¿Qué hay en su corazón?

4 de octubre

¿Qué hay en su corazón?

Dios lo dejó [al rey Ezequías], para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

2 Crónicas 32:31

Dios no necesitaba probar a Ezequías para saber lo que había en su corazón. Dios ya lo sabía por su omnisciencia. Pero Él nos prueba para que podamos averiguarlo. Nos ayuda a hacer un recuento espiritual acerca de nosotros mismos al traer pruebas a nuestra vida a fin de demostrar la fortaleza o la debilidad de nuestra fe. Si en la actualidad está pasando por una prueba y se enoja con Dios preguntándose por qué le sucede eso, esa es una buena señal de que tiene una fe débil. Si, por otra parte, está descansando y regocijándose en el Señor, habiendo puesto la prueba en sus manos, entonces tiene una fe fuerte.

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«Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo».

4 de octubre

«Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo».

1 Juan 2:1

«Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos». Sí, aunque pequemos, aún lo tenemos a él. Juan no dice: «Si alguno hubiere pecado ha perdido el derecho de tener abogado»; sino «abogado tenemos», aunque seamos pecadores. Todos los pecados que haya cometido nunca el creyente o que pueda llegar a cometer, no son capaces de destruir el vínculo que lo une al Señor Jesucristo su Abogado. El nombre que se le da aquí a nuestro Señor es sugestivo: «Jesús». ¡Ah, entonces se trata de un abogado de la categoría que nosotros necesitamos!, pues Jesús es el nombre de Uno cuyo cometido y deleite está en salvar. El ángel dijo: «Llamarás su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Su dulce nombre denota el éxito que él había de conseguir. Luego tenemos «Jesucristo», del griego khristos, ungido. Esto indica su autoridad para interceder; pues él es el abogado designado y el sacerdote elegido por Dios. Si hubiera sido elegido por nosotros podría fracasar, pero si es Dios quien nos ofrece ayuda en la poderosa persona de Cristo, entonces llevemos a él nuestras cuitas sin vacilar. Él es el Cristo y, por eso mismo, está cualificado para llevar a cabo su obra: pues la unción lo ha preparado perfectamente. Él puede rogar de tal manera que conmueva el corazón de Dios y prevalezca. ¡Qué palabras de ternura, qué frases tan persuasivas emplea el Ungido cuando se presenta para interceder por mí! Hay otra palabra asociada con su nombre que debemos considerar: «Jesucristo, el justo». Esto no es solo una descripción de su carácter, sino su alegato. Si mi abogado es el Justo, entonces mi causa es buena; de lo contrario, él no la hubiera defendido. Su alegato también es justo; pues él rebate la acusación que se me hace de injusticia alegando que él es justo. Él declara ser mi Sustituto y pone a mi cuenta su obediencia. Alma mía, tienes un amigo que reúne todas las condiciones para ser tu Abogado. Él, sin duda, tendrá éxito como tal; ponte por completo en sus manos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 288). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Gozo sin restricciones

OCTUBRE, 04

Gozo sin restricciones

Devocional por John Piper

Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté con ellos y yo en ellos. (Juan 17:26)

Imaginen que son capaces de disfrutar de lo más placentero, con energía y pasión, sin restricciones y para siempre. Esa no es nuestra experiencia hoy día. Hay tres obstáculos que se interponen entre nosotros y nuestra satisfacción completa en este mundo.

El primero es que no hay nada que tenga un valor intrínseco tan grande que pueda cumplir los anhelos más profundos de nuestro corazón.

El segundo es que carecemos de las fuerzas para gozar de los mejores tesoros a su máxima expresión.

El tercer obstáculo para nuestra satisfacción completa es que nuestros deleites aquí tienen un final. Nada permanece. Pero si las palabras de Jesús en Juan 17:26 se vuelven realidad, entonces todo esto cambiará.

Si el deleite de Dios en el Hijo se vuelve nuestro deleite, entonces el objeto de nuestro deleite, Jesús, será de un valor intrínseco inagotable para nosotros. Jamás se tornará aburrido, ni decepcionante, ni frustrante.

No es posible concebir un tesoro más grande que el mismo Hijo de Dios.

Más aún, nuestra capacidad de gustar de tal tesoro inagotable no se verá limitada por nuestras debilidades humanas. Nos regocijaremos en el Hijo de Dios por medio del deleite mismo de su Padre.

El deleite de Dios en su Hijo estará en nosotros y será nuestro deleite. Y nunca llegará a su fin, porque ni el Padre ni el Hijo tienen fin.

El amor del uno por el otro se convertirá en nuestro amor por ellos y, por lo tanto, nuestro amor por ellos jamás se acabará.


Devocional tomado del libro “Los deleites de Dios”, páginas 27

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Una canción de liberación

4 Octubre 2017

Una canción de liberación
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

El lamento de salmista en el Salmo 116 continúa mostrando razones por las cuales podemos amar al Señor, a pesar de que estemos enfrentando dolor y sufrimiento.

Porque me cuida

Vuelve, oh alma mía, a tu reposo
porque el Señor te ha favorecido
 (v. 7).

La palabra, «favorecido» viene del hebreo «gamal» que significa hacer algo completamente o totalmente para alguien o para algo. Con frecuencia, sugiere la idea de una recompensa. En lenguaje actual podríamos parafrasear el versículo de esta manera: «ya que el Señor me cuida tanto, le amaré como recompensa. En otras palabras, Dios no es tacaño cuando nos provee, cuando nos cuida, cuando nos rodea con su cuidado vigilante. Cuando el salmista se da cuenta que Dios le ha sostenido en su dolor, esa pregunta: «¿Qué le daré al Señor?

Podríamos pensar en otras preguntas: ¿cómo puedo devolverle mi agradecimiento? ¿Cuál podría ser una prueba suficiente de mi gratitud? Dios ha hecho tanto, tanto, tanto. ¿De qué manera puedo ofrecerle adecuadamente mi apreciación por él? ¿Cómo le podría pagar? El compositor ofrece tres respuestas: (1) proclamar sus beneficios, (2) cumplir mis votos, (3) alabar su nombre. Consideremos cada una de ellas.

Proclamaré sus beneficios

Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor
 (v. 13).

¿Qué significa «Alzaré la copa de la salvación»? En el Antiguo Testamento la palabra «copa» con frecuencia se utilizaba para denotar la abundancia. Quizá recuerde que en el Salmo 23:5 David dice, «mi copa está rebosando». La otra palabra, «salvación», aparece actualmente en la Biblia hebrea en su forma plural, o sea, «salvaciones». La mejor forma en que podemos traducir esa palabra para que la entendamos mejor es usando la palabra, «liberación». El salmista expresa su alabanza a Dios por la gran abundancia de liberaciones. El versículo diría literalmente: «En el nombre del Señor, proclamaré». Transmite la idea de exclamar abiertamente que Dios es su libertador.

Este asunto de hacer una proclamación pública en honor al Señor es importante. Es algo bueno, saludable y bíblico. Dios inunda nuestras vidas con abundancia de liberaciones, no obstante, son muy pocos los cristianos que comparten su experiencia públicamente. Muy pocos cristianos, «proclaman sus beneficios». No escondamos sus alabanzas. Comparta a su Salvador. No tenga timidez o vergüenza. Si usted quiere darle algo de valor al Señor, proclame sus beneficios. Creo que le sorprenderá ver cómo eso le ayuda a vivir más allá del afán del dolor y el sufrimiento.

Afirmando el alma
Medite en los momentos cuando el Señor le ha liberado del peligro o la dificultad. Escriba algunos de ellos en formato de historia. Piense en ellos como si se los estuviese contando alguien durante la cena. Luego, pídale al Señor que le den la oportunidad de contarles a otros la bondad de Dios con usted. Esté preparado para hacerlo. Dios le va a proveer más de una ocasión.

 

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Qué Significa “coram Deo”?

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clip_image001¿Qué Significa “coram Deo”?

Por RC Sproul

Nunca la olvidaré a mama delante de mí, con las manos en equilibrio sobre sus caderas, sus ojos mirando como brasas de fuego y diciendo en voz estentórea, “¿Cuál es la gran idea, joven?”

Instintivamente sabía que mi madre no me estaba hacían una pregunta abstracta acerca de teoría. Su pregunta no era una pregunta en absoluto, era una acusación velada. Sus palabras fueron traducidas fácilmente para decir, “¿Por qué están haciendo lo que están haciendo?” Ella me estaba desafiando a justificar mi comportamiento con una idea válida. Yo no tenía ninguna.

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“Porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”

4 OCTUBRE

D. A. Carson

1 Reyes 7 | Efesios 4 | Ezequiel 37 | Salmos 87–88

Uno de los elementos más notables de las cartas de Pablo es que se le dedica mucho espacio a instruir a la gente sobre cómo vivir. De hecho, toda la Biblia tiene el propósito de enseñarnos qué creer (porque estas cosas son ciertas), pero, a la vez nos señala cómo tener una conducta fiel. Este equilibrio se ve más claramente en las cartas de Pablo.

La razón para que sea tan abarcador se encuentra en la naturaleza de Dios. El Dios de la Biblia, el Dios que está ahí (como nos enseñó a decirlo Francis Schaeffer), es Dios de todo. No es únicamente el Dios de nuestros pensamientos, ni exclusivamente de un ámbito espiritual o religioso. Él es Dios. Como nuestro Hacedor y Gobernante providencial, sus intereses y mandatos abarcan cada aspecto de nuestro ser, creencias, palabras y conducta. De ahí que, mantener una tensión horrible entre nuestro sistema de creencias y nuestra conducta, además de ser una invitación a la esquizofrenia, también es un insulto a Dios, una horrenda rebelión que no deja de ser fea sólo por ser selectiva.

Esto quiere decir que nuestra enseñanza y predicación deben incluir, no únicamente verdades para creer sino también instrucciones sobre cómo vivir. Lo que Pablo escribió en Efesios 4:17–32 es absolutamente ejemplar en este sentido. Nadie puede poner en duda seriamente que esta epístola es rica en doctrina. Aquí, no obstante, vemos a Pablo en insistir que sus lectores ya no anden “más con pensamientos frívolos como los paganos” (4:17). Conecta esta “vanidad”, por un lado con su ignorancia de Dios y, por otro, con su conducta repugnante. “No fue esta la enseñanza que vosotros recibisteis acerca de Cristo” (4:20). Fuisteis creados “a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad” (4:24). Esto implica despojarse “del viejo ropaje” y ser renovados “en el espíritu de vuestra mente” y vestirse “de la nueva naturaleza” (4:22–24).

Todo eso todavía podría parecer un poco abstracto, pero Pablo no da pie a ello. El resto del capítulo es franco y práctico. La conducta que Pablo espera incluye hablar la verdad “porque todos somos miembros de un mismo cuerpo” (4:25), y un compromiso práctico de no permitir que un día termine en enojo, para no darle lugar al diablo (4:26–27). Los ladrones convertidos ya no deben robar. Deben trabajar, hacer algo útil y aprender a ser generosos con lo que ganen (4:28). Al hablar, no sólo debemos eliminar toda blasfemia, vulgaridad o “palabra corrompida”, sino que hemos de aprender a pronunciar palabra “que sea buena para la necesaria edificación” de los demás (4:29). En fin, “Abandonad toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonandoos mutuamente, así como Dios os perdonó en Cristo.” (4:31–32).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 277). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El libro que le daba miedo

miércoles 4 octubre

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca… Gracia y paz a vosotros… de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.

Apocalipsis 1:3-5

El libro que le daba miedo

Un creyente fue a visitar a una persona enferma y le propuso leer un pasaje de la Biblia. El enfermo respondió: «De acuerdo, pero que no sea en el Apocalipsis; es un libro que me da miedo».

La persona que no está en paz con Dios tiene razón para tener miedo. El Apocalipsis es un libro de juicios, terribles juicios que caerán sobre los hombres que viven sin Dios. Futuro aterrador, que nos invita a reconciliarnos con Dios antes de que dé rienda suelta a su ira. Esa ira que vendrá después de su actual paciencia, la cual el hombre a veces interpreta como indiferencia con respecto a la injusticia y al sufrimiento.

¡La hora está avanzada en el reloj del tiempo! En la época difícil en la que vivimos, Satanás seduce a los hombres y los arrastra a la perdición. Pero Dios, que conoce el futuro, recuerda sin cesar mediante su Palabra que hoy es el día de salvación.

¿Ese libro le da miedo y por eso no lo lee? Su actitud no soluciona nada. ¡El hecho de ignorar las advertencias nunca ha hecho desaparecer los peligros! Sí, Dios juzgará al mundo, pero primero lo amó. Hoy le ofrece su gracia. ¡Abra ese libro, abra los ojos! Escuche el último llamado de Jesús, al principio del libro: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Sofonías 3 – Judas – Salmo 110 – Proverbios 24:19-20

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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