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Serie: Las parÔbolas de Jesús
La parƔbola de los labradores malvados
PorĀ Charles K. Telfer
Nota del editor:Ā Este es el sexto capĆtulo en la serie de artĆculos deĀ Tabletalk Magazine:Ā Las parĆ”bolas de JesĆŗs.
NingĆŗn hombre fue mĆ”s valiente que nuestro SeƱor JesĆŗs. Expuso abiertamente y a riesgo de Su vida, las malas intenciones de los ensimismados lĆderes del pueblo de Dios de Su generación. Irónicamente, nuestro pasaje termina con estos principales sacerdotes procurando arrestarlo (Mt 21:45-46), ejerciendo asĆ, precisamente, el tipo de avaricia obstinada que JesĆŗs condenó en la historia. Las fuertes acciones de JesĆŗs (expulsando a los mercaderes del templo) y Sus palabras sobre el juicio venidero (las historias colindantes sobre la maldición de la higuera y las parĆ”bolas de los dos hijos y del banquete de bodas) son armas en la batalla contra el establecimiento religioso con las que Ćl habĆa estado luchando desde que entró en JerusalĆ©n.Ā
La parĆ”bola de JesĆŗs se basa particularmente en la enseƱanza de IsaĆas y es inusualmente alegórica. El dueƱo de la viƱa es Dios: Ā«la viƱa del SEĆOR de los ejĆ©rcitos es la casa de IsraelĀ» (Is 5:7); los labradores ingratos en la mira de JesĆŗs son los lĆderes: Ā«El SEĆOR entra en juicio con los ancianos de Su pueblo y con Sus prĆncipesĀ» (3:14); y los siervos enviados por el amo hacen referencia a los profetas (JesĆŗs hace esa misma referencia en Mateo 23:37 al lamentarse sobre JerusalĆ©n). Estos siervos incluyen a Juan el Bautista, asesinado a manos de los gobernantes malvados de Israel (Mt 21:25). JesĆŗs termina Su parĆ”bola con los labradores tratando terriblemente al hijo del dueƱo, como si fuera un criminal. En el versĆculo 45, los que escuchaban comprendieron las implicaciones de los versĆculos 41-44: Ā«[El dueƱo] llevarĆ” a esos miserables a un fin lamentable, y arrendarĆ” la viƱa a otros labradores que le paguen los frutos a su tiempoĀ», y particularmente el golpe de gracia de JesĆŗs en el versĆculo 43: Ā«el Reino de Dios os serĆ” quitado y serĆ” dado a una nación que produzca sus frutosĀ». Su liderazgo abusivo pronto llegarĆa a un abrupto final.
El SeƱor viene y debemos rendir cuentas. CuidĆ©monos de producir los frutos de la confianza y la vida justa que Ćl espera.
El inicio del cumplimiento histórico de estas profecĆas tuvo lugar en los desastres de los aƱos 66 al 70 y 132 al 135 d. C., cuando los romanos destruyeron el templo, la ciudad de JerusalĆ©n y a la mayorĆa de los lĆderes del pueblo.
Mira lo que JesĆŗs subraya como la ofensa fundamental: rechazarlo. JesĆŗs se presenta a SĆ mismo como el Hijo en una relación especial con el Padre. C. S. Lewis argumenta convincentemente que nadie puede tomar a JesĆŗs como otro buen maestro moral. Ćl debe ser o el MesĆas o un megalómano. JesĆŗs afirma que rechazarlo es el acto culminante que conduce al juicio. JesĆŗs se pone a SĆ mismo en el centro de los propósitos de YahvĆ© por la forma en que cita el Antiguo Testamento en la parĆ”bola. En el versĆculo 42, se aplica el Salmo 118:22-23: Ā«La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra principal del Ć”nguloĀ» (ver Is 28:16). En esencia, JesĆŗs estĆ” afirmando: Ā«Los poderosos pueden considerarme un rechazado sin valor, pero Dios harĆ” maravillas a travĆ©s de MĆ y me darĆ” un ReinoĀ». Algo mĆ”s sobrio aĆŗn, en Mateo 21:44, JesĆŗs se presenta a SĆ mismo como esa piedra peligrosa (Is 8:14; Dn 2:34,44). «”No me desechen!Ā» les estĆ” diciendo.
Esta historia fortaleció la fe de los primeros cristianos contra la vergüenza y la desgracia de que JesĆŗs fuera Ā«arrojado y muertoĀ» (Mt 21:39). Los musulmanes rechazan la crucifixión del profeta JesĆŗs como algo inconcebible; de hecho, Su muerte es un escĆ”ndalo para todos aquellos que buscan demostraciones terrenales de poder e influencia. AdemĆ”s, ĀæcuĆ”ntas personas fueron convertidas por las enseƱanzas de JesĆŗs aquĆ? Los resultados externos no son una buena medida de la predicación fiel. Nuestro pasaje ayudó a los primeros cristianos judĆos a dar sentido a los cambios radicales en el liderazgo y las formas externas del pueblo de Dios que tuvieron lugar en el primer siglo (Hch 2:23-37; 3:14-15); y esta parĆ”bola de JesĆŗs nos ayuda a todos a ver en el Nuevo Testamento una imagen mĆ”s amplia del Israel de Dios expandido, compuesto por creyentes tanto judĆos como gentiles bajo el nuevo liderazgo de los apóstoles de Cristo (Rom 11, Gal 6:16).
Los que creemos en JesĆŗs debemos guardarnos de la presunción y la ingratitud que Ćl condena aquĆ (ver Rom 11:21). El SeƱor viene y debemos rendir cuentas. CuidĆ©monos de producir los frutos de la confianza y la vida justa que Ćl espera. Y recordemos la abundante bondad de Dios para con nosotros que nos sugiere esta parĆ”bola: la viƱa cuidadosamente preparada, los tratos hiper pacientes del DueƱo de la viƱa esperando una respuesta y el Hijo que murió. El valiente que dijo esta parĆ”bola pronto estarĆa en camino de Ā«[probar] la muerte por todosĀ» (Heb 2:9). QuĆ© buena razón para que respondamos con fe y gratitud hoy y todos los dĆas.
Este artĆculo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
El Dr. Charles K. Telfer es profesor de lenguas bĆblicas en el Westminster Seminary California y es anciano docente en la Presbyterian Church in America. Es autor de Wrestling with Isaiah:The Exegetical Methodology of Campegius Vitringa [Lidiando con IsaĆas: El mĆ©todo exegĆ©tico de Campegius Vitringa].