misioneros benedictinos posteriores, en particular los de Bonifacio, garantizaron la difusión de la Regla benedictina y la sumisión de los convertidos a Roma.

En tercer lugar, la habilidad y el celo de Gregorio en el trabajo administrativo, político y caritativo sentaron las bases para los Estados Pontificios. A medida que el trabajo de los agentes imperiales disminuía, el trabajo de la Iglesia, en particular el del obispo de Roma, aumentaba. Mientras el Imperio en Occidente se desmoronaba, las rocas que cayeron fueron usadas por Roma para edificar la cristiandad. El obispo reparó los acueductos, garantizó el suministro de maíz, libró la guerra, firmó tratados y acuerdos, rescató a los cautivos, alimentó a los pobres y negoció el pago de un tributo anual para aliviar a la ciudad devastada de las atrocidades de los rapaces lombardos. Los fondos de la Iglesia, procedentes de las crecientes posesiones de la Iglesia romana, financiaron todos estos proyectos. Gregorio no tuvo más remedio que hacerse cargo.

En cuarto lugar, del mismo modo, afirmó su autoridad sobre las iglesias. La oposición no impidió que asumiera la autoridad. A pesar de que despreciaba el ostentoso título reclamado por el obispo de Constantinopla, de Sacerdote Universal, y trabajó fervientemente para que el emperador lo denunciara, el rechazo de Gregorio hacia el título no encontró el correspondiente rechazo hacia el poder que este representaba. La adscripción era la de un «título orgulloso y profano», un «título tonto», un «nombre frívolo», el «precursor del anticristo»; que aquel que lo reclamara, aunque fuera doctrinalmente ortodoxo, cometía el «pecado de la soberbia». Pero así, con la misma seguridad, procuró llevar a todos los que se resistían a su autoridad, por cualquier medio a su alcance, a un punto de arrepentimiento por su orgullo y rebelión. A través de más de 850 cartas que aún se conservan, Gregorio instruyó en temas morales, eclesiásticos, pastorales, monásticos, administrativos y doctrinales a príncipes, obispos, diáconos, monjes y abades. El arzobispo de Dalmacia, después de una prolongada controversia, se arrepintió acostado boca abajo sobre los adoquines de Ravenna llorando durante tres horas: «He pecado contra Dios y contra el bienaventurado papa Gregorio».

Para su crédito y para felicidad de los cristianos en todas partes, Gregorio Magno mantuvo una ortodoxia estricta. Afirmó de la manera más clara y agresiva la teología de los primeros cuatro concilios ecuménicos y condenó rotundamente todos los errores que estos condenaron.

En adición, Gregorio amaba la Escritura. Había memorizado grandes porciones de ella e instaba a otros, incluso a los laicos a leer, sí, a saturarse con sus palabras. Le advirtió a un médico, Teodoro, que no se dejara dominar por las actividades seculares hasta el punto de que no le permitieran «leer diariamente las palabras de su Redentor». Sobre estas, debería meditar diariamente para conocer el corazón de su Creador y «suspirar más fervientemente por las cosas eternas, para que tu alma pueda ser encendida con mayores anhelos de gozos celestiales». Él rechazó la ordenación de un obispo porque era «un ignorante de los Salmos».

Gregorio también mostró gran sabiduría en asuntos de teología pastoral y mostró un discernimiento notable en su comprensión del carácter y la motivación humana. Su libro Regula pastoralis contiene mucha buena información sobre las calificaciones pastorales y el ministerio, basada en un conocimiento profundo de los cuatro Evangelios, las cartas de Pablo, los profetas y muchas interpretaciones alegóricas extrañas del material histórico. Sus recomendaciones sobre cómo amonestar a los diferentes tipos de personas en la Iglesia no tienen precio y deben ser estudiadas por todo ministro. Un ministro debe enseñar de manera que se «adapte a todas y cada una de las diversas necesidades y, sin embargo, nunca desviarse del arte de la edificación común». El maestro debe «edificar a todos en la sola virtud de la caridad» y debe «tocar el corazón de sus oyentes con una sola doctrina, pero no siempre con la misma exhortación».

Sin embargo, mucho en Gregorio manchó su ortodoxia y la dulzura de su instrucción. Como se ha indicado, su alegoría por momentos supera los límites de lo escandaloso. La interpretación medieval sufrió; la formalización de su método cerró la Escritura a los laicos. Su crédula aceptación de las historias de milagros hechas por medio de las reliquias de los santos, a veces de proporciones cómicas y en ocasiones como los trucos de una película de horror, ayudó a crear la pesada carga del sistema medieval de penitencias. Añade a esto su aceptación de la intercesión de los santos difuntos, su creencia en la eficacia de las misas para los muertos, su exposición anecdótica sobre el estado del purgatorio y su creencia en los méritos de las obras piadosas, y lo que resulta es un brebaje completamente ajeno al evangelio bíblico. Si durante siglos Agustín de Hipona fue leído a través de los ojos de Gregorio Magno, no es de extrañar que el redescubrimiento del Agustín evangélico creara tal consternación en el siglo XVI.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Tom Nettles
Tom Nettles

Tom sirvió por muchos años como profesor de teología histórica en el Southern Baptist Theological Seminary.

Sí a todas las promesas de Dios y aún más

Soldados de Jesucristo

Agosto 30/2021

Solid Joys en Español

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¿Somos ignorantes voluntarios?

Lunes 30 Agosto

¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.1 Corintios 2:11

Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el Señor.Jeremías 9:24

¿Somos ignorantes voluntarios?

Jean d’ Ormesson, filósofo francés, declaró ser agnóstico. Decía que no sabía si creer o no creer en Dios. Le hubiera gustado saber, o al menos saber un poco más. “¿Qué sabemos de Dios? No mucho”, escribió. Es verdad; los conocimientos de los hombres progresan en todos los ámbitos, sin embargo, si no conocemos a Dios, nos falta el único conocimiento que cuenta. ¿Es un saber inaccesible? Lo es, si pensamos adquirirlo mediante nuestras propias facultades. La inteligencia y el razonamiento no son de mucha ayuda. Pero Dios quiere darse a conocer a los hombres para que seamos felices. Lo hace de tres maneras:

1. Mediante lo que hace: “Creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). La Biblia nos dice: “Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación” (Romanos 1:20), de tal manera que los hombres son inexcusables si no creen que Dios es el creador de todas las cosas.

2. Se revela por su Palabra escrita, la Biblia; ella es accesible a todo el que la recibe como la palabra de Dios. Es el testimonio de lo que él es, de su voluntad, de su objetivo: salvarnos y enseñarnos sus pensamientos.

3. Vino a los hombres: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Jesús es la revelación completa de todos los caracteres divinos, y el medio de salvación para el hombre alejado de Dios. No seamos ignorantes voluntarios rechazando los testimonios tan claros de la grandeza del amor de Dios.

2 Crónicas 15 – 1 Corintios 7:25-40 – Salmo 102:9-15 – Proverbios 22:12-13

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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