40 – Fruto o Fuego

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

40 – Fruto o Fuego

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Decadencia espiritual

Coalición por el Evangelio

Decadencia espiritual

Reflexión

JOSÉ “PEPE” MENDOZA

Isaías 1-5 y 1 Corintios 2-3

“Oigan, cielos, y escucha, tierra,
Porque el Señor habla:
‘Hijos crié y los hice crecer,
Pero ellos se han rebelado contra Mí.
El buey conoce a su dueño
Y el asno el pesebre de su amo;
Pero Israel no conoce,
Mi pueblo no tiene entendimiento’”
(Isaías 1:2-3).

Los escándalos de corrupción están a la orden del día. La corrupción se manifiesta de diferentes formas tanto en el ambiente privado como en el público, defraudando millones o en detalles ínfimos. Sin embargo, de los actos de corrupción que más me llaman la atención son de aquellos en donde los funcionarios esquilman una empresa, usando sus recursos para sus propios beneficios, tomando de forma ilegal lo que no les pertenece. Algunos funcionarios han alegado que todo lo hicieron de forma transparente y bajo contrato, pero las evidencias dejan mucho que pensar.

Nosotros podríamos pensar que se trata de meros sinvergüenzas y sin escrúpulos. Sin embargo, después de leer algunos currículos de esos corruptos, me doy cuenta de que se trata de profesionales sumamente capaces, líderes que durante años ocuparon cargos de absoluta responsabilidad en empresas y organismos de primera línea. Lo que parece que fue un elemento común en todos ellos fue que perdieron los estribos al no tener que rendirle cuenta a nadie de lo que estaban haciendo. Aunque sus gastos debían ser revisados por auditores y organismos de contabilidad internos, muchos se las ingeniaron para esquivar esos controles y terminar perdiendo el control ellos mismos.

Esta terrible decadencia se observa en todos los terrenos del quehacer humano. En todas aquellas áreas en las que las personas pueden obtener algo sin tener que rendir cuentas a nadie, o no querer rendir cuentas a nadie, siempre existirá la posibilidad de que el ser humano pueda entrar en decadencia llevándose consigo todo y a todos los que le rodean.

La historia universal está plagada de momentos decadentes producto de hombres y mujeres que perdieron la capacidad de contención, que evitaron oír las voces de sus conciencias y también las voces autorizadas de aquellos que con razón les llamaban la atención. Esas fueron las circunstancias que están detrás del pueblo y las autoridades a las que están dirigidas las profecías de Isaías. El profeta escribió durante la decadencia del pueblo de Judá. Sus advertencias y observaciones nos pueden dar luces acerca del terrible proceso de deterioro espiritual que acontece cuando dejamos de lado las advertencias de Dios y de nuestros semejantes.

Judá se sabía pueblo de Dios, pero había olvidado quién era el Dios a quien decían seguir con fidelidad, y cuáles eran las características de las demandas del Señor a quien decían obedecer. Sería bueno considerar las señales que Isaías presentó hace 2,700 años como advertencias en el camino, para evitar caer también en la descomposición espiritual:

Mientras más profunda es la rebeldía del pueblo, más es la abundancia de ritos, ofrendas, y sacrificios con el fin de tratar de conquistar a un Dios a quien no quieren someterse. 

1. El aumento exponencial de la religiosidad. Puede parecer extraño, pero mientras más profunda es la rebeldía del pueblo, más es la abundancia de ritos, ofrendas, y sacrificios con el fin de tratar de conquistar a un Dios a quien no quieren someterse. El Señor les decía a través del profeta: “¿Qué es para Mí la abundancia de sus sacrificios?… No traigan más sus vanas ofrendas… ¡No tolero iniquidad y asamblea solemne!” (Is. 1:11-13).

Yo escucho mucho como los cristianos de hoy juzgan la validez de su fe por lo prolongado y multitudinario de sus ritos religiosos. Si ellos ven que sus servicios son numerosos, si los cantos y las homilías son aceptables y grandilocuentes, entonces pareciera que todo anda muy bien. Sin embargo, ya Isaías demostró que el aumento de la religiosidad nunca estará en directa proporción con el apogeo espiritual.

Una religiosidad que se convierte en un fin en sí misma, es como la sal que no sirve para nada cuando pierde su capacidad preservadora. Por eso es que el Señor pregunta asombrado: “Cuando vienen a presentarse delante de Mí, ¿Quién demanda esto de ustedes, de que pisoteen Mis atrios?” (Is. 1:12). Si no sabemos qué es lo que realmente demanda el Señor aparte de los rituales, entonces debemos volver a empezar con el ABC del evangelio antes de caer por la pendiente de la decadencia espiritual.

2. El olvido de la rectitud. La abundante religiosidad judía no producía el cambio de corazón que se suponía debía traer consigo. Isaías tiene que proclamar con mucho dolor el absoluto cambio de valores del pueblo más religioso de la tierra: “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, Que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, Que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Is. 5:20). Como podemos observar, una vez más, una saludable religiosidad no es la clave para una saludable moralidad.

El profeta proclama que Judá estaba perdiendo de vista su identidad de pueblo de Dios para convertirse en un grupo humano lleno de seres egoístas e incapaces de percibir las demandas comunitarias del Señor y del amor al prójimo: “¡Ay de los que juntan casa con casa, Y añaden campo a campo Hasta que no queda sitio alguno, Para así habitar ustedes solos en medio de la tierra!” (Is. 5:8). Por lo que podemos observar, ellos habían perdido de vista los ingredientes de una vida recta que se resumen en la compasión y la justicia. Por lo tanto, el Señor les demandaba a volver a aprender lo que se supone eran los principios fundamentales del pueblo de Dios: “Aprendan a hacer el bien, Busquen la justicia, Reprendan al opresor, Defiendan al huérfano, Aboguen por la viuda” (Is. 1:17). La justicia y la compasión, más que la religiosidad y el ritualismo, son señales claras de apogeo espiritual.

La justicia y la compasión, más que la religiosidad y el ritualismo, son señales claras de apogeo espiritual. 

3. El pasar por alto sus verdaderos problemas. Aunque el pueblo estaba contento con sus rituales y su religiosidad, a su alrededor todo era destrucción a la que simplemente le daban las espaldas. Isaías entonces no duda en levantar la voz, por mandato de Dios, para que ellos puedan visualizar una realidad que se negaban a ver: “La tierra de ustedes está desolada, Sus ciudades quemadas por el fuego, Su suelo lo devoran los extraños delante de ustedes, Y es una desolación, como destruida por extraños” (Is.1:7). Mientras ellos no se tomen el tiempo y trabajo para reconocer y no pasar por alto su propia realidad, entonces el Señor tampoco considerará todo esa religiosidad como una expresión real, sino como una señal más del desvarío del corazón humano. Por eso les dice, “Cuando extiendan sus manos, Esconderé Mis ojos de ustedes. Sí, aunque multipliquen las oraciones, No escucharé. Sus manos están llenas de sangre” (Is. 1:15).

5. La intromisión de costumbres ajenas aborrecidas por Dios. Siempre habrá algo o alguien que quiera sustituir a Dios y sus mandamientos. Por ejemplo, Judá se vio invadida por costumbres foráneas que la desviaba de su comunión con el Dios de Israel: “Ciertamente has abandonado a Tu pueblo, la casa de Jacob, Porque están llenos de costumbres del oriente, Son adivinos como los Filisteos, Y hacen tratos con hijos de extranjeros” (Is. 2:6). Me pregunto, ¿de dónde vienen las costumbres que desvían a la iglesia de los propósitos de Dios? Cuando la iglesia pierde de vista el evangelio y su identidad bíblica, entonces, desde el mundo de los negocios hasta las escuelas psicológicas, pasando por filosofías y supercherías, muchos serán los modos de pensamiento que están esperando ganarse el espacio esencial que la falta de evangelio e identidad bíblica han dejado en la iglesia.

He usado la palabra esencial para evitar suspicacias. Creo que debemos aprender de todo lo que hay en nuestro alrededor, pero siempre guardando la esencia de nuestra fe, sus propias bases bíblicas y evangélicas que son inamovibles e inmodificables. Como decía el apóstol Pablo: “Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como sabio arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica sobre él. Pero cada uno tenga cuidado cómo edifica encima. Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Cor. 3:10-11).

6. La falta de liderazgo capacitado y sensible. Así como el ejecutivo que cayó producto de su codicia y no de su ignorancia, así también Judá empezó a perder su liderazgo más experimentado. Al perder sus raíces en Dios y la Escritura, Judá perdió su capacidad de continuidad. Al renunciar a sus valores, imperó la novedad y, por lo tanto, los novedosos. Así lo dijo el Señor: “Porque el Señor, Dios de los ejércitos, quitará de Jerusalén y de Judá El sustento y el apoyo: todo sustento de pan Y todo sustento de agua; Al poderoso y al guerrero, Al juez y al profeta, Al adivino y al anciano… Les daré muchachos por príncipes, Y niños caprichosos gobernarán sobre ellos” (Is. 3:1-2,4).

El hablar de “muchachos” en el liderazgo no es un menosprecio a la juventud. No se trata de un tema de edad, sino de la inexperiencia y la falta de conocimiento y práctica que solo la edad y el tiempo traen consigo. La historia de Judá no nos dice que fue gobernada por “niños”, sino que sus autoridades empezaron a actuar como adolescentes ignorantes, sujetos a sus propias ideas y pasiones. Isaías lo ejemplifica muy claramente cuando dice, “¡Ay de los sabios a sus propios ojos e inteligentes ante sí mismos!” (Is. 5:21).

¿Cómo vemos nuestra relación con Dios? ¿Hay cierto cumplimiento ritual, pero también alguna visita “inocente” a la Tarotista de moda? ¿Hay golpes de pecho que nunca producen un cambio sustancial en la vida? ¿Somos fieles en los ritos pero ligeros con nuestra moralidad? ¿Hemos olvidado las más sencillas normas de vida cristiana? ¿Seguimos lo novedoso y creemos que lo viejo es caduco solo por ser antiguo? ¿Quién es Dios? ¿Qué espera Él de ti? Tómate un tiempo para tratar de responder estas preguntas en lo profundo de tu corazón.

Desechemos la presunción espiritual y vayamos en arrepentimiento a Dios, quién está dispuesto a perdonarnos, pero no a negociar su santidad y la verdad eterna de su Palabra. 

No creas que Dios pasará por alto tus respuestas a estas preguntas. Desechemos la presunción espiritual y vayamos en arrepentimiento a Dios, quién está dispuesto a perdonarnos, pero no a negociar su santidad y la verdad eterna de su Palabra. Las palabras de Isaías todavía resuenan con plena autoridad: “Lávense, límpiense, Quiten la maldad de sus obras de delante de Mis ojos. Cesen de hacer el mal… ‘Vengan ahora, y razonemos’, Dice el Señor, ‘Aunque sus pecados sean como la grana, Como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, Como blanca lana quedarán. Si ustedes quieren y obedecen, Comerán lo mejor de la tierra. Pero si rehúsan y se rebelan, Por la espada serán devorados’. Ciertamente, la boca del Señor ha hablado” (Is. 1:16,18-20

Si evitamos la decadencia complaciente, el Señor podrá hacernos entender una de sus más bellas promesas: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que Lo aman” (1 Cor. 2:9). Este es uno de los pasajes que más he repetido públicamente porque considero que es la declaración más maravillosa de Dios con respecto a su deseo de que trascendamos más allá de lo que somos o podemos lograr con nuestro propio esfuerzo.

Todo lo que Él tiene preparado para el que le ama está por encima de su propia comprensión y expectativa. Abraham había perdido la esperanza de ser padre, David nunca imaginó ser rey, Moisés había dado por terminada su carrera como líder después de su fracaso en Egipto, Pedro soñaba con ser pescador como sus antecesores, Pablo nunca hubiera imaginado que sería cristiano, y podríamos añadir un largo etcétera con miles de personajes de la historia de la fe. ¿Podemos limitar a Dios? Imposible. Él no descansa en tus experiencias personales, no se encuadra en tus conocimientos. Todos tus sueños juntos (aun los más descabellados) no determinan las posibilidades de Dios para contigo.

Escuchemos la voz de Dios, busquemos su voluntad, y tengamos la valentía para salir de lo convencional y lo acostumbrado, para dejarle a Dios el camino expedito para que nos demuestre todo lo mucho que Él puede hacer con lo poco que somos nosotros.

José “Pepe” Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter

Combatir el desánimo mediante la adoración

The Master’s Seminary

Michael Staton

Me alegré cuando me dijeron: ‘¡Vayamos a la casa del SEÑOR!’ – Salmo 122: 1

El Salmo 73 describe el increíble viaje espiritual de un hombre llamado Asaf. El salmista declara lo que es innegablemente cierto: “Dios es bueno con Israel, con los limpios de corazón” (Salmo 73: 1). ¡Amén! Ciertamente lo es. Con esa firme declaración de fe, el sermón podría llegar a su fin. Pero hay más.

La frustración de la desigualdad espiritual

El predicador continúa: “Pero en cuanto a mí, mis pies casi tropezaron, mis pasos casi resbalaron” (Salmo 73: 2). Ahora lo hace personal. El salmista está esencialmente diciendo: Dios es bueno con su pueblo, pero yo siento que soy la excepción.

De los versículos 3 al quince, Asaf detalla las cosas que consumen su alma. Él lamenta a los malvados que parecen disfrutar de toda la prosperidad que pueden soportar. Le parece que aquellos que viven en contra de la ley de Dios experimentan una vida de lujo y comodidad. Señala que quienes tratan a las personas con violencia y odio permanecen impunes mientras se enfurecen en su pecaminosidad. Está indignado de que quienes no creen en Dios ni lo adoran se burlen de quienes lo creen. Haciendo alarde de sus estilos de vida inmorales, se jactan burlonamente en el Salmo 73:11, “¿Cómo puede Dios saberlo?”

Mientras Asaf procesa esta injusticia espiritual, el salmista presume que sus intentos de seguir al Señor son en vano. ¿De qué sirve esforzarse por ser piadoso y santo si no lo lleva a ninguna parte? Asaf se siente afligido y reprendido día tras día mientras los malvados disfrutan de toda la riqueza, la popularidad y el entretenimiento que podrían desear.

Después de todo esto, Asaph agrega una capa más desalentadora.

Se lamenta de no poder soportar hablar estas cosas en voz alta. Lucha con el sentimiento de que Dios bendice a otras personas, pero no a él. Asaph se siente solo y abandonado. Lo que es peor, aunque Dios bendice a su pueblo, Asaf siente que es la excepción a la regla. No expresa sus sentimientos porque si lo hiciera, siente que traicionaría la confianza de la gente en su ministerio (Salmo 73:15). Mantiene sus pensamientos para sí mismo y permite que lo perturben profundamente.

Qué miserable estar celoso de los malvados y frustrado por el éxito del mundo. Qué doloroso sentirse como el único sin protección y tener esos sentimientos dentro.

La diferencia que hace la adoración

Entonces algo cambia. Ocurre algo tremendo. Alcanza un lugar de consuelo mientras viaja “al santuario de Dios; [y discierne] su fin” (Salmo 73:17). 

La perspectiva de Asaf cambia ante la presencia del Dios todopoderoso. Ahí es donde ve la verdad. Los elementos de la adoración levantaron sus ojos del mundo y pusieron su enfoque en Dios. Cuando entendió, todo cambió. Su situación no cambió. Pero su perspectiva lo hizo por completo.

Asaf se da cuenta de que aquellos que se burlan de Dios pueden disfrutar de bendiciones temporales, pero un día serán consumidos en el juicio. Aunque a veces Asaf sentía que estaba tropezando, se dio cuenta de la mano que sostenía de Dios. Luego, después de la adoración, su envidia se convierte en alabanza. Él concluye: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y no hay nada en la tierra que desee fuera de ti. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fuerza de mi corazón y mi porción para siempre” (Salmo 73:25). -26).

¡Qué transformación! ¿Qué marcó la diferencia? Los malvados de la época de Asaf todavía vivían en rebelión. Otros creyentes continuaron disfrutando de bendiciones que Asaf no disfrutó. Pero esto es lo que sí cambió: el enfoque de Asaph. Ya no miraba a todos ni a todo lo que le rodeaba, sino que miraba a Dios a través de la adoración, fijando su mirada en el Señor.

Solo después de que se encontró con el Dios Viviente en la adoración se pusieron las cosas en la perspectiva adecuada. Solo después de su encuentro con Dios escribió su historia. Solo después de su encuentro con Dios confesó sus sentimientos. La historia no termina en desesperación. Él anima al lector con su nueva dirección: “He puesto al Señor Dios por refugio, para contar todas tus obras” (Salmo 73:28). Habiendo recordado la bondad y la fidelidad de Dios, tiene una historia que vale la pena contar.

Corrie ten Boom, una sobreviviente de un campo de prisioneros nazi, resumiría más tarde cómo se sentía Asaph hace tantos años y, de hecho, cuántos cristianos de hoy se han sentido en un momento u otro: “Si miras el mundo, te angustiarás . Si miras hacia adentro, estarás deprimido. Si miras a Dios, estarás en reposo “.

Solo la adoración puede apartar los ojos del mundo y ponerlos en Cristo. Lea el Salmo 73 y compruebe usted mismo la diferencia que puede hacer la adoración. Entonces recuerde, como hizo el salmista en el Salmo 122, lo bueno que es entrar en la casa del Señor.


Michael Staton

Michael Staton

Michael Staton (D. Min., The Masters Seminary) es el pastor principal de la Primera Iglesia Bautista en Mustang, Oklahoma, donde ha servido desde el año 2000. Ha estado casado con su esposa Marcy durante 24 años y tienen dos hijos. Para sermones y otros escritos, visite el sitio web de su ministerio en everywordpreached.com.

Patricio: misionero a Irlanda

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo V

Patricio: misionero a Irlanda

Por George Grant

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo V

Un pequeño grupo de cristianos ha mantenido fielmente un legado evangélico de un siglo en el corazón de la ciudad de Yakarta. La Capilla Reformada, plantada por misioneros holandeses durante la era colonial, ha mostrado con gracia el amor de Cristo a la nación musulmana más grande del mundo, tanto en palabras como en hechos. A pesar de que muchos de los miembros de la congregación habían sido recientemente oprimidos, tiranizados y forzados a huir de sus hogares en la isla de Sumatra, respondieron rápidamente al desastre del tsunami que llevó a muchos de sus antiguos perseguidores al horror de la muerte, la destrucción y la pérdida. Han recaudado fondos para auxiliar. Han enviado médicos, enfermeras, técnicos e ingenieros para ayudar. Han movilizado toda la ayuda que pudieron conseguir. Se han apresurado, en tal momento de necesidad, para cuidar a hombres y mujeres que sabían que eran sus enemigos, y enemigos de Dios.

Ese es el evangelio en acción. Es la esencia misma del impulso misionero. Siempre ha sido así y siempre lo será. Fue el tipo de cosas que Patricio de Irlanda había entendido demasiado bien. De hecho, era la historia de su vida.

Patricio era un contemporáneo más joven de Agustín de Hipona y Martín de Tours, los héroes de la fe del siglo V que sentaron las bases para la gran civilización de la cristiandad. Al parecer, nació en el seno de una familia romana patricia, en una de las pequeñas ciudades cristianas cerca de la actual Glasglow (pudo ser Bonavern o bien Belhaven). Aunque sus piadosos padres, Calpurnius y Concessa, lo criaron en la fe cristiana, posteriormente llegó a confesar que prefería más los placeres pasajeros del pecado. Un día, cuando era adolescente mientras jugaba junto al mar, unos piratas merodeadores capturaron a Patricio y lo vendieron como esclavo a un pequeño rey tribal celta llamado Milchu. Durante los siguientes seis años de cautiverio sufrió gran adversidad, hambre, desnudez, soledad y tristeza mientras atendía los rebaños de su amo en el valle de Braid y en las laderas de Slemish.

Fue en medio de esta situación tan terrible que Patricio comenzó a recordar la Palabra de Dios que su madre le había enseñado. Lamentando su vida pasada de búsqueda de placer egoísta, se volvió a Cristo como su Salvador. Más adelante, escribió acerca de su conversión: «Yo tenía dieciséis años, no conocía al Dios verdadero y era llevado en cautiverio; pero en esa tierra extraña, el Señor abrió mis ojos incrédulos, y, aunque tarde, recordé mis pecados, me convertí con todo mi corazón al Señor mi Dios, que consideró mi humilde condición, tuvo piedad de mi juventud e ignorancia, y me consoló como un padre consuela a sus hijos. Cada día cuidaba de las ovejas y oraba a menudo durante el día, el amor de Dios y un santo temor hacia Él aumentaban cada vez más y más en mí. Mi fe comenzó a crecer y mi espíritu se conmovió fervientemente. A menudo, oraba hasta cien veces en un solo día, y casi la misma cantidad de veces por la noche. Incluso cuando me quedaba en el bosque o en la montaña, me levantaba antes del amanecer para orar, en la nieve, las heladas y la lluvia. No padecí ningún tipo de enfermedad y no había debilidad en mí. Ahora me doy cuenta que fue porque el Espíritu me estaba madurando y preparando para una obra venidera».

Increíblemente, Patricio llegó a amar a las mismas personas que lo habían humillado, abusado y que se habían burlado de él. Anhelaba que conocieran la bendita paz que había encontrado en el evangelio de Cristo. Posteriormente, rescatado por medio de un notable giro de acontecimientos, Patricio regresó con su familia en Gran Bretaña. Pero su corazón estaba cada vez más con los feroces pueblos celtas que había llegado a conocer tan bien. Se sorprendió al darse cuenta de que en realidad deseaba regresar a Irlanda y compartir el evangelio con ellos.

Aunque sus padres se entristecían al verlo alejarse de casa una vez más, apoyaron de mala gana sus esfuerzos para recibir capacitación teológica en el continente. Su educación clásica había sido interrumpida por su cautiverio, así que estaba muy atrasado académicamente con respecto a sus compañeros. Pero lo que le faltaba en conocimiento, lo compensaba con celo. En poco tiempo había obtenido autorización para evangelizar a sus antiguos captores.

Así Patricio regresó a Irlanda. Predicó a las tribus paganas en la lengua irlandesa que había aprendido cuando era esclavo. Su disposición a llevar el evangelio a las personas menos probables y menos amables que se pueda imaginar, tuvo un éxito extraordinario. Y ese éxito continuaría durante casi medio siglo de evangelización, plantación de iglesias y reforma social. Más adelante escribiría que la gracia de Dios había bendecido tanto sus esfuerzos que «muchos miles nacieron de nuevo para Dios». De hecho, según el cronista de la iglesia primitiva W.D. Killen: «No hay duda razonable de que Patricio predicó el evangelio, que fue un evangelista celoso y eficiente y que tiene derecho a ser llamado el Apóstol de Irlanda» (Ecclesiastical History of Ireland, London, 1875 [Historia Eclesiástica de Irlanda, Londres, 1875]).

Sabemos que el reino de los cielos le pertenece a «aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia» (Mt 5:10) y que, al final, grandes bendiciones y recompensas le aguardan a los que son insultados, calumniados y turbados en gran manera y, con todo, perseveran en su llamado (Mt 5:12-13). Sabemos que a menudo en «aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos» es que nuestro verdadero temple es probado (2 Co 6:4-5). Sin embargo, muchas veces olvidamos que esas cosas no son simplemente para soportarlas. Ellas, en realidad, enmarcan nuestro más grande llamado. Ellas establecen los fundamentos de nuestros ministerios más efectivos. Somos liberados para tener una gran efectividad cuando, como Patricio, llegamos a amar a los enemigos de Dios y a los nuestros.

Jesús dijo: «Bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mt 5:44, RV60); y otra vez: «Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen» (Lc 6:27). He ahí el impulso misionero. La vida de Patricio, como la de aquellos creyentes desinteresados en Yakarta, nos ofrece un impresionante recordatorio de esa paradoja extraordinaria del evangelio.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
George Grant
George Grant

George Grant es el pastor de Parish Presbyterian Church (PCA), el fundador de Franklin Classical School, Chalmers Fund, y King’s Meadow Study Center, y el autor de más de 70 libros.

Jesús es la persona que buscan

Agosto 20/2021

Solid Joys en Español

Jesús es la persona que buscan

John Piper

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Dios me habla

Viernes 20 Agosto

Dios… nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.Hebreos 1:1-2

No hablé en secreto… Yo soy el Señor que hablo justicia, que anuncio rectitud.Isaías 45:19

Dios me habla

Algunos dicen que Dios está lejos en el tiempo y en el espacio. ¿Puede tener un mensaje para nosotros hoy? Otros creen en un gran Dios cuyo poder está al principio de todas las cosas y domina todos los elementos del universo. Pero que Dios nos haya hablado, ¡es algo muy diferente!

Si creemos en la existencia de Dios, no debemos olvidar que la inteligencia del hombre no basta para conocerlo en su naturaleza y sus caracteres: Dios es espíritu, amor, luz… Para darse a conocer, Dios se reveló en su Palabra, la Biblia. Jesús dijo a Dios su Padre: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Esta revelación es la base de nuestra fe: “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Sí, Dios habla a todo el que tiene el corazón dispuesto a creer, y lo interroga también. Debemos escucharlo cuando, por ejemplo, al comienzo de la Biblia pregunta a Adán: “¿Dónde estás tú?”, y luego: “¿Qué es lo que has hecho?” (Génesis 3:913).

Estas preguntas me interpelan hoy, Dios me habla. ¿He desobedecido a Dios y me escondo pensando que puedo escaparme de su mirada? Entonces esta pregunta es para mí: ¿Dónde estoy?

Dios no quiere dejar las cosas así, por eso todavía me habla: “¿Qué es lo que has hecho?”. Dios no es un Dios lejano; al contrario, quiere quitar los obstáculos que nos separan de él, y en su Palabra nos dice cómo.

“Escudriñad las Escrituras; porque… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

2 Crónicas 6:1-21 – Lucas 23:26-56 – Salmo 97:1-7 – Proverbios 21:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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