A medida que avanzaba en mis estudios de psicología, esta pregunta cobraba cada vez mayor importancia en mi cabeza. Las implicaciones son muchas. ¿La persona humana es tricotómica, compuesta de espíritu, alma, y cuerpo? ¿O por otro lado es dicotómica, compuesta de cuerpo y alma? En otras palabras, ¿cuándo hablamos de espíritu y de alma, estamos refiriéndonos a lo mismo?
Este es el argumento que uno escucha una y otra vez para justificar la presencia de la psicología en círculos evangélicos: “Somos un ser tripartito, tres partes, creados a imagen de Dios, como la Trinidad, somos espíritu, alma, y cuerpo”. Pero, ¿es este un argumento bíblico o solo un mito ampliamente aceptado?
“Los ingredientes de lo psicológico ciertamente existen. Están entre los rasgos más importantes e interesantes de nuestra vida interior, los cuales incluyen nuestros patrones de pensamiento, emociones y motivaciones individuales. Pero, ¿es ese depósito conceptual –lo psicológico– una categoría real y útil, o es innecesaria y equívoca para entender la naturaleza humana? ¿Hay una parte distintiva en nosotros que no es espiritual ni biológica –sino psicológica?”
Como sigue exponiendo Welch, esta idea tripartita de la persona la popularizó Clyde Narramore a final de los años 50 con su anuncio de que
– si tienes un problema físico, debes ir al médico;
– si tienes un problema espiritual, debes ir al pastor;
– si tienes un problema del alma (psicológico), debes ir al psicólogo.
Parece lógico: tres partes de la persona, tres tipos de problemas, tres profesionales… Pero, ¿es esta la verdad bíblica? ¿Existe un área inmaterial de la persona que está desconectada de las Escrituras? ¿Quién decide lo que es psicológico y lo que es espiritual? Ansiedad, temor, problemas matrimoniales, rencor, ira, tristeza… ¿Son problemas del espíritu o del alma? ¿Existe una parte psicológica en mí que no tiene nada que ver con Dios? Las implicaciones de la tricotomía son alarmantes. Mirando atrás puedo decir que este asunto fue clave en mi proceso de dejar atrás la psicología y abrazar la consejería bíblica de todo corazón.
Tricotomía y la Biblia
El pasaje que se suele usar para defender la tricotomía es 1 Tesalonicenses 5:23: “Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Pero si esta doctrina es tan importante, ¿por qué solo se cita aquí esta expresión; espíritu, alma, y cuerpo? En este pasaje el apóstol Pablo, en su deseo de describir la totalidad de nuestro ser, usa estos tres términos. ¿Pero pudiera haber utilizado otros? De hecho en Deuteronomio 6:5 encontramos una tricotomía diferente para expresar la plenitud de nuestra persona: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”.
Y otra tricotomía más la vemos en Mateo 22:37: “ Y Él le contestó: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente”.
Entonces nos encontramos con el reto de tener varias tricotomías, ¡e incluso alguna “cuatricomía” también!: “y amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza” (Mr. 12:30).
Dicotomía y la Biblia
Estos pasajes usan varias palabras para abarcar la totalidad de la persona, pero estas descripciones son siempre una enumeración de términos, no una lista exhaustiva. Para entender la antropología bíblica nos es necesario ver las Escrituras en su totalidad.
Dios formó al hombre “del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida” (Gn. 2:7). Dos sustancias. Según el contexto la sustancia material es llamada cuerpo o carne, y la sustancia inmaterial es llamada espíritu, alma, mente, pero sobre todo corazón. Estas palabras se usan de forma indistinta para referirse a la dimensión inmaterial de la persona, siendo corazón el término más usado y amplio para referirse a la vida interior del ser humano. Desde una óptica bíblica los pensamientos, motivaciones, y voluntad residen en el corazón, y el corazón se expresa a través del cuerpo.
Somos seres espirituales vestidos de una “morada terrestre” o “tabernáculo” (2 Co. 5:1). Aunque el “hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día” (2 Co. 4:16). Dos sustancias, pero una sola persona. No es que tenga un cuerpo y tenga un alma. Es que soy un cuerpo y soy un alma. Como dice C. S. Lewis: “Somos seres compuestos –un organismo natural en un estado de simbiosis con un espíritu supernatural”. [1] Y en otra ocasión escribe:
“El espíritu (se siente) ‘en casa’ con su organismo, como un rey en su propio país o un jinete sobre su caballo –o mejor aún, como la parte humana de un centauro está ‘en casa’ con la parte equina”. [2]
El uso intercambiable de alma y espíritu es evidente en las Escrituras. Tanto el alma como el espíritu sienten tristeza (Jn. 13:21; Mt. 26:38), y sienten gozo (Is. 61:3; Sal. 86:4); tanto el alma como el espíritu pecan (Sal. 32:2; Ez. 18:4), necesitan salvación (1 Co. 5:5; Stg. 1:21) y son llevadas al cielo (He. 12:23; Ap. 20:4). La diferencia no es ontológica. Nos referimos a lo mismo. La diferencia es semántica. Es una diferencia de lenguaje la que encontramos entre espíritu y alma. Por lo general el alma se entiende como más apegada al cuerpo, y el espíritu como más despegada del cuerpo. No es lo mismo que te digan “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 almas”, que “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 espíritus”. Seguramente irías a la primera casa, pero no a la segunda, ¿verdad?
Es imposible distinguir entre alma y espíritu, porque nos referimos a lo mismo. Encontramos en la Biblia muchos paralelismos hebreos que usan ambos términos como sinónimos. [3] Es tan imposible separarlos, que al describir el poder incomprensible de la Palabra de Dios, el autor de Hebreos nos dice que la Palabra es capaz de penetrar hasta partir el alma y el espíritu (He. 4:12). Aquí no se refiere a partir el alma, y a partir el espíritu, sino a dividir entre las dos, a separarlas.
Existe un yo interior e invisible, y un yo exterior y visible. El interior solo lo ve Dios, pero se expresa a través de un cuerpo que actúa, piensa, anda, habla, y siente. Por eso, aquello que la psicología moderna llama enfermedades desde la consejería bíblica entendemos que son meros síntomas de un asunto interior, de un corazón que se expresa. [4]
Somos un corazón que se comunica a través de un cuerpo. Esta es la comprensión bipartita del ser humano que la iglesia cristiana siempre ha sostenido. Como dice el Catecismo de Heidelberg, en su pregunta 1, “Pertenezco, en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, a mi fiel Salvador Jesucristo”.
Sí. Los pastores y consejeros tenemos hoy día la gran responsabilidad y el gran reto de ser instrumentos en las manos de Aquel que conforta nuestras almas (Sal. 23:3), y tratar aquellos asuntos del corazón que según el mundo son psicológicos.
[1] C.S. Lewis, Miracles (New York: Macmillan, 1960), 126.
[2] C.S. Lewis, e Weight of Glory and Other Addresses (Grand Rapids: Eerdmans, 1949), 126.
David Barceló es pastor de la Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona, España, desde sus inicios en el año 2005. Conferencista en varias ciudades de España y Latinoamérica. Felizmente casado con su esposa Elisabet, son padres de cuatro hijos, Moises, Daniel, Elisabet y Abraham.
¿Cuál es nuestra teología? Por Sinclair B. Ferguson
Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre
on varias e importantes las convicciones que impulsan a la revista Tabletalk, las cuales también han impulsado la historia completa del ministerio de Ligonier. Una de estas convicciones fue expresada hace unos quinientos años por Martín Lutero (¿quién más podría ser?).
Todos somos teólogos; todo cristiano debe serlo. Todos deben ser teólogos para poder ser cristianos.
Pero ¿cuál es esa teología? Y, en particular, ¿cuál es nuestra teología?
TEOLOGÍA
Teología es hablar de Dios (en el mejor y más elevado sentido); es decir, pensar y hablar sobre Dios de forma coherente y lógica. Y para el creyente cristiano, esto significa una teología enraizada en la revelación que Dios ha dado y que la expresa. Por tanto, hay un sentido correcto en el que estamos llamados a tener una «teología de todo», porque de una forma u otra todo el cosmos —el desarrollo de la historia, los descubrimientos que hacemos— todo es parte del desarrollo de la autorrevelación de Dios en la creación, la providencia, la redención y la consumación. Como señaló Abraham Kuyper, nada en el cosmos es ateo en sentido absoluto. O para citar una autoridad superior: «Por que de Él, por Él y para Él son todas las cosas» (Rom 11:36). Por eso, omnes sumus theologi —todos somos teólogos— ya seamos físicos nucleares, astronautas, amantes de la literatura, jardineros, recolectores de basura o incluso «teólogos». Este es el privilegio, el reto, el romance de nuestras vidas, en cualquier vocación imaginable. En última instancia, tomando prestadas las palabras de Pablo, solo una cosa hacemos (Flp 3:13). ¿Pablo hacía solo una cosa? Claro que no. Pero sí, hacía solo una cosa, pero en mil actividades diferentes. Lo mismo ocurre con nosotros. En todas las cosas somos teólogos porque sabemos que toda la vida es para conocer a Dios.
Pero ¿cómo funciona la teología? Tal vez nos ayude una ilustración. Hay un programa en la televisión de la BBC que me gusta mucho. Se llama The Repair Shop [El taller de reparaciones], y —en medio de tantas cosas en la televisión que son deprimentes o inmorales, o ambas cosas— es un programa que te hace sentir bien. Personas comunes y corrientes traen sus reliquias dañadas, deterioradas, deformadas y algunas casi destruidas para que las reparen. A menudo nos cuentan historias profundamente conmovedoras o por qué el artículo (que puede tener poco valor en sí mismo) es tan importante para ellos por su conexión con un ser querido. Entonces vemos las habilidades extraordinarias de los artesanos y artesanas —expertos en carpintería y metalurgia, mecánica y mobiliario, instrumentos musicales y mecanismos, objetos blandos y duros— trabajando lo que parece ser magia. Mientras que la gente como yo remienda y espera lo mejor, ellos primero deconstruyen y solo entonces reconstruyen y devuelven la gloria perdida a las reliquias. Luego, el maravilloso desenlace: somos testigos (y compartimos) la abrumadora gratitud de los distintos propietarios, sus elogios y, a menudo, su alegría hasta las lágrimas al descubrir el objeto restaurado en todo su esplendor, normalmente debajo de una manta muy ordinaria (lo que sugiere una mayor restauración).
La teología es el taller de reparación del evangelio. Sus diversos «loci» o temas (Dios, la creación, la caída, la providencia, la redención, la glorificación) son, por así decirlo, otros tantos departamentos de expertos que primero deconstruyen nuestros daños personales y luego nos reconstruyen hasta hacer realidad la visión original en nuestra creación. De este modo, lo que nuestros antepasados llamaban la teología de la peregrinación, en la que vemos por un espejo, se convierte en la teología de la visión en la que veremos cara a cara. Habiendo sido creados a imagen de Dios para glorificarle y disfrutar de Él para siempre, seremos por fin semejantes a Él.
¿Cuál es entonces el contenido de nuestra teología?
NUESTRA TEOLOGÍA
Se dice que Tomás de Aquino dijo que la teología viene de Dios, nos enseña sobre Dios y nos lleva a Dios. Y puesto que la vida eterna consiste en conocer a Dios y a Jesucristo, a quien Él ha enviado (y esto solo lo hacemos por medio del Espíritu; Jn 17:3; ver 14:23, 25), nuestra teología comienza (y termina) con Dios. Nos dice quién es Él: un Dios que es tres personas, la siempre bendita Trinidad, en la eterna comunión de Su ser tripersonal como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta teología nos lleva a conocer Su maravilloso carácter unificado y simple, que en nuestra limitada capacidad logramos captar aspecto por aspecto en lo que llamamos Sus atributos. De hecho, estas son solo algunas formas de describir Su perfección, Su divinidad, Su infinita y gloriosa deidad.
Así pues, nuestra teología es una teología del Dios trino que es suficiente para sí mismo y en sí mismo y quien en todas Sus automanifestaciones es amor santo. No es de extrañar, pues, que nuestra teología esté impulsada por las visiones gemelas del profeta de la santidad y del apóstol del amor, en Isaías 6 y Apocalipsis 4-5. Es un hecho sorprendente que en estas dos visiones parece estar resumida toda nuestra teología.
Ellas reflejan la divinidad de Dios, «el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8), y la historia de la creación (v. 11): que todas las cosas en el cielo y en la tierra fueron hechas por el Dios trino, «Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible» (el Credo Niceno), por medio de Su Palabra, el Hijo Eterno, y por el ministerio ordenador, llenador y completador del Espíritu que se movía sobre las aguas originarias.
Estas visiones nos proporcionan un espejo en el que vemos que nuestro destino creado yace detrás de nosotros casi irreconocible. Fuimos creados por Dios para Su gloria y para disfrutar de Él; en una palabra, para la comunión con Él y la alabanza a Él. Pero ahora nos encontramos, como Isaías, abrumados por el descubrimiento de quién es Dios —el Santo— y nos damos cuenta de que somos como un antiguo castillo escocés que se ha convertido en una reliquia arruinada, destruida por los asaltos de Satanás. Estamos abandonados, incapaces de restaurarnos a nosotros mismos, deshechos e impuros. Ninguno de nosotros es capaz de abrir un libro que contenga un plan para nuestra salvación y restauración (Ap 5:4).
Pero no es así como nuestra teología termina. Dios quiere Su imagen de vuelta. Es cierto que debemos descubrir que estamos arruinados antes de poder ver nuestra necesidad de restauración. Pero entonces nuestra teología según Isaías y Juan nos dice que no se trata de un Dios diferente, sino de un mismo Dios tres veces santo cuyo mensajero trae la restauración a través de un carbón encendido de un altar de sacrificio que primero incinera y luego restaura. Y esta teología bíblica nos dice que en su visión Isaías vio la gloria del Señor Jesús (Jn 12:41). Entonces, como nuestra teología sostiene que la revelación es progresiva y acumulativa, entendemos que la persona a la que apunta la visión de Isaías no es otra que el León de Judá, el Cordero de Dios inmolado que quita el pecado del mundo (Ap 5:6-10). Y a medida que profundizamos para «aprender a Cristo» (Ef 4:20), contemplamos Su única persona divina en Sus dos naturalezas unidas en esa única persona, en Sus dos estados de humillación y exaltación y en Sus tres oficios como Profeta, Sacerdote y Rey: un solo Señor Jesucristo.
En este contexto, descubrimos que algo nos sucede: por el Espíritu seráfico, nuestras vidas entran en contacto vivo con Cristo en Su sacrificio expiatorio. Somos perdonados y justificados de la culpa del pecado. Y en ese mismo momento se inaugura la quema del pecado en nosotros. No puede ser de otra manera, ya que como Calvino señaló regularmente, pensar que podemos tener a Cristo para la justificación sin tenerlo para la santificación es despedazarlo, ya que nos ha sido dado para ambas cosas. El Espíritu nos une a un solo Cristo que es a la vez «justificación y santificación» para nosotros (1 Co 1:30). Por lo tanto, el pecador que es justificado comparte también y simultáneamente Su muerte al dominio del pecado y Su resurrección a novedad de vida para Dios (Rom 6:2-4). Tener cualquier otra teología es entender mal cómo la gracia reina «por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor» (5:21).
No es de extrañar que la visión trascendente de Isaías termine en una obediencia incondicional: «Heme aquí; envíame a mí» (por muy duro que sea el camino; Is 6:8-13). Y no es de extrañar que la visión de Isaías se haga eco en la experiencia de Juan del canto celestial: «Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8); y culmina en una adoración sin fin: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos» (5:13). No es casualidad que las conferencias nacionales de Ligonier tradicionalmente terminen con el canto del «Aleluya» de Handel.
Sí, esta es nuestra teología. Ha sido el latido del corazón deLigonier desde los primeros días de «La confraternidad de enseñanza de R.C. Sproul», expresado ahora por cincuenta años en una multitud de formas. Aquí todos formamos parte de esa confraternidad de enseñanza. Y esta teología, nuestra teología, se convierte en el taller de reparación divino, que nos lleva desde la ruina hasta la restauración final, pasando por la redención. ¡Soli Deo gloria!
El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.
¿Quién es un verdadero cristiano? ¿Alguien que va a la iglesia, o que fue bautizado? O más sencillamente, ¿un ciudadano de un país “cristianizado”? A lo largo del tiempo este término ha perdido gran parte de su sentido y valor. Pocas veces es empleado para designar a una persona realmente convertida a la fe cristiana, a un verdadero discípulo de Jesucristo. Se escucha mucho la expresión “el hábito no hace al monje”. Dios no mira la apariencia, sino el corazón (1 Samuel 16:7). Así, una persona que no tiene en cuenta a Jesucristo, pero se considera cristiana porque “va a la iglesia” o participa en buenas obras, solo es cristiana de apariencia. ¡No tiene ningún vínculo con Dios, quien lee el corazón!
Un verdadero cristiano se reconoció como pecador ante el Dios santo, y puso su fe y confianza enteramente en Jesucristo, crucificado por sus pecados. ¡Qué descanso saber que Jesús soportó el castigo! Murió, luego resucitó, mostrando que Él es Hijo de Dios.
El cristiano no es mejor que los demás. Tiene la misma naturaleza, que produce pensamientos impuros y malas obras: orgullo, mentira, ira… Pero aceptando a Jesús como Salvador, recibe la vida eterna, con la capacidad y la responsabilidad de mostrar en el mundo los caracteres de su Salvador. El Señor Jesús espera que sus rescatados sean sus testigos: “sois carta de Cristo” (2 Corintios 3:3). ¿Mi vida muestra esto?
Algunos “profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16). “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor” (2 Timoteo 2:21).
Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.
Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier? Por Chris Larson
Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre
inisterios Ligonier ha seguido creciendo desde que nuestro querido fundador, el Dr. R.C. Sproul, falleció en el 2017. Muchos miembros del equipo se han unido a nosotros recientemente, añadiendo sus experiencias y habilidades. Es alentador ver cómo el alcance crece gracias a sus notables esfuerzos. Pero cualquier empresa duradera debe mantener su enfoque en la misión original y estar en guardia para evitar irse a la deriva. Por lo tanto, en muchas de nuestras reuniones de equipo, a menudo reitero la única cosa que hacemos en Ligonier: teología, teología, teología. No, no he olvidado cómo contar. La cuestión es recordar lo vital que es la teología no solo para nuestra misión como ministerio, sino para nuestras propias vidas como individuos. Permíteme ilustrar esto.
Quizá hayas visitado el Museo Británico de Londres. Es uno de mis lugares favoritos. Pasar por delante de maravillosas antigüedades de varios milenios de la historia del mundo es impresionante. Cada artefacto cuenta una historia. Pero en una visita reciente, aprendí que no cada artefacto cuenta una historia completa.
Hay una zona en la colección de Mesopotamia con artefactos de Asiria, incluidos algunos de Senaquerib, ese violento rey del que se habla en el Antiguo Testamento. En su época, fue el terror de Oriente Medio, asediando ciudades y sometiendo naciones. Hay un relieve en el Museo Británico del asedio de Laquis, una pequeña ciudad fortificada en la ruta hacia Jerusalén. Los reyes conquistadores paganos solían construir este tipo de monumentos para presumir de sus victorias. La escena representa la espantosa matanza de los israelitas por parte de Senaquerib en Laquis.
¿Qué falta en el Museo Británico? Sabemos que Senaquerib se dirigía a destruir Jerusalén y completar su conquista de Judá (2 Re 18:13-19:37). Cuando los ejércitos llegaron a asediar la capital, el profeta Isaías aconsejó al rey Ezequías que confiara en el Señor para su liberación. No hay ningún artefacto que cuente la victoria de Senaquerib sobre Jerusalén porque nunca ocurrió. La Biblia dice que un ángel del Señor destruyó de la noche a la mañana el ejército del rey extranjero, que interrumpió la campaña militar y regresó a Nínive.
El Señor lucha por Su pueblo. El poderío de los asirios no era rival. A través de las generaciones de Israel se transmitió la verdad de que solo hay un Dios y que Él no está callado (Ex 20:1-20; Dt 6:4; Is 44:6-8).
La palabra teología significa simplemente el estudio de o sobre Dios. La teología no es una actividad académica seca y polvorienta. La teología es el filo de una navaja con la vida y la muerte a ambos lados. Los israelitas tenían una teología correcta y vivieron. Los asirios tenían una teología corrupta y perecieron. Lo que está en juego no puede ser de mayor importancia para cada alma. Jesucristo dijo que conocer a Dios y a quien Él ha enviado es entrar en la vida eterna (Jn 17:3).
Al principio, Adán y Eva conocieron a Dios en verdad y luego suprimieron esa verdad en injusticia, y así la incredulidad destrozó el cosmos y nos arruinó hasta la médula. Desde ese trágico momento de exilio del Edén, en nuestro estado natural estamos en una batalla impía lanzada contra el santo Creador. Que haya guerra entre las naciones y falta de paz entre uno y otro es solo una manifestación de nuestra primera rebelión. Qué lío de pecado hemos hecho, y sin la capacidad de poder salvarnos. Si hemos de ser salvados, debe venir de fuera de nosotros. Sin una buena teología, la realidad es como un rompecabezas con pequeñas piezas, todas desparramadas, sin una imagen unificada. La teología, bien entendida, nos da una imagen de la realidad para ayudarnos a dar sentido al rompecabezas. Nos guía para recomponer las piezas, así como la imagen de la caja del rompecabezas, para que entendamos el mundo y a nosotros mismos correctamente. De este modo, la teología informa a todos los ámbitos del conocimiento y la experiencia humana.
El Dr. R.C. Sproul se centró en la teología como disciplina, abarcando todo lo que Dios ha revelado de forma general y particular. La humanidad está alejada de Dios. Como nuestros primeros padres, nacemos siendo supresores de la verdad. Sí, todo el mundo sabe que Dios es, pero no todo el mundo sabe quién es Dios. Ese es nuestro problema fundamental: no sabemos quién es Dios. Y porque no sabemos quién es Dios, no sabemos quiénes somos.
Ministerios Ligonier comenzó en el verano de 1971, justo cuando Estados Unidos estaba saliendo de la turbulenta década de los sesenta. Los cristianos se enfrentaban a un relativismo desenfrenado y a la agitación social. El secularismo se aceleró en la cultura y la teología liberal hizo metástasis en muchas iglesias y denominaciones. Allí, en las laderas de las montañas Allegheny de Pensilvania, cerca de un pequeño pueblo llamado Ligonier, comenzó un pequeño ministerio que buscaba equipar a los cristianos para conocer a Dios de una manera mejor y más profunda y para darlo a conocer. Este esfuerzo de discipulado y formación fue impulsado por el deseo de defender el cristianismo clásico, y esperando ayudar a inundar la cultura con cristianos bien entrenados y articulados que busquen ser fieles en el avance de la Gran Comisión. Por diseño, era una forma de evadir los principales medios de comunicación y a las iglesias establecidas bien financiadas.
Ante la abierta animosidad cultural a la que se enfrenta la Iglesia hoy en día, que sigue creciendo, los que son cristianos solo de nombre se están alejando. Las iglesias sincretistas establecidas, se van evaporando. El futuro de la Iglesia pertenece a los cristianos de convicción. Todos los problemas a los que nos enfrentamos son, en última instancia, teológicos; para reparar las ruinas, las soluciones deben ser teológicas.
Afortunadamente, a lo largo de los años, Dios ha traído muchos discípulos de la visión del Dr. Sproul que están comprometidos con la difusión del evangelio del Señor Jesucristo y con ver crecer una teología arraigada en las Escrituras en las iglesias de todo el mundo. La labor es intensa, sí, pero la promesa es segura: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar» (Hab 2:14). Estamos enrolados en ese esfuerzo. Una de las maravillas del evangelio es que hombres y mujeres pecadores sean utilizados para avanzar la misión de Dios en este mundo caído, trabajando en y a través de nuestras batallas con el mundo, nuestra propia carne y el diablo.
En su clásico libro La santidad de Dios, el Dr. Sproul comenta sobre Romanos 12:2:
El método clave que Pablo subraya como medio para la vida transformada es la «renovación de la mente». Esto significa nada más y nada menos que la educación. Una educación seria, profunda y disciplinada en las cosas de Dios. Exige un dominio de la Palabra de Dios. Tenemos que ser personas cuyas vidas han cambiado porque nuestras mentes han cambiado.
Por la gracia de Dios, el enfoque estricto del Dr. Sproul en la enseñanza de la teología ha cambiado muchas vidas. Él creía que todo el mundo es un teólogo y que importa ahora y para siempre si eres un teólogo bueno o malo. El simplemente impartir información a la mente humana es insuficiente. A través de la luz de la Escritura y la obra del Espíritu Santo, empezamos a comprender el carácter santo de Dios y nos damos cuenta de nuestra pecaminosidad. La Iglesia debe redescubrir el compromiso inquebrantable de proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud. Esta no es solo una declaración de la misión de Ministerios Ligonier, es el llamado de todo creyente. Si se diluye el carácter de Dios, se debilita nuestra capacidad de alcanzar a los incrédulos con el evangelio. Las estrategias misioneras bien intencionadas que se centran en el crecimiento por el solo hecho de crecer pueden dar beneficios temporales, pero tales estrategias no desarrollarán discípulos sanos ni plantarán iglesias sanas. La actividad ministerial con poca visión de futuro no es sostenible. El compromiso teológico en aras de los números es fatal.
Aunque el pueblo de Dios se ha visto a menudo consternado por circunstancias que escapan a su control, el progreso de la misión de Dios en este mundo es seguro. Nosotros, como el siervo de Eliseo en otro momento angustioso en el que los israelitas se vieron amenazados, tenemos la tentación de preocuparnos por las nubes de tormenta que se acumulan. Pero debemos recordar que «los que están con nosotros son más que los que están con ellos» (2 Re 6:16).
Al cumplir Ligonier su quincuagésimo año de ministerio, damos gracias por la bendición de Dios en nuestro pasado. Sin embargo, es evidente que tenemos la oportunidad de servir al pueblo de Dios como nunca antes. Hay mucho trabajo por hacer entre las naciones. ¿Podrías orar para que Dios despierte a más personas y le vean como Él realmente es? Que podamos ver una recuperación de la verdadera teología en la que hombres y mujeres, niños y niñas tengan una relación restaurada con Dios el Padre a través de Dios el Hijo y a través de la poderosa gracia de Dios el Espíritu Santo, y vivan vidas fructíferas ahora y para siempre.
Chris es el presidente y jefe ejecutivo de Ligonier. Dirige todas las iniciativas de alcance y operaciones ministeriales con el fin de difundir la histórica fe cristiana a tantas personas como sea posible.
Annamarie Sauter:¿Has pensado que Jesús es quien hace toda la diferencia en tu vida?
Nancy DeMoss Wolgemuth:Has sido liberada de la esclavitud, de la vergüenza y de la culpa de tu pasado; y todo se debe a una Persona… Su nombre es Jesús. Tener Su presencia en tu vida, en tu árbol genealógico, en tu linaje, es lo que convierte la desgracia en gracia, y lo que convierte las cenizas en belleza.
Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.
Creo que si alguien nos preguntara, «¿quién de ustedes ha hecho algo de lo que se avergüenza?», todas levantaríamos la mano. Sabes, en la historia de la redención esa vergüenza es como un fondo negro sobre el cual la perla del evangelio y el amor de Dios se destacan. Hoy Nancy nos habla más acerca de esto en la continuación de esta serie sobre el poder transformador del amor redentor.
Nancy:Cuando piensas en tu historia, en tu pasado o en tu línea familiar, tu genealogía, ¿te has preguntado alguna vez si algunas cosas que han sucedido en tu vida o en tu pasado podrían descalificarte para ser realmente usada por Dios?
Algunas de ustedes se han sentido así porque he escuchado sus historias; y he escuchado historias de muchas mujeres y también lo he escuchado en conversaciones con algunas que lo han experimentado. Te has preguntado: ¿Cómo pudo Dios tomar este desastre de mi pasado, este tipo de familia en la que crecí y estas cosas que sucedieron en mi pasado o con mis padres o mis abuelos…cómo puede Dios sacar algo de valor de mi historia?
De hecho, es probable que todas tengamos cosas en nuestro pasado, ya sea en nuestras propias vidas o las vidas de nuestros familiares, de las que no estamos realmente orgullosas. Por el contrario, estamos avergonzadas de esas cosas. Hay algo en nuestras familias que no quisiéramos que nadie supiera. Si estuviéramos escribiendo un libro, una biografía de la historia de nuestras vidas, no sé ustedes, pero hay algunas cosas que me gustaría dejar de lado si tuviera que contar todo sobre mi pasado, mi trasfondo.
No nos importaría…es más, nos gustaría que otros conocieran las cosas buenas de nuestro árbol genealógico, quizás personas famosas en la familia o en mi trasfondo; pero hay cosas ahí, en nuestras líneas familiares, que preferiríamos que otros no supieran.
El primer párrafo del Nuevo Testamento, en el Evangelio de Mateo, capítulo uno, es el árbol genealógico de Jesús. Es Su trasfondo, la personas que formaron parte de Su venida a la tierra, y en este párrafo encontramos la única referencia a Rut en el Nuevo Testamento.
Esta semana comenzamos un estudio de la historia de Rut, y antes de pasar a la historia en el Antiguo Testamento, quiero que echemos un vistazo en el Nuevo Testamento y veamos dónde encaja ella en la línea familiar de Jesús.
Si tienes tu Biblia, permíteme animarte a que la abras en el capítulo 1 de Mateo. Vamos a leer el primer párrafo. Estas partes de la Escritura se llaman genealogías y a veces nos sentimos tentadas a pasarlas por alto. Pero en realidad, si nos detenemos y profundizamos un poco, encontraremos que hay mucho significado y mucho que puede animarnos en nuestro caminar con el Señor al mirar este linaje.
Mateo 1:1-6: Es un registro de la genealogía de Jesucristo. Esta es Su línea familiar, este es su árbol genealógico, y puede que te sorprenda saber que hay algunas cosas en Su trasfondo familiar que tú y yo quizás no hubiéramos querido incluir si hubiéramos estado contando nuestra historia. Dice así la Palabra de Dios:
«Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Abraham fue padre de Isaac, Isaac de Jacob (cuyo nombre, por cierto, significa engañador, aquí ya te puedes dar cuenta que hay algo un poco turbio en el fondo), y Jacob de Judá y de sus hermanos; Judá fue padre de Fares y de Zara, cuya madre fue Tamar; Fares fue padre de Esrom, y Esrom de Aram; Aram fue padre de Aminadab, Aminadab de Naasón, y Naasón de Salmón».
(No solemos leer estas porciones, ¿no es así?)
«Salmón fue padre de Booz, cuya madre (o antepasado) fue Rahab; Booz fue padre de Obed, cuya madre fue Rut; y Obed fue padre de Isaí;Isaí fue padre del rey David. Y David fue padre de Salomón, cuya madre Betsabé había sido mujer de Urías».
Ahora vamos al versículo 16. En el párrafo intermedio se incluyen muchos más nombres, pero luego llegamos al final de esta genealogía, y leemos que Jacob fue «el padre de José, el marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo».
Entonces Jesús forma los dos sujetalibros de esta genealogía. Es Su historia, lo leemos en el versículo 1, y luego lo leemos en el versículo 16, que Él nació al final de esta línea de individuos.
Ahora, ¿por qué deberíamos molestarnos en leer esta historia, esta genealogía? Bueno, en primer lugar, al leer esta lista de nombres, con la mayoría de los cuales quizás no estamos familiarizadas y algunos de los cuales apenas podemos pronunciar, recordamos lo importantes que son las personas para Dios, que Dios tiene un corazón para hombres y mujeres individualmente.
Sus nombres están preservados en la Palabra de Dios. Estos nombres que no significan mucho para nosotras han sido preservados en la Palabra de Dios y son parte de Su plan, Su plan de redención. Estas personas son importantes para Dios, y eso me dice que mi nombre le importa a Dios, que tu nombre le importa a Dios, que Dios sabe exactamente dónde encajamos en Su plan y Sus propósitos eternos, y que donde encajamos es importante para Él.
Luego vemos en esta genealogía, la importancia no solo de los individuos para Dios, sino la importancia de las mujeres para Dios. Ahora, recuerda que esta genealogía fue escrita en una cultura donde las mujeres eran consideradas seres inferiores, y era inusual en esa época, que los nombres de las mujeres se incluyeran en la genealogía porque típicamente la línea familiar se tomaba a través de los hombres.
Pero encontramos en esta historia que Dios inspiró divinamente que se incluyeran cinco mujeres en este registro, y fíjense qué tipo de mujeres. Cuatro de las cinco mujeres no eran israelitas. Eran gentiles, lo cual nos da una imagen de la gracia de Dios. Realmente anuncia el plan de Dios de traer gentiles a Su familia. No solo los judíos, sino también los gentiles debían ser incluidos en la obra de Cristo.
Ahora, mira quiénes eran estas mujeres. En el versículo 3 leemos acerca de Tamar, quien fue la madre de Fares y Zara. Recuerda que Tamar, cuya historia se cuenta en el libro del Génesis, era la nuera cananea de Judá.
Judá y Tamar tuvieron una relación incestuosa, y de esa unión nacieron Fares y Zara. Fares era parte de la línea de Cristo. Dios tomó esta horrible historia, le aplicó Su gracia, y de esa línea familiar vino el Mesías.
Luego leemos en el versículo cinco sobre Rahab. Rahab, que también era cananea, era una prostituta, era extranjera. Su vida fue una historia de fracaso y desgracia, pero Dios la atrajo a Su familia. Dios la atrajo a la fe y al arrepentimiento e hizo de esta mujer con este horrible pasado, parte de la línea familiar de Cristo.
Luego leemos en el versículo cinco acerca de Rut, la tercera mujer en esta genealogía. Ella también era extranjera, moabita, una raza despreciada. Sin embargo, Dios la trajo a Su familia por gracia y dijo: «Vas a ser parte de Mi plan. Vas a ser parte de la línea familiar, parte del árbol genealógico del Señor Jesús».
En el versículo seis leemos acerca de Betsabé, quien tuvo una relación ilícita con el rey David. Probablemente también era extranjera, una mujer hitita, originalmente no era de la fe judía. Pero Dios puso Su mano sobre esta mujer y dijo: «Voy a convertir esta historia negativa, esta historia llena de pecado, esta historia vergonzosa, en una historia de gracia». A través de su línea vino el Mesías, vino Cristo.
Luego, por supuesto, tenemos a la quinta mujer, María, que era judía y tenía un corazón puro. Pero ten en cuenta que en ese tiempo, cuando se conoció su historia, indudablemente hubo quienes pensaron que no era pura porque llegó a estar encinta antes de que ella y José se casaran. Así que hubo algunos problemas de reputación allí, pero Dios eligió incluir a esta mujer, como un tema de Su gracia, en la línea familiar de Cristo.
Ahora, cuando miro a estas mujeres, y también a las historias de algunos de los hombres de este linaje que no tenían vidas realmente puras, por ejemplo, vemos a David, que fue un adúltero; Jacob, que era un engañador; Judá, quien tuvo esta relación con su nuera; y luego vemos la vida de estas mujeres, veo que Dios incluye a los pecadores y a los marginados en Su plan.
Eso significa que en el plan de Dios hay lugar para mí. Eso significa que hay espacio para ti. Y podrías decir: «Es que no conoces mi historia. No sabes lo que he hecho. No sabes lo que hicieron mis padres. No sabes de qué tipo de familia vengo».
Recuerdo que una mujer me dijo hace unas semanas, que en su familia, comenzando con su abuelo, había habido múltiples generaciones de inmoralidad, de perversión. Ella me dijo: «Si conocieras mi pasado, ¿pensarías que hay un lugar para mí en el plan de Dios?»
Bueno, Dios conoce tu pasado y Dios conocía a estas mujeres. Él conocía a estos hombres y Él dice: «Hay lugar para los pecadores. Hay gracia para que los pecadores sean incluidos en Mi plan».
Es interesante que varias de estas mujeres hayan tenido fracasos atroces. También los tuvieron los hombres de esta línea familiar. Pero no hay ninguna referencia a sus fracasos en esta genealogía.
Es como si Dios simplemente incluyera sus nombres, pero no se molesta en decirnos, en este punto, «aquí están todas las cosas que hicieron estas personas que podrían haberlas descalificado». Ahora vemos que han sido incluidos por gracia, y cuando se aplica la gracia, ya no tengo ese pasado.
He sido liberada de la esclavitud, la vergüenza y la culpa de ese pasado, y todo se debe a una Persona en este árbol genealógico. Su nombre es Jesús.Tener Su presencia en tu vida, en tu árbol genealógico, en tu linaje, es lo que convierte la desgracia en gracia y las cenizas en belleza.
Entonces la historia es realmente Su historia. Todo se trata de Él, no se trata de mí ni de ti. Se trata de dónde encaja Él aquí y como resultado eso se convierte en un mensaje de esperanza.
El pasado puede parecer sin esperanza, pero cuando imaginas a Jesús en él, ahora tienes una historia de esperanza. No importa cuál sea tu pasado, no importa cuál sea tu trasfondo, tu equipaje; no importa cuáles sean tus faltas o las faltas de tus padres o las faltas de tus abuelos, puedes ser parte de una nueva línea familiar que lleva a las personas a Jesús. Es por eso por lo que estos nombres se incluyen aquí. El propósito era el Mesías, la venida de Cristo al mundo.
Pienso en cómo Dios tomó a mis padres, ambos con pasados familiares no cristianos y ambos con cosas en sus líneas familiares que no agradaban al Señor, pero Dios rescató a mi papá; Dios rescató a mi mamá. Dios los unió, extendió Su gracia y los ayudó a comenzar una nueva línea familiar, y de esa línea familiar ahora las personas vienen a Jesús.
Eso es lo que Dios quiere hacer con nosotras, sin importar nuestro pasado o nuestro bagaje. ¿Sabes lo que me dice esto? Dice que tú y yo debemos dejar de usar nuestro pasado como excusa para no ser usadas por Dios. Necesitamos dejar de usar a la familia de la que venimos como excusa para no tener un camino fructífero con Dios.
Muchas mujeres que conozco piensan que son casos perdidos, que son disfuncionales, y la razón por la que te dicen que lo son, es porque, «no conoces a mis padres. No sabes lo que hizo mi padre. No sabes lo que hizo mi exmarido. No sabes lo que hicieron mis abuelos».
Existe esta sensación de victimización: «No puedo evitar ser como soy. Mi vida nunca tendrá ningún valor real debido a dónde he estado y de dónde vengo».
Al leer este primer párrafo del Evangelio de Mateo, sé que hay esperanza de que puedas ser libre de tu pasado. La carga y los fracasos de tu pasado en realidad pueden ser trampolines hacia una mayor libertad y abundancia en tu caminar con Dios.
Dios realmente puede usar las cosas que has experimentado en tu pasado, las cosas que has hecho o las que te hicieron, sobre las que no tuviste ningún control; de hecho, Dios puede usar esos fracasos como un medio de gracia, un medio para llevarte a Jesús y un medio para ayudarte a llevar a otros a Jesús.
Piensa en tu pasado familiar. Piensa en tu línea familiar, algunas cosas de las que te avergüenzas. ¿Por qué no dices ahora mismo: «Señor, te agradezco que puedes convertir las cenizas en belleza y confío en que usarás mi pasado, mi línea familiar, de una manera redentora, y en última instancia apuntará a las personas a Jesús».
Entonces, habiendo visto la genealogía de Jesús en Mateo (de manera general), y el hecho de que Rut se encuentra allí, veamos el libro de Rut
Rut, capítulo uno, versículo uno:
«Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, en Israel hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer se llamaba Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron».
La primera frase del primer versículo nos dice algo del escenario en el que se desarrolla esta historia. Dice que esta historia tuvo lugar en los días en que gobernaban los jueces.
Si tienes tu Biblia abierta en el libro de Rut, verás que lo que viene justo antes del libro de Rut es el libro de los Jueces. Este libro, Rut, cae inmediatamente después del libro de Jueces y tiene lugar en el mismo período de tiempo.
La historia de Rut es realmente una visión microcósmica de la vida, y se centra en una familia en particular durante el período de los jueces. A medida que conozcas esta historia, estarás de acuerdo conmigo, creo, en que la historia de Rut es como una hermosa perla blanca sobre un fondo muy oscuro, porque los días de los jueces fueron la edad oscura de la historia de Israel.
Mira el último versículo del libro de Jueces. Jueces 21:25, ¿qué te dice que era cierto en esos días? «En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos». Esta es una especie de resumen del libro de Jueces. Es el resumen de esta época en la que se desarrolla el libro de Rut.
Este fue un período de anarquía, apatía, declive moral y político. Fue una era permisiva, una era en la que la gente vivía irresponsablemente. Simplemente hacían lo que querían, lo que se sentía bien, sin tener en cuenta los mandamientos y los caminos de Dios.
Esta historia tuvo lugar hace aproximadamente 3.000 años. ¿No te suena como una descripción del tiempo en que vivimos? Las cosas realmente no han cambiado tanto. Esta fue una época en la que los héroes de la nación judía eran los jueces, que a menudo eran hombres físicamente fuertes. Tenían destreza militar, pero eran moralmente débiles.
Piensa en Sansón, por ejemplo. Era un hombre con mucha fuerza, pero moralmente débil y corrupto. Eso describía el carácter de muchos de los que estaban en posición de liderazgo durante esos días.
Si vuelves a Jueces 2, quiero leer un párrafo en ese capítulo que describe cómo era durante los días de los jueces. Jueces 2:7 dice: «El pueblo sirvió al Señor todos los días de Josué, y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían sido testigos de la gran obra que el Señor había hecho por Israel» (NBLA).
Este fue el período de tiempo en que los israelitas vieron las obras de Dios. Ellos vieron a Dios liberar al pueblo de la esclavitud en Egipto; vieron el Éxodo; vieron el poder de Dios llevándolos a través del Mar Rojo y por el desierto; vieron el poder de Dios que los llevó a Canaán y conquistó las naciones extranjeras allí; vieron que Dios les daba la tierra de Canaán.
Eso fue cuando Josué y sus compañeros vivían. Mientras esos hombres de Dios vivieron, la gente siguió a Dios. Pero luego los versículos 10-13 nos dicen:
«También toda aquella generación fue reunida a sus padres. Y se levantó otra generación después de ellos que no conocía al Señor, ni la obra que Él había hecho por Israel.
Entonces los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor y sirvieron a los Baales. Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y siguieron a otros dioses de entre los dioses de los pueblos que estaban a su derredor; se postraron ante ellos y provocaron a ira al Señor. Dejaron al Señor y sirvieron a Baal y a Astarot».
Baal y Astarot es una referencia a los dioses cananeos. Canaán, como sabrás, era una economía agrícola, y para que la gente fuera próspera, dos cosas tenían que ser fértiles: la tierra, para que pudieran tener cosechas, y sus esposas, para que pudieran tener los obreros que trabajarían las cosechas.
El dios principal de los cananeos se llamaba Baal. Esa palabra significa señor o dueño, y los cananeos creían que Baal, un dios falso, era dueño de la tierra y controlaba la fertilidad. Se creía que Astarot, a la que se hace referencia en este párrafo, era la compañera de Baal.
Los cananeos creían que la fertilidad de la tierra y de sus mujeres se debía a la actividad sexual entre los dioses. Era una religión muy perversa, así que para lograr que los dioses hicieran en el cielo lo que querían que se hiciera en la tierra, la gente, para recordarles a los dioses, subían a lugares que eran colinas, en realidad llamadas lugares altos, y llevaban a cabo en esas colinas los actos sexuales que querían que los dioses realizaran en el cielo para hacer a la tierra y a las mujeres fértiles.
Con el tiempo, los judíos asimilaron esta cultura cananea y comenzaron a practicar estos aspectos muy paganos de la adoración. Ese pasaje de Jueces continúa diciéndonos, en los versículos 14-15:
«La ira del Señor se encendió contra Israel, y los entregó en manos de salteadores que los saquearon. También los vendió en mano de sus enemigos de alrededor, y ya no pudieron hacer frente a sus enemigos. Por dondequiera que iban, la mano del Señor estaba contra ellos para mal, tal como el Señor había dicho y como el Señor les había jurado, y se angustiaron en gran manera».
Esta es una imagen, un recordatorio, de que cuando abandonamos a Dios, cuando una cultura sigue su propio camino, Dios traerá consecuencias. El objetivo de las consecuencias es siempre restaurarnos a un lugar de adoración y obediencia al Dios vivo y verdadero.
Dios no está tratando de acabar con Su pueblo, de destruirlo. Dios los está disciplinando. Los está castigando por su bien para que se conviertan una vez más, en Sus verdaderos seguidores. Los versículos 16-18 dicen:
«Entonces el Señor levantó jueces que los libraron de la mano de los que los saqueaban. Sin embargo, no escucharon a sus jueces, porque se prostituyeron siguiendo a otros dioses, y se postraron ante ellos. Se apartaron pronto del camino en que sus padres habían andado en obediencia a los mandamientos del Señor. No hicieron como sus padres».
«Cuando el Señor les levantaba jueces, el Señor estaba con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todos los días del juez. Porque el Señor se compadecía por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían».
Puedes ver los ciclos que tuvieron lugar en el libro de Jueces: Dios los libraba, la gente obedecía por un tiempo, y luego una vez más caían en un tiempo de decadencia espiritual, desobediencia e idolatría. Versículo 19:
«Pero cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se corrompían aún más que sus padres, siguiendo a otros dioses, sirviéndoles e inclinándose ante ellos. No dejaban sus costumbres ni su camino obstinado».
Ahora, Rut 1:1, nos dice que esta historia tuvo lugar en esos días, en los días en que vivían los jueces. Y eso es por lo que Israel estaba pasando; y cuando leo sobre esos días, recuerdo mucho lo que vemos cuando leemos nuestros periódicos, cuando encendemos las noticias y vemos lo que está sucediendo en nuestra cultura, lo que está sucediendo en nuestro mundo.
Hablé la semana pasada con una mujer que me decía que ella es la única creyente en su familia pagana, mundana y muy secular. Me dijo que cuando va a reuniones familiares, tiene que escuchar todo tipo de obscenidades, lenguaje sexualmente explícito, historias y chistes subidos de tono y todo tipo de conversaciones sin filtro.
Ella me preguntó: «¿Cómo me comporto en ese tipo de entorno? Son mi familia. ¿Me marcho? ¿Les digo que lo que están diciendo está mal? ¿Cómo interactúo con ese tipo de cultura?»
Es triste decirlo, ese tipo de problemas no solo existen en el mundo, sino que hoy descubrimos que ese tipo de problemas están ocurriendo dentro del pueblo de Dios. No eran solo los cananeos en los días de Rut los que adoraban a dioses falsos y eran inmorales y perversos, eran tambien los judíos, era el pueblo de Dios.
Y así, hoy encontramos que no son solo aquellos que no conocen a Cristo; sino que es dentro de las cuatro paredes de nuestras iglesias donde encontramos personas que viven de maneras tan parecidas al mundo. Los días en que vivían los jueces eran días muy parecidos a los nuestros.
Estaba hablando con una pareja el otro día y compartían su preocupación y frustración. Están criando adolescentes. Dijeron: «En nuestra iglesia, en nuestro grupo de jóvenes, estamos escuchando a líderes, líderes espirituales, promoviendo películas clasificadas para adultos». Ella dijo: «No permitimos esto a nuestros hijos. Pero incluso a veces desde el púlpito, este tipo de cosas se promueven. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a vivir una vida que agrada a Dios cuando incluso en la iglesia se nos anima hacer cosas que sabemos que son contrarias a los caminos de Dios?»
Recibimos cartas, llamadas y mensajes de mujeres que comparten conmigo situaciones en sus iglesias locales, con personas que están en estudios bíblicos, que se consideran creyentes piadosos y maduros, pero que se ríen de material y películas sexualmente explícitas, y se ríen de cosas mundanas, pecaminosas y no santas; y se preguntan: «¿Cómo funcionamos en ese tipo de entorno?»
Bueno, a medida que desarrollemos la historia de Rut durante los próximos días, veremos que hay una forma en que realmente podemos vivir vidas puras y piadosas, vidas que influyan en el mundo que nos rodea, aunque el mundo o la iglesia que nos rodea sean muy impíos.
Lo que vemos en la historia de Rut es la realidad de la presencia de Dios incluso en medio de un mundo muy corrupto. Dios no se ha ido a dormir, no nos ha abandonado, no ha desertado. Está muy presente, está muy vivo y activo, y en el libro de Rut tenemos un llamado a ser diferentes, a ir contra la corriente.
Esa es la historia de Rut. En los días en que vivían los jueces, vivió esta mujer que lo mejor que pudo hacer fue confiar en Dios, obedecer a Dios, vivir una vida pura, aunque casi nadie más a su alrededor lo hacía.
Ella dijo: «Voy a confiar en Dios. Voy a caminar con Dios, incluso en medio de esta cultura». Ahora, no estoy diciendo que sea fácil, pero esta historia nos da confianza de que es posible caminar con Dios en tu trabajo, en tu familia, en tu iglesia, aun si nadie más lo hace.
Es posible caminar con Dios; y nuestro llamado, en realidad, es a hacer brillar luces en la oscuridad de la cultura que nos rodea para marcar la diferencia en estos tiempos oscuros. El versículo que me viene a la mente es Filipenses 2:15, donde Pablo dice que nuestra meta es que seamos «irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa».
Pablo no está diciendo: «Salgan y no tengan ningún contacto con el mundo». Él está diciendo que se supone que debemos vivir bien en el mundo, y en medio de esa generación torcida y perversa, ser hijas de Dios, intachables, irreprensibles, sin culpa, brillando como luminares en el mundo.
Es posible, se puede hacer, y el propósito, el corazón y el anhelo de Dios para nuestras vidas como mujeres, aunque estemos muy aisladas, aunque estemos muy solas con nuestras convicciones acerca de vivir la Palabra y los caminos de Dios, el corazón de Dios es que nuestras vidas reflejen una luz, despidan una fragancia que atraiga a las personas a la verdad, al Mesías, tal como lo hizo Rut en los días de los jueces.
Annamarie:Hoy Nancy DeMoss Wolgemuth sentó las bases para que puedas entender mejor el mensaje del libro de Rut. Este es un libro que nos ayuda a ver que Dios usa personas con pasados imperfectos (a ti y a mí) para hacer Su perfecta y buena voluntad. En medio de un mundo donde se vive conforme a lo que se siente bien, nosotras ahora vivimos vidas de libre obediencia a nuestro Redentor.
¿Alguna vez has tomado un atajo para luego darte cuenta de que no ahorraste nada de tiempo? Algo similar puede suceder en tu vida. En el próximo episodio descubrirás la diferencia entre hacer las cosas rápidamente y hacerlas bien. ¡No te lo pierdas!
Conociendo el poder del amor redentor juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.
Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.
Hace unos 2000 años, una torre de la muralla de Jerusalén se desplomó súbitamente: 18 personas murieron aplastadas. Este hecho trágico es semejante a los que suceden hoy en día. Pero Jesús, contemporáneo de ese drama, sacó una lección para nosotros: es una imagen del juicio que merecen todos los hombres por haber desobedecido a Dios, y que vendrá sobre ellos si no se arrepienten (Lucas 13:4-5).
¡Uno se arrepiente porque es culpable! Y todos lo somos, porque hemos cerrado nuestro corazón a la voz de Dios y vivimos independientemente de él. Somos culpables por haber hecho, dicho y pensado cosas contrarias a su voluntad, despreciando así su autoridad. Aún más, somos culpables cuando rechazamos el amor de Dios, porque él envió a su Hijo Jesucristo para liberarnos del juicio y de la condenación. Por amor, Dios nos advierte a todos del peligro, y también proclama el medio para ser liberados. Jesucristo es el único camino para acercarse a Dios, la verdad que debemos escuchar, la vida que es preciso recibir yendo a él. ¡Solo seremos salvos por la fe en él! Esta salvación es gratuita, pues el Dios de gracia nos la ofrece.
Si alguien hubiese podido advertir a las 18 víctimas de la torre sobre el peligro que las amenazaba, ¡hubiera sido una locura rechazar la advertencia! Igualmente, sin Dios, nuestros caminos nos llevan a la perdición. La muerte llega a todos, luego el juicio y una condenación eterna, lejos de Dios. Hoy Dios nos invita a aceptar su perdón y la vida eterna en Jesucristo.
Annamarie Sauter:¿Realmente conoces el amor redentor y el poder de Dios?
Nancy DeMoss Wolgemuth:Dios tiene una manera increíble de tomar las piezas dañadas y que no sabemos cómo encajan, las piezas que nos desconciertan de nuestras historias, y construir algo que es muy hermoso y precioso, y que en última instancia trae gran gloria a Jesús, nuestro Redentor.
Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.
¿Qué crees que es lo que hace que una gran historia sea cautivadora? ¿El amor? ¿Las aventuras? ¿La incertidumbre? ¿Un final feliz?… En la Biblia tenemos una historia en la que vemos todo esto y mucho más.
Nancy:Hoy en Aviva Nuestros Corazones daremos inicio a un viaje de varias semanas a través de uno de mis libros favoritos de toda la Biblia, el libro de Rut. Sé que quizás muchas de nosotras ya hemos escuchado enseñanzas acerca de este libro y nos resulta familiar, pero creo que la riqueza que encontramos es tanta…y espero que esta serie te muestre que aún hay mucho más que podemos extraer de esta impresionante historia de redención.
Creo que cada mujer en las diferentes etapas de su vida, encontrará aplicaciones específicas para ella.
Y al comenzar esta serie, este viaje, pienso que es significativo que escuchemos algunos capítulos del libro de Rut. Te animo a que, si puedes hacerlo, ahora mismo busques tu Biblia y me acompañes. Creo que hay algo muy poderoso en escuchar y leer las Escrituras. Así que, iniciemos a partir del capítulo 2.
Capítulo dos
«Noemí tenía un parientede su marido, un hombre de mucha riqueza, de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. Y Rut la moabita dijo a Noemí: “Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos halle gracia”. Ella le respondió: “Ve, hija mía”. Partió, pues, y espigó en el campo en pos de los segadores; y fue a la parte del campo que pertenecía a Booz, que era de la familia de Elimelec. En ese momento vino Booz de Belén, y dijo a los segadores: “El Señor sea con ustedes”. “Que el Señor te bendiga”, le respondieron ellos. Entonces Booz dijo a su siervo que estaba a cargo de los segadores: “¿De quién es esta joven?” Y el siervo a cargo de los segadores respondió: “Es la joven moabita que volvió con Noemí de la tierra de Moab. Y ella me dijo: ‘Te ruego que me dejes espigar y recoger tras los segadores entre las gavillas’. Y vino y ha permanecido desde la mañana hasta ahora; solo se ha sentado en la casa por un momento”.
Entonces Booz dijo a Rut: “Oye, hija mía. No vayas a espigar a otro campo; tampoco pases de aquí, sino quédate con mis criadas. Fíjate en el campo donde ellas siegan y síguelas, pues he ordenado a los siervos que no te molesten. Cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los siervos”. Ella bajó su rostro, se postró en tierra y le dijo: “¿Por qué he hallado gracia ante sus ojos para que se fije en mí, siendo yo extranjera?” Booz le respondió: “Todo lo que has hecho por tu suegra después de la muerte de tu esposo me ha sido informado en detalle, y cómo dejaste a tu padre, a tu madre y tu tierra natal, y viniste a un pueblo que antes no conocías. Que el Señor recompense tu obra y que tu pago sea completo de parte del Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte”.Entonces ella dijo: “Señor mío, he hallado gracia ante sus ojos, porque me ha consolado y en verdad ha hablado con bondad a su sierva, aunque yo no soy ni como una de sus criadas”.
A la hora de comer, Booz le dijo a Rut: “Ven acápara que comas del pan y mojes tu pedazo de pan en el vinagre”. Así pues ella se sentó junto a los segadores. Booz le sirvió grano tostado, y ella comió hasta saciarse y aún le sobró. Cuando ella se levantó para espigar, Booz ordenó a sus siervos y les dijo: “Déjenla espigar aun entre las gavillas y no la avergüencen. También sacarán a propósito para ella un poco de grano de los manojos y lo dejarán para que ella lo recoja. No la reprendan”.
Rut espigó en el campo hasta el anochecer, y desgranó lo que había espigado, y fue como 22 litros de cebada. Ella lo tomó y fue a la ciudad, y su suegra vio lo que había recogido. Rut sacó también lo que le había sobrado después de haberse saciado y se lo dio a Noemí. Entonces su suegra le dijo: “¿Dónde espigaste y dónde trabajaste hoy? Bendito sea aquel que se fijó en ti”. Y ella informó a su suegra con quién había trabajado, y dijo: “El hombre con quien trabajé hoy se llama Booz”.Noemí dijo a su nuera: “Sea él bendito del Señor, porque no ha rehusado su bondad ni a los vivos ni a los muertos”. Le dijo también Noemí: “El hombre es nuestro pariente; es uno de nuestros parientes más cercanos”.Entonces Rut la moabita dijo: “Además, él me dijo: ‘Debes estar cerca de mis siervos hasta que hayan terminado toda mi cosecha’”.Noemí dijo a Rut su nuera: “Es bueno, hija mía, que salgas con sus criadas, no sea que en otro campo te maltraten”. Y Rut se quedó cerca de las criadas de Booz espigando hasta que se acabó la cosecha de cebada y de trigo. Y ella vivía con su suegra».
Capítulo tres
«Después su suegra Noemí le dijo: “Hija mía, ¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien? Ahora pues, ¿no es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas estabas? Mira, él va a aventar cebada en la era esta noche.Lávate, pues, perfúmate y ponte tu mejor vestido y baja a la era; pero no te des a conocer al hombre hasta que haya acabado de comer y beber. Y sucederá que cuando él se acueste, notarásel lugar donde se acuesta; irás, descubrirás sus pies y te acostarás; entonces él te dirá lo que debes hacer”. Ella respondió: “Todo lo que me dices, haré”.
Descendió, pues, Rut a la era e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estaba contento, fue a acostarse al piedel montón de grano; y ella vino calladamente, le destapó los pies y se acostó. A medianoche Booz se sorprendió, y al voltearse notó que una mujer estaba acostada a sus pies. Booz le preguntó: “¿Quién eres?” Y ella respondió: “Soy Rut, su sierva. Extienda, pues, su manto sobre su sierva, por cuanto es pariente cercano”. Entonces él dijo: “Bendita seas del Señor, hija mía. Has hecho tu última bondad mejor que la primera, al no ir en pos de los jóvenes, ya sean pobres o ricos. Ahora, hija mía, no temas. Haré por ti todo lo que me pidas, pues todo mi pueblo en la ciudadsabe que eres una mujer virtuosa. Ahora bien, es verdad que soy pariente cercano, pero hay un pariente más cercano que yo. Quédate esta noche, y cuando venga la mañana, si él quiere redimirte, bien, que te redima. Pero si no quiere redimirte, entonces, como que el Señor vive, yo te redimiré. Acuéstate hasta la mañana”.
Ella se acostó a sus pies hasta la mañana, y se levantó antes que una persona pudiera reconocer a otra; y él dijo: “Que no se sepa que ha venido mujer a la era”.Luego Booz le dijo: “Dame el manto que tienes puesto y sujétalo”. Y ella lo sujetó, y él midió seis porciones de cebada y se las puso encima. Entonces ella entró en la ciudad. Cuando llegó a donde estaba su suegra, esta le preguntó: “¿Cómo te fue, hija mía?” Y Rut le contó todo lo que Booz había hecho por ella. Y añadió: “Me dio estas seis porciones de cebada, pues dijo: ‘No vayas a tu suegra con las manos vacías’”. Entonces Noemí dijo: “Espera, hija mía, hasta que sepas cómo se resolverá el asunto; porque este hombre no descansará hasta que lo haya arregladohoy mismo”».
Capítulo 4
«Booz subió a la puerta y allí se sentó, y cuando el pariente más cercanode quien Booz había hablado iba pasando, le dijo: “Oye, amigo, ven acá y siéntate”. Y él vino y se sentó. Y Booz tomó diez hombres de los ancianos de la ciudad, y les dijo: “Siéntense aquí”. Y ellos se sentaron. Entonces dijo al pariente más cercano: “Noemí, que volvió de la tierra de Moab, tiene que vender la parte de la tierra que pertenecía a nuestro hermano Elimelec. Y pensé informarte, diciéndote: ‘Cómprala en presencia de los que están aquí sentados, y en presencia de los ancianos de mi pueblo. Si la vas a redimir, redímela; y si no, dímelo para que yo lo sepa; porque no hay otro aparte de ti que la redima, y yo después de ti’”. Él dijo: “La redimiré”. Entonces Booz dijo: “El día que compres el campo de manos de Noemí, también debes adquirir a Rut la moabita, viuda del difunto, a fin de conservar el nombre del difunto en su heredad”. Y el pariente más cercano respondió: “No puedo redimirla para mí mismo, no sea que perjudique mi heredad. Redímela para ti; usa tú mi derecho de redención, pues yo no puedo redimirla”.
Y la costumbre en tiempos pasados en Israel tocante a la redención y el intercambio de tierras para confirmar cualquier asunto era esta: uno se quitaba la sandalia y se la daba al otro; y esta era la manera de confirmar tratos en Israel. El pariente más cercano dijo a Booz: “Cómprala para ti”. Y se quitó la sandalia. Entonces Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: “Ustedes son testigos hoy que he comprado de la mano de Noemí todo lo que pertenecía a Elimelec y todo lo que pertenecía a Quelión y a Mahlón. Además, he adquirido a Rut la moabita, la viuda de Mahlón, para que sea mi mujer a fin de preservar el nombre del difunto en su heredad, para que el nombre del difunto no sea cortado de entre sus hermanos, ni del atrio de su lugar de nacimiento; ustedes son testigos hoy”. Y todo el pueblo que estaba en el atrio, y los ancianos, dijeron: “Somos testigos. Haga el Señor a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y que tú adquieras riquezas en Efrata y seas célebre en Belén. Además, sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por medio de la descendenciaque el Señor te dará de esta joven”.
Booz tomó a Rut y ella fue su mujer, y se llegó a ella. Y el Señor hizo que concibiera, y ella dio a luz un hijo. Entonces las mujeres dijeron a Noemí: “Bendito sea el Señor que no te ha dejado hoy sin redentor; que su nombre sea célebre en Israel. Que el niño también sea para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez; porque tu nuera, que te ama y que es de más valor para ti que siete hijos, lo ha dado a luz”. Entonces Noemí tomó al niño, lo puso en su regazoy se encargó de criarlo. Las mujeres vecinas le dieron un nombre y dijeron: “Le ha nacido un hijo a Noemí”. Y lo llamaron Obed. Él es el padre de Isaí, padre de David.
Estas son las generaciones de Fares:
Fares fue el padre de Hezrón, Hezrón el padre de Ram, Ram el padre de Aminadab, Aminadab el padre de Naasón, Naasón el padre de Salmón, Salmón el padre de Booz, Booz el padre de Obed, Obed el padre de Isaí e Isaí fue el padre de David».
Nancy:Qué emocionante es esta historia, y qué bendición es escuchar juntas la Palabra de Dios. Entonces, estamos a punto de descubrir cuánto significado, rico y práctico tiene esta historia para nosotras.
Parece que en todos los lugares donde miro en estos días, escucho una historia. Hablo con muchas mujeres diferentes, escucho de ellas a través de notas, correos electrónicos, diferentes tipos de correspondencia y llamadas. En todos lados escucho algunas historias estremecedoras de lo que atraviesan las mujeres en su propio peregrinaje.
Conozco algunas de ustedes y conozco algunas de sus historias. Sé que algunas han tenido problemas reales, dolorosos y difíciles. Me encontré con una mujer la semana pasada, no la conocía. Ella me dijo quién era y luego le pregunté: «¿Qué hace tu esposo, a que se dedica?» Pensando que esta era tan solo una simple pregunta para conocerla.
Ella comenzó a contarme una larga y desgarradora historia de la infidelidad de su esposo, que finalmente lo llevó a la muerte de una manera espantosa, y también a problemas dolorosos y complicados con sus hijos, que eran pequeños en ese momento pero que ahora son adultos. Toda una historia de múltiples generaciones de abuso sexual, inmoralidad y divorcio.
Escuchas ese tipo historias y a veces te sientes tentada a pensar: No hay esperanza, es demasiado complejo. ¿Cómo puede todo esto alguna vez convertirse en algo bello o en algo bueno?
En ocasiones puedes sentirte tentada a pensar que tu situación, algo en tu familia, algo cercano a tu vida o algo por lo que estás atravesando puede ser demasiado complicado, demasiado dañado…tal vez como si ni siquiera hubiera esperanza. ¿Dónde está Dios cuando necesitas Su ayuda?
Este mes, en esta serie veremos una historia de dos mujeres que según sus circunstancias y su trasfondo, podrían haber tenido vidas sumamente disfuncionales.
Sin embargo, es una historia que me da mucha esperanza porque vemos cómo Dios transformó una situación sin esperanza en gozo, cómo sacó belleza de las cenizas; y todo tiene que ver con el hecho de que Dios, en efecto, tiene un plan soberano.
En medio de las situaciones más desesperadas de la vida, Dios está cumpliendo sus propósitos. Vamos a encontrar en esta historia un redentor, Cristo Jesús, quien hace toda la diferencia en cómo termina nuestra historia.
Estamos hablando del libro de Rut, la historia de Rut y su suegra, Noemí. Algunas de ustedes saben que Rut es uno de los dos libros de la Biblia que lleva el nombre de una mujer. (El otro libro es Ester).
Ester era una mujer judía que se casó con un rey gentil pagano. Rut era una mujer gentil que se casó con un judío adinerado. Ambas mujeres son ejemplos increíbles de fe y obediencia. Dios usó a ambas mujeres de una manera significativa.
Quizás sabes que Ester fue usada para salvar a la nación judía de la destrucción. Rut fue parte del plan de Dios para traer al Mesías, el Salvador, al mundo. Ella se convirtió en uno de los ancestros del Mesías.
Quiero animarte durante estos próximos días a que leas el libro de Rut y no te conformes con solo escucharme contar la historia. Léelo en tu casa, abre tu Biblia y lee este corto libro. Son ochenta y tantos versículos, cuatro capítulos cortos. He estado leyendo y releyendo el libro de Rut varias veces durante la semana pasada, mientras nos preparábamos para estas transmisiones. Aunque he leído el libro muchas veces antes, ahora que lo leo nuevamente encuentro que ha sido muy refrescante para mí. Dios me ha dado una nueva percepción y nuevas emociones con esta maravillosa historia.
La historia de Rut es una de las historias de amor más hermosas de todos los tiempos, y es un amor en muchos planos o niveles diferentes. En esta historia lees sobre el amor de una joven por su suegra viuda y afligida, y allí ella demuestra un amor sacrificial.
En la historia también vemos el sorprendente amor de un rico terrateniente, que se llamaba Booz, por una joven viuda afligida por la pobreza -–una inmigrante, una extranjera, y vemos cómo este judío adinerado llegó a amar a esta joven que era tan pobre.
Encontramos en esta historia el amor sencillo de una mujer por su Dios; alguien que no comenzó la vida conociendo acerca de ese Dios, pero llegó a conocerlo, y su devoción por Él es admirable.
El amor más importante de todos en esta historia es el increíble amor de Dios por Su pueblo, y vemos ese amor vivo en medio de la desesperación y las circunstancias más difíciles de la vida.
Esta historia muestra el increíble poder del amor para transformar una vida. Aparte del amor de Dios, la historia de Rut y Noemí nunca habría tenido un buen final. Pero es el amor de Dios lo que trajo plenitud, sanidad y esperanza a sus vidas.
Y es el amor de Rut por una suegra viuda (podría agregar, y amargada); es el amor de Rut por esa mujer difícil de amar lo que le trajo plenitud y sanidad. Entonces vemos cómo el amor de Dios por nosotras transforma nuestras vidas, y luego cómo ese amor puede fluir a través de nosotras y traer gracia a las vidas de aquellos a quienes amamos.
Esta es una historia sobre relaciones. Vivimos en un mundo donde la gente está hambrienta por tener una relación. Vemos desesperación por estar conectadas, por tener relaciones duraderas, porque muchas de las relaciones que tenemos hoy no perduran.
Naces en una familia, luego descubres que tu papá se va; abandona a la familia. O tu mamá deja a tu papá, o tu esposo te deja a ti, o tus hijos se van de la casa enojados o rebeldes. Tenemos tantas relaciones rotas hoy en día.
Pero esta es una historia sobre cómo las relaciones pueden restaurarse y pueden ser plenas e íntimas. En esta historia aprendemos mucho sobre cómo desarrollar el tipo de relaciones correctas.
Una de las cosas que más aprecio de la historia de Rut, es que en algún punto en este pequeño libro, hay una imagen de casi todas las etapas que una mujer va a atravesar, casi todas las experiencias que una mujer puede tener en la vida –sin duda aquellas que son más comunes para las mujeres.
Leemos, por supuesto, sobre el noviazgo y el matrimonio, todo el proceso de elegir pareja.
Leemos lo que sucede cuando una mujer tiene un marido que toma una decisión equivocada y eso trae consecuencias que toda la familia tiene que vivir.
Leemos sobre la situación de la pérdida del cónyuge, el duelo, la viudez…hay quienes en nuestra audiencia han experimentado esto. Y todo el aspecto de volver a casarse, el segundo matrimonio y llegar a esa situación.
Está la temporada de esterilidad, la falta de hijos, que algunas mujeres han vivido. Esto también sucede en el libro de Rut.
Luego está la temporada del parto, dar a luz a una nueva vida, y las mujeres de esta historia experimentan esa alegría.
Está la temporada de criar hijos mayores, hijos que van en su propia dirección, que no siempre hacen lo que tú les enseñaste a hacer.
Y luego, la tristeza y el dolor de perder a un hijo. Algunas han atravesado por eso y lo vemos también en esta historia.
El tema de varias generaciones que viven juntas: abuelos e hijas y luego nietos, y algunos de los desafíos de esa etapa de la vida.
La temporada de la vida del cuidado de los padres ancianos.
La época de envejecer y preguntarse: ¿Quién me va a cuidar cuando no tenga familia?
La época de hacer cambios importantes, quizás geográficamente a una nueva área. Estar desarraigada experimentando inseguridad e incertidumbre.
Hay momentos en esta historia en los que los personajes claves experimentan prosperidad y abundancia financiera, y luego hay momentos en los que lo pierden todo y se ven afectados por la pobreza.
Muchas de las emociones aflictivas que la mayoría de nosotras experimentamos, como mujeres, se encuentran en esta historia: dolor, depresión, soledad, aislamiento e ira.
Recientemente, he escuchado a muchas mujeres hablar sobre el enojo: enojo hacia Dios, enojo hacia su pareja, enojo hacia una situación en la vida sobre la que no tienen control. Encontramos ira en esta historia.
Encontramos que la ira se convierte en amargura, y durante las próximas semanas vamos a hablar sobre cómo lidiar con el tipo de circunstancias en la vida por las que nos amargamos.
Aquí encontramos cómo enfrentarse al miedo. Hay una mujer en esta historia que se enfrentó al peligro en su lugar de trabajo y cómo manejó eso. La lucha de las relaciones difíciles y dolorosas, estar casada con un incrédulo. De eso habla este libro.
Las emociones conectadas con anhelos insatisfechos. Estas son temporadas de confusión en la vida –donde no estás segura de qué dirección tomar, donde existe la necesidad de una guía.
Estas fueron mujeres que entendieron el fracaso, el tomar decisiones equivocadas, decisiones que tuvieron consecuencias en sus vidas, y algunas de ellas dolorosas.
En esta historia vemos también cómo lidiar con la culpa. Vemos el anhelo de una relación más íntima con Dios… Y creo que muchas de nosotras tenemos ese anhelo en nuestro corazón, como hijas de Dios, de tener una relación más íntima con Él.
Y la verdad es que sentimos emociones en medio de las circunstancias aflictivas, y cuestionamos a Dios, y nos preguntamos si Él ha cometido un error. Nuestra teología nos dice que no lo ha hecho, pero acaso ¿no sentimos: esto simplemente no tiene sentido?
Incluso vemos la tendencia a culpar a Dios. «Si Dios solo hubiera hecho esto o aquello, si hubiera detenido esto, entonces las cosas serían diferentes en mi vida». Somos tentadas a hacer eso. Y en esta historia nos encontramos con dos mujeres que tenían esos mismos sentimientos, esas mismas tentaciones.
Son dos mujeres de orígenes muy diferentes: Rut y su suegra Noemí. Pero ambas son trofeos de la gracia de Dios. Son un vivo ejemplo de lo que Dios puede hacer cuando le permitimos que Él haga Su voluntad en nuestras vidas.
Tenemos ilustraciones increíbles del amor redentor y del poder de Dios, quien toma nuestro mundo, toma nuestras circunstancias y situaciones, y a Su manera, en Su tiempo, si se lo permitimos, si nos rendimos, Él puede convertir todo eso en algo hermoso.
Veo en Rut un hermoso modelo que realmente enciende mi corazón, mi interés, y me reta sobre lo que significa ser una mujer de Dios. Hay tantas cualidades excepcionales y preciosas en esta mujer. Ella es un retrato de una mujer piadosa. La miro y digo: «Estas son las cualidades que Dios debe desarrollar en mi vida».
Sobre todo, esta es una historia sobre la redención y el Redentor. Es una historia que, una vez que te familiarices con ella, verás la salvación bajo una luz diferente, tal vez, como jamás la hayas visto antes. Te darás cuenta de lo precioso que es el hecho de que Cristo nos haya redimido. Y esto, de una manera que sobrepasa las pérdidas y los fracasos causados por nuestros pecados.
Ahora bien, esa historia no siempre llega a un final rápido. La belleza al final de las cenizas, la alegría al final de las lágrimas, no ocurre, como todas sabemos, de inmediato. De hecho, Pablo dice en Romanos 8, que estamos en el proceso de ser redimidos, y que mientras estamos en ese proceso, hay gemidos que continuarán.
Dice Romanos 8:22: «Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto». ¿Pero, por qué? Porque está esperando la redención que se está llevando a cabo y que Dios está trayendo a nuestro mundo.
Mientras tanto, mientras vivimos ese proceso de ser redimidas, Pablo dice que confiemos. Miramos el capítulo final, miramos hacia el final de la historia y, al verlo, podemos regocijarnos, incluso mientras gemimos y sufrimos el dolor que nos trae la vida en este planeta.
Así que esta es una historia de redención y como resultado tiene un final feliz. ¿No te gustan las historias con finales felices? Esta, la historia de la redención, tiene un final feliz. Y también lo tendrá tu historia, si permites que Dios lo haga a Su manera, si te rindes a Él, si dejas que Él haga Su voluntad en tu vida y use lo que está sucediendo en tu vida de una manera redentora.
Habrá alegría al final del viaje. No puedo decirte cuándo llegará ni cuánto tiempo te llevará llegar allí, pero la historia de Rut nos dice que habrá un final feliz, que habrá gozo y alegría, que habrá belleza que saldrá de las cenizas. Incluso nuestros momentos de mayor desesperación pueden volverse fructíferos en nuestra vida.
Dios tiene una manera increíble de tomar las piezas dañadas y las que no sabemos cómo encajan, piezas que nos desconciertan de nuestras historias, y construir algo que es muy hermoso y precioso y que, en última instancia, trae gran gloria a Jesús, nuestro Redentor.
Annamarie:Esta ha sido una hermosa introducción al viaje en el que nos embarcaremos durante las próximas semanas. Mañana Nancy abordará el tema de la vergüenza. Creo que todas nos avergonzamos de algo relacionado a nuestro pasado, pero no podemos olvidar que en Cristo tenemos verdadera esperanza. Asegúrate de acompañarnos para escuchar más acerca de esto.
Conociendo el poder del amor redentor juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.
Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.
Un amigo cercano llama, su esposa acaba de morir en un accidente trágico.
Uno de los miembros de tu grupo pequeño acaba ser despedido de su trabajo.
Tu esposa sufre un dolor crónico que afecta todo lo que hace.
Una joven esposa viene a tu puerta llena llorando. Su esposo acaba de empacar y dijo que la abandonaba.
¿Cómo respondes a estas situaciones? ¿Qué haces? ¿Cómo oras? ¿Cómo oras por esta persona? ¿A qué lugar de la Escritura vas? ¿Cómo das consuelo?
Vivimos en un mundo caído que muchas veces trae dolor, dificultad y sufrimiento. Para ser un buen discipulador es importante pensar en cómo ministrar a aquellos que están heridos.
Aunque nuestro estudio de hoy no será comprensivo, espero que sea una buena introducción al tema.
Lo que estamos pensando hoy es lo que los teólogos llaman una teología del sufrimiento. Cuando estudiamos una teología del sufrimiento somos forzados a hacer varias preguntas:
¿Cómo veo el sufrimiento?
¿Cómo es que mi visión del sufrimiento da forma a mi fe?
¿Hay alguno de mis pensamientos sobre el sufrimiento que no sea bíblico?
¿Cómo es que mi visión del sufrimiento da forma a la manera que cuido de los demás?
Para la mayoría de las personas (¡incluyendo muchos cristianos!), es una regla general buscar placer y evitar el dolor a toda costa. Sin embargo, lo que encontramos en la Escritura es que Dios utiliza el sufrimiento como un medio para ayudarnos a crecer en intimidad con Él y para darle más gloria. John Piper escribe:
«Debemos hablar de tal manera que hagamos que sufrimiento parezca normal y útil, y que no es una sorpresa en esta era caída. Los esfuerzos de la cultura norteamericana están casi todas diseñadas para construir una cosmovisión opuesta en nuestra mente. Aumentar la comodidad, la facilidad y la seguridad. Eliminar todas las decisiones que puedan traer incomodidad, problemas, dificultad, dolor o sufrimiento. Añade este esfuerzo cultural a nuestro deseo natural de gratificación inmediata y placer efímero, y el poder combinado para debilitar la satisfacción superior del alma en la gloria de Dios a través del sufrimiento es grande.» (John Piper, Counseling Suffering People [Aconsejando a personas que sufren], JBC, invierno 2003)
¿Qué dice la Biblia acerca del sufrimiento?
La Biblia es realista y honesta acerca del sufrimiento en un mundo caído. No pinta una imagen «optimista» de la vida cristiana, sino que es directa acerca de las dificultades que enfrentamos como creyentes (Génesis 3:16-19; 2 Pedro 3:8-22; 4:12-19).
Dios es totalmente soberano y totalmente bueno. (Isaías 40; Lucas 18:19). Sabemos de la Escritura que esto es verdad, aunque en tiempos difíciles nuestro intelecto o sentimientos nos llevan a negarlo. Nuestra mente pregunta, «¿Por qué un Dios bueno permite que le sucedan cosas malas a las personas buenas?» Nuestros sentimientos nos dejan ver lo muy heridos que estamos y por eso dudamos de la bondad de Dios. La verdad es verdad, aun cuando estamos luchando. Esa es una realidad a la que necesitamos aferrarnos AHORA MISMO. En lugar de negar a Dios, necesitamos clamar a Dios. Clamar a Dios es una manera de reconocer su soberanía y bondad, aun en medio de la confusión y el dolor. La cruz (la muerte de Cristo por nosotros) es de hecho la evidencia principal de la soberanía (Hechos 4:27-28) y bondad de Dios (Romanos 5:8).
Al mismo tiempo, el hombre es pecador y responsable de sus acciones (Romanos 3:23; Gálatas 6; Filipenses 2:12-13). El pecado viene del hombre no de Dios. Decir lo contrario sería una blasfemia contra un Dios Santo. El hombre tiene una responsabilidad total en las decisiones pecaminosas que toma. Salomón describe como el necio cosecha necedad sobre su cabeza a través de la vida que vive.
Dios utiliza todo para sus buenos propósitos. Los hombres y las mujeres toman decisiones pecaminosas que los hieren a ellos mismos y a los demás, y cosechan dificultades en su propia vida y la vida de los demás. Dios usa todo (incluyendo nuestra decisión necia y sus consecuencias) para sus buenos propósitos (Génesis 50:20; Romanos 8:28).
Dios construye cosas buenas en la vida de sus hijos, aun a través de las circunstancias difíciles. Las circunstancias difíciles no son agradables. El dolor es real y no es placentero. En consecuencia, las personas muchas veces interpretan el sufrimiento como un castigo de Dios. Sin embargo, la Escritura dice que Dios utiliza el sufrimiento para formar y moldear a sus hijos. No debemos desanimarnos porque nuestro sufrimiento «da fruto apacible de justicia» a los que en ella han sido ejercitados. (Hebreos 12:5-11).
¿Cómo debemos responder al sufrimiento como cristianos: volvernos a Dios y no alejarnos de Él. [Ejemplos de capellanía.] Para aquellos que están padeciendo sufrimientos hay muchas preguntas que deben ser respondidas, como «¿qué hacemos para que las cosas mejoren?» o «¿por qué está sucediendo esto?» Sin embargo, la pregunta más importante que una persona puede hacer y responder es: «¿Hacia quien nos volvemos en medio de nuestro sufrimiento?» Debemos confiar en la bondad soberana de Dios (Salmo 42:5, 11; 56:3).
¿Cuáles son los propósitos de Dios en el sufrimiento?
En un mundo que normalmente vive para el placer y evita el dolor, los cristianos deben luchar por la tendencia a evitar el sufrimiento. El sufrimiento no es algo insignificante. Dios tiene propósitos para nuestro sufrimiento. Nosotros ciertamente no podemos entender todos los propósitos de Dios para el sufrimiento, pero podemos entender algunos porque son revelados en la Escritura.
El sufrimiento nos da una oportunidad para destacarnos como cristianos en un mundo que no honra a Dios. Debemos tener como un privilegio el sufrir como cristiano; no debe haber vergüenza en ello. «Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello» (1 Pedro 4:16).
El sufrimiento nos enseña a depender de Dios y no de nosotros mismos. Lo que es sufrimiento muchas veces hace en nosotros es que elimina los aspectos superficiales de nuestra vida, es como cuando pelamos una cebolla hasta llegar al centro. Lo que encontramos cuando llegamos al centro es la fealdad y falsedad de nuestro pecado; no queremos confiar en Dios o construir nuestra vida alrededor de Él. Queremos ser auto-dependientes y autosuficientes. Sin embargo, el sufrimiento nos enseña a volvernos de nuestra auto-dependencia y en lugar de eso volvernos hacia Dios. «Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia… pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (2 Corintios 1:8-9).
El sufrimiento nos enseña los decretos de Dios. «Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos.» (Salmo 119:71).
El sufrimiento nos hace madurar hasta convertirnos en personas piadosas que el Señor está moldeando por Él mismo. «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna» (Santiago 1:2-4).
El Salvador recibe gloria a través de nuestro sufrimiento. «Sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría» (1 Pedro 4:13).
El sufrimiento hasta nos permite compartir la gloria del Hijo. «Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados» (Romanos 8:17).
Es la prerrogativa de Dios permitir el sufrimiento. El dolor puede insignificante o significativo. Considera esto por un momento: Dios pudo haber escogido dejarnos en nuestro dolor y no hacer nada al respecto. Sin embargo, en su misericordia y porque el dolor no está más allá de la soberanía de Dios, Él utiliza el sufrimiento para traer mayor gloria hacia sí mismo y para formarnos más a su imagen.
Es nuestro privilegio y gozo ser partícipes del sufrimiento ya que Dios recibe gloria a través de ello.[PAUSA PARA PREGUNTAS]
¿Cómo preparamos a nuestros amigos del discipulado para el sufrimiento?
El mejor momento para aprender acerca del sufrimiento no es en medio de una crisis. La mejor manera de preparar a alguien para el sufrimiento es reflexionando sobre una teología del sufrimiento cuando los tiempos son buenos.
Toma tiempo para hablar acerca del sufrimiento. Generalmente, en nuestras relaciones de discipulado solo hablamos acerca de las dificultades cuando estamos experimentando sufrimiento. No esperes a que llegue el sufrimiento para hablar acerca de ello. Si estás discipulando a alguien, haz que sea una prioridad hablar acerca del sufrimiento antes de que llegue. Sabemos que todo el mundo pasará por algún sufrimiento (en mayor o menor grado) en su vida. Por tanto, no se trata de un asunto de si el sufrimiento llegará sino
Ayúdales a eliminar los conceptos mundanos acerca del sufrimiento. Para la mayoría de los cristianos, hay algunas afirmaciones mundanas que influencian sus pensamientos acerca del sufrimiento. Ayúdales a desenredar las afirmaciones mundanas de su sufrimiento. Por ejemplo: mencionamos anteriormente como las personas consideran que el sufrimiento es algo malo. Ayúdales a darse cuenta que esto es contrario a la Escritura; el sufrimiento es una parte normal de la vida cristiana.
Estudia los propósitos de Dios para el sufrimiento según lo revelado en su Palabra. ¿Por qué? Eres más capaz de otorgar un significado piadoso al sufrimiento en medio de las dificultades si tienes tiempo para estudiar con antelación los propósitos de Dios según son revelados en la Escritura.
Estudia el sufrimiento utilizando buenos artículos y libros cristianos. Debido a que los autores cristianos han luchado con este tema por cientos de años, hay muchas cosas buenas escritas sobre el tema. Dos recomendaciones de libros: el libro de Steve Estes y Joni Erickson Tada titulado When God Weeps [Cuando Dios llora] o el libro de Don Carson How Long Oh Lord? [¿Por cuánto tiempo Dios?].
Construye relaciones antes de que llegue el sufrimiento. Como discipulador, puedes conocer mejor a la persona cuando las cosas no están tan difíciles—puedes explorar más de su vida, conocer sus fortalezas y debilidades y aprender acerca de ellos cuando las cosas están bien. Si construyes la relación en los tiempos buenos tendrás un fundamento sobre el cual trabajar cuando las cosas se pongan difíciles.
Enfócate en la fe. Recuérdales que los problemas llegarán y que deben prepararse para responder a ellos con fe (Juan 16:33).
Ayúdales a construir un fundamento en la bondad y soberanía de Dios. Cuando los cristianos luchan con el sufrimiento, ya sea que se den cuenta o no, lo que hacen muchas veces es dudar del carácter de Dios (Lucas 6:47-48). Ellos dudan de la bondad o de la soberanía de Dios o de ambas cosas. Puedes ayudar a preparar a las personas para el sufrimiento construyendo en ellos un entendimiento firme del carácter de Dios, especialmente de su bondad y soberanía. Una de las mejores cosas que puedes hacer como discipulador es estudiar el carácter de Dios con tu amigo cristiano, no solo con el fin de prepararlo para el sufrimiento sino porque le ayudará durante toda su vida cristiana.
Enséñales a meditar en el evangelio. Antes de que llegue el sufrimiento, construye en ellos el hábito de consultar y meditar regularmente sobre las verdades del evangelio. Ayúdales a recordar que Dios envió a su Hijo a sufrir en su nombre.
¿Cómo podemos ayudar a nuestro amigo discipulado cuando los tiempos son difíciles?
Como discipulador y miembro de la misma iglesia, debes aceptar tu responsabilidad del pacto para ser partícipe de su sufrimiento. Nuestro pacto dice, «para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan» (1 Corintios 12:25-26). Si una persona lucha, no todos sentimos su dolor literalmente, pero si debemos mostrar preocupación por la persona. (Hablando de manera práctica, en una iglesia de 800 personas no podemos todos mostrar preocupación con el mismo nivel de involucramiento; algunos estarán directamente involucrados, mientras otros lo estarán en un segundo plano y orarán.)
Está presente cuando llegue el sufrimiento. No permitas que las personas experimenten el sufrimiento a solas. A pesar de sus muchos comentarios necios, debemos seguir dándole el crédito a los amigos de Job por la manera como lo cuidaron al principio de sus pruebas. Cuando fueron donde él se angustiaron mucho por los sufrimientos de Job. Después de un primer lamento y de rasgar sus vestidos, ellos siguieron la costumbre judía y se sentaron con él en silencio por siete días y noches. ¿Por qué? El texto dice: «Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande» (Job 2:13). Tu presencia en medio del sufrimiento es un medio poderoso de cuidar de los demás.
[Historia: Si hay tiempo, contaré la historia del hospital acerca del camionero y su esposa que perdieron su bebé. Él lloró como un bebé luego que la enfermera les llevó el niño muerto y les permitió sostenerlo, yo me senté en silencio por un largo tiempo y no sabía que decir. Finalmente, oré por ellos y me fui. Me sentí incompetente e inútil porque me senté en silencio por un largo tiempo y no supe que decir. Más tarde, me di cuenta lo mucho que significó para ellos el que solo me senté con ellos en medio de su dolor.]
Sé un embajador de consolación. Tienes un deber de mostrar consolación a los demás debido a que Dios primero lo hizo por ti. Pablo escribe: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (2 Corintios 1:3-4). No acapares la consolación que has recibido. Dios te consuela para que puedas consolar a otros. ¿Cómo hemos sido consolados? Por el evangelio. Dios envió a su Hijo a morir por nuestros pecados para que no tuviéramos que soportar la ira de Dios que merecíamos. ¡Qué buenas nuevas es eso para nuestros oídos! ¡Cuán consolador debe ser eso para nuestros corazones! Dios cuidó de nosotros al convertirse en el sacrificio principal en nuestro nombre—al enviar a su Hijo a morir por nosotros.
Ponte en la disposición de hacer sacrificios por los demás (Gálatas 6:10). Sufrir nunca parece llegar en un momento conveniente. No puedes programar una crisis en tu zarzamora y esperar que se ajuste perfectamente al tiempo asignado. Muchas veces las situaciones difíciles surgen cuando no tienes el tiempo para dedicarte a los demás. Por tanto, sería muy probable que requiera que como discipulador hagas sacrificios de tu tiempo para cuidar de una persona que tiene una lucha.
Instruye gentilmente en la dificultad pero principalmente consuela en la crisis. En medio de una situación difícil las personas pueden rápidamente abrumarse por las emociones y confundirse acerca de lo que deben hacer. Gentilmente y con gracia instrúyeles y guíales si necesitan ayuda, pero tu objetivo principal es mostrar consolación en medio de una crisis.
Reafirma el carácter de Dios: habla acerca de la misericordia y la bondad de Dios (2 Samuel 24:14; Salmo 34:8). En medio de sus luchas las personas muchas veces buscan respuestas a las preguntas difíciles: «¿Por qué mi hijo está muriendo de cáncer?» «¿Por qué mi esposo tiene que morir ahora de un infarto?» «¿Por qué perdí mi trabajo; es que a Dios no le importa?» No te sumerjas en una discusión abstracta y teórica acerca de teología (por ejemplo: no trates de explicar el problema de maldad y como un Dios bueno puede permitir que maldad prevalezca). Enfoca tu conversación en reafirmar el carácter de Dios y su necesidad de confiar en su misericordia y bondad.
No trates de explicar lo que no sabes. Puede que no tengas una buena respuesta con algunas de estas preguntas «por qué.» No te sientas como que necesitas elaborar una respuesta o que has fallado en tu discipulado cristiano. Está ben decir «no sé.» Y luego enfoca tus respuestas lo mejor que puedas en las verdades fundamentales que han sido reveladas a nosotros en la Escritura. En lugar de tratar de responder las preguntas que no sabes, responde lo que sabes: el evangelio. En su sufrimiento, recuérdales verdades del gran evangelio como el carácter misericordioso y amoroso de Dios; el sacrificio suficiente del Salvador sufriente en nuestro lugar, etc.
La verdad siempre es verdad y el pecado siempre es pecado (Jeremías 10:10-11; Romanos 6:23). En medio de una crisis, la verdad en blanco y negro y el pecado puede muchas veces convertirse en gris. Algunas veces las personas pueden comenzar a reconstruir su teología del sufrimiento en medio de una crisis. Cuando eso suceda, asegúrate de permanecer firme en lo que sabes que es verdad y lo que sabes que es mentira.
Ora con ellos y/o por ellos. Una de las cosas más consoladoras que puedes hacer por una persona es orar por ellos en medio de sus luchas. Ellos pueden no saber cómo orar porque están abrumados por sus luchas. Ora palabras de consuelo. Permite también que tus oraciones sean instructivas, dirigiendo su mente y corazón hacia verdades que pueden ser difíciles de enfocar en medio de su lucha. Para los creyentes que pueden hacerlo, ofrece orar con ellos. Es una motivación orar juntos e ir ante el trono juntos (Efesios 1:15-23).
Piensa como servirles de manera práctica, especialmente en medio de una crisis (Gálatas 6:13). Una de las primeras preguntas que puedes hacer cuando una persona está pasando por una lucha o crisis es, «¿Qué puedo hacer para ayudarte?» Piensa de manera práctica en lo que se refiere a ayudar a una persona que está luchando.
[Dos ejemplos: (1) Timmy se quedará con el carro de su papá luego del infarto. Justo después de que mi papá murió, Timmy se presentó y preguntó que podía hacer para ayudar. Él se dio cuenta de que el carro de papá aun estaba esperando en Newark y lo rescató en solo minutos antes de que fuera retirado por la grúa. (2) El miembro de la iglesia que respondió el teléfono por el pastor que mató a alguien en un accidente de automóvil. La mujer se presentó en la casa del pastor y se ofreció a lidiar con la gran cantidad de llamadas que sabía que llegarían una vez que la voz se difundiera en la iglesia.]
No temas pedir ayuda externa. Como discipulador, habrá momentos cuando estarás agobiado por las dificultades de tu amigo que está siendo discipulado. No temas buscar consejo externo (especialmente de pastores, o de otros miembros piadosos), y acércate a otros si no estás seguro sobre cómo ayudar. Estar abrumado o el hecho de que los demás tienen más conocimiento sobre cómo ayudar en un problema específico, pueden ser indicadores de que debes buscar ayuda externa.
En conclusión –
Discipular personas que están heridas comienza cuando los tiempos son buenos para edificar un fundamento sólido para cuando lleguen los tiempos difíciles.
Lidiar con las dificultades y las crisis requiere de discernimiento, mucha oración, amabilidad y consolación y una disposición a ayudar.
Alabado sea Dios por el privilegio que tenemos de guiar a otros que están sufriendo hacia la bondad y la misericordia de Dios.
CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos