El problema del malĀ 

Iglesia EvangƩlica de la Gracia

Serie: ApologƩtica

El problema del malĀ 

Jairo Chaur

Jairo Chaur

Jairo nació en BogotÔ (Colombia). A finales del año 2000 vino a Barcelona con su esposa Ruth y sus tres hijos Daniel, Juan y Laura, con el propósito de adelantar estudios de doctorado en ingeniería.
Luego de concluir sus estudios, continuó en Barcelona y a finales de 2005 conoció el punto de misión en Sant Andreu, que para entonces comenzaba sus reuniones en la casa de David y Elisabet Barceló.
Convencido que tanto la doctrina como la visión de la IEG son fieles a la Palabra de Dios, Jairo y su familia se unen en diciembre de 2005 al que para entonces era un punto de misión. Fue en febrero de 2010 cuando es ordenado en el ministerio pastoral. Los primeros años combinó su ministerio con su trabajo secular como ingeniero y como profesor, y a partir del 2017 a plena dedicación, como misionero de HeartCry Missionary Society.

PornografĆ­a, Masturbación y Otras PrĆ”cticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Alimentemos El Alma

Dinero y posesiones en Proverbios

Pornografía, Masturbación y Otras PrÔcticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Por Jeffrey S. Black sobre Sexualidad
Una parte de la serie Journal of Biblical Counseling
Traducción por Ana Villoslada

Una vez, un abogado me mandó a una persona que había estado implicada en una serie de delitos sexuales. Para cuando lo conocí, ya había sido arrestado y acusado. Se trataba de un creyente de mÔs de 50 años, viudo con varios hijos que vivían en otro estado. Cuando cometió los delitos sexuales su esposa hacía unos 10 años que había fallecido.

El matrimonio había sido muy problemÔtico; había peleas y a él lo habían echado de casa. Su esposa había sido hospitalizada en numerosas ocasiones. Desde un punto de vista clínico, había sufrido depresión. Durante esas épocas, la pareja no había mantenido relaciones sexuales y el esposo me reveló que se había involucrado en varias relaciones extramatrimoniales cuando su mujer había estado hospitalizada y sexualmente indispuesta. A su parecer, eso lo hacía menos censurable.

Este hombre también me contó que desde la adolescencia hasta los veinte, había tenido varias citas homosexuales preliminares antes de su matrimonio. Durante su matrimonio y después de la muerte de su esposa, había tenido una relación muy estrecha con su hija, tanto que pensé que quizÔs había habido algo incestuoso pero me dijo que no. No obstante, estaba claro que su hija había actuado de otro modo como sustituta de su esposa. Cuando cumplió treinta decidió irse de casa. Un año después aproximadamente, el hombre comenzó a tener relaciones sexuales con dos jóvenes adolescentes.

Este caso ejemplifica dos aspectos del pecado sexual que los consejeros tienen que tener en mente: la inmoralidad es una forma de ā€œengaƱoā€ y expresa un modelo de ā€œderivaā€.

La inmoralidad sexual es un ā€œengaƱoā€.

ĀæQuĆ© queremos decir describiendo la inmoralidad sexual como un Ā«engaƱoā€? Normalmente, solemos pensar en un engaƱo en tĆ©rminos de tener una aventura con alguien que no es su cónyuge. Mi intención aquĆ­ es un poco distinta. Efesios 5:31-32 dice:

ā€œPor esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirĆ” a su mujer, y los dos serĆ”n una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame tambiĆ©n a su mujer como a sĆ­ mismo, y que la mujer respete a su maridoā€.

Las Escrituras son muy claras cuando dicen que el matrimonio tiene la intención de ā€œtipificarā€ la relación del creyente con Cristo. Ya que Dios es el que crea la relación matrimonial y el que revela las verdades sobre la redención y nuestra relación con Cristo, el significado de la metĆ”fora es de autoridad. Dios mismo crea la semejanza en vez de articular una semejanza que ya existe. Los principales temas de la metĆ”fora (la naturaleza del vĆ­nculo matrimonial y la unión del creyente con Cristo) interaccionan de un modo que cambia o enriquece nuestra comprensión de los mismos. Mi experiencia con Cristo en mĆ­ me ayuda a comprender que clase de esposo tengo que ser. En cambio, mi experiencia de estar en un mismo sentir en el matrimonio me ayuda a captar algo de la unión espiritual (GĆ”latas 2:20). Como resultado de la experiencia de mi unión con Cristo (Efesios 4:1-20,21; 5:1), estoy obligado a hablar verdad (Efesios 4:25), a edificar (Efesios 4:29), a morir a mĆ­ mismo (Efesios 5:1) y a no ser controlado por el egoĆ­smo, las pasiones o la ira (Efesios 4:31) en las relaciones, especialmente en el matrimonio.

¿Dónde encaja el sexo en este ejemplo? Creo que estÔ destinado a estar al final de la cadena de la intimidad. Pablo señala que el sexo es el producto o expresión (1 Corintios 7:3-4) de la unión. El sexo nunca crea la unión. Como es lógico, el mundo nos dice exactamente lo contrario. La sexualidad tal y como se la retrata en los medios de comunicación conduce o crea intimidad o estÔ totalmente separada del «problema» de la intimidad. De hecho, a menudo se insinúa que el mejor sexo es el sexo anónimo.

Si el matrimonio estÔ destinado a retratar la relación sexual como una expresión de compañerismo e intimidad intensos, entonces cualquier expresión sexual, incluso en el contexto del matrimonio que no expresa dicha unión no alcanza el diseño de Dios. Las Escrituras dicen que dos se vuelven uno y Dios dice que la sexualidad en el matrimonio debe ser la expresión de ese compañerismo, la expresión y consecuencia de esa intimidad. Si ese es el caso, entonces hay decenas de esposos y esposas en la iglesia que son ateos funcionales.

ĀæQuĆ© suele caracterizar un matrimonio en el que hay problemas sexuales? La esposa se queja: Ā«mi esposo llega a casa, no he tenido ningĆŗn tipo de relación con Ć©l, no hay comunicaciónā€. ā€œMe dice: cariƱo… Lo miro y dice ĀæQuiĆ©n eres? Ā”DĆ©jame solo!ā€. ā€œPero quiere arreglarlo acostĆ”ndonos; piensa que eso harĆ” que me sienta mĆ”s cerca de Ć©lā€. Aunque aquĆ­ no hay implicada ninguna inmoralidad flagrante, hay ā€œengaƱoā€, sexo sin intimidad.

Al comportamiento de mi delincuente sexual lo denominĆ© ā€œengaƱoā€ porque toda su vida sexual (su matrimonio, sus aventuras extramatrimoniales e incluso el comportamiento sexual desviado que mostró) era una expresión de su deseo por tener sexo sin intimidad. Era un perezoso. No querĆ­a esforzarse en su relación con su esposa, de ahĆ­ el adulterio. DespuĆ©s encontró la intimidad en una oportuna relación con su hija para la que Dios dijo que no habĆ­a lugar. Este hombre era un tramposo. Dios habĆ­a diseƱado un plan y Ć©l se lo habĆ­a saltado para hacer las cosas a su modo.

Mientras lo aconsejaba, le preguntĆ© sobre la posibilidad de volverse a casar y me contestó: Ā«Bueno, es que no quiero otro matrimonio para que acabe como el primeroā€. Eso era comprensible, Āæpero quĆ© estaba diciendo en realidad? Me estaba diciendo: ā€œno quiero entrenar la intimidad. Quiero el resultado de la sexualidad pero no quiero alcanzarlo como Dios lo ha diseƱadoĀ». DespuĆ©s de que su hija se marchase, este hombre se agarró a dos chicos que vivĆ­an cerca que comenzaron a servirle para el propósito de engaƱo de su vida.

Cada vez que vea a una persona envuelta en un comportamiento sexual ilícito, puede estar seguro de que esa persona es una tramposa, quiere gratificación sexual sin intimidad. Lo que quiere decir que cuando se aconseja a alguien que tiene problemas con la pornografía, un problema sexual en el matrimonio o incluso esté metido en formas extrañas y pervertidas de sexualidad, en la raíz esta persona no quiere experimentar el sexo en el contexto para el que Dios lo ha creado. Esta persona tiene que enfrentarse al plan de Dios, y ese plan es intimidad.

EngaƱo y egocentrismo.

Cuando aconseje a personas que tengan problemas con la pornografía, hay que entender que la pornografía tiene un fin muy sencillo: la masturbación. Cuando alguien produce una película o una revista pornogrÔfica (en una industria claramente dirigida al hombre), el objetivo de la pornografía es la masturbación. Aparte de esto, el objetivo de la pornografía y la masturbación es crear un sustituto de la intimidad.

Masturbarse es tener sexo con uno mismo. Si estoy teniendo sexo conmigo mismo, no quiero invertirme en otra persona. Las personas que son ā€œadictasā€ a la pornografĆ­a, no son tan adictas a cosas morbosas como lo son al egocentrismo. EstĆ”n comprometidas a servirse a ellas mismas para hacer cualquier cosa con el fin de encontrar una manera apropiada de no morir a ellos mismos, que es la naturaleza de la compaƱƭa en una relación.

El egocentrismo se pone de manifiesto de muchas formas. Cuando hable con personas que son pedófilos (pederastas), una de las cosas mĆ”s interesantes de las que se darĆ” cuenta es su tendencia a mirar a los niƱos como una pareja sexual adulta. Ellos no piensan: ā€œestoy teniendo sexo con un niƱoā€; intentan ver al niƱo como un igual fĆ­sico, emocional y sexual. Lo contrario serĆ­a desplazarse del centro, ver las cosas a travĆ©s de otra lente distinta a sus propios deseos y experiencias. Eso es morir a uno mismo, intimidad, compaƱƭa, eso es amar a otra persona, que es precisamente lo que no estĆ”n dispuestos a hacer.

Las Escrituras ofrecen el mejor modelo para comprender este tipo de pecado sexual. Los libros de psicología ofrecen un sin fin de explicaciones para estos comportamientos con la intención de dejarlo preocupado por su caso, su experiencia y su madre, pero no tendrÔ que enfrentarse consigo mismo ni con sus decisiones.

En oposición, las Escrituras siempre se centran en el corazón. Ya que Dios diseñó la sexualidad para ser una expresión de un mismo sentir, cualquier forma de perversión sexual tambiĆ©n lo es de perversión del plan de intimidad de Dios. Ya sea que estĆ© aconsejando a alguien cuyo comportamiento sexual le da asco o a alguien con problemas sexuales comunes en el matrimonio, el problema siempre vuelve a la intimidad y al origen de la intención de Dios de la sexualidad. GĆ©nesis 2:18 (Ā«no es bueno que el hombre estĆ© soloā€) significa que su intervención mĆ”s esencial como consejero es enseƱar a esta persona a morir a sĆ­ misma y a amar a los demĆ”s mĆ”s que a sĆ­ misma.

Una interesante separata en este estudio de caso muestra la divergencia entre las explicaciones teológicas de la Biblia y las ideas seculares comunes sobre perversión sexual. Mientras aconsejaba a este hombre, recibí una llamada de su abogado. Quería que su cliente acudiese a una clínica de rehabilitación para adictos sexuales creyendo que esto sería favorable ante la sentencia del juez. Accedí a mi pesar ya que no pensaba que esta persona continuase siendo una amenaza; parecía estar bien centrado en ese momento y yo no quería que fuese a la cÔrcel. Creía que se había arrepentido y que estaba haciendo un buen progreso en las charlas. Pero accedí.

”Qué gran error! Mi paciente no estÔ en la cÔrcel pero para poder obtener una sentencia favorable, tenía que denominarse a sí mismo adicto sexual y aceptar apartarse de cualquier relación hasta que estuviese curado. Lo irónico, por supuesto, era que yo lo estaba retando a buscar la intimida legítima en el contexto del matrimonio por primera vez en su vida, pero a cause de la denominación de adicto sexual, el objetivo del tribunal fue mantenerlo apartado de cualquier relación significativa, la misma raíz del problema.

La inmoralidad sexual como ā€œderivaā€.

El segundo aspecto de la inmoralidad sexual es la «deriva», que es lo que yo llamo los antecedentes del corazón. Le voy a dar un ejemplo.

Cuando tenía 17 años, decidí comprarme mi primera revista pornogrÔfica. Esto fue algo temible para mí. Recuerdo cómo fui a la tienda del barrio que tenía una sección de revistas. Esperé y me aseguré de que nadie me veía, tomé una revista y la enrollé para que nadie pudiese ver qué era. Entonces me quedé ahí y me paseé de arriba abajo hasta que reuní todo el valor suficiente para pagarla. Justo cuando caminaba hacia la caja, el hombre se fue y una mujer lo reemplazó. Me giré rÔpidamente. Debí pasar cuarenta y cinco minutos en esa tienda intentando comprar esa revista, hasta que conseguí comprarla. Conforme pasó el tiempo, compré algunas mÔs.

Entonces me di cuenta de algo. Ya no enrollaba la revista. Ya la tomaba, caminaba hacia la caja y ”la compraba! De hecho, comencé a comprar dos. Todavía las compraba sólo cuando el hombre estaba allí pero después de un tiempo, no me importaba quién estuviera detrÔs de la caja. Al final era capaz hasta de charlar con la mujer cuando compraba las revistas.

Las personas empiezan con lo que yo llamo Ā«el Ć”rea cómoda de la lĆ­nea de fondoā€ por la manera con la que tratan con su pecado. Dios dice que asĆ­ es la naturaleza del pecado mientras continuamos pecando y apagamos el EspĆ­ritu, mientras quemamos nuestra consciencia; lo que antes era algo muy desagradable ahora se vuelve agradable. Comenzamos a ir a la deriva conforme nos comprometemos. Con frecuencia, el pecado sexual comienza como una experiencia terrible y que provoca ansiedad, pero esta reacción se desvanece despuĆ©s de un tiempo a causa de nuestra lujuria, nuestro deseo, nuestro corazón opuesto a Dios. Nos encontramos en una nueva Ć”rea de comodidad y cuando pasa un tiempo, si no nos arrepentimos nos vamos aĆŗn mĆ”s a la deriva.

Cada vez que aconsejo a alguien con un problema sexual, en concreto algo considerado extraƱo o desviado, presupongo que voy a encontrar una pauta o historia que predispone al problema actual. Nadie se levanta por la maƱana y dice: Ā«como no tengo nada que hacer hoy, Ā”creo que voy a exponerme!Ā». Las personas nunca saltan de cabeza a formas extremas de pecado, se ā€œderivanā€ a ellas. Cuando aconseje a alguien con un patrón de desviación sexual, asuma que Ć©l o ella tiene un largo y pesado historial de inmoralidad que es poco probable que se revele sin que usted lo investigue constantemente. Normalmente, cuando le pregunte a esas personas lo que hicieron, se lo dirĆ”n, pero cuando pregunte ā€œquĆ© mĆ”s hicieron, quĆ© los condujo a esoĀ», responderĆ”n que no hicieron nada mĆ”s. Persista en la bĆŗsqueda. Siempre que pase tiempo con esas personas, comenzarĆ” a ver un caso de compromiso que lleva al final con un pasito y no con un salto. En tĆ©rminos de pecado sexual, la persona ya se ha alejado muy a la deriva de los criterios de Dios.

La ā€œderivaā€ del pecado es como ir a la playa y quedarse dormido en una balsa en el mar. De repente, el silbato de un socorrista interrumpe su sueƱo. Mientras se despierta ante el continuo y molesto sonido agudo del silbato, se pregunta: «¿A quĆ© estĆ” silbando ese idiota?Ā» Levanta la mirada y Ā”es a usted! No lo habĆ­a planeado pero de repente todas las personas de la playa parecen puntitos porque usted se ha ido a la deriva en el mar. El pecado funciona asĆ­, el pecado siempre tiene unos antecedentes. Pero recuerde que Dios tambiĆ©n tiene antecedentes con nuestros corazones.

La solución de Dios contra la Ā«derivaā€.

Este antecedente se llama santificación. La santificación es completa llegada a un punto y progresiva de manera dinĆ”mica. El salmo 119:9-11 dice: ā€œĀæCómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvĆ­e de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra tiā€. En Juan 17:14-19, JesĆŗs ora al Padre ā€œYo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. SantifĆ­calos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tĆŗ me enviaste al mundo, yo tambiĆ©n los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico, para que ellos tambiĆ©n sean santificados en la verdadā€.

La persona que va a la deriva vive con un corazón lleno de compromiso e inmoralidad. Siempre estÔ pensando en sus propios pensamientos, intrigando sus intrigas. Pero el creyente estÔ llamado a santificarse a sí mismo meditando en la Palabra de Dios. Esta es la solución de Dios a los pecados sexuales que dan problemas y atormentan a muchos.

La Biblia no tiene que decir nada específico para la masturbación porque no es necesario. El problema de la masturbación no es la masturbación sino la condición del corazón de la persona. Las Escrituras no son insuficientes, como dirían muchos, porque no articule un mecanismo de comportamiento para tratarlo. Dios dice que si mi corazón se mantiene puro meditando continuamente en su Palabra en el contexto de la obra santificadora de Dios, tendré el poder de vencer las tentaciones que conducen a la satisfacción, pornografía y masturbación.

Muchas personas piden consejo porque tienen un problema de centrismo. Piden una técnica para no involucrarse en cierto comportamiento. EstÔn deseando recibir un curso intensivo que les permita utilizar a Dios para vencer un pecado concreto. Su deseo por una solución rÔpida es comprensible pero no existe técnica o mecanismo (psicológico, espiritual, etc) que les impida satisfacerse en la pornografía o la masturbación.

Los pacientes no han puesto a trabajar sin cesar la Palabra santificadora de Dios, por lo que en momentos de crisis descubren que no estĆ”n equipados para tratar con el pecado. Esperan encontrar rĆ”pidamente una solución que eluda el trabajo constante de la Palabra mediante el EspĆ­ritu. Lo que dicen bĆ”sicamente es: ā€œĀ”deprisa! Ā”Necesito un poco de Dios! Ā”Estoy en un gran problema aquĆ­!ā€

Como consejero no puede darles algo que Dios perfecciona lentamente un día tras otro. Lo único que puede ofrecerles es información de la Biblia. Lo que realmente necesitan es sabiduría, pero la sabiduría es lo que llega cuando Dios aplica Su Palabra en sus vidas. En medio de una crisis, lo único que el consejero puede hacer es promover el comienzo de este proceso.

ā€œDiferenciarseā€ de Dios o del mundo.

Mientras tratamos con el problema del pecado sexual, es importante que reconozcamos otro factor que estĆ” obrando. Lo que la Biblia llama ā€œel mundoā€ es un sistema de valores y creencias que con agresividad buscan tomar el control de nuestros corazones. El mundo tambiĆ©n tiene (si se me permite usar esta expresión) un influencia ā€œsantificadoraā€ con la que el mundo buscar diferenciarnos para sĆ­ mismo en contraposición al deseo de Dios de diferenciarnos para Ɖl mismo. Una persona que pide consejo sobre pecados sexuales es una persona a la que el mundo ha Ā«diferenciadoĀ», a la que constantemente le ha permitido satisfacerse en las cosas que el mundo le presentaba.

Debemos volver a la realidad bĆ­blica de que la sexualidad es un acto espiritual, no fundamentalmente fĆ­sico. Siempre implica al espĆ­ritu del hombre, ya sea con la voluntad de Dios conjuntamente en comunión con el EspĆ­ritu Santo o en rebelión contra esa voluntad, intentando echar al EspĆ­ritu Santo del camino. El mundo quiere ignorar esa dimensión y presenta el sexo como un acto biológico caracterizado por el acumulamiento y necesaria liberación de la tensión sexual. Cuando se acumula la presión, el mundo implica que no tenemos poder para resistir. Incluso hombres cristianos piensan asĆ­ cuando citan erróneamente 1 Corintios 7:1-9 para reafirmar el argumento de que el matrimonio es una provisión para la pasión: ā€œPablo dice que es mejor casarse que quemarseā€.

Sin embargo, como muchos hombres casados han descubierto, la carne es insaciable. No opera bajo el principio de reducción de la tensión; el corazón del hombre busca insaciablemente lo malo. Como resume JeremĆ­as 17:9: ā€œMĆ”s engaƱoso que todo, es el corazón, y sin remedioā€. Este es el problema que revela el pecado sexual y al que se dirige la Palabra de Dios.

En ese sentido, en cada parte que leo de las Escrituras, veo cómo tratar el tema de la pornografía, la masturbación, la perversión sexual, la pederastia, pedofilia y otras cosas en las que se involucran las personas. La Biblia tiene mucho que decir al respecto pero no desde un punto de vista técnico, no se trata de técnicas psicológicas. El tema es que Dios concibió el sexo para ser una expresión de comunión e intimidad. Es una metÔfora de nuestra relación con Cristo. Parece que nosotros buscamos todas las maneras posibles de eludir esta realidad.

El sexo es un acto espiritual, no biológico. No se trata de un problema para tratar con nuestros impulsos sino de santificar nuestros corazones. Cuando aconseje, mantenga eso al frente de sus pensamientos. A menudo, cuando las personas piden consejo se decepcionan muchĆ­simo porque quieren una solución que no los obligue a sujeta su voluntad al EspĆ­ritu Santo. Dicho de una manera sencilla, su aproximación al problema es el problema. Cuando trabaje con ellos, tendrĆ” Ć©xito si consigue ayudarlos a reconocer que la Ćŗnica solución es lo que dice el salmista, que si guardo la Palabra de Dios en mi corazón, no pecarĆ© contra Ɖl.

Jeff Black es miembro de la facultad en CCEF, Glenside, Pennsylvania.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

ĀæPor quĆ© es una cuestión tan grave el pecado sexual?

Got Questions

¿Por qué es una cuestión tan grave el pecado sexual?

La cultura moderna ha intentado redefinir la sexualidad como un derecho personal que se puede ejercer de la manera que el individuo desee. El comportamiento sexual se considera una elección personal, al igual que la decisión de comprar una casa o alquilar un apartamento. Al mismo tiempo, la opinión popular prÔcticamente ha eliminado la palabra pecado del vocabulario de nuestra cultura. La única expresión sexual que se considera «mala» es la que la persona que la define considera desagradable. Sin embargo, la aceptación social varía tanto que incluso el mÔs vil de los actos sería considerado legítimo por muchos. Por lo tanto, antes de poder determinar por qué el pecado sexual es tan importante, tenemos que definir el pecado sexual.

Afortunadamente, el hombre nunca ha tenido el privilegio de definir el pecado. Aquel que creó la sexualidad también tiene el derecho de establecer los límites de la misma, y la Biblia es clara en cuanto a las directrices. Cuando Dios creó al primer hombre, AdÔn, y le trajo a la primera mujer, Eva, los unió en matrimonio y lo declaró «muy bueno» (Génesis 1:31; 2:18, 24). En ese momento, Dios introdujo la sexualidad y estableció los límites para su expresión. Dios creó una unión entre marido y mujer que llamó «una sola carne» (Génesis 2:24; Mateo 19:6; Marcos 10:8; Efesios 5:31). Luego definió cualquier actividad sexual fuera de la relación marido-esposa como una violación de Su don. La fornicación, la homosexualidad, la pornografía y la lujuria son todas violaciones de la intención de Dios cuando creó el acto sexual (1 Corintios 6:9,18; GÔlatas 5:19-20; Judas 1:7; Mateo 5:28; Hebreos 13:4).

Entonces, Āæpor quĆ© es tan importante la violación de esos lĆ­mites? La primera pista estĆ” en GĆ©nesis 2:24 con las palabras Ā«una sola carneĀ». Hay un gran poder unificador en la unión sexual. Dios la diseñó para involucrar no sólo a los cuerpos, sino tambiĆ©n a los corazones y a las vidas. El sexo fue diseƱado para consumar la unión de por vida entre un hombre y una mujer. JesĆŗs dijo: Ā«lo que Dios juntó, no lo separe el hombreĀ» (Mateo 19:6; Marcos 10:9). Ɖl diseñó los cuerpos del hombre y de la mujer de manera diferente para que pudieran unirse en un acto de intimidad fĆ­sica que los une de por vida. Ā«AsĆ­ que no son ya mĆ”s dos, sino unoĀ» (Marcos 10:8). El acto de convertirse en uno crea una nueva entidad: una familia. Esta poderosa fuerza tambiĆ©n da lugar a una nueva vida (GĆ©nesis 4:25). La raza humana sólo se puede propagar mediante la unión de un hombre y una mujer. Y, dentro del matrimonio, Dios lo bendice (GĆ©nesis 1:28; 9:27; Salmo 17:3). El sexo es un regalo para el marido y la mujer que hace que su relación sea Ćŗnica entre todas las demĆ”s relaciones.

Sin embargo, lo que Dios crea como bueno, SatanÔs lo pervierte. SatanÔs comenzó su insidiosa profanación en el Jardín del Edén con las palabras «¿Conque Dios os ha dicho?» (Génesis 3:1). Y ese desafío a la autoridad de Dios continúa todavía. Cuando usamos la sexualidad como entretenimiento o para satisfacer la lujuria, rebajamos la belleza de este poderoso don y desafiamos a Aquel que lo diseñó. También cosechamos las consecuencias de nuestro pecado. Nuestra desobediencia sexual ha producido un mundo que se tambalea bajo el peso de la enfermedad, el aborto, la perversión, el abuso de menores, la adicción y la explotación sexual. Dios creó los límites para nuestro bien, para que pudiéramos disfrutar de Su regalo como fue diseñado para ser disfrutado.

La electricidad es algo poderoso y útil si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa mal o se abusa de ella, la electricidad puede ser mortal. Lo mismo ocurre con la sexualidad. Si se usa mal, el sexo también es mortal. Abusar del don de Dios produce problemas como el aborto, la pobreza, la violación, el adulterio, el divorcio y la pornografía. El pecado sexual comienza con la tentación, como todo pecado. Cuando nos negamos a reconocer los límites de Dios, permitimos que la lujuria determine nuestras decisiones. Y la lujuria nunca conduce en la dirección correcta. Santiago 1:13-15 dice: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte».

Otra razón por la que el pecado sexual es tan importante es que destruye la imagen del pacto inquebrantable que Dios tiene con Su pueblo. La Biblia utiliza el matrimonio como una metÔfora para describir la relación de pacto que Jesús tiene con Su «novia», aquellos que ha comprado con Su propia sangre (Apocalipsis 19:7; 2 Corintios 11:2). En el Antiguo Testamento, Dios frecuentemente comparaba al rebelde Israel con una esposa rebelde, utilizando el adulterio como imagen del mÔs atroz de los pecados (Jeremías 3:6). Dios creó el acto sexual para que fuera la consumación de una relación de alianza, una alianza en la que Dios ha participado (Malaquías 2:14; Mateo 19:6; Marcos 10:9). El pacto matrimonial ilustra el pacto inquebrantable de Dios con nosotros. Mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio viola la intención de Dios y acarrea graves consecuencias.

El pecado sexual contamina mucho mƔs que nuestros cuerpos fƭsicos (1 Corintios 6:18). Tiene un significado espiritual. Casi todos los libros de la Biblia rechazan la inmoralidad sexual, indicando que Dios la considera un pecado grave. Cometer un pecado sexual se opone directamente a la voluntad de Dios de santificarnos (1 Tesalonicenses 4:3).

Romanos 13:13-14 esboza la vida que Dios desea que vivamos: «Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveÔis para los deseos de la carne». El pecado sexual es una forma mÔs de gratificar la carne en lugar de caminar en el Espíritu (GÔlatas 5:16). Jesús dijo que los «puros de corazón» «verÔn a Dios» (Mateo 5:8). El pecado sexual sin arrepentimiento contamina el corazón, haciendo imposible experimentar el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si deseamos ser puros de corazón, no podemos involucrarnos en el pecado sexual.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

La parĆ”bola del crecimiento de la semilla

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parÔbolas de Jesús

La parƔbola del crecimiento de la semilla

Matthias Lohmann

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parÔbolas de Jesús.

Mientras escribo esto, estoy sentado frente al escritorio de mi oficina en Munich, Alemania, pensando en las estadísticas mÔs recientes sobre el cristianismo en Alemania. Según los números que veo frente a mí, el cristianismo estÔ decayendo rÔpidamente. El país donde quinientos años atrÔs comenzó la Reforma, pronto tendrÔ la mayor parte de su población identificÔndose como no cristianos. Hace apenas setenta años, en la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial, el noventa y cinco por ciento de la población eran miembros de la Iglesia católica romana o de alguna Iglesia protestante. Sin embargo, tan solo en el 2018, las Iglesias estatales protestantes perdieron un dos por ciento de sus miembros. Pero aún mÔs alarmante es el hecho de que solo alrededor del 3,4 por ciento de los miembros de las Iglesias estatales protestantes asisten a un servicio algún domingo, lo cual resulta ser menos de un uno por ciento de la población de Alemania. La cantidad de cristianos que asisten a Iglesias libres (no estatales) también es insignificante. Pero eso no es todo, la inclinación hacia el liberalismo en casi todas las denominaciones es aún mÔs alarmante. A veces pareciera como si predicar el evangelio en Alemania fuera una pérdida de tiempo. ¿Debería simplemente rendirme e ir a un lugar donde las buenas nuevas sean recibidas con mayor entusiasmo?

Puede ser que vivas en un lugar donde el evangelio se predica mÔs, pero de seguro ya has notado que el Reino de Dios no parece estar avanzando como esperabas. Tal vez te armaste de valor para defender la causa de Cristo, sin embargo, te encontraste con miradas confundidas y con personas que se alejaban de ti. Probablemente así se sintieron los discípulos de Jesús en varias ocasiones durante el ministerio terrenal de nuestro Señor.

Sigamos esparciendo la semilla del evangelio y maravillƔndonos de lo que Dios harƔ por medio de Su Palabra.

En Marcos 4:26-29, vemos cómo JesĆŗs instruyó y animó a Sus discĆ­pulos a continuar predicando el evangelio y a confiar que el SeƱor usarĆ­a sus esfuerzos para mostrar en Su tiempo una cosecha abundante. Estas palabras deberĆ­an ser de Ć”nimo para nosotros y, a la vez, un recordatorio de nuestra encomienda y sus limitaciones.

El versĆ­culo veintisĆ©is introduce la parĆ”bola y nos ayuda a ver nuestra encomienda: Ā«El Reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierraĀ». Al igual que en la muy conocida parĆ”bola del sembrador al principio de este capĆ­tulo,JesĆŗs aquĆ­ habla del Reino de Dios como viniendo por medio de la semilla esparcida. Ɖl acaba de explicar que la semilla es la Palabra de Dios (v. 14), por lo tanto, es evidente que la encomienda para cada uno de nosotros es sembrar la semilla por medio de la predicación de la Palabra.

Sin embargo, a menudo nos sentimos decepcionados cuando todos nuestros esfuerzos parecen ser en vano. Esto puede motivarnos a seguir tratando, incluso a poner en prÔctica cualquier truco nuevo con la esperanza de producir los resultados deseados. Pero Jesús tiene un consejo mÔs efectivo para aquellos que fielmente han echado la semilla: « [El sembrador] se acuesta y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe. La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga» (vv. 27-28). Nota, primeramente, que el crecimiento ocurre «automÔticamente». Cuando una buena semilla cae sobre una tierra preparada, esa semilla brotarÔ y crecerÔ. El poder de ese crecimiento descansa en la misma semilla. Es la misma Palabra poderosa que cumplirÔ el propósito por el cual ha sido enviada. En segundo lugar, toma tiempo para que la semilla esparcida crezca. En la previa parÔbola del sembrador, Jesús había señalado que la semilla que aparentemente creció con rapidez, terminó sin producir fruto alguno (vv. 5 ss.).

En la conclusión del pasaje, finalmente leemos que no necesitamos temer pensando que el Reino de Dios no prosperarĆ”: Ā«Y cuando el fruto lo permite, Ć©l enseguida mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siegaĀ» (v. 29). Ā”Esto es liberador! Somos llamados a ser simplemente embajadores de Cristo. Solo tenemos que esparcir la semilla. El resto es obra de Dios y Ɖl llevarĆ” a cabo Su obra. Su Reino vendrĆ” exactamente como Ɖl lo ha decretado.

No podemos estar seguros de que todos nuestros amigos se entregarĆ”n a Cristo, pero podemos estar seguros de que Dios no demanda de nosotros lo que solamente Ɖl puede hacer. Ɖl reunirĆ” a los escogidos, tanto los de tu cĆ­rculo de amigos como los de Alemania. Cuando Cristo regrese para recoger Su cosecha, habrĆ” una multitud de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Ɖl lo harĆ” a Su tiempo cuando la misión estĆ© completa. AsĆ­ que, sigamos esparciendo la semilla del evangelio y maravillĆ”ndonos de lo que Dios harĆ” por medio de Su Palabra.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Matthias Lohmann
Matthias Lohmann

El Rev. Matthias Lohmann es pastor en la Free Evangelical Church en Munich, Alemania, y presidente y fundador de la asociación evangelística alemana Evangelium21.

Cuando la razón sirve a la rebelión

Soldados de Jesucristo

Junio 10/2021

Solid Joys en EspaƱol

Cuando la razón sirve a la rebelión

John Piper

John Piper

Encuentra mƔs devocionales de John Piper en EspaƱol
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra mĆ”s recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
SĆ­guenos en Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
SĆ­guenos en Instagram: https://www.instagram.com/SoldadosDeJ…
SĆ­guenos en Twitter: https://twitter.com/sdJesucristo

La fe

Jueves 10 Junio

Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6

Porque por fe andamos, no por vista.2 Corintios 5:7

La fe

Creer en Dios supone creer en su existencia y en el hecho de que yo soy su criatura. Es reconocer su grandeza y su poder, en contraste con mi pequeñez, mi fragilidad. Es percibir lo absoluto de su santidad y de su amor, y llegar a la terrible conclusión de mi derrota moral. La fe me lleva a reconocer lo que soy ante Dios: una criatura que lo ofendió, que merece su juicio y que en sí misma no tiene ninguna posibilidad de salvarse.

Creer en Dios tambiĆ©n es tener la firme convicción de que Ć©l tiene el poder para salvarme, debido a lo que Ć©l es. La Biblia, su Palabra, nos anuncia su plan de salvación: ā€œDe tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigĆ©nito, para que todo aquel que en Ć©l cree, no se pierda, mas tenga vida eternaā€ (Juan 3:16). Esta liberación es inmediata para aquel que cree, es un don de Dios, es la vida eterna.

La fe en Dios, en su Palabra, es la base para la vida del cristiano. El creyente que tiene la vida eterna vive hoy en ā€œvida nuevaā€ (Romanos 6:4). ConfĆ­a en Dios, le habla, le hace preguntas. Cuenta con su ayuda diaria. El SeƱor JesĆŗs mismo enseñó cómo poner en prĆ”ctica esta vida de fe. Respondió a dos ciegos: ā€œConforme a vuestra fe os sea hechoā€ (Mateo 9:29). A un padre que le suplicaba por su hijo enfermo, le dijo: ā€œAl que cree todo le es posibleā€ (Marcos 9:23). Andar por la fe es dejar a Dios dirigir nuestra vida. Es reconocer la verdad y la confiabilidad de lo que nos dice en la Biblia. Es creer en sus promesas; y en especial, es la esperanza de estar pronto con JesĆŗs.

2 Reyes 11 ā€“ Romanos 15:14-33 ā€“ Salmo 69:9-18 ā€“ Proverbios 17:1-2

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch