4-La confiabilidad de las escrituras II

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Apologética

4-La confiabilidad de las escrituras 2

Jordi Romeu

Continuamos con el curso: “Apologética”

En esta cuarta sesión explicaremos La parte II de la confiabilidad de las escrituras.

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IEG Barcelona
Escuela bíblica del domingo 07 de abril del 2019.

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El clavo en el ataúd de nuestros corazones

Pasión por el Evangelio

El clavo en el ataúd de nuestros corazones

Tony Reinke

Hace quinientos años, Dios encendió una pequeña llama en Wittenberg, Alemania, y se convirtió en el fuego de la Reforma Protestante. Lo que comenzó como una iniciativa de Martín Lutero, pronto se convirtió en un movimiento que impactó la cultura, destruyendo toda falsa imagen de Dios en la adoración cultural de la época.

Se volvió complicado.

Destrozaron imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero estas eran simplemente manifestaciones externas de los ídolos invisibles arraigados en los corazones pecadores, ídolos a veces cubiertos bajo el disfraz del «cristianismo».

Los reformadores percibieron la antigua expresión de la fabricación de ídolos como simplemente la expresión de un ídolo interior, una confianza falsamente colocada. La Reforma Protestante fue una declaración de guerra a los pensamientos vanos sobre Dios. Y cuando esto sucede, se declara la guerra a los ídolos de la cultura.

Fábrica de ídolos

Juan Calvino escribió: «La naturaleza del hombre, por así decirlo, es una fábrica perpetua de ídolos». Pero presta atención a lo que Calvino expresa después:

La mente del hombre, llena de orgullo y audacia, se atreve a imaginar un dios según su propia capacidad; al andar con lentitud, es abrumada por la más cruda ignorancia, concibe una irrealidad y una apariencia vacía como Dios. (Institutos, 1:108)

No hay nada más peligroso que la confianza religiosa en un falso dios creado por nuestra propia imaginación.

Martín Lutero luchó en esta misma guerra, escribiendo contra Roma:

Los malvados dicen y confiesan […] «Soy un monje. Sirvo a Dios con votos y ceremonias. Por eso me dará la vida eterna». ¿Pero quién dice que estás adorando así al verdadero Dios, cuando él no ha ordenado estas cosas? Por lo tanto, te has inventado un dios que quiere estas cosas, aunque no hay un Dios verdadero que lo requiera o que quiera dar la vida eterna por esto. ¿Qué estás adorando entonces, excepto un ídolo de tu propio corazón, al que crees que le place la justicia de tus obras? (Obras, 18:9-10).

Analiza la mentira expuesta: «Seré feliz una vez que logre mi seguridad espiritual por mis propios actos, mis votos y por el mérito de las ceremonias y votos que realizo».

Esta afirmación es un falso ídolo, una falsa seguridad en la carne, una falsa imagen de Dios, un falso evangelio y, en resumen, todo esto es un falso dios.

La teología superficial

La Reforma Protestante fue iniciada por esta confrontación de vanas seguridades. Los reformadores se opusieron a las imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero principalmente, los Reformadores señalaban a los ídolos doctrinales, las falsas afirmaciones sobre Dios y las presunciones sobre Dios que engañaban a generaciones enteras (2 Co 10:4-5; Col 2:8).

Los reformadores se basaron en los primeros tres mandamientos para desafiar esta atracción universal por los ídolos en todas las culturas.

Primer mandamiento en Éxodo 20:3: No sigas a otros dioses.

Segundo Mandamiento en Éxodo 20:4-6: No corrompas tu adoración a Dios con imágenes vanas.

Tercer Mandamiento en Éxodo 20:7: No uses el nombre de Dios en vano.

Estos tres mandamientos son tres advertencias divinas contra los pensamientos vanos y superficiales de Dios.

La primera advertencia  prohíbe el sincretismo. No pienses que puedes mezclar a Dios con tu adoración a los ídolos. Si quieres un tercio de Dios, y dos tercios de otros ídolos, no tendrás nada de Dios. El sincretismo es un pensamiento vano sobre Dios.

La segunda advertencia prohíbe el reduccionismo. No pienses que puedes reducir a Dios a algo manejable, que lo puedes sostener en una mano como un ídolo que ponen en las casas o un pequeño becerro de oro. La tierra es el estrado de sus pies (Is 66:1). El reduccionismo de Dios también es un pensamiento vano sobre Dios.

La tercera advertencia prohíbe la presunción. No hables precipitadamente de Dios. Es vanidad pensar que podemos invocar el nombre de Dios para cubrir nuestra ignorancia sobre quién es realmente. La presunción sobre Dios otro pensamiento vano sobre él.

En esencia, todos los ídolos físicos del Antiguo Testamento mienten sobre Dios. Eso es todo lo que pueden hacer: mentir. Los ídolos nacen de las mentiras. Así, a su vez, los ídolos sólo pueden predicar sermones de engaño a sus adoradores (Jer 10:15; Hab 2:18; Zac 10:2).

Y como hace referencia Lutero del texto de las Escrituras, el becerro de oro fue moldeado con un cincel, un «instrumento de escritura» que originalmente tenía como propósito escribir la verdad sobre Dios, pero en cambio se utilizó para dar forma a una mentira de oro (Éx 32:4).

Nuestros ídolos en la actualidad

Señalar a los ídolos religiosos de la época se convertiría en la principal discusión mientras los reformadores reclamaban y proclamaban las epístolas de Pablo a los gálatas y romanos.

El corazón del hombre es una fábrica de ídolos, y fue necesaria una revolución para frenarlo. Los predicadores tuvieron que ser instruidos y enviados a otros lugares, los evangelistas tuvieron que cumplir su llamado, los misioneros tuvieron que viajar por mares oscuros hacia tierras desconocidas, los traductores tuvieron que traducir las Escrituras a la lengua de cada pueblo, y las iglesias locales tuvieron que crecer para poder servir en esta guerra. Cada creyente tuvo que resistir la fábrica de ídolos de su corazón llenando sus corazones con Cristo y alimentándose de un abundante conocimiento de quién Dios ha revelado ser en las Escrituras.

Esta era la principal preocupación que los reformadores tenían hace quinientos años. El pensamiento superficial sobre Dios siempre reemplaza a Dios, y pone en su lugar un ídolo fraudulento de seguridad, o sexo, o riqueza, o poder, o incluso, de religión.

La triste realidad es que las Escrituras nos advierten una y otra vez que todos somos fabricantes de ídolos. Siete mil millones de politeístas hoy en día no pueden dejar (ni dejarán) de rendir culto, porque no pueden dejar de poner su esperanza y seguridad en estas cosas. La gracia soberana debe romper nuestros impulsos idólatras.

Como Juan Calvino célebremente expresó: «El corazón humano es una fábrica de ídolos, produciendo nuevos ídolos como una cinta transportadora de una fábrica que produce nuevos aparatos». Los ídolos comunes emergen de los corazones caídos e inundan cada rincón de los medios de comunicación en nuestra cultura, en los medios sociales, la televisión, la música, las películas y las novelas.

Hace mucho tiempo, en Wittenberg, Alemania, un monje inició una guerra de quinientos años contra la idolatría. Y la llama de la Reforma perdura, porque las batallas fundamentales continúan hoy en día.

Hace quinientos años, Dios encendió una pequeña llama en Wittenberg, Alemania, y se convirtió en el fuego de la Reforma Protestante. Lo que comenzó como una iniciativa de Martín Lutero, pronto se convirtió en un movimiento que impactó la cultura, destruyendo toda falsa imagen de Dios en la adoración cultural de la época.

Se volvió complicado.

Destrozaron imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero estas eran simplemente manifestaciones externas de los ídolos invisibles arraigados en los corazones pecadores, ídolos a veces cubiertos bajo el disfraz del «cristianismo».

Los reformadores percibieron la antigua expresión de la fabricación de ídolos como simplemente la expresión de un ídolo interior, una confianza falsamente colocada. La Reforma Protestante fue una declaración de guerra a los pensamientos vanos sobre Dios. Y cuando esto sucede, se declara la guerra a los ídolos de la cultura.

Fábrica de ídolos

Juan Calvino escribió: «La naturaleza del hombre, por así decirlo, es una fábrica perpetua de ídolos». Pero presta atención a lo que Calvino expresa después:

La mente del hombre, llena de orgullo y audacia, se atreve a imaginar un dios según su propia capacidad; al andar con lentitud, es abrumada por la más cruda ignorancia, concibe una irrealidad y una apariencia vacía como Dios. (Institutos, 1:108)

No hay nada más peligroso que la confianza religiosa en un falso dios creado por nuestra propia imaginación.

Martín Lutero luchó en esta misma guerra, escribiendo contra Roma:

Los malvados dicen y confiesan […] «Soy un monje. Sirvo a Dios con votos y ceremonias. Por eso me dará la vida eterna». ¿Pero quién dice que estás adorando así al verdadero Dios, cuando él no ha ordenado estas cosas? Por lo tanto, te has inventado un dios que quiere estas cosas, aunque no hay un Dios verdadero que lo requiera o que quiera dar la vida eterna por esto. ¿Qué estás adorando entonces, excepto un ídolo de tu propio corazón, al que crees que le place la justicia de tus obras? (Obras, 18:9-10).

Analiza la mentira expuesta: «Seré feliz una vez que logre mi seguridad espiritual por mis propios actos, mis votos y por el mérito de las ceremonias y votos que realizo».

Esta afirmación es un falso ídolo, una falsa seguridad en la carne, una falsa imagen de Dios, un falso evangelio y, en resumen, todo esto es un falso dios.

La teología superficial

La Reforma Protestante fue iniciada por esta confrontación de vanas seguridades. Los reformadores se opusieron a las imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero principalmente, los Reformadores señalaban a los ídolos doctrinales, las falsas afirmaciones sobre Dios y las presunciones sobre Dios que engañaban a generaciones enteras (2 Co 10:4-5; Col 2:8).

Los reformadores se basaron en los primeros tres mandamientos para desafiar esta atracción universal por los ídolos en todas las culturas.

Primer mandamiento en Éxodo 20:3: No sigas a otros dioses.

Segundo Mandamiento en Éxodo 20:4-6: No corrompas tu adoración a Dios con imágenes vanas.

Tercer Mandamiento en Éxodo 20:7: No uses el nombre de Dios en vano.

Estos tres mandamientos son tres advertencias divinas contra los pensamientos vanos y superficiales de Dios.

La primera advertencia  prohíbe el sincretismo. No pienses que puedes mezclar a Dios con tu adoración a los ídolos. Si quieres un tercio de Dios, y dos tercios de otros ídolos, no tendrás nada de Dios. El sincretismo es un pensamiento vano sobre Dios.

La segunda advertencia prohíbe el reduccionismo. No pienses que puedes reducir a Dios a algo manejable, que lo puedes sostener en una mano como un ídolo que ponen en las casas o un pequeño becerro de oro. La tierra es el estrado de sus pies (Is 66:1). El reduccionismo de Dios también es un pensamiento vano sobre Dios.

La tercera advertencia prohíbe la presunción. No hables precipitadamente de Dios. Es vanidad pensar que podemos invocar el nombre de Dios para cubrir nuestra ignorancia sobre quién es realmente. La presunción sobre Dios otro pensamiento vano sobre él.

En esencia, todos los ídolos físicos del Antiguo Testamento mienten sobre Dios. Eso es todo lo que pueden hacer: mentir. Los ídolos nacen de las mentiras. Así, a su vez, los ídolos sólo pueden predicar sermones de engaño a sus adoradores (Jer 10:15; Hab 2:18; Zac 10:2).

Y como hace referencia Lutero del texto de las Escrituras, el becerro de oro fue moldeado con un cincel, un «instrumento de escritura» que originalmente tenía como propósito escribir la verdad sobre Dios, pero en cambio se utilizó para dar forma a una mentira de oro (Éx 32:4).

Nuestros ídolos en la actualidad

Señalar a los ídolos religiosos de la época se convertiría en la principal discusión mientras los reformadores reclamaban y proclamaban las epístolas de Pablo a los gálatas y romanos.

El corazón del hombre es una fábrica de ídolos, y fue necesaria una revolución para frenarlo. Los predicadores tuvieron que ser instruidos y enviados a otros lugares, los evangelistas tuvieron que cumplir su llamado, los misioneros tuvieron que viajar por mares oscuros hacia tierras desconocidas, los traductores tuvieron que traducir las Escrituras a la lengua de cada pueblo, y las iglesias locales tuvieron que crecer para poder servir en esta guerra. Cada creyente tuvo que resistir la fábrica de ídolos de su corazón llenando sus corazones con Cristo y alimentándose de un abundante conocimiento de quién Dios ha revelado ser en las Escrituras.

Esta era la principal preocupación que los reformadores tenían hace quinientos años. El pensamiento superficial sobre Dios siempre reemplaza a Dios, y pone en su lugar un ídolo fraudulento de seguridad, o sexo, o riqueza, o poder, o incluso, de religión.

La triste realidad es que las Escrituras nos advierten una y otra vez que todos somos fabricantes de ídolos. Siete mil millones de politeístas hoy en día no pueden dejar (ni dejarán) de rendir culto, porque no pueden dejar de poner su esperanza y seguridad en estas cosas. La gracia soberana debe romper nuestros impulsos idólatras.

Como Juan Calvino célebremente expresó: «El corazón humano es una fábrica de ídolos, produciendo nuevos ídolos como una cinta transportadora de una fábrica que produce nuevos aparatos». Los ídolos comunes emergen de los corazones caídos e inundan cada rincón de los medios de comunicación en nuestra cultura, en los medios sociales, la televisión, la música, las películas y las novelas.

Hace mucho tiempo, en Wittenberg, Alemania, un monje inició una guerra de quinientos años contra la idolatría. Y la llama de la Reforma perdura, porque las batallas fundamentales continúan hoy en día.

Tony Reinke

Tony Reinke es el escritor principal de Desiring God y autor de Competing Spectacles (2019), 12 Ways Your Phone Is Changing You (2017), John Newton on the Christian Life (2015), y Lit! A Christian Guide to Reading Books (2011). Es el anfitrión del podcast Ask Pastor John y vive en el Phoenix con su esposa y tres hijos.

¿Por qué todo pecado es, en última instancia, un pecado contra Dios?

Got Questions

¿Por qué todo pecado es, en última instancia, un pecado contra Dios?

El pecado generalmente daña a otra persona, pero, en última instancia, todo pecado es contra Dios. La Biblia contiene muchas referencias de personas que admiten: “He pecado contra Dios” (Éxodo 10:16; Josué 7:20; Jueces 10:10). Génesis 39:9 nos da una visión más cercana de esto. José estaba siendo tentado a cometer adulterio con la esposa de Potifar. Al resistirse a ella, dijo: “No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”. Resulta interesante que José no dijera que su pecado sería contra Potifar. Esto no quiere decir que Potifar no se viera afectado. Sin embargo, la mayor lealtad de José era hacia Dios y a Sus leyes. Era a Dios a quien no quería ofender.

David dijo algo similar después de haber pecado con Betsabé (2 Samuel 11). Cuando fue confrontado con su pecado, David se arrepintió profundamente, diciendo a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4). Está claro que también había pecado contra Betsabé y su marido, aunque fue la violación de la ley de Dios lo que más afligió a David. Dios odia el pecado porque es la antítesis de Su naturaleza y porque nos perjudica a nosotros o a otra persona. Al pecar contra Dios, David también había dañado a otras personas.

Cuando alguien comete un crimen, la persona que fue perjudicada por el crimen no es la que castiga al criminal. Es la ley la que juzga a una persona culpable o inocente, no la víctima. Lo que se ha violado es la ley. Independientemente de los méritos o la inocencia de la víctima, todos los delitos se cometen en última instancia contra la ley establecida. Si robas en la casa de tu vecino, obviamente has perjudicado a tu vecino, pero no es él quien te hace rendir cuentas. Es una ley superior la que has violado. El gobierno tiene la responsabilidad de condenarte y castigarte; tu vecino, aunque se vea afectado por tu delito, se somete al gobierno.

De la misma manera, toda ley moral comienza con Dios. Como fuimos creados a imagen de Dios, tenemos Su ley moral escrita en nuestros corazones (Génesis 1:27). Cuando Adán y Eva comieron del árbol prohibido en el Jardín del Edén, Dios dijo: “He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:22). En ese momento, que sepamos, no se había establecido ninguna ley escrita. Sin embargo, Dios había comunicado claramente Su voluntad a Adán y Eva, y ellos supieron que habían pecado y corrieron a esconderse de Dios (Génesis 3:10). Su vergüenza después de pecar era evidente.

Nosotros también sabemos intrínsecamente cuándo hemos pecado. El pecado es una perversión del diseño perfecto de Dios. Todos llevamos la imagen misma de Dios, y cuando pecamos, estropeamos esa semejanza. Fuimos creados para ser espejos de la gloria de Dios (Efesios 2:10; 4:24; Hebreos 2:7). El pecado es una gran mancha en el espejo, y reduce la belleza y la santidad que debemos reflejar. Cuando pecamos, nos salimos del propósito para el que fuimos creados, violando así la ley moral de Dios, y somos responsables ante Él por la transgresión. Romanos 3:23 dice: “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. El pecado es cualquier cosa que se aleja del plan de Dios. Por lo tanto, ya sea que nos perjudique a nosotros o a otra persona, todo pecado es, en última instancia, contra un Dios santo.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

¿Qué es el Día de la Reforma?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Qué es el Día de la Reforma?

Stephen Nichols

Un solo evento en un solo día cambió el mundo. Ocurrió el 31 de octubre de 1517. El hermano Martín, monje y erudito, había luchado durante años con su iglesia, la Iglesia en Roma. Se sentía grandemente perturbado por la venta sin precedentes de indulgencias. La historia tiene todos los elementos de un éxito de taquilla en Hollywood. Conozcamos al elenco.

Primero, está el joven obispo —demasiado joven según las leyes de la Iglesia— Alberto de Maguncia. No solo era obispo sobre dos diócesis, sino que deseaba un arzobispado adicional sobre Maguncia. Esto también iba en contra las leyes de la Iglesia. Así que Alberto apeló al Papa en Roma, León X. Proveniente de la familia de Médici, León X avariciosamente permitió que sus gustos excedieran sus recursos financieros. Entran los artistas y escultores, Rafael y Miguel Ángel.

Cuando Alberto de Maguncia apeló por una dispensación papal, León X estaba preparado para negociar. Alberto, con la bendición papal, vendería indulgencias por los pecados pasados, presentes y futuros. Todo esto molestó al monje Martín Lutero. ¿Podemos comprar nuestro acceso al cielo? Lutero tuvo que protestar.

Pero ¿por qué el 31 de octubre? El 1 de noviembre ocupaba un lugar especial en el calendario de la Iglesia como el Día de Todos los Santos. El 1 de noviembre de 1517, una exposición masiva de reliquias recién adquiridas serían exhibidas en Wittenberg, la ciudad de Lutero. Los peregrinos vendrían de todas partes, harían una genuflexión ante las reliquias, y eliminarían así cientos si no miles de años de tiempo en el purgatorio. El alma de Lutero se enfurecía cada vez más. Nada de esto parecía correcto.

Martín Lutero, un erudito, tomó la pluma en la mano, la sumergió en su tintero y publicó sus 95 Tesis el 31 de octubre de 1517. Estas tenían la intención de suscitar un debate, para estimular la reflexión entre sus hermanos y compañeros en la Iglesia. Las 95 Tesis suscitaron mucho más que un debate. Estas 95 Tesis también revelaron que la Iglesia ya no podía ser rehabilitada. Se necesitaba una reforma. La Iglesia y el mundo nunca volverían a ser los mismos.

Una de las 95 Tesis de Lutero de manera simple declara: «El verdadero tesoro de la Iglesia es el Evangelio de Jesucristo». Esa declaración sola es el significado del Día de la Reforma. La Iglesia había perdido de vista el Evangelio porque hacía mucho tiempo que había cubierto las páginas de la Palabra de Dios con capas y capas de tradición. La tradición siempre produce sistemas de obras para ganar tu camino de regreso a Dios. Fue así en el caso de los fariseos como también en el catolicismo romano medieval. ¿No dijo el mismo Cristo: “Mi yugo es fácil y mi carga ligera?” El Día de la Reforma celebra la gozosa belleza del Evangelio liberador de Jesucristo.

¿Qué es el Día de la Reforma? Es el día en que la luz del Evangelio prorrumpió de las tinieblas. Fue el día en que comenzó la Reforma protestante. Fue un día que llevó a Martín Lutero, Juan Calvino, John Knox y a otros reformadores a ayudar a la Iglesia a encontrar su camino de regreso a la Palabra de Dios como la única autoridad para la fe y la vida y a guiar a la Iglesia de regreso a las gloriosas doctrinas de la justificación por la gracia sola a través de la fe sola en Cristo solo. Este día encendió el fuego de los esfuerzos misioneros, motivó la composición de himnos y el canto congregacional y promovió la centralidad del sermón y la predicación para el pueblo de Dios. Es la celebración de una transformación teológica, eclesiástica y cultural.

Es por eso que celebramos el Día de la Reforma. Este día nos recuerda que debemos estar agradecidos por nuestro pasado y al monje convertido en reformador. Además, este día nos recuerda nuestro deber, nuestra obligación de mantener la luz del Evangelio en el centro de todo lo que hacemos.

Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries.
Stephen Nichols
Stephen Nichols

El Dr. Stephen J. Nichols es presidente de Reformation Bible College, director académico de Ligonier Ministries y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Es el anfitrión de los podcasts 5 Minutes in Church History y Open Book. Es autor de numerosos libros, entre ellos For Us and for Our SalvationJonathan Edwards: A Guided Tour of His Life and ThoughtPeace y A Time for Confidence, y es coeditor de The Legacy of Luther y de la serie de Crossway: Theologians on the Christian Life. Él está en Twitter @DrSteveNichols.

Puedo contentarme en todas las cosas

Soldados de Jesucristo

Junio 24/2021

Solid Joys en Español

Puedo contentarme en todas las cosas

John Piper

John Piper

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La mirada divina (2) – El Señor miró a Gedeón

Jueves 24 Junio

Y mirándole el Señor (a Gedeón), le dijo: Ve con esta tu fuerza… ¿No te envío yo?Jueces 6:14

La mirada divina (2) – El Señor miró a Gedeón

Lea Jueces capítulo 6

Esta historia sucedió hace más de 3000 años, en el tiempo de los jueces, un período difícil para el pueblo de Israel. Desde hacía siete años el pueblo era atacado por un enemigo que tomaba sus bienes y destruía sus cosechas, dejando el país en una gran miseria. Pero no todos se rendían; en la familia de Joás, un joven llamado Gedeón trabajaba en secreto para proteger sus víveres del enemigo. Dios decidió emplearlo para salvar a su pueblo y se lo hizo saber. Gedeón no sabía quién era ese mensajero que lo saludaba con estas palabras reconfortantes: “El Señor está contigo, varón esforzado y valiente” (v. 12). Gedeón no se sentía fuerte, al contrario, se consideraba incapaz de llevar a cabo la misión propuesta. Entonces el ángel de Dios lo miró fijamente y le dijo: “Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas” (v. 14). A pesar de su desconfianza, Gedeón siguió con fe, paso a paso. Se dejó dirigir y Dios le dio la victoria.

Amigos creyentes, a veces nos sentimos aplastados por la magnitud de una tarea, pero Dios quiere captar nuestra mirada y animarnos. Quiere despejar nuestros temores y darnos la seguridad de su apoyo. Como lo hizo con Gedeón, lo hizo también con al apóstol Pablo, cuando le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9), e incluso con el profeta Isaías: “Yo el Señor soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo” (Isaías 41:13). ¡También lo hará con nosotros!(mañana continuará)

2 Reyes 23:21-37 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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