Nuestros pecados son como una nube | Charles Spurgeon

10 de febrero
«Yo deshice como a nube tus rebeliones y como a niebla tus pecados; vuélvete a mí porque yo te redimí».
Isaías 44:22

Observa con atención este instructivo símil: Nuestros pecados son como una nube. Así como hay nubes de muchas formas y con variados matices, también acontece lo mismo con nuestras transgresiones. Como las nubes oscurecen la luz del sol y ensombrecen el paisaje que está debajo, así nuestros pecados nos ocultan la luz del rostro del Señor y hacen que nos sentemos en sombra de muerte. Los pecados son cosas terrenas y se originan en los lugares cenagosos de nuestra naturaleza; y, cuando dichos pecados se amontonan hasta colmar la medida, nos amenazan con tormenta y tempestad. Pero, ¡ay!, a diferencia de las nubes, nuestros pecados no nos traen lluvias beneficiosas, sino que más amenazan con anegarnos en un espantoso diluvio de destrucción. ¡Oh negras nubes de pecado, cómo podemos tener buen tiempo en nuestras almas mientras vosotras permanecéis!
Miremos con gozo este notable acto de la misericordia divina: «Yo deshice»; Dios mismo aparece en escena y, con su divina benignidad, en lugar de manifestar su ira, revela su gracia. De una vez por todas, él elimina el mal: no quitando simplemente la nube, sino deshaciéndola para siempre. Contra el hombre justificado no queda pecado alguno: el gran pacto de la cruz ha borrado para siempre sus transgresiones. En la cumbre del Calvario se realizó por completo esa gran obra, por la cual han sido remitidos para siempre los pecados de todos los elegidos.
Llevemos a la práctica el mandato de la gracia que dice: «Vuélvete a mí». ¿Por qué vivirán los pecadores perdonados lejos de su Dios? Si hemos recibido el perdón de todos nuestros pecados, no permitamos que temor legal alguno nos impida acceder resueltamente al Señor. Lamentemos las caídas, sí, pero no permanezcamos en ellas. Esforcémonos por retornar al Señor, en el poder del Espíritu Santo, a fin de disfrutar con él de la comunión más estrecha posible. ¡Oh Señor, restáuranos en esta noche!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 49). Editorial Peregrino.

Consejos para los jóvenes

Viernes 10 Febrero
Orad sin cesar.
1 Tesalonicenses 5:17
Orando en todo tiempo con toda oración y súplica.
Efesios 6:18
George Müller (1)
Consejos para los jóvenes

George Müller (1805-1898) fue conducido a crear y dirigir, por la fe, grandes orfanatos en Bristol, Inglaterra. Este cristiano tenía una fe firme y práctica. Con respecto a la oración, decía a los jóvenes: «Es necesario orar no solo en las grandes dificultades… cuando nuestro amado cónyuge está en su lecho de muerte, o cuando nuestros queridos hijos están enfermos… ¡Debemos orar en todo tiempo, por las cosas pequeñas como por las grandes! Aprendamos a incluir la oración en todo lo que hacemos, desde la mañana hasta la noche, en todas las circunstancias de nuestra vida… Si recibimos un paquete cuya atadura no podemos desatar o cortar, pidamos ayuda a Dios… ¡nada es demasiado pequeño para que no podamos orar por ello, y el Señor Jesús nos ama tanto que desea ocuparse de todo lo que nos concierne… Queridos amigos creyentes, desde el comienzo de su vida cristiana, confíen en Dios para todo, con la misma sencillez que lo hace un niño. Trate al Señor Jesús como a su mejor amigo, y busque su ayuda en todas las circunstancias…

La vida de un hijo de Dios está llena de pequeñas dificultades. Si luchamos con nuestras propias fuerzas y nuestra propia sabiduría, siempre estaremos preocupados, pero si dejamos todo en las manos de Dios, él nos ayudará, y nuestro camino se esclarecerá. Así nuestra vida puede desarrollarse en la paz, por medio de la oración».

“La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

(mañana continuará)
2 Samuel 3:22-39 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

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La generosidad | Tim Challies

El carácter del cristiano: la generosidad
Por: Tim Challies

Estamos explorando los diferentes rasgos de carácter de los ancianos, que son en realidad una demanda de Dios para todos los cristianos. Si bien se supone que los ancianos deben ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deberían exhibirlos. Quisiera que consideremos juntos si estamos mostrando estos rasgos, y de esta manera aprender cómo podemos orar para tenerlos en una mayor medida. Hoy vamos a ver lo que significa para un anciano —y para cada cristiano— no ser amante del dinero y las riquezas, sino ser reconocido por la generosidad.

Pablo escribe a Timoteo: “Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso” (1 Tim. 3:2-3). De manera similar, le dice a Tito que el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas (Ti.1:7). Por último, Pedro escribe a los ancianos exiliados: “Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo” (1Pe. 5:2). Claramente, los autores bíblicos entienden que la forma en que usamos nuestro dinero revela algo muy importante acerca de nuestra relación con Dios. También entienden que siempre habrá personas que persiguen el ministerio con el propósito de enriquecimiento personal.

En su comentario sobre 1 Timoteo, Philip Ryken señala que hay dos errores graves que pueden ocurrir al considerar a los líderes cristianos a la luz del dinero: “Es un grave error considerar la riqueza como una credencial para el liderazgo espiritual. Ser rico no descalifica a un hombre para el pastorado, pero tampoco lo recomienda para este. Lo que importa es cómo usa su dinero, y especialmente cuánto afecto tiene por este. Un anciano no debe ser amante del dinero”.

De esta manera, John Piper escribe que “el estilo de vida de un anciano no debe reflejar el amor por las cosas lujosas. Debe ser un dador generoso. No debería estar ansioso por su futuro financiero. No debe estar tan orientado al dinero que las decisiones del ministerio giran en torno a este tema”.

El hombre debe estar libre tanto del amor al dinero, como del amor por un estilo de vida lujoso que el dinero puede comprar. Él muestra estar libre del amor al dinero a través de su generosidad.

Alexander Strauch explica:

“Este requisito prohíbe un interés mercenario que utiliza el ministerio cristiano y a la gente para el beneficio personal. … Como una droga poderosa, el amor al dinero puede engañar el juicio incluso de los mejores hombres. … Los ancianos, entonces, no pueden ser el tipo de hombres que siempre están interesados en el dinero. No pueden ser hombres que necesitan controlar los fondos de la iglesia y que rechazan dar cuentas de su responsabilidad financiera. Tales hombres han distorsionado los valores espirituales y están dando el ejemplo equivocado para la iglesia. Inevitablemente caerán en aspectos financieros poco éticos que deshonrarán públicamente el nombre del Señor”.

De hecho, vemos regularmente a hombres cayendo en escándalos por esa misma razón. Jesús lo advirtió: “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mat. 6:24). Es crucial para el bienestar de la iglesia que sus líderes sean controlados gozosamente por la Palabra de Dios más que por el deseo de tener riquezas.

¿Y qué de los cristianos que no son ancianos? No es sorprendente que Dios requiera el mismo estándar. Jesús les advirtió: “No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mat. 6:19-21).

Más adelante en su carta a Timoteo, Pablo advierte sobre el poder del dinero: “Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos. Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores.” (1Tim.6: 7-10). Uno de los temas principales de la literatura de sabiduría en la Biblia es el peligro de idolatrar el dinero y la riqueza.

Sería un gran error, sin embargo, pensar que Dios sólo tiene cosas negativas que decir sobre el dinero. Más bien, nos dice que el dinero es un gran regalo que podemos administrar fielmente para los propósitos más significativos. “Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos”, dice Salomón (Prov. 3:9). “Entonces el pueblo se alegró porque habían contribuido voluntariamente, porque de todo corazón hicieron su ofrenda al Señor; y también el rey David se alegró en gran manera” (1 Cró. 29:9).

Pablo enseñó el valor perdurable de la generosidad cuando escribió la iglesia en Corinto: “Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2 Cor.9:7).

Es el deber y placer del cristiano mantenerse libre de la riqueza y poder dar generosamente a la obra del Señor. Cualquier problema con el dinero no es culpa del dinero en sí, sino del corazón humano engañoso y pecaminoso.

Como señala Thabiti Anyabwile, tenemos algo mucho más grande que el dinero. Algo que puede cautivar nuestros afectos de una manera mucho más profunda: “El Señor nos da mayores amores que el dinero, que se hace alas y vuela (Pr. 23: 5). Él nos da mayores delicias en Cristo, que en realidad es el mayor deleite de todos. Qué privilegio es, por la rica gracia de Dios, predicar a Cristo el Cordero, a un mundo lleno de amor por el dinero”.

Autoevaluación
¿Qué en cuanto a ti? ¿Cómo es tu relación con el dinero? Les animo a reflexionar, mientras oran, sobre preguntas como estas:

¿Los demás dirían que eres tacaño o que eres generoso? ¿Dirían que amas el dinero o que amas a la gente?
¿Cuándo fue la última vez que te negaste a tí mismo un placer material para poder utilizar ese dinero con el fin de bendecir a alguien más?
¿Tienes un plan para dar a la iglesia y a otras causas dignas?
¿Estás dispuesto a dar en secreto para que nadie lo sepa, excepto tú y el Señor? (Mat. 6:1-4)
Puntos de oración
Dios ama al dador alegre porque Él mismo es un dador alegre. Por lo tanto, les animo a orar de estas maneras:

Ruego a ti, Padre, que hagas que Cristo sea más precioso para mí que todo lo demás, incluido el dinero.
Ruego que me des un corazón generoso que sea rápido para identificar y satisfacer las necesidades de los demás. Ayúdame a depositar con alegría tesoros en el cielo con mucho más entusiasmo que en la tierra (Mat. 6:19-24).
Ruego que me ayudes a confiar en ti en todo momento, incluso -y especialmente- cuando las finanzas son apretadas. Ayúdame a creer que si cuidas de las aves y si vistes así la hierba del campo, entonces por supuesto proveerás también para mí (Mat.6:25-34).
Ruego que te pueda adorar mientras doy a tu obra el próximo domingo.

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Publicado originalmente en Challies.com

Orad para que no entréis en tentación | Charles Spurgeon

9 de febrero
«No nos metas en tentación, mas líbranos del mal».
Lucas 11:4

Aquello que se nos enseña que debemos buscar o evitar en la oración, deberíamos buscarlo y evitarlo también en la práctica. Muy diligentemente, pues, tendríamos que evitar la tentación, procurando andar tan cautelosamente por la senda de la obediencia que nunca llegáramos a tentar al diablo para que él no nos tentase a nosotros. No debemos entrar en la selva en busca del león, no sea que paguemos con la muerte tal arrogancia. Ese león puede cruzarse en nuestro camino o saltar sobre nosotros desde la espesura, pero nosotros no debemos intentar cazarlo. El que se encuentre con él, si sale victorioso, lo hará después de una dura lucha. Que ore, pues, el cristiano para poder evitar ese encuentro. Nuestro Salvador, que sabe lo que es la tentación, amonesta así a sus discípulos: «Orad para que no entréis en tentación».

No obstante, hagamos lo que hagamos, lo cierto es que seremos tentados; de ahí la oración: «Líbranos del mal». Dios ha tenido un Hijo sin pecado, pero ninguno sin tentación. El hombre natural nace para la aflicción y el cristiano para la tentación. Debemos estar siempre en guardia contra Satanás; porque, a semejanza de un ladrón, él no avisa cuando se acerca. Los creyentes que conocen los métodos de Satanás saben que hay ciertas ocasiones cuando muy probablemente este efectuará un ataque. Así, el temor al peligro pone al cristiano doblemente en guardia, y prevenimos dicho peligro preparándonos para hacerle frente.

La prevención es mejor que la cura: más vale estar tan bien armado que el diablo no se atreva a atacarte, que el experimentar los peligros de la lucha, aunque salgas vencedor. Esta noche pide en oración, primeramente, que no seas metido en tentación; y, en segundo lugar, que si se permitiese dicha tentación, puedas ser librado del mal.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 48). Editorial Peregrino.

La autenticidad

Jueves 9 Febrero
En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de… la hipocresía.
Lucas 12:1

La autenticidad
Leer Mateo 23:1-28
Es sorprendente ver que cuando las multitudes se agolparon para escuchar de la boca de Jesús una buena enseñanza, él advirtió primero a sus discípulos que se guardaran de la hipocresía.

Algunos dirán que esto no es positivo ni reconfortante, ¡pero el Señor nunca se equivoca!

La hipocresía caracterizaba a los jefes religiosos de la época. Decían y no hacían, y esto quitaba toda credibilidad a sus enseñanzas. Imponían a los demás mandamientos que ellos mismos no cumplían. ¡Es normal que quienes los escuchaban se desanimaran en su búsqueda de Dios! Ellos se colocaban entre Dios y los hombres, presentándose como líderes, conductores. Así anulaban el diálogo directo entre una persona y Dios. Sin embargo, este diálogo es el único medio para acercarnos a Jesús mediante la confesión de nuestros pecados y la fe en él. Esos jefes religiosos cerraban así el reino de Dios ante los hombres, un reino en el cual ellos mismos no entraban.

Cristianos, nosotros también podemos parecernos a esos hombres, que limpian “lo de fuera del vaso y del plato” (Mateo 23:25), sin preocuparse por lo que es importante, es decir, limpiar el interior. Los que nos ven todos los días siempre terminan discerniendo si nuestra conducta está en armonía con nuestras palabras.

Velemos para ser auténticos y sinceros ante Dios y ante los hombres, así nuestro testimonio podrá ser recibido por los que nos rodean.

2 Samuel 3:1-21 – Mateo 25:1-30 – Salmo 21:1-7 – Proverbios 8:17-21

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El carácter del cristiano | Tim Challies

El carácter del cristiano
Por: Tim Challies

Como cristianos, todos queremos crecer en madurez espiritual y en nuestra semejanza a Cristo. Al menos, espero que sea así. Todos queremos convertirnos en lo que somos en Cristo, dejar a un lado conductas de pecado e injusticia y reemplazarlas con conductas de santidad. En última instancia, queremos ser como Cristo, pensar como Él pensaba y comportarnos cómo Él se comportó. Hacemos bien en aspirar a los más altos estándares de santidad y piedad.

La Biblia presenta un grupo de personas que están para servir como modelos de madurez cristiana: Los ancianos ( a veces denominados ancianos, y otras veces pastores u obispos). Los ancianos están calificados para su oficio, principalmente sobre la base de su carácter. Mientras que la Biblia demanda una cualidad relacionada con una habilidad (la capacidad de enseñar) y otra relacionada con la cantidad de tiempo que un hombre ha sido cristiano (no un recién convertido), todos los demás requisitos están relacionados con el carácter. Sin embargo, aunque estas cualidades se exigen de los ancianos, no son exclusivas de los ancianos.

D.A. Carson ha dicho que la lista de requisitos para los ancianos es “notable por no ser nada especial”. ¿Por qué? Porque estos rasgos se repiten en otros lugares como cualidades que deben estar presentes entre todos los creyentes. Carson dice: “Los criterios mencionados se exigen a todos los cristianos en todas partes; que es otra manera de decir que los ancianos son, ante todo, los primeros en ser ejemplo de las virtudes cristianas que se presuponen como mandatos a todos los cristianos”. Toda iglesia debe estar llena de hombres y mujeres que evidencien estas características.

Esto significa que si quieres crecer en santidad, un buen lugar para comenzar es conociendo e imitando las cualidades de carácter de los ancianos. Hoy comienzo una nueva serie sobre el carácter de un cristiano y voy a estructurar la serie en torno a estas cualidades del carácter. Quiero responder a preguntas como las siguientes: ¿De qué manera se superponen los requisitos de un anciano y la vocación de todos los cristianos? De manera muy práctica, ¿cómo se evidencian esas cualidades en la vida del creyente? ¿Cómo puedo saber si estoy mostrando estas virtudes? Y ¿cuál es la mejor manera de orar por ellas en mi propia vida?

¡Espero que me acompañes a considerar cómo estimularnos unos a otros al amor, a las buenas obras, y a ser cada vez más como Cristo! Espero que me acompañes para que aprendamos juntos cómo podemos ejemplificar las más altas virtudes cristianas.

Creo que iré progresando a través de la serie de la siguiente manera:

Introducción
Irreprensible
Hombre de una sola mujer (y mujer de un solo hombre)
Prudente, con dominio propio, respetable
Hospitalario
Sobrio, amable, pacificador
No amante del dinero
Un líder en el hogar
Maduro y humilde
Respetado por los de afuera

Esta serie se iniciará con la cualidad que sirve como resumen o “sombrilla” para el resto de ellas: la cualidad de ser irreprensible, de ser irreprochable y libre de cualquier gran defecto de carácter y comportamiento. Cada semana se estará publicando un artículo.

(Nota #1: Hay tres textos que consideramos cuando se habla de los requisitos de un anciano: 1 Timoteo 3: 2-7, Tito 1: 6-9 y 1 Pedro 5: 1-3. Cada uno de estos tiene elementos comunes, pero cada uno también tiene elementos únicos. Llegamos a una adecuada comprensión de las calificaciones de los ancianos cuando vemos los tres pasajes juntos. Esto es lo que haremos en las próximas semanas. Nota #2: para el desglose de las cualidades del carácter, tengo la intención de seguir el patrón que Thabiti Anyabwile utiliza en su obra que escribió en 2012 “Finding Faithful Elders and Deacons” (Hallando ancianos y diáconos fieles).

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Challies.com.

Salvados del Infierno y llevados al Cielo | Charles Spurgeon

8 de febrero
«Él salvará a su pueblo de sus pecados».
Mateo 1:21
Muchas personas, si se les preguntase qué entienden por salvación, responderían: «Ser salvados del Infierno y llevados al Cielo». Este es uno de los resultados de la salvación, pero no es ni la décima parte de lo que contiene esa gracia. Es cierto que nuestro Señor Jesucristo redime a todo su pueblo de la ira que ha de venir. Él lo salva de la espantosa condenación que sus pecados le han acarreado, pero el triunfo de Jesús es mucho más completo que esto. Él salva a su pueblo «de sus pecados». ¡Oh dulce liberación de nuestros peores enemigos! Cuando Cristo efectúa la salvación, expulsa a Satanás de su trono y no le permite más ser el dueño. Ningún hombre es un verdadero cristiano si el pecado reina en su cuerpo mortal. El pecado estará en nosotros —no será completamente desterrado hasta que el alma entre en la gloria—, pero nunca tendrá el dominio. Habrá una lucha por ese dominio: entre el codiciar contra la nueva ley y el nuevo espíritu que Dios ha implantado en nosotros; pero el pecado nunca obtendrá la ventaja ni será el monarca absoluto de nuestra naturaleza. Cristo será el dueño de nuestro corazón, y el pecado debe ser subyugado. El León de la tribu de Judá prevalecerá y el dragón será echado fuera. ¡Creyente!, ¿está dominado en ti el pecado? Si tu vida no está santificada es porque tu corazón no ha sido transformado, y si tu corazón no ha sido transformado es porque aún no eres salvo. Si el Salvador no te ha santificado, no te ha renovado, no te ha dado odio hacia el pecado y amor a la santidad, entonces no ha hecho nada en ti de carácter salvífico. La gracia que no hace a un hombre mejor que los demás es una vil impostura. Cristo salva a su pueblo, no en sus pecados, sino de sus pecados: «Sin la cual [la santidad] nadie verá al Señor» (He. 12:14); «Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo» (2 Ti. 2:19). Si no hemos sido salvados del pecado, ¿cómo esperamos ser contados entre su pueblo? Señor, sálvame ahora mismo de todo mal, y capacítame para honrar a mi Salvador.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 47). Editorial Peregrino.

Un pastel envenenado

Miércoles 8 Febrero
El pecado entró en el mundo por un hombre (Adán), y por el pecado la muerte… todos pecaron.
Romanos 5:12
Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
Hechos 10:43

Un pastel envenenado
Decidí hacer un pastel rico; para ello compré la mejor mantequilla, huevos frescos, harina de buena calidad, etc. Mezclé los ingredientes y obtuve una masa suave y apetitosa. Pero si una persona mal intencionada hubiese vertido una pizca de veneno en la masa, este se hubiese extendido por toda la masa y todo el pastel sería envenenado. Si bien todos los ingredientes eran excelentes, la pequeña dosis de veneno sería suficiente para contaminar el pastel.

Esta imagen ilustra un poco la situación actual del hombre. Dios creó a Adán perfecto, lo dotó de numerosas cualidades; los «ingredientes» eran excelentes. Pero el pecado, como un veneno mortal, arruinó esta criatura perfecta. ¡Y contaminó toda la naturaleza humana! Los daños son completos y terribles: en su naturaleza, Adán se convirtió en un hombre pecador, como toda su descendencia. ¡Por ello Dios declaró que no se podía esperar que saliera algo bueno del hombre! Las más hermosas cualidades morales están contaminadas por el pecado; todo está totalmente estropeado…

Pero Jesucristo es la maravillosa y poderosa respuesta de Dios a esta trágica situación. Vino a este mundo como un hombre sin pecado, y se ofreció en sacrificio. Los que creen en él son purificados de sus pecados y reciben una nueva naturaleza, santa como la suya:

“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron… todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

2 Samuel 2 – Mateo 24:29-51 – Salmo 20:6-9 – Proverbios 8:12-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Respetado por los de afuera | Tim Challies

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Hemos estado explorando cómo las diversas cualidades de los ancianos son en realidad el llamado de Dios para todos los cristianos. Mientras los ancianos están destinados a ejemplificar estas cualidades, todos los cristianos deben exhibirlas. Quiero que consideremos si estamos mostrando estos rasgos y aprendamos juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida. Hoy, ya concluyendo, abordaremos lo que significa para los ancianos —y para todos los cristianos— tener un buen testimonio para con los de afuera. Y, por supuesto, nos preguntaremos por qué es importante.

Pablo instruye a Timoteo sobre el anciano: “Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo” (1 Timoteo 3:7). Pablo ya ha dicho que un anciano “debe ser irreprochable” (1 Timoteo 3:2), por lo que ser respetado por los de afuera se centra en un grupo específico: los que están fuera de la iglesia. Sí, incluso el testimonio de un hombre frente al mundo cuenta a la hora de evaluar su idoneidad para ser líder. John Piper escribe: “Lo que parece significar es que un líder cristiano debe por lo menos cumplir con los estándares del mundo sobre la decencia y la respetabilidad, pero los estándares de la iglesia deben ser superiores”. Esto es importante, porque como Pablo ha escrito en otro lugar, la gloria de Dios está en juego: “Tú que te jactas de la ley, ¿violando la ley deshonras a Dios? Porque el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros, tal como está escrito” (Romanos 2:23-24).

Así que, ¿por qué incluir la reputación externa de un hombre como un requisito para ser anciano? Alexander Strauch se ocupa de ello de manera práctica: “Los no cristianos pueden saber más sobre el carácter y la conducta del futuro anciano que la iglesia misma. Muy a menudo los compañeros o parientes no cristianos del anciano en perspectiva tienen más contacto diario con el líder de la iglesia que la gente de la iglesia”. Strauch también dice: “Si un pastor anciano tiene reputación entre los no creyentes como empresario deshonesto, mujeriego o adúltero, la comunidad no creyente tomará nota especial de su hipocresía. Los no cristianos dirán: ‘Él actúa de esa manera, y es un anciano de la iglesia’. Lo ridiculizarán y se burlarán de él. Se burlarán del pueblo de Dios. Hablarán de él y generarán muchos chismes siniestros. Ellos plantearán preguntas difíciles y embarazosas. Será desacreditado como un líder cristiano y sufrirá vergüenza e insultos. Su influencia para el bien será arruinada y pondrá en peligro la misión evangelística de la iglesia. El anciano ciertamente se convertirá en una carga para la iglesia, y no será un beneficio espiritual”. El evangelio mismo está en juego ya sea en la consistencia o en la hipocresía de sus líderes.

Ahora bien, ¿qué es exactamente el “lazo del diablo” que preocupa tanto a Pablo? Creo que John Stott llega al corazón del asunto cuando dice: “En su malicioso afán para desacreditar el Evangelio, el diablo hace todo lo posible para desacreditar a los ministros del Evangelio”. Si Satanás puede desacreditar a los líderes ante el mundo observador, él puede desacreditar la iglesia y su mensaje. Strauch añade: “El diablo es representado como un cazador astuto (1 Pedro 5:8). Usando la crítica pública y las inconsistencias propias del anciano, el diablo atrapará al cristiano y lo llevará hacia un pecado aún más serio: amargura descontrolada, represalias con enojo, mentiras, más hipocresía y terquedad de corazón. Lo que puede comenzar como una pequeña ofensa puede llegar a ser algo mucho más destructivo y malo. Por lo tanto, un anciano debe tener una buena reputación con aquellos fuera de la comunidad cristiana”.

¿Qué pasa con los cristianos que no son ancianos? Ellos también deben procurar el respeto de los de afuera. Por ejemplo, Pablo escribe: “Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada persona” (Colosenses 4: 5-6). De nuevo dice: “Pero os instamos, hermanos, a que abundéis en ello más y más, y a que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y os ocupéis en vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos, tal como os hemos mandado; a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada” (1 Tesalonicenses 4: 10-12). Los cristianos “resplandecerán como luminares en el mundo” cuando vivan “sin mancha en medio de una generación torcida y perversa” (Filipenses 2:15). De manera similar, Pedro ordena: “Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación. … Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos” (1 Pedro 2:12, 15), véase también 1 Pedro 3:13-17. Lo que debe ser modelado por los líderes de la iglesia ha de ser obvio en cada vida. Tú también tienes la responsabilidad de vivir una vida sin mancha ante el mundo.

Auto-evaluación
Así que, ¿que de ti? ¿Dónde ves señales de ánimo, y dónde ves áreas que necesitan crecimiento? Te animo a hacerte preguntas como estas:

¿Conoces a tus vecinos? ¿Te conocen lo suficientemente bien como para poder hablar sobre tu persona y tu reputación? ¿Cómo te describirían tus vecinos incrédulos a ti y a tu familia?
¿Qué tipo de reputación tienes entre los incrédulos con los que trabajas? ¿Trabajas duro y evitas intromisiones? (1 Tesalonicenses 4: 10-12, Efesios 4:28)
¿Qué dirían los miembros incrédulos de tu familia sobre lo que es más importante para ti? ¿Dirían que tu vida coincide con tu profesión de fe?
Puntos de oración
Dios puede hacer que más gracia abunde en tu vida, por lo que te animo a unirte a mí en oración de estas maneras:

Haz que mi vida refleje el fruto del Espíritu (Gálatas 5: 22-23) para que mi vida glorifique tu nombre, y no sea causa de vergüenza del mismo.
Ruego que me ayudes a pensar en como mis actitudes y acciones afectan a los demás, especialmente a los incrédulos.
Ayúdame a ser un modelo de trabajo duro y de respeto por la autoridad, y para que esté preocupado por mi propio testimonio en el lugar de mi trabajo.
Hazme ser ser un modelo de buenas obras en casa, en el trabajo y en mi vecindario para que haciendo el bien a otros Tú seas glorificado.
Gracias por acompañarme a través de esta serie. Creo que Dios me ha ayudado a crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo mientras exploraba y aplicaba Su Palabra. ¡Espero que puedas decir lo mismo! Que Dios te ayude y me ayude a vivir una vida cristiana ejemplar.

Publicado originalmente en Challies.com. Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.

En Jesús tengo paz | Charles Spurgeon

7 de febrero

«Y oyeron una gran voz del cielo que les decía: Subid acá». Apocalipsis 11:12

Dejando de lado la consideración de estas palabras en su conexión profética, considerémoslas, más bien, como la invitación de nuestro Gran Precursor a su santificado pueblo. A su debido tiempo «una gran voz del cielo» se dirigirá a todo creyente, diciéndole: «Sube acá». Esto debiera ser para los santos un asunto de gozosa expectativa. En lugar de temer el tiempo cuando dejaremos este mundo para ir al Padre, debiéramos estar suspirando por la hora de nuestra emancipación. Nuestro canto debería ser: En Jesús tengo paz, y no debo temer que se acerque la muerte fatal; porque al fin de esta vida fugaz yo tendré libre acceso al Edén celestial.

A nosotros no se nos llama abajo, al sepulcro, sino arriba: al Cielo. Nuestros espíritus, nacidos para el Cielo, debieran suspirar por su ambiente natal. Con todo, el llamamiento celestial debería ser objeto de paciente espera por nuestra parte. Nuestro Dios sabe mejor que nosotros cuándo debe llamarnos para ir arriba. No tenemos que querer anticipar el momento de nuestra partida. Sé que un fuerte amor nos hará exclamar: «¡Oh Señor de los Ejércitos, divide las olas y llévanos a todos al Cielo!».

Sin embargo, la paciencia debe tener su obra completa: Dios ordena con perfecta sabiduría el tiempo más apropiado que los redimidos deben vivir aquí. Sin duda, si el pesar pudiese experimentarse en los cielos, los santos lamentarían no haber vivido más aquí para hacer mayor bien. ¡Oh, cómo ansiamos más gavillas para los graneros del Señor! ¡Más joyas para su corona! No obstante, ¿cómo conseguirlo sin trabajar más? Es cierto que tenemos que considerar el otro lado del asunto: pues viviendo aquí menos tiempo, nuestros pecados serán menos. Sin embargo, cuando estamos enteramente sirviendo al Señor, y él nos permite esparcir la preciosa simiente y recoger a ciento por uno, nos vemos tentados a decir que está bien quedarnos donde estamos.

Ya nos diga nuestro Maestro: «Ven», o nos diga: «Quédate», estemos igualmente contentos, mientras él nos favorece con su presencia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 46). Editorial Peregrino.