42 – Que los Muertos Entierren a sus Muertos

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

42 – Que los Muertos Entierren a sus Muertos

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

5 mentiras populares sobre el discipulado familiar

Coalición por el Evangelio

5 mentiras populares sobre el discipulado familiar

MATT CHANDLER • ADAM GRIFFIN

El discipulado familiar es el muy importante, pero mayormente común, liderazgo espiritual de tu hogar. En pocas palabras, el discipulado familiar significa dirigir tu hogar haciendo todo lo que puedas, cada vez que puedas, para ayudar a tu familia a convertirse en amigos y seguidores de Jesús. Ciertamente, hay puntos altos y bajos en la vida que crean grandes oportunidades para que los padres señalen la fidelidad de Dios, pero la mayoría del liderazgo espiritual ocurre en las interacciones cotidianas con tu familia.

Mientras piensas en lo que el discipulado familiar es para tu familia, estos son cinco recordatorios importantes, cinco mentiras que somos tentados a abrazar, sobre lo que no es el discipulado familiar.

1. El discipulado familiar no es exploración espiritual de forma libre

Un niño bien portado no es lo mismo que un niño discipulado 

El discipulado familiar es adoctrinamiento, enseñando las doctrinas y cosmovisión de Dios tal como se establecen en su Palabra, sin ceder a las opiniones contrarias del mundo o disculparse por la potencial ofensa que esa verdad pudiera ocasionar.

En una cultura que ama la idea de dejar que los niños elijan por sí mismos lo que ellos piensan que es verdad, el “adoctrinamiento” se ha convertido en una mala palabra. ¡Qué decepción tan desastrosa! No decirle a tus hijos lo que es verdad es lo opuesto al amor. Estamos ayudando a la próxima generación a transitar por un camino de vida peligroso a través de tentaciones y desinformación maliciosa.

No dejes a tus hijos a la deriva en el desierto de este mundo, mientras cruzas los dedos con la esperanza de que encuentren el estrecho camino hacia el único oasis.

2. El discipulado familiar no es usar la Palabra de Dios para salirte con las tuyas

No es usar la amenaza del descontento de Dios para hacer que tus hijos guarden silencio, se queden quietos o dejen de molestarse el uno al otro. La manipulación del comportamiento es impulsada por el miedo, pero la obediencia a Dios es impulsada por la gratitud y el amor sincero. Un niño bien portado no es lo mismo que un niño discipulado.

Mientras que la Biblia tiene mucho que decir sobre el comportamiento piadoso, y la obediencia es un aspecto importante del discipulado, la modificación del comportamiento no es nuestra meta principal. Es demasiado fácil instruir a un fariseo: un niño que conoce y sigue las reglas de Dios, pero cuyo corazón está lejos de Él. Queremos que nuestros hijos sean obedientes a Dios, no porque se sientan intimidados por Él (o por nosotros), sino porque realmente aman la obediencia y confían en el amor y cuidado de Dios por ellos. El discipulado familiar persigue un cambio sincero de corazón en los niños; una verdadera transformación cristiana.

3. El discipulado familiar no es una forma de criar a niños populares

Criar a niños que sigan a Cristo significa que estás preparando una generación dispuesta a sentirse cómoda siendo diferente 

Criar a niños que sigan a Cristo significa que estás preparando una generación dispuesta a sentirse cómoda siendo diferente y aun despreciada por una cultura que piensa que sabe qué es mejor.

Aunque el objetivo no es criar niños que sean deliberadamente irritantes para el mundo, debe ser tu absoluta esperanza tener hijos que no se aparten de lo que es verdad solo porque irrita a alguien. Lo que crees como cristiano es ofensivo para las sensibilidades modernas. Que esto se te quede grabado: si Dios en su gracia salva a tu hijo, muchos en la cultura sentirán repulsión hacia tu hijo. Por lo menos, los niños discipulados serán considerados “raros”.

La fe de tu hijo o hija no impresionará al mundo. Tus hijos serán odiados por quién es tu Dios y cómo Él es (Mr 13:13Jn 15:19). Necesitamos levantar una generación preparada para ser claramente diferentes de sus compañeros, “anormales” por su rectitud moral. En muchos sentidos, eso es lo opuesto a nuestra inclinación natural sobre cómo criar a nuestros hijos. Criar hijos que están preparados para ser odiados significa criar niños que amen a Dios sin vergüenza, incluso ante el odio y la alienación.

4. El discipulado familiar no es una estrategia para convertirse en un padre admirado

Resiste la tentación de liderar para convertirte en una madre o un padre impresionante. En cambio, imprime en tus hijos la necesidad desesperada por un Padre celestial. Tu identidad está arraigada en el hecho de que eres un hijo de Dios, no en que eres el padre de tu hijo. Esto no se trata de encontrar tu afirmación en el afecto o admiración de los demás. Esto no se trata de construir tu legado personal o de hacer versiones junior de ti mismo.

El discipulado familiar transforma a los niños en la imagen de Cristo, no en la imagen de su madre o padre. No estás diseñando a un niño para que se ajuste a un molde de perfección para conseguir la admiración humana y el orgullo de los padres. Este entrenamiento en rectitud no es una competencia o una vía para despliegues egocéntricos de superioridad familiar.

5. El discipulado familiar no siempre es el camino más atractivo

El discipulado familiar persigue un cambio sincero de corazón en los niños; una verdadera transformación cristiana. 

El discipulado familiar no es el camino de menor resistencia. Para los niños, la autoridad, el entrenamiento y las reglas parecen adversarios de la libertad y del placer. “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia” (Heb 12:11).

El viñedo sin podar no es el que produce el mejor fruto. No discipulamos porque no trae ningún dolor. Tú discipulas porque crees que es mejor servir y obedecer al Dios que sabe lo que es mejor y quien es lo mejor.

Siempre estamos discipulando

De manera intencionada o no, todos los padres están discipulando a los pequeños a su alrededor. Los niños nos observan y escuchan mientras formamos sus impresiones del mundo, de la fe y de lo que significa ser un adulto.

Es mucho mejor tener un plan que confiar en nuestros instintos. Dado que cada padre y cada hijo es único, debemos tener un plan y una visión para el discipulado familiar adecuado para nuestra familia única.

Seamos intencionales con nuestra influencia.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Sol Acuña Flores.

Matt Chandler es el pastor encargado de enseñanza en la iglesia The Village en el área metropolitana de Dallas/Fort Worth. Es presidente de Acts 29 (Hechos 29), una organización mundial que planta iglesias. Está casado con Lauren y es padre de Audrey, Reid, y Norah.

Adam Griffin (DEdMin, Seminario Teológico Bautista del Sur) es el pastor principal de la iglesia Eastside Community Church en Texas, Estados Unidos. Previamente, él sirvió como diácono y pastor de formación espiritual en la iglesia Village Church. Adam vive en Dallas con su esposa Chelsea y sus tres hijos: Oscar, Gus y Theodore.

Siguiendo a Dios y obedeciendo Su Palabra

The Master’s Seminary

Siguiendo a Dios y obedeciendo Su Palabra

José Carlos Martínez

Constantemente se advierte al creyente acerca de tres grandes enemigos: el mundo, la carne y Satanás. El creyente los conoce bien, pero, el problema no está en que sean sus enemigos. El problema está en que muchas veces el creyente da un énfasis desmedido al ataque externo que puede recibir, en lugar de considerar atentamente el ataque que está en él.

El creyente corre un gran peligro con el pecado. Un ejemplo muy conocido que ilustra ese peligro tuvo lugar en la década de los setenta cuando se diagnosticó a un niño pequeño en Estados Unidos con una rara enfermedad. Esta enfermedad particular no permitía que su cuerpo desarrollara anticuerpos ni defensas, así que era altamente susceptible a ser víctima mortal de cualquier bacteria o virus. Para proteger al niño, sus padres crearon una especie de burbuja en la cual el niño tenía que vivir. Además, estudiaron la posibilidad de hacer una transfusión sanguínea con la sangre de su hermana para que, una vez su cuerpo la recibiera, comenzara a producir anticuerpos. El día llegó y la transfusión fue un éxito; sin embargo, el niño murió. El problema fue que los médicos prestaron tanta atención a los factores externos, cuidando que el ambiente estuviera limpio y estéril, que olvidaron examinar a detalle la sangre de la hermana para ver si estaba libre de microrganismos. Lo que provocó la muerte de este niño no fueron los factores externos, sino que vino de su interior: un virus. De igual manera sucede con el pecado en la vida del creyente. El riesgo es grande.

Es más fácil para el creyente prestar atención a los ataques que recibe de Satanás, a los ataques que recibe del mundo, y a los ataques que recibe de la gente que está alrededor suya, que al pecado. Sin embargo, el peligro real es el pecado que está dentro de él. Ese es el peligro real, y es el peligro al cual debe prestar atención.

1 Samuel 15 habla justamente de este peligro cuando nos relata acerca de un rey que fue elegido y establecido por Dios para dirigir a la nación hacia la santidad, pero que decidió de manera voluntaria apartarse de Él. Este rey era Saúl, y el creyente puede aprender de la vida del rey Saúl para evitar ser infiel a Dios. Contrario a lo que se esperaba, Saúl dejó de caminar con Dios (1 Sam 15:10–12). Las consecuencias fueron catastróficas:

Entonces vino la palabra del Señor a Samuel, diciendo: Me pesa haber hecho rey a Saúl, porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos. Y Samuel se conmovió, y clamó al Señor toda la noche. Y se levantó Samuel muy de mañana para ir al encuentro de Saúl; y se le dio aviso a Samuel, diciendo: Saúl se ha ido a Carmel, y he aquí que ha levantado un monumento para sí, y dando la vuelta, ha seguido adelante bajando a Gilgal.

El versículo diez afirma que a Dios le pesa haber puesto a Saúl como rey. Esta es una afirmación muy fuerte en el Antiguo Testamento; sin embargo, no implica que Dios se está arrepintiendo. Más adelante, en el versículo veinticuatro, es claro que Dios no cambia Sus propósitos, ni altera Sus planes. Esto no significa que Dios sea un ser insensible, sino todo lo contrario. Lo que el versículo once nos hace ver es que Dios tiene emociones, que tiene sentimientos. Dios interactúa con Su creación de esta manera, pero eso no significa que Dios haya cambiado Sus propósitos. La pregunta es, ¿por qué le pesó a Dios haber puesto por rey a Saúl? El versículo once lo dice claramente: “Porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos”. Esto es consistente con el tema central del capítulo quince: La obediencia o desobediencia a la Palabra de Dios. Este relato muestra lo terrible que es desobedecer a Dios y Su Palabra. La expresión “no ha cumplido” significa tener una indisposición, tener un rechazo a la Palabra de Dios. La idea es que la persona, de manera explícita, decide voluntaria y conscientemente rechazar lo que Dios ha dicho. Lo que le causó dolor a Dios fue la actitud en el corazón de Saúl: Una actitud contraria a Su voluntad.

El versículo doce dice además que Samuel fue a Carmel y levantó un monumento para sí. Un monumento era una columna de piedras—una práctica común en la antigüedad—cuyo propósito era señalar que el ejército había tenido victoria sobre los enemigos. Era una señal de victoria. Saúl se concentró más en su victoria militar que en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Se concentró más en traer renombre y reputación a él mismo, que traer gloria a Dios obedeciéndolo.

Finalmente, Saúl se fue a Gilgal, a la ciudad donde empezó todo y donde ahora todo estaba llegando a su fin. Él termina donde empezó. Gilgal es una ciudad muy importante ya que en esa ciudad Saúl fue elegido Rey (1 Sam 9), fue advertido de su pecado (1 Sam 13) y se le quitó el reino por su desobediencia (1 Sam 15). La indisposición para obedecer hizo que Saúl fuese infiel a Dios.

De la misma forma, el problema para el creyente no es que sepa la verdad o no la sepa. El problema es si obedece esa verdad o no. Lo que Dios va a evaluar al final en la vida del creyente no es cuántos versículos bíblicos se memorizó, ni cuántos sermones escuchó. Dios no va a pedir cuentas de eso. Lo que Dios preguntará al creyente es si obedeció o no lo hizo. El creyente debe tener la actitud correcta al escuchar la Palabra de Dios y debe tener la disposición a obedecer incondicionalmente.

https://blog.tms.edu/es/author/jos%C3%A9-carlos-mart%C3%ADnez

Cómo conocer la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo conocer la voluntad de Dios

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cuando las personas tratan de encontrar la voluntad de Dios, normalmente se preocupan por tomar las decisiones correctas según el plan general de Dios para sus vidas. Esto es cierto, ya sea que estemos tomando decisiones para nosotros mismos o ayudando a nuestros seres queridos a tomar decisiones cruciales en sus vidas. Estas decisiones pueden ser asuntos como cuál carrera universitaria elegir, con quién casarse, cuándo tener hijos y cuántos tener, cómo educar a nuestros hijos, a cuál iglesia asistir, dónde vivir y cuál tratamiento médico seguir.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios.

Estos asuntos son importantes y no debemos minimizar su valor. Sin embargo, tomarlos en serio no significa intentar descifrar la mente de Dios para entonces estar seguros de haber tomado la decisión correcta. La realidad es que no podemos comprender la mente de Dios ni tampoco podemos conocer la voluntad secreta o decretiva de Dios (voluntad de decreto), la cual es Su plan eterno establecido soberanamente para toda la creación. Por otro lado, sí podemos conocer la voluntad revelada o preceptiva de Dios (voluntad de precepto), la cual envuelve lo que Dios nos ha revelado soberanamente en la Escritura sobre Sí mismo, Sus caminos y Su ley para nosotros. La voluntad preceptiva de Dios nos dice lo que es agradable ante Él según Su carácter santo.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios. Cuando buscamos la Palabra de Dios para ayudarnos a tomar decisiones, aprendemos a pedirle al Señor por sabiduría y por la guía del Espíritu Santo, aprendemos a caminar por el Espíritu en humildad y santidad, a buscar sabiduría en consejeros y ancianos sabios y confiables, a escuchar y a honrar a nuestros padres y madres, a considerar nuestros dones, prioridades y recursos, a no atravesar una puerta simplemente porque está abierta y, a veces, a derribar una puerta cuando parece estar cerrada, a simplemente hacer algo, y en otros momentos, a esperar en el Señor hasta que nuestro camino se aclare. Porque, como dice Pablo: «No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom 12:2).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

El yo seré de Dios

Septiembre 03/2021

Solid Joys en Español

El yo seré de Dios

John Piper

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El casco

Viernes 3 Septiembre

Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.Romanos 5:8

El casco

“Irónico. En plena caravana en Nueva York, en la que varios motociclistas protestaban contra una ley que los obligaba a usar cascos, uno de los manifestantes murió al caer de su vehículo y golpearse la cabeza contra el pavimento”, informó un diario.

“La víctima conducía su potente máquina. Al frenar, el motociclista de 55 años perdió el control de su moto y fue expulsado por encima del manubrio. Como era de esperarse, la policía aseguró que el hombre hubiera podido sobrevivir al accidente si hubiera tenido en cuenta una sencilla consigna: llevar puesto un casco”.

Esta noticia revela la insensatez del ser humano ante ciertas normas y reglamentos que fueron promulgados para proteger nuestra vida. Y cuando pensamos en nuestra alma, surge la pregunta: ¿Cuál es la protección que tenemos ante la velocidad de este mundo, que cada día avanza por caminos escabrosos y curvas peligrosas, lo cual nos hace sentir la fragilidad de nuestra vida? Nuestra protección es entregar toda nuestra vida en las manos de Dios.

Desde hace casi 2000 años se está anunciando la Buena Nueva de Dios, el mensaje de salvación: “Cree en el señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).

El Señor Jesucristo es paciente, no quiere que ninguno se pierda. Hoy todavía le da la oportunidad para reconocer que ha vivido lejos de él, para pedirle perdón por sus pecados y así ser salvo eternamente.

Los que hemos depositado nuestra confianza en Jesucristo, somos exhortados a usar “el yelmo de la salvación” (Efesios 6:17). Es la conciencia y el gozo de la perfecta salvación en Cristo, que Satanás no puede quitar.

2 Crónicas 19 – 1 Corintios 11:1-22 – Salmo 103:6-12 – Proverbios 22:17-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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