8/12 – Los Ateos En La Iglesia

Estudio libro de Santiago

Serie: Cuando aumenta la presión

8/12 – Los Ateos En La Iglesia

Santiago 4:7–12

¿Cuántos ateos hay en nuestra iglesia?

Si llevaran presos a todos los cristianos en nuestro pueblo, ¿habría suficiente evidencia de que somos cristianos para condenarnos?
¿Qué hay en nuestra vida que sólo puede explicarse por la presencia del Espíritu en nosotros?
Estas preguntas nos llevan a la mera esencia del problema que estamos considerando en Santiago: ¿De dónde vienen tantos pleitos entre nosotros?
Tal vez el autor sugiere una clave para entender el problema al decir que no debemos amar al mundo (4:4–5). Los cristianos a quienes Jacobo escribe han querido identificarse con el mundo. Han querido eliminar las distinciones para que no les sigan molestando. Jacobo les advierte que al tratar de establecer la amistad con el mundo tratan de hacer alianza con quienes quieren eliminar a su Dios.
En nuestro caso también, el problema puede ser que somos “ateos” prácticos, es decir, que vivimos como si Dios no existiera, aunque creemos en El. Así hacemos una alianza con el mundo para dejar a un lado a Dios.
Nosotros muchas veces pensamos de la misma manera que los demás. Ya no hay mucha diferencia entre nosotros y el mundo. Nosotros también ponemos el énfasis en lo material, buscamos más para nosotros mismos y cada uno quiere salirse con la suya.
En lugar de tratar de hacer paz con el mundo, Jacobo les llama a una mayor confianza en el Señor frente a la persecución. La fe que él quiere ver es una fe viva, que se manifieste en su vida diaria. Al producirse esta clase de fe, se observará una diferencia en su relación con los otros hermanos porque la fe viva produce paz, tanto interna, como externa, en las relaciones con los hermanos.

¡Pensemos!

Antes de considerar las soluciones al problema que Santiago sugiere, meditemos un momento en la gravedad del problema. Señale algunas de las evidencias de que somos “ateos de práctica”. ¿Cuáles de las actitudes y actividades del mundo observa usted en su propia vida, o en la de los hermanos que usted conoce?

EL RECURSO DIVINO 3:13–18
Al buscar la solución al problema de los pleitos, Jacobo demuestra el contraste entre las dos clases de sabiduría: La sabiduría del hombre (3:14–16) y la sabiduría de Dios (3:17–18). La sabiduría del hombre ve las cosas desde el punto de vista del hombre. Se caracteriza por dos actitudes principales: “¡Yo quiero!” y “¡Yo soy!” Estas actitudes producen las luchas.
La sabiduría de Dios resulta de ver las cosas desde el punto de vista de Dios. Al reconocer la soberanía de Dios y poner los ojos en El, no hay necesidad de luchar. Dios hace todo para nuestro bien, conforme a Su plan para nuestra vida. Esta actitud produce la paz. Ellos deben aprovechar este recurso divino.

LA LUCHA HUMANA 4:1–6
A pesar de esta provisión divina, no la están aprovechando. Jacobo hace la pregunta lógica: “Si la obra de Dios en sus hijos produce paz, ¿De dónde vienen las luchas y pleitos entre ellos mismos?” (4:1)
La realidad para estos hermanos en su aflicción estaba lejos de la paz que la sabiduría de Dios produce. Se caracterizaban por luchas y pleitos.
A pesar de tanta lucha, no estaban contentos. No encontraron lo que buscaban. En el estudio anterior, se señalaron cuatro razones por las cuales ellos no estaban satisfechos (4:1–6):
1. No le piden a Dios lo que necesitan.
2. Sus motivos están equivocados. Buscan su propia comodidad en vez de la voluntad de Dios.
3. Buscan la amistad con el mundo. Quieren encontrar la forma de mantener una buena relación con los de este mundo.
4. Piensan en sí mismos y cómo avanzar su propia causa.
En fin, en vez de buscar lo que Dios quiere para el bien suyo, ellos persiguen sus propios deseos y privilegios. Quieren mejorar su propia situación. Por eso, están frustrados.

LA SOLUCIÓN PARA LOS PLEITOS 4:7–5:6
Después de haber descrito este problema y la fuente del mismo entre los hermanos a quienes escribe, Jacobo nos presenta la solución para el problema de los pleitos. La clave es la SUMISION. Es difícil seguir peleando contra una persona que se somete de verdad a nosotros.
Así que, la solución al problema de los pleitos se encuentra en la sumisión. El autor señala cuatro áreas en las cuales nosotros debemos someternos.
1. Debemos someternos a Dios 4:7–10
2. Debemos someternos los unos a los otros 4:11–12
3. Debemos someter nuestros planes a Dios 4:13–17
4. Debemos someter nuestros bienes a Dios 5:1–6

LA SUMISIÓN AL SEÑOR 4:7–10
La solución para su frustración empieza con la sumisión al Señor. Esta es la esfera principal. Las otras clases de sumisión salen de la sumisión a Dios.
Santiago da una lista de exhortaciones específicas que definen lo que representa la sumisión a Dios. Cada exhortación debe considerarse a la luz de la situación en la cual vivían y los pleitos que les afectaban.
* Tomar la decisión de someternos a Dios 4:7a
En vez de buscar la ganancia personal, deben someterse a Dios y buscar lo que El quiere para ellos. Se deja la actitud de “yo soy” y se sigue la de “El es todo para mí”. Ya no seguir luchando por lo suyo.
* Oponernos al diablo 4:7b
En vez de someterse al plan de Satanás para ellos, lo deben resistir. Satanás quiere que ellos dejen a un lado a Dios y que luchen para encontrar su propia salida de los problemas. Si ellos reconocen el significado de las alternativas y se definen al lado de Dios y Su voluntad para ellos, Satanás los dejará.
* Acercarnos a Dios 4:8a
En vez de seguir el camino equivocado que han seguido, ellos deben buscar a Dios. Al reconocer su necesidad de El, le desearán más que cualquier cosa. Entonces, El se acerca a ellos también. Así se restaura la comunión perdida por la codicia y las peleas.
* Purificarnos del pecado 4:8b
Ellos han fallado al no confiar en el Señor. Han quitado los ojos de El. Por lo tanto, se han identificado con los pecadores de este mundo. Se ha manifestado la codicia y la lucha entre ellos. Deben reconocer su pecado y volver a El para purificación y restauración.
* Decidirnos 4:8c
El problema del doble ánimo es el de no tomar una decisión firme y aceptar las consecuencias de tal decisión. Quisieran identificarse con Dios y Su pueblo. Sin embargo, al darse cuenta del precio elevado que cuesta, tratan de encontrar alguna manera de escaparse. Ellos no deben seguir entre las dos cosas. Tienen que definirse e identificarse con Dios y su camino. Esta decisión podría traer más sufrimiento pero solo así pueden presentarse a Dios con una conciencia limpia.
* Arrepentirnos del pecado 4:9
Deben lamentarse por causa del camino en el cual han andado. Al someterse a Dios, esa búsqueda de deleites personales debe causar tristeza.
* Humillarnos delante de Dios 4:10
El punto de vista de Jacobo es el que al saber el plan de Dios y tratar de escaparnos de él, se manifiesta el orgullo. Se declara así que yo tengo un plan superior al plan de Dios. “¿Por qué no puede Dios hacerlo a mi manera? Así saldría mucho mejor”. Deben dejar a un lado ese orgullo. Deben dejar esa actitud de “yo soy” y someterse a Dios y a Su plan para el bien verdadero de ellos.

Cuando ellos pongan en práctica estos principios, Dios les exaltará y ellos encontrarán la satisfacción que buscan.

¡Pensemos!

Las características señaladas no se encuentran en el mundo. El mundo no quiere someterse a Dios. Por lo tanto, no muestra las actitudes que acompañan tal sumisión. Tomemos un momento para evaluar nuestra propia vida. ¿Somos diferentes del mundo? ¿Se encuentran estas actitudes en nuestra vida?
Repase la lista de exhortaciones específicas. Cuando nosotros sufrimos, ¿cuáles de estas características manifestamos? ¿En cuanto a cuáles de ellas debemos trabajar para obedecer las exhortaciones de Jacobo?
¿Qué podemos hacer para que se manifiesten estas actitudes en nuestra iglesia?

LA SUMISIÓN DE LOS UNOS A LOS OTROS 4:11–12
El segundo paso mayor para resolver los conflictos y pleitos es mostrar respeto el uno por el otro. Lo más fácil, especialmente cuando estamos bajo presión en medio de aflicción, es criticar y juzgar a los demás.
Se critica a la gente que pertenece a dos grupos. Se critica a los que nos hacen sufrir. Al quejarse así no se da cuenta de que la fuente de todo lo que ocurra en nuestra vida es Dios. El manda estas experiencias para nuestro bien (1:2–4, 17–20).
Además de los que nos hacen sufrir, criticamos también a quienes no sufren tanto como nosotros. Ellos deben ser “menos espirituales” que nosotros. O, tal vez, están haciendo arreglos con los del mundo para que todo salga mejor.
Debemos dejar de criticarnos y juzgarnos el uno al otro. No debemos “murmurar”. La palabra empleada en este pasaje incluye el concepto de criticar o chismear. No debemos dedicarnos a tales actividades. Al hacer esto, ya no seguimos la ley del amor. Somos transgresores de la ley porque no amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Dios es el único Juez verdadero. El les juzgará con justicia y les dará a cada uno lo que merece. No nos toca a nosotros juzgar a los demás.
Al mundo no le gusta este principio. No quieren someterse los unos a los otros. Prefieren criticarse. Muchas veces nosotros también caemos en esta trampa. Alguien a dicho: “Acusar a los hermanos es el trabajo del diablo; dejémosle este trabajo a él”. Nosotros no debemos hacer el trabajo de Satanás.

¡Pensemos!

¿Bajo cuáles circunstancias estamos dispuestos a criticar a los demás? ¿Hemos caído en una de las dos trampas para los criticones señaladas antes? ¿Cómo reaccionamos con los demás cuando nosotros estamos sufriendo?
¿Cuáles pasos debe tomar para corregir este problema? Señale algún paso que puede tomar esta semana. Decida frente a Dios tomar el primer paso indicado.

DEPENDENCIA DEL SEÑOR 4:13–5:6
El tercer paso para resolver los conflictos y pleitos es la dependencia total del Señor.
-No de sus propios planes 4:13–17
-No de su propio dinero 5:1–6
Estos dos aspectos del tercer paso se estudiarán en las próximas dos lecciones.

APLICACIÓN
Volvámonos a la pregunta inicial de este estudio. ¿Se observa alguna diferencia mayor entre nuestras actitudes y las del mundo? ¿Qué diferencia hace el Espíritu Santo en nuestra vida?
¿Estamos dispuestos a someternos a Dios? ¿a los demás?

Porter, R. (2003). Estudios Bı́blicos ELA: Cuando aumenta la presión (Santiago) (pp. 58–65). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

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