Inclina a mĆ­ Tu oĆ­do, rescĆ”tame pronto; sĆ© para mĆ­ roca fuerte, fortaleza para salvarme (Sal. 31:2)

Si pudiera algún día conversar con David, el rey autor de muchos salmos, esto es algo de lo que quisiera decirle: «Gracias por ser real». No sé si en la eternidad serÔ posible; pero si lo fuera, creo que esas serían mis palabras. Al menos, algunas de ellas.
El Libro de los Salmos estƔ entre los favoritos de la mayorƭa de los cristianos, y creo que se debe al hecho de que nos podemos identificar mucho con esos versos. Los salmos fueron escritos por personas tristes, alegres, frustradas, a veces solitarias, temerosas, valientes, llenas de amor, llenas de rabia. Sƭ, asƭ es. Aquƭ no tengo espacio suficiente, pero si estudias los salmos con cuidado verƔs que todas estas emociones figuran entre sus pƔginas.
Por estos días el mundo vive momentos oscuros, bajos; días en el valle de la tribulación, la incertidumbre, el temor, la ansiedad. Y, ¿sabes?, los momentos oscuros de la vida pueden llevarnos a muchos lugares, nosotros tenemos que decidir a cuÔl iremos. He llegado a la conclusión de que el único lugar seguro es la Palabra de Dios y Su presencia. En cuanto me salgo de allí el momento dif ícil se vuelve todavía mÔs bajo y oscuro.
AsĆ­ que, leyendo el libro de Salmos, lleguĆ© al 31, un salmo donde su autor, David, suplica a Dios protección y ayuda. Si leemos el ver- sĆ­culo 2 encontramos una oración suplicante: Ā«Inclina a mĆ­ Tu oĆ­do, rescĆ”tame pronto; sĆ© para mĆ­ roca fuerte, fortaleza para salvarmeĀ» (NBLA). Estas son las palabras de alguien que sabĆ­a dónde acudir en momentos de angustia y debilidad. Dios escucha. Nuestras oraciones no se quedan en el techo. En dĆ­as como estos que hoy vivimos, la preocupación solo produce mĆ”s preocupación y ansiedad. Corramos a Dios y abrĆ”mosle nuestro corazón, no solo porque nos escucha, sino porque es nuestra roca, Ɖl permanece firme, nos sostiene.
AdemÔs, David dice: «Me gozaré y me alegraré en Tu misericor- dia, porque Tú has visto mi aflicción; has conocido las angustias de mi alma» (Sal. 31:7). ¿Te percataste? En medio de circunstancias difíciles, había un motivo de alegría: la misericordia de Dios. Esa nunca se agota, es nueva cada mañana, ”y de ahí que podamos ale- grarnos! Es una alegría que no depende de las circunstancias, sino de Dios, que domina las circunstancias y que no solo nos escucha, sino que ve nuestra angustia. ”No estamos solos en esta situación!
Nuestras vidas estÔn seguras en Dios: «Y no me has entregado en manos del enemigo; tú has puesto mis pies en lugar espacioso» (v. 8). David escribió este salmo en medio de la angustia de la perse- cución. En esta pandemia nos «persigue» un enemigo microscópico, dañino y poderoso. Pero nuestro Dios es el mismo; incluso si nos tocara atravesar una enfermedad temible, ”tenemos Su promesa de llevarnos mÔs allÔ de la muerte porque Cristo la venció! Por su obra en la cruz sabemos que pase lo que pase, el Señor nos pondrÔ en ese lugar espacioso, hermoso, perfecto que es Su presencia eterna.

Nada me faltarĆ”: 30 meditaciones sobre Salmos de esperanza

2020 por B&H EspaƱol

Una sola solución: huir

SƔbado 23 Julio
Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, estÔ fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
1 Corintios 6:18
Huye tambiƩn de las pasiones juveniles.
2 Timoteo 2:22
Una sola solución: huir
Dios nos exhorta a resistir al diablo (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:9). Es importante prepararse para esta lucha tomando ā€œtoda la armadura de Diosā€ (Efesios 6:13). Pero hay un Ć”mbito en el cual no debemos tratar de resistir, y donde la Ćŗnica salida es huir: el de la tentación sexual. Dios nos creó, sabe cuĆ”les son nuestros lĆ­mites, y nos ordena expresamente huir de todas las situaciones que nos expondrĆ­an a cometer el pecado de la fornicación, es decir, de una relación sexual fuera del matrimonio.

El ejemplo del rey David es instructivo (2ā€ˆSamuel 11). Se atrevió a mirar de lejos a la mujer de UrĆ­as, y sucesivamente se convirtió en adĆŗltero y luego en asesino. Es preciso velar tanto sobre nuestras miradas como sobre nuestros pensamientos, a fin de no dar ocasión a nuestra codicia de producir sus malos frutos. Esto es aĆŗn mĆ”s relevante ahora que el diablo utiliza cada vez mĆ”s medios para hacernos caer: revistas, pelĆ­culas, videos, sitios en internet…

Imitemos mĆ”s bien a JosĆ©, ese hombre cuya vida nos describe el Antiguo Testamento: cuando sin buscarlo se halló en una situación peligrosa, no dudó en huir diciendo: ā€œĀæCómo, pues, harĆ­a yo este grande mal, y pecarĆ­a contra Dios?ā€ (GĆ©nesis 39:7-23).

Estemos atentos; SatanĆ”s, el enemigo de nuestras almas, estĆ” empeƱado en destruir nuestra vida y nuestro testimonio a travĆ©s de esta clase de mal. No le demos ninguna ventaja. Velemos, pues, para andar cuidadosamente, ā€œno como necios sino como sabios… porque los dĆ­as son malosā€ (Efesios 5:15-16).

NĆŗmeros 32 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El viejo evangelio para el nuevo siglo

Sermón predicado el Domingo 5 de Diciembre, 1880
por Charles Haddon Spurgeon
En el TabernƔculo Metropolitano, Newington
«Venid a mí, todos los que estÔis fatigados y cargados, y yo os haré descansar.» Mateo 11:28

Sin duda, ustedes han escuchado ya muchos sermones que han tenido como base este texto. Yo mismo lo he utilizado no sé cuÔntas veces; sin embargo, no las veces suficientes como quisiera hacerlo si Dios me presta vida. Este versículo es una de aquellas grandes e inagotables fuentes de salvación de las que podemos extraer un contenido de manera permanente, sin que lleguen a extinguirse. Un proverbio nuestro dice: «las fuentes probadas son las mÔs dulces», y entre mÔs hurguemos en un texto como éste, se tornarÔ mÔs dulce y lleno de significado.

En esta ocasión, voy a utilizar este versĆ­culo de una manera especial para extraer un solo punto de su enseƱanza. PodrĆ­a hablar, si asĆ­ lo quisiera, del reposo que Jesucristo da al corazón, a la mente y a la conciencia de aquellos que creen en Ɖl. Ɖste es el reposo, Ć©ste es el refrigerio que encuentran aquellos que vienen a Ɖl, ya que podemos leer en el texto: Ā«yo los refrescaré» o Ā«yo los aliviaré». TendrĆ­a un tema muy dulce si hablara acerca del maravilloso alivio, del divino refrigerio, del bendito reposo que llega al corazón cuando hay fe en Jesucristo. Ā”Que todos ustedes experimenten esa bendición, queridos amigos! Ā”Que su reposo y su paz sean muy profundos! Ā”Que no sea un descanso fingido, sino un descanso que resista las pruebas y los escrutinios! Ā”Que su reposo sea duradero! Ā”Que su paz sea como un rĆ­o que nunca deja de correr! Ā”Que su paz sea siempre una paz segura, no una paz falsa, cuyo fin es la destrucción! Ā”Que sea una paz verdadera, sólida, justificable, que resista durante toda su vida y que al fin se diluya en el reposo de Dios, a Su diestra, por toda la eternidad! Ā”Bienaventurados los que descansan asĆ­ en Cristo! Esperamos contarnos entre ellos; y si es asĆ­, que podamos penetrar de manera mĆ”s profunda en su glorioso reposo.

TambiĆ©n podrĆ­a hablar, queridos amigos, acerca de las diversas maneras en las que el SeƱor da descanso a los creyentes; podrĆ­a dirigirme especialmente a algunos de ustedes que, siendo creyentes, no consiguen obtener el descanso prometido. Algunos de nosotros nos afanamos con las cosas de este mundo o somos atribulados por nuestros propios sentimientos; nos encontramos perplejos y sacudidos de acĆ” para allĆ” por dudas y temores. DeberĆ­amos estar descansando, ya que Ā«los que hemos creĆ­do, sĆ­ entramos en el reposoĀ». El reposo nos corresponde por derecho: Ā«Siendo justificados por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro SeƱor JesucristoĀ»; pero, por alguna razón u otra, algunos de los que son asĆ­ justificados no parecen alcanzar esta paz, ni gozar del reposo como deberĆ­an. Tal vez, mientras hablo, puedan encontrar la causa por la que no obtienen la paz y el reposo que deberĆ­an tener. Ciertamente, nuestro SeƱor Jesucristo, cuando pronunció las palabras de nuestro texto, no le habló a un grupo en particular. A todos los que estĆ”n fatigados y cargados, ya sean cristianos maduros o gente inconversa, Ɖl dice: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā» Ciertamente me gozarĆ© si, como resultado de mi sermón, algunos que estĆ”n tensos y quejumbrosos tal vez, con un espĆ­ritu decaĆ­do y un corazón oprimido, vienen nuevamente a Cristo, acercĆ”ndose a Ɖl una vez mĆ”s, entrando en contacto nuevamente con Ɖl, y asĆ­ encuentran descanso para sus almas. Entonces serĆ” doblemente dulce estar sentado a la mesa de la comunión, descansando en todo momento, reposando y festejando, no de pie, con los lomos ceƱidos y con el bĆ”culo en la mano, como lo hicieron quienes participaron de la Pascua en Egipto, sino mĆ”s bien reposando, como lo hicieron quienes participaron de la Ćŗltima cena, cuando el Maestro estaba reclinado en medio de sus apóstoles. Por tanto, que sus cabezas reposen espiritualmente sobre Su pecho y que sus corazones encuentren refugio en sus heridas, mientras le oyen decir: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados, y yo os harĆ© descansar.Ā»

Sin embargo, no es acerca de esa verdad en particular sobre la que les hablarĆ© hoy. Quiero tomar solamente este pensamiento: la gloria de Cristo, de manera que Ɖl nos pueda decir algo asĆ­; el esplendor de Cristo, para que sea posible que Ɖl diga: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados, y yo os harĆ© descansar.Ā» Estas palabras, salidas de la boca de cualquier otro ser humano, serĆ­an ridĆ­culas, llegando hasta la blasfemia. Pensemos en el poeta mĆ”s inspirado, en el mĆ”s grande filósofo, el rey mĆ”s poderoso, pero ĀæquiĆ©n, aun con el alma mĆ”s grande, se atreverĆ­a a decir a todos los que estĆ”n fatigados y cargados en toda la raza humana: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansarĀ»? ĀæDónde hay alas tan anchas que puedan cubrir a toda alma entristecida, excepto las alas de Cristo? ĀæDónde hay una bahĆ­a con la capacidad suficiente para albergar a todos los navĆ­os del mundo, para refugiar a cada barco sacudido por la tempestad que alguna vez haya surcado el mar? Ā”Dónde sino en el refugio del alma de Cristo, en quien habita toda la plenitud de la Deidad y, por lo tanto, en quien hay espacio y misericordia suficientes para todos los atribulados hijos de los hombres!

Ӄse serĆ”, entonces, el sentido de mi mensajeĀ” Ā”Que el EspĆ­ritu de Dios por su gracia me ayude a presentarlo!

I. Primeramente, fijemos nuestra atención en LAS PERSONALIDADES DE ESTE LLAMADO: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados, y yo os harĆ© descansar.Ā» Si escudriƱamos el texto cuidadosamente, notarĆ”n que hay una doble personalidad involucrada en el llamado. Es: Ā«Venid todos lo que… –venid todos los que…- a mĆ­; y yo darĆ© descanso a ustedes.Ā» Se trata de dos personas que se aproximan entre sĆ­, una otorgando y la otra recibiendo el descanso; pero no es, de ninguna manera, una ficción, un producto de la imaginación, un fantasma, un mito. Son ustedes, ustedes, USTEDES, que estĆ”n realmente fatigados y cargados, y que, por lo tanto, son seres reales, dolorosamente conscientes de su existencia; son ustedes quienes deben de ir a otro Ser, que es tan real como ustedes mismos, Uno que es un ser tan viviente como ustedes son seres vivientes. Es Ɖl quien les dice a ustedes: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā»

Queridos amigos, quiero que tengan una convicción muy clara de su propia personalidad; porque, a veces, da la impresión de que a la gente se le olvida que son individuos distintos de todo el mundo. Si se regalara una moneda de oro, y su sonido se escuchara a la distancia, la mayorĆ­a de los hombres estarĆ­an conscientes de su propia personalidad, y cada quien mirarĆ­a por sĆ­ mismo, y tratarĆ­a de obtener el premio; pero a menudo encuentro, en relación con las cosas eternas, que los hombres parecen perderse en la multitud y piensan en las bendiciones de la gracia como una suerte de lluvia general que puede caer en los campos de todos de manera igual, pero no necesariamente esperan la lluvia en su propia parcela, ni desean obtener una bendición especĆ­fica para sĆ­. Entonces, pues, ustedes, ustedes, USTEDES, que estĆ”n fatigados y cargados, despiĆ©rtense. ĀæDónde estĆ”n? El llamado del texto no es para su hermana, su madre, su esposo, su hermano o su amigo, sino para ustedes: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados, y yo os harĆ© descansar.Ā»

Bueno, ahora que se han despertado y sienten que son una personalidad distinta de todos los demĆ”s en el mundo, sigue el punto de mayor importancia de todos: ustedes tienen que ir a otra Personalidad. Ā«Venid a mĆ­Ā» -dice Cristo- Ā«y yo os harĆ© descansar.Ā» AquĆ­ les pido que admiren la maravillosa gracia y la misericordia de este arreglo. De acuerdo con las palabras de Cristo, ustedes obtendrĆ”n la paz del corazón, no al venir a una ceremonia o a una ordenanza, sino a Cristo mismo: Ā«Venid a mĆ­.Ā» Ni siquiera dice: Ā«Venid a mi enseƱanza, a mi ejemplo, a mi sacrificioĀ», sino Ā«Venid a mĆ­.Ā» Es a una Persona a quien deben ir, a esa misma Persona que, siendo Dios e igual que el Padre, se despojó de sus glorias y asumió cuerpo humano,

«primeramente para, en nuestra carne mortal, servir;
y después, en esa misma carne, morir.»

Y ustedes deben ir a esa Persona; debe haber una cierta acción de parte de ustedes, el movimiento de ustedes hacia Aquel que les llama: Ā«Venid a mĆ­Ā», un movimiento que se aleja de toda otra base de confianza o puerta de esperanza, hacia el que llama como la Persona que Dios ha designado y ungido para que sea el Ćŗnico Salvador, el gran depósito de gracia eterna, en quien el Padre ha querido que habite toda la plenitud. Ā”Oh hombre glorioso, oh glorioso Dios, que puede hablar asĆ­ con autoridad, y decir: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansarĀ»! Les suplico que hagan a un lado cualquier otro pensamiento, excepto el de Cristo viviendo, muriendo, resucitando y subiendo a la gloria, ya que Ɖl les seƱala, no la casa de oración, ni el trono de gloria, ni el baptisterio, ni la mesa de la comunión; ni siquiera las cosas mĆ”s santas y sagradas que Ɖl ha ordenado para otros propósitos; ni siquiera al Padre mismo, ni al EspĆ­ritu Santo, sino que dice: Ā«Venid a mĆ­.Ā» AquĆ­ debe empezar su vida espiritual, a Sus pies; y aquĆ­ debe ser perfeccionada su vida espiritual, en Su pecho, ya que Ɖl es a la vez el Autor y el Consumador de la fe. Adoremos a Cristo, en cuya boca estas palabras son tan adecuadas y llenas de significado; no puede ser menos que divino quien asĆ­ se expresa: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados, y yo os harĆ© descansar.Ā»

II. Ahora, en segundo lugar, quiero que se den cuenta de LA MAGNANIMIDAD DEL CORAZƓN DE CRISTO, manifiesta en el texto: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados, y yo os harĆ© descansar.Ā»

Dense cuenta, primero, de la magnanimidad de su corazón al destacar a aquellos verdaderamente necesitados para hacerlos objeto de su llamado amoroso. ĀæAlguna vez se han dado cuenta del cuadro que el SeƱor ha dibujado mediante estas palabras? Ā«Todos los que estĆ”n fatigados.Ā» Ɖsa es la descripción de una bestia que tiene un yugo sobre su cuello. Los hombres pretenden encontrar placer al servicio de SatĆ”n, y le permiten que unza su yugo sobre sus cuellos. Seguidamente tienen que trabajar y batallar y sudar en lo que ellos denominan placer, sin encontrar descanso ni contentamiento en ello; y entre mĆ”s trabajan al servicio de SatanĆ”s, mĆ”s se incrementa su trabajo, ya que Ć©l utiliza aguijada y lĆ”tigo, y siempre los estĆ” impulsando a esfuerzos renovados. Ahora, Cristo dice a esas personas que son como animales de carga: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā»

Pero ellos se encuentran en una peor condición de la descrita, pues no solamente trabajan, como el buey en el arado, sino que también llevan una carga muy pesada. Muy pocas veces sucede que los hombres convierten a un caballo o a un buey simultÔneamente en una bestia de tiro y de carga, pero así es como el diablo trata al hombre que se convierte en su siervo. SatanÔs lo engancha a su carroza y lo obliga a arrastrarla, y luego salta sobre sus espaldas y cabalga como un jinete. Así que el hombre trabaja y estÔ severamente cargado, ya que tiene que arrastrar el carro y llevar al jinete. Tal hombre se fatiga en pos de lo que él llama placer, y, al hacerlo, el pecado salta sobre su espalda, y luego le sigue otro pecado, y luego otro, hasta que pecados sobre pecados lo aplastan contra el suelo, pero aun así tiene que continuar arrastrando y jalando con toda su fuerza. Esta doble carga es suficiente para matarle; pero Jesús lo mira con piedad, viéndolo fatigado bajo la carga del pecado y trabajando para obtener placer en el pecado, y le dice: «Ven a mí, y yo te haré descansar.»

ĀæCristo quiere a las bestias de tiro del diablo, aun cuando ya se han desgastado al servicio de SatanĆ”s? ĀæQuiere persuadirlas de abandonar a su viejo amo para que vengan a Ɖl? ĀæA estos pecadores que sólo estĆ”n cansados del pecado porque ya no pueden encontrar fuerzas para seguir pecando, o que no se sienten cómodos, puesto que ya no disfrutan del placer que antes encontraban en la maldad, Cristo los llama a venir a Ɖl? SĆ­, y una muestra de la magnanimidad de Su corazón es Su deseo de dar descanso a aquellos grandemente fatigados y cansados.

Pero la magnanimidad de Su corazón se comprueba en el hecho de que invita a todos esos pecadores a venir a Ɖl; a todos esos pecadores, repito. Ā”CuĆ”nto significado contiene esa pequeƱa palabra: Ā«todosĀ»! Creo que, generalmente, cuando un hombre usa grandes palabras dice pequeƱas cosas; y cuando usa palabras pequeƱas, dice grandes cosas; y, ciertamente, las pequeƱas palabras de nuestro idioma son usualmente las que tienen mayor significado. ĀæCuĆ”l es el significado de esta pequeƱa palabra, Ā«todosĀ», o, mĆ”s bien, quĆ© es lo que excluye? Y JesĆŗs, sin limitar su significado, dice: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados.Ā» Ā”Oh magnificencia del amor y de la gracia de Cristo, que invita a todos a venir a Ɖl! Y mĆ”s aĆŗn, invita a todos a venir de inmediato. Ā«Vengan todos conmigoĀ» -dice Ɖl- Ā«todos los que estĆ”n fatigados y cargados; vengan en una multitud, vengan en grandes masas; vuelen a mĆ­ como una nube, como palomas a sus ventanas.Ā» Nunca serĆ”n demasiados los que vengan a Ɖl y le hagan sentir satisfecho; Ɖl dice: Ā«Entre mĆ”s, mĆ”s contento.Ā» El corazón de Cristo se regocija por todas las multitudes que vienen a Ɖl, porque ha hecho una gran fiesta, y ha invitado a muchos, y sigue enviando a Sus siervos a decir: Ā«AĆŗn hay espacio; por tanto, venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados.Ā»

Recordemos, tambiĆ©n, que la promesa de Cristo estĆ” dirigida personalmente a cada uno de estos pecadores. Cada uno de ellos vendrĆ” a Ɖl y Ɖl darĆ” el descanso a cada uno. A cada uno que estĆ” fatigado y cargado, JesĆŗs le dice: Ā«Si tĆŗ vienes a mĆ­, Yo, Yo mismo te darĆ© descanso; no te enviarĆ© al cuidado de mi siervo, el ministro, para que te cuide, sino que yo mismo harĆ© todo el trabajo y te harĆ© descansar.Ā» Cristo no dice: Ā«Te llevarĆ© a mi palabra, y allĆ­ encontrarĆ”s alivio.Ā» No; mĆ”s bien dice: Ā«Yo, una Persona, te darĆ© descanso a ti, una persona, por medio de un claro acto mĆ­o, si tĆŗ deseas venir a MĆ­.Ā»

Ese trato directo de Cristo con las personas es ciertamente bendito. Tennyson es autor de un poema que es, para mĆ­, el mĆ”s dulce de todos los que escribió. Tiene que ver con una niƱa que fue hospitalizada y que sabĆ­a que debĆ­a ser operada, con gran riesgo de su vida. AsĆ­ que ella le preguntó a su compaƱera de la cama contigua quĆ© debĆ­a hacer. Su compaƱera le dijo que le contara todo a JesĆŗs y le pidiera que la cuidara. Entonces la niƱa preguntó: Ā«Pero, Āæcómo me podrĆ” conocer JesĆŗs?Ā» Las dos niƱas estaban confundidas porque habĆ­a muchĆ­simas hileras de camas en el hospital infantil, y ademĆ”s pensaban que JesĆŗs estaba tan ocupado, que no sabrĆ­a cuĆ”l niƱa le habĆ­a pedido que la cuidara. Entonces acordaron que la niƱa pusiera sus manos fuera de la cama, para que cuando JesĆŗs las viera, supiera que ella era la niƱa que lo necesitaba. La escena, tal como el poeta la describe, es conmovedora. Al relatarla le quito algo de su encanto, pues, por la maƱana, cuando los doctores y las enfermeras se paseaban por el pabellón, se dieron cuenta de que JesĆŗs habĆ­a estado allĆ­ y que la niƱa habĆ­a ido a Ɖl sin necesidad de la operación. Ɖl la habĆ­a cuidado de la mejor manera posible; y allĆ­ estaban sus manitas, extendidas fuera de la cama.

Bien, nosotros ni siquiera tenemos que hacer eso, puesto que el SeƱor JesĆŗs nos conoce a cada uno, y Ɖl vendrĆ” personalmente a cada uno de nosotros, y nos harĆ” descansar. Aunque es muy cierto que tiene mucho que hacer, aĆŗn puede decir: Ā«Mi Padre hasta ahora trabaja; tambiĆ©n yo trabajoĀ», ya que el universo entero se mantiene en funcionamiento por su fuerza omnipotente, y Ɖl no olvidarĆ” a ninguno que venga a Ɖl. De igual manera que una persona con abundantes alimentos puede decir a una gran multitud de hambrientos: Ā«Vengan conmigo, y yo les darĆ© alimento a todosĀ», de la misma manera Cristo sabe que en SĆ­ mismo tiene el poder para dar descanso a cada alma fatigada que venga a Ɖl. Tiene absoluta certeza de ello, por lo que no dice: Ā«Ven a mĆ­, y harĆ© todo lo que estĆ© de mi parte contigoĀ» o Ā«si me esfuerzo, tal vez pueda hacerte descansarĀ». Ā”Oh, no; sino que Ɖl dice: Ā«Ven a mĆ­, y yo te harĆ© descansarĀ»! Es algo que se da por sentado en Ɖl, ya que, dĆ©jenme decirles, ha ejercitado Su mano en millones de personas, y no ha fallado ni una sola vez, por lo que habla con un aire de sólida confianza. Estoy seguro, tal como mi SeƱor lo estaba, que si hay alguien aquĆ­ entre ustedes que quiera venir a Ɖl, Ɖl puede dar y darĆ” descanso a su alma. Ɖl habla con la conciencia de poseer todo el poder requerido, y con la absoluta certeza de que puede realizar el acto requerido.

Porque, fĆ­jense, JesĆŗs promete sabiendo todo de antemano acerca de los casos que describe. Ć‰l sabe que los hombres estĆ”n fatigados y cargados. No hay dolor en el corazón de alguien aquĆ­ presente, que JesĆŗs no conozca, porque Ɖl lo sabe todo. Los pensamientos de ustedes pueden estar retorcidos de muchas maneras, y todos sus mĆ©todos de juicio pueden parecer un laberinto, un rompecabezas que, segĆŗn creen ustedes, nadie puede descifrar. Pueden estar sentados aquĆ­ diciĆ©ndose: Ā«Nadie me entiende, ni siquiera yo mismo. Me encuentro atrapado en las redes del pecado, y no veo ninguna forma de escapar. Estoy perplejo mĆ”s allĆ” de toda posibilidad de liberación.Ā» Te digo, amigo mĆ­o, que Cristo no habla sin sentido cuando dice: Ā«Ven a mĆ­, y yo te harĆ© descansar.Ā» Ɖl puede seguir el hilo a travĆ©s de la madeja enmaraƱada y puede extraerlo en lĆ­nea recta. Ɖl puede seguir todas las torceduras del laberinto hasta llegar a su propio centro. El puede quitar la causa de tu problema, aunque tĆŗ mismo no sepas de quĆ© se trata; y lo que para ti se encuentra envuelto en misterio, un dolor impalpable que no puedes manejar, mi SeƱor y Salvador sĆ­ puede eliminarlo. Ɖl habla acerca de lo que puede hacer cuando da esta promesa, ya que Su sabidurĆ­a es tal, que puede percibir las necesidades de cada alma individual, y su poder es lo suficientemente grande para aliviar todas las necesidades; asĆ­ que Ɖl dice a cada espĆ­ritu fatigado y cargado el dĆ­a de hoy: Ā«Ven a mĆ­, y yo te harĆ© descansar.Ā»

Recordemos tambiĆ©n que, cuando Cristo dio esta promesa, Ć‰l sabĆ­a el nĆŗmero de los que habĆ­an de ser incluidos en la palabra Ā«todosĀ». A pesar de que para nosotros ese Ā«todosĀ» incluye una multitud que ningĆŗn hombre puede contar, Ā«el SeƱor conoce a los que son suyosĀ» y cuando dijo: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cargados, y yo os harĆ© descansarĀ», no hablaba desconociendo que hay miles y millones y cientos de millones que estĆ”n fatigados y cargados, y Ɖl se dirigĆ­a concretamente a ese vasto conglomerado cuando dijo: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā»

Queridos amigos, ¿he logrado hacerlos pensar acerca de la grandeza del poder y la gracia del Señor? ¿Los he motivado para que lo adoren? Espero que así sea. Mi propia alma desea postrarse a Sus pies, absorta en la dulce consideración de la grandeza de esa gracia que de tal manera se expresa y que habla con la verdad cuando dice a toda la raza humana en la ruina: «Venid a mí, todos los que estÔis fatigados y cargados, y yo» -con una certeza absoluta- «os haré descansar.»

No debemos olvidar tampoco que lo que Cristo ha prometido tiene vigencia para todos los tiempos. AquĆ­ tenemos a un hombre hablando que fue Ā«despreciado y desechado por los hombresĀ». VeĆ”moslo claramente ante nuestros ojos, el hijo del carpintero, el hijo de MarĆ­a, Ā«varón de dolores y experimentado en el sufrimientoĀ». Sin embargo, Ɖl dijo a los que se congregaban a su alrededor: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansarĀ»; pero Ɖl miraba a travĆ©s de todos los siglos que habrĆ­an de venir, y nos habló a nosotros congregados aquĆ­ ahora, y luego miró a todas las multitudes de esta gran ciudad, y de este paĆ­s, y de todas las naciones de la tierra, y dijo: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā» En efecto, Ɖl dijo: Ā«Hasta que yo venga de nuevo a la tierra, sentado sobre el trono del juicio, prometo que toda alma cargada que venga a MĆ­ encontrarĆ” descanso.Ā» Por su multitud, los sufrimientos de los hombres son semejantes a las estrellas del cielo, y los hombres mismos son innumerables. Cuenten, si pueden, las gotas del rocĆ­o de la maƱana, o las arenas del mar y seguidamente traten de contar a los hijos de AdĆ”n desde el principio del tiempo; pero, nuestro SeƱor Jesucristo, hablando a la vasta multitud de hijos de los hombres que estĆ”n fatigados y cargados, les dice: Ā«Venid a mĆ­; venid a mĆ­; porque el que a mĆ­ viene jamĆ”s lo echarĆ© fuera; y al que viene a mĆ­, yo le darĆ© descanso para su alma.Ā»

Muestra, tambiĆ©n, la grandeza del poder y la gracia de Cristo cuando recordamos a los muchos que han comprobado que esta promesa es verdadera. Ustedes saben que a travĆ©s de todos estos siglos hasta ahora, ninguna alma fatigada y cargada ha venido a Cristo en vano. Aun en los Ćŗltimos confines de la tierra, no se ha encontrado un criminal tan vil, o un alma totalmente encerrada en el calabozo de la Gigante Desesperación, que al venir a Cristo no haya recibido el descanso prometido y, por lo tanto, Cristo ha sido engrandecido.

III. Ahora consideremos juntos, por unos minutos, la SIMPLICIDAD DE ESTE EVANGELIO.

Jesucristo dice a todos los que estĆ”n fatigados y cansados: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā» Esta invitación implica un movimiento, un movimiento de algo a algo. Ustedes son invitados a alejarse de todo aquello en lo que han venido poniendo su confianza, y a caminar hacia Cristo y confiar en Ɖl; y en cuanto lo hagan, Ɖl les darĆ” el descanso. Ā”CuĆ”n diferente es esta simplicidad, de los sistemas complejos que los hombres han establecido! Pues, de conformidad con las enseƱanzas de ciertos hombres, para ser cristianos y para seguir todas las regulaciones del culto, necesitan tener una pequeƱa biblioteca de consulta para saber a quĆ© hora hay que encender las veladoras, y cómo mezclar el incienso, o la manera adecuada de usar el velo, y adónde deben voltear al decir cierta oración, y a quĆ© otro lugar deben de voltear al decir otra, y si su entonación o su canto o su murmullo serĆ” aceptable a Dios.Ā”Oh queridos, queridos, queridos! Toda esta compleja maquinaria inventada por el hombre (el asĆ­ llamado Ā«bautismoĀ» en la infancia, la confirmación en la juventud, Ā«tomar el sacramentoĀ», como algunos lo llaman) es un maravilloso abracadabra, lleno de misterio y falsedad y engaƱo; pero, de acuerdo con la enseƱanza de Cristo, el camino a la salvación es solamente Ć©ste: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā» Y si tĆŗ, querido amigo, vienes a Cristo y confĆ­as en Ɖl, encontrarĆ”s ese descanso y esa paz que Ɖl se complace en otorgar; encontrarĆ”s el corazón de la nuez, alcanzarĆ”s la esencia y la raĆ­z de todo el asunto. Si tu corazón abandona cualquier otra confianza y sólo estĆ” dependiendo en Jesucristo, encontrarĆ”s la vida eterna, y esa vida eterna nunca serĆ” arrebatada de ti. Por tanto, no esperes para gozarte en ello.

Y prosiguiendo, esta invitación estĆ” en el tiempo presente: Ā«Ven ahora.Ā» No esperes a llegar a casa, sino deja que tu alma se mueva hacia Cristo. Nunca vas a estar en mejor condición para ir a Ɖl de lo que estĆ”s ahora; ni estarĆ”s en nada peor al venir a Ɖl, a menos que, al posponer el llamado, estĆ©s mĆ”s endurecido y menos inclinado a venir. En este mismo momento necesitas a Cristo; por lo tanto, ve a Ɖl. Si estĆ”s hambriento, Ć©sa es ciertamente la mejor razón para comer. Si estĆ”s sediento, Ć©sa es la mejor razón para beber. O puede ser que estĆ©s tan enfermo que no tengas hambre. Entonces ve a Cristo, y come de las provisiones del Evangelio hasta que se abra tu apetito de esas provisiones. Al pecador que afirma: Ā«no tengo sed de CristoĀ», me gusta decirle: Ā«ve y bebe hasta que se abra tu sedĀ», porque de la misma manera que una bomba de agua no funciona si no le echas lĆ­quido primero, asĆ­ sucede con ciertos hombres. Cuando reciben algo de la verdad en sus almas, aunque pareciera al principio una recepción muy imperfecta del Evangelio, eso les ayudarĆ” posteriormente a ansiar mĆ”s profundamente a Cristo y a sentir un gozo mĆ”s intenso de las bendiciones de la salvación.

De todas maneras, Cristo dice: Ā«Ven ahoraĀ», y Ɖl dice de manera implĆ­cita: Ā«Ven, tal como eresĀ». Tal como son, vengan a mĆ­, todos los que estĆ”n fatigados y cansados, y yo les harĆ© descansar. Si ustedes trabajan, entonces, antes de lavar sus manos mugrosas, vengan a mĆ­, y yo les harĆ© descansar. Si ustedes estĆ”n dĆ©biles y cansados, y al borde de la muerte, mueran en mi pecho; porque para eso han venido a mĆ­. No venimos a Cristo cuando ejercitamos nuestro propio poder de venir, sino cuando nos olvidamos de nuestro deseo de permanecer alejados de Ɖl. Cuando el corazón se rinde, suelta todo aquello que estĆ” sosteniendo, y se arroja a las manos de Cristo; es en ese momento que se realiza el acto de fe, y es a ese acto que Cristo los invita cuando dice: Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansar.Ā»

Ā«BienĀ» -dice alguno- Ā«yo nunca he entendido el Evangelio; siempre me ha intrigado y me ha dejado perplejo.Ā» En ese caso, voy a tratar de presentĆ”rtelo de manera muy sencilla: Jesucristo, el Hijo de Dios, vivió y murió por los pecadores, y tĆŗ estĆ”s invitado a venir y confiar en Ɖl. ConfĆ­a en Ɖl; depende de Ɖl; echa todo el peso sobre Ɖl; ve a Ɖl y Ɖl te darĆ” descanso. Ā”Oh, que por su infinita misericordia Ɖl revele esta sencilla verdad a tu corazón, y que tĆŗ estĆ©s presto a aceptarla ahora mismo! Yo quiero glorificar a mi bendito SeƱor, que trajo al mundo un plan de salvación tan sencillo como Ć©ste. Hay algunos hombres que parecen rompecabezas, ya que les gusta perderse en dificultades y misterios, y desplegar ante sus oyentes los frutos de su gran cultura y su maravilloso saber. Si su Evangelio es verdadero, es un mensaje exclusivamente para la Ć©lite; y muchos tendrĆ­an que ir al infierno si Ć©sos fueran los Ćŗnicos predicadores. Pero nuestro SeƱor Jesucristo se gloriaba en predicar el Evangelio a los pobres, y es para honra Suya que puede decirse, hasta este dĆ­a, Ā«no sois muchos sabios segĆŗn la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo dĆ©bil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presenciaĀ». Es una bendición que haya un Evangelio que se adecua al hombre que no sabe leer, y que tambiĆ©n se adapta al hombre que no puede hilvanar dos pensamientos consecutivos, y que se rebaja al hombre cuyo cerebro ha fallado casi completamente a la hora de la muerte; un Evangelio que se adecua al ladrón muriendo en la cruz; un Evangelio tan sencillo que, si sólo hubiera gracia para recibirlo, no requiere de grandes poderes mentales para ser entendido. Bendito sea mi SeƱor por darnos un Evangelio tan sencillo y simple como Ć©ste.

Quiero que presten atención a un punto mĆ”s, y luego concluyo mi mensaje. Y es Ć©ste: LA GENEROSIDAD DEL PROPƓSITO DE CRISTO.

Vengan, amados que aman al SeƱor, escuchen mientras les repito estas dulces palabras Suyas: Ā«Venid a mĆ­, todos los que estĆ”is fatigados y cansados, y yo os harĆ© descansar.Ā» Ā«Yo os haré…» Ć‰l no dice: Ā«Vengan a mĆ­ y trĆ”iganme algoĀ», sino Ā«Venid a mĆ­, y yo os harĆ© descansarĀ». Tampoco expresa: Ā«Venid y haced algo para MĆ­Ā», sino Ā«Yo harĆ© algo por ustedesĀ». Posiblemente Ć©ste haya sido su problema, queridos hermanos, que han deseado traer hoy un sacrificio aceptable; y en la escuela dominical, o en alguna otra forma de servicio, han estado tratando de honrarle. Me da gusto, y espero que sigan intentĆ”ndolo, pero cuĆ­dense de no caer en el error de Marta, y Ā«afanarse con mucho servicioĀ». Por un instante olvĆ­dense de la idea de venir a Cristo para traerle algo; vengan ahora, ustedes que estĆ”n fatigados y cargados, y reciban una bendición de Ɖl, pues ha dicho Ā«yo os harĆ© descansarĀ». Cristo puede ser honrado cuando ustedes le dan, pero debe ser honrado por lo que Ɖl les da. No hay duda de la bondad de lo que recibirĆ”n si vienen a Ɖl; entonces, ahora mismo, no piensen en traerle nada a Ɖl, sino vengan a Ɖl para que puedan recibir de Ɖl.

Ā«Quiero amar a CristoĀ», dice uno. Bien, olvĆ­date de eso ahora; mĆ”s bien trata de sentir cuĆ”nto te ama Ɖl. «”Oh, pero yo quiero consagrarme a Ɖl!Ā» Muy bien, mi querido amigo; pero, mejor ahora piensa cómo se consagró por ti. «”Oh, pero yo deseo no pecar mĆ”s!Ā» Muy bien, querido amigo; pero, mejor ahora piensa cómo cargó con tus pecados en su propio cuerpo en el madero. «”Oh -dice uno-, quisiera tener un frasco de alabastro con un ungüento muy precioso, para ungirle Su cabeza y Sus pies, y que toda la casa se llene de un dulce perfume!Ā» SĆ­, todo eso estĆ” muy bien, pero escucha: Su nombre es un ungüento derramado; si no tienes nada de ungüento, Ɖl tiene; si no tienes nada que traerle a Ɖl, Ɖl tiene abundancia que darte.

Cuando mi querido SeƱor llama a alguien para que venga a Ɖl, no es para Su propio beneficio que lo llama. Cuando les otorga favores, cuando viene con grandes promesas de descanso, no es un soborno para comprar sus servicios. Es demasiado rico para tener necesidad de los mejores y los mĆ”s fuertes de nosotros; solamente nos pide, en nuestra gran caridad, que seamos tan amables de recibir todo de Ɖl. Esto es lo mĆ”s grande que podemos hacer por Dios, estar totalmente vacĆ­os para que su todo pueda verterse en nosotros. Eso es lo que quiero hacer cuando me siente a la mesa de la comunión. Quiero estar sentado allĆ­, sin pensar en nada que pueda ofrecer a mi SeƱor, sino abrir mi alma, y tomar todo lo que Ɖl quiera darme. Hay momentos en que los tenderos estĆ”n vendiendo su mercancĆ­a, pero tambiĆ©n hay momentos en que reciben mercancĆ­a, como ustedes saben. Por tanto, ahora, abran la puerta de la gran bodega y dejen entrar todos los bienes. Dejen que Cristo entero entre en su alma.

Ā«No sientoĀ» -dice uno- Ā«como si yo pudiera gozar la presencia de mi SeƱor.Ā» ĀæPor quĆ© no? Ā«Porque he estado dedicado intensamente todo el dĆ­a a su servicio; y ahora estoy tan fatigado y cargado.Ā» TĆŗ eres alguien a quien especialmente llama el SeƱor a venir a Ɖl. No trates de hacer nada, excepto simplemente abrir tu boca, y Ɖl la llenarĆ”. Ven ahora y simplemente recibe de Ɖl, y dale gloria recibiendo. Ā”Oh sol, tĆŗ alumbras; pero no hasta que Dios te hace brillar! Ā”Oh luna, tĆŗ alegras la noche; pero no con tu propio brillo, sino sólo con luz prestada! Ā”Oh campos, ustedes producen cosechas; pero el gran Agricultor crea el grano! Ā”Oh tierra, tĆŗ estĆ”s llena; pero solamente llena de la bondad del SeƱor! Todo recibe de Dios, y le alaba cuando recibe. PermĆ­tanme que mi cansado corazón se incline quieto bajo la lluvia de amor; permĆ­tanme que mi alma cargada descanse en Cristo, y lo pueda alegrar al estar alegre en Ɖl.

”Dios los bendiga a todos, y que Cristo sea glorificado en su salvación y en su santificación, por causa de Su nombre! Amén.