HUMILLACIÓN DE LOS RICOS

HUMILLACIÓN DE LOS RICOS

10/22/2017

El que es rico, en su humillación.

Santiago 1:10

Los cristianos que no tienen que pasar por las pruebas de la vida relacionadas con la pobreza pueden regocijarse en su “humillación”, como señala el versículo de hoy. Cuando las pruebas que sufren los ayudan a comprender que sus posesiones no pueden dar la verdadera felicidad ni el contentamiento, entenderán que dependen de las verdaderas riquezas de la gracia de Dios. El cristiano rico puede regocijarse cuando sabe que las bendiciones materiales son solo temporales y que las riquezas espirituales son eternas.

Las pruebas humillan a todos los creyentes al mismo nivel de dependencia de Dios. El dinero no saca a las personas de sus problemas, aunque pudiera resolver algunos problemitas económicos. Cuando se pierde a una hija, a un hijo, a una esposa o a un esposo, no importa cuánto dinero se tenga. Ninguna cantidad va a sacarlo a uno de semejante prueba.

Seamos pobres o ricos, sufrimos pruebas para que nos ayuden a reconocer humildemente que nuestros recursos están en Dios.

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Hedonismo para esposos y esposas

OCTUBRE, 22

Hedonismo para esposos y esposas

Devocional por John Piper

Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella. (Efesios 5:24-25)

Hay un modelo ordenado por Dios para el amor en el matrimonio.

Los roles del esposo y la esposa no son los mismos. El hombre debe seguir el ejemplo de Cristo, que es cabeza de la iglesia. La mujer debe seguir el ejemplo de la iglesia, que se somete a Cristo.

Al hacer esto, las consecuencias pecaminosas y dañinas de la Caída empiezan a revertirse. La Caída torció la autoridad afectuosa del hombre y la convirtió en una dominación hostil en algunos hombres y en una indiferencia perezosa en otros. La Caída pervirtió la sumisión inteligente y servicial de la mujer y la convirtió en un servilismo manipulador en algunas mujeres y en una insubordinación descarada en otras.

La redención que anticipamos en la venida de Cristo no es el desmantelamiento del orden creado de la autoridad afectuosa y la sumisión servicial, sino el restablecimiento de ese orden. Esposas, rediman su sumisión caída ajustándose a lo que Dios pensó para la iglesia. Esposos, rediman su autoridad caída ajustándose a lo que Dios pensó para Cristo.

En Efesios 5:21-33 encuentro las dos cosas: (1) la manifestación del hedonismo cristiano en el matrimonio, y (2) la dirección que sus impulsos deberían tomar.

Esposas, busquen su gozo en el gozo de sus esposos afirmando y honrando el rol que Dios les asignó como la autoridad en su relación. Esposos, busquen su gozo en el gozo de sus esposas asumiendo la responsabilidad de su posición de liderazgo, del mismo modo en que Cristo es cabeza de la iglesia y se dio a sí mismo por ella.

Me gustaría dar testimonio de la bondad de Dios en mi vida. Descubrí el hedonismo cristiano el mismo año que me casé, en 1968. Desde entonces, Noël y yo, en obediencia a Cristo Jesús, hemos buscado con tanta pasión el gozo más profundo y duradero como nos fue posible. A través de muchos errores, con mucho desgano en ocasiones, hemos buscado nuestro gozo personal en el gozo del otro.

Juntos podemos dar fe de que, para los que se casan, este es el camino hacia el deseo del corazón. Para nosotros, el matrimonio ha sido la matriz del hedonismo cristiano. A medida que cada uno busca su propio gozo en el gozo del otro y cumple con el rol que le fue asignado por Dios, el misterio del matrimonio como parábola de Cristo y la iglesia se vuelve manifiesto para su mayor glorificación y para nuestro mayor gozo.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 220–221

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Tomará de lo mío, y os lo hará saber

22 de octubre

«Tomará de lo mío, y os lo hará saber».

Juan 16:15

Hay ocasiones cuando, si una mano bondadosa no nos aplicara las promesas y doctrinas de la Biblia, estas no tendrían para nosotros valor alguno. Estamos sedientos, pero nos sentimos demasiado abatidos para arrastrarnos hasta el arroyo donde corre el agua. Cuando un soldado resulta herido en alguna batalla, de poco le vale saber que en el hospital hay quienes pueden vendar sus heridas, y que allí están las medicinas para aliviar los dolores que está sufriendo. Lo que él necesita es que alguien lo lleve a dicho hospital y allí le apliquen los remedios. Así sucede con nuestras almas; y existe alguien para satisfacer esta necesidad: el Espíritu de verdad, que toma de lo que pertenece a Jesús y nos lo aplica a nosotros. No pienses que Cristo haya colocado sus gozos en los estantes del Cielo para que nosotros subamos, por nuestros propios medios, hasta donde ellos están. No; al contrario: es Cristo el que se acerca a nosotros y derrama su paz en nuestros corazones. ¡Oh cristiano, si esta noche estás sufriendo bajo el peso de una angustia profunda, tu Padre no te hará promesas para dejar, luego, que tú las saques de la Palabra como se sacan los baldes de un pozo; sino que, así como él escribió en su Palabra dichas promesas, las escribirá también en tu corazón! Él te manifestará su amor y, por su bendito Espíritu, disipará tus ansiedades y aflicciones. Sabe esto, oh afligido creyente: que es prerrogativa de Dios enjugar toda lágrima de los ojos de su pueblo. El buen samaritano no dijo a quien había caído en manos de los ladrones: «Aquí tienes el vino y el aceite»; sino que se los derramó en las heridas. Así, también, no te da Jesús solamente el dulce vino de la promesa, sino que acerca el cáliz de oro a tus labios y derrama en tu boca la sangre que da vida. Al pobre, al enfermo, al cansado peregrino, no se le proporcionan solo las fuerzas para andar, sino que se le lleva sobre alas de águila. ¡Oh glorioso evangelio, que suples de todo al desvalido; que te acercas a nosotros cuando no podemos alcanzarte y nos traes la gracia antes de que la busquemos! Aquí vemos tanta gloria en el dar como en la dádiva. ¡Dichosos aquellos que cuentan con el Espíritu Santo para que los lleve a Jesús!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 306). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

El pecado de la ociosidad

22 OCTUBRE

2 Reyes 3 | 2 Tesalonicenses 3 | Daniel 7 | Salmos 114–115

El pasaje en 2 Tesalonicenses 3:6–13 es único en el Nuevo Testamento. En ningún otro lugar encontramos tantas líneas dedicadas al pecado de la ociosidad.

Ciertamente, es posible convertir el trabajo mismo, o a las recompensas que brotan del trabajo, en un ídolo. Esto suele ser lo que la gente tiene en mente cuando hablan con tono despectivo acerca de la “ética protestante del trabajo”. Aún así, debemos insistir en que la respuesta adecuada al pecado de idolatrar el trabajo no es el ocio: esto podría sencillamente hacer un ídolo del tiempo libre y del hedonismo. La respuesta correcta es el arrepentimiento, la fe en Dios y la obediencia a él. Así que, es necesario ubicar al trabajo en el lugar que le corresponde dentro de un mundo enmarcado por Dios y su palabra.

Los lectores de la Biblia no pueden evitar darse cuenta de que Dios habla mucho más del trabajo que del ocio. La muy difamada “ética protestante del trabajo” comenzó de manera muy sencilla: los cristianos devotos creían que debían ofrecerle todo su trabajo a Dios. Esto garantizaba que, en términos generales, trabajaban más arduamente y de manera bastante más honesta que otros. Sucedió lo inevitable: muchos prosperaron. Por supuesto, dos o tres generaciones más tarde, comenzaron a centrarse en el trabajo en sí, ya como la señal esencial de la piedad, o como un medio para ganar prosperidad, o ambas cosas. A Dios, a veces se le desplazaba hacia la periferia. No obstante, aunque hacemos bien en condenar la idolatría del trabajo, debemos tener mucho cuidado de ir al otro extremo. Podemos cometer el error de ver el trabajo meramente como algo que tenemos que hacer para dedicarnos luego a lo verdaderamente importante: la diversión y servirnos a nosotros mismos. En términos bíblicos, es difícil ver esta postura como mejor, en algún sentido, que la otra.

No sabemos exactamente qué fue lo que instó a muchos creyentes tesalonicenses a ser vagos. Tal vez, algunos sencillamente estaban aprovechándose de la generosidad de los cristianos. Seguro que a algunos no les interesaba trabajar, pero sí se ocupaban de lo que no les importaba (3:11). Pablo no piensa tolerarlo. La situación aquí no es que hay cristianos que necesitan mostrar compasión a los verdaderamente necesitados. Más bien se trata de cristianos que necesitan enfrentarse firmemente a los que alegan ser cristianos pero desobedecen los mandatos explícitos del apóstol (3:12) e ignoran su impresionante conducta personal (3:7–9). Él trabajó (en su oficio, por ejemplo) precisamente para darles la enseñanza: “El que no quiera trabajar, que tampoco coma” (3:10). Ahora, Pablo va un paso más allá: los cristianos responsables deben rechazar a estos sinvergüenzas, alejarse por completo de ellos (3:6). De esa manera no podrán corromper a la iglesia. Más importante: los de afuera no confundirán la conducta de esas personas con la de los cristianos que siguen con alegría la instrucción apostólica.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 295). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El Espíritu nos ayuda para orar

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

Romanos 8:26-27

El Espíritu nos ayuda para orar

Hemán, un creyente agobiado por las dificultades, escribió: “He estado medroso” (Salmo 88:15). Sí, incluso un creyente serio y celoso puede turbarse y no saber qué pensar, a veces ni siquiera puede orar.

Sin embargo, a pesar de hallarse en una situación tan extrema, el creyente sabe que no está solo. Su espíritu puede estar agitado y deprimido, pero el Espíritu que mora en él presenta a Dios, mediante “gemidos indecibles”, sus verdaderas necesidades. Esos “gemidos” unidos a nuestra debilidad son escuchados por Dios y están acordes con su voluntad. La intercesión del Espíritu va más allá de nuestra inteligencia, es una gracia de Dios. Toma el lugar de nuestro espíritu agobiado para conducirnos por una senda de paz.

Da vida a la esperanza del cristiano. En la prueba, las lágrimas y la duda traducen nuestro dolor, pero ahí también apreciamos los cuidados especiales del Señor.

La oración es el centro de nuestra relación con Dios. Es el medio para renovar nuestra confianza en él. A menudo no sabemos pedir como conviene, no comprendemos la magnitud de nuestras necesidades, y no vemos que Dios puede y quiere ayudarnos.

¡Qué gozo tener la seguridad de que el Espíritu Santo está ahí para ayudarnos y conducirnos en nuestras oraciones! Recordemos también que Jesús, desde el cielo, intercede por cada uno de los que salvó (Romanos 8:34).

Nehemías 8 – Juan 10 – Salmo 119:17-24 – Proverbios 25:27-28

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

EXALTACIÓN DE LOS POBRES

EXALTACIÓN DE LOS POBRES

10/21/2017

El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación.

Santiago 1:9

El versículo de hoy es una orden de que el cristiano pobre se regocije. Un cristiano que es económicamente pobre tal vez no tenga nada en el mundo material de qué regocijarse, pero puede regocijarse en el conocimiento de que Dios lo está exaltando espiritualmente en su posición delante de Dios. Pudiera tener hambre, pero tiene el pan de vida. Pudiera tener sed, pero tiene el agua de vida. Pudiera ser pobre, pero tiene riquezas eternas. Pudiera no tener un hogar satisfactorio aquí, pero tiene un glorioso hogar en la vida venidera. En esta vida pudiera tener pruebas, pero Dios las está usando para perfeccionarlo y exaltarlo espiritualmente.

El cristiano desposeído puede aceptar sus pruebas gracias a la esperanza de recibir una herencia incorruptible e incontaminada que nunca se desvanecerá (1 P. 1:4). Las verdaderas riquezas nos pertenecen, de modo que la pobreza es una prueba de corta duración que puede resistirse cuando miramos hacia delante a un tiempo glorioso de exaltación.

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El misterio del matrimonio

OCTUBRE, 21

El misterio del matrimonio

Devocional por John Piper

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:24)

Cuando Dios determinó crear al hombre y a la mujer y ordenar la unión del matrimonio, no libró al azar la decisión de cómo habrían de relacionarse entre ellos. No tiró los dados, ni eligió cara o cruz de una moneda. Dios diseñó el matrimonio a propósito siguiendo el modelo de la relación entre el Hijo y la iglesia, una unión que ya había planeado desde la eternidad.

Por lo tanto, el matrimonio es un misterio: contiene y esconde un significado mucho más grandioso de lo que vemos por fuera. Dios creó al ser humano masculino y femenino, y les dio el mandamiento del matrimonio, para que la relación de pacto eterno entre Cristo y su iglesia quedara representada en la unión marital.

La inferencia que Pablo sustrae de este misterio es que los roles del marido y de la esposa en el matrimonio no son asignados arbitrariamente, sino que tienen su origen en los roles distintivos de Cristo y la iglesia.

Aquellos de nosotros que estamos casados necesitamos reflexionar una y otra vez sobre cuán misterioso y maravilloso es que Dios nos dé el privilegio de representar realidades divinas extraordinarias, infinitamente más grandes y majestuosas que nosotros mismos.

Ese es el fundamento del modelo del amor que Pablo describe para el matrimonio. No es suficiente decir que cada uno de los esposos debe buscar su propio gozo en el otro. También es importante decir que los esposos y esposas deben imitar conscientemente la relación que Dios planeó para Cristo y la iglesia.

Espero que podamos tomar este asunto con seriedad, sin importar si somos casados o solteros, jóvenes o ancianos. La revelación del pacto inquebrantable entre Cristo y la iglesia depende de ello.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 213

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¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?

21 de octubre

«¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?».

Lucas 24:38

«¿Por qué dices, Jacob, y afirmas, Israel: Escondido está mi camino del Señor, y mi derecho pasa inadvertido a mi Dios?» (Is. 40:27, LBLA). El Señor tiene cuidado de todas las cosas, tanto que aun la criatura más insignificante participa de su providencia universal; pero su cuidado particular está sobre sus santos. «El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen» (Sal. 34:7, LBLA). «La sangre de ellos será preciosa ante sus ojos» (Sal. 72:14). «Estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos» (Sal. 116:15, LBLA). «Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Ro. 8:28). Que el hecho de que, si bien él es el Salvador de todos los hombres, lo es especialmente de aquellos que creen, te aliente y te conforte. Tú eres objeto de su cuidado particular; eres su tesoro real, que él cuida como las niñas de sus ojos; eres su viña, que el guarda de día y de noche: «Aun vuestros cabellos están todos contados» (Mt. 10:30). Que el pensamiento de su amor especial por ti sea un calmante espiritual que ponga dulcemente fin a tu dolor. «No te desampararé ni te dejaré» (He. 13:5). Dios dice esto tanto respecto de ti como de los santos de la antigüedad. «No temas […] yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande» (Gn. 15:1). Nosotros perdemos mucho consuelo porque, al leer las promesas de Dios, las relacionamos con la Iglesia como un todo, en lugar de vincularlas con nosotros en particular. Creyente, aprópiate de la divina Palabra con una fe personal. Piensa que estás oyendo decir a Jesús: «Yo he rogado por ti, que tu fe no falte». Imagínatelo caminando sobre las aguas de tu aflicción, porque él está allí, y te dice: «Confía, yo soy; no temas». ¡Oh cuán dulces son estas palabras de Cristo! Que el Espíritu Santo haga que las sientas como dirigidas a ti. Olvida por un momento cualquier otra palabra. Acepta aquella que Cristo te dirige y expresa: «Jesús me infunde consuelo; no puedo rehusarlo. Me sentaré a su sombra con mucho placer».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 305). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una disposición para aprender

21 Octubre 2017

Una disposición para aprender
por Charles R. Swindoll

Salmos 131

La canción de David preservada para nosotros como el Salmo 131, continúa diciendo que él no ha andado en «pos de grandezas ni de cosas demasiado sublimes para mí». Lo que él quiere decir es que no andaba buscando lugares de prominencia ni grandeza. Reconoce sus propias limitaciones ya que ha hecho una evaluación honesta de su conocimiento y sus aptitudes y por ello sabe que no tiene que aparentar. Sencillamente no tiene nada que probarle a nadie. David no solamente está dispuesto a hacerlo sino que le complace la idea de no tener que estar en una plataforma pública buscando el aplauso inconstante de la gente.

Esto me recuerda otro gran hombre de Dios, Moisés. Según Hechos 7:22, Moisés fue educado en las escuelas más importantes de Egipto. Fue dotado con una personalidad poderosa. Era un hombre impresionante. Moisés era un guerrero valiente brillante y si se puede decir hasta heroico. Para muchos era claro que él estaba destinado a ser el faraón de la tierra. A los cuarenta años, sin embargo, mató a un egipcio e intentó liberar a su pueblo (los judíos) por sus propios medios. Éxodo 2:11-15 nos cuenta toda la historia. Debido a ello, él tuvo que huir de Egipto hasta el desierto de Madian, un lugar seco, candente y olvidado. Allí vivió junto a otros pastores por otros cuarenta años, sin ningún reconocimiento y sin ningún aplauso. Piénselo. Moisés, un miembro prominente de la familia real, se pasó cuarenta años sin dirigir a nadie más que a un rebaño de ovejas, totalmente separado de la gente. F. B. Meyers escribe lo siguiente acerca de esta experiencia:

Moisés estaba desconectado de Dios (en Egipto). Así que él huyó y cruzó el desierto que se encontraba entre él y la frontera oriental; recorrió las montañas de la península del Sinaí, y terminó cansado sentándose al lado de un pozo en la tierra de Madian. Allí comenzó una vida silenciosa como pastor en esa tierra maravillosa que en más de una ocasión le sirvió como una escuela divina.

Experiencias así no les suceden a todos. Nos apuramos pensando que todo marcha bien; tomamos ciertas decisiones que son en vano; nos enfrentamos con la decepción y empezamos a temer las muestras de desaprobación humana; huimos de los lugares que nos exponen y nos escondemos en las cuevas del olvido. Allí nos encontramos con la presencia de Dios y lejos del orgullo del hombre. Allí es donde nuestra visión se aclara, donde el cieno se despega de la corriente de nuestra vida tal como el ródano mientras pasa por las aguas profundas del lago de Ginebra; nuestro ego muere; nuestro ser toma del río de Dios el cual está lleno de agua; nuestra fe comienza a asirse de su brazo y a ser el canal donde se manifiesta su poder y de allí nos convertimos en su mano para dirigir un éxodo.

Moisés no eligió dejar su vida próspera y cambiarla por la de un pastor desconocido; su propia ambición lo llevó a la humillación. Afortunadamente, el Señor utilizó esa experiencia para ayudarle al futuro líder para que obtuviera humildad. Hay una gran diferencia entre ser humillado y volverse humilde. Dios utilizó el fracaso de Moisés para moldear a uno de los líderes más grandes que el mundo haya conocido.

A diferencia de Moisés, David tomó la decisión consciente de no involucrarse en asuntos de grandeza o de clamor público. Al menos por un tiempo, él quería tener una vida de soledad y meditación.

Afirmando el alma
Nuestro mejor momento para aprender es cuando somos humildes. De hecho, la disposición para aprender es una cualidad vital en una persona humilde. ¿Recuerda alguna experiencia que le ha vuelto humilde? ¿Algo bueno resultó de este periodo de humildad? En vez de esperar que una circunstancia nos humille, ¿por qué no pedirle a Dios que nos dé una actitud de humildad? ¿Le pone esto nervioso? Si es así, ¿por qué?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El regreso de Jesús

21 OCTUBRE

2 Reyes 2 | 2 Tesalonicenses 2 | Daniel 6 | Salmos 112–113

Siempre ha sido fácil equivocarse sobre el regreso de Jesús. A veces esto sucede por ignorancia y a veces por un énfasis distorsionado. A juzgar por 2 Tesalonicenses 2:1–12, estos peligros han existido desde la iglesia primitiva.

Todavía hoy mantenemos bastantes interpretaciones erradas sobre estos asuntos. Por ejemplo, en 1 Tesalonicenses 4:17, Pablo escribe: “Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre”. Por esto, muchos académicos contemporáneos afirman que Pablo pensaba que el regreso del Señor sucedería mientras él aún estaba vivo y, desde luego, estaba equivocado. En realidad, 1 Tesalonicenses 4:17 no demuestra que Pablo creía que Cristo regresaría durante su vida, de la misma forma que 1 Corintios 6:14 tampoco demuestra que él creyera que Cristo no regresaría durante su vida. Ahí, Pablo escribe: “Con su poder Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros”. Aunque habla en primera persona en ambas ocasiones, Pablo sencillamente se está identificando con los cristianos que vivirán estas experiencias, ya sea que se encuentren con el Señor, escapando así de la muerte, o muriendo y al final resucitando de entre los muertos. No obstante, esta idea errónea hoy día se ha propagado mucho.

El error que se halla detrás de 2 Tesalonicenses 2:1–12 no está demasiado claro, pero aparentemente los tesalonicenses habían recibido una carta falsa que alegaba ser de Pablo pero que no estaba escrita con su letra bien conocida ni con su firma al final. (Por esto Pablo resalta a sus lectores esos elementos en 3:17.) Esa carta engañosa convenció de alguna manera a algunos tesalonicenses de que “el día del Señor” ya había llegado (2:1–2); o bien habían sido abandonados en cierta forma, o bien se les estaba enseñando algún tipo de escatología “sobrerrealizada” que trata de reservar todas las bendiciones de la salvación para el presente. La carta daba a entender que tal vez haya inmortalidad más allá de la muerte, pero la implicación de ello, es que no hay necesidad de un retorno personal de Jesucristo, ni de una crisis de juicio y reinado triunfante.

De manera que Pablo proporciona algunas razones para afirmar que el día del Señor no ha llegado. Aquí sigue el ejemplo del Señor Jesús, quien también dio instrucciones acerca de aquellos que identificarían falsamente a alguien como el Cristo (Mateo 24:23–27). Ciertas cosas tienen que acontecer antes de que el Señor Jesús regrese y entonces él destruirá decisivamente y sin ambigüedad a la oposición, “con el soplo de su boca” y “con el resplandor de su venida” (2:8). Las mentiras incluso pueden venir rodeadas y apoyadas por “toda clase de milagros, señales y prodigios falsos” (2:9); no obstante, en el fondo, la gente perece porque rehúsa amar la verdad (2:10). Tarde o temprano, Dios emite el juicio enviando el engaño por el que ellos han optado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 294). Barcelona: Publicaciones Andamio.