¿Debo salir de mi iglesia?

Coalición por el Evangelio

¿Debo salir de mi iglesia?

SUGEL MICHELÉN • SAM MASTERS

Sugel Michelén: Es indudable que hay momentos en que un creyente tiene que salir de su Iglesia local, sin embargo, la membresía de la Iglesia no es algo ligero. Por lo tanto, para que una persona salga de una Iglesia local tiene que tener muy buenas razones para hacerlo. Eso no tiene que ver con el hecho de que tal vez hay algunos programas en la Iglesia que a mí no me agradan, ni con el hecho de que tal vez hay otros lugares donde hay otros pastores que predican de una manera que es más afín a mí. Si estás en una iglesia donde se predica el evangelio (sabiendo de antemano que no es una iglesia perfecta porque iglesia perfecta no existe en la tierra), estás en una Iglesia donde el pastor o los pastores son hombres de carácter probado, y estás en una iglesia que no está predicando herejías, yo te animaría a que te quedaras en tu iglesia. Te animaría a que ores al Señor para que tú mismo puedas ser un agente de cambio en la vida de tu iglesia local, porque la iglesia somos todos. La iglesia no son los pastores, la iglesia no son sus líderes únicamente. Por lo tanto, nosotros somos parte del problema que pueda haber en una iglesia, y en todas las iglesias los hay, pero también somos parte de la solución. Nosotros vemos en el Nuevo Testamento una iglesia como los Corintios, y el apóstol Pablo no anima a los hermanos de esta iglesia a que se vayan de ahí, a pesar de que era una iglesia que tenía muchos problemas.

Sam Masters: Exactamente. A veces sí tenemos que salir, pero es muy complicado y es un tema muy sensible que requiere de mucha sabiduría. Los reformadores hacían la misma pregunta, porque ellos salen de la iglesia católica, pero hay que entender que esa distinción es muy grande; entre la iglesia católica y una iglesia protestante o evangélica. Y ellos decían que hay que definir qué es una iglesia sana, una idea básica, y decían que es donde se predica la Palabra de Dios (se predica la salvación); es donde se usan los sacramentos de forma correcta, (o sea, no la misa que entendemos; la idea de que me salva hacerlo); y en algunos casos se practicaba la idea de la disciplina bíblica. Entonces eso nos da un marco. Si no estamos en una iglesia que sea así, quizás haya que salir. Por ejemplo, en Argentina, de donde vengo yo, hay iglesias que enseñan nada más que el evangelio de la prosperidad, y el verdadero evangelio nunca se predica. También hay otras iglesias donde todo es pura psicología y sinceramente nunca se predica la Palabra. Bueno, quizás en ese momento si debas salir. Pero como tú decías, muchas veces hay muchas variables. A lo mejor nosotros vamos a ser de influencia para bien en la iglesia, y si nos vamos se pierde esa oportunidad.

Sugel Michelén: También deberías tomar en cuenta si los que están dirigiendo la iglesia o el pastor de la iglesia es un hombre enseñable; un hombre que tiene un carácter probado normalmente es un hombre enseñable. Un miembro de la Iglesia debe orar por sus pastores y aún regalarle buenos libros que puedan ser de influencia. Pero sobre todas las cosas, debe orar por su iglesia y amarla, porque creo que nosotros como pastores (solo voy hablar como un pastor), cuando tenemos un miembro que evidentemente es parte de la congregación, está involucrado en la iglesia, ama su iglesia, y viene a nosotros con alguna duda o aún con un comentario de algo que piensa que debería cambiar en la iglesia, nosotros vamos a tener un mejor oído para este hermano. Vamos a tener un mejor oído para él que para una persona que está continuamente criticando, chismeando o hablando a espaldas de los líderes, y eso es un mal espíritu que Dios no bendice.

Sam Masters: Hay que encontrar un equilibrio que a veces es difícil encontrar. Como miembros de la iglesia tenemos una responsabilidad de cuidar la sana doctrina, pero tenemos que hacerlo de una forma muy respetuosa y llena de amor.

Sugel Michelén: Y Dios está obrando a través de iglesias pequeñas, a través de iglesias que no son conocidas. Hay un mal en esta época, y es que todo el mundo quiere dejar las iglesias pequeñas para irse a las iglesias grandes. Creo que de esa manera no estamos edificando el Reino de Dios. No estamos edificando el Reino. Así que yo te animaría a que pensaras muy bien antes de dar ese paso de irte de la iglesia. Aunque como decía Sam, hay ciertas marcas que una iglesia de Dios tiene: se predica la Palabra, se practican las ordenanzas del Señor (el bautismo y la Santa Cena), se practica la disciplina eclesiástica, hay una membresía definida; si estás en una iglesia así, apoya a tu Iglesia.

​Sugel Michelén

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Samuel E. Masters

 Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Está casado con Carita y tienen tres hijos. Vive desde hace 32 años en Argentina. Es el pastor fundador de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer (En Córdoba, Argentina), presidente de The Crecer Foundation (EE. UU.), y rector del Seminario Bíblico William Carey. Obtuvo su Masters of Arts In Religion en Reformed Theological Seminary y tiene un doctorado en Biblical Spirituality del Southern Baptist Theological Seminary.

El tiempo y el individuo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

El tiempo y el individuo
Por Joe Holland

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

engo que imaginar que estarían aterrorizados; agradecidos, pero aterrorizados. 

El Dios olvidado, revelado a Moisés por medio de un fuego inusual, acababa de poner al ejército más grande del mundo en el fondo del mar mientras abría un camino para que Su pueblo andrajoso se escapara entre dos imponentes muros de agua. ¿Quién era ese Dios? ¿Cómo es Él? ¿Qué requiere de aquellos que son llamados por Su nombre? ¿Podría acaso ese pueblo terminar en el fondo del mar? Estas eran preguntas que probablemente estaban en la mente de los israelitas, estas interrogantes y la emocionante gratitud de ser un pueblo libre por primera vez en su historia.

Dios daría respuestas a estas preguntas, respuestas enmarcadas en Su amor abundante e inquebrantable. Estas respuestas vinieron por medio de esta ley, especialmente los Diez Mandamientos, pacientemente dados en dos ocasiones. En estas leyes, los israelitas encontraron que este Dios, su Dios del pacto, no era caprichoso en lo absoluto. En este simple Decálogo, encontraron un breve resumen de la vida humana según la manera en que Dios había diseñado que se viviera, una respuesta resumida a todas las grandes preguntas de la vida.

La razón por la que inicio aquí, con el Decálogo, es para tener un marco de referencia en nuestro uso del tiempo como individuos, como personas creadas a imagen de Dios (Gn 1:26-27) y como personas que están siendo redimidas a imagen de Dios (Rom 8:29), según el diseño de Dios para el uso del tiempo individual. No lo he mencionado todavía, pero un vistazo rápido a los Diez Mandamientos, usando como filtro el tema del tiempo, nos lleva directamente al final de la primera tabla, al cuarto mandamiento. El cuarto mandamiento dice:

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es día de reposo para el SEÑOR tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo. Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el SEÑOR bendijo el día de reposo y lo santificó (Ex 20:8-11).

En el recuento del Decálogo en Deuteronomio se observa el único cambio de contenido en el cuarto mandamiento, ya que en esta oportunidad el mandamiento se basa en la redención —«Y acuérdate que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el SEÑOR tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido; por lo tanto, el SEÑOR tu Dios te ha ordenado que guardes el día de reposo» (Dt 5:15)— a diferencia del énfasis en la creación que vemos en la versión del cuarto mandamiento en Éxodo, un cambio que resalta la experiencia de los esclavos liberados: creados por Dios y redimidos por Dios. Podemos ver, entonces, que el Decálogo habla específicamente de cómo el individuo usa el tiempo y lo hace dentro del marco de la historia redentora, creación por medio de la redención.

El cuarto mandamiento, como los otros mandamientos, comunica tanto en lo que no dice como en lo que dice. Algunos mandamientos equilibran un positivo tácito con un negativo claro: no matarás claramente implica el mandato positivo a proteger la vida. Pero cuando llegamos al cuarto mandamiento, no es un negativo-positivo lo que encontramos, sino un ritmo: descanso y trabajo. En la economía del Antiguo Testamento, el descanso ocurría al final de la semana, un punto muy claro para todo aquel que trabaja arduamente de lunes a sábado. Pero, con la muerte y resurrección de Jesús, el día de reposo cambia, de forma gloriosa y aparentemente incongruente, del último día de la semana al primer día de la semana (Hch 20:71 Co 16:2Ap 1:10). Este cambio en el día de reposo tiene sentido en varios frentes teológicos diferentes, sin mencionar la forma en que la obra redentora de Jesús replantea el tiempo para la Iglesia, pasando de un enfoque en la creación a un enfoque en la redención, o cómo iniciamos nuestras semanas como cristianos desde un lugar de descanso, ya que nuestro Descanso, Jesús, ha venido. Pero este cambio de nuestro calendario semanal es además una especie de cumplimiento del patrón de la creación.

Lo que muchos cristianos pasan por alto en su estudio del Génesis es la forma en la que se definen los días. El estribillo a lo largo del primer capítulo dice: «y fue la tarde y fue la mañana: el… día» (Gn 1:5813192331). El punto a enfatizar es que cada día inicia con la tarde y es seguido por la mañana. Lo que encontramos en el reposo cristiano, y lo que es útil para nuestra consideración del individuo y el tiempo, es que tanto en los días de la creación como en la semana bajo la economía del Nuevo Testamento, el descanso viene antes del trabajo. Un compromiso activo y una planificación para la pasividad preceden a un compromiso activo y una planificación para el trabajo. Esta es la aparente incongruencia del tiempo bajo la provisión de la gracia soberana de Dios.

¿Por qué hemos pasado tanto tiempo en el cuarto mandamiento? La respuesta simple es que antes de considerar el tema de este artículo —el tiempo y el individuo, con un énfasis especial en el descanso y la revitalización personal— debemos reconsiderar la forma en que pensamos acerca del descanso. El estado actual del pensamiento bíblico sobre estos temas es deplorable. El descanso y la revitalización personal no son cosas que ocurren luego de haber trabajado tan duro que no hay otra opción para el uso de nuestro tiempo. No somos máquinas. No cumplimos ciclos de operación. No nos «recargamos». Todos estos puntos de vista sobre el tiempo, el individuo y el descanso impregnan nuestra noción moderna de la productividad. ¿Debemos ser productivos? Absolutamente. Debemos abundar en frutos para el Señor (Jn 15:6). ¿Es la pereza un pecado? Absolutamente (2 Tes 3:10). ¿Pueden el descanso y la revitalización llegar a ser vistos como lujos en vez de mandatos bíblicos? Absolutamente.

Este es el punto que se demuestra en el cuarto mandamiento, el único que habla acerca del tiempo: cuando hablamos acerca del tiempo, especialmente el uso que el individuo hace del tiempo, el énfasis está en el descanso. Este punto se resalta aún más por las dos pruebas que hemos visto. En primer lugar, el mandamiento acerca del tiempo que rige tanto el descanso como el trabajo fiel está formulado de tal manera que hace del descanso —del día de reposo— el énfasis, ya que aparece primero, mientras que el mandato bíblico de una labor diligente sigue al mandato de descansar. En segundo lugar, tanto la definición del día en la creación como la definición de la semana después de la resurrección de Jesús enfatizan que iniciamos períodos de tiempo partiendo de un estado de descanso y luego nos movemos hacia el trabajo: una noche de descanso inicia el día bíblico y un día de descanso inicia la semana bíblica. Este cambio en nuestra visión de cómo invertimos nuestro tiempo personal es tan radical que requiere más que una nueva visión de un mandamiento, de un día y de una semana.

Debería señalar también que este artículo se enfoca en nuestro uso personal del tiempo, tiempo que normalmente queda fuera de nuestra agenda de trabajo, el tiempo en el que estamos inactivos, el tiempo de revitalización. Este tiempo contrasta con nuestras horas de trabajo, sin importar cómo definimos estas horas de trabajo. Mi argumento es que Dios tiene la intención de que comencemos partiendo del descanso y la revitalización y solo entonces procedamos con nuestro trabajo. Para poner en práctica una visión bíblica del tiempo personal, debemos tener una visión correcta de nosotros mismos en referencia a Dios. Comparemos dos puntos de vista.

Al primer punto de vista lo podemos llamar la visión deísta moderna del tiempo. Nuestro cristiano promedio —llamémosle Juan— tiene esta posición. Él ama a Dios, a su iglesia y a su familia. Juan trabaja en finanzas corporativas y tiene la posibilidad de comprar una casa para su familia en los suburbios. Él trabaja sesenta o más horas a la semana durante esta etapa de su carrera profesional, a la que aquellos que trabajan en finanzas le llaman «su mejor momento». Él gana un buen salario, pero le sale muy caro al final del día. Estar exhausto es lo normal. Su familia recibe las sobras, cuando las sobras están disponibles y no están comprometidas a lo que Juan llama su «tiempo personal» en su «cueva masculina». Los sábados los dedica a las actividades deportivas de sus hijos. Las mañanas de los domingos son para la iglesia. Juan no sabe qué hacer los domingos en la tarde. Juan se está desgastando lentamente, pero él no se ha dado cuenta. Sus relaciones en el hogar están sufriendo. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que leyó la Biblia y oró por más de veinte segundos antes de quedarse dormido. Le digo a los hombres que discipulo, que este tipo de semana durante todo el año no termina en nada bueno. Juan ha perdido el punto de vista bíblico con respecto al tiempo y el descanso.

En nuestro segundo punto de vista, intentaremos reorientar nuestra visión del tiempo tomando como referencia el cuarto mandamiento, la creación y la redención. Ahora examinemos a Roberto. Él tiene un punto de vista más bíblico sobre el descanso. Roberto también es cristiano y trabaja en la misma oficina que Juan. Sin embargo, aunque Roberto es un trabajador diligente, no pasa tanto tiempo en la oficina. Él no se queda más horas de la cuenta para hacer el trabajo «opcional» en proyectos importantes. De hecho, Roberto cree que un descanso apropiado le permitirá lograr más en el trabajo que trabajar horas extra. Él ve el descanso no solo como un mandato de parte de Dios para él, sino como un regalo de Dios. Gracias a su cuidado en no sobrecargarse de trabajo, Roberto puede ofrecer más de sí mismo a su familia. Su tiempo en las tardes lo dedica a su esposa e hijos. Él no tiene que colapsar en el sofá. Él escoge revitalizarse haciendo actividades en familia. De manera intencional duerme lo suficiente cada noche, ora, lee su Biblia y disfruta la adoración y el tiempo de descanso los domingos. Roberto valora el descanso y el tiempo personal como un regalo de Dios para prepararlo para ser diligente en su trabajo, no como las sobras de su tiempo después de una labor ardua.

En esas descripciones, nos vemos tentados a comparar a Juan y Roberto por sus actividades. Pero esa sería una comparación equivocada. A pesar de que ambos son cristianos genuinos, tienen puntos de vista radicalmente diferentes acerca de la gracia soberana de Dios. La única forma en que puedes priorizar el descanso es creyendo en el control bondadoso y providencial de Dios sobre todas las cosas. Si Dios no está en control, o si Él no es abundantemente bondadoso o no es quien nos asigna nuestras tareas diarias, entonces nuestra protección y éxito futuro dependerá completamente de nosotros. Tenemos que renunciar al descanso, sacrificar el descanso a nuestros ídolos del éxito y la seguridad. Nos colocamos en la posición de asegurar lo que solo Dios puede proveer y, como resultado, no tenemos lugar en nuestra vida para el descanso. Pero cuando empezamos con la gracia soberana de Dios, podemos empezar desde el descanso hacia el trabajo. Cada día empezamos con la noche: nosotros dormimos y Dios está despierto trabajando (Sal 121:3-4); nos despertamos cada mañana para unirnos al Señor en Su labor, involucrarnos en las obras que Él ha preparado de antemano para nosotros (Ef 2:10). Cada semana iniciamos con un día de celebración, un día de inactividad, un día de descanso; iniciamos la semana en el segundo día de la semana proclamando que nuestro Dios es tan fuerte que Él no necesita nuestra ayuda para iniciar cada semana: Él lo logra por Su cuenta.

Empezar partiendo desde el descanso hacia el trabajo, como hemos visto, incluye tanto un punto de vista bíblico del cuarto mandamiento como de la gracia soberana de Dios. De manera práctica, esto significa que nuestro descanso adquiere un sabor diferente, incorporando distintas prácticas, específicamente descanso físico, el descanso de la adoración y el descanso que viene al celebrar entre amigos.

Los cristianos tienen la orden de descansar físicamente. Esta es una gran parte del cuarto mandamiento, del día de reposo y de los días que inician con el sueño. Una parte importante del descanso físico es dormir lo suficiente. Como dice Matthew Walker en su libro Why We Sleep [Por qué dormimos]: «Dormir es la acción más eficaz que podemos hacer para restablecer la salud de nuestro cerebro y nuestro cuerpo cada día». Walker descubrió esto en su investigación científica; los cristianos lo conocemos como una verdad bíblica. Debemos dormir. Dios diseñó nuestro sueño de tal manera que estamos eficazmente paralizados mientras dormimos. El dormir es la forma en que Dios asegura que manejemos el tiempo, el descanso y nuestra propia mortalidad. Una de las cosas más poderosas que puedes hacer físicamente para demostrar tu confianza en el gobierno soberano y bondadoso de Dios es tener una buena noche de descanso (Sal 127:2). Los otros aspectos del descanso físico giran en torno a esta práctica central.

A los cristianos también se les manda a disfrutar el descanso de la adoración. En última instancia, Dios es nuestro descanso (Sal 4:8), Él es nuestro reposo eterno (Heb 4:11). Esta es la forma en que la adoración es un descanso para nuestras almas. Recibimos refrigerio espiritual cuando pasamos tiempo privado en la oración y la lectura de la Biblia. Recibimos un descanso especial cuando adoramos junto a nuestros hermanos y hermanas cada domingo. El cristianismo supera con creces a los bancos en número de días feriados. Nuestro Dios ha ordenado un día feriado cada semana, un día para regocijarnos y descansar en Él.

En tercer lugar, a los cristianos se les ordena experimentar el descanso de la celebración con amigos y familia. La Cena del Señor el domingo es un modelo de celebración que debemos disfrutar a través de la semana, reunidos con amigos y familiares para agradecer a Dios por Su provisión, para cantar y para reír. Cuando los científicos sociales seculares hablan acerca de la importancia de las cenas familiares, solo se hacen eco de la antropología bíblica. Fuimos diseñados para recibir el descanso y el refrigerio que vienen al celebrar y festejar con amigos y familiares.

Así que, hablando de manera práctica, lo mejor que puedes hacer para disfrutar tu tiempo personal es, en primer lugar, deshacerte de los puntos de vista no bíblicos sobre el trabajo, el descanso y el carácter bondadoso de Dios. Luego, enfócate en glorificar a Dios por medio del descanso físico, unas cuantas horas cada día y un día a la semana. Este descanso físico se podrá apreciar especialmente en tu compromiso de dormir lo suficiente. Además, enfócate en tu descanso espiritual, la renovación que viene por medio de la adoración pública y privada al Señor. Por último, enfócate en el descanso que proviene de las relaciones, celebraciones, actividades y fiestas con familiares y amigos, regocijándote con gratitud en el Dios de tu salvación.

Al final, lo que estas prácticas y el cuarto mandamiento nos presentan es un cuadro de la vida de nuestro Señor, Jesús el Cristo. Él obedeció todas las leyes de Dios, incluyendo el cuarto mandamiento, por nosotros y para nuestra salvación. Él vino a hacer la voluntad de Su Padre y confió en el gobierno soberano de Su Padre, aun de camino a la cruz y a través de la misma. Jesús descansó y durmió, a veces tan profundamente que ni una tormenta podía despertarlo (Lc 8:22-25). Jesús comió y celebró con Sus amigos y familiares frecuentemente (Lc 7:34), mientras Él, en Su humanidad, se benefició del refrigerio de Sus amigos (Jn 15:15). Jesús es quien nos invita a seguirle en el uso bíblico de nuestro tiempo personal para el descanso y la revitalización en el servicio a Él y a los demás. Al final, es en Jesús que encontramos nuestro descanso (Mt 11:28).


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Joe Holland
Joe Holland

El Rev. Joe Holland es un editor asociado de Ligonier Ministries y un anciano docente en la Presbyterian Church in America.

Eran dieciséis soldados

Miércoles 9 Febrero

El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.

Salmo 34:7

Epafras… siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones.

Colosenses 4:12

Eran dieciséis soldados

Dos cristianos, médicos en Malasia, habían ido a la ciudad a sacar dinero del banco. Como el trayecto de regreso era demasiado largo, decidieron acampar en el camino. El lugar era frecuentado por bandidos; entonces pidieron a Dios que los protegiese y luego se durmieron apaciblemente.

Poco tiempo después un hombre fue a recibir tratamiento al hospital de la estación misionera. Mirando fijamente al doctor que estaba inclinado hacia él, afirmó que ya lo había visto: “Usted puso su tienda en tal colina hace unas semanas”. Para gran sorpresa del médico, el hombre continuó diciendo:

“Mis compañeros y yo los seguimos porque sabíamos que tenían dinero. Esperamos a que llegara la noche para atacarlos y robarlos, pero cuando llegamos al lugar donde ustedes acamparon, no nos atrevimos, debido a los soldados. Eran dieciséis, y todos llevaban espada”.

El médico se echó a reír afirmando que no había ningún soldado con ellos. Pero como el ladrón insistía, no lo contradijo más y concluyó que debía ser una alucinación del enfermo…

Cuando regresó a Londres y contó este incidente, alguien se acercó y preguntó qué día había sucedido esto. El médico recordó la fecha exacta; su interlocutor le dijo: “Esa tarde teníamos una reunión de oración; alguien oró muy especialmente por ustedes. Quiero precisar que éramos dieciséis”.

Cristianos, esta historia ilustra el hecho de que la oración es un arma eficaz. Un cristiano de rodillas se convierte, por el poder de Dios, en un soldado armado para el combate.

Génesis 43 – Mateo 25:1-30 – Salmo 21:1-7 – Proverbios 8:17-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tesis #29 – La iglesia de hoy tiene que regresar a la predicación expositiva

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 29

La iglesia de hoy tiene que regresar a la predicación expositiva

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

1 – Fundamentos de la fe cristiana

Alimentemos El Alma

Serie: Fundamentos de la Fe Cristiana

1 – Fundamentos de la fe cristiana

Por: John MacArthur

ESTUDIO BIBLICO
FUNDAMENTOS DE LA FE CRISTIANA

ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVÉS DE DÉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY.
ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEÑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVÉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.

LAS 13 LECCIONES TRATARÁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:

1- INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA
2- CÓMO CONOCER LA BIBLIA
3- DIOS: SU CARÁCTER Y ATRIBUTOS
4- LA PERSONA DE JESUCRISTO
5- LA OBRA DE CRISTO
6- LA SALVACIÓN
7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO
8- LA ORACIÓN Y EL CREYENTE
9- LA IGLESIA: COMUNIÓN Y ADORACIÓN
10- LOS DONES ESPIRITUALES
11- LA EVANGELIZACIÓN Y EL CREYENTE
12- LA OBEDIENCIA
13- LA VOLUNTAD Y LA GUÍA DE DIOS

Claro, el poder detrás de este currículum no está en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual está basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.

Confío en que esto lo beneficiará a usted y a su iglesia de la misma manera.
John MacArthur
Pastor-Maestro
Grace Community Church

Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guía del líder): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.

GUIA DE ESTUDIO
FUNDAMENTOS DE LA FE
http://www.elolivo.net/LIBROS/MacArth…

5 – El Primer Robin Hood

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

5 – El Primer Robin Hood

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

El tiempo y la vocación

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

El tiempo y la vocación
Por Grant R. Castleberry


Nota del editor:
 Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

odos sabemos que el tiempo es un bien preciado. Siempre me ha impresionado la quinta resolución de Jonathan Edwards: «Resuelvo nunca perder ni un momento de mi tiempo, sino perfeccionarlo de la forma más provechosa que pueda». Pablo dijo algo similar en Efesios 5:15-16: «Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos». Por tanto, como cristianos, debemos preguntarnos: «¿Cómo puedo usar mejor mi tiempo en esta vida para honrar al Señor y avanzar Su reino?».

CREADOS PARA TRABAJAR POR SU GLORIA

Los primeros capítulos de Génesis nos enseñan que Dios nos creó con un propósito específico, que incluye el trabajo. Dios nos creó como portadores de Su imagen para pasar nuestras vidas cumpliendo lo que algunos teólogos denominan el mandato cultural. En Génesis 1:28, Dios manda a Adán y Eva, diciendo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra». En Génesis 2:15, Dios específicamente pone a Adán en el jardín del Edén para que «lo cultivara y lo cuidara». Aquí vemos tanto el tiempo como el trabajo vinculados juntamente. Adán debía pasar su vida y energía trabajando y protegiendo el jardín.

EL TIEMPO Y LA VOCACIÓN EN UN MUNDO CAÍDO

Sin embargo, cuando Adán y Eva pecaron, este llamado honorable de Dios al trabajo fue puesto bajo maldición. Dios le dijo a Adán en Génesis 3:17-19: «Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás». Esta maldición significa que nuestro trabajo será difícil. En un mundo caído, lo que tenía la intención de traernos satisfacción y dar gloria a Dios a menudo resulta en pecado y fracaso.

Después de que mi padre muriera en un accidente de avión, mi abuelo, un veterano oficial de la Infantería de Marines y un cristiano sólido, se encargó de enseñarme la disciplina del trabajo duro. Tanto como puedo recordar, yo recogía ramas en su jardín y limpiaba los armarios de almacenamiento en su oficina. Con el tiempo, comencé a apreciar el valor del trabajo duro, pero esto fue algo que tuve que aprender. Al principio, odiaba la idea misma de «trabajar». Esta era mi renuencia caída hacia aquello para lo que Dios me había creado. 

Desgraciadamente, debido a la maldición, la humanidad pecadora está naturalmente inclinada a malgastar el tiempo preciado que Dios nos ha dado. Somos propensos a la pereza o al exceso de trabajo. A veces lo somos a ambas cosas. Descuidamos los roles de padres y madres en los que Dios nos ha puesto. Tomamos malas decisiones que nos hacen perder tiempo valioso. Trabajamos por nuestro propio honor en lugar del de Dios.

LA REDENCIÓN DEL TIEMPO Y LA VOCACIÓN

Recuerdo exactamente dónde estaba cuando escuché por primera vez una simple frase en latín que cambiaría mi vida. Yo era oficial del Cuerpo de Marines con un poco más de veinte años y trotaba en el malecón de la estación aérea del Cuerpo de Marines en Iwakuni, Japón. Estaba escuchando la primera conferencia del Dr. R.C. Sproul acerca de la santidad de Dios. Recuerdo haber escuchado sobre la asombrosa realidad de la «otredad de Dios», un Dios que es santo, perfecto y digno de ser honrado. Me quedé aún más paralizado por la frase en latín que el Dr. Sproul introdujo al final de la conferencia: coram Deo. Significa «ante el rostro de Dios». El término habla sobre cómo los creyentes, a través de nuestra unión con Cristo y Su Espíritu que mora en nosotros, vivimos ahora nuestras vidas completamente en Su santa presencia.

El conocimiento de esta «vida coram Deo» cambió todo para mí. Mi servicio como un oficial de los marines, como un miembro de la iglesia y como un estudiante de seminario no eran medios temporales para un fin. Mi trabajo tenía un significado eterno. Ahora trabajaba para la gloria de Dios y lo hacía en la presencia de Dios a través de Su Espíritu Santo (Jn 14:20).

Este es exactamente el mismo descubrimiento al que llegó Martín Lutero como resultado de su entendimiento de la doctrina de la justificación por la fe sola. En la época de la Reforma protestante, la Iglesia católica romana enseñaba que la mayoría de las vocaciones eran «seculares» mientras que las vocaciones «sagradas» solo se encontraban en la Iglesia. Lutero comprendió que la doctrina bíblica de la justificación demolía esta distinción. El trabajo de todo cristiano debe hacerse «de corazón, como para el Señor y no para los hombres», y «es a Cristo el Señor a quien [servimos]» porque todo cristiano vive ahora en la presencia de Dios (Col 3:23-24).

LA TRANSFORMACIÓN DEL TIEMPO Y LA VOCACIÓN

Este descubrimiento del coram Deo nos impulsa a pensar en nuestro tiempo y trabajo de una forma diferente. Estamos, como dijo Juan Calvino, viviendo nuestras vidas en el gran «teatro de Dios».

Los roles en los que Dios nos ha colocado no son simples trabajos sino llamados providenciales. La palabra vocación literalmente proviene del verbo en latín que significa «llamar». Una vocación es una tarea o papel que Dios providencialmente nos ha llamado a realizar en esta tierra.

Algunas vocaciones en las que servimos —ya sea como pintor, dentista, obrero de construcción, enfermera, periodista o gobernador— se realizan para el honor de Dios y el beneficio de la cultura en general. Otras vocaciones tienen lugar en nuestra vida familiar a medida que vivimos nuestros llamados como hijo, hija, madre, padre, esposa, esposo, o abuelo. Estas vocaciones familiares son de vital importancia y sirven como la base de una iglesia vibrante y una cultura floreciente.

Además, como cristianos, estamos llamados a responsabilidades únicas dadas por Dios. Todo cristiano es llamado por Dios para ser uno de Sus hijos (Jn 1:12Rom 8:14). Todo cristiano es llamado a ser parte del glorioso cuerpo de Cristo y a ejercitar sus dones espirituales para la edificación del cuerpo en una iglesia local (Rom 12:3-8Ef 4:1-16). Todo cristiano es llamado a caminar en comunión con otros creyentes para que podamos estimularnos unos a otros hacia la piedad (Heb 10:24-25). Además, Pedro nos recuerda en 1 Pedro 1:15-16 que esta vida cristiana a la que Dios nos ha llamado tiene dimensiones éticas: «como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo». Obviamente, estos llamados de Dios afectan la forma en que vemos nuestro tiempo y el trabajo que llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida.

PRINCIPIOS BÍBLICOS PRÁCTICOS PARA EL TIEMPO Y LA VOCACIÓN

Quisiera terminar apuntando a algunos principios prácticos que la Palabra de Dios nos da al llevar a cabo nuestras vocaciones para «redimir el tiempo» mientras vivimos coram Deo:

  1. Integridad y excelencia. Todo cristiano debe esforzarse por alcanzar integridad y excelencia en todo lo que hace para que brillemos para Cristo como «luces» resplandecientes en este mundo oscuro (Mt 5:14).
  2. Disciplina y productividad. Debemos disciplinarnos para producir un trabajo de calidad para la gloria de Dios (1 Cor 10:31). En un mundo distraído, esto a menudo significará dejar de lado el teléfono durante períodos largos de tiempo para concentrarnos en las tareas que tenemos a mano y en las personas a las que estamos llamados a servir. Como se nos recuerda en Eclesiastés 9:10: «Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo según tus fuerzas». 
  3. Priorización y delegación. A medida que nos enfrentamos a los plazos y a las responsabilidades inminentes, tenemos la oportunidad de priorizar qué tareas completar y qué tareas delegar a otros. En nuestras debilidades, tenemos la oportunidad de empoderar a otros, como Jetro enseñó a Moisés cuando lo vio abrumado con sus responsabilidades en el desierto (Ex 18:1-27).
  4. Iniciativa y juicio. Gran parte de nuestro éxito depende de la buena iniciativa y el buen juicio. Cuando Nehemías vio que el muro de Jerusalén seguía derribado, tomó la iniciativa de reconstruirlo (Neh 2:17-18). También ejerció buen juicio en la forma en que se acercó al rey Artajerjes con respecto al problema (Neh 2:4-8). Como creyentes, debemos buscar al Señor en oración y buscar consejo sabio en todas nuestras decisiones (Pr 15:22).
  5. Descanso y ritmos. El sueño es una dependencia literal de Dios. Podemos dormir tranquilamente porque Dios nunca lo hace (Sal 121:4). A través del sueño, Dios nos capacita para las tareas y el trabajo que nos tiene reservado para mañana. Además, Dios ha ordenado que uno de cada siete días sea un día de descanso sabático, un día dedicado al Señor (Ex 20:8-11). Al descansar en el día del Señor, estamos confesando que Dios es Dios y que nosotros no lo somos y que nuestro trabajo depende enteramente de Su provisión (Sal 127:1).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Grant R. Castleberry
Grant R. Castleberry

El reverendo Grant R. Castleberry es pastor de discipulado en Providence Church en Frisco, TX., y está cursando su doctorado en historia de la iglesia y teología sistemática en el The Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, KY.

La oración flecha

Martes 8 Febrero

(Dios dijo:) Por el camino de la sabiduría te he encaminado, y por veredas derechas te he hecho andar. Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos, y si corrieres, no tropezarás.

Proverbios 4:1112

La oración flecha

Nehemías era siervo de Artajerjes, rey de Persia, en Susa (Nehemías 1:12:1). Tenía una posición humanamente envidiable, pero su corazón no estaba en Susa, sino en Jerusalén, la ciudad de sus ancestros, que estaba en ruina. Por ello quería hablar al rey en favor de Jerusalén, pero fue el rey quien tomó la iniciativa: “¿Qué cosa pides?” (cap. 2:4). Antes de responder, Nehemías dirigió a Dios una oración urgente y espontánea, una oración “flecha”. ¡Y el rey respondió favorablemente a su siervo!

A veces tenemos que dar una respuesta inmediata, sin haber tenido la posibilidad de buscar la voluntad de Dios. Entonces, ¿qué debemos hacer? Como Nehemías, dirijamos al Señor una oración instantánea, un simple pensamiento que suba a él, una petición de ayuda…

Que la situación sea urgente o no, el Señor desea conducirnos. Si tenemos que dar una respuesta rápida, ¡el Espíritu de Dios actuará en nosotros muy pronto! En una fracción de segundo puede comunicarnos la respuesta que debemos dar, como una intuición. También puede traer a nuestra memoria un versículo de la Biblia adaptado a la situación. Podremos entender más fácilmente qué debemos hacer o decir si hemos dejado que su Palabra penetre y “more” en nosotros (Colosenses 3:16).

En cualquier circunstancia, incluso si no sabemos qué responder, lo importante es permanecer tranquilos y confiados. Entonces, a pesar de nuestra debilidad, el Señor nos conducirá en su camino. ¡También nos dará paz y tranquilidad!

Génesis 42 – Mateo 24:29-51 – Salmo 20:6-9 – Proverbios 8:12-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tesis #28 – Prediquemos con autoridad, pero no de forma autoritaria

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 28

Prediquemos con autoridad, pero no de forma autoritaria

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

¿Es bíblico el dispensacionalismo?

Got Questions

¿Es bíblico el dispensacionalismo?

Una dispensación es una forma de ordenar las cosas: una administración, un sistema o una gerencia. En teología, una dispensación es la administración divina de un período de tiempo; cada dispensación es un periodo divinamente designado. El dispensacionalismo es un sistema de teología que reconoce éstos periodos establecidos por Dios para poner en orden los asuntos del mundo. El dispensacionalismo tiene dos características principales. (1) Una consistente interpretación literal de la Escritura, especialmente de la profecía bíblica. (2) Una distinción entre Israel y la iglesia dentro del programa de Dios. El dispensacionalismo clásico identifica siete dispensaciones en el plan de Dios para la humanidad.

Los dispensacionalistas sostienen que su principio de hermenéutica es el de la interpretación literal. “Interpretación Literal” significa dar a cada palabra el significado que comúnmente tendría en el uso cotidiano. Se tienen en cuenta los símbolos, las figuras de voz y por supuesto los estilos. Se entiende que incluso los símbolos y los refranes figurativos tienen un significado literal detrás de ellos. . Aún los simbolismos y figuras del lenguaje tienen interpretaciones literales contenidas en ellas. Así, por ejemplo, cuando la Biblia habla de «mil años» en Apocalipsis 20, los dispensacionalistas lo interpretan como un período literal de 1.000 años (la dispensación del Reino), ya que no hay ninguna razón de peso para interpretarlo de otra manera.

Hay por lo menos dos razones por las que la interpretación literal es la mejor manera de ver la Escritura. Primero, filosóficamente, el propósito del lenguaje en sí parece requerir que lo interpretemos literalmente. El lenguaje fue dado por Dios con el propósito de poder comunicarse con el hombre. Las palabras son recipientes de significado. La segunda razón es bíblica. Cada profecía acerca de Jesucristo en el Antiguo Testamento, fue cumplida literalmente. El nacimiento de Jesús, Su ministerio, Su muerte y Su resurrección, todas ocurrieron exacta y literalmente como fueron predichas en el Antiguo Testamento. Las profecías fueron literales. No hay ningún cumplimiento no literal de profecías mesiánicas en el Nuevo Testamento. Este es un fuerte argumento a favor del método literal. Si no se utiliza la interpretación literal en el estudio de las Escrituras, entonces no hay un parámetro objetivo por el cual se pueda entender la Biblia. Cada persona podría interpretar la Biblia como le parezca. La interpretación bíblica se convertiría en “lo que este pasaje me dice a mí….” en vez de “la Biblia dice…”. Tristemente, este es ya el caso en lo que actualmente se conoce como interpretación bíblica hoy en día.

La dispensación teológica enseña que hay dos clases del pueblo de Dios: Israel y la Iglesia. Los dispensacionalistas creen que la salvación siempre ha sido por gracia por medio de la fe (En Dios en el Antiguo Testamento, y específicamente en Dios Hijo en el Nuevo Testamento). Los dispensacionalistas sostienen que la Iglesia no ha reemplazado a Israel en el programa de Dios y que las promesas a Israel en el Antiguo Testamento no han sido transferidas a la Iglesia. Ellos creen que las promesas que Dios hizo a Israel (de la tierra, muchos descendientes y bendiciones) en el Antiguo Testamento, serán finalmente cumplidas en el período del milenio del que se habla en Apocalipsis 20. Creen que, así como Dios en la época actual enfoca Su atención en la Iglesia, Él nuevamente en el futuro, enfocará Su atención en Israel (Romanos 9-11 y Daniel 9:24).

Usando este sistema como base, los dispensacionalistas entienden que la Biblia está organizada en siete dispensaciones; Inocencia (Génesis 1:1 – 3:7), Conciencia (Génesis 3:8 – 8:22), Gobierno Humano (Génesis 9:11 – 11:32), Promesa (Génesis 12:1 – Éxodo 19:25), Ley (Éxodo 20:1 – Hechos 2:4), Gracia (Hechos 2:4 – Apocalipsis 20:3), y el Reino Milenial (Apocalipsis 20:4-6). Nuevamente, estas dispensaciones no son medios para la salvación, sino maneras en las que Dios se relaciona con el hombre. Cada dispensación incluye un modelo reconocible de cómo Dios obró con las personas que vivieron en esa dispensación. Ese modelo es 1) una responsabilidad, 2) un fracaso, 3) un juicio, y 4) gracia para seguir adelante.

El dispensacionalismo como un sistema, resulta en una interpretación premilenial de la Segunda Venida de Cristo, y usualmente una interpretación pretribulacional del arrebatamiento. En resumen, el dispensacionalismo es un sistema teológico que enfatiza la interpretación literal de la profecía bíblica, reconoce una distinción entre Israel y la Iglesia, y organiza la Biblia en diferentes dispensaciones o administraciones.