Apartado para el evangelio de Dios. (Romanos 1:1)

No más malas noticias

1/3/2018

Apartado para el evangelio de Dios. (Romanos 1:1)

Millares de bebitos nacen cada día en un mundo lleno de malas noticias. Las palabras malas noticias han llegado a ser una expresión común y corriente para describir nuestra época.

¿Por qué hay tantas malas noticias? Es sencillo. La mala noticia que ocurre a mayor escala es solamente la multiplicación de lo que está ocurriendo en el ámbito individual. El poder que contribuye a las malas noticias es el pecado.

Con tantas malas noticias, ¿puede haber alguna buena noticia? ¡Sí! Las buenas noticias son que puede resolverse el problema del pecado. No hay que ser egoísta. Pueden mitigarse la culpabilidad y la ansiedad. Hay sentido para la vida y esperanza de vida después de la muerte. El apóstol Pablo dice en Romanos 1:1 que las buenas nuevas es el evangelio. Es las buenas nuevas de que puede ser perdonado el pecado del hombre, puede quitarse la culpabilidad, puede tener sentido la vida y una esperanza futura puede ser una realidad.

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La fe más pequeña

ENERO, 03

La fe más pequeña

Devocional por John Piper

Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. (Romanos 9:16)

Dejemos en claro desde el principio del año que, como creyentes en Jesús, todo lo que recibamos de Dios este año será misericordia. Sin importar cuáles sean los deleites o aflicciones que tengamos por delante, todo será misericordia.

Esa es la razón por la que Cristo vino al mundo: «para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia» (Romanos 15:9). Nacimos de nuevo «según su gran misericordia» (1 Pedro 1:3). Oramos a diario «para alcanzar misericordia» (Hebreos 4:16), y ahora estamos «esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna» (Judas 1:21). Si un cristiano demuestra ser fiel, es porque «ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel» (1 Corintios 7:25).

En Lucas 17:5, los apóstoles rogaron al Señor: «¡Auméntanos la fe!». Jesús les respondió: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: “Desarráigate y plántate en el mar”. Y os obedecería» (Lucas 17:6). En otras palabras, la vida cristiana y el ministerio no dependen de la intensidad o cantidad de fe que tengamos, ya que eso no es lo que desarraiga árboles. Dios es quien lo hace. Por consiguiente, la fe que realmente nos une a Cristo, por muy pequeña que sea, nos dará suficiente poder del Señor para suplir todas nuestras necesidades.

Pero ¿qué hay de nuestros logros? ¿Acaso nuestra obediencia nos impide rogar por misericordia? Jesús nos da la respuesta en Lucas 17:7-10:

«¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando ovejas, y cuando regresa del campo, le dice: “Ven enseguida y siéntate a comer”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame algo para cenar, y vístete adecuadamente, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le ordenó? Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: “Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho”.»

Por consiguiente, concluyo que la obediencia más completa y la fe más pequeña reciben la misma recompensa de parte de Dios: misericordia. Una fe del tamaño de un mero grano de mostaza se nutre de aquella misericordia que hace posible mover árboles. Asimismo, aun con una obediencia intachable, seguimos siendo absolutamente dependientes de la misericordia.

El punto es el siguiente: Cualquiera sea el momento o la forma en que se manifieste la misericordia de Dios, nunca estamos por encima de la condición de ser beneficiarios de esta. Dependemos totalmente y para siempre de lo que no merecemos.

Por lo tanto, ¡humillémonos, regocijémonos y «glorifiquemos a Dios por su misericordia»!


Devocional tomado del articulo “All We Will Get in 2002 Is Mercy”

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Génesis 3 | Mateo 3 | Esdras 3 | Hechos 3

3 ENERO

Génesis 3 | Mateo 3 | Esdras 3 | Hechos 3

La absoluta intensidad de las experiencias del pueblo de Dios durante los cinco primeros meses de su retorno a la tierra prometida (Esdras 3) brilla entre las líneas de este texto.

(1) Tienen miedo (3:3). Este es el primer indicio de peligro al que se enfrentan, la fuente del cual queda más clara en los siguientes capítulos. Ciro, el rey persa, ha dado permiso a los judíos para que regresen a su tierra, e incluso ha aprobado ciertos pagos para su sustento y la reconstrucción del templo. Pero las fronteras del imperio están muy lejos del centro y, en las duras políticas del mundo real, la posesión es el noventa por ciento de la ley. Estos judíos son, después de todo, una minoría rodeada de enemigos mucho más fuertes que ellos.

(2) Están decididos (3:3). La oposición entiende que la reconstrucción del templo no es únicamente un símbolo religioso, sino también una señal de poder político creciente. Por tanto, los judíos habían tenido algún incentivo para quedarse tranquilos y mantener un perfil bajo. Sin embargo, su resolución en esta coyuntura es admirable: a pesar de su miedo comprensible, construyen el altar del Señor e instituyen de nuevo el sistema de sacrificios prescrito por la “ley de Moisés, hombre de Dios” (3:2–6), y después proceden con los primeros pasos de la construcción de un nuevo templo.

(3) Están llenos de gozo y alabanza (3:10–11). El momento en que echan los cimientos del nuevo templo da lugar a la adoración de Dios, que está bendiciendo claramente los esfuerzos de su castigada comunidad del pacto. Aquí, no solo encontramos esperanza por un templo, sino por la restauración de la dinastía davídica, el cumplimiento de las promesas gloriosas de esperanza entregadas por los profetas durante las horas más oscuras del exilio de Israel.

(4) Muchos lloran (3:12–13), los ancianos que aún recordaban la figura del magnífico templo de Salomón. En comparación los cimientos de la nueva estructura parecen insignificantes. Sin duda, estas personas estaban agradecidas por esos días de pequeñas cosas; después de todo, ellos mismos habían elegido volver. Sin embargo, esos días siguen siendo pequeños y la intensidad de su respuesta emocional viene dada por las memorias de tiempos pasados.

Al menos estas personas están vivas y ocupándose de los asuntos de su Dios. Puede que en ocasiones sus respuestas no sean las adecuadas y estén llenas de altibajos, pero son reales, vitales, humanas, cargadas de vida y compromiso. No hay desánimo ni tristeza, ni cínicas reservas. No se rinden emocionalmente. Vemos las emociones de un grupo de personas comprometidas, en circunstancias difíciles, a llevar a cabo la voluntad de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 3). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Vaya a Jesús

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Apocalipsis 3:20

Vaya a Jesús

Si debido a la desesperación quiere acabar con su vida, vaya a Jesús y cuéntele su miseria. No ponga en duda el hecho de que él le escucha, le ama y quiere liberarlo de su triste situación. Incluso puede renovar totalmente sus pensamientos y darle tranquilidad.

Al igual que todos los seres humanos, usted tiene aspiraciones intensas que solo Dios puede satisfacer. Mientras esa necesidad no esté satisfecha, le falta algo.

Jesús quiere estar a su lado para darle a conocer el Evangelio, para enseñarle que vino a la tierra a fin de satisfacer sus necesidades espirituales.

Mediante el Evangelio descubro que tengo valor a los ojos de Dios. Él me ama tal como soy y más allá de lo que yo me dé cuenta. Puede perdonar mis faltas pasadas, sean cuales sean… ¡Puede perdonar todo aquello de lo que mi conciencia me acusa! Jesús murió por mí precisamente para pagar por mis pecados. El sentido de mi vida y mi esperanza están en Jesús, quien me abrió un ámbito de paz, de verdad y de gozo. Y para introducirme en él, Jesús llevó sobre sí mis pecados. Quiere estar conmigo en mis días oscuros. Me invita a dejar mi vida en sus manos. En cada momento él está dispuesto a escuchar mi clamor, a secar mis lágrimas y responder a mis suspiros.

¡Vaya a él! ¡No se desespere! Vaya tal como es, en el estado en el que se encuentra. ¡Jesús nunca deja fuera a aquel que llama a su puerta buscando socorro y amor!

Génesis 3 – Mateo 3 – Salmo 2:7-12 – Proverbios 1:10-19

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