Pasión por el Evangelio
El clavo en el ataĆŗd de nuestros corazones
Tony Reinke
Hace quinientos aƱos, Dios encendió una pequeƱa llama en Wittenberg, Alemania, y se convirtió en el fuego de la Reforma Protestante. Lo que comenzó como una iniciativa de MartĆn Lutero, pronto se convirtió en un movimiento que impactó la cultura, destruyendo toda falsa imagen de Dios en la adoración cultural de la Ć©poca.
Se volvió complicado.
Destrozaron imĆ”genes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero estas eran simplemente manifestaciones externas de los Ćdolos invisibles arraigados en los corazones pecadores, Ćdolos a veces cubiertos bajo el disfraz del Ā«cristianismoĀ».
Los reformadores percibieron la antigua expresión de la fabricación de Ćdolos como simplemente la expresión de un Ćdolo interior, una confianza falsamente colocada. La Reforma Protestante fue una declaración de guerra a los pensamientos vanos sobre Dios. Y cuando esto sucede, se declara la guerra a los Ćdolos de la cultura.
FĆ”brica de Ćdolos
Juan Calvino escribió: Ā«La naturaleza del hombre, por asĆ decirlo, es una fĆ”brica perpetua de ĆdolosĀ». Pero presta atención a lo que Calvino expresa despuĆ©s:
La mente del hombre, llena de orgullo y audacia, se atreve a imaginar un dios segĆŗn su propia capacidad; al andar con lentitud, es abrumada por la mĆ”s cruda ignorancia, concibe una irrealidad y una apariencia vacĆa como Dios. (Institutos, 1:108)
No hay nada mÔs peligroso que la confianza religiosa en un falso dios creado por nuestra propia imaginación.
MartĆn Lutero luchó en esta misma guerra, escribiendo contra Roma:
Los malvados dicen y confiesan [ā¦] Ā«Soy un monje. Sirvo a Dios con votos y ceremonias. Por eso me darĆ” la vida eternaĀ». ĀæPero quiĆ©n dice que estĆ”s adorando asĆ al verdadero Dios, cuando Ć©l no ha ordenado estas cosas? Por lo tanto, te has inventado un dios que quiere estas cosas, aunque no hay un Dios verdadero que lo requiera o que quiera dar la vida eterna por esto. ĀæQuĆ© estĆ”s adorando entonces, excepto un Ćdolo de tu propio corazón, al que crees que le place la justicia de tus obras? (Obras, 18:9-10).
Analiza la mentira expuesta: «Seré feliz una vez que logre mi seguridad espiritual por mis propios actos, mis votos y por el mérito de las ceremonias y votos que realizo».
Esta afirmación es un falso Ćdolo, una falsa seguridad en la carne, una falsa imagen de Dios, un falso evangelio y, en resumen, todo esto es un falso dios.
La teologĆa superficial
La Reforma Protestante fue iniciada por esta confrontación de vanas seguridades. Los reformadores se opusieron a las imĆ”genes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero principalmente, los Reformadores seƱalaban a los Ćdolos doctrinales, las falsas afirmaciones sobre Dios y las presunciones sobre Dios que engaƱaban a generaciones enteras (2 Co 10:4-5; Col 2:8).
Los reformadores se basaron en los primeros tres mandamientos para desafiar esta atracción universal por los Ćdolos en todas las culturas.
Primer mandamiento en Ćxodo 20:3: No sigas a otros dioses.
Segundo Mandamiento en Ćxodo 20:4-6: No corrompas tu adoración a Dios con imĆ”genes vanas.
Tercer Mandamiento en Ćxodo 20:7: No uses el nombre de Dios en vano.
Estos tres mandamientos son tres advertencias divinas contra los pensamientos vanos y superficiales de Dios.
La primera advertencia prohĆbe el sincretismo. No pienses que puedes mezclar a Dios con tu adoración a los Ćdolos. Si quieres un tercio de Dios, y dos tercios de otros Ćdolos, no tendrĆ”s nada de Dios. El sincretismo es un pensamiento vano sobre Dios.
La segunda advertencia prohĆbe el reduccionismo. No pienses que puedes reducir a Dios a algo manejable, que lo puedes sostener en una mano como un Ćdolo que ponen en las casas o un pequeƱo becerro de oro. La tierra es el estrado de sus pies (Is 66:1). El reduccionismo de Dios tambiĆ©n es un pensamiento vano sobre Dios.
La tercera advertencia prohĆbe la presunción. No hables precipitadamente de Dios. Es vanidad pensar que podemos invocar el nombre de Dios para cubrir nuestra ignorancia sobre quiĆ©n es realmente. La presunción sobre Dios otro pensamiento vano sobre Ć©l.
En esencia, todos los Ćdolos fĆsicos del Antiguo Testamento mienten sobre Dios. Eso es todo lo que pueden hacer: mentir. Los Ćdolos nacen de las mentiras. AsĆ, a su vez, los Ćdolos sólo pueden predicar sermones de engaƱo a sus adoradores (Jer 10:15; Hab 2:18; Zac 10:2).
Y como hace referencia Lutero del texto de las Escrituras, el becerro de oro fue moldeado con un cincel, un Ā«instrumento de escrituraĀ» que originalmente tenĆa como propósito escribir la verdad sobre Dios, pero en cambio se utilizó para dar forma a una mentira de oro (Ćx 32:4).
Nuestros Ćdolos en la actualidad
SeƱalar a los Ćdolos religiosos de la Ć©poca se convertirĆa en la principal discusión mientras los reformadores reclamaban y proclamaban las epĆstolas de Pablo a los gĆ”latas y romanos.
El corazón del hombre es una fĆ”brica de Ćdolos, y fue necesaria una revolución para frenarlo. Los predicadores tuvieron que ser instruidos y enviados a otros lugares, los evangelistas tuvieron que cumplir su llamado, los misioneros tuvieron que viajar por mares oscuros hacia tierras desconocidas, los traductores tuvieron que traducir las Escrituras a la lengua de cada pueblo, y las iglesias locales tuvieron que crecer para poder servir en esta guerra. Cada creyente tuvo que resistir la fĆ”brica de Ćdolos de su corazón llenando sus corazones con Cristo y alimentĆ”ndose de un abundante conocimiento de quiĆ©n Dios ha revelado ser en las Escrituras.
Esta era la principal preocupación que los reformadores tenĆan hace quinientos aƱos. El pensamiento superficial sobre Dios siempre reemplaza a Dios, y pone en su lugar un Ćdolo fraudulento de seguridad, o sexo, o riqueza, o poder, o incluso, de religión.
La triste realidad es que las Escrituras nos advierten una y otra vez que todos somos fabricantes de Ćdolos. Siete mil millones de politeĆstas hoy en dĆa no pueden dejar (ni dejarĆ”n) de rendir culto, porque no pueden dejar de poner su esperanza y seguridad en estas cosas. La gracia soberana debe romper nuestros impulsos idólatras.
Como Juan Calvino cĆ©lebremente expresó: Ā«El corazón humano es una fĆ”brica de Ćdolos, produciendo nuevos Ćdolos como una cinta transportadora de una fĆ”brica que produce nuevos aparatosĀ». Los Ćdolos comunes emergen de los corazones caĆdos e inundan cada rincón de los medios de comunicación en nuestra cultura, en los medios sociales, la televisión, la mĆŗsica, las pelĆculas y las novelas.
Hace mucho tiempo, en Wittenberg, Alemania, un monje inició una guerra de quinientos aƱos contra la idolatrĆa. Y la llama de la Reforma perdura, porque las batallas fundamentales continĆŗan hoy en dĆa.
Hace quinientos aƱos, Dios encendió una pequeƱa llama en Wittenberg, Alemania, y se convirtió en el fuego de la Reforma Protestante. Lo que comenzó como una iniciativa de MartĆn Lutero, pronto se convirtió en un movimiento que impactó la cultura, destruyendo toda falsa imagen de Dios en la adoración cultural de la Ć©poca.
Se volvió complicado.
Destrozaron imĆ”genes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero estas eran simplemente manifestaciones externas de los Ćdolos invisibles arraigados en los corazones pecadores, Ćdolos a veces cubiertos bajo el disfraz del Ā«cristianismoĀ».
Los reformadores percibieron la antigua expresión de la fabricación de Ćdolos como simplemente la expresión de un Ćdolo interior, una confianza falsamente colocada. La Reforma Protestante fue una declaración de guerra a los pensamientos vanos sobre Dios. Y cuando esto sucede, se declara la guerra a los Ćdolos de la cultura.
FĆ”brica de Ćdolos
Juan Calvino escribió: Ā«La naturaleza del hombre, por asĆ decirlo, es una fĆ”brica perpetua de ĆdolosĀ». Pero presta atención a lo que Calvino expresa despuĆ©s:
La mente del hombre, llena de orgullo y audacia, se atreve a imaginar un dios segĆŗn su propia capacidad; al andar con lentitud, es abrumada por la mĆ”s cruda ignorancia, concibe una irrealidad y una apariencia vacĆa como Dios. (Institutos, 1:108)
No hay nada mÔs peligroso que la confianza religiosa en un falso dios creado por nuestra propia imaginación.
MartĆn Lutero luchó en esta misma guerra, escribiendo contra Roma:
Los malvados dicen y confiesan [ā¦] Ā«Soy un monje. Sirvo a Dios con votos y ceremonias. Por eso me darĆ” la vida eternaĀ». ĀæPero quiĆ©n dice que estĆ”s adorando asĆ al verdadero Dios, cuando Ć©l no ha ordenado estas cosas? Por lo tanto, te has inventado un dios que quiere estas cosas, aunque no hay un Dios verdadero que lo requiera o que quiera dar la vida eterna por esto. ĀæQuĆ© estĆ”s adorando entonces, excepto un Ćdolo de tu propio corazón, al que crees que le place la justicia de tus obras? (Obras, 18:9-10).
Analiza la mentira expuesta: «Seré feliz una vez que logre mi seguridad espiritual por mis propios actos, mis votos y por el mérito de las ceremonias y votos que realizo».
Esta afirmación es un falso Ćdolo, una falsa seguridad en la carne, una falsa imagen de Dios, un falso evangelio y, en resumen, todo esto es un falso dios.
La teologĆa superficial
La Reforma Protestante fue iniciada por esta confrontación de vanas seguridades. Los reformadores se opusieron a las imĆ”genes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero principalmente, los Reformadores seƱalaban a los Ćdolos doctrinales, las falsas afirmaciones sobre Dios y las presunciones sobre Dios que engaƱaban a generaciones enteras (2 Co 10:4-5; Col 2:8).
Los reformadores se basaron en los primeros tres mandamientos para desafiar esta atracción universal por los Ćdolos en todas las culturas.
Primer mandamiento en Ćxodo 20:3: No sigas a otros dioses.
Segundo Mandamiento en Ćxodo 20:4-6: No corrompas tu adoración a Dios con imĆ”genes vanas.
Tercer Mandamiento en Ćxodo 20:7: No uses el nombre de Dios en vano.
Estos tres mandamientos son tres advertencias divinas contra los pensamientos vanos y superficiales de Dios.
La primera advertencia prohĆbe el sincretismo. No pienses que puedes mezclar a Dios con tu adoración a los Ćdolos. Si quieres un tercio de Dios, y dos tercios de otros Ćdolos, no tendrĆ”s nada de Dios. El sincretismo es un pensamiento vano sobre Dios.
La segunda advertencia prohĆbe el reduccionismo. No pienses que puedes reducir a Dios a algo manejable, que lo puedes sostener en una mano como un Ćdolo que ponen en las casas o un pequeƱo becerro de oro. La tierra es el estrado de sus pies (Is 66:1). El reduccionismo de Dios tambiĆ©n es un pensamiento vano sobre Dios.
La tercera advertencia prohĆbe la presunción. No hables precipitadamente de Dios. Es vanidad pensar que podemos invocar el nombre de Dios para cubrir nuestra ignorancia sobre quiĆ©n es realmente. La presunción sobre Dios otro pensamiento vano sobre Ć©l.
En esencia, todos los Ćdolos fĆsicos del Antiguo Testamento mienten sobre Dios. Eso es todo lo que pueden hacer: mentir. Los Ćdolos nacen de las mentiras. AsĆ, a su vez, los Ćdolos sólo pueden predicar sermones de engaƱo a sus adoradores (Jer 10:15; Hab 2:18; Zac 10:2).
Y como hace referencia Lutero del texto de las Escrituras, el becerro de oro fue moldeado con un cincel, un Ā«instrumento de escrituraĀ» que originalmente tenĆa como propósito escribir la verdad sobre Dios, pero en cambio se utilizó para dar forma a una mentira de oro (Ćx 32:4).
Nuestros Ćdolos en la actualidad
SeƱalar a los Ćdolos religiosos de la Ć©poca se convertirĆa en la principal discusión mientras los reformadores reclamaban y proclamaban las epĆstolas de Pablo a los gĆ”latas y romanos.
El corazón del hombre es una fĆ”brica de Ćdolos, y fue necesaria una revolución para frenarlo. Los predicadores tuvieron que ser instruidos y enviados a otros lugares, los evangelistas tuvieron que cumplir su llamado, los misioneros tuvieron que viajar por mares oscuros hacia tierras desconocidas, los traductores tuvieron que traducir las Escrituras a la lengua de cada pueblo, y las iglesias locales tuvieron que crecer para poder servir en esta guerra. Cada creyente tuvo que resistir la fĆ”brica de Ćdolos de su corazón llenando sus corazones con Cristo y alimentĆ”ndose de un abundante conocimiento de quiĆ©n Dios ha revelado ser en las Escrituras.
Esta era la principal preocupación que los reformadores tenĆan hace quinientos aƱos. El pensamiento superficial sobre Dios siempre reemplaza a Dios, y pone en su lugar un Ćdolo fraudulento de seguridad, o sexo, o riqueza, o poder, o incluso, de religión.
La triste realidad es que las Escrituras nos advierten una y otra vez que todos somos fabricantes de Ćdolos. Siete mil millones de politeĆstas hoy en dĆa no pueden dejar (ni dejarĆ”n) de rendir culto, porque no pueden dejar de poner su esperanza y seguridad en estas cosas. La gracia soberana debe romper nuestros impulsos idólatras.
Como Juan Calvino cĆ©lebremente expresó: Ā«El corazón humano es una fĆ”brica de Ćdolos, produciendo nuevos Ćdolos como una cinta transportadora de una fĆ”brica que produce nuevos aparatosĀ». Los Ćdolos comunes emergen de los corazones caĆdos e inundan cada rincón de los medios de comunicación en nuestra cultura, en los medios sociales, la televisión, la mĆŗsica, las pelĆculas y las novelas.
Hace mucho tiempo, en Wittenberg, Alemania, un monje inició una guerra de quinientos aƱos contra la idolatrĆa. Y la llama de la Reforma perdura, porque las batallas fundamentales continĆŗan hoy en dĆa.
Tony Reinke
Tony Reinke es el escritor principal de Desiring God y autor de Competing Spectacles (2019), 12 Ways Your Phone Is Changing You (2017), John Newton on the Christian Life (2015), y Lit! A Christian Guide to Reading Books (2011). Es el anfitrión del podcast Ask Pastor John y vive en el Phoenix con su esposa y tres hijos.