1/13 – Parábola del Sembrador

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

1/13 – Parábola del Sembrador

David Barceló

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Obligados a Obedecer

Septiembre 19

Gracia a Vosotros

Obligados a Obedecer

Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Romanos 8:4

Algunos creen que, como somos salvos por gracia y ya no estamos bajo la ley, entonces ya no estamos obligados a cumplir la ley. Eso es cierto en este sentido: “No estamos condenados al castigo de la ley”. Como nos entregamos a Cristo, ya la ley no tiene poder para condenarnos ni ejecutarnos. Sin embargo, estamos obligados con sus preceptos, ya que Dios no ha cambiado su moralidad.

El apóstol Pablo dijo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús… Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Ro. 8:1-3). El sacrificio de Cristo nos libró del castigo de la ley. Él murió en nuestro lugar. De modo que somos libres de la ley en el sentido de que ella no puede condenarnos, pero seguimos obligados a obedecer sus preceptos.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

4/4 – LA MÚSICA DEL MATRIMONIO

El Amor que Vale

Serie: Un futuro para la familia

4/4 – LA MÚSICA DEL MATRIMONIO

Adrian Rogers

La verdadera intimidad implica conocerse y amarse profundamente, esa es la suprema meta del matrimonio. El pastor Adrián Rogers explica cuatro cosas muy significativas para que haya “música en su matrimonio”, y que tienen que ver con la forma en que marido y mujer se comunican entre sí.

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

https://www.youtube.com/channel/UCXwKuk0THDCSB2XMWYmMeeQ

 

10 características de la teología liberal

Coalición por el Evangelio

10 características de la teología liberal

Will Graham

En los últimos dos siglos, la amenaza más grande contra el cristianismo bíblico no ha surgido desde las otras religiones mundiales más destacadas tales como el islam, el budismo, sino dentro de la misma Iglesia. Es el peligro de la teología liberal, la cual, haciéndose pasar por cristiana, niega prácticamente todo lo que enseña la Palabra de Dios.

La teología liberal vació una gran parte de las iglesias protestantes de Europa a lo largo de los siglos XIX y XX y ahora está haciendo exactamente lo mismo en países como los Estados Unidos. Si los pastores no estamos preparados ni arraigados en las grandes verdades de las Escrituras, estamos en peligro de permitir que esta teología pervierta y desvíe lo que el Señor está haciendo en nuestra generación, sobre todo en el mundo hispano.

Entonces, aquí hay 10 características de la teología liberal y de los teólogos liberales para que podamos entender mejor este peligro y cómo protegernos de él.

1. La teología liberal no cree en la infalibilidad bíblica.

El punto de partida para la teología liberal no es la voz del Señor tal cual se revela en las Escrituras, sino la razón humana. Por esta razón, los liberales sacrifican cualquier enseñanza que no cuadre con su forma de razonar. Esta observación explica la razón por la que el alemán Rudolf Bultmann (1884-1976) propuso su método de ‘desmitologización’, mediante el cual negó todos los milagros registrados en la Biblia en el nombre de la racionalidad moderna. En palabras de Bultmann, “No se puede utilizar la luz eléctrica y la radio, usar medicamentos y medios clínicos modernos en casos de enfermedad, y al mismo tiempo creer en el mundo de espíritus y de los milagros del Nuevo Testamento”. Para el liberal, en primer lugar está la razón y luego la revelación de Dios. El evangélico, sin embargo, invierte este orden, es decir, primero la revelación, luego la razón.

2. La teología liberal no hace hincapié en la doctrina.

La teología liberal critica el uso de credos, confesiones de fe y catecismos, ya que dichos documentos dan por sentado la importancia de la doctrina. La meta del liberal es tener “una mente abierta” y por lo tanto ataca cualquier sistema que atenta contra su libertad intelectual. Puesto que la verdad no se puede transmitir mediante palabras, el liberal razona que puede creer lo que bien le da la gana. La doctrina, dicen, es para los “fundamentalistas” o “los que pertenecen a la Edad de Piedra”. A los liberales no les gustan para nada las declaraciones doctrinales empleadas en las Escrituras (1 Co. 15:3-51 Tim. 3:16, etc.)

3. La teología liberal se enfoca en la experiencia.

Ya que la doctrina no importa, los liberales priorizan la “experiencia” de Dios. El padre de la teología liberal, Friedrich Schleiermacher (1768-1834), definió la teología como el sentimiento de nuestra “absoluta dependencia de Dios”. A nivel práctico, quiere decir que en vez de empezar con la revelación de Dios según las Escrituras, Schleiermacher arrancó con la subjetividad de la experiencia humana. Lo más importante en la teología entonces no es hablar sobre Dios sino más bien nuestra experiencia de Él (o de Ella). Las consecuencias de tal sistema liberal fueron desastrosas. Schleiermacher negó prácticamente todas las doctrinas cardinales del cristianismo (la Trinidad, la doble naturaleza de Cristo, la obra expiatoria del Hijo de Dios, la condenación eterna para los impíos, etc.) y al fin y al cabo, convirtió la teología en antropología. En vez de someter sus experiencias a las Escrituras, sujetó las Escrituras a su experiencia. Con razón algunos han llamado a Schleiermacher el ‘Judas Iscariote’ de los siglos XVIII y XIX.

4. La teología liberal solo cree en un Dios de amor.

El único atributo de Dios que los liberales mencionan desde el púlpito y en sus círculos académicos es el amor de Dios. No se habla sobre Su santidad, Su justicia y Su ira contra los impíos. Han creado a otro dios conforme a su imagen y semejanza. Por esta razón los liberales nunca predican sobre el pecado ni el peligro de la condenación eterna. Dicen que todos somos buenos. Todos somos hijos de Dios. Todos vamos al Cielo. ¿Por qué? Porque Dios es amor, amor, amor.

5. La teología liberal no predica el evangelio apostólico.

Si Dios es amor y todos vamos al Cielo, entonces ¿qué necesidad hay de predicar el evangelio? Según el liberal, el evangelio no tiene nada que ver con la vida eterna ni con el perdón de los pecados sino más bien con la liberación socio-política o el progreso económico. Dios no está airado contra los pecadores; por lo tanto, el evangelio apostólico que se centra en la sangre del Cordero de Dios derramada para redimir y hacer propiciación por el pueblo de Dios es abiertamente negado (Ro. 3:24-26). Este mensaje, según el liberalismo, es “arcaico” y ya pasado de moda. Dado el hecho de que no se predica el evangelio bíblico desde los púlpitos liberales, sus ministros se limitan a hablar sobre la ética y la moralidad. “Hay que ser una buena persona”, “Hay que ayudar a los necesitados”, “Hay que ser amigo de todos”, “Hay que tolerarlo todo”. Es una teología humanista no fundamentada en la gracia salvadora del Dios trino.

6. La teología liberal convierte a Jesús en un mero hombre.

Los liberales no creen en la divinidad de Jesús. Argumentan que era un hombre inspirado e iluminado por Dios; pero de ninguna forma era Dios manifestado en carne (Jn. 1:14). Consiguientemente, los liberales por un lado niegan que la crucifixión del Hijo de Dios fue una obra expiatoria en el sentido de que Cristo dio Su vida por nuestros pecados; y por el otro, niegan que Jesús resucitó literalmente al tercer día. Según los teólogos liberales, Jesús resucitó en los corazones de los discípulos; pero no resucitó corporal ni históricamente. Esto contradice expresamente la declaración apostólica: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co. 15:14). En cuanto al tema de la expiación, el liberalismo estipula que Jesús murió para darnos un ejemplo ético a seguir. No estaba efectuando la salvación de los escogidos del Padre en la cruz. ¿Por qué no? Porque era un mero hombre: nada más, nada menos.

7. La teología liberal promueve el movimiento ecuménico.

En nuestros días muchos liberales están atacando a los evangélicos conservadores porque no se juntan con el movimiento ecuménico. El ecumenismo está centrado en la unidad eclesiástica a todo costo. Para formar parte de la corriente, todo lo que hace falta es confesar algún tipo de “experiencia religiosa”. No obstante, la fe evangélica —como explicó el amado príncipe de los predicadores Charles Spurgeon (1834-92)— cree en la unidad basada en la doctrina del Evangelio de Cristo. Una unidad no fundamentada en la Palabra de Dios es falsa. “Unidad en el error…”, dijo el predicador inglés, “…es unidad en la perdición”. El momento que alguien se adhiere al movimiento ecuménico, lo primero que tiene que hacer es olvidarse de todas sus convicciones bíblicas y prostituirse por amor a una unidad falsificada, anti-escritural, y no evangélica.

8. La teología liberal elogia las demás religiones.

Puesto que la base de la teología liberal es el ser humano juntamente con su razón, su experiencia y su afán por el ecumenismo, en las últimas décadas el liberalismo se ha abierto al diálogo interreligioso, alabando las virtudes de las religiones mundiales. ¡Incluso han llegado a participar en la adoración interreligiosa! Hace un par de semanas el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y los líderes de las religiones musulmana, judía y budista, junto con representantes de diferentes confesiones cristianas, oraron por la paz en el mundo y la convivencia en un acto interreligioso en la Facultad de Teología de Valencia. Dijo el cardenal, “Las religiones no dividen sino que unen y esta tarde lo hemos podido no solamente experimentar, sino gozar”. En cierto sentido, el cardenal lleva la razón. Las religiones liberales centradas en la autonomía del hombre sí unen. Pero el evangelio de Jesucristo no trae paz, sino separación. Proclama el Salvador: “No piensen que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa” (Mt. 10:34-36). No puede haber paz verdadera entre la fe evangélica y la teología liberal.

9. La teología liberal no cree en la exclusividad de salvación en Jesucristo.

La razón teológica por la que los liberales se abren al movimiento ecuménico y a la adoración interreligiosa es porque ya no creen en la exclusividad de salvación en Jesucristo. De acuerdo a su sistema filosófico, el apóstol Pedro se equivocó cuando predicó: “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Si Dios es únicamente un Dios de amor, entonces la doctrina del castigo eterno necesariamente tiene que ser falsa. Por consiguiente, los liberales —al no estar satisfechos con la impecable obra de Jesucristo realizada según el evangelio— van buscando cosas loables en las demás religiones que, en última instancia, esclavizan al ser humano. Al no creer que solo Cristo salva, los teólogos liberales inventan su propia religión. En palabras de Pablo, “Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios” (Ro. 10:3).

10. La teología liberal no cree en nada ofensivo para el hombre natural.

En sus exposiciones sobre el Sermón del monte, Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) tomó tiempo para instruir a su congregación en Londres sobre el peligro de los falsos profetas. Basándose en Mateo 7:15 – “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”— el predicador destacó que la primera característica del falso ministro es que no tiene “puerta estrecha” en él. Con esto quiso decir que en el teólogo liberal, no hay nada que ofenda al hombre natural. Es el tipo de mensajero que agrada a todos por ende todos hablan bien de él. No tiene enemigos. Nadie le persigue por sus sermones. Sabe comportarse en cualquier contexto y “se hace todo a todos”. Es carismático, dinámico, popular, agradable a la vista y al oído. En suma, “Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta, en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre invariablemente atractivo”.

Sola Escritura

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Sola Escritura

R.C.Sproul

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La Biblia dice que todos los hombres son mentirosos, y me consta, por lo menos en mi caso, según vimos esto en la última sesión, concluí la última sesión diciendo que a partir de ahora solo íbamos a considerar los distintivos de la teología reformada. Y en las próximas dos sesiones estudiaremos la doctrina de Sola Scriptura y la Sola Fide, como ya lo he mencionado, son doctrinas cruciales que tienen en común los evangélicos, en sus tradiciones. Así que mentí. No mentí intencionalmente, pero me equivoqué. No quiero dejarles con la impresión de que la doctrina de Sola Scriptura es un principio distintivo o teológico reformado singular. Es parte de ese grupo de verdades que tenemos en común con el evangelicalismo histórico.

Dicho esto, veamos a continuación el principio que los historiadores llaman el Principio Formal de la Reforma Protestante: Sola Scriptura. En cierto sentido, este concepto nació públicamente en la famosa confrontación que Lutero tuvo con los jefes de Estado y de la iglesia en la Dieta de Worms, en el cual Lutero fue llamado a retractarse de su enseñanza, y recuerdan esa ocasión cuando se presentó en ese lugar solemne, y dijo: «Si no me convencen con la Sagrada Escritura o por la razón evidente, yo no puedo retractarme porque mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios.

Y actuar contra la conciencia», dijo Lutero, «no es ni seguro ni saludable.  Aquí estoy. Dios me ayude». Ahora, eso ha sido perpetuado en el cine tradicional, en la historia en libros y así sucesivamente. Pero, aunque este fue el debut en público en un sentido histórico en Worms, no fue un concepto que apareció con Lutero. Lutero había sido más o menos obligado a decir esto en debates anteriores con algunos de los teólogos que trataban de persuadirlo a cambiar su punto de vista. Él había dicho antes, que era posible que los Papas se equivoquen, que cometan errores, aún los concilios de la iglesia podían equivocarse, que la única fuente de revelación divina absolutamente autoritativa es la Escritura misma. Y así tenemos esta palabra ‘sola’ colocamos antes de la palabra Scriptura y la frase significa simplemente por la Escritura sola. Ahora, ¿qué significa esto? ¿Cuál es el punto de vista que nos preocupa aquí con el uso de la palabra «sola»?

En realidad, hay más de una observación, aunque todas están interrelacionadas entre sí. En primer lugar, una de las disputas a nivel del siglo XVI fue el tema de la fuente de la revelación divina. Todos los cristianos en el Siglo XVI creían que el cristianismo era una fe revelada cuyo contenido provenía de Dios, y ambos lados de la disputa —Roma y el protestantismo— en el siglo XVI estaban de acuerdo en que había al menos dos formas distintas donde Dios se revela a sí mismo. Una es en la naturaleza, que se llama revelación natural o revelación general donde los cielos cuentan la gloria de Dios, y la otra, por supuesto, es la Biblia.

Ahora ambas partes acordaron que la Biblia era la revelación. Y ambas partes acordaron que la naturaleza también es reveladora. Pero la disputa sobre «sola» era si había más de una fuente en lo que llamamos revelación especial. Y el Movimiento protestante dijo que solo hay una fuente en lo que se llama revelación especial o escrita, y ésta es la Escritura, en cambio Roma confesó su confianza en dos fuentes de la revelación especial: Escritura y tradición.

He hablado de esto en otros cursos, pero quiero revisar la secuencia de esto ahora en el contexto del estudio de la esencia de la Teología Reformada. En el Concilio de Trento del siglo XVI, el cual fue la respuesta de la Iglesia de Roma a Lutero y al protestantismo, el Concilio se realizó en distintas sesiones en diferentes momentos durante algunos años, y en la cuarta sesión del Concilio de Trento, la Iglesia de Roma declaró que las verdades de Dios se encontraban en las Escrituras y en la tradición.

La palabra latina que está en el texto final del Concilio de Trento y que vincula la Escritura y la tradición es una palabra un tanto llana y simple: et, Se trata simplemente de la palabra latina equivalente a ‘y’. Bueno, esta es una discusión complicada ya que un erudito anglicano del siglo 20 estaba haciendo su investigación de tesis doctoral, y él se estaba basando en la cuarta sesión del Concilio de Trento, la cual terminó de forma inesperada y abrupta debido al estallido de la guerra en el continente y habían quedado algunos cabos sueltos, y algunas cosas difíciles de explicar a partir de los debates que se iniciaron en ese momento.

Y lo que este erudito anglicano observó fue que en el primer borrador de la cuarta sesión del Concilio de Trento. La declaración fue hecha en latín, que la verdad de Dios está contenida en parte, partim, en parte en la Escritura y en parte en la tradición, lo que indicaría claramente que hay dos fuentes distintas y separadas para la doctrina de la iglesia: una viene de la Biblia, y la otra de la tradición histórica de la iglesia.

Ahora, cuando el primer borrador se presentó al Consejo dos sacerdotes que eran delegados en el Consejo se pararon y protestaron por el lenguaje. No sé por qué recuerdo sus nombres, pero sus nombres fueron Bonuccio y Noccianti. Estos dos sacerdotes italianos protestaron por el lenguaje diciendo que socavaba la suficiencia de la Escritura. Y allí el registro se detiene, y no sabemos lo que ocurrió después en los nuevos debates acerca de su objeción.

Todo lo que sabemos es que en el borrador final había un cambio. Y las palabras partim, partim, que claramente indicaban una doble fuente de revelación especial fueron tachadas, y en su lugar se usó la palabra et, que pudiera o no significar dos fuentes separadas. La palabra «y» aquí es un poco ambigua, ¿no creen?

Porque si me preguntan: «¿dónde encuentra usted la fe reformada?», yo diría, » pueden encontrarla en dos lugares. La pueden encontrar en la Biblia, o la pueden buscar en las confesiones que aparecen en la historia de la Iglesia tratando de resumir la Doctrina Reformada».

En la medida en que esos credos son consistentes con la Biblia, lo están repitiendo, y solo es otro lugar donde ir para encontrarlo. La iglesia puede haber querido decir que en primer lugar nos encontramos con la verdad de Dios en las Escrituras y luego tal como se nos presenta de nuevo en los concilios históricos o en los decretos de la iglesia; ese es el otro lugar donde se puede buscar, donde alguien podría decir, y aún sostener la Sola Scriptura.

Ahora, ese debate continúa hasta el día de hoy entre los estudiosos católicos contemporáneos en cuanto a si su iglesia tiene el compromiso de dos fuentes o una. Por desgracia, hay conservadores en la iglesia que dijeron que el cambio de partim, partim desde partim, partim a et no era una modificación de fondo, sino simplemente un cambio de estilo, y que la iglesia estaba claramente confirmando en el siglo XVI dos fuentes de revelación escrita.

Ahora, a pesar de que este debate aún continúa, fue más o menos resuelto por una encíclica papal en el Siglo 20, el cual se refiere inequívocamente a las dos fuentes de la revelación, ese ha sido la corriente principal de pensamiento en la Iglesia romana desde el Siglo XVI, que las verdades que se fundan en la tradición de la iglesia son tan obligatorias para las conciencias de los creyentes como las verdades de las Escrituras.

Mientras que en la herencia protestante el principio de semper reformanda es, es abrazado casi por todos los protestantes, esto es que, la iglesia está siempre llamada a someterse a la reforma y a revisar sus propios credos y confesiones para asegurarse de que están en conformidad con la Sagrada Escritura.

Y prácticamente las iglesias protestantes que tienen un credo o confesión que es única para su comunión se esforzaran en decir que sus propias confesiones no son infalibles y que no llevan el peso de la Escritura, excepto en la medida en que reproducen fielmente las doctrinas de la Escritura, porque se afirma el principio general, a saber, que solo la Biblia es la fuente escrita que tiene la autoridad de Dios mismo, la autoridad para obligar a nuestras conciencias de manera absoluta.

Y aunque estamos llamados a someternos a autoridades menores y respetar otras autoridades. En mi propia Iglesia estoy llamado a someterme a la autoridad del presbiterio o a la Asamblea de la iglesia local. Hay todo tipo de niveles de autoridad, y se me ha dicho que, si conscientemente veo que no puedo someterme genuinamente, entonces es mi deber retirarme de esa comunión en paz.

Pero por lo demás no debo perturbar la paz de la iglesia, actuando en conflicto directo con las confesiones o con el gobierno de la iglesia. Sin embargo, al mismo tiempo, la iglesia dice: sabemos que nuestras confesiones pudieran estar equivocadas y algunas ordenanzas de la iglesia posiblemente pudieran estar incorrectas, pero esto es lo que creemos que es la verdad y durante el tiempo que vamos a servir aquí tenemos esta obligación de someternos. No hay nada en Sola Scriptura que elimine otras autoridades, pero lo que dice es que solo hay una autoridad que puede atar a la conciencia de manera absoluta, y que esa es: la Sagrada Escritura, y que todas las controversias sobre la doctrina y la teología deben ser resueltas en el análisis final por la Escritura.

Ahora bien, hay otros aspectos, como ya he dicho, sobre esta sola, además del asunto de ser la única fuente de revelación escrita y segundo la única autoridad que puede obligar absolutamente pero no la única autoridad en absoluto, pero también estaba involucrada en esta afirmación del siglo XVI una clara afirmación de que la Biblia es la Vox Dei o la Verbum Dei, la palabra de Dios, o la voz de Dios siendo infalible e inerrante, ya que llega a nosotros por la superintendencia de Dios, el Espíritu Santo, que la Biblia es inspirada en el sentido de que su autor es, en última instancia, Dios.

A pesar de que se transmite a través de escritores humanos, la fuente última de su verdad y de su contenido proviene de Dios, y Dios, por supuesto, es infalible. Los escritores humanos en sí mismos son falibles, pero el punto de vista del protestantismo histórico fue que Dios ayudó en las debilidades de nuestra humanidad caída para que se preserve la Biblia de la corrupción que normalmente se esperaría encontrar en los escritos de los seres humanos por su superintendencia divina y por el ministerio especial del Espíritu Santo.

Y que a pesar de que la Biblia llega a nosotros en palabras humanas, y por autores humanos, se considera que es de origen divino. Ahora me doy cuenta de que a la luz de la controversia hoy en día sobre la infalibilidad de la Escritura, la inspiración de la Escritura y la inerrancia de la Escritura, palabras que han engendrado todo tipo de controversia teológica, están aquellos que han protestado en voz alta de que la idea misma de Escritura infalible o inerrante no era algo que se enseñaba y se abrazaba por los reformadores del siglo XVI, sino que fue el resultado de la intromisión de un tipo de Escolasticismo Protestante que aconteció en el siglo XVII y que se llamó la Edad de la Razón, donde estos racionalistas estaban tan preocupados por la certeza de que tenían casi una necesidad psicológica o emocional por la certeza en tal medida que se inventó este concepto de la inerrancia y la infalibilidad.

Bueno, ahora que el tema no es directamente un asunto de si la Biblia es infalible, es un asunto de dónde viene la doctrina. Es un tema histórico. ¿Será esto algo que fue inventado en el siglo XVII o en el siglo XVI?

Déjenme tomar unos momentos para leerles simplemente algunas citas de los reformadores magistrales del siglo XVI y decidan por ustedes mismos. Estas son algunas observaciones que vienen de la pluma de Martín Lutero que he incluido en mi libro. Lutero dice esto: Cita: «El Espíritu Santo mismo y Dios, el Creador de todas las cosas es el autor de este libro».

Otra cita: «La Escritura, aunque también es escrita por hombres no es de hombres, ni viene de hombres, sino de Dios». Una vez más, «Aquel que no lea estas historias en vano sostiene firmemente que la Sagrada Escritura no es sabiduría humana, sino divina». Otra vez, «La palabra debe permanecer, porque Dios no miente. Y el cielo y la tierra se arruinarán antes que la ‘j’ o una tilde de Su Palabra no se cumpla.” Y entonces cita a Agustín. «San Agustín dice en su carta a San Jerónimo, Cita: ‘he aprendido a tener sólo la inerrante Sagrada Escritura’». No es que Lutero esté citando a un erudito del siglo XVII. Lutero está citando a Agustín de finales del siglo cuarto, donde Agustín dice: «He aprendido a confiar solo en la inerrante Escritura».

Otra vez dice, «En los libros de San Agustín se encuentran muchos pasajes dichos por la carne y la sangre. Y en relación a mí mismo también debo confesar que cuando hablo aparte del ministerio en casa, en la mesa o en otra parte, hablo muchas palabras que no son la palabra de Dios. Es por esto que San Agustín, en una carta a Jerónimo, ha arrojado un hermoso axioma, que sólo la Santa Escritura ha de ser considerada inerrante».

Así que vemos que Lutero apenas cede. Otro pasaje que podía citar de Lutero es el que dice: «Las Escrituras nunca erran». Ahora, no sé si Lutero alguna vez usó la palabra inerrancia. Él solo usó la palabra inerrante.  Y dijo que la Biblia nunca se equivoca, que es la esencia misma del concepto de inerrancia. Así que creo que es una tontería tratar de argumentar que los reformadores del siglo XVI eran ajenos e indiferentes a la idea de la inspiración y la autoridad y la infalibilidad y la inerrancia de la Sagrada Escritura.

Pero otro de los puntos importantes de Sola Scriptura en el siglo XVI, que se ha convertido en un principio muy importante para el evangelicalismo histórico, fue un principio hermenéutico. Y los reformadores no solo confesaron su visión de lo que son las Escrituras y de dónde vienen, sino que también expresaron sus opiniones sobre la forma en que la Biblia debe ser interpretada y quién tiene el derecho y la responsabilidad de leerla.

Una de las cosas radicales que ocurrieron en la Reforma fue la traducción de la Biblia a la lengua vernácula, quitándola de las manos de aquellos que eran capaces de leer latín y/o griego o hebreo y poniéndola en manos de personas que solo podían leer en su lengua nativa.

Como lo hizo Lutero que tradujo la Biblia al alemán y Wycliffe la tradujo en Inglaterra al inglés y así sucesivamente, y en algunos casos la gente que hizo esto, lo pagó con sus vidas, porque el principio que se afirmaba en el evangelicalismo histórico era en primer lugar el principio de interpretación privada, lo que significa que cada cristiano tiene el derecho y la responsabilidad de leer la Biblia por sí mismo.

Y tiene el derecho de interpretarla por sí mismo. Ahora eso llegó a oídos de Roma, como consta en la cuarta sesión de Trento, lo que significa que los protestantes estaban dando licencia a los miembros de la iglesia no solo de leer la Biblia por sí mismos, sino de distorsionarla a voluntad.

Y, por supuesto, los reformadores se horrorizaron ante esa idea. Dijeron que todo cristiano tiene el derecho de interpretar la Biblia por sí mismos, pero ningún cristiano tendrá nunca derecho a malinterpretarla o distorsionarla de acuerdo a sus propios caprichos o sus propios prejuicios.

Pero el principio era que la interpretación privada se basa en otro principio que era el principio de la perspicuidad de las Escrituras, que es una palabra muy compleja. Ahora bien, Lutero dijo que hay muchas partes de la Escritura que son difíciles de manejar y que es por eso que necesitamos maestros en la iglesia y comentarios y todo eso, pero que el mensaje básico, ese mensaje que es necesario que una persona comprenda y asimile es evidente para cualquier persona que lo vea.

Y cuando Lutero habló acerca de cómo obtener la Biblia para los laicos, la iglesia dijo que, si se hace eso, se abriría una compuerta de iniquidad, porque la gente va a empezar a crear todo tipo de distorsiones horribles que es exactamente lo que pasó, pero Lutero dijo: «Si ese es el caso, y si una compuerta de la iniquidad se abre al abrir las páginas de la Biblia a la gente, que así sea».

Pero el mensaje que está claro es tan importante. Contiene el mensaje de nuestra salvación. Es tan importante y tan claro que tomaremos el riesgo de las posibles distorsiones y herejías que vengan con ello. Con tal de asegurar que el centro del mensaje de las Escrituras se oiga. Y como resultado de esta afirmación sobre la Sola Scriptura la Biblia fue puesta en la iglesia y la lectura de las Escrituras y la predicación de las Escrituras se convirtió en el centro de la liturgia y el culto del protestantismo histórico.

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1/5 – No te impacientes

Aviva Nuestros Corazones

Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento

1/5 – No te impacientes

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Si tu mundo está en crisis, Nancy Leigh DeMoss te ofrece buenas noticias.

Nancy Leigh DeMoss: El capítulo final no se ha escrito. Dios está aún en Su trono. Dios está venciendo sobre el mal de este mundo. Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Da la impresión de que siempre estamos oyendo de algún tipo de villano. Puede que sea un terrorista, un dictador, un magnate del entretenimiento de dudosa reputación o un ejecutivo de la Bolsa de Valores tras las rejas. Nancy te va a ayudar a pensar, desde el punto de vista bíblico, sobre aquellos que hacen lo malo en una serie llamada Salmo 37: Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento.

Nancy: ¿Eres de las personas que en ocasiones quiere lanzarle algo al televisor cuando ves las noticias? O sea, ¿te encuentras discutiendo, debatiendo o gritando a la persona que está del otro lado de la pantalla?

Quizás no seas de las que reaccionan visiblemente, pero cuando escucho acerca de inmoralidades, violencia, crimen, abuso, terrorismo y corrupción en el mundo de hoy —muchas veces me siento abrumada.

Y pienso “¡Detengan eso! ¿Cómo puede ser? ¡Eso está mal! y quieres hacer algo al respecto. Dondequiera que miras te encuentras con autores, gente de la farándula y con políticos que —contrario a lo que dice la Palabra— promueven las atrocidades que ellos comenten. Promueven estilos de vida impíos: abortos, inmoralidad, la cultura del divorcio, filosofías feministas. Te das cuenta de que vivimos en un mundo caído que no mejora y que va cada vez de mal en peor. La oscuridad parece intensificarse cada día más.

Y no solo es en la cultura de allá afuera o en los asuntos internacionales. También a nivel personal, tenemos que lidiar con esto regularmente ya sea en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo y —lamentablemente— dentro de nuestras iglesias. Déjenme leerles algunas cosas que mujeres nos han escrito vía correos electrónicos; quizás te identifiques con algunas de estas. Una mujer dijo,

“Estoy comprometida con un hombre que está luchando con su ira. Al menos una vez a la semana peleamos intensamente y —usualmente— todo empieza cuando no lleno alguna de sus expectativas. Nunca me ha golpeado, pero me maldice y trata de justificarlo con un ‘todos nos quedamos cortos.’

Por cierto, después de haber leído ese correo, me comuniqué con nuestro departamento de correspondencia y le mandé a decir que terminara la relación. No te comprometas en un tipo de relación como esa. Ahora bien, si ya estás en un matrimonio, la solución no es tan fácil. ¿Qué haces en el caso de estar casada con un hombre iracundo, comprometida con un hombre iracundo?

Cuando oímos estas cosas, cuando vemos lo que está pasando en el mundo — algunas veces vivimos con ellas en nuestro entorno — ¿cuáles son algunas de las respuestas y emociones naturales que sentimos ante las personas que hacen lo malo, los malhechores, o lo que está mal hecho?

Esas cosas son las que nos pueden hacer sentir desamparadas, fuera de control, sepultadas, inundadas en la cultura que nos rodea. Podemos sentirnos abandonadas. Pienso que muchas veces aflora en nosotras un sentimiento de ira y agitación. Nos podríamos sentir —como dijo esa señora— asustadas, descorazonadas, desilusionadas. Todas esas son respuestas naturales al darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído y desastroso, y todo esto nos llega por todas partes.

Por eso quiero que en los próximos días quiero que veamos un pasaje de la Escritura que nos dice qué hacer acerca de lo mal hecho en nuestra cultura, lo mal hecho en nuestros hogares, lo mal hecho en nuestras iglesias, lo mal hecho en nuestros lugares de trabajo; nos dice qué hacer al respecto.

Me refiero al Salmo 37. Es un salmo familiar para la gran mayoría. No vamos a ir con detalle por todo el salmo, pero he estado meditando en los primeros once versículos.

Me he detenido ahí y he estado morando en estos versículos, memorizándolos, citándolos, repitiéndomelos a mí misma, y aplicándolos a las diferentes circunstancias de la vida. Quiero que nos tomemos un tiempo meditando estos versículos, no tan profundamente como pudiéramos, pero si echarles un vistazo general a lo que debemos hacer cuando nos rodea intensamente la maldad.

Muchas de ustedes están familiarizadas con el Salmo 37 como dije. Trata con un asunto que el pueblo de Dios en cada generación ha tenido que enfrentar, y es la presencia activa de la maldad y de los hacedores de maldad en nuestro mundo; una maldad que no es pasiva. Una maldad que es activa. Que va en aumento. Que se mueve hacia adelante a nuestro alrededor. La pregunta es, “¿cómo debe responder el pueblo de Dios?”.

Más aún, este pasaje lucha con el hecho de que no solamente nos rodea fuertemente el mal, sino que misteriosamente o de una forma difícil de explicar, las personas que viven vidas piadosas sufren aflicciones mientras que las que viven vidas impías muchas veces prosperan. ¡Vaya usted a ver! ¿Por qué es eso? ¿Cómo podemos lidiar con esa realidad?

¿Y qué tal el gerente que miente, con ética profesional dudosa que pisotea a la gente y entonces, él es promovido? ¿Por qué prosperan los impíos?

¿Y qué del hombre casado que vive una relación adúltera abiertamente, sin preocuparse, divirtiéndose —y que aparentemente le va bien en la vida o por lo menos eso parece— mientras que su esposa y sus hijos sufren en la casa?

¿Y qué me dices de la gente que vive endeudada, que no paga sus facturas, que tienen de todo mientras que tú, siendo responsable con tus finanzas, con dificultad logras llegar a fin de mes? Hay muchas cosas que son inexplicables cuando miras a tu alrededor.

Ahora bien, el Salmo 37, no provee una explicación para esas aparentes injusticias, pero si reta a los creyentes a ver esta realidad bajo una luz distinta.

¿Cómo debemos verlo? Tenemos que verlo a la luz de la eternidad.  Este salmo nos reta a que respondamos ante estas injusticias a la luz de la voluntad y los propósitos soberanos de Dios.

No me cabe duda de que Jesús estuvo muy familiarizado con este salmo. Es posible que lo tuviera presente en medio del Sermón del Monte, cuando Él dijo “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5)

Cuando Jesús dio esas bienaventuranzas, Él puso la sabiduría convencional de cabeza. Las cosas que dijo fueron diametralmente opuestas a nuestra forma natural de pensar.

¿Felices son los pobres en espíritu? ¿Dichosos son los que lloran? ¿Bienaventurados son los mansos? O sea, el mundo piensa totalmente lo opuesto. Pero Jesús dijo que los mansos son bienaventurados porque ellos van a heredar la tierra.

Creo que Él con toda probabilidad estaba pensando en el Salmo 37 cuando dijo esas palabras porque —como algunos comentaristas han señalado— porque el Salmo 37 es una exposición de la tercera bienaventuranza. “Bienaventurados son los mansos”. El Salmo 37 es uno de ocho salmos acrósticos incluidos en el libro de los Salmos. Salvo unas pocas excepciones, a lo largo de este salmo, cada estrofa o copla empieza con una sucesión de letras del alfabeto hebreo.

Las Escrituras nos dicen, al inicio de este salmo, que fue escrito por David, un David ya maduro. ¿Cómo sabemos eso?

Mira el verso 25. David dice “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.”

Por lo que ya David es un hombre mayor. Ha vivido mucho. Ha visto mucho. Ha estado en muchos lugares y reflexiona acerca de lo que ha visto a lo largo de los años. Ha visto mucha maldad. De hecho, David muchas veces fue víctima de esa clase de opresión: el hijo que trató de quitarle su reino; Simei quien lo maldijo; gente traidora que lo traicionó. Él ha sido el receptor de todo esto.

Pero el también reconoce, con humildad de corazón, que él ha sido el causante de algunas de esas cosas. Él fue el hombre que tomó a la esposa de otro hombre traicionando la confianza de dicho hombre.

Por lo que David ha sido el receptor y el que ha causado maldad en el mundo. Pero a medida que mira hacia atrás y reflexiona, piensa en cómo trata Dios con los justos y cómo trata con los malvados.

David piensa en el rey Saúl y en cómo por años él lo persiguió,  trataba de atacarlo y cómo parecía que Saúl ganaba— y cómo que tenía todas las de ganar. Pero entonces él mira hacia atrás, con la experiencia que le han dado los años, y se da cuenta de cómo Dios venció sobre todo, cómo Dios cuidó de él, de cómo Dios lo guió en medio de los ataques y lo protegió en medio de la oposición.

Se da cuenta de que la última palabra no se ha escrito.

•       El capítulo final no se ha escrito.

•       Dios está aún en Su trono.

•       Dios está venciendo sobre el mal de este mundo.

•       Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

A David no le quedan dudas al mirar hacia atrás.

Ahora bien, a medida que avanzamos en este salmo, vamos a ver —ante la maldad de este mundo— algo que no debemos hacer y es en lo que nos vamos a enfocar el día de hoy. Luego, en los días siguientes, ya veremos lo que debemos hacer en respuesta a estos malhechores.

El pasaje empieza en cómo no debemos responder. Vas a ver ese mandato o exhortación tres veces, empezando en el versículo 1 y, luego  en el versículo  7 y en el 8. Y lo que no podemos hacer ante la maldad —ya sea cuando hablamos de algo de gran magnitud o algo pequeño—¿qué no debemos hacer? La única cosa que no debemos hacer es precisamente la que, por naturaleza, somos más propensos a hacer, y pienso que por eso lo dice tres veces. Salmo 37:1 “No te irrites a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que practican iniquidad.” Luego en el versículo 7: “No te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.” Y, en el versículo 8: “Deja la ira y abandona el furor.”

No te irrites. Ahora bien, cuando usamos la palabra “irritación” pensamos de inmediato en preocupación. “No te preocupes. No te impacientes,  No te pongas ansiosa.” Y ese es un significado de la palabra “irritar”.

Pero la palabra “irritación”, como la vemos en el hebreo original, como la he estudiado, sugiere algo más que simplemente el estar preocupada o molesta. Sugiere  más que eso.

Esta palabra en hebreo significa literalmente “No te acalores.” La palabra significa “quemarse; encenderse; enrojecerse de furia; indignarse.” Significa “el encenderse o enfurecerse; el incomodarse; el resabiar.” No te irrites. No te enfurezcas ante lo mal hecho. No te agites ni te enojes. No dejes que te hierva la sangre.

De hecho, en el versículo 8, se aprecia la conexión entre la ira y el enojo. Mira el verso 8 dice: “¡Deja la ira y abandona el furor! No te enfurezcas.”

En la poesía hebrea, tiene lo que se llama paralelismo, y eso implica que una frase se dice de manera ligeramente distinta, pero con el mismo significado—una detrás de la otra. Por eso dice: “deja la ira” y “abandona el furor”. Lo que se traduce en “no te irrites; no te incomodes.” En el diccionario dice “cesa la ira”. Significa, “déjalo; suéltalo.” Deja la ira significa “déjala atrás; aléjate de ella.” No te aferres a tu enojo. Suéltalo. Déjalo pasar. Apártate de él. Cesa. No te incomodes con eso.

Esa ira, creo, está dirigida primeramente a Dios. Aunque no lo hagamos conscientemente.

Dirás, “No, no yo estoy molesta con Dios. Es mi hijo de ocho años. O es mi marido que se comporta como un niño de ocho años. O es mi jefe que está siendo totalmente irracional.” “Estoy incómoda con la persona”. Pero, invariablemente, encontramos que nuestra ira —en cierta medida— va dirigida a Dios porque lo que estamos pensando (aunque sea a nivel del subconsciente) es “Si Dios está en control y Él es tan grande y Él es tan maravilloso, ¿por qué no está haciendo algo al respecto? ¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué no lo cambia? ¿Por qué no me saca de esta circunstancia? ¿Por qué no derrota a ese malvado dictador?”

Por lo que primero y ante todo, es ira hacia Dios y a Sus caminos. Ira debido a nuestras circunstancias.

Luego, el enojo se enfoca en otros, es cómo impactan nuestras vidas. Tendemos a incomodarnos porque vemos que nuestra obediencia y nuestro esfuerzo de vivir correctamente no parecen darnos ningún beneficio.

¿Para qué ser una mujer de Dios, para qué ser una mujer verdadera? No parece estar proveyendo alivio para mi dolor o para seguir viviendo en este mundo caído. Todavía tengo que darle la cara a esa gente. Somos propensas a incomodarnos. Tendemos a enfurecernos. Tendemos a hervir. Tendemos a ponernos tensas y a agitarnos. Pero la Escritura dice “¡Deja la ira, y desecha el enojo! No te enfurezcas; solo conduce a hacer lo malo.”

En algunas de sus Biblias la traducción dice “al mal” (NVI).  Pienso que en la Nueva Versión Internacional dice “conduce al mal” En hebreo es la misma palabra que se usa donde dice “no te irrites a causa de los malhechores.”

Verás, si miramos a nuestro alrededor y vemos a los hacedores de maldad. Y si reaccionamos agitadas, enojadas o enfurecidas a causa de los malignos, ¿sabes lo que pasa? Nos convertimos nosotras mismas en hacedoras de maldad. “Solo haríamos lo malo”.

Si te irritas y te incomodas con quienes te provocan o quienes provocan a Dios, terminas siendo el mismo tipo de persona que los que te están provocando. Y todas hemos visto eso en nosotras.

Quizás no lo externemos. Aunque algunas sí, pero la mayoría de nosotras lo hacemos internamente. Pero te conviertes en esa persona que te está llevando la contra. Si nos irritamos terminamos siendo hacedoras de maldad. Eso solo nos llevará a hacer lo malo.

De manera que las Escrituras dicen “No dejes que los malvados y aquellos que hacen lo mal hecho, te hagan pecar.” Es por eso que comienza con “No te impacientes. No te enojes. No te enfurezcas. No te abandones a la ira.” por eso debemos ser cuidadosas en no dejar que esta ira desarrolle raíces en nuestros corazones. Si hace raíz invariablemente nos llevará a pecar.  Por lo que ¡córtalo de raíz!

“No te irrites”. Habla de la actitud y condición del corazón. Antes de que se te zafe, antes de que explotes de ira, antes de que digas algo cruel o hagas algo  malo, trata con el enojo en tu corazón.

“No te irrites”. No dejes que florezca en tu corazón. No lo dejes echar raíces. No te incomodes”  Nuestra reacción ante los pecadores, ante las circunstancias y las providencias de la vida, esas respuestas revelan lo que hay dentro de nuestros corazones. Si empezamos a decir groserías, y si empezamos a hiperventilar o a hacer (lo que a veces hago yo) “¡Oh, no! ¡No puedo creer lo que está pasando!”

Si empezamos a proferir palabras, palabras llenas de ansiedad, eso refleja el hecho de que nos estamos incomodando en el interior de nuestro corazón. Nos hemos enfureciendo. Hemos llegado a estado de ebullición. Santiago capítulo  1 versículo 20 dice “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Nunca vas a triunfar sobre lo malo, haciendo lo malo. Y cuando te impacientas y te incomodas te conviertes en una hacedora de maldad.

La razón por la que no tenemos que irritarnos es porque no somos Dios. Dios está en control. Él puede manejar este mundo. Él puede controlarlo. Él puede cambiar a los malhechores y lo va a hacer en Su tiempo. Eso es lo que vamos a ver en este Salmo.

Chambers dijo, “Toda nuestra irritabilidad y preocupación se debe a que calculamos sin tener en cuenta a Dios.” Y, podría añadir que —nuestra irritación, preocupación y furia— se debe a que tratamos de ser Dios, tratamos de tomar las riendas de algo que no nos corresponde. Dios es quien está a cargo.

Entonces, ¿cómo aplicamos esto cuando vemos la maldad en nuestra cultura— en nuestros políticos, en las noticias mundiales, las celebridades haciendo alarde de inmodestia e de inmoralidad? Y lo vemos, no solamente en la cultura, sino en nuestros hogares, en las iglesias y en los lugares de trabajo. Vemos cosas que sabemos están mal. ¿Qué se supone que hagamos?

Debemos contristarnos por el pecado. No nos debemos hacer inmunes ni enterrar nuestras cabezas en la arena —como el avestruz— y pretender que no existe. No dejes que te salga una úlcera. No te enojes. No dejes que lo mal hecho del otro te robe tu gozo y tu paz.

Si le respondemos a los hacedores de maldad con ira, nos convertimos en hacedoras de maldad nosotras también. Más aún, perdemos la oportunidad que Dios quiere darnos para influenciar e impactar a otros y para ayudarles a redimir sus vidas.

Escúchenme, amigas, las cristianas no debemos ser conocidas como personas reaccionarias y airadas. Hay muchas cosas en este mundo que son muy, muy graves y muy pecaminosas. Pero el mundo no debe mirarnos y pensar “Siempre están perdiendo los estribos por todo. Son personas reaccionarias y malhumoradas.”

No te irrites. No pierdas los estribos.  ¿Hay alguna situación en este momento que te tenga en ese estado? ¿Hay algo en tu vida que te está siendo problemático? Estás furiosa. A punto de estallar. Estás hirviendo por dentro y sientes la temperatura subir.

Es como cuando coces algo a fuego lento, pero si no lo retiras del fuego y dejas que se siga calentando. Va a llegar a punto de ebullición y —cuando llega a ese punto— se desborda.

¿Estás irritada con algo? ¿Te has enfurecido en tu interior al punto de exteriorizarlo agitadamente? ¿Te has convertido o te estás convirtiendo en el hacedor de maldad que te está abrumando tanto?

Piensa por un momento en tu matrimonio. Piensa en la dinámica, la química de ese hijo para quien nunca se ha  escrito un libro de texto. ¿Te estás poniendo a su nivel? ¿En tu lugar de trabajo, en esa relación tan tensa, has llegado al punto de ebullición?

Si ese es el caso, antes de que continuemos con este Salmo, el punto de partida es ponerte de acuerdo con Dios y decir.  “Si señor, tienes razón. Estoy equivocada. Me he estado incomodando. Hay furia en mi corazón. Me está devorando por dentro. Lo he dejado que me afecte. Estoy furiosa. Estoy rabiosa. He pecado contra ti al estar de resabiosa.”

Confiésalo. Arrepiéntete. Luego, durante los próximos días, veremos no solamente lo que no debemos hacer — perder los estribos por causa de los hacedores de maldad— sino que veremos lo que Dios nos manda a hacer de una forma positiva y redentora.

Leslie: El irritarse es un hábito arraigado en muchas de nuestras oyentes. Pero Nancy Leigh DeMoss te ha estado invitando a que te liberes de las preocupaciones en la serie llamada Salmo 37: Un corazón en calma en medio de un mundo turbulento.

Ella te estará enseñando cómo evitar la tentación de preocuparte e incomodarte en los próximos programas y espero que nos sigas acompañando.

Podemos traerte este tipo de enseñanzas bíblicas y prácticas gracias a las oyentes que contribuyen con Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: De hecho, hay personas como esas escuchando el programa en el día de hoy. Esposas y esposos teniendo dificultades en sus matrimonios y con la necesidad de la intervención divina; mujeres descorazonadas que necesitan dirección, apoyo, ánimo y —algunas veces— ser confrontadas con la Palabra de Dios.

Escucha, estamos en una batalla espiritual y es por eso que tus oraciones son tan importantes para ayudarnos a llevar la verdad a estos corazones y para verlos responder a esa verdad diciendo “Sí, Señor.”

En adición a tus oraciones, también necesitamos el apoyo financiero del pueblo de Dios, de aquellos que tienen un corazón para este mensaje y que deseen ver cómo hacer una diferencia en las vidas de miles de radioescuchas en nuestro país y alrededor del mundo.

Por lo que gracias por sus oraciones, gracias por el apoyo financiero que el Señor les dirija a hacer para ayudarnos, para ayudarnos a continuar haciendo una diferencia en los corazones y en los hogares de su comunidad.

Leslie: Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

¡Tenemos buenas noticias para ustedes! Nuestros amigos de la casa de publicación Moody recientemente nos dieron una maravillosa noticia. El libro “Buscándole a Él” (“Seeking Him”, como se le conoce en ingles) está disponible en formato electrónico, justo a tiempo para el inicio de la serie que comienza la semana próxima. Estará disponible en tres módulos: lecciones 1-4, 5-8, y 9-12. Visita www.AvivaNuestrosCorazones.com para más informes sobre cómo adquirirlo.

No te pierdas la oportunidad de hacer este estudio junto con nosotros durante las siguientes 12 semanas. ¡Compra tu copia hoy y preparémonos para un avivamiento!

Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

Bueno, cuando tu mente está llena de las Escrituras, tus días y noches van a ser diferentes. Entérate por qué en nuestra próxima entrega cuando Nancy continúe con el Salmo 37. Te esperamos en Aviva Nuestros  Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Alegría y Luz para tu vida

DÍA 29

Salmo 19

Dosis: Instrucción Divina

Alegría y Luz para tu vida

“Los preceptos del SEÑOR son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del SEÑOR es claro: da luz a los ojos.” (Salmo 19:8) (NVI)

Aquí hay dos figuras preciosas que emanan nuevamente de la ley de Dios.

En primer lugar, se dice que los mandamientos de Dios son rectos. Es decir, están de acuerdo con sus normas eternas, con los principios éticos, que equilibran los conceptos del bien y del mal. Conocerlos, observarlos y cumplirlos debe llevarnos a una alegría de corazón. Contrariamente a lo que piensa la mayoría de la gente, que cumplirlos es una carga pesada, este versículo nos confirman las palabras de Jesús: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. Dice la Biblia que Cristo es el primer ejemplo de obediencia, y el yugo de obediencia que tiene para nosotros está forrado de amor. Él pide que cumplamos sus mandamientos para nuestro beneficio personal.

Confirmar que nos va bien cuando cumplimos sus mandamientos, nos produce una gran alegría, pero además tenemos el fundamento de un gozo duradero con una mente sana, dispuesta a ser guiada por su Espíritu, para seguir experimentando la dicha de una vida plena.

Dice además “El precepto de Jehová es puro que alumbra los ojos.” Una luz diferente, pura, especial que alumbra nuestras tinieblas personales. Cuando nos sentimos en oscuridad la claridad de su Palabra abre nuestros ojos y nuestro entendimiento. ¡Nos alumbra!

Hace unos años vivimos una experiencia inolvidable. Viajábamos de norte a sur en nuestro auto de regreso a casa, cuando de pronto atravesamos un tramo de tinieblas. La neblina era tan densa que literalmente no podíamos distinguir nada. Los faros del auto resultaron inservibles para la densidad de esas tinieblas. No podíamos detenernos, pues estábamos al borde de precipicios, pero avanzar también era riesgoso porque no veíamos nada adelante. Solo cuando un camión o un bus se cruzaba con nosotros teníamos un fugaz instante de claridad por la potencia de sus faros neblineros. Mi esposo tuvo que seguir manejando, sacando la cabeza por la ventana, tratando de descubrir la línea divisoria de la carretera. Orábamos intensamente para que Dios disipe la neblina. Cuando por fin se disipó, respiramos tranquilos y comentamos cuán terrible y riesgoso es caminar en tinieblas.

Creo que de alguna manera todos hemos vivido esta experiencia en el plano espiritual. Al borde del precipicio, confiando en la intuición, sin distinguir nada adelante, sumidos en la oscuridad, dando pasos inciertos. Hasta que nos alumbró la luz de su Palabra.

Oración: Señor que tu palabra sea realmente una luz para mi vida. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 44). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?

Jueves 19 Septiembre

El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?

Salmo 94:9

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás.

Job 42:3-4

¡Hay demasiado mal en esta tierra!

–Hay tantas guerras y sufrimientos en esta tierra, que no puedo creer que Dios exista.

–¿Usted está en contra de la violencia?

–¡Por supuesto!

–Usted piensa que el bien existe, y prefiere el bien al mal.

–¡Sin ninguna duda!

–¿Cómo hace para diferenciar el bien del mal?

–¡Pues, confiando en mis sentimientos!

–En ciertas culturas las personas aman a sus semejantes, en otras se comían unos a otros. En ambos casos la gente se basa en sus sentimientos. ¿Cuál prefiere?

–¡Evidentemente, prefiero a los que aman a su prójimo!

–Si los sentimientos no son suficientes para diferenciar el bien del mal, usted debe admitir la existencia de una ley moral que le permite escoger entre el bien y el mal. Sin ley moral no hay noción de bien ni de mal. Y esta ley moral exige que alguien la haya establecido, ¡ella exige un legislador moral!

Si está agobiado por la existencia de guerras, ¿no cree que es Dios quien ha puesto en su corazón esa ley moral?

–Entonces, ¿cómo conocer más esta moral divina y a Dios mismo?

–Hable a Dios mediante la oración; escúchelo, leyendo la Biblia, ella es la Palabra de Dios. Si él le ha dado esta noción del bien y del mal, también quiere enseñarle otra cosa sobre el sentido de su vida. ¡Él quiere tener una relación personal con usted!

2 Crónicas 34 – 2 Corintios 8 – Salmo 106:19-23 – Proverbios 23:22

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