Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. (Romanos 5:20)

Gracia Inmerecida

1/16/2018

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. (Romanos 5:20)

La salvación no se produce por la confirmación, la comunión, el bautismo, el ser miembro de la iglesia, el ir a la iglesia, el tratar de guardar los Diez Mandamientos ni el practicar el Sermón del Monte. No se produce por dar a obras de caridad o ni siquiera por creer que hay un Dios. No se produce por ser una persona moral y respetable. La salvación no se produce por decir que se es cristiano. La salvación se produce solo cuando recibimos por la fe el don de la gracia de Dios. El infierno estará lleno de personas que trataron de llegar al cielo de otro modo.

El apóstol Pablo dijo: “La ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Ro. 5:20-21). Lo primero que el evangelio da es la gracia, que ni se gana ni se merece.

El doctor Donald Grey Barnhouse dijo: “El amor que da hacia arriba es la adoración; el amor que da hacia afuera es el afecto; el amor que se inclina es la gracia”. Dios se ha inclinado para darnos la gracia. ¿La recibirá usted?

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Palabras para el viento

ENERO, 16

Palabras para el viento

Devocional por John Piper

¿Pensáis censurar mis palabras, cuando las palabras del desesperado se las lleva el viento?(Job 6:26)

En medio de la aflicción y el dolor y la desesperación, las personas dicen cosas que de otra manera no dirían. Pintan la realidad con pinceladas más oscuras de lo que la pintarían al día siguiente, cuando el sol sale. Cantan en tonos más bajos y hablan como si esa fuera la única música. Ven solo nubes y hablan como si no hubiese un cielo.

Dicen: «¿Dónde está Dios?» o «No tiene ningún sentido seguir adelante». O dicen: «Nada tiene sentido» o «No hay esperanza para mí» o «Si Dios fuera bueno, esto no habría pasado».

¿Qué deberemos hacer con estas palabras?

Job dice que no necesitamos reprobarlas. Estas palabras se van con el viento o, literalmente, son «para el viento». Rápidamente se volarán. Habrá un giro en las circunstancias y la persona en desesperación despertará de la noche oscura y lamentará las palabras precipitadas.

Por lo tanto, el punto es que no gastemos energía y tiempo en reprobar este tipo de palabras. Se las llevará el viento. Uno no tiene que cortar las hojas en el otoño. Es un esfuerzo en vano. Pronto se volarán por sí solas.

Oh, qué rápido salimos a defender a Dios, o algunas veces la verdad, de palabras que son solo para el viento. Si tuviéramos discernimiento, podríamos ver la diferencia entre las palabras con raíces y las palabras que vuelan con el viento.

Existen palabras que están arraigadas en errores profundos y en gran maldad, mas no todas las palabras grises adquieren su color de un corazón negro. Algunas obtienen el color principalmente por el dolor y la desesperación. Lo que uno escucha no es la parte más profunda del interior. Existe una realidad interior de donde estas vienen, pero es temporal —como una infección pasajera—, real, dolorosa, pero no es la verdadera persona.

Aprendamos a discernir si las palabras que se dicen en nuestra contra o en contra de Dios o en contra de la verdad son solamente para el viento —dichas no por el alma, sino desde la herida—. Si son para el viento, esperemos en silencio y no censuremos. Restaurar el alma, no reprobar la herida, es el objetivo de nuestro amor.


Devocional tomado del articulo “When Words Are Wind”

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Génesis 17 | Mateo 16 | Nehemías 6 | Hechos 16

16 ENERO

Génesis 17 | Mateo 16 | Nehemías 6 | Hechos 16

En las grandes empresas de fe, es habitual estar rodeado de relaciones difíciles.

William Carey, padre de las misiones protestantes modernas, puede ser un héroe para nosotros, pero en su época lo veían como un excéntrico y sufrió mucho dolor personal y familiar. Los grandes reformadores no lucharon por simples ideas; se vieron enredados en grandes controversias que no solo incluían “enemigos”, sino innumerables personas que eran “amigos” en unos ámbitos, pero no en otros. En este tipo de situaciones, suele darse un gran abanico de puntos de vista y una considerable diversidad de grados de integridad. No se puede leer la biografía sincera y detallada de un líder cristiano sin observar los tipos de debate a los que son llamados a participar, difíciles, dolorosos, en ocasiones engañosos, y la frecuencia con la que estos se producen. Consideremos, por ejemplo, George Whitefield, de Arnold Dallimore, o D. Martin Lloyd-Jones, de Iain Murray. No se me ocurre ninguna excepción.

Cuando se ofrece la información suficiente, se debe decir lo mismo en relación a los líderes de fe que aparecen en las Escrituras. A pesar de la larga lista de sufrimientos físicos que los incrédulos y su llamamiento como apóstol fundador de iglesias le infligieron (2 Corintios 11), los momentos más angustiosos de Pablo los provocan personas de su círculo más cercano, cristianos que no se comportan como tales, falsos hermanos y apóstoles que socavan su obra con insinuaciones y medias verdades.

Este es el tipo de cosas al que se enfrenta ahora Nehemías (Nehemías 6). Al ser incapaces de conseguir nada ridiculizando, amenazando y oponiéndose de forma directa, Sambalat, Tobías y sus colaboradores recurren al subterfugio y las presiones personales. En este capítulo, encontramos mentiras, falsos profetas y acusaciones de rebelión. De hecho, incluso algunos de los judíos, el propio pueblo de Nehemías, que deben lealtad a Tobías debido a alianzas políticas y matrimoniales, utilizan su comprometida posición para tratar de convencer al gobernador de que renuncie a una política buena para los judíos y que honra a Dios. En todas estas maquinaciones, Nehemías se comporta con rectitud, pide ayuda a Dios y demuestra ser un líder con capacidad de discernimiento y perspicacia.

Los líderes cristianos actuales sufren problemas parecidos. Es necesario afrontarlos con la misma determinación pausada y el mismo discernimiento sin temor, algo totalmente cierto en el ministerio pastoral. Los desafíos más difíciles no surgirán de la oposición directa o de problemas con un edificio o algo parecido, sino de los engañadores, los mentirosos, los comprometidos con intenciones ocultas cuya palabrería parece tan “espiritual” que muchos se confunden. Esperemos estas dificultades; llegarán con toda seguridad. Es el precio del liderazgo cristiano en un mundo caído.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 16). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una visita indeseada

martes 16 enero

Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Juan 11:25-26

Sorbida es la muerte en victoria.

1 Corintios 15:54

Una visita indeseada

«Alcanzó el éxito en el ámbito profesional, y el único intruso del que no pudo deshacerse fue la muerte». Un escritor termina una de sus novelas con este pensamiento concerniente a un hombre que dirigía sus negocios con previsión.

La muerte es un intruso para el ser humano; no es invitada ni esperada. Cuando se acerca, lo llena de temor. Ante ella podemos ponernos serios para parecer valientes o insensibles, pero interiormente estamos solos, paralizados, sin fuerzas.

Creyente o incrédulo, nadie puede huir de la muerte del cuerpo, el cual vuelve al polvo. Pero, ¿a dónde va el espíritu? La Biblia dice: El espíritu vuelve “a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). Y una vez ahí, solo hay dos destinos posibles: la vida eterna, si en la tierra recibimos el perdón de Dios; o su juicio y la condenación eterna, si rechazamos a Dios y seguimos cargados con nuestros pecados.

¡Cuán importante es tener certezas cuando nos encontramos ante ese paso difícil e inevitable! Podemos ser muy previsivos en nuestros negocios y descuidar completamente nuestro futuro eterno, más allá de la muerte del cuerpo.

Para estar seguros de que tendremos un futuro feliz, es necesario confiar en el gran vencedor de la muerte, es decir, en Jesucristo. Después de haber resucitado, dijo al apóstol Juan: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:17-18).

La fe en Jesús nos une a él eternamente.

Génesis 20 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

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La gracia del Rey

La gracia del Rey

1/15/2018

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:24)

Todo creyente recibe la gracia de Dios como resultado de responder a las buenas nuevas. Y las buenas nuevas son que la salvación es por gracia.

El apóstol Pablo dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8-9). La gracia de Dios que trae salvación ha aparecido para todas las personas. Se ofrece totalmente independiente de cualquier cosa que pudiéramos haber hecho para recibir el favor de Dios. Es el favor inmerecido de Dios, que en su misericordia y su clemencia nos da la salvación como un regalo. Lo único que tenemos que hacer es sencillamente responder creyendo en su Hijo.

Entramos en el reino de Dios solo por la gracia de Dios. No hay lugar para la propia alabanza ni la proeza humana. Recuerde darle gracias a Dios por concederle una salvación tan misericordiosa.

La gratuidad de la gracia

ENERO, 15

La gratuidad de la gracia

Devocional por John Piper

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. (Efesios 2:4-6)

El acto decisivo de Dios en la conversión es que «nos dio vida juntamente con Cristo» aun «estando nosotros muertos en pecados». En otras palabras, para Dios estábamos muertos. Éramos indiferentes; no teníamos ningún interés espiritual genuino; no teníamos ningún gusto por la belleza de Cristo; estábamos simplemente muertos a todo lo que era importante.

Entonces Dios actuó —incondicionalmente— antes de que pudiéramos hacer nada para volvernos vasos dignos de gracia. Nos dio vida. Soberanamente, él nos despertó para que pudiéramos ver la gloria de Cristo (2 Corintios 4:4). Los sentidos espirituales que estaban muertos milagrosamente vinieron a vida.

El versículo 4 dice que este fue un acto de «misericordia». Es decir, Dios nos vio en nuestra falta de vida y se compadeció de nosotros. Vio la terrible paga del pecado que lleva al sufrimiento y a la muerte eterna y, en nuestra necesidad, la abundancia de su misericordia se derramó sobre nosotros. Pero lo que es notable en este texto es que Pablo interrumpe el fluir de su propio discurso para insertar «por gracia sois salvos». «Dios… nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) y juntamente con él nos resucitó».

Pablo vuelve a decir esto más adelante en el versículo 8. ¿Por qué, entonces, interrumpe el fluir de las palabras para añadirlo aquí? Además, el foco está en la misericordia de Dios que responde a nuestro gran aprieto por la falta de vida. ¿Por qué, entonces, Pablo se desvía de la corriente de su pensamiento para decir que es también por gracia que somos salvos?

Creo que Pablo aquí reconoce que es la oportunidad perfecta para enfatizar la gratuidad de la gracia. Mientras describe nuestra condición de estar muertos antes de la conversión, se da cuenta de que las personas que están muertas no pueden cumplir con condiciones. Si ellos han de vivir, tendrá que ocurrir un acto de Dios totalmente incondicional y completamente gratuito para salvarlos. Esta libertad es la verdadera esencia de la gracia.

¡Qué acto puede ser más unilateralmente gratuito y no negociable que el de una persona levantando a otra de los muertos! Eso es lo que la gracia significa.

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Génesis 16 | Mateo 15 | Nehemías 5 | Hechos 15

15 ENERO

Génesis 16 | Mateo 15 | Nehemías 5 | Hechos 15

Cuando iba al instituto en Canadá, un profesor de historia contó una experiencia que vivió. Lo hizo enormemente airado. Acababa de volver de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial, donde había visto morir a muchos amigos. Volvió a casa, licenciado debido a una herida de guerra. Conducía un autobús en una importante ciudad canadiense. Un día, sentadas detrás de él, dos mujeres de aspecto próspero hablaban entre sí, cuando oyó que una de ellas decía a la otra: “Espero que esta guerra no acabe pronto. Nunca nos ha ido tan bien”.

Casi siempre hay personas que se benefician de los desastres de los demás, sobre todo de las guerras. En la época de Nehemías, también se daba este hecho (Nehemías 5). Aunque se estaba haciendo un esfuerzo serio para reconstruir la ciudad, en la campiña cercana las presiones fiscales del momento, junto a las condiciones de hambruna, hacían más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Estos hipotecaban sus tierras intentando salir adelante, pero las perdían; vendían como esclavos a miembros de su familia o a sí mismos. Para Nehemías, ser esclavo de un hermano judío seguía siendo esclavitud. En algunos sentidos, era peor: no sólo estaba preocupado por este problema en sí, sino por la dureza moral de los ricos que se aprovechaban de la ruina de otros sin compasión, desobedeciendo la ley de Moisés, que prohibía la usura, la codicia y la avaricia. Estaba claro que no necesitaban nada más. ¿Cómo podían justificar tales abusos de forma creíble?

No obstante, afortunadamente, la conciencia de estos ricos se enterneció, ya que no se rebelaron cuando se les reprendió: “Todos se quedaron callados, pues no sabían qué responder” (5:8). De hecho, acabaron arrepintiéndose, devolviendo lo que habían tomado y dejando de cobrar intereses a sus hermanos.

Claramente, uno de los factores que reforzaron la credibilidad de Nehemías mientras trabajaba para llevar a cabo estas reformas era su propia conducta. Sin duda, la gran mayoría de los gobernadores de la época aprovechaba su posición de poder para acumular considerables riquezas para sí mismos. Nehemías se negó a hacerlo. Presumiblemente, recibía del tesoro del imperio un jugoso estipendio y el sustento suficiente para él y sus hombres, por lo que declinó utilizar su poder para exigir más aportaciones materiales a la población local. En realidad, acabó sustentando a muchos de ellos (5:14–18).

Obediencia a Dios, compasión por los hermanos, liderazgo consistente, fidelidad al pacto que afecta al propio bolsillo, arrepentimiento y restauración: valores que sustituyeron a la corrupción y la voracidad anteriores, más importantes que la construcción del muro. Si este se hubiese reconstruido sin haber edificado de nuevo a las personas, el triunfo habría sido minúsculo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 15). Barcelona: Publicaciones Andamio.

No nos equivoquemos de fe

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

El hombre no es justificado… sino por la fe de Jesucristo.

Gálatas 2:16

No nos equivoquemos de fe

¿En qué consiste la fe? ¿Se trata de una especie de abdicación de la inteligencia que reconoce sus límites y admite la existencia de un Ser superior? El hecho de pensar esto conduce a restringir la fe a la simple creencia en un Dios supremo y creador, pero indiferente a su criatura.

Reprochando a sus discípulos su falta de fe cuando calmó la tempestad, Jesús no los acusó de haber dudado de su poder, ¡y eso que habían sido testigos de tantos milagros! Les reprochó que hubiesen dudado de que quisiese el bien de sus criaturas. A menudo la incredulidad consiste en pensar que Dios no nos ama lo suficiente para intervenir a nuestro favor.

Otros consideran la fe como una gracia o una disposición innata que sería inútil tratar de buscar. ¡Esto significa considerar al hombre como un ser irresponsable! También es olvidar que, como criatura, debe rendir cuentas a su creador. ¿Qué hace de ese deber de obediencia hacia Aquel que “ahora manda a todos los hombres… que se arrepientan”? (Hechos 17:30).

La fe es aceptar el ser amado por Dios; es recibir el amor que mostró hacia el hombre cuando “envió a su Hijo unigénito al mundo” (1 Juan 4:9). Es aceptar al Salvador que dio y apropiarse de las maravillosas consecuencias de la obra que cumplió en la cruz a favor de los que creen.

La fe es escuchar y creer lo que Dios nos reveló en la Biblia.

Génesis 19 – Mateo 10:26-42 – Salmo 9:15-20 – Proverbios 3:16-18

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Génesis 15 | Mateo 14 | Nehemías 4 | Hechos 14

14 ENERO

Génesis 15 | Mateo 14 | Nehemías 4 | Hechos 14

El drama de Nehemías 4 contiene muchas lecciones e ilustraciones acerca de diversas verdades. La narración es impresionante para nosotros, pero los que estaban viviendo la experiencia en primera persona pasaban por días de trabajo extremadamente duro, de gran tensión, miedo, inseguridad, creciente fe, polvo y suciedad. Sin embargo, algunas lecciones son útiles en cualquier época:

(1) Unas de las cosas más difíciles de soportar son el desprecio y la burla. Los judíos tuvieron que enfrentarse a ello por parte de Sambalat, Tobías y otros (4:1–3). El legado judeocristiano de las naciones occidentales era tan fuerte hasta décadas recientes, que muchos cristianos estaban protegidos de tales desprecios. La situación ha cambiado. Más vale que vayamos acostumbrándonos a lo que nuestros hermanos en Cristo han sufrido y sufren en otros tiempos y lugares, resistiendo mejor que nosotros.

(2) Aunque en algunas ocasiones Dios obra a través de medios espectaculares y sobrenaturales, habitualmente lo hace utilizando a personas comunes que asumen una responsabilidad y quieren actuar fielmente incluso en medio de situaciones difíciles. Los judíos se organizaron: “Oramos entonces a nuestro Dios y decidimos montar guardia día y noche para defendernos de ellos” (4:9). Se armaron y dividieron entre guerreros y obreros, pero Nehemías también les exhortó: “¡No les tengáis miedo! Acordaos del Señor, que es grande y temible, y pelead por… vuestros hogares” (4:14). Algunos que vivían cerca del enemigo oyeron las conspiraciones para detener el proyecto de construcción e informaron a Nehemías, que tomó cartas en el asunto frustrando esos planes, aunque todo el mérito corresponde a Dios (4:15).

(3) Esta perspectiva ofrece varias conclusiones prácticas. (a) Presupone un punto de vista centrado en Dios que evita el naturalismo. Si Dios es Dios, si se ha dado a conocer por gracia en los grandes momentos de la historia redentora, en visiones y palabras transmitidas fielmente por profetas levantados por él, ¿por qué no pensar también que obra en el llamado curso “natural” de los acontecimientos? Podemos caer en el error de pensar que el Todopoderoso sólo obra en lo espectacular y milagroso, estando ausente o permaneciendo indiferente el resto del tiempo. El Dios descrito en la Biblia no es tan pequeño o distante. (b) Esa es la razón por la que podemos confiar en el Señor. Nehemías no está recurriendo a un discurso exagerado que tenga un efecto psicológico, ni a una retórica religiosa descarada. Su fe está bien fundamentada en el Dios siempre activo y llevando a cabo sus propósitos redentores en la historia por medio del llamamiento y la transformación de los escogidos, y la construcción y purificación de su iglesia.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 14). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una unión misteriosa

Una unión misteriosa

1/14/2018

Tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. (Filipenses 2:7)

La humanidad y la deidad de Cristo es una unión misteriosa que nunca podemos entender plenamente. Pero la Biblia pone de relieve ambas.

Lucas 23:39-43 da un buen ejemplo. En la cruz, “uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

En su humanidad, Jesucristo fue una víctima, clavado sin misericordia a una cruz después que lo escupieron, se burlaron de Él y lo humillaron. Pero en su deidad le prometió al ladrón en la cruz vida eterna como solo Dios puede prometer.

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