Carta a Sardis

Iglesia Evangélica Unida

Carta a Sardis

Samuel Pérez Millos

 

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

Una decisión consciente

Septiembre 24

Una decisión consciente

Sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

Colosenses 3:14

Todos los creyentes tenemos que tomar la decisión consciente de amar a los demás. Hace algún tiempo aconsejé a una pareja que había estado luchando seriamente en su matrimonio durante mucho tiempo. Les conté que tenían que tomar una decisión consciente de amarse el uno al otro. Tenían que adiestrarse en amar a veces cuando se sentían enojados. Tenían que sustituir la rudeza y las palabras ásperas con el amor.

Dos días después de nuestra conversación, el esposo me llamó y me dijo: “Solo quería que usted supiera que cada vez que surge un problema estamos esforzándonos por hacer todo lo que podamos en el Espíritu de Dios a fin de tomar una decisión consciente de amar, estar en paz y demostrar bondad sin que importe el precio para nuestro ego”. El optar por ser bondadoso con los demás y perdonarlos es un factor en aprender a amar. El Espíritu Santo lo capacita para hacer eso cuando usted adiestra su mente y se compromete a obedecer al Señor.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Cómo ganar la guerra contra la preocupación

El Amor que Vale

Edificando sobre la Roca

Cómo ganar la guerra contra la preocupación

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

https://www.youtube.com/channel/UCXwKuk0THDCSB2XMWYmMeeQ

Nueva Era 3/3 – Susurro de Demonios

Sabiduría para el Corazón

Stephen Davey

Dioses de la Nueva Era

Nueva Era 3/3 – Susurro de Demonios

Aunque el “boom” de los canalizadores de “guías espirituales” ha decaído, su influencia ha dejado un profundo legado en nuestra sociedad. En este programa estudiamos lo que la Biblia dice acerca estas practicas y los peligros de involucrarse con el tipo incorrecto de espiritualidad.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org

Las maldiciones del pacto

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Las maldiciones del pacto

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/27948146

Continuamos con nuestro estudio del corazón de la Teología Reformada. Hoy quiero que prestemos atención al concepto de pacto. Uno de los nombres más frecuentes que oímos para definir a la Teología Reformada es el término «Teología del Pacto». Para ser sincero con ustedes, yo casi nunca uso ese término, no es que me oponga a él por alguna razón en particular, es solo que creo que puede ser un poco confuso, porque creo que todos los cristianos reconocen que el concepto de pacto es obviamente frontal y central en ambos Testamentos. De hecho, cuando hablamos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, nos referimos al Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto, y todos estamos conscientes de la realidad del lenguaje del pacto que aparece disperso a lo largo de las Escrituras. Oímos hablar de un muchos de pactos en el Antiguo Testamento: el pacto que Dios hace con Noé, con la señal del arcoíris en el cielo; el pacto con Abraham, con la señal de la circuncisión; y el pacto en el Sinaí con Moisés. Y hemos oído de Jeremías hablando acerca de un nuevo pacto; y sabemos que, en el Aposento Alto, cuando nuestro Señor celebra la Pascua con sus discípulos la noche antes de Su ejecución, él instituye el Nuevo Pacto, y habla del Nuevo Pacto que es por su sangre, y así sucesivamente.

Y así tenemos este tema repetido sobre pactos en la Escritura. Y la razón por la que a menudo la Teología Reformada es llamada Teología de Pactos es porque esta ve la estructura o el formato del pacto en la Biblia como un elemento crucial en el que todo el plan de redención funciona, y se convierte en una especie de clave para comprender e interpretar el resto de las Escrituras.

Y debido a esto es que la Teología Reformada destaca este motivo central del pacto como el marco en el que se lleva a cabo la redención. Y de nuevo en las categorías teológicas y en términos de las confesiones históricas las iglesias reformadas tienen una tendencia a distinguir entre los tres pactos principales.

Es una designación general, pero quiero tomarme un tiempo para tratar estos temas. El primero se conoce como el pacto de redención, el segundo se conoce como el pacto de obras y el tercero se conoce como el pacto de gracia.

Y lo que quiero hacer hoy es dar una breve explicación de las características distintivas de estos tres pactos. Normalmente pensamos en un pacto como en un acuerdo entre dos o más partes. Tenemos pactos en nuestra propia cultura. De hecho, la forma de gobierno estadounidense se llama, históricamente, un contrato social o un pacto social que implica el consentimiento de los gobernados, que existe un acuerdo entre el gobierno y el pueblo, y que hay ciertas estipulaciones que definen esa relación que buscamos en la Constitución y la Declaración de Derechos.

Nosotros institucionalizamos y consagramos matrimonios sobre la base de pactos. Se hacen promesas y se acuerdan términos, y así sucesivamente. Del mismo modo está la realidad del pacto empresarial o de los contratos industriales, que se ven en las noticias todo el tiempo. Cuando la mano de obra y la gestión están elaborando un nuevo contrato, lo que están haciendo es un pacto, un acuerdo que impone obligaciones a ambas partes, y así sucesivamente.

Bueno, cuando nos fijamos en los pactos bíblicos, el primer pacto que delineamos no es un pacto que, directa e inmediatamente, involucra gente. El pacto de la redención es un concepto teológico que se refiere a la armonía y la unidad de propósito que ha estado en existencia toda la eternidad en términos de la relación mutua y el acuerdo de las tres Personas de la Trinidad.

En esto es que Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo están todos de acuerdo desde toda la eternidad, en el hecho de llevar adelante la obra de la redención. Distinguimos entre las personas de la Divinidad en cuanto a las tareas específicas que son realizadas por ellos en la obra de redención.

Leemos en Juan 3:16 que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna». Ahora, el idioma de ese texto de Juan 3:16 es importante. Nosotros no decimos, ni el Nuevo Testamento dice, que Cristo amó tanto al mundo, que convenció al Padre para que perdone sus pecados. Es decir, el Padre envía a su Hijo a este mundo. El hijo no envía al Padre a este mundo.

Es el Padre que diseña el plan de redención y que inicia la obra de redención mediante el envío de su Hijo unigénito al mundo para llevar a cabo su obra redentora como nuestro Salvador y como nuestro Mediador. Y en el Credo de Nicea, en el Siglo IV, se confiesa que después que Cristo lleva a cabo su obra redentora, y Él asciende al cielo, entonces juntos el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo a el mundo para aplicar la obra de Cristo al pueblo de Dios. Así que el Padre envía primero al Hijo y el Padre y el Hijo, juntos, envían al Espíritu Santo.

Ahora bien, esto puede malinterpretarse, ya que sabemos que la expiación, por ejemplo, se atribuye al Hijo, no al Padre o al Espíritu Santo. Y sabemos que el proceso de la santificación es asignado a la obra del Espíritu Santo, no al Padre o al Hijo.

Sin embargo, no es como si el Padre y el Hijo no estuvieran completamente involucrados en nuestra santificación. Toda la creación es una obra Trinitaria. Y el conjunto de la redención es una obra Trinitaria. Toda la dimensión personal de la Deidad está involucrada en todo esto.

Pero el punto para explicar el pacto, el pacto de redención es evitar el error que ha ocurrido más de una vez en la historia de la iglesia de pensar que el Padre y el Hijo están en conflicto entre sí y que el Hijo tiene que persuadir a este Padre enojado para que aparte su enojo del Hijo como si fuera la graciosa idea de Dios, la idea de Dios el Padre en primer lugar, o la idea de que Cristo realiza su obra a regañadientes.

Él viene a Getsemaní y ora al Padre: «pasa de mí esta copa». Entonces ¿que continúa diciendo? «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Y no es como si el Hijo dijera «bien, si tengo que hacerlo lo haré», sino, lo que está diciendo es que, si se trata de agradar al Padre, entonces es mi comida y bebida hacer la voluntad del Padre.

El punto con el tema del pacto de la redención es mostrar la completa unidad y el acuerdo que hay en la Deidad desde toda la eternidad en lo que respecta al plan de salvación. Ahora, cuando nos adentramos en la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia esto genera un poco más de controversia. Pero lo que está a la vista aquí, es esto: el pacto de obras en la teología reformada se refiere al pacto inicial que Dios hace con el hombre, con Adán y Eva en el Paraíso donde Adán representa no solo a él y su esposa, sino su descendencia, toda la gente. Él es Adán, representa la humanidad.

Y Dios creó a Adán y Eva y los pone en una situación de prueba. Él hace promesas de bendición para ellos en caso de que sean obedientes y promesas de juicio sobre ellos en caso de que sean desobedientes, y Él los pone a prueba por así decirlo, diciendo, que si comen del árbol del conocimiento del bien y del mal ciertamente morirán. Y el día que comas de él, ciertamente morirás.

Es decir, se anuncian castigos a las criaturas en el caso de que transgredan el mandamiento de su Creador. Ahora, eso significa que el destino de Adán y Eva y su linaje se determina por su respuesta a la ley de Dios, por su comportamiento, por su obrar. Y por eso se llama el pacto de obras. Dios dice que, si haces buenas obras, vivirás, si haces malas obras morirás. Así de simple.

Ahora a algunas personas no les gusta la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia porque dicen «bueno ya sabes, Dios ni siquiera tenía que hacer un pacto en absoluto con Adán y Eva. El mismo hecho de que Él se inclinara a tener una relación personal con ellos y les diera la oportunidad de la vida eterna de bienaventuranza en Su reino, era en sí gracia. Y no creo que haya realmente disputa alguna acerca de eso.

Es decir, es obvio que Dios no estaba obligado moralmente a dar un camino de salvación a Sus criaturas. Y aceptamos que el pacto de obras está arraigado y fundado en el carácter eterno de la gracia de Dios. Pero lo que esto significa por distinción es que inicialmente los términos de la relación de Dios se establecen con respecto a la obediencia o desobediencia a Su ley.

Y lo qué pasó fue que Adán y Eva desobedecieron. Ellos violaron el pacto de obras trayendo sobre sí mismos, y sobre todos los que ellos representaban, el juicio de Dios, porque el pacto de la creación había sido violado. Ahora permítanme un segundo para hacer un pequeño paréntesis aquí.

Entendemos que vivimos en una cultura en la que hay diferentes tipos de religiones compitiendo y personas que son seculares y que no tienen tiempo para la religión en absoluto. Y no podrían estar menos interesados en toda esa idea de pacto. Y la gente me pregunta ¿están estas personas en el pacto de Dios?

Y yo les contesto así: primero la pregunta es ¿esta gente es gente? Y si respondemos sí, por supuesto, estas personas son personas, y luego la siguiente pregunta es ¿cuándo Dios hizo su pacto con la creación, lo hizo con todos en el mundo o solo con dos individuos aislados que vivían en un bonito jardín en el Edén?

Ahora, la idea bíblica es que el pacto que Dios hizo con Adán y Eva fue un pacto con toda la raza humana. Bueno, la gente puede negar ese pacto, la gente puede repudiar ese pacto, la gente puede despreciar ese pacto, pero lo que no pueden hacer es deshacerse de él. No pueden anularlo. Y una de las razones del porqué las Escrituras nos lleva a todos a comparecer ante el tribunal de Dios y declararnos culpables ante Dios, es que todos hemos quebrantado su ley.

Todos hemos hecho malas obras. Todos hemos fallado en mantener el pacto original de la creación. Todos hemos dejado de cumplir la obligación que toda criatura debe cumplir: glorificar a Dios, honrarlo como Dios, ser agradecidos con Dios, y obedecer Su ley. Así que la conclusión es que el mundo entero está poblado por quebrantadores del pacto.

Cristo fue enviado a un mundo que ya era culpable ante el Padre por romper la ley del Padre, por violar los términos mismos de la existencia humana, la base misma de la vida humana, según fuimos creados ante Dios. Y eso es lo que se quiere decir cuando hablamos del pacto de obras.

Ahora bien, esto se debe a que el primer Adán falló en el pacto de obras, y Dios hubiera tenido todo el derecho moral, en ese momento, de hacer exactamente lo que los términos del pacto establecían. Él pudo haberlos destruido a ellos y a toda la raza y eso habría sido todo. Pero en cambio condescendió para cubrir su desnudez y prometerles redención a través de Aquel que actuaría como su Salvador. De tal manera que Dios, en ese momento, instituye el pacto de gracia, el cual fue dado a Abraham, el cual fue dado a Moisés, que fue dado en todo el Antiguo Testamento: la promesa de que Dios redimiría a su pueblo, el cual era culpable de acuerdo al pacto de obras, de que Él salvaría a su pueblo a través de otro camino. Esto sí es algo fundamental, porque hay cristianos confesos hoy, que creen, que hay una diferencia fundamental entre cómo Dios salvó a la gente en el Antiguo Testamento, y cómo son salvas las personas ahora o después del Nuevo Testamento.

A pesar de que Pablo trata este punto en el tercer, cuarto, y quinto capítulo de Romanos, usando a Abraham como su ilustración de que la salvación se logra en el Antiguo Testamento por gracia, tal como es en el Nuevo Testamento, y que Abraham no fue justificado por las obras de la ley, sino por la fe en el Mesías prometido. La diferencia está en la diferencia entre promesa y cumplimiento. La gente en el Antiguo Testamento miraba hacia el futuro Redentor prometido, ponían su confianza en Él, y eran justificados por fe en Él. Miramos hacia atrás, hacia la obra que ha sido realizada por el Salvador. Ponemos nuestra confianza en Él.

Y la salvación es, básicamente, la misma ahora que como lo fue entonces. Lo distinto es que tenemos una comprensión más profunda de los puntos y los detalles de la misma, y lo que hace una mayor diferencia es que es un hecho consumado, que la obra de Cristo ya fue realizada en el plano de la historia.

Pero una vez que una persona rompe un pacto de obras, la única forma en que se hace posible restaurar la comunión con Dios es por la misericordia de Dios, no por su justicia. Por su gracia, no por nuestras obras. Y esto es crucial, ya que

vivimos en el tiempo en que la gente todavía anda pensando que pueden ser salvos delante de Dios por sus propias obras, que todavía pueden merecer su camino hacia el reino. No creemos en realidad que seamos deudores que no pueden pagar su deuda.

Olvidamos que los términos del pacto de obras eran bastante rígidos. Ellos exigían la perfección. Y si uno peca una vez, no hay nada que se pueda hacer para compensar eso, porque una vez que la mancha cae en tu nombre, ¿qué puedes hacer para llegar a ser perfecto otra vez? No puedes ser perfecto otra vez, porque la perfección no permitía la más mínima imperfección, pero, por supuesto, cuando nos presentamos ante Dios, venimos con más que una leve mancha.

Venimos con un tipo radical de contaminación delante de Él. Así que esta distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia ha sido realmente diseñada para arrojar luz sobre la naturaleza del evangelio. Ahora voy a decir algo que probablemente va a confundir a todo el mundo. Hemos hablado acerca de la doctrina de la justificación solo por fe, y es sólo por gracia que somos salvos.

Ahora voy a decir algo que a lo mejor les va a dar un infarto. En última instancia, la única forma en que alguien es justificado delante de Dios es por obras. Somos salvos por obras. Y somos salvos solo por obras.

No corten el video. Déjenme explicar esto, por favor. Cuando digo que la única forma en que somos salvos es por obras es: Porqué el pacto de gracia debe distinguirse del pacto de obras, pero nunca estar separado de este. El pacto de gracia es el pacto que Dios instituye para asegurar que el pacto original sea finalmente cumplido. Y cuando digo que estamos justificados por obras y por obras solamente, ¿qué quiero decir? Quiero decir que las bases de mi justificación y las bases de tu justificación son las obras perfectas de Jesucristo. Somos salvos por obras, pero no son las nuestras. Por eso decimos que somos salvos por fe, salvos por gracia, porque las obras que nos salvan no son las nuestras, sino que son obras de otra persona, que se sometió en todos los puntos del pacto de obras. El Nuevo Testamento describe a Jesús como el nuevo Adán.

Él es la nueva humanidad que logra aquello que no pudo lograr Adam. Por la desobediencia de un solo hombre, el mundo se hundió en la ruina, y por la obediencia de otro hombre a la ley de Dios, en todas sus demandas y en perfecta conformidad, Cristo redime a su pueblo, al ganar las bendiciones ofrecidas que Dios había prometido originalmente a Sus criaturas en su nombre. Ahora soy salvo por gracia en la medida en que la obra que me salva no es la mía.

Soy salvo por obras en el sentido de que la base de mi salvación está en las obras del Redentor perfecto, Aquel que desde toda la eternidad estaba dispuesto a asumir la carga de las criaturas de Dios y estaba dispuesto a venir a este mundo a someterse a los términos del pacto original por obras y para cumplirlo por su perfecta obediencia y para que Dios diera a su pueblo todos los beneficios de ese pacto, de tal manera que Él nos da todo lo que Cristo ha ganado, todo lo que Él es, es nuestro cuando confiamos en Él.

Eso es lo que queremos decir con el pacto de gracia. No es que el pacto por obras sea del Antiguo Testamento y el pacto por la gracia sea del Nuevo Testamento. No, el pacto de la gracia está en vigencia desde el tercer capítulo de Génesis, y está en todo el Antiguo y en el Nuevo Testamento, porque está basado sobre la libre gracia de Dios para con los pecadores necesitados.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

3/5 – La Verdadera Seguridad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento

3/5 – La Verdadera Seguridad

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Esperar en las Escrituras, es algo activo. No es tomar una siesta larga o entrar en modo de hibernación mientras Dios dirige el universo. No, permanecemos conectadas con Él. Estamos atadas e Él de manera que nuestro bienestar, nuestro futuro y nuestra esperanza estén totalmente conectadas con lo que Dios hace. Y Dios lo hace todo bien.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMosss en la voz de Patricia de Saladín.

Cuando tienes que esperar, puede ser inquietante. La vida está en suspenso hasta que este gran asunto en tu vida cambie. Encontrarás algo de aliento y esperanza en tus tiempos de espera mientras nos unimos a Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Estamos viendo el Salmo 37, uno de los pasajes más añorados del Antiguo Testamento, pero uno de los pasajes menos vividos, creo yo. Tiene que ver con todo este tema de la maldad y el mal en el mundo y cómo debemos de responder a ello.

Nos ha recordado que no debemos irritarnos por la maldad. Hemos dicho que irritarnos es mucho más que preocuparse. Irritarse tiene que ver con calentarse. No te calientes. No te enojes por lo que está sucediendo. Veremos que existe una ira que es justa, pero la mayoría de las veces nuestra ira no es justa. “Pues en la ira del hombre no obra la justicia de Dios.”(Santiago 1:20).

Así que lo que no debemos hacer es inquietarnos. Lo hemos visto en varias ocasiones en este pasaje. También hemos visto lo que sí debemos hacer, y es mirar hacia arriba,  enfocar toda nuestra energía, nuestra atención, nuestro esfuerzo, nuestra respuesta en el Señor.

He utilizado la frase de “atar nuestros corazones y nuestras mentes al Señor.” Si quiero estar segura tengo que atar mi mente mi corazón, mis emociones y mi vida a algo o a alguien que nunca puede ser removido. Ese puente, ese lugar seguro, es Dios mismo.

El salmista David dice en el salmo, no ates tu corazón a los malhechores. No dejes que tu sentido de bienestar suba y baje dependiendo de ellos.

¿Tú sabes cómo hacemos eso? He visto como mis propias emociones pueden ser tan afectadas por alguien a mi alrededor que esté haciendo algo malo. Estoy diciendo, ¿cómo es que todo mi futuro puede estar atado a si esa persona está haciendo bien o mal?

Tengo que atar mi corazón a Dios mismo. Ahí es donde vemos estas exhortaciones, comenzando en el versículo 3, que nos dicen mira hacia arriba, no te irrites. ¿Cuál es la cura para la ira y la inquietud? Mirar hacia arriba.

En la última sesión vimos la primera de las tres exhortaciones. ”Confía en el SEÑOR,   deléitate en el SEÑOR, encomienda al SEÑOR tu camino.”  Ahora llegamos a la cuarta de estas, y se encuentra en el versículo 7, donde la Escritura dice:” Confía callado en el Señor. ”

Algunas versiones dicen: “Descansa en el Señor.” La traducción literal es: “Guarda silencio ante el Señor.” La palabra hebrea traducida es “quieto” o “descanso” o “silente”—significa ser como tonto, pero no como alguien que no tiene inteligencia, sino en el sentido de no poder decir nada.

La implicación es de asombrarse, quedarse sin palabras, paralizado, callado o quedarse quietos. Guarda silencio ante el Señor.Mantente en silencio delante del Señor. Que estés tan asombrada en Su presencia que toda tu rabia, tu ira, tu hiperventilación, tus pensamientos de ansiedad y tus palabras ansiosas cesen. Guarda silencio ante el Señor.

Eso no es solo algo que hacemos hacia el exterior, sino que es algo que empieza como un asunto del corazón. El salmista está diciendo:

•       No murmures.

•       No te quejes.

•       No te resistas a lo que está sucediendo a tu alrededor.

•       Sométete en silencio a Dios y a Su trato en tu vida; date cuenta de que —en última instancia— es Dios quien está a cargo de todo lo que está sucediendo en este mundo.

No hay nada pasando en tu vida que Dios no controle o no pueda cambiar, si Él decide hacerlo. Así que deja de luchar contra Él. Estáte quieta.

Algunas de ustedes tienen niños de dos años de edad o los han tenido, y saben que cuando se les mete algo en la cabeza —quizás tener una rabieta o estén determinados a hacer su voluntad— van a patalear, van a quejarse y van a  lloriquear. Y tú les dices, “¡Ya basta!” A veces lo que deseas hacer es poner tu cuerpo encima del niño y solo decir: “Cálmate, no te irrites tanto.” ¨

Bueno, muchas veces nosotras pudiéramos enloquecer emocional, espiritual o mentalmente también. La Palabra de Dios nos dice: “Estáte quieta”.

•       Deja de agitarte.

•       Deja de resistirte.

•       Deja la rabieta —internamente o externamente.

•       Estáte quieta.

•       Sométete tranquílamente.

•       Cultiva un corazón tranquilo.

Eso es algo que es muy difícil de lograr para la mayoría de nosotras en este mundo. Si no estás en el hábito de hacerlo regularmente, de cultivar un corazón tranquilo, encontrarás que cuando te encuentres en la presencia de la maldad o de malas acciones, o cuando las cosas alrededor de ti estén como un torbellino, hallarás que tu propio corazón, en lugar de estar atado a Dios, está atado a esa circunstancia agitada.

Una amiga me escribió un correo electrónico recientemente, y dijo algo con lo que me identifico y con lo cual la mayoría de nosotras podemos identificarnos. Ella me dijo: “Durante mi tiempo con el Señor, tengo una tendencia de levantarme cada pocos minutos para atender algo: el lavado de la ropa, el fregar los platos, el enviar correos electrónicos, buscar algo por Internet, añadir a mi lista de tareas pendientes… O lo que sea.” Déjenme decirles yo me relaciono tanto con eso, cuando estoy en mi tiempo de quietud de repente, me entra ese anhelo de limpiar todo lo que está sucio en mi casa y  a mi alrededor.

Mi amiga me contaba esto, y decía: “Esta mañana cuando me senté en mi tiempo con el Señor, puse la alarma a sonar en 30 minutos y me propuse no levantarme de allí hasta que el reloj sonara. Quiero cultivar el hábito de estar realmente tranquila y callada con el Señor y ser menos distraída.” Esas son unas sabias palabras.

Por la mirada de las que están aquí puedo ver que esto es algo que todas tenemos que cultivar: quietud de corazón. Estamos tan estiradas de aquí para allá, tan distraídas. La mayoría de nosotras sufrimos de una especie de variación del déficit de atención de los adultos. Que esta cultura  ha cultivado esto en nosotras.

Lo vemos en actividades familiares —y nos metemos en muchas más actividades de lo que cualquier familia debería— haciendo cosas, ocupadas, en continua actividad, pensando continuamente, hablando, haciendo ruido. Nos metemos en el coche, prendemos la radio. Llegamos a la casa, y prendemos la televisión. Nos levantamos a primera hora de la mañana y revisamos nuestro correo electrónico. Eso no es la manera de cultivar quietud de corazón.

No podemos hacer que el resto del mundo se tranquilice, pero por la gracia de Dios si podemos hacer que nuestro propio corazón lo haga. Estáte quieta ante el Señor.

Blaise Pascal dijo: “La única causa de la infelicidad del hombre es que él no sabe mantenerse en quietud en su habitación.” Creo que hay mucho de verdad en eso. No sé si es la única causa, pero es una gran causa.

Y esto empieza con los niños pequeños y con los adolescentes —siempre tienen que estar haciendo algo. Por cierto, madres de niños pequeños: es importante enseñar a sus hijos a estar quietos. No siempre tienen que estar haciendo algo. Ellos seguro piensan que debe ser así. Seguro se quejarán de aburrimiento,  pero deben de enseñar a sus hijos a aprender cómo tener contentamiento de corazón aun cuando no estén ocurriendo muchas cosas.

Lee un libro. Toma una siesta. ¡Piensa —algo que el mundo no hace mucho hoy en día! Estad quietas. Aprende a quedarte en silencio en tu habitación.

Estamos tan inquietos hoy en día, y como resultado nuestras almas están empobrecidas por nuestro movimiento y actividad incesantes. Se necesita tiempo para estar en silencio.

Tú dices: “¡Pero tengo seis hijos! No hay manera de que pueda estar tranquila. “Puedes tener un corazón tranquilo. Mi amiga Vivian me está mirando y sonriendo. Puedes tener un corazón tranquilo en una casa llena de niños, porque no es una cuestión de lo que está sucediendo a tu alrededor. Es cuestión de lo que está pasando dentro de ti.

Eso significa que debes sacar provecho de las oportunidades, cuando las tengas, para estar quieta y en silencio delante del Señor. Deja de correr de aquí para allá todo el tiempo.

A veces es necesario hacer un montón de cosas, y aún así Dios puede darte un corazón tranquilo. Pero necesitas controlar —hasta el punto que puedas hacerlo— el desorden y el ruido en tu vida para que cultives un corazón tranquilo. No vayas ahora a casa a decirle a tus hijos que te he mandado a deshacerte de ellos.  Hay algo de desorden que es una parte necesaria de la vida; una parte apropiada y buena de la vida. Pero muchas de nosotras permitimos ruidos extraños, ruidos extras e innecesarios y muchas actividades y desorden. Tenemos que estar haciendo algo siempre y esto un signo de un alma enferma, de un corazón empobrecido. “Estad quietos, reconozcan que yo soy Dios.  Cesa de esforzarte.”  Suelta. Relájate. Deja que Dios sea Dios.

“Estad quietas ante el Señor”, y luego otra vez en el versículo 7, “espérale con paciencia.” Esa palabra significa esperar con anhelo, que lo esperemos. Estamos hablando otra vez de atar nuestros corazones al Señor. Verás este tema a lo largo de todo el Salmo 37.

El versículo 9: dice “…los que esperan en el SEÑOR poseerán la tierra”

Versículo 34: “Espera en el SEÑOR y guarda su camino”

Esa palabra esperar en los versículos 9 y 34 es una palabra que difiere un poco de la que vemos en el versículo 7. Esta palabra significa “atar por medio de retorcer”, es como hacer una trenza; atar algo para que se convierta en una cadena en lugar de hilos separados, “Es agruparse, unirse, juntarse, esperar”, Significa “esperar algo con paciencia.”  También quiere decir “tener confianza, confiar, y tener perseverancia.”

Charles Spurgeon en su comentario sobre los Salmos, dice acerca de este versículo: “esperar con paciencia santa el momento en el que se aclaren las dificultades de la Providencia.”  ¿Qué significa eso? Hay cosas que no podemos ver ahora; hay cosas que no entendemos.

Entonces, ¿qué hacemos? Tenemos la tendencia a irritarnos. “¿Por qué esto? ¿Por qué aquello? ¿Por qué sucede esto? ¿Qué pasa con esto? ¿Qué voy a hacer con esto?”

El salmo dice: No te irrites. Estáte quieta. Espera en paciencia al Señor. ¿Qué estás esperando? Estás esperando pacientemente el día en que Dios hará que todas las cosas se aclaren. Por el momento, confía en que Él sabe lo que está haciendo. Confía que Él está en Su trono, que Él está a cargo para que no te turbes, ni seas un manojo de nervios, ni te aires.  Espera pacientemente en el Señor.

Ahora bien, esa espera no es algo pasivo. En las Escrituras esperar es algo activo.

No es como que tomas una larga siesta o entras en modo de hibernación, mientras Dios dirige el universo.  No, nos mantenemos conectadas a Él. Estamos entrelazadas a Él. Estamos atadas a Él, para que nuestro bienestar, nuestro futuro, nuestra esperanza esté totalmente relacionada con lo que Dios está haciendo. Y Dios todo lo hace bien.

Es por eso que puedes estar bien. Miro a mí alrededor en esta sala, y veo a mujeres que han pasado por circunstancias muy difíciles. Veo a mi amiga preciosa Kathy aquí, que ha pasado por una larga y penosa experiencia con la leucemia. He visto en Kathy una mujer —y en su familia, una familia que ha aprendido a esperar en el Señor, a estar quietos, a apoyarse en Él.

Kathy ha aprendido que hay algunas cosas en la vida que simplemente no importan tanto. Su perspectiva ha cambiado. Su sentido de las prioridades ha cambiado.Ella ha aprendido. Ha tenido que aprender a tener un corazón tranquilo.

He visto la hermosura de Cristo manifestarse  a través de esta mujer, y vemos una paz y una luz y un gozo que envidiamos, pero no queremos pasar por el proceso para llegar allí. Dios usa esas circunstancias. Dios usa el mal. Dios usa a los malhechores para lograr sus propósitos en este mundo si esperamos en Él.

La Escritura dice: “Nadie que Le espera será avergonzado” (Sal. 25:3, parafraseado).Y dice: “Por ti he esperado todo el día” (Sal. 25:5).

Ves, no nos importa esperar si Dios lo resuelve en unos cuatro minutos. Pero el salmista dice: “No, yo voy a esperar todo el día.” Y tú dices: “¿Cuánto dura el día?”

Con el Señor, un día es como mil años. Así que puede parecer una eternidad, pero en realidad no lo es. Es el día de Dios. Te espero todo el día. ¿Pero qué significa eso? No te rindas. No tires la toalla.

No digas: “He esperado tiempo suficiente, los caminos de Dios no funcionan. Me voy de este matrimonio; me voy de esta circunstancia.” No caigas automáticamente en la irritación o en la ira cuando Dios no cumple Su voluntad de acuerdo a tu calendario, cuando el malhechor no cambia y crees que ha transcurrido tiempo suficiente y que algo debe suceder.

Espera todo el día. Espera en el Señor. Hebreos 10 de los versículos 36 al 38 nos dice que ” tienes necesidad de la paciencia, para que cuando hayas hecho la voluntad de Dios, obtengas la promesa.  Porque dentro de muy poco tiempo el que ha de venir vendrá, y no tardará.

Y tú dices, “pero no es poco tiempo.” Sí, sí lo es. No parece muy poco tiempo para ti, pero si pudiéramos ver las cosas desde el punto de vista de la eternidad, es muy poco tiempo. Su promesa es, Él vendrá y El no tardará. Así que espera al Señor.

Charles Spurgeon dijo, “El tiempo es nada para Él. Que sea nada para ti. Vale la pena esperar a Dios. En una historia esperamos hasta el final para que se aclare la trama. No debemos prejuzgar el gran drama de la vida, sino permanecer hasta la escena final”.

Espera hasta el último capítulo. Ya ha sido escrito, pero Dios está en el proceso de revelarlo a nosotros, y eso es bueno. Vale la pena esperar. Quédate hasta el final de la historia.

Así que la diferencia entre estos dos tipos de respuestas en el Salmo 37 es realmente una cuestión de enfoque. Cuando nos inquietamos, nos centramos en nosotras mismas. Nos concentramos en nuestros sentimientos, nos centramos en los malhechores, nos enfocamos en el mal que está sucediendo alrededor de nosotras, y entonces vamos a vivir molestas, tensas, e irritadas.

Sin embargo, cuando nos concentramos en el Señor, y miramos hacia arriba. No te irrites. Mira para arriba. Confía en el Señor. Haz el bien. Deléitate en el Señor. Encomienda tu camino al Señor. Estate quieta delante del Señor. Espera en Él.

Orienta tu vida en torno al Señor y no en torno a los malhechores. Sé intencional sobre el redireccionamiento de tu mente, de tus emociones, de tu enfoque,  y de tu corazón.

Tendemos a pensar, “no puedo evitar lo que siento.” Sí, podemos. Alimentamos nuestras emociones de acuerdo a lo que permitimos que nuestras mentes piensen. Así que sé intencional al dirigir tu atención hacia el Señor y responde a Él en lugar de dirigir tu atención hacia las circunstancias.

¿Estará tu espíritu irritado y enojado, o será manso y tranquilo? Cuando me estaba preparando, haciendo algunos preparativos de última hora para esta serie, me encontré con una lista que mi amiga Kim Wagner me envió hace algún tiempo. Algunos de ustedes la han oído en Aviva Nuestros Corazones. Ella simplemente compara y contrasta el espíritu irritado con el espíritu tranquilo y manso, que es el contraste que vemos en el Salmo 37.

Permítanme leerles a ustedes algunas de esas comparaciones. Los que se irritan tendrán miedo de las tormentas de la vida, pero los mansos estarán en reposo durante las tormentas de la vida. Los que se irritan intentarán manipular a los individuos o las circunstancias, pero los mansos reaccionarán a las circunstancias con  confianza y paz.

Los que se irritan tomarán decisiones de la vida basado en las emociones o pasiones fugaces del momento, pero los mansos tomarán decisiones de vida basadas en principios bíblicos. La confianza del individuo que se irrita está en sus propias habilidades y en su poder de controlar a los demás o controlar los detalles, pero la confianza de la persona mansa está en la seguridad de las verdades de la Escritura y en la fidelidad de Dios.

La persona que se irrita encuentra su valor en sus propios logros y en lo que otros piensan de él, pero los mansos encuentran  su valor en saber quiénes son en Cristo. El que se irrita encuentra su fortaleza de carácter en sus propios rasgos de personalidad, pero los mansos encuentran su fortaleza de carácter en Cristo.

La irritación alimenta la tempestad  al dejar salir las pasiones y las emociones, mientras que la mansedumbre frena la tempestad de las emociones y las pasiones mandándoles y diciéndoles: “Paz. Estad quietos”.

El que se irrita es demasiado temeroso y débil para confiar en Dios, así que permite que sus emociones y pasiones pecaminosas gobiernen. Pero la mansedumbre nos da la fuerza y el coraje para luchar en la batalla y  para vencer nuestra ira pecaminosa y nuestras pasiones, confiando en la providencia del Dios omnipotente.

La persona que se irrita está  llena de sospechas, dudas y suposiciones basadas en sus emociones, y permite que esas imaginaciones determinen el curso de acción. La mansedumbre, por el contrario, impide que la mente divague con vanas imaginaciones o que habite en pensamientos que puedan inflamar las emociones volátiles y las pasiones.

Y la mujer que se irrita  siempre está sujeta a una montaña rusa de emociones, continuamente de arriba a abajo. Lo único consistente en ella es que nunca se sabe en qué estado de ánimo se encontrará. Pero la mansedumbre proporciona constancia y una serenidad constante y compostura en el espíritu y en el estado de ánimo. Esto refleja la estabilidad consistente de nuestro Señor, que es el mismo ayer, hoy y por siempre.

Entonces la Escritura dice: “No te irrites.”

•       No te inquietes.

•       No te calientes.

•       Confía en el Señor.

•       Mira hacia arriba.

•       Deléitate en el Señor.

•       Encomienda tu camino al Señor.

•       Está quieta delante del Señor.

•       Espera en Él pacientemente.

Luego el maravilloso versículo 11”Mas los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad.”

Permítanme decirles que pudieran estar haciendo todas estas cosas —confiando, deleitándose, encomendándose, estando quietas, y esperando con paciencia y pudieras estar pensando que “todavía no estoy heredando la tierra.” Déjame decirte, que si estás atada al Señor, tú heredarás la tierra. No puedes tener todas las cosas de esta tierra, pero tendrás suficiente para estar satisfecha.

Tendrás abundancia de paz en medio de la tormenta. Sin embargo, no tendrás todo lo que tu alma anhela y espera aquí y ahora, debido a que algunas de estas cosas aún están por venir.

Tu situación no puede cambiar de inmediato. De hecho, puede ser que no cambie en esta vida. Y es por eso que no solo tenemos que mirar hacia arriba, sino también mirar hacia adelante, para mantener nuestros ojos en la meta.

Eso es lo que quiero hablar en el próximo programa a medida que continuamos revisando el Salmo 37. No te irrites, mira hacia arriba, y luego mira hacia adelante.

Oh, Padre, cuánto te pido que tomes nuestras emociones salvajes y errantes que suben y bajan y que causes que nuestros corazones permanezcan atados, no a las circunstancias que pueden cambiar, sino a Ti. Tú eres firme. Tú eres inmutable Tú eres constante. Tú eres estable. Tú eres fiel. Podemos confiar en Tí. Que nuestros corazones permanezcan conectados, atados a Ti mientras miramos hacia arriba, y mientras miramos hacia delante y creemos en Tus promesas de que los mansos heredarán la tierra y se deleitarán en abundante paz. Y todo esto lo  pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Leslie: ¿Estás atado a Dios, firme y constante? Nancy Leigh DeMoss nos ha dado mucho que pensar. Espero que te hayas tomado el tiempo para asegurarte de que tu sentido de seguridad no se ha alejado de la Persona que es verdaderamente segura.

Dios siempre ha cuidado Aviva Nuestros Corazones. Él es verdaderamente nuestra seguridad. Estamos agradecidas por la manera en que Él ha provisto a través de las oraciones de nuestros oyentes y las ofrendas de Su pueblo.

Pero antes no queremos cerrar sin recordarles que la semana que viene estaremos comenzando con la serie Buscándole a Él y nuestros amigos de la casa de publicación Moody nos dieron una maravillosa noticia. El libro Buscándole a Él (Seeking Him, como se le conoce en ingles) estará disponible en formato electrónico, justo a tiempo para el inicio de la serie que comienza la semana próxima. Estará disponible en tres módulos: lecciones 1-4, 5-8, y 9-12. Para más información sobre cómo puedes adquirir tu material, visita http://www.AvivaNuestrosCorazones.com.

¡Descarga las primeras cuatro lecciones ya para que puedas ir avanzando con nosotros cuando comencemos a partir del lunes próximo!

Bueno, se nos dice que el pecado trae consecuencias. ¿Por qué entonces parece que algunas personas hacen alarde de su conducta terrible año tras año y aún continúan teniendo éxito? Hablaremos de esto la próxima vez  en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Solidarias en el dolor y la alegría

DÍA 33

Salmo 20

Dosis: Oración Intercesora

Solidarias en el dolor y la alegría

“Que te conceda lo que tu corazón desea; que haga que se cumplan todos tus planes. Nosotros celebraremos tu victoria, y en el nombre de nuestro Dios desplegaremos las banderas. ¡Que el SEÑOR cumpla todas tus peticiones!” (Salmo 20:4–5) (NVI)

Te propongo leer una vez las palabras de estos dos versículos. ¿A quién se las deseas? ¿Alguien te las dijo cuando más las necesitabas?

Hemos leído que en este Salmo el pueblo desea que Dios escuche, defienda, envíe ayuda, sostenga, acepte los sacrificios del rey y le dé la victoria en la batalla. Pero estos versículos añaden que el pueblo también ora porque Dios le dé al rey los deseos de su corazón, lo ayude a cumplir sus planes y le conceda todas sus peticiones.

En un plano más íntimo el pueblo declara ahora que confía en la intervención divina a todo nivel, y esto les da esperanza y seguridad. Pues la prosperidad del rey es la prosperidad de ellos y como comunidad se alegrarán y celebrarán la victoria. Lazos entrañables de amor, amistad, compañerismo, lealtad.

Esta mañana en mis oraciones matutinas, el Señor trajo a mi memoria a varias personas que están sufriendo la pérdida de sus seres queridos. Se encuentran en una etapa dolorosa, con sueños y planes interrumpidos intempestivamente. Sufriendo al ausencia, la incertidumbre, la angustia frente al futuro. Y algunos hasta la culpa. La batalla contra el dolor es compleja. Pero yo tengo esperanza. Pues sé que Dios es un padre compasivo, que lee nuestra mente y nuestro corazón, que se identifica con nuestros sentimientos, que extiende su cayado cuando más lo necesitamos, que nos conoce y quiere el bien de sus hijos. Que sus pensamientos son más grandes que nuestros pensamientos. Por eso oro por estas personas, con las palabras de este salmo.

En distintas etapas de mi vida, he acompañado al que sufre, en el tiempo de pérdida, dolor, angustia. He derramado lágrimas con muchas personas, las he abrazado identificándome plenamente con ellas y he orado con intensidad. Pero también he celebrado sus victorias. Cuando el dolor menguó, el duelo pasó, la tentación fue vencida, o las consecuencias del pecado superadas en fe. Por eso mi esperanza va más allá. Creo en las victorias. ¡Y me encanta celebrarlas!

Oración: Señor permíteme estar al lado del que sufre y compartir tanto el dolor como las victorias. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 48). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Tres estados, tres personas

Martes 24 Septiembre

Yo soy el Señor vuestro Dios, y no hay otro.

Joel 2:27

Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

1 Timoteo 2:5

Tres estados, tres personas

A unos adolescentes que tenían dificultad para concebir un Dios único en tres personas, se les habló de los tres estados del agua. La lluvia es agua. Cuando se congela y se convierte en hielo, sigue siendo agua bajo otra forma. Y cuando se evapora para formar las nubes, aún es agua. ¿Cómo no sorprenderse que formas tan diferentes como un líquido, el hielo o el vapor sean siempre agua?

Esta comparación es limitada, pero la Biblia dice claramente que Dios es único. No hay otro sino él, y cualquier otro dios no es más que una invención humana. Dios revela plenamente que él es perfectamente uno en tres personas distintas:

– Dios el Padre. Padre de nuestro Señor Jesucristo (“el Padre ama al Hijo”; Juan 3:35), también es el Padre de los creyentes, a quienes ama como sus hijos. Él es la fuente de todo bien, de toda vida.

– Dios el Espíritu Santo. Revela a Dios a todo hombre por medio de Jesucristo. Habita en los creyentes, obra en este mundo.

– Jesucristo, “el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:5). Vino a la tierra en forma de hombre para revelar a Dios como Padre. Dio su vida para perdonar nuestros pecados.

Dios manifestado en tres personas distintas sigue siendo un misterio inescrutable para nuestros espíritus limitados. Recibir esta revelación con fe, es decir, creyendo, porque Dios es verdad, conduce a conocerlo a él y lo que él da gratuitamente.

Oseas 5-6 – 2 Corintios 12 – Salmo 107:1-9 – Proverbios 24:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch