10 – La voluntad de Dios y la Iglesia

Iglesia EvangƩlica Unida

Serie: Mi experiencia con Dios

10 – La voluntad de Dios y la Iglesia

David Conde

DAVID CONDE PALOMINO

Evangelización y juventud

Desde su conversión en 1995 David Conde no ha dejado de estar vinculado al mundo de la evangelización y de los jóvenes. Participa regularmente en campañas como evangelista y en retiros y campamentos de jóvenes como conferenciante invitado. Su perfil juvenil y dinÔmico le mantiene siempre activo buscando e innovando con el fin de alcanzar a otros para el Señor. David transmite un mensaje motivador y desafiante, que confronta a la vez que conmueve, un mensaje apasionado que llega al corazón.

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Motivando la Pasión por el Evangelismo y las Misiones

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 9

Hoy vamos a cubrir los temas de evangelismo y misiones. Debido a nuestro tiempo limitado, vamos a describir brevemente la superficie de ambos temas. Pero te motivo a leer mÔs y considerar asistir a los seminarios de fundamento sobre misiones y evangelismo que detallan mÔs estos temas. En algún sentido, estos temas no son separados sino que estÔn muy relacionados. El evangelismo consiste en comunicar el evangelio a los no creyentes y las misiones en hacer evangelismo pero atravesando las barreras culturales.

Parte 1. Motivando el evangelismo

Comenzamos pensando acerca de algunas razones por las cuales evangelizamos.

  1. El evangelismo es obligatorio y mandatorio para los cristianos

Entendemos que el evangelismo es normal para los cristianos.

En 2 Corintios 5:11, 14, el apóstol Pablo escribe, Ā«Por tanto, como sabemos lo que es temer al SeƱor, tratamos de persuadir a todos, aunque para Dios es evidente lo que somos, y espero que tambiĆ©n lo sea para la conciencia de ustedes… El amor de Cristo nos obliga, porque estamos convencidos de que uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron.Ā» (NVI) Ɖl no dice, Ā«debido a que somos apóstoles tratamos de persuadir a los hombresĀ» o Ā«debido a que tenemos un don especial de evangelismo tratamos de persuadir a los hombres.Ā» En cambio, Ć©l escribe que debido a su temor por el SeƱor es obligado a compartir el evangelio y el amor de Cristo. Lo mismo deberĆ­a tambiĆ©n ser verdad para cada cristiano-porque tememos a Dios somos obligados a evangelizar.

El evangelismo es ordenado a todos los cristianos. Compartimos nuestra fe con un mundo que no es salvo porque es lo que Dios nos ordena hacer. No tiene sentido acaparar el evangelio para nosotros mismos. Tenemos las mejores noticias que nadie pudiera querer conocer. Por tanto, Āæpor quĆ© queremos dichas buenas noticias?

  1. El evangelismo es una fuente de gozo para los cristianos

No sólo evangelizamos porque se espera que lo hagamos como cristianos sino también porque el evangelismo es una fuente crítica de gozo para los cristianos.

Siempre doy gracias a mi Dios al recordarte en mis oraciones, porque tengo noticias de tu amor y tu fidelidad hacia el SeƱor JesĆŗs y hacia todos los creyentes. Pido a Dios que el compaƱerismo que brota de tu fe sea eficaz para la causa de Cristo mediante el reconocimiento de todo lo bueno que compartimos. Hermano, tu amor me ha alegrado y animado mucho porque has reconfortado el corazón de los santos. (Filemón 1:4-7 NIV)

Pablo expresa gozo por el fruto de la obra de Dios en la vida de su amigo Filemón, pero él también motiva a Filemón (y a nosotros por añadidura) a compartir el evangelio regularmente para nuestro gozo. Cuando compartimos nuestra fe, ganamos un mayor entendimiento de cada buena cosa que tenemos en Cristo. Nunca debemos hacer sentir culpables a los cristianos por el evangelismo. Queremos que los cristianos compartan el evangelio porque eso profundiza su relación con Cristo. Debemos compartir nuestra fe para comprender completamente (y posiblemente disfrutar) las buenas nuevas que tenemos en Cristo. El evangelismo no es solo para las demÔs personas sino que también nos ayuda a crecer espiritualmente.

  1. El evangelismo es para la gloria de Dios

La tercera razón por la que motivamos el evangelismo estÔ en su propósito principal: glorificar a Dios.

Romanos 3:25-26 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Ć©l sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de JesĆŗs. (RVR60)

El propósito de la obra sustitutiva de Cristo fue primero y ante todo vindicar el nombre de Dios, porque su tolerancia anterior por el pecado había hecho que su justicia pareciera estar llamada al cuestionamiento. Sabemos de otros lugares de la Escritura que Dios mostró amor por nosotros a través del sacrificio de su Hijo, pero la gloria de Dios fue lo primero que tuvo en mente. Recordar que la gloria de Dios y el bien de sus hijos son inseparables. Lo que glorifica a Dios es «bueno» para nosotros.

Motivando el evangelismo en el discipulado

En tus relaciones de discipulado ganas mÔs motivación por el evangelismo cuando entiendes porque lo haces. Como mencionamos anteriormente, el discipulado no es un cambio de comportamiento sino la formación del corazón, la mente, los deseos y la motivación del cristiano. No queremos promover una obediencia legalista sino que sea fruto de un corazón transformado, una de las razones de evangelismo que glorifica a Dios.

Una preocupación activa por los perdidos le enseña mucho a los demÔs. Si eres un discipulador esto ayuda cuando tus amigos ven el evangelismo como una parte natural de tu estructura de vida. Esto no es realizado a través de un programa especial o como una actividad ocasional sino que es una parte normal de tu vida diaria.

Toma tiempo para pensar en cómo puedes alcanzar a otros estratĆ©gicamente. El evangelismo no tiene que ser espontĆ”neo, puede ser muy deliberado y planificado. Algunas veces solo se necesita una simple conversación con un amigo—pensar en quien es en su esfera de influencia, quien refleja apertura a las cosas espirituales y por quien estĆ” orando. Simplemente una o dos conversaciones sencillas pueden darle a tu amigo la motivación necesaria para ser valiente.

Lean juntos un libro sobre evangelismo. Algunas sugerencias: Evangelism and the Soveignty of God [El Evangelismo y la SoberanĆ­a de Dios], J. I. Packer; Words to Winners of Souls [Palabras para ganadores de almas], Bonar; The Gospel and Personal Evangelism [El evangelio y el evangelismo personal], Mark Dever; Tell the Truth [Di la verdad], Will Metzger; Christianity Explained & Two Ways of Life [El cristianismo explicado y dos formas de vida], Matthias Media.

Recuerda la importancia de una iglesia en el evangelismo. Una cultura sana de discipulado debe hacer mucho para recomendar el evangelio a un mundo incrƩdulo. Cuando observan la manera como vivimos juntos, los no creyentes verƔn el evangelio como algo falso o como algo verdadero. De la misma manera, una cultura sana de iglesia harƔ que sus miembros se interesen en el evangelismo. Por ejemplo, en nuestro servicio del domingo oramos regularmente para que el evangelio avance. Especialmente durante el servicio de la noche, tratamos de presentar ejemplos de la vida real de los miembros para que lo compartan con los demƔs. Queremos motivar regularmente el evangelismo a travƩs de nuestro testimonio y oraciones corporativas.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

Parte 2. Motivando las misiones

Si existen muchas cosas en las que podemos enfocarnos en el discipulado —el noviazgo, el matrimonio, la carrera, la crianza, la administración del dinero— Āæpor quĆ© queremos darle una posición mĆ”s importante al tema de las misiones? A continuación algunas razones por las cuales queremos motivar las misiones en el discipulado.

Las misiones no son opcionales

Hay muchas cosas en la vida cristiana que uno puede escoger hacer o no hacer sin afectar tu discipulado cristiano. Puedo cantar en la reunión de CHBC o ayudar con el ministerio de sonido. Estas cosas son significativas pero opcionales. No se espera que todos los cristianos se involucren en ellas, pero involucrarse en la causa del evangelismo global no es una esas cosas opcionales. Todos los cristianos son llamados a servir a la causa del evangelismo global en una de dos maneras bÔsicas.

Los que van. Hay algunos que son llamados por Dios (lo que sea que eso signifique) a dejar el lugar donde estĆ”n e ir a algĆŗn otro lugar con la intención deliberada de compartir el mensaje del evangelio en un lugar diferente o con personas diferentes. Ver Mateo 28:19 y Romanos 10:14-15.

Los que envĆ­an. La ilustración bĆ­blica es que si no vamos eso no hace que nuestra responsabilidad sea eliminada. En cambio, podemos ordenar nuestra vida para ayudar en el apoyo, motivación y a enviar.

En el libro de 3 Juan vemos el imperativo universal para TODOS los cristianos de involucrarse en las misiones.

Juan escribe:

3 Juan 1:5-8 Amado, fielmente te conduces cuando prestas algĆŗn servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harĆ”s bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continĆŗen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad. (RVR60)

En el pasaje, vemos a algunos que fueron enviados por una iglesia por el bien del nombre de Cristo, y hay algunos que deben mostrar hospitalidad y enviar a esos que irÔn al extranjero a proclamar el evangelio. Los que van y los que envían son parte de la obra misionera. Para aquellos que envían misioneros, la pasión por las misiones globales debe ser una parte normal de su vida.

La gran comisión fue dada a la iglesia. Las misiones es una obra de todos los miembros de una iglesia y no solo de algunos. Por tanto, queremos inculcar una pasión por las misiones en cada discípulo. No podemos tener una iglesia que es bíblicamente fiel sin una pasión por las misiones.

Un compromiso con las misiones facilita el crecimiento espiritual

Nosotros hablamos de misiones deliberadamente en nuestras relaciones de discipulado porque queremos que nuestros amigos prosperen espiritualmente. Una vez mƔs Juan escribe:

3 Juan 1:1-4 El anciano a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad. Amado, yo deseo que tĆŗ seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, asĆ­ como prospera tu alma. Pues mucho me regocijĆ© cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oĆ­r que mis hijos andan en la verdad. (RVR60)

(¿Cómo dice Juan que Gayo estaba mostrando su fidelidad a la verdad que destacaba de manera especial su salud espiritual? Lee)

3 Juan 1:5-8 Amado, fielmente te conduces cuando prestas algĆŗn servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harĆ”s bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continĆŗen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad. (RVR60)

Juan parecía basar mucha de su confianza en la salud espiritual de Gayo y en su disposición a cuidar y recibir a los evangelistas itinerantes o misioneros enviados supuestamente por la iglesia de Juan. Este acto en particular demuestra el amor de Juan y Gayo por los perdidos y otros creyentes.

Nosotros cultivamos de forma deliberada este tipo amor en la vida de nuestros amigos porque queremos que ellos estén bien espiritualmente. Cultivar una pasión por las misiones promueve la salud espiritual porque es una de las cosas mÔs desinteresadas que podemos hacer como cristianos.

Un compromiso espiritual con las misiones trae gloria a Dios (Ver Romanos 15:8-9, 15-16)

Si somos cristianos genuinos entonces el deseo por ver a Dios glorificado debe ser una parte real y significativa de la vida. En tus relaciones de discipulado le haces a tu amigo un gran servicio cuando cultivas un gusto por las misiones.

Las misiones rara vez son discutidas como parte del discipulado bƔsico

Cuando las personas piensan en tĆ©rminos de 1 a 1 en el discipulado, raras veces las misiones son discutidas. Los cristianos hablan acerca de su vida devocional personal, sus tiempos de oración, su lucha con el pecado y hasta su necesidad de hacer evangelismo local, pero el asunto de las misiones globales parece ser abordado raras veces. Si queremos que las personas entiendan este aspecto bĆ”sico del discipulado cristiano, necesitamos hablar de manera deliberada acerca de ello.

Motivando a las misiones en el discipulado

Por tanto, ¿qué podemos hacer en las relaciones de discipulado para motivar esta pasión por las misiones?

Haz que el tema de las misiones sea una parte habitual de tu relación. Así como la oración y el estudio bíblico, puedes hacer que esta preocupación por las misiones sea una parte común de discipulado hacia otra persona.

Cuando se reúnen pueden hacer que la oración por las misiones y los misioneros sea un punto importante. Si te estÔs reuniendo con alguien de manera regular, simplemente haz que uno de los puntos de oración sea uno de los obreros que apoyamos que se encuentra en la parte trasera del directorio de CHBC.

Lean juntos un buen libro sobre misiones. Algunas sugerencias: Let the Nations be Glad [Que las naciones se alegren], John Piper; Operación Mundo, Patrick Johnstone; A Vision for Missions [Una visión por las misiones], Tom Wells; From Jerusalem to Irian Jaya [De JerusalĆ©n a Irian Jaya], Ruth Tucker; Mack and LeeannĀ“s Guide to Short-term Missions [GuĆ­a para misiones a corto plazo de Mack y Leeann], Mack Stiles.

TambiĆ©n puedes considerar la biografĆ­a de varios misioneros: To the Golden Shore: The Life of Adoniram Judson [Hacia la costa dorada: la vida de Adoniram Judson], Courtney Anderson; Faithful Witness: The Life and Mission of William Carey [Testigo fiel: la vida y misión de William Carey], Timothy George.

Da ejemplo de una preocupación por las misiones. Permite que tu amigo conozca cómo estas organizando tu vida personal y deliberadamente, con el fin de ser fiel a la pasión de Dios por las misiones globales. Permite que conozcan las decisiones que has hecho acerca de tu tiempo, tu dinero y tus vacaciones a la luz de tu deseo por que la obra de Cristo avance alrededor del mundo.

Habla específicamente acerca de su papel en las misiones globales. No todo cristiano se convertirÔ en pastor o misionero. Eso no es solo algo bíblico sino que cada cristiano sano y maduro debe en algún punto cual es su papel en el plan de Dios para alcanza a las naciones. Algunos serÔn los que van y otros serÔn los que envían, pero todos deben estar involucrados.

Discipulando a aquellos que estƔn considerando convertirse en misioneros

Finalmente, algunos pensamientos sobre cuales cosas considerar si la persona que estƔs discipulando parece querer convertirse en misionero.

Primero, consigue que comience a hablar con otros. Queremos hacer esto porque queremos que las personas oren por ellos. TambiĆ©n queremos hacer esto porque francamente algunas personas pueden necesitar ir mĆ”s despacio antes de salir al extranjero. Pocas veces decimos que Ā«noĀ» a los deseos de una persona ir al extranjero, y mĆ”s frecuentemente decimos Ā«espera… quĆ©date y crece por un tiempo en una iglesia sana… y danos algĆŗn tiempo para conocerte.Ā»

Segundo, motĆ­vales a hablar con un lĆ­der de la iglesia lo antes posible. Muchas personas creen falsamente que un llamado a las misiones es una decisión personal intensa. Una decisión de buscar las misiones debe involucrar a tu iglesia local. En lugar de toma una decisión determinada y luego informar a los lĆ­deres de tu iglesia, preferimos que involucres a los ancianos en el inicio del proceso. La Ćŗnica manera en que podemos pastorearte y cuidarte en este proceso es si nos lo das a conocer temprano. Por favor, nunca pienses que estĆ”s perdiendo el tiempo del anciano si aun no saben nada todavĆ­a.

Tercero, ayúdales a entender que la iglesia envía misioneros, pero no ellos mismos. La carga nunca debe estar sobre los hombros de una persona para discernir un llamado a las misiones o para prepararse para la obra misionera. Nuestros ancianos y nuestra iglesia como cuerpo quieren ayudar; camina con ellos de la manera que consideran que estÔn llamados a encajar en el plan de Dios para las naciones.

Cuarto, considera que lo que la iglesia estaría buscando es un potencial misionero: confiabilidad; fidelidad en la asistencia y servicio en la iglesia; estable en sus creencias cristianas; un historial de buen juicio; una vida de oración y tiempos de quietud consistentes y un sano entendimiento teológico de Dios, Cristo, el hombre y la Escritura.

Conclusión:

  • La preocupación por el evangelismo y las misiones es una parte bĆ”sica de lo que significa ser un discĆ­pulo cristiano fiel.
  • Ayudar a tus amigos a entender esta verdad le darĆ” un mayor gozo y a Dios su verdadera gloria.
Mark Deve

La soberanĆ­a divina y el evangelismo

Alimentemos El Alma

Serie: El Evangelismo Y La SoberanĆ­a De Dios

J.I. Packer

CapĆ­tulo IV

La soberanĆ­a divina y el evangelismo

Comenzamos este capĆ­tulo con un resumen de lo que hemos aprendido acerca del evangelismo.

El evangelismo es una tarea encomendada a todo el pueblo de Dios en todas partes del mundo. Es la obra de comunicar el mensaje del Creador a la humanidad rebelde. El mensaje comienza con información y termina con una invitación. La información se trata de cómo Dios dio a Su Hijo unigĆ©nito a los pecadores como Salvador perfecto. La invitación es el llamamiento de Dios a la humanidad para venir al Salvador y hallar vida eterna. Dios exige el arrepentimiento de todos los hombres en todas partes del mundo, y en cambio les promete perdón y restauración. El cristiano es mandado al mundo como el pregonero de Dios y el embajador de Cristo para anunciar este mensaje. Esto es tanto su deber (porque Dios lo ordena y el amor al prójimo lo requiere) como su privilegio (porque es una gran maravilla hablar para Dios y llevar a nuestro prójimo la Ćŗnica solución a su problema espiritual). Nuestra tarea es, por lo tanto, ir a toda la humanidad y proclamarles el evangelio de Cristo; debemos explicarlo de la manera mĆ”s clara y concisa posible; debemos remover toda inconsistencia y dificultad que ellos encuentran en Ć©l; debemos exponerlo con seriedad; debemos advertirles que es una cuestión de urgencia y sugerirles que respondan a ella. Ɖsta es nuestra responsabilidad; es un componente bĆ”sico de nuestro llamamiento cristiano.

Ahora llegamos a la pregunta que nos ha amenazado desde el comienzo de este libro. ¿CuÔles son las implicaciones de esto en cuanto a la soberanía de Dios?

Vimos anteriormente que la soberanĆ­a divina es una de las verdades antinómicas en el pensamiento bĆ­blico. El Dios de la Biblia es el SeƱor y Legislador de Su mundo, es el Rey y el Juez del hombre. Por consiguiente, si hemos de ser bĆ­blicos en nuestro pensamiento, tenemos que afirmar la soberanĆ­a divina y la responsabilidad humana juntos e inequĆ­vocamente. El hombre es, sin duda, responsable ante Dios, pues Dios le da Su Ley y lo juzga por sus acciones de acuerdo a la misma. A Dios tambiĆ©n le pertenece la soberanĆ­a sobre el hombre, pues Ɖl controla y ordena todos los acontecimientos humanos de la misma manera que controla y ordena todo lo que sucede en Su universo. Entonces, la responsabilidad humana y la soberanĆ­a de Dios son reales e incontrovertibles.

El apóstol Pablo, en una epĆ­stola breve, nos obliga a ver esta antinomia cuando habla de la voluntad, thelema, de Dios ligado a la contradicción aparente en estas dos maneras que el Creador se relaciona con Su criatura. En los capĆ­tulos cinco y seis de Efesios, Ć©l desea que sus lectores sean ā€œentendidos de cuĆ”l sea la voluntad del SeƱorā€ y ā€œcomo siervos de Cristo haciendo de Ć”nimo la voluntad de Dios.ā€ La voluntad de Dios como Legislador es que el hombre conozca la Ley y que la obedezca. Pablo escribe a los tesalonicenses: ā€œPorque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartĆ©is de fornicación.ā€ Sin embargo, en el primer capĆ­tulo de Efesios, Pablo habla de cómo Dios habĆ­a escogido a Ć©l y a todos los cristianos desde antes de la fundación del mundo ā€œsegĆŗn el puro afecto de Su voluntad.ā€ Luego dice que la intención de reunir todas las cosas en Cristo es ā€œel misterio de Su voluntad.ā€ TambiĆ©n dice, ā€œEn Ɖl digo, en quien asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas segĆŗn el consejo de Su voluntad.ā€ Es obvio que aquĆ­ la ā€œvoluntadā€ de Dios es Su propósito eterno para con los hombres; Su voluntad como el SeƱor soberano del mundo. Ɖsta es la voluntad que se cumple con todo lo que se lleva a cabo —incluyendo el pecado del hombre. Anteriormente se distinguĆ­a entre la voluntad de Dios como precepto y Su voluntad como propósito. La anterior es la declaración pĆŗblica de Dios en cuanto a lo que Ɖl espera del hombre, y la Ćŗltima es lo que Ɖl mismo harĆ” (esta voluntad es oculta). La distinción es entre la Ley de Dios y Su plan. La anterior le dice al hombre lo que debe ser, y la Ćŗltima le dice lo que serĆ”. Ambos aspectos de la voluntad de Dios son hechos incontrovertibles, pero la manera en que se relacionan dentro de la mente de Dios no estĆ” al alcance del entendimiento de nuestras mentes finitas. Ɖsta es una de las razones por la cual decimos que Dios es incomprensible.

Todo ocurre bajo el dominio de Dios, Ɖl ha fijado el porvenir con Su decreto y ya ha decidido quiĆ©n serĆ” salvo y quiĆ©n perecerĆ”. Ahora la pregunta es: ĀæquĆ© relación tiene esto con nuestra responsabilidad de evangelizar?

Muchos cristianos en nuestros días estÔn perplejos frente a la pregunta. Hay algunos que han aceptado la soberanía de Dios de la manera incalificable e incontrovertible en que la Biblia la enseña. Estos se enfrentan ahora con unos métodos evangelísticos, heredados de sus antepasados, que necesitan modificación para hallar armonía plena con la soberanía de Dios. Dicen que estos métodos fueron inventados por los que no creían en la soberanía absoluta de Dios. ¿No es eso razón suficiente para rechazarlos? Los que no estÔn tan convencidos de la verdad doctrinal, los que no la toman en serio, creen que esta nueva preocupación pondrÔ fin al evangelismo. Creen que quitarÔ el sentido de urgencia necesario para un evangelismo eficaz. SatanÔs, claro estÔ, harÔ todo lo posible para impedir el evangelismo y para dividir a los cristianos; por lo tanto, tienta al primer grupo para que sean desconfiados y cínicos en la cara de cualquier empeño evangelístico, y al segundo grupo los tienta para que pierdan la cabeza en un pÔnico y una alarma extrema. A ambos los tienta para que sean presumidos, jactanciosos y amargados, mientras se critican el uno al otro. Ambos grupos necesitan cuidarse de las trampas del diablo.

La pregunta exige una respuesta y lo exige ahora mismo. De la misma Biblia surgió el problema (pues enseña la relación antinómica de Dios con el hombre), así que la solución la buscaremos en la Biblia también.

La respuesta bĆ­blica se puede expresar en dos proposiciones, una negativa y otra positiva.

1. La soberanĆ­a de la gracia de Dios no afecta en nada lo que hemos dicho sobre la naturaleza y la responsabilidad del evangelismo

El principio empleado en este caso es que la regla de nuestro deber y la medida de nuestra responsabilidad son reveladas en la voluntad de precepto de Dios, y no ocultadas en la voluntad de propósito. Tenemos que ordenar nuestras vidas a la luz de Su Ley y no a nuestras adivinanzas acerca de Su plan. MoisĆ©s aclaró este principio cuando terminó enseƱando la Ley, el desafĆ­o y las promesas de Dios a Israel. ā€œLas cosas secretas pertenecen a JehovĆ” nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.ā€ Las cosas que Dios no ha revelado (como el nĆŗmero y la identidad de los elegidos, y cuĆ”ndo los piensa convertir) no tienen nada que ver con el deber del hombre. No tienen lugar en la interpretación de cualquier parte de la Ley de Dios. Ahora bien, el mandato de evangelizar es parte de la Ley de Dios; pertenece a la voluntad revelada de Dios para Su pueblo. Por lo tanto, nuestras especulaciones acerca de Su voluntad oculta en cuanto a la elección y el llamamiento no pueden cambiar o invalidar la Ley de Dios. Podemos contar con que (en las palabras del ArtĆ­culo XVII de la Iglesia de Inglaterra) Dios ā€œha constantemente (decisivamente y con firmeza) decretado por Su consejo que nos es oculto rescatar de la muerte y la maldición todos aquellos que Ɖl ha escogido en Cristo de la humanidad, y por Cristo les darĆ” la salvación eterna como vasijas hechas para honrar.ā€ Pero esto no nos ayuda en determinar la tarea evangelĆ­stica, y tampoco tiene importancia en cuanto a nuestro deber de evangelizar universalmente e indiscriminadamente. La doctrina de la soberanĆ­a de la gracia de Dios no tiene implicaciones en estos asuntos.

Por lo tanto, podemos decir:

(a) La creencia que Dios es soberano en Su gracia no afecta la necesidad del evangelismo. No importa lo que creamos acerca de la elección, el evangelismo siempre es y siempre ha sido necesario, pues nadie serĆ” salvo sin el evangelio. Pablo dice, ā€œPorque no hay diferencia de judĆ­o y de griego; porque el mismo que es SeƱor de todos, rico es para todos los que le invocan: Porque todo aquel que invocare el nombre del SeƱor, serĆ” salvo.ā€ SĆ­, pero el que no invoca al SeƱor no serĆ” salvo, y tiene que haber un cierto conocimiento de Ɖl antes de poder invocarlo. AsĆ­ que Pablo continĆŗa diciendo, ā€œĀæCómo, pues, invocarĆ”n a aquel en el cual no han creĆ­do? ĀæY cómo creerĆ”n a aquel de quien no han oĆ­do? ĀæY cómo oirĆ”n sin haber quien les predique?ā€ Hay que decirles de Cristo antes de que puedan confiar en Ɖl, y tienen que confiar en Ɖl antes de que puedan ser salvos por Ɖl. La salvación depende de la fe y la fe de conocer el evangelio. Dios salva a los pecadores llevĆ”ndoles a la fe por medio de su contacto con el evangelio. De la manera que Dios organizó las cosas, el evangelismo es necesario si alguno ha de ser salvo.

Debemos darnos cuenta de que cuando Dios nos manda a evangelizar, nos estĆ” usando para cumplir Su propósito eterno de salvar a los elegidos. El hecho de que tiene un propósito inalterable no quiere decir que nuestros esfuerzos evangelĆ­sticos no se necesiten para cumplirlo. La parĆ”bola de nuestro SeƱor dice, ā€œun hombre rey, que hizo bodas a su hijo; y envió sus siervos para que llamasen a los llamados a la bodaā€ ā€œy saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.ā€112 Es de la misma manera y por medio de semejante acción de los siervos de Dios que los elegidos vienen a la salvación que el Redentor les ha ganado.

(b) La creencia que Dios es soberano tampoco afecta la urgencia del evangelismo. Los hombres sin Cristo estĆ”n perdidos e irĆ”n al infierno, sea la que sea nuestra opinión sobre la predestinación. ā€œOs digo; antes si no os arrepintiereis, todos perecerĆ©is igualmente… Os digo; antes si no os arrepintiereis, todos perecerĆ©is asimismo.ā€ Y los que somos de Cristo tenemos que ir y decirles de Ɖl —del Ćŗnico que los puede salvar de la perdición. La necesidad de aquellos es urgente, y por lo tanto nuestra tarea evangelĆ­stica es una de urgencia. Si usted conociera a un hombre dormido dentro de un edificio en llamas, usted pensarĆ­a que es urgente advertirle del peligro en que estĆ”; usted intentarĆ­a rescatarlo. El mundo estĆ” lleno de personas que no saben que estĆ”n mal con Dios y condenados por Su ira. ĀæNo es esta situación de tanta urgencia como la anterior? ĀæNo lo tratarĆ­amos de rescatar?

Nunca debemos de usar la excusa de que si no son elegidos, no nos escucharĆ”n como quiera y todos nuestros esfuerzos serĆ”n en vano. Esto es cierto, pero no nos interesa y no debe afectar nuestro ministerio. En primer lugar, no es correcto rehusar hacer el bien sólo porque creemos que no nos serĆ” agradecido. En segundo lugar, los elegidos y no-elegidos de este mundo son anónimos en nuestras mentes. Sabemos que existen pero no sabemos, ni podemos saber, quiĆ©nes son y tratando de adivinar es fĆŗtil e impĆ­o. La identidad de los no-elegidos es una de las ā€œcosas ocultasā€ de Dios y no nos es dado la capacidad mental ni el privilegio moral de saberlo. En tercer lugar, como cristianos estamos llamados a amar no sólo a los elegidos, sino a nuestro prójimo, ya sean elegidos o no. Ahora, la naturaleza del amor es hacer bien y saciar necesidad. Si nuestro prójimo es un inconverso, debemos mostrarle nuestro amor compartiendo con Ć©l las buenas nuevas que necesita para salvarse de la perdición. Es por eso que encontramos a Pablo, ā€œamonestando a todo hombre, y enseƱando en toda sabidurĆ­a, para que presentemos a todo hombre perfecto en Cristo JesĆŗs.ā€ No lo hizo sólo porque era apóstol, sino porque todo hombre era su prójimo. La medida de la urgencia del evangelismo es, por lo tanto, la necesidad de nuestro prójimo y el peligro en que estĆ”.

(c) La creencia que Dios es soberano en su gracia no afecta lo genuino de la invitación ni la verdad de las promesas del evangelio. En el evangelio Dios promete justificación y vida a todo aquel que cree. ā€œPorque todo aquel que invocare el nombre del SeƱor, serĆ” salvo.ā€ Dios ordena que todo hombre se arrepienta, de la misma manera los invita a todos a que vengan a Cristo y encuentren allĆ­ la misericordia y la vida eterna. La invitación es para todos los pecadores; no sólo para los pecadores reformados o para aquellos cuyos corazones sienten una tristeza mĆ­nima por sus transgresiones, pero para todos. El himno lo expresa de una manera muy clara:

No dejes que la conciencia te demore

Ni soƱar de la aptitud

Pues la aptitud que Ɖl requiere

Es sentir tu necesidad de Ɖl.

Que la invitación es libre e ilimitada —Pecadores JesĆŗs recibirĆ” (el tĆ­tulo de un libro fantĆ”stico por Juan Bunyan)— es la gloria del evangelio como revelación de la gracia divina.

En la comunión de la Iglesia de Inglaterra, primero la congregación confiesa sus pecados a Dios con unas palabras agudas (ā€œnuestros numerosos pecados y desdichas…provocando justificablemente su ira…la carga de ellos es intolerable. Ten misericordia de nosotros, ten misericordia de nosotrosā€). Luego, el ministro alza sus manos y proclama las promesas de Dios.

ā€œOigan las palabras de consuelo que nuestro Salvador Jesucristo dice a todos que verdaderamente vienen a Ɖl.ā€

ā€œVenid a mĆ­ todos los que estĆ”is trabajados y cargados, que yo os harĆ© descansar.ā€

ā€œPorque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigĆ©nito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.ā€

ā€œOigan tambiĆ©n lo que ha dicho San Pablo.ā€

ā€œPalabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.ā€

ā€œOigan tambiĆ©n lo que ha dicho San Juan.ā€

ā€œHijitos mĆ­os, estas cosas os escribo, para que no pequĆ©is; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.ā€

ĀæPor quĆ© son estas palabras de tanto consuelo? Porque son las palabras de Dios y son la verdad. Estas palabras son la esencia del evangelio. Son promesas y garantĆ­as en que los cristianos que vienen a la cena del SeƱor deben confiar. Son las palabras que confirman el sacramento. ExamĆ­nelas cuidadosamente; examine primero la sustancia. El objeto de la fe que representan no es sólo ortodoxia, ni es sólo la verdad de la muerte expiatoria de Cristo, es mucho mĆ”s. Es el Cristo viviente en SĆ­, el Salvador perfecto de los pecadores, aquel que carga consigo toda la virtud de Su obra completada en la cruz. ā€œVenid a mĆ­,ā€ Ɖl ha pagado todos nuestros pecados. Estas promesas guĆ­an nuestra confianza, no al crucifijo sino a Cristo crucificado; no a la obra abstracta sino a aquel que la realizó. FĆ­jense que las promesas son universales. Se ofrecen a todos los necesitados, a todos los que ā€œverdaderamenteā€ lo necesitan, a todo hombre que alguna vez haya pecado. A ninguno le es negada la misericordia, pero muchos la rechazan con impenitencia e incredulidad.

Algunos piensan que las doctrinas de la elección y de la condenación eterna implican la posibilidad de que algunos que desean a Cristo serĆ”n negados por no estar entre los elegidos. Sin embargo, las palabras de consuelo en el evangelio excluyen esta posibilidad. Pues nuestro SeƱor afirmó en tĆ©rminos enfĆ”ticos y categóricos, ā€œTodo lo que el Padre me da, vendrĆ” a mĆ­; y al que a mĆ­ viene, no le echo fuera.ā€

Es verdad que Dios ha elegido desde la eternidad a los que salvarĆ”. Es verdad que Cristo vino exclusivamente a salvar aquellos que el Padre le habĆ­a dado. Pero tambiĆ©n es verdad que Cristo se ofrece gratuitamente a todos los hombres como su Salvador, y garantiza llevar a la gloria todos los que confĆ­en en Ɖl. FĆ­jense en cómo Ɖl yuxtapone los dos conceptos en el siguiente pasaje.

ā€œPorque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. Y Ć©sta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el dĆ­a postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Ɖl, tenga vida eterna; y yo le resucitarĆ© en dĆ­a postrero.ā€ ā€œTodo lo que me ha dadoā€ en este contexto es la tarea salvadora de Cristo en tĆ©rminos de todos los elegidos, a quienes vino especĆ­ficamente a salvar. ā€œTodo aquel que ve al Hijo, y cree en Ɖlā€ se refiere a la tarea salvadora de Cristo en tĆ©rminos de toda la humanidad, a quien se ofrece sin distinción y salvarĆ” a los que creen en Ɖl. En estos versĆ­culos las dos verdades se afirman al mismo tiempo y en el mismo respecto, y asĆ­ debe ser. Las dos van juntas. Caminan de mano en mano. Una no hace dudosa la otra. Una no excluye la otra. Cristo quiere decir lo que ha dicho, ya sea cuando salva a todos que creen en Ɖl o cuando salva a los que el Padre le ha dado.

John Owen, un puritano que escribió a favor de la elección incondicional y la expiación limitada, se dirige al incrédulo de la siguiente manera.

ā€œConsideren la condescendencia y el amor infinito de Cristo. Ɖl les invita y les llama para que vayan a Ɖl y encuentran vida, liberación, misericordia, gracia, paz y salvación eterna… En la declaración y la predicación de ellos, Jesucristo se enfrenta a los pecadores llamĆ”ndolos, invitĆ”ndolos y urgiĆ©ndolos que vengan a Ɖl.ā€

ā€œLa palabra que Ɖl les dirige es Ć©sta: ĀæPor quĆ© morirĆ”s? ĀæPor quĆ© perecerĆ”s? ĀæPor quĆ© no tendrĆ”s compasión por tu alma? ĀæSerĆ” duro tu corazón y fuerte tus manos en el dĆ­a de la ira que vendrĆ”?… Mira hacia mĆ­ y serĆ”s salvo; ven a mĆ­ y te quitarĆ© la carga de los pecados, las tristezas, los temores, las cargas y harĆ© descansar a tu alma. Ven, te suplico; pon a un lado la desidia; no me rechaces mĆ”s; la eternidad llama a tu puerta… odiĆ”ndome perecerĆ”s, mas aceptĆ”ndome serĆ”s liberado.ā€

ā€œEstas y cosas semejantes declara, proclama, suplica y urge al SeƱor Jesucristo a las almas de los pecadores… Lo hace con la predicación de la Palabra, como si estuviese presente con ustedes y hablara personalmente a cada uno de ustedes… Ɖl ha encomendado a los ministros para que se paren delante de ustedes y tratarles como si Ɖl estuviera tratando con ustedes. Ellos les invitarĆ”n de la misma manera que Ɖl les invitó, 2 Corintios 5:19–20.ā€

La invitación de Cristo es la Palabra de Dios. Es verdad. Es una invitación genuina. Y se ha de presentar al incrédulo de tal manera. Nada de lo que creemos de la soberanía de Dios en su gracia afecta esto.

(d) La creencia de que Dios es soberano en su gracia no afecta la responsabilidad del pecador por su respuesta. Alguien que rechaza a Cristo se muere a causa de su propia condenación. No creer en la Biblia lleva consigo la culpabilidad y nadie podrĆ” excusarse simplemente porque no fueron elegidos. La vida eterna se le ofreció al incrĆ©dulo y la podrĆ­a haber tenido si no la hubiera rechazado. El incrĆ©dulo, y nadie mĆ”s, es responsable por su rechazo de la salvación y ahora Ć©l tendrĆ” que sufrir las consecuencias. El Obispo J. C. Ryle escribe, ā€œEs un principio fundamental en toda la Escritura que el hombre puede perder su propia alma, y que si Ć©l estĆ” perdido es por su propia culpa, y su sangre mancharĆ” sólo su propia cabeza. La misma Biblia inspirada que revela la doctrina de la elección es la Biblia que contiene la palabras, ā€˜ĀæPor quĆ© morirĆ©is, casa de Israel?’ —’Y no querĆ©is venir a mĆ­, para que tengĆ”is vida.’122— ā€˜Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron mĆ”s las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.’ La Biblia nunca dice que los pecadores no irĆ”n al cielo porque no son elegidos, sino dice que no irĆ”n porque han rechazado la gran salvación, y porque rehĆŗsan arrepentir y creer. En el juicio final, no es la elección de Dios que aniquila las almas de los hombres, sino es su propia pereza, su amor al pecado, su incredulidad y su rechazo de Cristo.ā€124 Dios le da al hombre lo que el hombre ha escogido y no lo opuesto a lo que escogen. Aquellos que escogen la muerte morirĆ”n. La doctrina de la soberanĆ­a divina no afecta la responsabilidad humana.

Veamos ahora la segunda proposición positiva.

2. La soberanía de Dios en su gracia nos da la única esperanza de tener éxito en el evangelismo

Algunos temen que la creencia en la soberanía de Dios tiene como consecuencia lógica la inutilidad del evangelismo, pues Dios salvarÔ a sus elegidos aunque oigan o no el evangelio. Ya hemos visto que esto es una conclusión falsa basada en una premisa invÔlida. La verdad es totalmente opuesta a esta conclusión. En vez de hacerlo inútil, la soberanía de Dios es la única cosa que lo hace útil. Con ella hay la posibilidad, es mÔs, la certeza de que el evangelismo serÔ fructuoso. Si no fuera por la gracia soberana de Dios, el evangelismo sería uno de los empeños mÔs inútiles en el mundo, y proclamar el evangelio cristiano sería sólo una gran pérdida de tiempo.

¿Por qué es esto? Por la incapacidad espiritual del hombre pecaminoso. Dejemos que Pablo, el evangelista de evangelistas, nos explique esto.

Pablo dice que el hombre caĆ­do tiene una mente ciega y por eso no puede comprender las verdades espirituales. ā€œMas el hombre animal no percibe las cosas que son del EspĆ­ritu de Dios, porque le son locura; y no las puede entender porque se han de examinar espiritualmente.ā€ El hombre caĆ­do tambiĆ©n tiene una naturaleza perversa y depravada. ā€œPor cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la Ley de Dios, ni tampoco puede. AsĆ­ que, los que estĆ”n en la carne no pueden agradar a Dios.ā€ En ambos pasajes Pablo afirma dos cosas distintas en cuanto al hombre caĆ­do y su relación a la verdad de Dios, y hay un paralelismo del progreso del pensamiento en ambos casos. Primero, Pablo seƱala el fracaso del hombre carnal. Pues Ć©l ā€œno recibe las cosas de Diosā€ y ā€œno estĆ” sujeto a la Ley de Dios.ā€ A continuación, Pablo interpreta una afirmación a base de la otra. Es decir, el fracaso es una necesidad natural, es cierto e inevitable, y es universal e inalterable, pues es inherente en la misma naturaleza del hombre. ā€œNo las puede entender.ā€ Ni tampoco puede.ā€ El hombre, desde AdĆ”n, no puede entender las realidades espirituales ni tampoco puede obedecer la Ley de Dios. Enemistad contra Dios es la ley de su naturaleza. Su instinto le dice que debe evadir, negar e ignorar la verdad de Dios; le dice que debe jactarse de Ć©l y desobedecer Su Ley — sĆ­, y cuando oye el evangelio su instinto le dice que lo debe rechazar y que debe rebelarse contra Ɖl. Este es el tipo de persona que Ć©l es. Pablo dice que Ć©l esta ā€œmuerto en sus delitos y pecados.ā€ EstĆ” totalmente incapacitado para reaccionar al evangelio de una manera positiva. Es sordo a la voz de Dios. Es ciego a su revelación. Es impermeable a su aliciente. Si usted le habla a un cadĆ”ver, nunca le va a responder; el hombre estĆ” muerto. Cuando la Palabra de Dios se proclama a los pecadores tampoco hay respuesta, pues ellos tambiĆ©n estĆ”n muertos en sus delitos y pecados.

Esto no es todo. Pablo nos dice que SatanĆ”s siempre estĆ” tratando de inmovilizar al hombre en su estado natural. ā€œEn que en otro tiempo anduvisteis conforme a la condición de este mundo, conforme al prĆ­ncipe de la potestad del aire, el espĆ­ritu que ahora obra en los hijos de desobediencia.ā€ AsĆ­, SatanĆ”s se asegura que el hombre no obedezca la Ley de Dios. ā€œEn los cuales el dios de esto siglo cegó los entendimientos de los incrĆ©dulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.ā€129 Ya vemos que hay dos barreras al evangelismo eficaz: la primera es el impulso natural e irresistible del hombre de oponerse a Dios, y la segunda es la el pastoreo asiduo de SatanĆ”s a los hombres en sus pecados y en su desobediencia.

¿CuÔles son las implicaciones de esto para el evangelismo? La implicación es que el evangelismo, como lo hemos descrito, no puede tener éxito. No importa el grado de claridad y eficacia que empleemos en proclamarlo, no hay ninguna esperanza de convencer, y mucho menos convertir, al hombre. ¿Podremos con nuestro propio poder sacar al hombre de las garras de SatanÔs? No. ¿Acaso podemos dar vida a los muertos? Tampoco. ¿Tenemos alguna esperanza de convencer a los pecadores de la verdad del evangelio con nuestra propia razón? Claro que no. ¿Podemos esperar que el hombre obedezca el evangelio por las palabras que decimos? No. Si no nos hemos enfrentado con este hecho, nuestro evangelismo no es irealista. Cuando un maestro quiere enseñar matemÔtica o gramÔtica a los niños y ellos simplemente no entienden, él se anima con la realidad de que eventualmente entenderÔn, y por lo tanto sigue tratando. Podemos acudir a nuestra paciencia si la posibilidad de alcanzar el éxito es real. Pero en el caso del evangelismo no existe tal posibilidad. Como una obra humana el evangelismo es imposible. Por definición no puede producir el efecto deseado. Podemos predicar con claridad, con fluidez y con gracia; podemos desafiar a nuestros amigos; podemos organizar grandes campañas y avivamientos, repartir folletos, colgar letreros y anunciar por todos lados, pero nunca habrÔ la mÔs mínima posibilidad de ganar una sola alma para Cristo. Si no hay otro ingrediente, algo mucho mÔs poderoso que nuestro propio afÔn, toda obra evangelística fracasarÔ. Nos tenemos que enfrentar con esta realidad.

Es aquĆ­ donde veo una tremenda falla en el evangelismo de hoy. Parece que todos estĆ”n de acuerdo en que nuestro evangelismo no estĆ” de lo mĆ”s saludable, pero hay mucho desacuerdo en cuanto a la naturaleza del malestar y cómo curarlo. Algunos creen que el problema es el avivamiento de la doctrina de la soberanĆ­a de Dios —una doctrina que tiene implicaciones enfĆ”ticas para la elección incondicional y la expiación limitada. Ellos sugieren que la solución del problema se encuentra en el abandono de estas doctrinas. Sin embargo, algunos de los evangelistas mĆ”s grandes del pasado han abrazado estas doctrinas. Por lo tanto, el diagnóstico no puede ser muy astuto ni la solución muy eficaz. Es mĆ”s, parece que el evangelismo habĆ­a sufrido su gran caĆ­da entre las dos guerras mundiales, es decir, mucho antes del avivamiento de esta doctrina. Otros, como ya hemos mencionado, creen que el problema estĆ” en las reuniones inter-denominacionales e impersonales que han surgido a la escena en los Ćŗltimos aƱos. Pero esto tampoco es obvio. Yo creo que la raĆ­z del problema es mucho mĆ”s profunda que estos diagnósticos suelen indicar. Sospecho que la razón por este malestar evangelĆ­stico es una neurosis de la desilusión, un fallo desconocido del Ć”nimo, que surgió del rechazo de considerar el evangelismo antropocĆ©ntrico imposible. PermĆ­teme explicar.

Por mĆ”s de un siglo, los cristianos evangĆ©licos han considerado el evangelismo una actividad especial que debe ocurrir en intervalos rĆ”pidos y agudos (como ā€œmisionesā€ y ā€œcampaƱasā€) y, para tener Ć©xito, necesitaban una tĆ©cnica distintiva, tanto en la predicación como en el evangelismo personal. Muy temprano en la evolución de este concepto, los evangĆ©licos comenzaron a pensar que si el evangelismo iba a tener Ć©xito habĆ­a que orar por Ć©l y administrarlo correctamente (ej. si se usaba la tĆ©cnica distintiva). Esto se debe al Ć©xito que tuvieron evangelistas como Moody, Torrey, Haslam y Aitken con sus campaƱas. Pero debemos entender que el Ć©xito que tuvieron estos grandes evangelistas no fue debido a su organización moderna, sino a la gran obra que Dios habĆ­a realizado en Inglaterra en aquella Ć©poca. Aun en ese perĆ­odo, las primeras misiones usualmente tenĆ­an mĆ”s Ć©xito que las segundas, y las segundas que las terceras. Pero durante los Ćŗltimos cincuenta aƱos, cuando el mundo se estĆ” secularizando mĆ”s y mĆ”s, hemos visto una declinación drĆ”stica en los frutos del evangelismo. Esta declinación nos ha enervado.

¿Por qué nos ha enervado? Porque no estÔbamos preparados. Habíamos formulado el evangelismo de tal manera que la buena organización mÔs la técnica distintiva equivalían a resultados inmensos. Habíamos creído que la poción mÔgica se hacía con una reunión especial, un coro, un solista y un predicador especial, de renombre quizÔ. EstÔbamos seguros de que la fórmula y la poción mÔgica darían vida a cualquier iglesia, pueblo o misión que estaba muerta. Muchos de nosotros todavía creemos esto. Nos aseguramos el uno al otro que así es, y seguimos haciendo nuestros planes a base de ello. Pero en nuestros corazones estamos desilusionados, desanimados y aprensivos. Había un tiempo cuando pensÔbamos que el evangelismo bien-organizado aseguraba éxito, pero ahora tememos que cada vez que intentemos fracasarÔ, pues ha fracasado tantas veces en el pasado. Ahora no nos resta nada, pues sólo supimos evangelizar de una manera. No queremos admitir esto a nosotros mismos y, por lo tanto, echamos nuestro temor por la ventana, pero vuelve por la puerta con una venganza en la forma de la desilusión y la neurosis paralizante. Nuestro evangelismo, entonces, se convierte en una rutina meticulosa y aburrida. En fin, nuestro problema es que dudamos de la utilidad de nuestros esfuerzos.

¿Por qué tenemos estas dudas? Porque hemos sido desilusionados. ¿Cómo hemos sido desilusionados? Por el fracaso continuo de las técnicas evangelísticas en los cuales confiÔbamos. ¿CuÔl es el remedio de nuestra desilusión? Primero, debemos admitir que estÔbamos equivocados en pensar que cualquier técnica en sí pudiera garantizar resultados; segundo, debemos reconocer que la naturaleza depravada del hombre es razón suficiente para que nuestros esfuerzos evangelísticos sean estériles; tercero, debemos recordar que estamos llamados a ser fieles y no a tener éxito; y cuarto, debemos aprender a dejar los resultados de nuestro esfuerzo a la gracia omnipotente de Dios.

Dios hace lo que el hombre no puede hacer. Dios, por medio de su EspĆ­ritu, obra en el corazón del hombre pecaminoso para llevarlos a la fe y al arrepentimiento. La fe es un regalo de Dios. Pablo escribe a los filipenses, ā€œPorque a vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creĆ”is en Ɖl, sino tambiĆ©n que padezcĆ”is por Ɖl.ā€ Y a los efesios dice, ā€œPorque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.ā€ AsĆ­ tambiĆ©n, el arrepentimiento nos es dado por Dios. Pedro le dijo al SanedrĆ­n, ā€œA Ɖste ha Dios ensalzado con su diestra por PrĆ­ncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados.ā€ Cuando la Iglesia de JerusalĆ©n oyó que Pedro habĆ­a sido mandado a evangelizar a Cornelio, y que Cornelio habĆ­a sido llevado a la fe, dijeron: ā€œEntonces, oĆ­das estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: De manera que tambiĆ©n a los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida.ā€ Nosotros no podemos hacer que los pecadores se arrepientan y crean en JesĆŗs, sino es Dios quien obra fe y arrepentimiento en el corazón del hombre por medio de Su EspĆ­ritu.

Pablo dice que Ć©ste es el ā€œllamadoā€ de Dios. Los teólogos antiguos lo nombraron ā€œllamado eficaz,ā€ en contraste con la ā€œconvocación ineficazā€ —es decir, cuando uno escucha la Palabra de Dios, pero el EspĆ­ritu no obra en Ć©l. El anterior es el proceso en que Dios hace que el pecador entienda y responda al evangelio. Es la obra del poder creativo; por ella, Dios regala al hombre un corazón nuevo, lo libera del pecado, le da luz donde antes habĆ­a sólo tinieblas y lo guĆ­a a Ɖl por medio de Cristo el Salvador. Por ella tambiĆ©n, Dios los saca de las garras de SatanĆ”s, lo libera del reino de las tinieblas y lo traslada al ā€œreino de Su amado Hijo.ā€ El llamado produce la respuesta y confirma las bendiciones. TambiĆ©n se le ha denominado la obra de ā€œgracia previa,ā€ pues la inclinación hacia Dios precede la voluntad del mismo. Se ha nombrado ā€œgracia irresistible,ā€ porque aniquila la posibilidad de resistirlo. La Confesión de Fe de Westminster lo analiza como la actividad de Dios en el hombre caĆ­do. ā€œA todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y a Ć©sos solamente es a quienes le place en el tiempo seƱalado y aceptado, llamar eficazmente por Su Palabra y EspĆ­ritu, sacĆ”ndolos del estado de pecado y muerte en que se hallaban por naturaleza para darles vida y salvación por Jesucristo. Esto lo hace iluminando espiritualmente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitĆ”ndoles el corazón de piedra y dĆ”ndoles uno de carne, renovando sus voluntades y por Su poder soberano determinĆ”ndoles a hacer aquello que es bueno, y llevĆ”ndoles eficazmente a Jesucristo. Sin embargo, ellos van con absoluta libertad, habiendo recibido la voluntad de hacerlo por la gracia de Dios.ā€

Cristo tambiĆ©n enseñó la necesidad universal de este llamamiento por la Palabra y el EspĆ­ritu. ā€œNinguno puede venir a mĆ­, si el Padre que me envió no le trajere; y Yo le resucitarĆ© en el dĆ­a postrero.ā€ Igualmente, enseñó su eficacia, ā€œEscrito estĆ” en los profetas: y serĆ”n todos enseƱados de Dios. AsĆ­ que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mĆ­.ā€ A su enseƱanza aƱadió la certeza universal del llamado para todo aquel que el Padre ha escogido. ā€œTodo lo que el Padre me da, vendrĆ” a mĆ­.ā€ Me escucharĆ”n y confiarĆ”n en mĆ­, esto es el propósito del Padre y la promesa del Hijo.

Pablo habla del ā€œllamado eficazā€ como la realización del propósito seleccionador de Dios. Pues le dice a los romanos: ā€œPorque a los que antes conoció, tambiĆ©n predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que Ɖl sea el primogĆ©nito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a Ć©stos tambiĆ©n llamó; y a los que llamó, a Ć©stos tambiĆ©n justificó; y a los que justificó, a Ć©stos tambiĆ©n glorificó.ā€ Y a los tesalonicenses escribe, ā€œMas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del SeƱor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del EspĆ­ritu y fe de la verdad: A lo cual os llamó por nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro SeƱor Jesucristo.ā€ El autor del llamado, nos dice Pablo, es Dios; y el asunto del llamado es el camino a la gloria.

Entendiendo esto, podemos ver de una vez porquĆ© Pablo nunca se desilusionó con el hombre caĆ­do y esclavizado por SatanĆ”s; en contraste con los evangelistas de nuestros dĆ­as, Pablo nunca pensó que el evangelismo era un esfuerzo inĆŗtil. La razón por su actitud es que Ć©l nunca olvidó que Dios es soberano en Su gracia. El sabĆ­a que aĆŗn antes de que Ć©l hubiera comenzado, Dios todopoderoso habĆ­a dicho, ā€œAsĆ­ serĆ” mi palabra que de mi boca: no volverĆ” a mĆ­ vacĆ­a, antes harĆ” lo que yo quiero, y serĆ” prosperada en aquello para que le enviĆ©.ā€ Ɖl sabĆ­a que esto era verdad tanto para el evangelio como para cualquier declaración divina. SabĆ­a que su predicación del evangelio nunca serĆ­a inĆŗtil, pues Dios se lo garantizó. SabĆ­a que dondequiera que Ć©l llevara el evangelio, Dios resucitarĆ­a a los muertos. SabĆ­a que algunos de sus oyentes serĆ­an salvos. Este conocimiento le dio seguridad y expectación en su evangelismo. Y cuando hubo mucha oposición y pocos resultados, Ć©l nunca se desilusionó, pues Ć©l sabĆ­a que si Cristo le habĆ­a abierto la puerta a ese lugar, era porque el propósito de Ɖl era convertir pecadores allĆ­. La Palabra no volverĆ­a vacĆ­a. Su afĆ”n era proclamar el evangelio con paciencia y fidelidad hasta el tiempo de la cosecha.

Hubo un tiempo en Corinto cuando su ministerio se puso muy difĆ­cil; los convertidos eran muy pocos y la oposición muy grande. Pablo pensaba que quizĆ” su esfuerzo allĆ­ era en balde. ā€œEntonces el SeƱor dijo de noche en visión a Pablo: No temas, sino habla, y no calles; porque Yo estoy contigo, y ninguno te podrĆ” hacer mal; porque Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.ā€ El SeƱor le estaba diciendo a Pablo que continuara predicando y enseƱando allĆ­, porque Ɖl tenĆ­a un propósito; el SeƱor le estaba animando y confirmando su responsabilidad a la misma vez. Rackham destaca, ā€œEsto confirma el Ć©nfasis que San Lucas puso en la elección previa de Dios.ā€143 Y el Ć©nfasis de Lucas refleja la actitud de Pablo basada en la garantĆ­a que le habĆ­a dado Cristo. Por lo tanto, la soberanĆ­a de Dios en Su gracia dio esperanza a Pablo mientras predicaba a oĆ­dos sordos, mostraba a Cristo a ojos ciegos e intentaba conmover corazones de piedra. Su garantĆ­a era que donde Cristo manda el evangelio, Cristo tiene pueblo. Puede ser que al momento estĆ©n encadenados por el pecado, pero Cristo los liberarĆ” y los renovarĆ” cuando la luz del evangelio brille en sus seres oscuros.

En un gran himno, Charles Wesley describió su conversión de esta manera:

”Qué tinieblas encerrÔronme!

Esclava mi alma fue a pasiones mil;

Mas el fulgor de su convicción,

Me despertó de tal condición.

De mis cadenas por don de gracia me libró;

Me levantƩ y caminƩ para seguirle en pos.

Esto no es sólo una descripción vívida de su experiencia, también es una buena afirmación teológica. Esto es exactamente lo que le sucede al incrédulo cuando se predica el evangelio. Pablo sabía eso, y lo usó como su garantía en el evangelismo.

La garantĆ­a de Pablo debe ser la nuestra tambiĆ©n. No podemos confiar en nosotros mismos —en nuestros mĆ©todos, en nuestras tĆ©cnicas o en nuestra organización. No hay magia en la tĆ©cnica, aun cuando la tĆ©cnica compagina con la teologĆ­a de la Biblia. Cuando evangelizamos, nuestra confianza debe estar en Dios quien resucita a los muertos. Ɖl es el Ćŗnico soberano y omnipotente que puede endulzar los corazones amargos de los hombres, y Ɖl darĆ” conversiones cuando le agrade darlas. Mientras tanto, nosotros debemos ser fieles en proclamar el evangelio y debemos estar seguros que nuestros esfuerzos nunca serĆ”n en balde. Es de esta manera que la soberanĆ­a de Dios afecta el evangelismo. ĀæCuĆ”les son los efectos de esta confianza y certeza sobre nuestra actitud del evangelismo? Son por lo menos tres.

(a) Nos debe hacer audaces. Nos debe dar confianza que aunque la gente no acepte el evangelio la primera vez, seguiremos tratando y Dios harĆ” fructuoso nuestro ministerio. Tal respuesta al evangelio no nos debe sorprender, pues ĀæquĆ© mĆ”s podemos esperar de los esclavos de SatanĆ”s? Tampoco nos debe desanimar, pues no hay corazón tan duro que pueda resistir la gracia de Dios. Pablo era amargo enemigo del evangelio, pero Cristo puso Su mano sobre Ć©l y Pablo nació de nuevo. Usted mismo ha estado aprendiendo quĆ© tan corrompido y perverso su corazón es. Y antes de que usted se convirtiera en cristiano, su corazón era aun peor. Pero Cristo le salvó, y eso debe ser lo suficiente para convencerle que Cristo puede salvar a cualquiera. AsĆ­ que continĆŗe presentando a Cristo a los incrĆ©dulos cada vez que tenga oportunidad. Ɖsta no es una tarea de bufones. Usted no estĆ” perdiendo su tiempo ni el de ellos. Usted nunca se debe avergonzarse del evangelio o disculparse en su presentación de ello. Usted debe ser audaz, libre, natural, espontĆ”neo y exitoso. Pues Dios da una eficacia a Su Palabra que nosotros no podemos dar. Dios lleva Su Palabra a la victoria en los corazones mĆ”s endurecidos y amargados. Nunca pensarĆ­amos que nuestros esfuerzos son inĆŗtiles si creemos en la gracia soberana de Dios.

(b) Esta confianza nos debe dar paciencia. Dios salva a Su tiempo, y no debemos suponer que Ɖl tiene la prisa que tenemos nosotros. Tenemos que recordar que somos hijos de nuestra Ć©poca, y el espĆ­ritu de nuestros dĆ­as es uno de prisa. Es un espĆ­ritu pragmĆ”tico; un espĆ­ritu que exige resultados prontos. El ideal moderno es realizar mĆ”s y mĆ”s haciendo menos y menos. Es la Ć©poca de los ahorros obreros, los cĆ”lculos de eficiencia y la automatización. La actitud que surge de este nuevo modo de pensar es una impaciencia tremenda frente a todo lo que exige tiempo y esfuerzo continuo. Nos enfadamos cuando tenemos que realizar una obra completamente. Este espĆ­ritu tiene consecuencias drĆ”sticas para nuestro evangelismo. Queremos ganar almas lo mĆ”s pronto posible, y cuando no vemos resultados de inmediato, nos desanimamos y perdemos el interĆ©s en ellas, hasta que por fin abandonamos nuestros esfuerzos y ellas se quedan peores que antes. Pero esto es de lo mĆ”s equivocado. Cuando hacemos esto fracasamos, tanto en nuestro amor al prójimo, como en nuestra fe en Dios.

La verdad es que el evangelismo exige mĆ”s paciencia, afecto, amor y perseverancia que la mayorĆ­a de los cristianos de hoy en dĆ­a tienen. Nunca se nos ha prometido resultados rĆ”pidos. El evangelismo es una tarea en la cual no se espera resultados rĆ”pidos. No podemos esperar resultados si no perseveramos con la gente. La idea de que un sólo sermón evangelĆ­stico o una serie de conversaciones basta en convertir a alguien es absurdo. Si alguien se convierte con un solo sermón, usualmente usted encontrarĆ” que alguien habĆ­a obrado con Ć©l antes. En este caso lo que vemos es el dicho, ā€œuno siembra y el otro cosecha.ā€ Pero si usted se encuentra con alguien que no ha escuchado el evangelio, que no sabe la diferencia entre lo verdadero y lo falso, es inĆŗtil tratar de exigirle una decisión de inmediato. QuizĆ” le podrĆ­a llevar a una crisis psicológica, pero nunca se salvarĆ”. Lo que tenemos que hacer es tomar tiempo con Ć©l, formar una amistad, caminar junto con Ć©l y encontrar el nivel de su entendimiento espiritual. Entonces y sólo entonces podremos presentarle la verdad de Dios en amor. Hay que explicar el evangelio y asegurarse que Ć©l lo entienda y que estĆ” convencido de su verdad; luego podemos exigirle una respuesta. Hay que ayudarle a arrepentirse y creer hasta que Ć©l estĆ© seguro que haya recibido a Cristo y que Cristo haya recibido a Ć©l. Debemos acompaƱarle en cada paso confiando que Dios estĆ” obrando en Ć©l. Y aunque el proceso sea muy lento, debemos recordar que Dios estĆ” obrando a su tiempo. La paciencia verifica el amor al prójimo y la fe en Dios. Si no queremos tener paciencia, no podemos esperar que Dios bendiga nuestros esfuerzos de ganar almas.

ĀæDe dónde viene esta paciencia tan necesaria para la tarea evangelĆ­stica? Proviene del conocimiento que Dios es soberano en Su gracia y que Su palabra nunca vuelve vacĆ­a. Ɖl nos da las oportunidades que tenemos para compartir el evangelio y Ɖl es capaz de iluminar y salvar a todos los oyentes de nuestros testimonios. Dios a veces nos prueba de esta manera. Dejó que Abraham esperara veinticinco aƱos por el nacimiento de su hijo, asĆ­ tambiĆ©n nos deja a nosotros esperando las cosas que aƱoramos, como la conversión de amigos y familiares. Necesitamos paciencia si hemos de ayudar a otros llegar a la fe salvadora. Esta paciencia la podemos desarrollar si aprendemos a vivir en tĆ©rminos de la soberanĆ­a libre y misericordiosa de Dios.

(c) Finalmente, esta confianza nos debe conducir a la oración.

La oración, como habĆ­amos dicho anteriormente, es una confesión de la impotencia y la necesidad, un reconocimiento del desamparo y la dependencia, una convocación al Dios todopoderoso para que Ɖl haga lo que nosotros somos incapaces de hacer. En cuanto al evangelismo somos impotentes; dependemos totalmente de Dios, pues es sólo con un corazón nuevo que el hombre puede entender nuestras predicaciones y nacer de nuevo. Estos hechos nos deben conducir a la oración. Que nos conduzcan es el propósito de Dios. Dios quiere que, en este asunto como en otros, confesemos nuestra propia impotencia, que le digamos que es Ɖl en quien confiamos y que le pedimos que glorifique a SĆ­ mismo. Es muy comĆŗn que Dios no bendiga a los siervos que no oran. ā€œCodiciĆ”is, y no tenĆ©is; matĆ”is y ardĆ©is de envidia, y no podĆ©is alcanzar; combatĆ­s y guerreĆ”is, y no tenĆ©is lo que deseĆ”is, porque no pedĆ­s.ā€; ā€œPedid, y se os darĆ”; buscad, y hallarĆ©is; llamad, y se os abrirĆ”. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirĆ”.ā€147 Pero si no pedimos, no recibiremos. Ɖsta es la regla universal tanto en el evangelismo como en la vida. Dios nos obliga a orar antes de bendecir nuestra obra para que no olvidemos que es Ɖl el que hace todo. Y cuando al fin veamos almas convertidas no seremos tentados a glorificar nuestros propios dones, talentos, conocimientos o persuasión, sino glorificaremos a Ɖl y sólo a Ɖl.

El conocimiento de la gracia soberana de Dios y la impotencia humana para ganar almas nos debe conducir a una oración incesante. ĀæQuĆ© debe ser el contenido de nuestras oraciones? Debemos orar por aquellos quienes pensamos ganar; debemos orar que el EspĆ­ritu Santo les abra el corazón; debemos orar por nuestro propio ministerio, y por todos los que predican el evangelio; debemos orar que el poder y la autoridad del EspĆ­ritu Santo sean con nosotros cuando predicamos. Pablo dice a los tesalonicenses, ā€œResta, hermanos, que orĆ©is por nosotros, que la palabra de Dios corra y sea glorificada asĆ­ como entre vosotros.ā€ Pablo era un evangelista muy fructuoso, pero Ć©l sabĆ­a que cada partĆ­cula de su fruto venĆ­a directamente de Dios. TambiĆ©n sabĆ­a que si Dios dejaba de obrar en Ć©l o en sus oyentes, no podrĆ­a ganar ni siquiera un alma mĆ”s. Por lo tanto, ruega por las oraciones de sus hermanos para que su ministerio siga siendo fructuoso. Oren, dice Ć©l, para que la Palabra del evangelio sea glorificada por medio de mis predicaciones y del efecto que tiene en las vidas del hombre. Oren para que sea usada para convertir a los pecadores. Pablo sabĆ­a que esta petición era una de urgencia, porque sabĆ­a que la predicación sin la misericordia soberana de Dios no puede salvar a nadie. FĆ­jense que Pablo no dice que como Dios es soberano la oración es inĆŗtil; al contrario, como la salvación de pecadores depende totalmente de Dios, la oración por la fecundidad del ministerio evangelĆ­stico es un elemento necesario. Y los cristianos en nuestros dĆ­as que creen, como Pablo, en la soberanĆ­a total de Dios y que sólo esa soberanĆ­a puede salvar a los pecadores, deben atestiguar lo antedicho por medio de oraciones constantes, fieles y serias por la bendición de Dios en la predicación de Su Palabra, y que por medio de ella los pecadores podrĆ”n ser salvos. Ɖsta es la Ćŗltima implicación de la gracia soberana de Dios en el evangelismo.

Anteriormente, dijimos que la doctrina de la soberanĆ­a no disminuye los tĆ©rminos de nuestra comisión evangelĆ­stica. Ahora podemos ver que, en vez de disminuirlos, los aumenta. Pues nos muestra las dos caras de la comisión evangelĆ­stica. Es una comisión no sólo a predicar, sino tambiĆ©n a orar; no sólo de hablar de Dios al hombre, sino tambiĆ©n de hablar del hombre a Dios. La predicación y la oración van juntas; nuestro evangelismo no serĆ” correcto ni bendecido si estas dos no van juntas. Hemos de predicar porque sin conocimiento del evangelio ningĆŗn hombre serĆ” salvo. Hemos de orar porque sólo la soberanĆ­a del EspĆ­ritu Santo en nosotros y en los corazones del hombre puede dar eficacia a nuestra predicación, y Dios no manda a Su EspĆ­ritu donde no hay oración. Los evangĆ©licos de hoy en dĆ­a estĆ”n reformando sus mĆ©todos de la predicación evangelĆ­stica y no hay nada de malo en eso. Pero eso nunca darĆ” fruto en nuestra obra evangelĆ­stica si Dios no estĆ” reformando nuestras oraciones y derramando sobre nosotros un nuevo sentido de plegaria por el evangelismo. Sólo podemos salir adelante en el evangelismo cuando hemos aprendido de nuevo a proclamar a nuestro SeƱor y Su evangelio en pĆŗblico y en privado, en la predicación y en la conversación, con audacia, paciencia, poder, autoridad y amor. TambiĆ©n tenemos que aprender de nuevo la necesidad de la oración humilde e importuna por la bendición de nuestra obra. Cuando se haya dicho todo lo que se puede decir acerca de los mĆ©todos evangelĆ­sticos, la Ćŗnica manera de avanzar sigue siendo Ć©sta. Si no hallamos este camino, seguiremos perdidos. Es tan fĆ”cil —y difĆ­cil— como eso.

Ya la rueda de nuestro argumento ha dado la vuelta entera. Comenzamos sugiriendo que la prÔctica de la oración es una prueba positiva de la soberanía de Dios. Y terminamos sugiriendo que la fe en la soberanía de Dios es el motivo de nuestras oraciones.

Ahora cuando alguien nos sugiere que la fe en la soberanía de Dios contradice el evangelismo, podemos decirle que él no ha entendido el significado de la soberanía divina. La soberanía de Dios no es sólo la base del evangelismo, sino es también el sostén del evangelista, pues da la esperanza del éxito que de otra manera sería imposible; nos enseña que la oración y la predicación son inseparables; nos da audacia y confianza frente al hombre, y humildad y súplica frente a Dios. ¿No debe ser así? No diríamos que el hombre no puede evangelizar sin esta doctrina, pero sí sugerimos que creyéndola podrÔ evangelizar mejor.

Ā Packer, J. I. (2008). El Evangelismo y la SoberanĆ­a de Dios. (G. A. MartĆ­nez, Trad.) (pp. 91–123). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

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Oportunidad y oposición

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VII

Oportunidad y oposición

Por Abdul Saleeb

QuĆ© estĆ” pasando con la Iglesia en el mundo musulmĆ”n en los primeros aƱos del siglo XXI? En el pasado, era muy comĆŗn que los misioneros dedicaran una vida de servicio fiel al evangelio y vieran muy poco o ningĆŗn resultado tangible en tĆ©rminos de musulmanes viniendo a la fe en Cristo. Sin embargo, hoy sabemos de un nĆŗmero significativo de musulmanes —a veces en los miles y a veces en las decenas de miles— que han venido a la fe en los Ćŗltimos quince aƱos.

Los estudiantes de misiones detectan un número de factores que Dios estÔ usando para el avance del Reino de Cristo entre varios de los pueblos musulmanes. La inestabilidad política y el surgimiento de un islam radical y militante han hecho que muchos musulmanes empiecen a cuestionar la legitimidad del islam y que estén mÔs receptivos al evangelio de Cristo, el Príncipe de Paz. Las tendencias actuales del mundo moderno como la globalización, la urbanización y las migraciones masivas, han abierto oportunidades nuevas y sin precedentes para compartir el evangelio con el pueblo islÔmico. El uso de tecnologías modernas como los satélites e Internet, junto con la distribución masiva de Biblias, también estÔn teniendo un impacto significativo en países musulmanes que antes estaban bien cerrados. El número de misioneros que Dios estÔ levantando para llevar el evangelio al mundo musulmÔn también estÔ aumentando, no solo de iglesias en América del Norte, sino también de América del Sur y Corea del Sur, y mÔs recientemente de iglesias clandestinas que crecen a un ritmo acelerado en China. Algunos de los temas recurrentes en los testimonios de conversión de musulmanes a Cristo incluyen cosas tales como el ministerio y estilo de vida de los creyentes cristianos, la oración contestada y la liberación de una situación difícil, el hallar la paz y la seguridad de perdón en la Biblia, encontrar el amor de Dios en las Escrituras y experimentarlo en la comunión cristiana y en los actos de servicio humilde.

Aunque tenemos muchas razones para regocijarnos por la incomparable propagación del evangelio entre los musulmanes en nuestros días, también necesitamos reconocer la intensidad de la oposición al evangelio. Nuestros hermanos y hermanas que viven y ministran en la mayoría de los países musulmanes enfrentan muchos momentos difíciles y oscuros. Algunas veces la oposición puede tomar la forma de persecución directa. Muchos siervos de Cristo han sido asesinados, encarcelados y torturados por evangelizar a musulmanes. Las esposas de muchos pastores me han dicho que cada vez que sus esposos salen de la casa, luchan con el temor de no volver a verlos jamÔs. La ley islÔmica prohíbe cualquier forma de evangelismo cristiano, y convertirse del islam al cristianismo es considerado un delito castigado oficialmente con la pena de muerte. Muchas iglesias viven con el temor constante de ser bombardeadas, atacadas por una turba enfurecida o clausuradas por órdenes del gobierno. Las personas que activamente muestran un testimonio cristiano pueden recibir amenazas de muerte contra ellas y sus familias. Muchos pastores luchan con el hecho de que frecuentemente estÔn bajo el escrutinio del gobierno. Con mucha frecuencia, los cristianos y los convertidos al cristianismo sufren el acoso, el ridículo, el rechazo por parte de la familia y la comunidad, y la discriminación en los Ômbitos educativos y laborales debido a su fe. Los gobiernos islÔmicos y las mezquitas utilizan todas las herramientas de los medios de comunicación y del sistema educativo a su disposición para propagar el islam y atacar la fe cristiana, pero en la mayoría de los casos, nunca permitirían que los cristianos tengan el mismo acceso para dar una respuesta o simplemente presentar el evangelio.

También hay muchos desafíos internos que la Iglesia enfrenta. Hay divisiones denominacionales y una mentalidad competitiva entre cristianos. Muchos observadores pueden señalar la falta de educación teológica y madurez espiritual incluso dentro del liderazgo de la Iglesia. Una gran tentación para muchos musulmanes convertidos al cristianismo es casarse con otro musulmÔn, ya que es posible que no puedan encontrar una pareja adecuada. A veces, debido a las presiones familiares o a los muchos peligros de vivir como cristiano en una sociedad musulmana, un creyente declarado se convierte de nuevo al islam. Muchos cristianos en el mundo musulmÔn también se ven tentados a dejar su país de origen y mudarse a Occidente, donde pueden vivir sus vidas y expresar su fe cristiana con seguridad y paz.

Necesitamos comprometernos a orar e identificarnos con la Iglesia sufriente y perseguida en el mundo musulmĆ”n. Pero tambiĆ©n debemos regocijarnos por el crecimiento y la expansión de la Iglesia en el mundo musulmĆ”n. Debemos recordarnos una vez mĆ”s, especialmente en medio del creciente radicalismo y la violencia en todo el mundo islĆ”mico de hoy, que todos los tronos, dominios, principados y poderes visibles e invisibles, todas las cosas fueron creadas por medio de Ɖl y para Ɖl, y Ɖl es Ā«la cabeza del cuerpo que es la iglesiaĀ» (ver Col 1:16, 18).

No hay necesidad de desesperarse. Podemos estar seguros de que el Rey Jesús estÔ sentado en Su trono y, de hecho, estÔ cumpliendo Su gran propósito de edificar Su Iglesia en todo el mundo (y especialmente en el mundo islÔmico) ­”ante nuestros ojos!

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Abdul Saleeb

El reverendo Abdul Saleeb es coautor de El lado oscuro del Islam con el Dr. R.C. Sproul. Pastorea una confraternidad de conversos musulmanes en los Estados Unidos y estĆ” Ć­ntimamente involucrado con iglesias en el Medio Oriente.

Municiones contra la ansiedad

Septiembre 21/2021

Solid Joys en EspaƱol

La Ćŗnica felicidad duradera

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El bebĆ© perdido (2)

Martes 21 Septiembre

En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz.Salmo 18:6

El dƭa que clamƩ, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma.Salmo 138:3

El bebƩ perdido (2)

El evangelista caminó un momento y luego se arrodilló en la nieve para orar otra vez por esta situación. De repente oyó el gemido de un bebé. Guiado por el llanto, llegó a un pozo abandonado. Allí encontró a un pequeño ser temblando de frío y envuelto en una manta; emocionado lo tomó en sus brazos. ”Era el bebé robado, una niña! Había sido abandonada porque las parejas de la ciudad solo querían comprar niños. Corrió hacia el pueblo con el bebé en sus brazos.

Los aldeanos, sorprendidos y felices a la vez, acompaƱaron al hombre a la cabaƱa de los padres.

– ĀæQuiĆ©n es ese Dios al que oraste y respondió a tu oración?, preguntó el padre.

Ante unos treinta aldeanos atentos, Xi pudo predicarles el Evangelio y, en resumen, dar esta respuesta:

– El Dios a quien orĆ© vino a la tierra en forma de un niƱo hace aproximadamente 2000 aƱos. El gran Dios creador del cielo y de la tierra, el Dios infinito y todopoderoso, descendió hacia nosotros en la persona de su Hijo, el SeƱor JesĆŗs. Ɖl vino para liberarnos del poder del diablo, quien nos arrastraba con Ć©l hacia una eternidad trĆ”gica. Ā”Dios quiere hacernos felices con Ć©l para siempre! La muerte no es el fin de la existencia; tampoco existe la reencarnación.

Dios nos amó tanto que dio a su Hijo unigénito para que todo el que cree en él tenga la vida eterna.

Esa noche los padres de la niña entregaron su vida a Jesús.

2 Crónicas 36 – 2 Corintios 10 – Salmo 106:28-31 – Proverbios 23:24-25

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