¿Por qué Dios salva?

¿Por qué Dios salva?

1/20/2018

Para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. (2 Corintios 4:15)

Muchos piensan que la razón principal de que Dios salve a las personas es para poder mantenerlas fuera del infierno, para que puedan experimentar su amor o tener vidas felices. Pero todas esas razones son secundarias.

Dios salva a las personas porque es una afrenta a su santo nombre que alguien viva en rebeldía contra Él. El que las personas reciban la salvación no es lo más importante para Dios; es su gloria que corre peligro.

El apóstol Pablo dijo de Jesucristo: “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:9-11). La salvación es para la gloria de Dios.

Dios es glorificado cuando las personas creen en su evangelio, aman a su Hijo y aceptan su diagnosis de la mayor necesidad que tienen, que es el perdón del pecado. Sin duda usted se beneficia de la provisión de Dios de salvación, pero usted existe para la gloria de Dios.

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La batalla de recordar

ENERO, 20

La batalla de recordar

Devocional por John Piper

Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades… (Lamentaciones 3:21-22)

Uno de los grandes enemigos de la esperanza es olvidar las promesas de Dios. Recordar es un gran ministerio. Pedro y Pablo escribieron por este motivo (2 Pedro 1:13Romanos 15:15).

El Espíritu Santo es principalmente el que trae a memoria (Juan 14:26); pero no seamos pasivos. Únicamente nosotros somos responsables por nuestro propio ministerio de recordar, y la primera persona que necesita que le hagamos recordar somos nosotros mismos.

La mente tiene este gran poder: puede hablarse a sí misma y hacerse acordar. La mente puede «traer al corazón». Por ejemplo: «Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan…» (Lamentaciones 3:21-22).

Si no «traemos al corazón» lo que Dios ha dicho acerca de él mismo y acerca de nosotros, languidecemos. ¡Oh, cuánto sé de esto por las experiencias dolorosas de mi propia vida! No se revuelquen en el fango de los mensajes paganos. Me refiero a los mensajes que están en nuestra propia mente: «No puedo…», «Ella no lo harᅻ, «Ellos nunca…», «Nunca ha funcionado…».

El punto aquí no es que esos mensajes sean verdaderos o falsos. La mente de uno siempre encontrará la manera de volverlos verdaderos, a no ser de que nosotros «traigamos al corazón» algo más grande. Dios es el Dios de lo imposible. Hacer razonamientos para salir de una situación imposible no es tan efectivo como recordarnos la manera de salir.

Si no nos recordamos a nosotros mismos la grandeza, la gracia, el poder y la sabiduría de Dios, nos hundimos en un pesimismo salvaje: «…entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti» (Salmos 73:22).

El gran giro de la desesperación hacia la esperanza en el Salmo 77 viene de las siguientes palabras: «Me acordaré de las obras del Señor; ciertamente me acordaré de tus maravillas antiguas. Meditaré en toda tu obra, y reflexionaré en tus hechos» (Salmos 77:11-12).

Esta es la gran batalla de mi vida; presumo que es la de ustedes también. ¡La batalla de recordar! Primero a mí mismo; luego a los demás.

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Génesis 21 | Mateo 20 | Nehemías 10 | Hechos 20

20 ENERO

Génesis 21 | Mateo 20 | Nehemías 10 | Hechos 20

Los capítulos 9 y 10 de Nehemías deben leerse juntos. En el 9, vemos a los israelitas confesando “públicamente sus propios pecados y la maldad de sus antepasados” (9:2), pero no es una escena de arrepentimiento y confesión individual. Existe una dimensión comunitaria a gran escala, organizada y fortalecida por el Espíritu de Dios, maravillosa de contemplar. Durante una cuarta parte del día, el pueblo escucha la explicación y traducción de las Escrituras; durante otra cuarta parte, se entregan a la confesión y adoración, dirigidos por los levitas.

Esta oración comunitaria es, en gran medida, un repaso de la historia de Israel. Destaca los repetidos ciclos de declive en que ha caído el pueblo y las repetidas intervenciones de Dios para restaurarlos. El corazón de la confesión se encuentra en 9:33: “Tú has sido justo en todo lo que nos ha sucedido, porque actúas con fidelidad. Nosotros, en cambio, actuamos con maldad”.

“Por todo esto” (9:38), el pueblo hace un pacto con Dios (Nehemías 10); concretamente, una renovación del antiguo pacto mosaico. Los sacerdotes dirigen la oración, por lo que no sorprende que muchos elementos se centren en el templo. Sin embargo, también se abordan asuntos generales relativos al matrimonio (para preservar al pueblo de la contaminación pagana), la observancia del día de reposo y un compromiso generalizado a “a vivir de acuerdo con la ley que Dios les había dado por medio de su servidor Moisés, y a obedecer todos los mandamientos, normas y estatutos de nuestro Señor” (10:29).

Por supuesto, si las fiestas y rituales del antiguo Israel hubiesen cumplido la función que se les asignó, esta renovación del pacto no habría sido necesaria. Las grandes fiestas debían ser realmente ocasiones para ello. Por ejemplo, la Pascua tenía que recordar el éxodo y restaurar en la conciencia del pueblo la misericordia del Señor y su fidelidad al rescatarlos, proveyendo al mismo tiempo una oportunidad para un compromiso renovado de lealtad.

Los cristianos, como los antiguos israelitas, también deben renovar el pacto. Este es uno de los grandes propósitos de la Cena del Señor. Es un tiempo para examinarse, confesar el pecado, recordar lo que el Señor Jesús soportó para redimirnos y, junto al pueblo de Dios en asamblea local, rememorar y proclamar su muerte hasta que él venga. Si dejamos que este acto se limite a un ritual sin sentido, endureciendo nuestro corazón contra el Dios viviente, corremos un serio peligro. Nos hará bien, reunidos solemnemente, repasar nuestros pecados y confesarlos, comprender una vez más la fidelidad de Dios y profesar una nueva lealtad al nuevo pacto.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 20). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Esperemos que… sin embargo (2)

sábado 20 enero

Señor… tú eres Dios, y tus palabras son verdad.

2 Samuel 7:28

Tú eres grande, y hacedor de maravillas; solo tú eres Dios.

Salmo 86:10

Esperemos que… sin embargo (2)

«Sin embargo gira…», siguió pensando Galileo, después de haber salvado su vida al decir públicamente que se retractaba de sus descubrimientos. Hoy sabemos que tenía razón, que su «locura» de aquel entonces era la verdad exacta…

¡Sin embargo Dios existe! Es la única explicación razonable al misterio de la vida.

Sin embargo, podría descubrir con escalofríos que al morir seré juzgado por Dios debido a la vida que he vivido. Dios aborrece ciertas prácticas, a las cuales llama pecado, ¡sea que uno esté o no esté de acuerdo con él!

Sin embargo, él es la personificación del bien; solo él decide cuál es la «norma». No es lo que cada uno decida. Bajo este razonamiento, ¿qué vale cada una de mis acciones?

Sin embargo, el hombre es malo por naturaleza, de otra manera, ¿cómo podríamos explicar el reinado universal del egoísmo y de la maldad… el mal en mi propio corazón?

Sin embargo, ¡incluso nuestros grandes secretos serán descubiertos un día, pues Dios sabe todo sobre nosotros y nos pedirá cuentas!

Sin embargo, todos los caminos propuestos por las ideologías, los políticos, los filósofos y las religiones me exigen esfuerzos y méritos… y solo me doy cuenta de mis limitaciones y mi incompetencia.

Sin embargo la Biblia, a través de un mensaje franco y sincero, propone el camino que realmente puede conducir a la verdad y a la paz. La Biblia es el poder de Dios para cambiar la vida de todo el que cree.

Sin embargo es tan fácil… ¡con tal que usted la lea! Es tan útil… ¡con tal que usted la crea!

Génesis 24:1-32 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

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