Un recordatorio para los padres en el dĆa de los padres
Coalición por el Evangelio

Un recordatorio para los padres en el dĆa de los padres
No sĆ© cuĆ”ntos paĆses celebran el dĆa de los padres en la misma fecha que nosotros lo hacemos en RD (es decir, el Ćŗltimo domingo de Julio). Pero sea cual sea la fecha de este evento en el calendario de cada paĆs, no quise dejar pasar la oportunidad sin traer una nota de recordatorio para todos los que somos padres.
Tanto en Ef. 6:1-4 como en Col. 3:20-21, el apóstol Pablo escribe unas palabras sobre el deber de los hijos de obedecer a sus padres, y el deber de los padres de criar a sus hijos en el marco del evangelio. El pasaje de Efesios es el mÔs extenso de los dos, asà que voy a tomarlo como punto de partida:
āHijos, obedeced en el SeƱor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquĆ©is a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del SeƱorā.
Aunque en los versĆculos 1 y 4 aparece la palabra āpadresā en nuestra versión RV60, en el original griego son dos palabras distintas. La del versĆculo 1 puede ser traducida como āprogenitoresā, e incluye tanto al padre como a la madre. Es por eso que Pablo se vale del quinto mandamiento del DecĆ”logo para recordar a los hijos que debĆan honrar a su padre y a su madre. De manera que ambos padres tienen una responsabilidad en la crianza de sus hijos, y ambos poseen la misma autoridad sobre ellos.
Sin embargo, el tƩrmino que Pablo usa en el vers. 21 es la palabra griega pƔteres que parece seƱalar de manera especial a los hombres, a los padres. Ellos son los que tienen la responsabilidad primaria de guiar a la familia, incluyendo a sus esposas en el papel de madres.
Contrario al pensamiento del mundo en ese sentido, Dios coloca sobre los hombres la responsabilidad del liderazgo de su familia. Por supuesto, nosotros sabemos que las madres juegan un papel vital en la crianza de los hijos. Generalmente ellas pasan mĆ”s tiempo con ellos y ejercen una influencia determinante en sus vidas. Pero el hombre es responsable ante Dios de proveer a su esposa y a sus hijos la guĆa, el sostĆ©n y la protección que necesitan en un clima de amor y servicio.
Ser cabeza de la familia no es contemplado en la Biblia como una ventaja, sino como una gran responsabilidad. Nosotros tenemos un trabajo que debemos hacer de manera intencional, procurando el bien espiritual y fĆsico de nuestra esposa y nuestros hijos. Dios nos ha llamado a hacer un trabajo, un trabajo que estĆ” muy por encima de nuestras capacidades naturales y que solo puede ser hecho en dependencia de Ćl. Ćl nos contrató, Ćl nos da los recursos que necesitamos cada momento para poder ser los padres que Ćl quiere que seamos, y Ćl nos pedirĆ” cuentas algĆŗn dĆa por esa mayordomĆa que nos fue confiada.
Lamentablemente, la influencia del mundo ha tenido un impacto profundo en la iglesia de Cristo en este asunto. En muchos hogares cristianos es la mujer y no el hombre la que va delante en la vida espiritual de la familia y la crianza de los hijos. LeĆ recientemente que un autor cristiano fue a proponerle a una casa publicadora un libro sobre la paternidad. ĀæSaben lo que el encargado la respondió? Que los libros dirigidos a los padres no venden. āNuestros estudios nos han mostrado que el 80% de los libros sobre crianza son comprados por las madres. Ellas los leen y se los pasan a sus maridos, que apenas los leen. Es difĆcil mercadear la paternidad a una audiencia femeninaā.
Y el impacto que ese matriarcado estĆ” produciendo en las iglesias y en la sociedad es sencillamente devastador, sobre todo para el desarrollo de un verdadero liderazgo. La masculinidad es algo que se produce mayormente en un ambiente en el que las mujeres se comportan como mujeres y los hombres se comportan como hombres (lean bien: no como āmachosā, sino como hombres).
De manera que tanto el padre como la madre tienen la responsabilidad de criar a los hijos en el temor de Dios, pero el padre es el principal responsable de ese deber.
Apreciamos todo comentario que pueda complementar este artĆculo para edificación de los lectores de este blog.
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