27 – Toda enseƱanza que contradiga la Palabra de Dios proviene del mundo de las tinieblas

Ministerios Integridad & SabidurĆ­a

Tesis # 27

Toda enseƱanza que contradiga la Palabra de Dios proviene del mundo de las tinieblas

95 Tesis para la iglesia evangƩlica de hoy

Miguel NuƱez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y SabidurĆ­a. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

12 – LA PREEXISTENCIA DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

2. LA NATURALEZA Y LOS ATRIBUTOS DE DIOS

12 LA PREEXISTENCIA DE DIOS

R.C.Sproul

Cuando la Biblia declara que Dios es el Creador del universo nos estÔ señalando que Dios mismo no ha sido creado. Existe una diferencia crucial entre el Creador y la creación. La creación tiene el sello del Creador y es testigo de su gloria. Pero esta creación nunca serÔ digna de adoración. No es suprema.

Es imposible que algo se cree a sĆ­ mismo. El concepto de la auto-creación es una contradicción de palabras, es una afirmación carente de sentido. Le solicito al lector que se detenga y reflexione un poco. Nada puede auto-crearse. Ni siquiera Dios puede crearse a sĆ­ mismo. Para que Dios se creara a sĆ­ mismo deberĆ­a haber sido antes que Ɖl. Ni siquiera Dios puede hacer eso.

Todo efecto debe tener una causa. Esto es cierto por definición. Pero Dios no es un efecto. Ɖl no tiene principio y por lo tanto no tiene ninguna causa precedente. Ɖl es eterno. Ɖl siempre ha sido o es. Ɖl tiene, dentro de sĆ­ mismo, el poder de ser. No necesita de ninguna ayuda de recursos externos para seguir existiendo. Esto es lo que significa la idea de la preexistencia. Reconocemos que se trata de un concepto elevado y tremendo. No conocemos nada que se le parezca. Todo lo que percibimos en nuestro marco de referencia es dependiente y ha sido creado. No podemos entender cabalmente algo que sea preexistente.

Pero solo porque sea imposible (por definición) que una criatura sea preexistente no significa que sea imposible que el Creador sea preexistente. Dios, como nosotros, no puede crearse a sĆ­ mismo. Pero Dios, a diferencia de nosotros, puede ser preexistente. En realidad esto constituye la esencia misma de la diferencia que existe entre el Creador y la creación. Esto es lo que lo convierte en el Ser Supremo y en 1a fuente de todos los demĆ”s seres.

El concepto de preexistencia no viola ninguna ley racional, lógica o cientĆ­fica. Es una noción racional vĆ”lida. Por el contrario, el concepto de la autocreación viola la mĆ”s bĆ”sica de todas las leyes racionales, lógicas y cientĆ­ficas – – la ley de la no contradicción. La preexistencia es un concepto racional; la autocreación es irracional.

La noción de que algo sea preexistente no es solo racionalmente posible, es racionalmente necesaria. Nuevamente, la razón exige que si algo es, entonces debe haber algo que contenga dentro de sĆ­ mismo la capacidad de ser. De lo contrario no habĆ­a nada. Si no hubiese algo que existiera en sĆ­ mismo, nada podrĆ­a existir.

Posiblemente la pregunta mĆ”s antigua y mĆ”s profunda sea: ĀæPor quĆ© hay algo en vez de nada? Una respuesta necesaria para al menos parte de la pregunta es porque Dios existe. Dios existe

en sĆ­ mismo eternamente. Es el origen y la fuente del ser. Solo El tiene, dentro de sĆ­ mismo, el poder de ser. Pablo declara que nuestra propia existencia depende del poder del ser de Dios: Ā«Porque en Ć©l vivimos, y nos movemos, y somosĀ» (Acts 17:28).

Resumen

1. Todo efecto debe tener una causa.

2. Dios no es un efecto; Dios no tiene causa.

3. La autocreación es un concepto irracional.

4. La preexistencia es un concepto racional. .

5. La preexistencia no es solamente posible sino que es racionalmente necesaria.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 90:2

Jn. 1:1-5

Acts 17:22-31

Col. 1:15-20

Rev. 1:8

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y tambiĆ©n se puede escuchar en lĆ­nea. Escribió mĆ”s de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, MoisĆ©s y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTƍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

ĀæQuĆ© es el tiempo?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

¿Qué es el tiempo?
Por Thomas Brewer

Nota del editor:Ā Este es el segundo capĆ­tulo en la serie de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā Tiempo

«¿Qué hora es?». En ocasiones, algún desconocido me hace esa pregunta. Es fÔcil de contestar. Solo miro mi teléfono o reloj y le digo la hora. Pero nunca algún extraño me ha preguntado «¿Qué es el tiempo en sí?». Esa es una pregunta mucho mÔs compleja de responder. Por un lado, sabemos lo que es el tiempo, porque lo usamos cada día. Iniciamos nuestro día con una alarma que suena, revisamos el reloj durante todo el día para asegurarnos que estamos en horario y nos vamos a la cama con la esperanza de dormir por varias horas. También sabemos que el tiempo tiene un efecto acumulativo. Los hijos crecen y se vuelven adultos. Las relaciones cambian. Las temporadas pasan.

Por otro lado, es difĆ­cil saber con exactitud lo que es el tiempo. Sabemos que implica medidas, pero no en unidades espaciales como pulgadas o centĆ­metros, sino en unidades temporales como segundos y dĆ­as. Sin embargo, no podemos definir el tiempo simplemente por cómo lo medimos. Si lo hiciĆ©ramos, serĆ­a como definir un pastel de cumpleaƱos simplemente por sus ingredientes: cantidad de mantequilla, huevos, azĆŗcar y harina. No obstante, la idea de medición debe ser parte de la definición, porque de lo contrario no serĆ­amos capaces de hablar del tiempo de forma coherente. Entonces, ademĆ”s del tiempo ser algo que se mide, podrĆ­amos decir que el tiempo procede de eventos que ocurren uno tras otro. Experimentamos la vida momento a momento, no todos a la vez. AsĆ­ que, en aras de definir las cosas, podemos decir que el tiempo es una dimensión Ā«no espacialĀ» que medimos por momentos sucesivos. 

Es extraƱo pensar sobre el tiempo de manera tan abstracta, pero se vuelve aĆŗn mĆ”s extraƱo cuando pensamos en cómo esa definición tan simple no encapsula todo sobre el tiempo. Por ejemplo, a veces puede parecer que el tiempo se acelera, se frena o hasta se detiene. ĀæCómo se explica esto? AgustĆ­n de Hipona fue uno de los primeros pensadores que consideró el misterio del tiempo: 

¿A qué nos referimos con mÔs familiaridad y conocimiento que al tiempo? Ciertamente lo entendemos cuando hablamos sobre ello; lo entendemos también cuando lo oímos descrito por otro. Entonces, ¿qué es el tiempo? Si nadie me pregunta, lo sé; si quiero explicÔrselo a una persona que me pregunte, no lo sé.

Como AgustĆ­n, no podemos comprender el tiempo por completo. Sin embargo, sabemos que somos criaturas hechas para existir en y a travĆ©s del tiempo. Ni siquiera podemos imaginar lo que significa ser estrictamente atemporal.

EL CREADOR DEL TIEMPO

Con todo, existe Uno que es atemporal: Dios. Ā«Desde la eternidad y hasta la eternidad, tĆŗ eres DiosĀ» (Sal 90:2). Dios hizo el universo y asĆ­ creó el tiempo. Ā«En el principio creó Dios los cielos y la tierraĀ» (Gn 1:1). Pero Āæexistió Ā«un tiempoĀ» antes de que Dios creara el tiempo? AgustĆ­n tambiĆ©n pensó sobre esa pregunta:

No precediste al tiempo en ningún tiempo, porque entonces no precederías a todos los tiempos. Pero en la excelencia de una eternidad siempre presente, Tú precedes a todos los tiempos pasados y sobrevives a todos los tiempos futuros, porque son futuros, y cuando hayan ocurrido, serÔn pasados; pero «Tú eres el mismo, y tus años no tendrÔn fin».

SegĆŗn AgustĆ­n, Dios precede el tiempo por Su Ā«eternidad siempre presenteĀ», porque Ɖl es el Creador mismo del tiempo. Estar en un siempre presente es existir en una condición tal que todos los tiempos son igualmente presentes. Es cierto que, al describir cosas como estas, somos un poco como los peces especulando sobre caminar en la luna. La misma frase Ā«siempre presenteĀ» muestra las limitaciones de nuestro lenguaje. Siempre y presente son palabras que derivan su significado del tiempo para describir a Uno que es estrictamente atemporal. Los teólogos a lo largo de los siglos han descrito Su atemporalidad como la eternidad de Dios. Es un concepto difĆ­cil de comprender dada nuestra naturaleza como criaturas limitadas por el tiempo.

Sin embargo, en la Escritura vemos al Dios eterno operando en y a travĆ©s del tiempo. Opera de una forma medible, momento a momento, desde las primeras pĆ”ginas del GĆ©nesis. Por ejemplo, crea el mundo en seis dĆ­as, un dĆ­a tras otro. Establece el sol, la luna y las estrellas en el cuarto dĆ­a para ayudar a medir el tiempo: Ā«y sean para seƱales y para estaciones y para dĆ­as y para aƱosĀ» (Gn 1:14). Dios pondera y habla en momentos consecutivos, y Sus palabras se suceden una tras otra: Ā«Hagamos al hombre a nuestra imagenĀ» (v. 26). Termina y dice que todo es Ā«bueno en gran maneraĀ» (v. 31).

El TIEMPO ES BUENO

Al llamar a todo bueno en gran manera, Dios estaba llamando bueno al tiempo mismo. Fuimos, como AdÔn, hechos para existir en y a través del tiempo. Dios creó a AdÔn para pensar, hablar y madurar en el tiempo. AdÔn experimentó comunión con Dios en el tiempo y Dios condescendió a la limitación temporal de AdÔn al estar con él en tiempos específicos. Parte del gozo de AdÔn al experimentar la vida fue el experimentar el tiempo: Dios le llevó animales a AdÔn para ver cómo los llamaría (v. 19); AdÔn anheló una pareja y Dios le dio a Eva (vv. 20-23). AdÔn comió frutas, habló con Dios y exploró el jardín.

El tiempo, al principio, fue una bendición. Fue el escenario en el que AdĆ”n y Eva maduraron y experimentaron la plenitud de vida que Dios les habĆ­a dado. Pero luego, cayeron en pecado. Desobedecieron la Palabra de Dios. Como resultado, Dios maldijo la tierra. Multiplicó el dolor de Eva al tener hijos. Les recordó la consecuencia de comer del Ć”rbol del conocimiento del bien y del mal: la muerte (Gn 3). Y asĆ­, eventualmente regresaron al polvo: Ā«El total de los dĆ­as que AdĆ”n vivió fue de novecientos treinta aƱos, y murió» (5:5). 

EL TIEMPO ES CORTO

Tal vez notaste que en la narración de la caĆ­da Dios nunca maldijo al tiempo. El tiempo no es malo. Entonces Āæcómo se explica nuestra ansiedad, frustración y exasperación a lo largo del tiempo? ĀæCómo la caĆ­da afectó al tiempo? Bueno, por un lado, como cualquier cosa buena que Dios nos ha dado, a menudo usamos mal el tiempo. En nuestro pecado, tratamos al tiempo con pereza, o tratamos de acapararlo, o gastamos el tiempo haciendo cosas que no deberĆ­amos. Pero lo mĆ”s significativo es que la muerte acorta nuestro tiempo poniendo fecha de caducidad a nuestra vida. Nuestro tiempo, como el de AdĆ”n, se va a acabar. Experimentamos que el tiempo se acaba incluso cuando todavĆ­a estamos vivos. Por ejemplo, solo tenemos un tiempo limitado para obtener una educación. Tenemos un tiempo limitado para encontrar un cónyuge, comprar una casa, tener hijos, pasar tiempo con ellos, ahorrar para la jubilación, pasar tiempo con nuestros seres queridos antes de que mueran. Podemos hacer una cantidad de cosas y pasar una cantidad de tiempo con un nĆŗmero limitado de personas antes de que nosotros tambiĆ©n muramos. No podemos hacer que las alegrĆ­as de la vida duren para siempre. Corren por nuestros dedos como la arena. Ā«El total de los dĆ­as que AdĆ”n vivió fue de novecientos treinta aƱos, y murió… El total de los dĆ­as de Set fue de novecientos doce aƱos, y murió… El total de los dĆ­as de Enós fue de novecientos cinco aƱos, y murió…», y asĆ­ continĆŗa, desde GĆ©nesis 5 hasta el dĆ­a de hoy.

EL TIEMPO REDIMIDO

Gracias a Dios, el patrón bĆ­blico de la muerte se rompe en el Nuevo Testamento. Mateo comienza con una genealogĆ­a que conduce hasta Jesucristo, el Hijo de Dios. Dios se encarnó y vivió entre nosotros. El Dios atemporal entró en el tiempo. Y Jesucristo no solo vivió; Ɖl murió. PodrĆ­amos decir: Ā«El total de los dĆ­as de JesĆŗs fue de treinta y tres aƱos, y murió…». Sin embargo, Su tiempo fue acortado de una manera distinta a la de los demĆ”s. JesĆŗs fue el Ćŗnico hombre perfecto que jamĆ”s haya vivido y merecĆ­a la vida eterna. Murió por Su propia voluntad —sacrificialmente— para tomar el castigo de la muerte sobre SĆ­ mismo por nuestro bien. Aunque Su vida humana fue acortada, resucitó para vida eterna. JesĆŗs promete esta vida eterna a los que ponen su fe en Ɖl (Jn 3:16).

Al depositar nuestra confianza en Jesús, recibimos la vida para la que fuimos hechos originalmente: pasar un tiempo interminable morando con Dios. Aunque podemos morir si Jesús no regresa durante nuestra vida, no obstante resucitaremos. En los cielos nuevos y tierra nueva, comeremos del Ôrbol de la vida (Ap 22). Esta es una imagen invertida de AdÔn y Eva en el jardín de Edén antes de la caída (Gn 2). Ellos comieron del Ôrbol de la vida y esperaban seguir viviendo interminablemente. La historia bíblica completa así el círculo.

Entonces, nosotros los cristianos no esperamos escapar del tiempo. MĆ”s bien, anhelamos la plenitud del tiempo ā€”una cantidad abundante y desbordante de tiempo para estar completamente vivos— para glorificar a Dios y gozar de Ɖl para siempre. Experimentamos un anticipo de esa plenitud del tiempo incluso ahora mientras buscamos redimir el tiempo, sabiendo que esta vida no es el final. Pero experimentaremos la verdadera plenitud del tiempo en los cielos nuevos y la tierra nueva cuando habitemos en la presencia de Dios para siempre, donde nuestro Dios atemporal nos impartirĆ” una vida que nunca volverĆ” a ser acortada.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en AmƩrica.

El amor nunca deja de ser

Viernes 4 Febrero

A fin de que, arraigados y cimentados en amor, seƔis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuƔl sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.

Efesios 3:17-19

El amor de Cristo

El profundo amor de Cristo

Digno es de loor y prez,

”CuÔnto ama, siempre ama,

Nunca cambia, puro es!

”CuÔnto ama a los suyos,

Por salvarlos él murió!

Intercede en el cielo

Por aquellos que compró.

El profundo amor de Cristo,

Grande, sin comparación,

Es refugio de descanso,

Es un mar de gran bendición.

El profundo amor de Cristo

Es un cielo para mĆ­;

Me levanta hasta la gloria,

Pues me lleva hacia Ti.

El profundo amor de Cristo

Es inmenso sin fin.

ā€œEstoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni Ć”ngeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrĆ” separar del amor de Dios, que es en Cristo JesĆŗs SeƱor nuestroā€ (Romanos 8:38-39).

ā€œEl amor nunca deja de serā€ (1 Corintios 13:8).

ā€œEn esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigĆ©nito al mundo, para que vivamos por Ć©lā€ (1 Juan 4:9).

Thomas J. Williams, Ellen de Eck

GĆ©nesis 38 ā€“ Mateo 22:1-22 ā€“ Salmo 19:1-6 ā€“ Proverbios 7:1-5

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch