Génesis 20 | Mateo 19 | Nehemías 9 | Hechos 19

19 ENERO

Génesis 20 | Mateo 19 | Nehemías 9 | Hechos 19

La psicología de las masas es fácil de explicar después de los hechos, pero difícil de predecir. Recuerdo unas escandalosas elecciones del campus en la Universidad McGill, hace treinta y cinco años. Un estudiante interrumpió al candidato en cuestión con un par de comentarios embarazosos. La multitud se puso inmediatamente de su lado, alentándolo. Envalentonado, prosiguió con otro argumento, pero este era débil y no tenía sentido. El candidato lo miró con desdén y le preguntó: “¿Estás intentando hacer una reflexión?”. Incapaz de responder de forma rápida y directa, el estudiante vio cómo enseguida la multitud comenzó a abuchearle y decirle que se sentase y callase. En dos minutos, el apoyo entusiasta pasó a ser desprecio y burla. Fue fácil analizar lo ocurrido; era difícil de predecir. Demetrio el platero aprendió esta lección duramente (Hechos 19:23–41). Viendo que el testimonio de Pablo era efectivo, lo cual suponía una amenaza de disminución de ventas en su negocio como artesano que elaboraba estatuillas de plata de la diosa Artemisa (Diana en latín), trata de despertar oposición para detener el movimiento cristiano. Planeado o no, el resultado es el estallido de grandes disturbios, algo que Pablo considera como una oportunidad gloriosa de presentar el Evangelio a una enorme multitud; sus amigos, sin embargo, ven a esta como un peligro tan grande que consiguen, no sin dificultades, convencerle de apartarse de la misma.

Finalmente, el “secretario del concejo municipal” (más o menos, el equivalente a un alcalde) tranquiliza a la muchedumbre. Éfeso es una ciudad libre; Roma confía en que puede gobernarse sola y permanecer fiel al imperio. Este hombre sabe bien que las noticias de revueltas allí podían desencadenar una investigación que podría cambiar la posición de Éfeso. Roma podía enviar tropas e imponer un gobernador comisionado por el senado o por el propio emperador. El alcalde dice que los cristianos no son culpables de profanar el templo de Artemisa. Entonces, ¿por qué esos disturbios? Si Demetrio y sus amigos se sienten agraviados, que acudan a los tribunales o esperen la convocatoria de la próxima “legítima asamblea” de la ciudad (19:39, es interesante que el término sea ekklesia, de donde deriva “iglesia”), constituida adecuadamente. Así pues, este representante de la ciudad apacigua a la multitud y la despide.

Algunas lecciones son obvias. (1) Habitualmente, es muy insensato espolear a una muchedumbre. Las consecuencias de esta acción son impredecibles. (2) Dios siempre lo controla todo. A pesar de algunos momentos angustiosos, los resultados son maravillosos en este caso: los cristianos son absueltos, Demetrio y sus compinches han quedado mal, nadie ha sufrido daños. (3) Dios puede utilizar extrañas presiones económicas y políticas, incluyendo, en este caso, un artesano y un alcalde paganos, para llevar a cabo sus buenos propósitos.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 19–20). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Esperemos que… sin embargo (1)

Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina… apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.

2 Timoteo 4:3-4

Esperemos que… sin embargo (1)

Galileo Galilei fue un astrónomo, ingeniero, matemático y físico italiano. Había descubierto que la Tierra giraba alrededor del Sol. En 1633, un tribunal le obligó a retractarse de sus descubrimientos. Los que rechazaban los hallazgos de este científico, quizá sacudidos en sus convicciones, habrían dicho: «¡Esperemos que la Tierra no gire…!».

Aún hoy esta puede ser nuestra actitud. Se oye decir que «creer lo que queremos creer» es un signo de libertad, pero en realidad es una decisión dictada por el miedo a cuestionarnos. ¡Esperemos que Dios no exista! De este modo el hombre sería el dueño del mundo y no tendría que rendir cuentas a nadie.

¡Esperemos que todo se acabe con la muerte, así no tendré que ser juzgado por la vida que llevo! ¡Esperemos que el “pecado” sea una noción pasada de moda, o al menos subjetiva! ¡Así puedo continuar haciendo lo que quiero!

¡Esperemos que no haya una norma «superior», trascendente, para definir lo que está bien! Me dicen que tengo derecho a pensar que todo lo que hago está bien. ¡Esperemos que el hombre sea bueno, como muchos piensan!

¡Esperemos que nadie descubra todo lo que hay en el fondo de mi ser, mis pensamientos más secretos, mi egoísmo, mis rencores y mi odio! Así puedo estar en paz y salir sin experimentar sentimientos de culpa y vergüenza.

¡Esperemos que todos los caminos lleven a la felicidad! Así no habría que buscar el mejor. ¡Soy libre de pensar como quiera, y espero seguir siéndolo! En otras palabras, ¡esperemos que la Biblia no diga la verdad! Sin embargo… ¿qué sucedería si nos atreviésemos a ir más lejos?

(mañana continuará)

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¿Tiene idea de cuán supremo llamamiento es servir a Cristo?

Obligado a servir

1/18/2018

Que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados. (Efesios 4:1)

¿Tiene idea de cuán supremo llamamiento es servir a Cristo?

Pablo dijo: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10). También dijo: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Ef. 4:1).

En los tiempos antiguos, a un vencedor en los juegos olímpicos se le preguntó una vez: “Espartano, ¿qué ganarás con esta victoria?” A lo que respondió: “Señor, tendré el honor de luchar en la línea del frente para mi rey”. Que esa sea su respuesta al llamado de su Rey.

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El remedio para el orgullo

ENERO, 18

El remedio para el orgullo

Devocional por John Piper

Oíd ahora, los que decís: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia. Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana. Sólo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. Más bien, debierais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestra arrogancia; toda jactancia semejante es mala. (Santiago 4:13-16)

Cuando uno toma tres tipos de tentación —la sabiduría, el poder y las riquezas— y los lleva a la confianza en uno mismo, estos forman un poderoso aliciente hacia la expresión máxima del orgullo: el ateísmo. La manera más segura de permanecer superiores en nuestra propia estima es negar cualquier cosa que esté por encima de nosotros.

Es por eso que los arrogantes se interesan en mirar a los demás con desdén. «Un hombre orgulloso siempre mira con desprecio a cosas y personas; y, por supuesto, cuando uno está mirando hacia abajo, no puede ver lo que está por encima suyo» (C. S. Lewis, Mero Cristianismo).

Sin embargo, para preservar el orgullo más fácil sería proclamar que no hay nada que observar por encima de uno. «El impío, en la altivez de su rostro, no busca a Dios. Todo su pensamiento es: No hay Dios» (Salmos 10:4). Finalmente, los orgullosos deben persuadirse a sí mismos de que no hay un Dios.

Una razón para lo anterior es que la realidad de Dios es de una intromisión abrumante en cada detalle de la vida. El orgullo no puede tolerar la participación íntima de Dios inclusive en los asuntos simples de la vida.

Al orgullo no le agrada la soberanía de Dios. Por lo tanto, al orgullo no le agrada la existencia de Dios porque él es soberano. Expresará esto al decir: «Dios no existe»; o diciendo: «Iré manejando a Atlanta para Navidad».

Santiago dice: «No estén tan seguros». Mejor digan: «Si el Señor quiere, viviremos y llegaremos a Atlanta para Navidad». El punto de Santiago es que Dios es el que decreta si llegaremos a Atlanta, y si viviremos para terminar este devocionario. Esto es extremadamente ofensivo a la autosuficiencia del orgullo —el no tener control, ¡aun sobre si se llega al final del devocionario sin que a uno le dé un derrame cerebral!—.

Santiago dice que no creer en el derecho soberano de Dios de manejar los detalles de nuestro futuro es arrogancia.

La manera de combatir esta arrogancia es ceder a la soberanía de Dios en todos los detalles de la vida, y descansar en sus promesas infalibles de mostrarse poderoso a nuestro favor (2 Crónicas 16:9), de seguirnos con el bien y la misericordia cada día (Salmos 23:6), de obrar en favor de los que esperan en él (Isaías 64:4), y de obrar en nosotros lo que necesitamos para vivir para su gloria (Hebreos 13:21).

En otras palabras, el remedio para el orgullo es una fe firme en la gracia de Dios para el futuro.


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, página 90

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Génesis 19 | Mateo 18 | Nehemías 8 | Hechos 18

18 ENERO

Génesis 19 | Mateo 18 | Nehemías 8 | Hechos 18

Si yuxtaponemos las dos lecturas de hoy: Nehemías 8 y Hechos 18, aprenderemos algo.

Gran parte de Hechos 18 está dedicada a la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios y al asunto de cómo entender correctamente la revelación del Señor. Cuando Silas y Timoteo llegan a Corinto desde Macedonia (18:5), llevando presumiblemente con ellos algún dinero para su sustento, Pablo puede dedicarse “exclusivamente a la predicación” (18:5). Finalmente, la fuerte oposición que encuentra le obliga a pasar más tiempo con los gentiles. No pudiendo utilizar ya libremente la sinagoga, hace uso de la casa de Ticio Justo, al lado de la misma. Pronto, el propio jefe de esta se convierte (18:8). Algunos judíos formalizan una acusación legal contra Pablo, pero el magistrado local percibe que la disputa se ciñe esencialmente a interpretaciones contrarias de las Escrituras (18:12–16). El final del capítulo nos presenta a Apolos, versado en la Palabra y elocuente orador, pero mal informado aún sobre Jesús. “Conocía sólo el bautismo de Juan” (18:25). Puede que dominara las enseñanzas de Juan el Bautista para anunciar la venida de Jesús y quizás sabía incluso detalles de su vida, muerte y resurrección; sin embargo, como los “creyentes” al principio del siguiente capítulo, probablemente no tenía idea alguna de Pentecostés y del don del Espíritu; después de todo, muchos judíos de todo el imperio visitaban Jerusalén en la época de las fiestas y volvían a casa después. Si Apolos y otros se habían marchado de la ciudad después de la resurrección pero antes de Pentecostés, no era imposible que hubiesen transcurrido años antes de recibir toda la información, precisamente lo que Priscila y Aquila exponen a Apolos, explicándole “con mayor precisión el camino de Dios” (Hechos 18:26).

En Nehemías 8, Esdras comienza una conferencia bíblica de siete días. Lee detenidamente “la ley” a la multitud congregada. Los levitas se unen; “Los levitas… le explicaban la ley al pueblo, que no se movía de su sitio. Ellos leían con claridad el libro de la ley de Dios y lo interpretaban de modo que se comprendiera su lectura” (8:7–8). La palabra “interpretaban” puede traducirse “traducían”, pues la ley estaba escrita en hebreo, pero en esa época casi todo el mundo hablaba arameo. La Biblia había pasado a ser un libro hermético para ellos. Las personas la están entendiendo de nuevo por medio de su exposición y traducción. Todos se gozan por “haber comprendido lo que se les había enseñado” (8:12).

Tanto en el antiguo pacto como en el nuevo, lo más importante para el crecimiento y la maduración del pueblo de Dios es un corazón que anhele leer y comprender las palabras de su Señor, y personas que las expongan y expliquen con claridad.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 18). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El milagro de la resurrección

(El cuerpo) se siembra en debilidad, resucitará en poder. Como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

1 Corintios 15:43, 49

El milagro de la resurrección

En mi jardín, en la rama de un rosal, una oruga gris trepaba y tanteaba buscando probablemente un lugar apropiado para hacer su metamorfosis. Se instaló en una horquilla y, pacientemente, empezó a confeccionar su capullo.

Como me interesaba el fenómeno, a menudo iba al jardín para no perderme la eclosión. En efecto, un buen día tuve la alegría de presenciar el nacimiento de una magnífica mariposa que desplegó sus alas multicolores y las dejó secar al sol. Aún era frágil y estaba como aturdida por la extraordinaria transformación que acababa de tener y deslumbrada por la luz del día.

Esa oruga y esa mariposa era un solo y único ser; había empezado su vida trepando y la terminó volando. Sucede lo mismo con el creyente, a quien el Señor salvó. Mientras vive en la tierra va caminando a duras penas, vinculado a la naturaleza contaminada por el pecado, soportando la enfermedad, el cansancio, las dificultades. Luego se duerme y su cuerpo es colocado en una tumba, al igual que una crisálida aparentemente sin vida. Pero este no es el final de su historia. Llegará el día en que el Señor lo revestirá con un cuerpo inmortal semejante al suyo, y entonces emprenderá el glorioso y definitivo vuelo hacia la casa del Padre.

“Entonces se cumplirá la palabra que está escrita:… ¿Dónde está, oh muerte… tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:54-57).

Génesis 22 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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Entre en el juego

Entre en el juego

1/17/2018

Corred de tal manera que lo obtengáis. (1 Corintios 9:24)

Como yo era un deportista cuando niño, jugué en varios equipos en diversos programas deportivos. Recuerdo a muchos muchachos con poca o ninguna capacidad deportiva que trataban de formar parte de aquellos equipos. Una que otra vez, a un entrenador le daba pena con algún muchacho así y lo ponía en el equipo a pesar de su actuación. Le daba al muchacho un uniforme para hacerle sentir que era parte del equipo aunque no permitiera que el muchacho participara en el juego.

Afortunadamente, es todo lo contrario en la vida cristiana. El Señor no nos pone en el equipo solo para que nos sentemos en el banco. Tiene el propósito de enviarnos al juego. Es su gracia la que nos llama a la salvación, y es su voluntad la que nos envía al mundo para dar testimonio de Él.

Todos somos como el muchacho que no tenía habilidad. Dios nos pone misericordiosamente en el equipo, no debido a nuestra habilidad, sino sim­ple­mente por su gracia soberana. Y Él nos da la capacidad para participar en el juego. Así que entre en el juego y dé gracias por el santo privilegio de servir a Jesucristo.

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La fe auténtica está deseosa por Cristo

ENERO, 17

La fe auténtica está deseosa por Cristo

Devocional por John Piper

Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan. (Hebreos 9:28)

¿Qué deberemos hacer para saber que nuestros pecados han sido cancelados por la sangre de Cristo y que, cuando él venga, nos protegerá de la ira de Dios y nos llevará a la vida eterna? La respuesta es la siguiente: confiemos en Cristo de manera tal que nos haga estar deseosos de su venida.

Él vendrá a salvar a aquellos que «ansiosamente le esperan». ¿Cómo nos preparamos entonces? ¿Cómo experimentamos el perdón de Dios en Cristo y nos preparamos para encontrarnos con él? Confiando en él a tal punto que estemos deseosos por su venida.

Esta deseosa expectativa por Cristo es simplemente una señal de que verdaderamente lo amamos y creemos en él.

Existe una fe fingida que solo quiere escapar del infierno y que no tiene ningún deseo por Cristo. Esa fe no salva, y tampoco produce esa deseosa expectativa por la venida de Cristo, sino que preferiría que Cristo no viniese por el mayor tiempo posible, para así aprovechar del mundo tanto como pudiera.

La fe que verdaderamente abraza a Cristo como tesoro y esperanza y gozo es la fe que nos hace estar deseosos por su venida, y es la fe que salva.

Por eso, los aliento a que se alejen del mundo y del pecado y se volteen hacia Cristo. No lo tomen únicamente como una póliza de seguro contra incendios, sino como el novio y amigo y Señor que tan ansiosamente esperaron.


Devocional tomado del sermón “¿Qué hará Cristo en la segunda venida?”

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Génesis 18 | Mateo 17 | Nehemías 7 | Hechos 17

17 ENERO

Génesis 18 | Mateo 17 | Nehemías 7 | Hechos 17

Cuando se termina un gran proyecto de construcción, o cuando se ha alcanzado un importante objetivo, se tiende frecuentemente a la relajación. En muchas ocasiones, una congregación ha dedicado una considerable energía para construir una nueva instalación y después se ha quedado aletargada durante meses o incluso años.

Nehemías percibe que la construcción del muro, tras la cual lo normal sería relajarse, no es el punto culminante del regreso. El resto del libro deja muy clara esta idea. La obra es poco menos que una preparación para muchas reformas políticas y religiosas de gran alcance. En el ministerio, es vital distinguir siempre los medios de los fines.

Con el muro terminado, Nehemías continúa siendo gobernador de toda la región de Judá durante un tiempo, pero escoge a dos hombres para que se ocupen de Jerusalén: su hermano Jananí (aparentemente, alguien en quien podía confiar) y un militar, Jananías, elegido por ser “fiel y temeroso de Dios como pocos” (Nehemías 7:2, compárese con la meditación del 6 de enero). Apreciamos algo nuevo y fundamental en estos líderes. No son aduladores o mercenarios; no están tratando de “encontrarse a sí mismos” o demostrar su hombría; no buscan subir a la escalera del éxito. Son hombres íntegros, que temen a Dios sobre todas las cosas.

Entonces, Nehemías da instrucciones acerca de la apertura y cierre de las puertas, previstas para evitar cualquier trampa entre las peligrosas horas del anochecer y el amanecer (7:3). Así pues, la administración y defensa de Jerusalén quedan establecidas.

Nehemías afronta ahora otro problema: la ciudad está vacía (7:4). Los muros se reconstruyeron ocupando aproximadamente la misma extensión que los originales. Jerusalén es una ciudad importante, pero la mayor parte de los judíos retornados están viviendo en la campiña. Lo que acontece en los siguientes capítulos, por tanto, sólo puede definirse como un avivamiento, seguido de la determinación del pueblo de enviar una décima parte de sus miembros a la ciudad para convertirse en la semilla de una nueva generación de jerosolimitanos. Como primer paso, Nehemías ahonda en los ya antiguos registros de aquellos primeros exiliados que volvieron del cautiverio a fin de esclarecer las genealogías que demostrasen quién formaba parte del pueblo del pacto y especialmente quién podía servir como sacerdote. Los pasos dados por Nehemías parecen formar parte de un minucioso plan del que él mismo afirma: “Mi Dios puso en mi corazón” (7:5).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 17). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Y después?

Si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.

Job 24:17

Jesucristo… quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

2 Timoteo 1:10

¿Y después?

En muchos países la esperanza de vida ha aumentado en los últimos decenios, sin embargo nuestra vida está amenazada por múltiples peligros y enfermedades. A pesar de las precauciones y los mejores cuidados, la muerte es inevitable. Solo tenemos un determinado tiempo para vivir. ¿Y después? Tarde o temprano la muerte se convierte en un motivo de inquietud o de angustia. Entonces algunos hacen burla de ella, o tratan de no preocuparse apoyándose en ideas sin fundamento, tales como la reencarnación, el purgatorio, la nada, el paraíso para todos…

¿Qué dice la Biblia? Su lenguaje es claro: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). También nos revela cómo escapar al juicio de Dios: “El que oye mi palabra (dice Jesús), y cree al que me envió (Dios), tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Esta vida, es decir, la vida eterna, me permite experimentar la felicidad en la presencia de Dios, desde ahora y para siempre. “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9).

Para el creyente que posee esta vida porque aceptó la salvación mediante Jesucristo, la muerte ya no es algo espantoso, pues es un enemigo vencido. Jesús, mediante su muerte, destruyó “por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”, y liberó “a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Génesis 21 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26

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