Deja que las Escrituras den Forma a Tus Oraciones

Evangelio Blog

Deja que las Escrituras den Forma a Tus Oraciones

Por John MacArthur

En el año primero de su reinado, yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años. Volví1 mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. (Daniel 9:2-3)

Antes de que lleguemos a la oración de Daniel en sí, es esclarecedor examinar a qué respondía la oración. Y vemos en estos primeros versículos del capítulo que su oración nació de las Escrituras.

Ya he dicho muchas veces que debemos empezar por estudiar la Palabra de Dios y dejar que la oración fluya a partir de ese estudio. A menos que entendamos la Escritura, no entenderemos los propósitos y planes de Dios, y por lo tanto nuestras oraciones no serán gobernadas y guiadas por Su voluntad. Fue cuando Daniel vio y entendió los planes de Dios para Judá que comenzó a orar.

Pero podemos decir aún más que eso. Estoy seguro de que Daniel creía que su oración era un elemento en el cumplimiento de la voluntad revelada de Dios en las Escrituras. Por supuesto, Daniel creía absolutamente en la soberanía de Dios. Sabía que si las Escrituras decían que algo sucedería, ciertamente se cumpliría. Sin embargo, Daniel seguía orando.

La razón humana responde de manera totalmente diferente a la soberanía de Dios. Si estamos leyendo Jeremías y vemos que Dios rescatará a Judá después de 70 años, y si creemos que Dios siempre cumple su palabra, entonces podríamos estar tentados a pensar: “¿Por qué hay que orar? Está todo muy claro. Orar no cambiará nada.”

Pero esa no es la respuesta de Daniel. Aunque a los humanos nos cuesta entender la relación entre nuestras oraciones y el plan soberano de Dios, Daniel seguía sintiendo la responsabilidad de orar.

Creo que nunca entenderé la relación entre Dios y el hombre. No entiendo cómo Dios puede escribir la Biblia utilizando a los hombres como instrumentos. No entiendo cómo Dios puede hacerse hombre y seguir siendo Dios al mismo tiempo. No entiendo cómo puedo ser salvado por mi propia elección y también por la voluntad soberana de Dios antes de la fundación del mundo. Y no entiendo cómo mis oraciones pueden tener alguna parte en la obra soberana de Dios. Pero esto no lo tengo que entender yo.

Cuando Daniel leyó el plan de Dios, en lugar de volverse fatalista y decir: “Bueno, eso es todo”, inmediatamente se arrodilló en señal de quebranto y penitencia y clamó a Dios con manto y ceniza en nombre de su pueblo. Y la esencia de su oración es una petición para que Dios haga lo que había prometido hacer.

Una vez más, nos inclinamos a preguntar: “¿Por qué ora Daniel? Dios ya ha dicho que lo va a hacer.” Pero Daniel no está interesado en el razonamiento humano lógico. Él simplemente está derramando su corazón. ¿Y por qué hacer eso? ¿Por qué debemos orar cuando leemos los propósitos de Dios en su Palabra? No es porque Dios necesite que oremos; en cambio, es porque necesitamos alinearnos con las causas de Dios. La oración es para nosotros.

En la oración, vemos nuestra propia pecaminosidad y vemos nuestra necesidad de su gracia y su poder. En la oración, llegamos al lugar de someternos a su plan. De este modo, la oración y la Palabra están inseparablemente unidas. No creo que se pueda orar correctamente si no se está en la Palabra. Como dice el Salmo 119

Más que todos mis enseñadores he entendido,
Porque tus testimonios son mi meditación.. (Salmo 119:99)

En otras palabras, el salmista entiende más que sus mayores porque ha descubierto la voluntad de Dios en las Escrituras. Está diciendo: “Si quiero entrar en tus planes y entender lo que has ordenado, tengo que comprometerme con tu Palabra.” La oración, entonces, no es para cambiar lo que Dios va a hacer. Es para identificarnos con Sus planes. Y no podemos hacerlo inteligentemente sin entender Su Palabra.

Si puedes leer la Escritura y no ser impulsado a la oración, no estás escuchando lo que estás leyendo. Cualquier pasaje que leas debe ser motivo de confesión del pecado en tu vida, de alabanza a Dios por su bendición y de agradecimiento por el desarrollo de Su plan.

Por eso Hechos 6:4 dice que los apóstoles se dedicaban “a la oración y al ministerio de la palabra.” La oración y la Escritura van juntas. La Palabra genera naturalmente la oración. Cuando habla de Dios, anhelamos estar en comunión con Él. Cuando habla de la gloria, anhelamos recibirla. Cuando habla de la promesa, anhelamos realizarla. Cuando habla del pecado, anhelamos confesarlo. Cuando habla del juicio, anhelamos evitarlo. Cuando habla del infierno, oramos por los perdidos.

La Palabra de Dios es la causa de la oración. Y el hecho de que sepamos que algo es inevitable no significa que nos levantemos fatalmente de nuestras rodillas y nos alejemos en una especie de indiferencia teológica enfermiza. La oración de Daniel, como toda oración verdadera, nace del estudio y la comprensión de la Escritura.

Ahora que hemos visto la fuente de la oración de Daniel 9, la próxima vez veremos el tono de la oración de Daniel y las lecciones que podemos tomar de ella para nuestras propias oraciones.

Artículo tomado de: Evangelio Blog

El Ascetismo

Esclavos de Cristo

El Ascetismo

William Kelly

Ascetismo. Del griego askēsis (ejercicio o práctica), el ascetismo señala la práctica de disciplinarse a sí mismo, más particularmente en relación con el cuerpo. Normalmente toma la forma de renuncia en la forma de ayuno, celibato, etc., aunque algunas veces se la ha dado una forma más activa en excesos como la auto-flagelación.

La idea puede extenderse a muchas áreas de la vida, especialmente al abandono de las posesiones o al retirarse de varios aspectos de la vida intelectual o cultural en favor de la edificación espiritual o el servicio.

La Biblia tiene un lugar para un tipo de ascetismo correcto. De manera que, Israel debió abstenerse de relaciones sexuales matrimoniales antes de la entrega de la ley (Ex. 19:15). El voto nazareo envolvía el tener que abstenerse de vino o sidra y una estricta rigidez en relación con comida inmunda. (Jue. 13:5). Elías ayunó por cuarenta días en su camino a Horeb (1 R. 19:8), y el ayuno en particular jugó un papel importante en la humillación penitente delante de Dios (Jl. 2:15ss.).

El ascetismo tampoco es excluido en el NT. Juan el Bautista tuvo una actitud muy severa en cuanto a la comida y el vestido (Mt. 3:4). Jesús entró en su ministerio ayunando (Mt. 4:1ss.), y para el bien de su ministerio tuvo que privarse de los derechos normales del hombre, tales como la propiedad, el matrimonio, y hasta de sus relaciones familiares (Mr. 3:33s.).

Si bien no enseñó a ayunar a sus discípulos, les dijo claramente que debían hacerlo cuando él partiera (Mt. 9:15), y obviamente requirió que algunos debían llevar una vida célibe y renunciar a las relaciones ordinarias de los hombres por amor a él (Mt. 19:12, 29). En las epístolas, Pablo ve que el celibato tiene algún valor para agradar mejor al Señor (1 Co. 7:32), y su propia práctica fue la de una rigurosa disciplina a fin de ser un buen soldado y siervo de Jesucristo (1 Co. 9:27; 2 Ti. 2:3s.).

Es imponente el énfasis consistente que la Biblia hace sobre un ascetismo correcto; sin embargo, debe tenerse en cuenta cuidadosamente tres puntos importantes. Primero, no se sugiere de ningún modo que haya algo intrínsecamente malo en aquello que se deja, como por ejemplo, la comida, el matrimonio, la propiedad privada, o las relaciones ordinarias. Segundo, en la mayoría de los casos no se da una regla universal, y menos permanente, de ascetismo. Tercero, el ascetismo no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr algo positivo, p. ej., arrepentimiento, oír la palabra de Dios, o, en forma más particular, servicio.

El testimonio ascético era particularmente valioso en el mundo pagano antiguo que tenia sus normas de moralidad física tan relajadas, y en una medida muchos cristianos tuvieron que aceptar un nuevo nivel de abstinencia, y otros estuvieron preparados a ir hasta extremos mucho más grandes por el bien de su nueva vida y su testimonio. De manera que, no sorprende encontrar un rápido desarrollo de un movimiento ermitaño o monástico que tenía como fin facilitar o fomentar las prácticas ascéticas. Tampoco debemos condenar del todo este hecho, ya que acepta literalmente las afirmaciones bíblicas que demasiado a menudo se evaden con espiritualizaciones. Además, mantiene un nivel de normas mucho más elevado que el alcanzado por la mayoría. Y muchos de los monjes antiguos fueron los primeros en el evangelismo y el servicio.

No obstante, desafortunadamente, la tendencia general de la iglesia ha sido perder de vista las tres características distintivas e inseparables del ascetismo genuinamente bíblico. Bajo la influencia pagana, dominante especialmente en el gnosticismo, se ha sospechado de manera continua que lo físico es malo esencialmente y que, por tanto, debe abandonarse para alcanzar la verdadera santificación y la total obediencia a Cristo. Otra vez, se ha tratado de imponer reglas definidas de ascetismo como obligación indisoluble, así como la iglesia Romana insiste en el celibato o el carácter permanente de los votos monásticos. Tercero, se ha supuesto que hay mérito en el ascetismo como tal, el asceta alcanza un grado de vida cristiana superior con lo que consigue méritos en su esfuerzo por evitar el purgatorio. En esta forma es que el dualismo, el eclesiasticismo y el legalismo han pervertido el verdadero ascetismo, y en venganza lo han llevado hasta el libertinaje (cf. el concubinato clerical) o bien al fariseísmo egocéntrico (Lc. 18:11s.). No puede existir una caricatura mejor del ascetismo genuino que la de Simón Estilita en su pilar, el celibato de los sacerdotes con su «ama de llaves», o el monje que busca la edificación privada aislándose del mundo.

Con todo, el mejor antídoto contra el ascetismo pervertido es el punto de vista bíblico y evangélico, el cual descansa en que Cristo solo es el salvador. No busca ningún mérito o virtud en el ascetismo como tal. No cree que lo físico es intrínsecamente malo. No puede aceptar una regla permanente o comprometedora de abnegación. Pero está preparado para varias medidas de disciplina y negación de sí mismo en obediencia a las demandas específicas de Jesucristo, haciéndolo de todo corazón y con un amor dominante hacia él y por el bien del ministerio de evangelismo o edificación.

K.E. Kirk, The Vision of God; O. Zoeckler.


Nota importante sobre el autor del documento.
Charles Haddon Spurgeon (1834-1892) dijo al respecto de Kelly que “era un autor destacado de la escuela exclusivista de Plymouth, una eminencia teológica de la escuela de los Hermanos capaz de desarrollar buenas exposiciones, pero tergiversándolas a favor de los dogmas peculiares de su partido. Lamentamos ver que los cauces de una mente como la suya se vean estrechados por los vínculos de un partido. Es una lástima que un hombre tan excelente permita que se llene de prejuicios una mente privilegiada como la suya”. Citando finalmente las palabras bien conocidas de Pope, dice: “Kelly es alguien que, llamado a conquistar el universo de la teología, ha bebido de los prejuicios que las influencias del darbismo han dejado en su mente”.

99 – “El Mayor Regalo”

Entendiendo los Tiempos

Primer Temporada

99 – “El Mayor Regalo”

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

El temor a no ser aceptados

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El. temor

El temor a no ser aceptados

Jeremy Pierre

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor

Nos gusta ser aceptados. Ser aceptados es ser deseados. Y el deseo de ser deseado es uno de los impulsos más poderosos del corazón humano. Al ver cómo esta hambre por ser deseados lleva a personas razonables a actuar con tanta desesperación, e incluso necedad, me he preguntado si sus cabezas han sido reemplazadas. Yo mismo he sido un necio desesperado… y tú también.

Ser considerado poco atractivo o indigno de atención es una de las peores categorías posibles en una cultura como la nuestra. He visto más de una vez a una mujer de calidad terminar con un hombre cuestionable, simplemente porque fue el primero en expresar interés por ella en mucho tiempo. Y viceversa. La aceptación es la moneda de nuestras relaciones sociales, se percibe en todo: desde la atracción tácita hacia una persona por encima de otra en una fiesta hasta las diferentes muestras de atención que intercambiamos en las redes sociales. Queremos ser aceptados, y queremos que nos digan: «Me gusta». 

¿Cómo podemos interpretar esta experiencia bíblicamente? Veamos algunos temas de las Escrituras que pueden ayudarnos a entenderlo.

  1. Dios nos diseñó para ser aceptados.

El desagrado entre las personas no existía en el huerto del Edén antes de la Caída. Por supuesto, nunca llegamos a ver cómo habría funcionado una sociedad completa bajo esos hermosos árboles. Pero si la relación entre Adán y Eva nos enseña algo sobre las relaciones (no solo el matrimonio) es que Dios creó a las personas para que conectaran entre sí, libres del temor a la vergüenza y el rechazo. Estaban desnudos y no se avergonzaban (Gn 2:25). Pero la maldición del pecado los desconectó, trajo temor y vergüenza, haciendo que las personas se dieran cuenta de lo que estaba mal en ellos mismos y en los demás (3:7). Fueron separados el uno del otro y también de su Creador. Fuimos creados para ser aceptados porque fuimos creados para conectarnos unos con otros.

  1. Ser aceptados significa ser deseados. Ser deseados es parte de pertenecer.

Las personas se sienten atraídas a lo que consideran valioso. El libro de Cantares describe cómo se ve la intimidad restaurada entre un esposo y una esposa, y nos enseña un principio que aplica a todas las relaciones humanas: el vínculo entre el deseo y la pertenencia. Este tema se resume bien en Cantares 7:10: «Yo soy de mi amado, y su deseo tiende hacia mí». En otras palabras, una esposa se siente segura en su relación con su esposo porque él expresa claramente su deseo por ella. Este mismo principio se aplica en el resto de las relaciones humanas: ser aceptados es un elemento clave de la conexión relacional para la que fuimos creados.

  1. No ser aceptados significa no ser deseados.

Lo peor de no ser aceptados es que nos recuerda nuestras características indeseables, las cualidades que no dan la talla. Es una forma de rechazo. Le tememos al rechazo porque fuimos creados para pertenecer a una comunidad.

Esto nos indica que, a fin de cuentas, el temor a no ser aceptados es temor al rechazo. El hecho de que temamos al rechazo no es sorprendente, pues el Señor nos creó para conectarnos unos con otros. Pero Dios nos diseñó para una intimidad aún más esencial. Fuimos creados para pertenecer a Dios. Y esto es lo que empieza a movernos hacia una solución sólida al temor a no ser aceptados por las personas.

  1. Fuimos creados para pertenecer primeramente al Señor.

El Señor nos creó para que le pertenezcamos primero a Él y luego a los demás. El temor a no ser aceptados por las personas puede amenazar ese orden, pues al querer ser deseables a los ojos de las personas, muchas veces menospreciamos el afecto superior de Dios hacia nosotros. Olvidamos que nuestro mayor problema nunca ha sido el rechazo de las personas, sino el de Dios. El temor a no ser aceptados por las personas puede indicar que hemos olvidado el privilegio asombroso de ser recibidos tan profundamente por Dios, que Jesús dice que el Padre ama a Su pueblo con el mismo amor con que lo ama a Él (Jn 17:26). No hay un afecto más profundo en todo el universo.

  1. El Señor te valora (es decir, te acepta y te ama).

Aquí no estoy proponiendo meramente un evangelio terapéutico. Su amor no es simplemente Su intento por asegurarte que eres más deseable de lo que piensas. Su amor es mucho mejor que esto. Significa que Él te valora por razones mucho más profundas que cualquier cualidad que puedas tener o no tener. Él te valora porque te creó como una expresión única de Su propio ser. Aunque tu pecado desfigura esa expresión, la intención de Dios sigue siendo apartarte para Su exclusiva posesión. Él ve la imagen de Cristo en ti (Rom 8:291 Co 15:49).

Todo esto significa que Dios no solo te ama. Él te acepta. Es decir, el afecto que tenía Salomón por su esposa, o Adán por Eva, es tan solo un pequeño reflejo del deseo de Dios por Su pueblo. Él nos valora porque nos ha hecho valiosos al derramar Su amor sobre nosotros en Cristo. 

Ser aceptados por Dios es una consecuencia de Su amor. A medida que confíes en ese amor perfecto, el temor a no ser aceptado por las personas irá perdiendo su poder sobre ti.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jeremy Pierre
Jeremy Pierre

El Dr. Jeremy Pierre es decano de estudiantes y profesor asistente de Consejería Bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Ky., pastor en Clifton Baptist Church y coautor de The Pastor and Counseling [El pastor y la consejería].

Cómo soportar cuando la obediencia duele

Soldados de Jesucristo

Junio 28/2021

Solid Joys en Español

 Cómo soportar cuando la obediencia duele

John Piper

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Conozco un libro

Lunes 28 Junio

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino… Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.Salmo 119:105162

La palabra de Dios… actúa en vosotros los creyentes.1 Tesalonicenses 2:13

Conozco un libro

Conozco un libro que me informa sobre lo que había “en el principio”, antes de que el tiempo existiese. Me dice cómo empezó y cómo acabará el universo. Partiendo del “principio”, me lleva a través de los siglos y milenios hasta la eternidad futura, cuando el tiempo dejará de existir…

Este libro ilumina el futuro, así como el pasado. Su autor declara: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios… que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad… lo he pensado, y también lo haré” (Isaías 46:9-11).

Este libro me cuenta cómo entraron y cómo serán definitivamente destruidos el sufrimiento y la muerte en el mundo.

Traza la historia de los hombres que vivieron antes de mí mejor que la mejor biografía, y me enseña sobre mí mismo más fielmente que un espejo. Me revela el objetivo de mi existencia y mi destino. Me muestra cómo ser perfectamente feliz.

Este libro me acompaña cada día en todas mis necesidades. Me aconseja en mis decisiones, me advierte de los peligros; si me desvío por no haberle pedido consejo, me trae al buen camino… Me ilumina de noche, si caigo me levanta, si estoy inquieto me tranquiliza. Me consuela, me anima, me alimenta, sacia mi sed…

Responde a mis preguntas, me revela los tesoros de la sabiduría… Su armonía es perfecta, nunca se contradice. Este libro es la Biblia, mensaje del Dios de amor y de verdad. Lo dedica a cada ser humano.

Daniel 2:1-23 – 2 Timoteo 4 – Salmo 77:10-20 – Proverbios 18:8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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