Amor Correspondido

DÍA 24

Salmo 18

Dosis: Amor Eterno

Amor Correspondido

“Extendiendo su mano desde lo alto, tomó la mía y me sacó del mar profundo. Me libró de mi enemigo poderoso, de aquellos que me odiaban y eran más fuertes que yo. En el día de mi desgracia me salieron al encuentro, pero mi apoyo fue el SEÑOR. Me sacó a un amplio espacio; me libró porque se agradó de mí.” (Salmo 18:16–19) (NVI)

Dios da a David una prueba de su amor al darle la victoria. Amenazado por sus enemigos, siente que se ahoga, como si estuviera hundido en el mar, entonces Dios lo libera, lo saca a un lugar espacioso, donde puede moverse a su gusto, ya sin temores y prosperar. David reconoce que la gracia de Dios lo ha salvado, él dice: “me libró porque me amaba”, “porque se agradó de mí.”

David inicia el Salmo declarando su amor a Dios y ahora declara el profundo amor que Dios tiene hacia él. Así es la gracia de Dios, que protege, cuida y levanta. Gracia que transforma nuestras situaciones y que obra por amor. ¿Te ha sacado Dios de las pruebas a un lugar espacioso? Si Dios te ha dado victoria, reconoce su gracia. David ya ha sido consolado por el amor y la liberación de Dios y ahora lo alaba porque Dios ha salido en defensa de su integridad:

“El SEÑOR me ha pagado conforme a mi justicia; me ha premiado conforme a la limpieza de mis manos, pues he andado en los caminos del SEÑOR; no he cometido mal alguno ni me he apartado de mi Dios. Presentes tengo todas sus sentencias; no me he alejado de sus decretos. He sido íntegro con él y me he abstenido de pecar. El SEÑOR me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos.”

David se alegra del testimonio de su conciencia, de haberse comportado con sencillez y sinceridad. Aquí testifica de su inocencia pues estaba siendo acusado falsamente. A pesar que tuvo caídas, continuamente se arrepentía y acudía a Dios. Él había conservado su vista fija en sus mandamientos: “pues delante de mí estuvieron todos sus juicios, y no me he apartado de sus estatutos”. David tenía ese temor de Dios reverente.

¿Tienes esta misma actitud frente a la vida? ¿Tienes presente sus mandamientos y sus estatutos cada día? Hay situaciones en los que somos tentadas a mentir o a ser injustas o indiferentes. Perdemos el temor de Dios y sin darnos cuenta nuestra integridad. Sabemos lo que podemos esperar de Dios, pero él espera también de nosotras: amor, misericordia, santidad, rectitud, justicia y humildad. Si somos fieles disfrutaremos de su misericordia.

Recuerda que Dios está presto a darnos victoria también sobre nuestras debilidades, si nos arrepentimos y le pedimos su fortaleza “Examíname oh Dios y conoce mi corazón, pruébame y conoce mis pensamientos y ve si hay en mí camino de perversidad” …para que al final podamos decir como David: “Tú, SEÑOR, mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas.”69

Oración: Señor, enséñame a reconocer tu gracia y tu amor y a valorar mi integridad delante de tus ojos. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 39). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros

Viernes 13 Septiembre

El Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.

Juan 1:1, 14

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Mateo 1:23

En él (Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.

Colosenses 2:9

Pregunta en suspenso

El rey Salomón, conocido por su gran sabiduría, construyó un magnífico templo para Dios. Con motivo de su inauguración, sorprendido por la grandeza de Dios, Salomón exclamó: “¿Es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (1 Reyes 8:27).

La pregunta de Salomón permanecerá mucho tiempo sin respuesta. Pero mil años más tarde, en la ciudad de Belén, la virgen María trajo al mundo al niño Jesús, Dios “manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). En ese niño, Dios el Hijo vino a habitar en la tierra. Él nos revela su amor por sus criaturas y su deseo de estar presente con ellas. La pregunta recibe así una respuesta maravillosa.

Hoy Jesús ya no está en la tierra, él murió, resucitó y subió al cielo. Por haber dado su vida en la cruz, su sangre purifica de todo pecado al que cree en él. Así, ahora Dios puede morar, por su Espíritu, en cada creyente en la tierra, como en un templo (1 Corintios 6:19). Y, todos juntos, los creyentes constituyen la casa de Dios, una “morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).

Por último, cuando el mundo actual haya dado lugar a nuevos cielos y una nueva tierra, leemos: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos” (Apocalipsis 21:3). Dios habitará eternamente con todos los redimidos por la sangre de Jesús.

2 Crónicas 29 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11

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