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El Blog de Ligonier
Serie: Tiempo
¿Qué es el tiempo?
Por Thomas Brewer
Nota del editor:Ā Este es el segundo capĆtulo en la serie de artĆculos deĀ Tabletalk Magazine:Ā Tiempo
«¿QuĆ© hora es?Ā». En ocasiones, algĆŗn desconocido me hace esa pregunta. Es fĆ”cil de contestar. Solo miro mi telĆ©fono o reloj y le digo la hora. Pero nunca algĆŗn extraƱo me ha preguntado «¿QuĆ© es el tiempo en sĆ?Ā». Esa es una pregunta mucho mĆ”s compleja de responder. Por un lado, sabemos lo que es el tiempo, porque lo usamos cada dĆa. Iniciamos nuestro dĆa con una alarma que suena, revisamos el reloj durante todo el dĆa para asegurarnos que estamos en horario y nos vamos a la cama con la esperanza de dormir por varias horas. TambiĆ©n sabemos que el tiempo tiene un efecto acumulativo. Los hijos crecen y se vuelven adultos. Las relaciones cambian. Las temporadas pasan.
Por otro lado, es difĆcil saber con exactitud lo que es el tiempo. Sabemos que implica medidas, pero no en unidades espaciales como pulgadas o centĆmetros, sino en unidades temporales como segundos y dĆas. Sin embargo, no podemos definir el tiempo simplemente por cómo lo medimos. Si lo hiciĆ©ramos, serĆa como definir un pastel de cumpleaƱos simplemente por sus ingredientes: cantidad de mantequilla, huevos, azĆŗcar y harina. No obstante, la idea de medición debe ser parte de la definición, porque de lo contrario no serĆamos capaces de hablar del tiempo de forma coherente. Entonces, ademĆ”s del tiempo ser algo que se mide, podrĆamos decir que el tiempo procede de eventos que ocurren uno tras otro. Experimentamos la vida momento a momento, no todos a la vez. AsĆ que, en aras de definir las cosas, podemos decir que el tiempo es una dimensión Ā«no espacialĀ» que medimos por momentos sucesivos.
Es extraƱo pensar sobre el tiempo de manera tan abstracta, pero se vuelve aĆŗn mĆ”s extraƱo cuando pensamos en cómo esa definición tan simple no encapsula todo sobre el tiempo. Por ejemplo, a veces puede parecer que el tiempo se acelera, se frena o hasta se detiene. ĀæCómo se explica esto? AgustĆn de Hipona fue uno de los primeros pensadores que consideró el misterio del tiempo:
ĀæA quĆ© nos referimos con mĆ”s familiaridad y conocimiento que al tiempo? Ciertamente lo entendemos cuando hablamos sobre ello; lo entendemos tambiĆ©n cuando lo oĆmos descrito por otro. Entonces, ĀæquĆ© es el tiempo? Si nadie me pregunta, lo sĆ©; si quiero explicĆ”rselo a una persona que me pregunte, no lo sĆ©.
Como AgustĆn, no podemos comprender el tiempo por completo. Sin embargo, sabemos que somos criaturas hechas para existir en y a travĆ©s del tiempo. Ni siquiera podemos imaginar lo que significa ser estrictamente atemporal.
EL CREADOR DEL TIEMPO
Con todo, existe Uno que es atemporal: Dios. Ā«Desde la eternidad y hasta la eternidad, tĆŗ eres DiosĀ» (Sal 90:2). Dios hizo el universo y asĆ creó el tiempo. Ā«En el principio creó Dios los cielos y la tierraĀ» (Gn 1:1). Pero Āæexistió Ā«un tiempoĀ» antes de que Dios creara el tiempo? AgustĆn tambiĆ©n pensó sobre esa pregunta:
No precediste al tiempo en ningĆŗn tiempo, porque entonces no precederĆas a todos los tiempos. Pero en la excelencia de una eternidad siempre presente, TĆŗ precedes a todos los tiempos pasados y sobrevives a todos los tiempos futuros, porque son futuros, y cuando hayan ocurrido, serĆ”n pasados; pero Ā«TĆŗ eres el mismo, y tus aƱos no tendrĆ”n finĀ».
SegĆŗn AgustĆn, Dios precede el tiempo por Su Ā«eternidad siempre presenteĀ», porque Ćl es el Creador mismo del tiempo. Estar en un siempre presente es existir en una condición tal que todos los tiempos son igualmente presentes. Es cierto que, al describir cosas como estas, somos un poco como los peces especulando sobre caminar en la luna. La misma frase Ā«siempre presenteĀ» muestra las limitaciones de nuestro lenguaje. Siempre y presente son palabras que derivan su significado del tiempo para describir a Uno que es estrictamente atemporal. Los teólogos a lo largo de los siglos han descrito Su atemporalidad como la eternidad de Dios. Es un concepto difĆcil de comprender dada nuestra naturaleza como criaturas limitadas por el tiempo.
Sin embargo, en la Escritura vemos al Dios eterno operando en y a travĆ©s del tiempo. Opera de una forma medible, momento a momento, desde las primeras pĆ”ginas del GĆ©nesis. Por ejemplo, crea el mundo en seis dĆas, un dĆa tras otro. Establece el sol, la luna y las estrellas en el cuarto dĆa para ayudar a medir el tiempo: Ā«y sean para seƱales y para estaciones y para dĆas y para aƱosĀ» (Gn 1:14). Dios pondera y habla en momentos consecutivos, y Sus palabras se suceden una tras otra: Ā«Hagamos al hombre a nuestra imagenĀ» (v. 26). Termina y dice que todo es Ā«bueno en gran maneraĀ» (v. 31).
El TIEMPO ES BUENO
Al llamar a todo bueno en gran manera, Dios estaba llamando bueno al tiempo mismo. Fuimos, como AdĆ”n, hechos para existir en y a travĆ©s del tiempo. Dios creó a AdĆ”n para pensar, hablar y madurar en el tiempo. AdĆ”n experimentó comunión con Dios en el tiempo y Dios condescendió a la limitación temporal de AdĆ”n al estar con Ć©l en tiempos especĆficos. Parte del gozo de AdĆ”n al experimentar la vida fue el experimentar el tiempo: Dios le llevó animales a AdĆ”n para ver cómo los llamarĆa (v. 19); AdĆ”n anheló una pareja y Dios le dio a Eva (vv. 20-23). AdĆ”n comió frutas, habló con Dios y exploró el jardĆn.
El tiempo, al principio, fue una bendición. Fue el escenario en el que AdĆ”n y Eva maduraron y experimentaron la plenitud de vida que Dios les habĆa dado. Pero luego, cayeron en pecado. Desobedecieron la Palabra de Dios. Como resultado, Dios maldijo la tierra. Multiplicó el dolor de Eva al tener hijos. Les recordó la consecuencia de comer del Ć”rbol del conocimiento del bien y del mal: la muerte (Gn 3). Y asĆ, eventualmente regresaron al polvo: Ā«El total de los dĆas que AdĆ”n vivió fue de novecientos treinta aƱos, y murió» (5:5).
EL TIEMPO ES CORTO
Tal vez notaste que en la narración de la caĆda Dios nunca maldijo al tiempo. El tiempo no es malo. Entonces Āæcómo se explica nuestra ansiedad, frustración y exasperación a lo largo del tiempo? ĀæCómo la caĆda afectó al tiempo? Bueno, por un lado, como cualquier cosa buena que Dios nos ha dado, a menudo usamos mal el tiempo. En nuestro pecado, tratamos al tiempo con pereza, o tratamos de acapararlo, o gastamos el tiempo haciendo cosas que no deberĆamos. Pero lo mĆ”s significativo es que la muerte acorta nuestro tiempo poniendo fecha de caducidad a nuestra vida. Nuestro tiempo, como el de AdĆ”n, se va a acabar. Experimentamos que el tiempo se acaba incluso cuando todavĆa estamos vivos. Por ejemplo, solo tenemos un tiempo limitado para obtener una educación. Tenemos un tiempo limitado para encontrar un cónyuge, comprar una casa, tener hijos, pasar tiempo con ellos, ahorrar para la jubilación, pasar tiempo con nuestros seres queridos antes de que mueran. Podemos hacer una cantidad de cosas y pasar una cantidad de tiempo con un nĆŗmero limitado de personas antes de que nosotros tambiĆ©n muramos. No podemos hacer que las alegrĆas de la vida duren para siempre. Corren por nuestros dedos como la arena. Ā«El total de los dĆas que AdĆ”n vivió fue de novecientos treinta aƱos, y murió⦠El total de los dĆas de Set fue de novecientos doce aƱos, y murió⦠El total de los dĆas de Enós fue de novecientos cinco aƱos, y murióā¦Ā», y asĆ continĆŗa, desde GĆ©nesis 5 hasta el dĆa de hoy.
EL TIEMPO REDIMIDO
Gracias a Dios, el patrón bĆblico de la muerte se rompe en el Nuevo Testamento. Mateo comienza con una genealogĆa que conduce hasta Jesucristo, el Hijo de Dios. Dios se encarnó y vivió entre nosotros. El Dios atemporal entró en el tiempo. Y Jesucristo no solo vivió; Ćl murió. PodrĆamos decir: Ā«El total de los dĆas de JesĆŗs fue de treinta y tres aƱos, y murióā¦Ā». Sin embargo, Su tiempo fue acortado de una manera distinta a la de los demĆ”s. JesĆŗs fue el Ćŗnico hombre perfecto que jamĆ”s haya vivido y merecĆa la vida eterna. Murió por Su propia voluntad āsacrificialmenteā para tomar el castigo de la muerte sobre SĆ mismo por nuestro bien. Aunque Su vida humana fue acortada, resucitó para vida eterna. JesĆŗs promete esta vida eterna a los que ponen su fe en Ćl (Jn 3:16).
Al depositar nuestra confianza en JesĆŗs, recibimos la vida para la que fuimos hechos originalmente: pasar un tiempo interminable morando con Dios. Aunque podemos morir si JesĆŗs no regresa durante nuestra vida, no obstante resucitaremos. En los cielos nuevos y tierra nueva, comeremos del Ć”rbol de la vida (Ap 22). Esta es una imagen invertida de AdĆ”n y Eva en el jardĆn de EdĆ©n antes de la caĆda (Gn 2). Ellos comieron del Ć”rbol de la vida y esperaban seguir viviendo interminablemente. La historia bĆblica completa asĆ el cĆrculo.
Entonces, nosotros los cristianos no esperamos escapar del tiempo. MĆ”s bien, anhelamos la plenitud del tiempo āuna cantidad abundante y desbordante de tiempo para estar completamente vivosā para glorificar a Dios y gozar de Ćl para siempre. Experimentamos un anticipo de esa plenitud del tiempo incluso ahora mientras buscamos redimir el tiempo, sabiendo que esta vida no es el final. Pero experimentaremos la verdadera plenitud del tiempo en los cielos nuevos y la tierra nueva cuando habitemos en la presencia de Dios para siempre, donde nuestro Dios atemporal nos impartirĆ” una vida que nunca volverĆ” a ser acortada.
Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en AmƩrica.