Has dejado tu primer amor | Charles Spurgeon

11 de febrero
«Has dejado tu primer amor».
Apocalipsis 2:4

Debemos recordar siempre aquella hora (la mejor y más brillante de todas) cuando, por primera vez, vimos al Señor, soltamos nuestra carga, recibimos el rollo de la promesa, nos gozamos en la completa salvación y proseguimos nuestro camino en paz. Aquella fue la hora de la primavera para nuestra alma: el invierno había pasado. Los ruidos de los truenos del Sinaí habían cesado, y el centelleo de sus relámpagos no se veía más. Dios estaba reconciliado con nosotros; la ley no amenazaba más con venganza; la justicia no exigía castigo… Entonces aparecieron las flores en nuestro corazón: la esperanza, el amor, la paz y la paciencia brotaron del césped.

El jacinto del arrepentimiento, la campanilla de la santidad, el azafrán de la dorada fe, el narciso del primer amor, todos ellos, adornaron el jardín de nuestra alma. El tiempo del canto de los pájaros había llegado, y nosotros nos regocijamos con acción de gracias; magnificamos el nombre santo de nuestro clemente Dios, y nuestra resolución fue: «Señor, soy tuyo, enteramente tuyo; todo lo que soy y todo lo que tengo quisiera consagrarlo a ti. Tú me has comprado con tu sangre; permíteme, pues, que me consuma y sea consumido en tu servicio.

Me consagro a ti tanto en la vida como en la muerte. ¿Hemos cumplido esta resolución? Nuestro amor ardía entonces con una santa llama de consagración a Jesús. ¿Arde así ahora? ¿No podría Jesús decirnos con razón: «Tengo contra ti que has dejado tu primer amor»? ¡Ay!, cuán poco hemos hecho para la gloria de nuestro Maestro. Nuestro invierno ha durado demasiado. Estamos tan fríos como el hielo, cuando debiéramos sentir el calor del verano y producir flores sagradas. Damos a Dios solo centavos, cuando él merece las monedas de oro; más aún: merece que la sangre de nuestro corazón sea acuñada en el servicio de su Iglesia y de su verdad.

¿Continuaremos así? ¡Oh Señor, después que nos has bendecido tan ricamente, ¿vamos a ser ingratos y hacernos indiferentes a tu buena causa? ¡Avívanos para que podamos volver a nuestro primer amor y hacer las primeras obras! ¡Envíanos una benéfica primavera, oh Sol de Justicia!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 50). Editorial Peregrino.

Teoría y práctica

Sábado 11 Febrero
Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
Marcos 11:22
Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte… y nada os será imposible.
Mateo 17:20
George Müller (2)
Teoría y práctica

El capitán de un barco cristiano en el cual viajaba George Müller cuenta lo siguiente: «Nuestro barco estaba frenado desde hacía varios días, en medio de una niebla impenetrable, sin nada de viento. El señor Müller vino a mi cabina y me dijo:

–Capitán, el sábado por la noche tengo que estar en Quebec (Canadá).

–Es imposible, respondí.

–¡Muy bien! Si su barco no puede llevarme, el Dios a quien conozco desde hace 57 años se encargará de encontrarme otro medio de transporte. Él nunca ha permitido que falte o llegue tarde a mis compromisos.

–¿Sabe cuál es la densidad de la niebla?

–No, mis ojos no ven la niebla; ellos ven al Dios vivo que dirige toda mi vida.

George Müller se puso de rodillas y oró:

–Señor, si esa es tu voluntad, haz desaparecer esta niebla en cinco minutos. Sabes que prometí estar el sábado en Quebec. Creo que es tu voluntad.

Cuando él terminó de orar, yo también quise orar, pero él puso su mano en mi espalda y me dijo que no lo hiciera, y precisó:

–Primero, usted no cree que Dios lo hará, y segundo, sé que Dios ya respondió. Entonces no es necesario que ore por lo mismo… Capitán, desde que conozco a mi Señor, no ha pasado un solo día sin que haya tenido una audiencia ante el Rey. Levántese, capitán, suba a la cubierta y compruebe que la niebla ya desapareció.

Fui… el viento se había levantado y ya no había niebla. ¡El sábado en la noche George Müller estaba en Quebec!».

2 Samuel 4 – Mateo 26:14-46 – Salmo 22:1-5 – Proverbios 8:28-31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El Verdadero Llamado de la Iglesia | John MacArthur

El Verdadero Llamado de la Iglesia
John MacArthur

La voluntad de Dios no es que nos politicemos tanto que convirtamos nuestro campo misionero en nuestro enemigo. Los cristianos tienen razón en repudiar el pecado, y declarar sin ninguna ambigüedad que es una ofensa para nuestro Dios santo. Eso incluye pecados como el aborto, la homosexualidad, la promiscuidad sexual y cualquier otro pecado que nuestra cultura corrupta afirme que debemos aceptar.

Pero una cultura vendida a pecados como esos no va a sanearse—y mucho menos a ganarse—con protestas furiosas y políticas partidistas. Es inútil creer que un remedio legislativo sea la solución a la bancarrota moral de nuestra cultura. No hay ley que pueda hacer justos a pecadores caídos (Ga 2:21).

Timoteo ministró en una cultura que era por lo menos tan mala como la nuestra. Nada en las instrucciones de Pablo a su joven discípulo sugirió que Timoteo debía trata de redimir la cultura. En realidad, le dijo a Timoteo que las cosas empeorarían (2 Ti. 3:13). Lo que la gente de este mundo depravado necesita es el evangelio. Es necesario decirles que sus pecados pueden ser perdonados y que pueden librarse de las cadenas del pecado y del sistema del mundo.

Los creyentes no tenemos ningún derecho de tratar a los pecadores perdidos con desprecio u odio. Nuestra actitud hacia nuestros prójimos debería ser un reflejo del amor de Cristo por ellos, no una expresión de nuestro desacuerdo con sus políticas o incluso con su moralidad. No tenemos derecho a negarles las buenas nuevas de la salvación, tal como Jonás trató de hacer con los ninivitas. Debemos asegurarnos de que los pecadores pedidos que nos rodean sepan que los amamos tanto como para ofrecerles perdón de Dios. Existe un odio santo hacia el pecado, pero Cristo incluso mostró su simpatía llorando por los perdidos, y nosotros también debemos hacerlo.

El mundo es como es hoy día porque así es el mundo, y la iglesia debe confrontarlo con la verdad completa. Es hipocresía que los cristianos critiquen al mundo secular por la forma en que los incrédulos se comportan, cuando tantas iglesias lo validan ya sea creyendo en su capacidad de redimirlo mediante el poder humano u organizando un circo mundano de entretenimiento y distracciones baratas de los problemas reales.

Es hora de que la iglesia se centre en el ministerio de la reconciliación, a fin de que el pueblo de Dios predique valiente y fielmente el evangelio del Señor y la iglesia sea sal y luz en este mundo siniestro y desesperado (Mt. 5:13-16). Ese fue el Mensaje del Señor a las iglesias en Apocalipsis. Les ordenó que se deshicieran de la mundanalidad y la corrupción, que renovaran su amor por Él, y que guardaran la pureza de su evangelio y de su iglesia. Casi cada amonestación, reprensión, advertencia y llamado al arrepentimiento que nuestro Señor hace en estas cartas se aplica a la iglesia del siglo XXI, incluso a muchas de las iglesias más conocidas e influyentes hoy día. Es hora de que pongamos atención a las cartas a esas iglesias en Apocalipsis y al llamado de Cristo a reformar la iglesia.

(Adaptado de El Llamado de Cristo a Reformar la Iglesia)