2 – La ofrenda en la iglesia

Iglesia Evangélica León

Serie: La Iglesia

2 – La ofrenda en la iglesia

David Robles

David Robles se desempeƱa como pastor docente de la Iglesia Evangelica León y es presidente fundador y profesor del Seminario BEREA (EspaƱa). Tiene un amplio ministerio de enseƱanza y predicación en toda EspaƱa y otros paĆ­ses de habla hispana. David se graduó del Seminario BĆ­blico de Multnomah (Certificado BĆ­blico, 2001) y del Seminario de MaestrĆ­a (M.Div. 2004).

ĀæQuĆ© es una TEOFANƍA?

TeologĆ­a Express

ĀæQuĆ© es una TEOFANƍA?

 Otto SÔnchez

šŸŽ„ VĆ­deo: ĀæQuĆ© es una teofanĆ­a?
šŸ‘¤ Hermano: Otto SĆ”nchez
ā›Ŗļø Iglesia: BĆ­blica Ozama (Santo Domingo, Rep. Dominicana)
āš ļø Ā”SUSCRƍBETE Y ACTIVA LAS NOTIFICACIONES PARA NO PERDERTE NADA!

šŸ’» Web: http://www.teologiaexpress.jimdo.com
šŸ“² Instagram: http://www.instagram.com/teologia_express/
šŸ”µ Facebook: http://www.facebook.com/teologiaexpress/
āœ‰ļø Email: teologiaexpress@gmail.com
šŸŽ¶ MĆŗsica: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

¿Qué es una teofanía?, Teofanía, Teofanías
Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

El temor a las pĆ©rdidas económicas

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El temor

El temor a las pérdidas económicas

Mike Emlet

Nota del editor:Ā Este es el cuarto capĆ­tulo en la serie de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā El temor.

Considera cuÔnto de tu vida gira en torno a tu estabilidad económica. Te despertaste esta mañana en un dormitorio cÔlido porque pagaste la factura de electricidad. Desayunaste porque compraste provisiones. Fuiste y volviste del trabajo porque pagaste un billete de tren o la gasolina para tu automóvil. Llevabas puesta ropa apropiada para tu profesión, la cual compraste en una tienda. Tu trabajo te proporciona un ingreso regular que paga la calefacción, la comida, el transporte y la ropa. Y eso es solo la punta del iceberg. Casi todo lo que has tocado hoy tiene un costo.

Dado el grado en que las necesidades bĆ”sicas de la vida estĆ”n conectadas a la solvencia financiera, no es de extraƱar que incluso los cristianos luchen contra el miedo a sufrir pĆ©rdidas económicas. En un mundo caĆ­do, aun aquellos que trabajan y presupuestan diligentemente a veces encuentran que sus gastos exceden sus ingresos. Una enfermedad prolongada acaba con los ahorros. Las caĆ­das del mercado de valores destruyen las cuentas de jubilación. Los despidos laborales ocurren en la flor de la vida. La quiebra nos amenaza. El hambre y la falta de vivienda no son problemas aislados. La transitoriedad de la seguridad financiera es parte de la realidad de vivir en un mundo maldito por el pecado y saturado de sufrimiento (Pr 23:4-5; 1 Tim 6:7).

Jesucristo es nuestra posesión mÔs verdadera y profunda en medio de las fortunas cambiantes de la vida.

Es apropiado preocuparse por esto, pero a menudo nuestras vidas manifiestan reacciones y estrategias pecaminosas para evitar la posibilidad de la ruina financiera. Nuestra ansiedad se dispara. Nos convertimos en adictos al trabajo. Acumulamos nuestro dinero por temor a que nunca sea suficiente (Lc 12:13-21). Nos volvemos tacaƱos y calculadores, tratando cada decisión y relación como si fuera un balance financiero. Nuestra generosidad desaparece. Y, aun asĆ­, el fantasma de la pĆ©rdida no se va. Entonces Āæcómo afrontamos esta posibilidad con una creciente confianza  en Dios en lugar de una creciente ansiedad?

Es fundamental que comprendamos y confiemos en que Dios es un Padre amoroso y generoso que tiene cuidado de Sus hijos y les provee lo que mÔs necesitan. En el contexto de una discusión sobre la codicia y las posesiones, Jesús les dice a Sus discípulos: «Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis» (Lc 12:22). ¿Qué nos da confianza para dejar a un lado nuestras ansiedades por posibles pérdidas económicas? Los versículos que siguen (vv. 22-34) destacan cuatro cosas.

  1. LA VIDA ES MƁS QUE LA SATISFACCIƓN DE NECESIDADES TEMPORALES (V. 23).

Aunque la comida y la ropa son importantes (y, por lo tanto, tambiĆ©n los recursos financieros que permiten su adquisición), hay algo aĆŗn mĆ”s esencial para una vida abundante. En contraste con aquellos que Ā«buscan estas cosasĀ» como fines en sĆ­ mismas, JesĆŗs exhorta a Sus discĆ­pulos a buscar primero Su Reino (v. 31; ver Mt 6:33). Vivir de acuerdo con esta prioridad del Reino es lo que le permite al apóstol Pablo decir: Ā«Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de dĆ­a en dĆ­aĀ» (2 Co 4:16).

  1. DIOS PROVEE HASTA PARA LAS MƁS PEQUEƑAS DE SUS CRIATURAS (LC 12:24-28).

Si Ɖl alimenta a los cuervos y viste a los lirios con belleza, Āæno proveerĆ” para los seres humanos, que son el pinĆ”culo de Su creación? Ɖl sabe lo que necesitamos (v. 30). No nos darĆ” una piedra si le pedimos pan (Mt 7:9).

  1. SOMOS PARTE DEL REBAƑO DE DIOS (LC 12:32). VIVIMOS EN COMUNIDAD CON NUESTROS HERMANOS EN CRISTO.

Confiar en la provisión de Dios incluye creer que Ɖl traerĆ” gente para socorrernos cuando pidamos ayuda en un momento de crisis económica. La colecta de Pablo para la iglesia en JerusalĆ©n demuestra esta interdependencia en el cuerpo de Cristo (2 Co 8 – 9).

  1. A NUESTRO PADRE LE HA PLACIDO DARNOS EL REINO (LC 12:32).

Si Ɖl nos ha dado la posesión mĆ”s grande de todas: una herencia que es Ā«incorruptible, inmaculada y que no se marchitarÔ» (1 Pe 1:4), Āæcómo no nos darĆ” tambiĆ©n por gracia lo que realmente necesitamos (Rom 8:32)? La riqueza duradera y la verdadera seguridad se encuentran en el Reino: Ā«Porque conocĆ©is la gracia de nuestro SeƱor Jesucristo, que, siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de Su pobreza llegarais a ser ricosĀ» (2 Co 8:9).

Una creciente confianza  en nuestro Dios fiel no garantiza inmunidad contra las pĆ©rdidas económicas. Sin embargo, a pesar de la amenaza real de bolsas de dinero que envejecen, tesoros terrenales que fallan, ladrones que entran y roban, y polillas que devoran (Lc 12:33), Jesucristo nunca le faltarĆ” al pueblo de Dios. Ɖl es nuestro pan de vida (Jn 6:35) y nuestra agua viva (Jn 4:14), y nos viste con Su justicia (Is 61:10; Zac 3:1-5; 2 Co 5:21; Flp 3:9). Ɖl es nuestra posesión mĆ”s verdadera y profunda en medio de las fortunas cambiantes de la vida. Verdaderamente, Ɖl es JehovĆ”-Jireh, nuestro proveedor (Gn 22:14).

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Mike Emlet
Mike Emlet

El Dr. Mike Emlet es profesor de la Christian Counseling & Educational Foundation [Fundación de Consejería y Educación Cristiana] (CCEF). Es autor de CrossTalk [Conversaciones sobre la cruz] y Descriptions and Prescriptions [Descripciones y prescripciones].

La oración es para pecadores

Soldados de Jesucristo

Junio 02/2021

Solid Joys en EspaƱol

 La oración es para pecadores

John Piper

John Piper

Encuentra mƔs devocionales de John Piper en EspaƱol
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra mĆ”s recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
SĆ­guenos en Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
SĆ­guenos en Instagram: https://www.instagram.com/SoldadosDeJ…
SĆ­guenos en Twitter: https://twitter.com/sdJesucristo

Decir sĆ­ a Dios

MiƩrcoles 9 Junio

(Jesús dijo:) No queréis venir a mí para que tengÔis vida.Juan 5:40

Mirad que no desechĆ©is al que habla… al que amonesta desde los cielos.Hebreos 12:25

Decir sĆ­ a Dios

En una de sus obras, el cĆ©lebre biólogo Jean Rostand (1894-1977) escribió: ā€œLe dije no a Dios, afirmando las cosas un poco brutalmente, pero a cada instante la pregunta resurge… Y me digo: ĀæEs posible?ā€. AtraĆ­do constantemente por las maravillas de la naturaleza que no podrĆ­a atribuir al azar, este hombre se negaba a reconocer la mano de Dios en ella.

La base de la fe es responder sí a la invitación de Dios. La bondad de Dios nos invita a arrepentirnos para ser salvos, pero no nos obliga a hacerlo.

Decir no a Dios es rechazar los llamados de su gracia, que nos hace de diversas maneras; por ejemplo a través de las maravillas de la naturaleza, un mensaje del Evangelio, una conversación con un creyente, o la voz de nuestra conciencia.

Pero, Āæcómo ā€œdecir sĆ­ a Diosā€? ImagĆ­nese que estĆ” en una habitación cuyas persianas cerradas impiden que la luz del sol entre. Ā”Para que la luz llegue basta con abrir las persianas! No se trata de fabricar la luz, sino de dejarla entrar, quitando el obstĆ”culo que le impide expandirse. Sucede lo mismo en el Ć”mbito de la fe. ĀæCuĆ”les son los obstĆ”culos entre Dios y nosotros? DejĆ©monos iluminar por la luz que viene de lo que Ć©l nos dice en la Biblia. PidĆ”mosle que JesĆŗs, quien es esta luz, muestre en nuestra vida todo lo que se opone a Ć©l, y que llene nuestro corazón de sus pensamientos y su amor. Jesucristo quiere entrar como huĆ©sped y salvador. Ā”Decir sĆ­ a Dios significa confiar en Ć©l en todas las cosas! AhĆ­ empiezan la paz y las certezas.

2 Reyes 10 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chĀ –Ā labuena@semilla.ch