LA SALVACIÓN ES ABSOLUTAMENTE DIVINA

Lumbrera

LA SALVACIÓN ES ABSOLUTAMENTE DIVINA 

A.W.PINK 

La divinidad absoluta de Dios se ve en la salvación. La propiedad absoluta e irresistible de Dios ha sido y está siendo expuesta en el ámbito espiritual de un modo tan manifiesto como en el natural. A Isaac se le bendice pero a Ismael se le maldice. Jacob es amado pero Esaú aborrecido. Israel se convierte en el pueblo favorecido de Dios mientras que a todas las demás naciones se les dejó en la idolatría. Los siete hijos de Isaí fueron todos pasados por alto y se halló que David, el niño pastor, era conforme al corazón de Dios. El Salvador cargó en él «la descendencia de Abraham» (Heb 2:16), no la descendencia de Adán. Su ministerio no alcanzaría a todo el mundo sino que se limitó al pueblo escogido de Dios. Los orgullosos fariseos fueron rechazados mientras que los publicanos y las rameras fueron dulcemente obligados por la gracia soberana a participar en la fiesta del evangelio. Al joven rico, que desde su juventud había guardado los mandamientos, se le permitió alejarse de Cristo ‘dolido’, aunque lo había buscado con verdadera sinceridad y humildad, mientras que a la mujer samaritana que había caído (Jn 4), y que no lo buscó, se le hace gozarse en el perdón de sus pecados. En la cruz dos ladrones colgaban junto a Cristo; eran igualmente culpables, estaban igualmente necesitados, estaban igualmente cerca de él. Uno de ellos es movido a clamar: «Señor, acuérdate de mí» y es llevado al paraíso, mientras que el otro padece la muerte en sus pecados y se hunde en una eternidad sin esperanza. Muchos son llamados, pero pocos son los escogidos.

Sí, la salvación es la obra soberana de Dios. «Dios no salva a un hombre porque sea un pecador, porque si así fuera debería salvar a todos los hombres porque todos son pecadores. No porque venga a Cristo, porque ‘ningún hombre puede venir a Él a menos que el Padre lo atrajere’; ni tampoco porque se
arrepienta, porque ‘Dios da el arrepentimiento para vida’; no porque crea, ‘porque nadie puede creer excepto
 que le sea
 dado de arriba’; ni tampoco porque se mantenga fiel hasta el final porque ‘somos guardados por el poder de Dios’. No es por el bautismo porque muchos se salvan sin él y muchos se pierden con él. No es por la regeneración porque eso haría del nuevo nacimiento un deber práctico. No es por la moralidad porque el moralista es el más difícil de alcanzar y muchos de los más inmorales son salvados. La base de la gracia distintiva es la soberanía de Dios: ‘Sí, Padre, porque así te agradó’» (Citando a J. B. Moody).

Pero, ¿es Dios parcial? Contestamos: ¿No tiene el derecho de serlo? Una vez más citamos del sermón del Sr. Spurgeon: «La prerrogativa real»:

«Hablando espiritualmente esta prerrogativa también le pertenece a Dios. Por naturaleza estamos bajo la condenación de la ley a causa de nuestros pecados y somos como criminales juzgados, convictos y sentenciados para ir a la muerte. A Dios le toca, como el gran Juez, ver que la sentencia se ejecute o emitir un perdón gratuito según le plazca; y Él nos hará saber que este asunto depende de su suprema voluntad. Escucho la siguiente sentencia tronar sobre las cabezas de un universo de pecadores: ‘Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca’. Los hombres están confinados a morir por sus pecados y depende de Dios perdonar a quien Él desee; nadie tiene ningún derecho al favor de Dios, el cual es conferido por mera prerrogativa porque Él es el Señor Dios, misericordioso y clemente y que se deleita en pasar por alto la transgresión y el pecado».

Cuán lejos se han apartado los admiradores actuales de Spurgeon de la enseñanza de este príncipe de los predicadores…

A. W. Pink

Extracto de: La Divinidad de Dios

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El pecado que lleva a la muerte y la blasfemia contra el Espíritu Santo

Soldados de Jesucristo Blog

El pecado que lleva a la muerte y la blasfemia contra el Espíritu Santo

Por Augustus Nicodemus Lopes

No son pocos los predicadores de línea pentecostal que amenazan a los críticos de las actuales “manifestaciones espirituales” de cometer el pecado sin perdón, la blasfemia contra el Espíritu Santo. Pero, ¿será? El pecado que lleva a la muerte es mencionado por Juan en su primera carta: “Hay un pecado que lleva a la muerte; yo no digo que deba pedir por ése” (1 Jn. 5:16).

La muerte a la que Juan se refiere es la muerte espiritual eterna, la condenación final e irrevocable determinada por Dios, teniendo como castigo el sufrimiento eterno en el infierno. Todos los demás pecados pueden ser perdonados, pero el “pecado de muerte” acarrea de forma inexorable la condenación eterna de quien lo comete, a tal punto que el apóstol dice: “yo no digo que deba pedir por ése”. Y el apóstol continúa: “Toda injusticia es pecado; y hay pecado que no lleva a la muerte” (1 Jn. 5:17).

Juan no está sugiriendo que la distinción entre pecado mortal y pecado no mortal implique la existencia de pecados que no sean tan graves. Todo pecado es contra el Dios justo, contra su justicia; por lo tanto, todo pecado trae la muerte, que es la pena impuesta por Dios contra el pecado. Pero, para que sus lectores no queden aterrorizados, Juan explica que hay pecado que no lleva a la muerte (5:17). No todo pecado es el pecado mortal. Hay perdón y vida para los que no pecan para muerte. El Señor mismo invita a su pueblo a buscar el perdón que él concede:

Venid ahora, y razonemos —dice el Señor— aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán.. (Is. 1:18).

¿Qué es, entonces, el pecado que lleva a la muerte? El apóstol Juan no declara explícitamente a qué tipo de pecado se refiere. A través de los siglos, los estudiosos cristianos han intentado responder a esta pregunta. Algunos han entendido que Juan se refiere a la muerte física, y han sugerido que se trata de pecados que eran castigados con la pena de muerte conforme está en el Antiguo Testamento (Lv. 20:1-27Nm. 18:22). No serviría orar por los que cometieron pecados castigados con la muerte, pues serían ejecutados de cualquier forma por la autoridad civil. O bien, se trataba de pecados que el propio Dios castiga con la muerte aquí en este mundo, como lo hizo con los hijos de Elí (2 S. 2:25), con Ananías y Safira (Hch. 5:1-11) y con algunos miembros de la iglesia de Corinto que profanaban la Cena (1 Co. 11:30Ro. 1:32).

La Iglesia Católica Romana hizo una clasificación de pecados veniales y pecados mortales, incluyendo en los últimos los famosos siete pecados capitales, como asesinato, adulterio, glotonería, mentira, blasfemia, idolatría, entre otros. Este tipo de clasificación es totalmente arbitraria y no tiene apoyo en las Escrituras.

La interpretación que nos parece más correcta es que Juan se refiere a la apostasía, que en el contexto de sus lectores significaría abandonar la doctrina apostólica que habían oído y recibido, y seguir la enseñanza de los falsos maestros, que negaba la encarnación y la divinidad del Señor Jesús. “Se puede inferir del contexto que este pecado no es una caída parcial o la transgresión de un determinado mandamiento, sino apostasía, por la cual las personas se separan completamente de Dios” (Calvino).

Se trata, pues, de un pecado doctrinal, cometido de forma voluntaria y consciente, similar al pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo, cometido por los fariseos, y que el Señor Jesús declaró que no habría perdón al que lo cometiera, ni en este mundo ni en el mundo venidero (cf. Mt. 12:32Mr. 3:29Lc. 12:10). En ambos casos, hay un rechazo consciente y voluntario de la verdad que ha sido claramente expuesta.

En el caso de los lectores de Juan, la apostasía sería más profunda, pues habrían participado de las iglesias cristianas, como si fueran cristianos, participado de las ordenanzas del bautismo y de la Cena, participado de los medios de gracia. Al igual que los falsos maestros que, antes, habían sido miembros de las iglesias, apostatar sería salir de ellas (2:19), y unirse a los predicadores gnósticos y abrazar su doctrina, que consistía en una negación de Cristo.

Tal pecado “lleva a la muerte” por su propia naturaleza, que es el rechazo final y decidido de aquel único que puede salvar, Jesucristo. “Este pecado lleva a quien lo comete inexorablemente a un estado de incorregible embotamiento moral y espiritual, porque pecó voluntariamente contra la propia conciencia” (John Stott).

Probablemente es sobre personas que apostataron de esta manera que el autor de Hebreos escribió, diciendo:

Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública (He. 6:4-6).

Él describe esta situación como un vivir deliberado en el pecado después de recibir el pleno conocimiento de la verdad:

Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda expectación de juicio, y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios. (He. 10:26-27).

Este pecado es descrito como profanar la sangre de la alianza con que fue santificado el pecador y ultrajar el Espíritu de la gracia (He. 10:29), un lenguaje que claramente apunta a la blasfemia contra el Espíritu y la negación de Jesús como Señor y Cristo (ver también 2 Pedro 2:20-22, donde el apóstol Pedro se refiere a los falsos maestros). No es sin razón que el apóstol Juan desaconseja pedir por quien pecó de esa forma.

Alguien puede preguntar si Dios cierra la puerta del perdón si las personas que pecaron para muerte se arrepienten. Tales personas, sin embargo, no pueden arrepentirse. No lo desean. Y, además, el Señor determinó su condenación, hasta el punto que Juan no aconsejó que oráramos por ellas. “Tales personas fueron entregadas a un estado mental reprobable, están destituidas del Espíritu Santo, y no pueden hacer otra cosa que, con sus mentes obstinadas, volverse peores y peores, añadiendo más pecado a su pecado” (Calvino).

Notemos que en estos versículos Juan no llama “hermano” al que peca para muerte. Sólo declara que hay pecado que lleva a la muerte y que no recomienda orar por los que lo cometen. Es evidente que los nacidos de Dios jamás podrán cometer este pecado.

Por lo tanto, no se impresione con las amenazas de pastores del tipo “usted está blasfemando contra el Espíritu Santo” si lo que usted está haciendo es simplemente preguntando qué base bíblica hay para caerse en el Espíritu, reírse en el Espíritu, y otras “manifestaciones” atribuidas al Espíritu Santo.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.Contáctanos: contacto@sdejesucristo.org

20 – FINALMENTE… UNA PALABRA DE PARTE DE DIOS

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

20 – FINALMENTE… UNA PALABRA DE PARTE DE DIOS

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org

Texto: Job 38:1-4
Dios finalmente decide hablarle a Job, pero no lo hace de la forma que esperaríamos. En vez de mostrarle compasión y darle una explicación, Dios responde de una manera que lo sorprenderá…

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Por qué la Reforma sigue siendo importante

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Por qué la Reforma sigue siendo importante

Michael Reeves

El 31 de octubre de 2016, el papa Francisco anunció que después de quinientos años, los protestantes y los católicos ahora «tienen la oportunidad de reparar un momento crítico de nuestra historia yendo más allá de las controversias y desacuerdos que a menudo nos han impedido entendernos». Al leer esto, da la impresión de que la Reforma fue una disputa desafortunada e innecesaria por tonterías, un arrebato infantil que todos podemos dejar atrás ahora que hemos crecido.  

Pero dile eso a Martín Lutero, quien sintió tal liberación y gozo al redescubrir la justificación por la fe sola que escribió: «Sentí que había nacido de nuevo y que había entrado en el paraíso mismo por puertas abiertas». Díselo a William Tyndale, a quien le parecieron noticias tan «felices, alegres y gozosas» que lo hicieron «cantar, bailar y saltar de alegría». Díselo a Thomas Bilney, quien descubrió que le proporcionaba «consuelo y reposo maravillosos, tanto así que mis huesos magullados saltaron de alegría». Es evidente que esos primeros reformadores no lo vieron como un pleito juvenil, sino como el descubrimiento de buenas nuevas de gran gozo.

BUENAS NOTICIAS EN 1517

A principios del siglo XVI, Europa llevaba ya unos mil años sin una Biblia que la gente pudiera leer. Por tanto, Thomas Bilney nunca se había encontrado con las palabras: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Tim 1:15). En lugar de comunicarles la Palabra de Dios, se les decía que Dios es un Dios que capacita a las personas para que se ganen su propia salvación. Como solía decir uno de los maestros de la época: «Dios no le negará Su gracia a los que dan lo mejor de sí». Sin embargo, lo que ellos presentaban como palabras de ánimo le dejaba un sabor amargo a todos los que las tomaban en serio. ¿Cómo puede uno estar seguro de haber hecho el mejor esfuerzo? ¿Cómo puede uno saber si se ha convertido en el tipo de persona justa que merece la salvación?

Martín Lutero ciertamente lo intentó. Escribió: «Era un buen monje y mantuve mi orden tan estrictamente que de ser posible que un monje entrara al cielo mediante la disciplina monástica, yo debería haber entrado». Sin embargo, encontró lo siguiente:

Mi conciencia no me daba certeza sino que siempre dudaba y decía: «No lo hiciste bien. No estuviste suficientemente contrito. Dejaste eso fuera de tu confesión». Cuanto más trataba de remediar una conciencia incierta, débil y atribulada con tradiciones humanas, más aumentaba mi incertidumbre, mi debilidad y mi tribulación.

Según el catolicismo romano, Lutero tenía razón al no estar seguro del cielo. Mostrar esa confianza en tener un lugar en el cielo se consideraba una presunción errada, y fue uno de los cargos formulados contra Juana de Arco en su juicio en 1431. Allí, los jueces proclamaron:

Esta mujer peca cuando dice estar tan segura de que será recibida en el Paraíso como si ya fuera partícipe de… la gloria, pues en este camino terrenal ningún peregrino sabe si es digno de gloria o de castigo, algo que solo sabe el Juez soberano.

Ese juicio tenía mucho sentido dentro de la lógica del sistema: si solo podemos entrar al cielo porque (por la gracia habilitadora de Dios) nos hemos vuelto personalmente dignos de él, entonces es obvio que nadie puede estar seguro. Según esa línea de razonamiento, si no puedo afirmar que no tengo pecado, no puedo afirmar que iré al cielo.

Esa fue la razón por la que, siendo un estudiante, el joven Martín Lutero gritó de miedo cuando casi fue alcanzado por un rayo en una tormenta eléctrica. A él le aterrorizaba la muerte, pues sin el conocimiento de la gracia y la suficiencia de la salvación de Cristo, sin el conocimiento de la justificación que es por la fe sola, no tenía esperanza de ir al cielo.

Y fue por eso que su redescubrimiento en las Escrituras de la justificación que es por la fe sola se sintió como entrar al paraíso a través de puertas abiertas. Significaba que, en lugar de toda su angustia y terror, ahora podía escribir:

Cuando el diablo nos arroja nuestros pecados y declara que merecemos la muerte y el infierno, debemos hablar así: «Admito que merezco la muerte y el infierno. ¿Y qué? ¿Significa esto que seré sentenciado a una condenación eterna? De ninguna manera. Porque conozco a Uno que sufrió y proveyó satisfacción por mí. Su nombre es Jesucristo, el Hijo de Dios. Donde Él esté, allí estaré yo también».

Y fue por eso que la Reforma le dio a la gente un gusto por los sermones y por la lectura de la Biblia. Poder leer las palabras de Dios y ver en ellas tan buenas nuevas de que Dios salva a los pecadores, no sobre la base de lo bien que se arrepientan sino por Su propia gracia, fue como un rayo de luz solar en el mundo gris de la culpa religiosa.

BUENAS NOTICIAS EN 2017

Durante los últimos quinientos años no se han desvanecido ni la hermosura ni la relevancia de las ideas de la Reforma. Las respuestas a las mismas preguntas claves todavía marcan la diferencia entre la desesperanza y la felicidad humanas. ¿Qué me pasará cuando muera? ¿Cómo puedo saberlo? ¿Es la justificación el don de un estatus justo (como argumentaron los reformadores) o un proceso para uno volverse más santo (como afirma Roma)? ¿Puedo confiar plena y únicamente en Cristo para ser salvo, o mi salvación depende también de mis propios esfuerzos y mi éxito en la santidad?

Lo que casi siempre hace que la gente se confunda y vea la Reforma como un evento histórico que quedó en el pasado es la idea de que fue solo una reacción a algún problema del día. Pero cuanto más se mira, más claro se vuelve: la Reforma no fue principalmente un movimiento negativo para alejar a las personas de Roma y de su corrupción; fue un movimiento positivo para acercarlas al evangelio. Y eso es precisamente lo que preserva la vigencia de la Reforma hoy en día. Si la Reforma hubiera sido una mera reacción a una situación histórica hace quinientos años, uno esperaría que hubiera terminado. Pero como programa para acercarnos cada vez más al evangelio, no puede terminar.

Durante los últimos quinientos años no se han desvanecido ni la hermosura ni la relevancia de las ideas de la Reforma.

Otra objeción es que el enfoque de la cultura actual en el pensamiento positivo y la autoestima ha eliminado la percepción de necesidad que debe tener todo pecador de ser justificado. En la actualidad no vemos a muchas personas vestidas de cilicio ni haciendo vigilias de oración durante noches heladas para ganarse el favor de Dios. Por esto, el problema de Lutero de ser torturado por su culpa ante el Juez divino se descarta como un problema del siglo XVI, y su solución de la justificación por la fe sola se descarta como innecesaria para nosotros hoy.

Pero es precisamente en este contexto que la solución de Lutero resuena como una noticia tan feliz y relevante. Al descartar la idea de que podríamos ser culpables ante Dios y, por lo tanto, necesitar Su justificación, nuestra cultura ha sucumbido al viejo problema de la culpa de maneras más sutiles y no tiene los medios para solucionarlo. Hoy en día, todos somos bombardeados con el mensaje de que nos amarán más cuando nos hagamos más atractivos. Puede parecer que eso no está relacionado con Dios, pero sigue siendo una religión de obras y una que está profundamente arraigada en el ser humano. Por eso, la Reforma contiene las buenas noticias que más brillan. Lutero pronuncia palabras que atraviesan la penumbra como un rayo de sol glorioso y completamente inesperado:

El amor de Dios no encuentra lo que le agrada sino que lo crea…. En lugar de buscar su propio bien, el amor de Dios fluye y otorga el bien. Por tanto, los pecadores son atractivos porque son amados; no son amados porque sean atractivos.

UNA VEZ MÁS, HA LLEGADO LA HORA

Quinientos años después, la Iglesia católica romana aún no ha sido reformada. A pesar de todo el cálido lenguaje ecuménico utilizado por tantos protestantes y católicos romanos, Roma todavía repudia la justificación que es por la fe sola. Entienden que pueden hacerlo porque no ven las Escrituras como la autoridad suprema a la que deben conformarse los papas, los concilios y las doctrinas. Y debido a que las Escrituras están tan relegadas, no se fomenta la alfabetización bíblica y, por lo tanto, millones de católicos romanos todavía se mantienen alejados de la luz de la Palabra de Dios.

Fuera del catolicismo romano, la doctrina de la justificación que es por la fe sola es evitada rutinariamente por ser considerada insignificante, errada o desconcertante. Algunas nuevas perspectivas sobre lo que el apóstol Pablo quiso decir con justificación, especialmente cuando han tendido a desviar el énfasis de cualquier necesidad de conversión personal, solo han confundido más a las personas, y han abandonado o comprometido precisamente el artículo que Lutero había dicho que no podían renunciar ni comprometer.

Ahora no es momento de ser tímido en cuanto a la justificación o la autoridad suprema de las Escrituras que la proclaman. La justificación por la fe sola no es una reliquia de los libros de historia; hoy permanece como el único mensaje que realmente libera, el mensaje con el poder más profundo para hacer que los humanos se desarrollen y florezcan. Da seguridad ante nuestro Dios santo y convierte a los pecadores que intentan comprar a Dios en santos que le aman y le temen.

¡Y cuántas oportunidades tenemos para difundir esta buena noticia hoy! Hace quinientos años, la invención de Gutenberg de la imprenta significó que la luz del evangelio podría viajar a una velocidad nunca antes vista. Las Biblias de Tyndale y los tratados de Lutero podrían publicarse por miles. Hoy en día, la tecnología digital nos ha dado otro momento como ese en Gutenberg, y el mismo mensaje ahora se puede difundir a velocidades que Lutero nunca podría haber imaginado.

Tanto las necesidades como las oportunidades son tan grandes como hace quinientos años; de hecho, son mayores. Así que imitemos la fidelidad de los reformadores y sostengamos en alto el mismo evangelio maravilloso, porque no ha perdido nada de su gloria ni de su poder para disipar nuestras tinieblas.

Este artículo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
Michael Reeves
Michael Reeves

El Dr. Michael Reeves es presidente y profesor de teología en Union School of Theology en Gales. Es autor de varios libros, incluyendo Rejoicing in Christ [Regocijo en Cristo]. Es el profesor destacado de la serie de enseñanza de Ministerios Ligonier The English Reformation and the Puritans [La Reforma inglesa y los puritanos].

Cómo debemos luchar por la santidad

Soldados de Jesucristo

Junio 22/2021

Solid Joys en Español

 Cómo debemos luchar por la santidad

John Piper

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¿Perdona Dios al más grande pecador? (2)

Martes 22 Junio

Por amor de tu nombre, oh Señor, perdonarás también mi pecado, que es grande. Salmo 25:11

¿Perdona Dios al más grande pecador? (2)

Respondimos al preso, cuya carta leímos ayer. Unas semanas después recibimos la siguiente contestación:

“Usted no se imagina con cuánta alegría recibí su carta, pero más gusto me dio su contenido. A medida que iba leyendo, mis ojos se llenaban de lágrimas, pero creo que no eran lágrimas de tristeza, sino de alegría, porque supe que Dios me perdonaría. ¿Verdad que sí?

Desde que recibí su carta la he leído y la sigo leyendo día y noche, para que cada una de sus palabras me quede grabada; he pedido perdón a Dios por todos mis pecados, aunque le confieso que hasta la fecha nunca me había arrodillado. No puedo contener mis lágrimas cada vez que lo hago, porque Dios es bueno y yo soy muy malo; me siento indigno de pronunciar el Nombre de Dios con mis labios…

Hoy le contesto su carta con alegría, porque he encontrado dos verdaderos amigos: Dios y usted. Ya no me importa haber perdido mis amistades.

Aprovecho esta correspondencia para darle una noticia: mi esposa también leyó su carta, y los dos lloramos pidiéndole a Dios el perdón de nuestros pecados. Ahora, estudiando la Biblia que usted me mandó, mi esposa y yo esperamos comprender el verdadero camino”.

Y usted, ¿ya experimentó el perdón de Dios? ¡No espere más tiempo!

“El publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado… porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:13-14).

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Verdadera Iglesia

Evangelio Blog

La Verdadera Iglesia

J.C. Ryle

Yo deseo que pertenezcas a la única Iglesia Verdadera: a la Iglesia fuera de la cual no hay salvación. No pregunto a dónde asistes los domingos sino pregunto si ‘¿Perteneces a la única Iglesia Verdadera?” 

¿Dónde se encuentra esta única Iglesia verdadera? ¿Cómo es esta Iglesia? ¿Cuáles son las características por las cuales se puede reconocer esta única Iglesia verdadera? Quizás me hagas tales preguntas. Escucha bien y te daré algunas respuestas al respecto. 

La única Iglesia verdadera se compone de todos los creyentes del Señor Jesús. Se compone de todos los elegidos de Dios -de todos los hombres y mujeres convertidos -de todos los cristianos verdaderos. A cualquier persona que se le manifiesta la elección de Dios el Padre, la sangre vertida de Dios el Hijo, la obra santificadora de Dios el Espíritu, lo consideramos como un miembro de la Iglesia verdadera de Cristo. 

Es una Iglesia en la cual todos los miembros poseen las mismas características. Todos son nacidos del Espíritu; todos poseen “un arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo,” y santidad de vida y conversación. Todos odian el pecado y todos aman a Cristo. Adoran en diferentes maneras; algunos adoran con una forma de oración, y otros sin ninguna; otros adoran hincados y otros en pie; pero todos adoran con un sólo corazón. Todos son guiados por un mismo Espíritu; todos edifican sobre el mismo cimiento; todos derivan su religión de un sólo libro la Biblia. Todos están unidos a un mismo eje-Jesucristo. Todos aun ahora pueden decir con un corazón, “Aleluya;” y todos pueden responder con un corazón y una sola voz, “Amén y Amen. 

Es una Iglesia que no depende de ningún ministro aquí en la tierra, aunque sí estima mucho a aquellos que predican el evangelio a sus miembros. La vida de sus miembros no depende de la membresía oficial de la Iglesia, ni del bautismo ni de la cena del Señor aunque también estiman mucho estas cosas cuando, se pueden practicar. Pero sólo posee un Líder Supremo un Pastor, un obispo principal -y ese es, Jesucristo. Sólo Él, por medio de su Espíritu, da la entrada a los miembros de esta Iglesia, aunque los ministros les pueden indicar la entrada. Hasta que Él abra la puerta ningún hombre en la tierra la puede abrir-ni obispos, ni presbíteros, ni convocaciones, ni sínodos. Una vez que un hombre se arrepiente y cree en el evangelio, se convierte en ese momento en un miembro de esta Iglesia. Es posible que como el ladrón penitente no tenga la oportunidad de bautizarse, pero él sí tiene aquello que es mucho mejor que el bautismo en el agua eI bautismo del Espíritu. Puede ser que no pueda recibir el pan y el vino en la Cena del Señor; pero él come del cuerpo de Cristo y bebe de la sangre de Cristo todos los días de su vida, y ningún ministro en la tierra se lo puede impedir. Puede ser excomulgado por hombres ordenados y cortado de las ordenanzas externas de la Iglesia protestante: pero ni todos los hombres ordenados en el mundo lo pueden sacar de la única verdadera Iglesia. 

Es una Iglesia cuya existencia no depende de formas, ceremonias, catedrales, iglesias, capillas, púlpitos, bautismales, vestimentas, órganos, fundaciones, dinero, reyes, gobiernos, magistrados ni de ningún favor de parte del hombre. Muchas veces ha sobrevivido y continuado cuando todas estas cosas le han sido quitadas. Muchas veces se ha escapado de aquellos que debían de ser sus amigos al desierto y a las cuevas en la tierra. Su existencia no depende de nada sino la presencia de Cristo y de su Espíritu; y como éstos estarán siempre con ella, la Iglesia no puede morir. 

Esta es la Iglesia a la cual pertenecen los títulos bíblicos de honra y privilegio presentes, y sus promesas de gloria futura; éste es el cuerpo de Cristo; éste es el rebaño de Cristo; ésta es la casa de fe y la familia de Dios; éste es el edificio dc Dios, el cimiento de Dios, y el templo del Espíritu Santo. Esta es la Iglesia de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo; éste es el sacerdocio real, la generación escogida, el pueblo escogido, la posesión adquirida, la habitación de Dios, la luz del mundo, la sal y el trigo de la tierra; ésta es “la santa Iglesia Católica” del Credo de los Apóstoles; ésta es la “única Iglesia Católica y Apostólica” de Credo de Nicea; esta es la Iglesia a la cual Cristo prometió que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella,” 5 y a la cual dice, “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 16:18; 28:) 

Esta es la única Iglesia que posee una verdadera unidad Sus miembros están completamente de acuerdo respecto a los asuntos más importantes de la religión, porque todos son enseñados por un mismo Espíritu. En cuanto a Dios, a Cristo, el Espíritu, al pecado, a sus propios corazones, a la fe, al arrepentimiento, a la necesidad de la santidad, al valor de la Biblia, a la importancia de la oración, a la resurrección y al juicio venidero están de acuerdo. Escoge a tres o a cuatro de ellos, sin conocerse, de las regiones más aisladas de la tierra y examínalos individualmente sobre estos puntos y verás que serán de un mismo corazón. 

Esta es la única Iglesia que posee la verdadera santidad. Todos sus miembros son santos. No sólo son santos en palabra, en nombre o en el sentido de caridad; todos son santos en acto y hecho, en realidad, en su vida diaria y en la verdad. Todos están más o menos conforrnados a la imágen de Jesucristo. Ningún hombre impío pertenece a esta Iglesia. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente católica. No es la Iglesia nacional de alguna nación o raza: sus miembros se encuentran en cada región del mundo donde el evangelio es recibido y creído. No está limitada a las fronteras de cierto país ni encerrada dentro de la estructura de formas particulares ni de un gobierno externo. En ella no hay diferencia entre judío o griego, negro o blanco, piscopaliano o Presbiteriano pero la fe en Cristo es todos. Sus miembros serán juntados del norte, del sur, y del oriente y del occidente, y todos tendrán dife rentes nombres y lenguas-pero todos serán uno en Jesucristo. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente apostólica. Está edificada sobre los cimientos echados por los Apóstoles, y sostiene las doctrinas que ellos predicaban. Las dos metas que sus miembros; procuran realizar son, la fe y la práctica apostólicas; y ellos consideran que el hombre que sólo habla de seguir a los apóstoles sin poseer estas cosas, no es mejor que un metal que resuena o címbalo que retiñe. 

Esta es la única Iglesia que con certeza perdurará hasta el final. Nada puede vencerla o destruirla del todo. Sus miembros pueden ser perseguidos, oprimidos, encarcelados, golpeados, decapitados, y quemados, pero la verdadera Iglesia nunca es eliminada; vuelve a surgir nuevamente de sus aflicciones sobrevive el fuego y el agua. Cuando la aplastan en un país brota en otro. Los Faraones, los Herodes, los Neros, las Marías sangrientas, han luchado por eliminar esta Iglesia; ellos matan sus miles y luego se mueren y van a su lugar. La verdadera Iglesia dura más que todos ellos, y es testigo de la muerte de éstos. Es un yunque que ha quebrado muchos martillos en este mundo, y aún seguirá quebrando más. Es una zarza que arde muchas veces pero no se consume. 

Esta es la única Iglesia de la cual ningún miembro perecerá. Una vez que uno se matricula en’ esta Iglesia, sus pecados están perdonados por la eternidad; nunca son echados fuera. La elección de Dios el Padre, la intercesión continua de Dios el Hijo, la renovación diaria y el poder santificador de Dios el Espíritu Santo, los rodea y los encierra como en un jardín. Ningun hueso del cuerpo místico de Cristo será roto; ningún cordero del rebaño de Cristo le será arrebatado de la mano. 

Esta es la Iglesia que desempeña el trabajo de Cristo en la tierra. Sus miembros son un pequeño rebaño y pocos en número, comparados con los hijos del mundo: uno cuantos aquí, otros tantos allá-unos cuantos en esta parroquia y otros tantos allá. Pero estos son los que sacuden el universo; éstos son los que cambian el destino de gobiernos con sus oraciones; éstos son los que son los obreros activos para difundir el conocimiento de la religión pura y sin mácula; éstos son los que son la misma vida de un país, el escudo, la defensa, la resistencia y el apoyo de cualquier nación a la cual pertenecen. 

Esta es la Iglesia que será verdaderamente gloriosa al final Cuando toda la gloria terrenal se termine entonces esta Iglesia será presentada sin mancha delante del trono de Dios el Padre. Los tronos, los principados, y los poderes en la tierra llegarán a la nada todos los dignatarios, los oficios y las fundaciones pasarán; pero la Iglesia de los primogénitos brillará como las estrellas al fin y será presentada con gozo delante del trono del Padre en el día de la apariencia de Cristo. Cuando las joyas del Señor se preparen y suceda la manifestación de los Hijos de Dios, no se mencionarán el Episcopalianismo ni el Presbiterianismo ni el Congregacionalismo sino una sola Iglesia y ésa será la Iglesia de los elegidos. 

Lector, esta es la iglesia verdadera a la cual uno necesita pertenecer si has de ser salvo. Hasta que pertenezcas a ésta no eres nada mas que un alma perdida. Puedes tener la forma, la cáscara, la piel y la semblanza de la religión pero no posees la substancia y la vida. Sí, puedes gozar de muchos privilegios y puede ser que estés dotado con mucha luz y conocimiento pero sino perteneces al Cuerpo de Cristo, tu luz y tu conocimiento y privilegios no salvarán tu alma. ¡Ay, cómo hay ignorancia sobre este punto! Los hombres se imaginan que si se unen a esta iglesia o a aquella y se convierten en miembros y hacen ciertos ritos que sus almas están bien. Es un engaño total y es un error muy grave. No todos aquellos que se Ilamaban Israel eran de Israel, ni tampoco todos aquellos que profesan ser cristianos son miembros del cuerpo de Cristo. 

Nota bien; puede ser que seas Episcopaliano, Presbiteriano Independiente, Bautista, Metodista o Pentecostal y aún un pertenecer a la iglesia verdadera. Y si no perteneces, al final seria mejor que no hubieras nacido. 

Apartado para morir y vivir

Esclavos de Cristo

Apartado para morir y vivir — Burk Parsons

Abraham Serey

«Cuando Cristo llama a un hombre, le ordena venir y morir». Dietrich Bonhoeffer tenía unos treinta años cuando escribió estas palabras en su obra clásica El Precio del Discipulado. Ocho años más tarde fue ejecutado por sus crímenes contra el Tercer Reich. El médico de la prisión quién fue testigo de la ejecución de Bonhoeffer escribió, «En los casi cincuenta años que trabajé como médico, difícilmente he visto morir a un hombre tan completamente sumiso a la voluntad de Dios.» Las palabras del médico no podrían haber sido más apropiadas para describir no sólo la manera en que Bonhoeffer se sometió a Dios en la muerte sino también la manera como se sometió a Dios en vida. Durante su vida y en su muerte, Bonhoeffer se aferró a una verdad fundamental: ser apartado para Dios es ser apartado para morir, morir al pecado, al libre albedrío, y a la vida misma – a tomar diariamente nuestras cruces y vivir para Cristo y abrazar la verdadera libertad que sólo viene cuando Cristo llama a un hombre a morir y vivir en abundancia en El.

La santificación es una doctrina bíblica muy simple, sin embargo, es tal vez la doctrina más difícil de comprender. En cierto sentido, la santificación es tan simple como entender el lenguaje bíblico de serpuesto aparte, consagrado, o santo. Y en otro sentido, es tan amplio como la aplicación de la Sagrada Escritura a toda la vida y a la adoración. La Asamblea de Westminster nos proporcionó una de las explicaciones más útiles y concisas acerca de la santificación (CSM 35), aún quedan preguntas sobre la naturaleza precisa de la obra de Dios y nuestro trabajo en el Espíritu-el trabajo forjado de la santificación. Mediante la sola gracia a través de la sola fe porque solamente a través de Cristo, es que somos santificados posicionalmente, aunque de alguna manera misteriosa, Dios ha elegido trabajar soberanamente en nosotros, a través de nosotros, y con nosotros para santificarnos progresivamente por Su libre gracia, por medio del arrepentimiento, la fe y la obediencia, que nosotros, podamos morir más y más al pecado y vivir para la justicia.

Sin embargo, a pesar de esto puede existir un cierto grado de misterio con respecto a la forma en que somos santificados en la santidad, sin la cual nadie verá al Señor, lo que sí sabemos es esto: Nuestra santificación se establece en él quién no conoció pecado, pero que se hizo pecado por nosotros y quien murió por nosotros para que nosotros, estando muertos en Él vivamos para él, para que podamos reinar con Él sin el poder o la presencia del pecado en nosotros. Es sólo entonces que nuestros rostros revelan nuestra verdadera y permanente alegría en Aquel que ha hecho una oferta a nosotros para venir y morir, y vivir en él.

Por Burk Parsons sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Tabletalk. Traducción por Jaime Duran.

98 – » El Aborto ¿Crimen o Derecho?»

Entendiendo los Tiempos

Primer Temporada

98 – » El Aborto ¿Crimen o Derecho?»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

Entendiendo Los Tiempos

Las parábolas de la oveja y la moneda perdidas

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús

Las parábolas de la oveja y la moneda perdidas

Por Josh Moody

Nota del editor: Este es el noveno capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

El contexto de estas dos famosas parábolas, que conducen a la aún más famosa parábola del hijo pródigo, es que Jesús está siendo criticado por pasar tiempo con «pecadores». Él los está recibiendo y comiendo con ellos. Jesús está pasando tiempo con aquellos a quienes los fariseos y los escribas, esos archilegalistas de Su época, consideraban como marginados de la sociedad, fuera de los límites, no deseados e inaceptables para Dios. El problema era este: si Jesús es lo que dice ser (que, según lo veían los fariseos, era al menos un hombre santo que hablaba por Dios), ¿cómo es que puede pasar tiempo con estos insoportables «pecadores»?

Cuando Jesús responde a sus críticas por medio de estas parábolas, reposiciona la conversación de manera magistral (y como Maestro): lejos de ser cuestionable, lo que Jesús hace verdaderamente representa el latido mismo del gozo del cielo. 

Si nos falta gozo en nuestra vida cristiana o en nuestras iglesias, el primer remedio es comenzar a buscar a los perdidos.

Veamos primero cómo reposiciona la conversación en cada una de las parábolas y luego apliquemos eso a nuestro contexto del ministerio del siglo XXI. 

Comencemos con la parábola de la oveja perdida, que es bastante conocida. Un hombre que tiene cien ovejas, pierde una. ¿Qué hace? ¿Se olvida de la que ha perdido y se concentra en la mayoría que sí está a su cuidado y a salvo? ¿O se olvida de las noventa y nueve y va tras la una? ¿O hay alguna técnica intermedia que pueda adoptar, delegando en otro el ministerio a esa una o a las noventa y nueve para así multiplicar el impacto? Dado que el representar al pueblo de Dios como ovejas era algo muy familiar para todos en ese momento, los oyentes originales habrán comprendido inmediatamente que Él estaba hablando de personas, no de ovejas. La insinuación radical de Jesús parece inevitable porque Su pregunta expone cómo habrían actuado Sus oyentes en relación con ovejas reales. Dejarían las noventa y nueve e irían tras la una. 

Para aquellos que han pasado su vida en entornos urbanos —la gran mayoría del mundo en estos días— vale la pena un breve repaso sobre lo tontas que son las ovejas. Se pierden fácilmente. Se caen y parecen incapaces de ponerse de nuevo en pie. Si hay una descripción adecuada de lo que es hacer ministerio pastoral, esa es pastorear. Todos somos como ovejas que tienden a extraviarse. Esta primera parábola enfatiza que incluso cuando alguien se ha descarriado, cuando alguien ha «pecado» y se ha marginado de la sociedad y ha extralimitado los estándares de las reglas religiosas y los rituales del momento, es la responsabilidad del pastor concentrarse en esa una, no en las noventa y nueve. Más aún, el gozo que hay en los cielos es la recompensa para aquellos que se enfocan en la una. 

La segunda parábola, la de la moneda perdida, en términos generales, enseña lo mismo. El contexto, sin embargo, nos es menos familiar. ¿Por qué una mujer tendría «diez monedas de plata»? La mayoría de los comentaristas a lo largo de los años han estado de acuerdo en que esta mujer es una joven soltera y las diez monedas de plata representan su dote, que ha guardado cuidadosamente y tal vez ha adherido a su cabellera como señal de su disponibilidad para el matrimonio. Entonces, perder una moneda de plata es el equivalente a perder, no solo una gran cantidad de dinero, sino también la posibilidad de casarse pronto. El énfasis de esta historia, entonces, no está tanto en el «dejar atrás» (aparentemente, ella podía guardar las nueve monedas restantes en algún lugar seguro mientras buscaba), sino en el esfuerzo y la diligencia requeridos para encontrar la moneda perdida. Una vez más, el punto principal es el gozo que viene como resultado, esta vez tanto en su comunidad de amigos como en los atrios del cielo mismo, representado por los ángeles de Dios. 

¿Qué debemos aprender de estas parábolas respecto al ministerio de hoy en día? En primer lugar, que la gran división que existe en el ministerio contemporáneo, entre aquellos que se enfocan en ser «buscadores» y aquellos que apuntan a enseñar solamente a los cristianos, es una división antibíblica y que no nos permite ver una dinámica y un desarrollo de la narrativa bíblica más amplios. ¿No urgía Pablo a Timoteo, un pastor que enseñaba a los cristianos, a hacer el trabajo de un evangelista? Y en segundo lugar, que si nos falta gozo en nuestra vida cristiana o en nuestras iglesias, el primer remedio es comenzar a buscar a los perdidos.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Josh Moody
Josh Moody

El Dr. Josh Moody es pastor principal de College Church en Wheaton, Illinois, y es presidente de God Centered Life Ministries. Es autor de varios libros, incluido How the Bible Can Change Your Life [Cómo puede la Biblia cambiar tu vida].