Entre en el juego

Entre en el juego

1/17/2018

Corred de tal manera que lo obtengáis. (1 Corintios 9:24)

Como yo era un deportista cuando niño, jugué en varios equipos en diversos programas deportivos. Recuerdo a muchos muchachos con poca o ninguna capacidad deportiva que trataban de formar parte de aquellos equipos. Una que otra vez, a un entrenador le daba pena con algún muchacho así y lo ponía en el equipo a pesar de su actuación. Le daba al muchacho un uniforme para hacerle sentir que era parte del equipo aunque no permitiera que el muchacho participara en el juego.

Afortunadamente, es todo lo contrario en la vida cristiana. El Señor no nos pone en el equipo solo para que nos sentemos en el banco. Tiene el propósito de enviarnos al juego. Es su gracia la que nos llama a la salvación, y es su voluntad la que nos envía al mundo para dar testimonio de Él.

Todos somos como el muchacho que no tenía habilidad. Dios nos pone misericordiosamente en el equipo, no debido a nuestra habilidad, sino sim­ple­mente por su gracia soberana. Y Él nos da la capacidad para participar en el juego. Así que entre en el juego y dé gracias por el santo privilegio de servir a Jesucristo.

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La fe auténtica está deseosa por Cristo

ENERO, 17

La fe auténtica está deseosa por Cristo

Devocional por John Piper

Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan. (Hebreos 9:28)

¿Qué deberemos hacer para saber que nuestros pecados han sido cancelados por la sangre de Cristo y que, cuando él venga, nos protegerá de la ira de Dios y nos llevará a la vida eterna? La respuesta es la siguiente: confiemos en Cristo de manera tal que nos haga estar deseosos de su venida.

Él vendrá a salvar a aquellos que «ansiosamente le esperan». ¿Cómo nos preparamos entonces? ¿Cómo experimentamos el perdón de Dios en Cristo y nos preparamos para encontrarnos con él? Confiando en él a tal punto que estemos deseosos por su venida.

Esta deseosa expectativa por Cristo es simplemente una señal de que verdaderamente lo amamos y creemos en él.

Existe una fe fingida que solo quiere escapar del infierno y que no tiene ningún deseo por Cristo. Esa fe no salva, y tampoco produce esa deseosa expectativa por la venida de Cristo, sino que preferiría que Cristo no viniese por el mayor tiempo posible, para así aprovechar del mundo tanto como pudiera.

La fe que verdaderamente abraza a Cristo como tesoro y esperanza y gozo es la fe que nos hace estar deseosos por su venida, y es la fe que salva.

Por eso, los aliento a que se alejen del mundo y del pecado y se volteen hacia Cristo. No lo tomen únicamente como una póliza de seguro contra incendios, sino como el novio y amigo y Señor que tan ansiosamente esperaron.


Devocional tomado del sermón “¿Qué hará Cristo en la segunda venida?”

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Génesis 18 | Mateo 17 | Nehemías 7 | Hechos 17

17 ENERO

Génesis 18 | Mateo 17 | Nehemías 7 | Hechos 17

Cuando se termina un gran proyecto de construcción, o cuando se ha alcanzado un importante objetivo, se tiende frecuentemente a la relajación. En muchas ocasiones, una congregación ha dedicado una considerable energía para construir una nueva instalación y después se ha quedado aletargada durante meses o incluso años.

Nehemías percibe que la construcción del muro, tras la cual lo normal sería relajarse, no es el punto culminante del regreso. El resto del libro deja muy clara esta idea. La obra es poco menos que una preparación para muchas reformas políticas y religiosas de gran alcance. En el ministerio, es vital distinguir siempre los medios de los fines.

Con el muro terminado, Nehemías continúa siendo gobernador de toda la región de Judá durante un tiempo, pero escoge a dos hombres para que se ocupen de Jerusalén: su hermano Jananí (aparentemente, alguien en quien podía confiar) y un militar, Jananías, elegido por ser “fiel y temeroso de Dios como pocos” (Nehemías 7:2, compárese con la meditación del 6 de enero). Apreciamos algo nuevo y fundamental en estos líderes. No son aduladores o mercenarios; no están tratando de “encontrarse a sí mismos” o demostrar su hombría; no buscan subir a la escalera del éxito. Son hombres íntegros, que temen a Dios sobre todas las cosas.

Entonces, Nehemías da instrucciones acerca de la apertura y cierre de las puertas, previstas para evitar cualquier trampa entre las peligrosas horas del anochecer y el amanecer (7:3). Así pues, la administración y defensa de Jerusalén quedan establecidas.

Nehemías afronta ahora otro problema: la ciudad está vacía (7:4). Los muros se reconstruyeron ocupando aproximadamente la misma extensión que los originales. Jerusalén es una ciudad importante, pero la mayor parte de los judíos retornados están viviendo en la campiña. Lo que acontece en los siguientes capítulos, por tanto, sólo puede definirse como un avivamiento, seguido de la determinación del pueblo de enviar una décima parte de sus miembros a la ciudad para convertirse en la semilla de una nueva generación de jerosolimitanos. Como primer paso, Nehemías ahonda en los ya antiguos registros de aquellos primeros exiliados que volvieron del cautiverio a fin de esclarecer las genealogías que demostrasen quién formaba parte del pueblo del pacto y especialmente quién podía servir como sacerdote. Los pasos dados por Nehemías parecen formar parte de un minucioso plan del que él mismo afirma: “Mi Dios puso en mi corazón” (7:5).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 17). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Y después?

Si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.

Job 24:17

Jesucristo… quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

2 Timoteo 1:10

¿Y después?

En muchos países la esperanza de vida ha aumentado en los últimos decenios, sin embargo nuestra vida está amenazada por múltiples peligros y enfermedades. A pesar de las precauciones y los mejores cuidados, la muerte es inevitable. Solo tenemos un determinado tiempo para vivir. ¿Y después? Tarde o temprano la muerte se convierte en un motivo de inquietud o de angustia. Entonces algunos hacen burla de ella, o tratan de no preocuparse apoyándose en ideas sin fundamento, tales como la reencarnación, el purgatorio, la nada, el paraíso para todos…

¿Qué dice la Biblia? Su lenguaje es claro: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). También nos revela cómo escapar al juicio de Dios: “El que oye mi palabra (dice Jesús), y cree al que me envió (Dios), tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Esta vida, es decir, la vida eterna, me permite experimentar la felicidad en la presencia de Dios, desde ahora y para siempre. “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9).

Para el creyente que posee esta vida porque aceptó la salvación mediante Jesucristo, la muerte ya no es algo espantoso, pues es un enemigo vencido. Jesús, mediante su muerte, destruyó “por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”, y liberó “a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Génesis 21 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26

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