La Bella y Dos Bestias

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

7 – La Bella y Dos Bestias

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

La Escritura sola

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

La Escritura sola
Por Chad Van Dixhoorn

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Doctrinas mal entendidas

n 1546, el Concilio de Trento, una asamblea católica romana que se reunió poco después de la muerte de Martín Lutero, emitió dos decretos sobre la Sagrada Escritura. El primer decreto maldijo a los que no aceptaban las Escrituras y a los que «condenaban deliberadamente» las tradiciones de la Iglesia. El segundo decreto prohibió las lecturas tergiversadas de la «Sagrada Escritura» en asuntos doctrinales o morales. El concilio también condenó las interpretaciones de «la Sagrada Escritura contrarias a… la santa madre Iglesia» o «contrarias al consentimiento unánime de los Padres», y explicó que es tarea de la Iglesia «juzgar el verdadero sentido e interpretación de las Santas Escrituras».

Ambos decretos están abarrotados de cláusulas complicadas y frases extrañas. Hay una razón para esto: los obispos en el concilio no estaban de acuerdo entre sí acerca de la relación entre la Escritura y las tradiciones de la Iglesia utilizadas para interpretar la Escritura, así que discutieron sobre cómo llegar a algún tipo de consenso. De los que estaban dispuestos a votar sobre el tema, treinta y tres miembros pensaron que la Escritura y la tradición son «iguales» en autoridad, once pensaron que son «similares» pero no «iguales» en autoridad, y tres pensaron que el concilio solo debería exigir que se respetaran las tradiciones. Se abandonó el lenguaje de igualdad autoritaria entre la Escritura y la tradición.

En otro consenso, el concilio hizo otra distinción: treinta y ocho miembros querían que el concilio condenara a aquellos que no aceptaban las Escrituras ni la tradición. Pero treinta y tres miembros querían una posición más flexible. Estaban dispuestos a condenar a los que no aceptaban la Escritura, pero con respecto a la tradición, los obispos solo condenarían a las personas que conscientemente rechazaran las tradiciones de la iglesia. Aquí el partido minoritario ganó la votación, ya que el partido mayoritario no estuvo dispuesto a ignorar las opiniones de sus colegas.

Como autoridad final, la Escritura, al ser la Palabra de Dios, permanece firme por Sí misma.

Cuento esta historia porque es sorprendente escuchar que miembros del Concilio de Trento presentaron ideas que todo reformador podría afirmar (y que creo que todo cristiano protestante debería afirmar). Después de todo, todo reformador podría estar de acuerdo en que la Escritura no debe ser manipulada para que diga lo que queremos. La Biblia es la Palabra de Dios: debemos ser moldeados por ella; no que ella sea moldeada por nosotros. Los reformadores también podrían estar de acuerdo con la pequeña minoría de votantes en el Concilio de Trento: las tradiciones de la Iglesia, siendo sin duda los escritos y las prácticas más antiguas de la Iglesia, merecen estimación. Sí, ha habido falsos maestros en la historia de la Iglesia, pero también existe una historia de enseñanza útil en la Iglesia que afirma y apoya la enseñanza de la Escritura. Hay mucho que aprender de aquellos que nos han precedido.

Al fin y al cabo, los reformadores se dieron cuenta de que la idea católica romana de lograr un «consentimiento unánime» entre los maestros cristianos de los primeros siglos de la Iglesia no tenía base alguna en la realidad. De hecho, la Confesión de Augsburgo de 1530, la declaración teológica luterana primitiva más importante, destaca los desacuerdos presentes dentro de la misma tradición romana, incluyendo contrastes entre las enseñanzas de la Iglesia y las enseñanzas de los padres prominentes de la Iglesia. Sin embargo, considerar las enseñanzas de los padres de la Iglesia como importantes resultaba obvio para todos. Como autoridad final, la Escritura, al ser la Palabra de Dios, permanece firme por Sí misma. De todos modos, las personas sabias leen las Escrituras en compañía de otros, no solos, incluso aquellos que nos han precedido.

Cuento esta historia también porque el concilio llegó a otras conclusiones que ningún reformador podría aceptar (y que ningún cristiano protestante debería aceptar). Principalmente, los reformadores no pudieron aceptar que «juzgar… el verdadero sentido e interpretación» de la Biblia es responsabilidad de la Iglesia. Poner tal autoridad en manos de la Iglesia sería poner a la Iglesia por encima de la Biblia en lugar de la Biblia por encima de la Iglesia. Insistir en que este tipo de interpretación es necesaria era como anunciar que la Biblia no es clara en Sí misma.

Toda la historia de la Iglesia protestante, vista en los cientos de confesiones y catecismos producidos por luteranos y reformados por igual, testifica del poder y la utilidad de la Escritura y llama a las iglesias a reformarse según las Escrituras. Estas confesiones ocasionalmente citan a autores importantes en la historia de la Iglesia. Los escritores protestantes lo hacían a menudo. Pero entendieron que solo la Escritura tiene las marcas de necesidad, suficiencia, autoridad suprema y claridad en todos los asuntos relacionados con la salvación. En última instancia, la relevancia, la utilidad, la veracidad y la capacidad de persuasión de cualquier otro texto deben evaluarse únicamente a través de la Escritura sola.

En 1646, la Asamblea de Westminster, escribiendo al final de la larga Reforma de Inglaterra, declaró:

«El Espíritu Santo, que habla en la Escritura, y de cuya sentencia debemos depender, es el único Juez Supremo por quien deben decidirse todas las controversias religiosas, y por quien deben examinarse todos los decretos de los concilios, las opiniones de los antiguos escritores, las doctrinas humanas y las opiniones individuales» (Confesión de Fe de Westminster 1.10).

Esto fue simplemente para registrar la actitud de los mismos escritores bíblicos, quienes validaron muchos de sus argumentos con un «así dice el Señor», seguido de una cita de la Escritura. ¿Debemos respetar los decretos de los concilios, tener en alta estima a los escritores antiguos y el adecuado interés en las enseñanzas de otros hombres? Sí. Como los hombres sabios han señalado en el pasado, muchos problemas en la Iglesia pudieron haberse evitado si los cristianos hubieran escuchado, no solo lo que creemos que el Espíritu Santo nos está enseñando, sino también lo que Él pudo haberle enseñado a otros. Sin embargo, ninguna de estas fuentes de conocimiento y sabiduría, y mucho menos las declaraciones de los papas, puede elevarse al nivel de la autoridad de la propia Palabra de Dios. En esto debemos estar firmes.

Ahora, ¿hay «controversias religiosas» que necesitan resolverse? Entonces solo hay un estándar que es necesario que utilicemos, una sola corte a la que todo cristiano e iglesia debe apelar. ¿Hay «decretos de concilios» que deban evaluarse? Entonces solo hay un canon por el cual estos concilios y sus decretos pueden ser considerados legítimamente correctos o incorrectos. ¿Han encontrado tú o tus amigos «opiniones de escritores antiguos» con gran peso? Solo hay una balanza en la que se pueden pesar. ¿Nos encontramos con «las enseñanzas de los hombres» en conversaciones, lecturas y predicaciones? Solo hay una luz con la que pueden examinarse. ¿Hay «opiniones individuales» o criterios personales en la Iglesia? Entonces solo hay una manera en que deben ser juzgados. Hay una «sentencia» en la que «debemos depender», y esa no puede ser otra que la del «Espíritu Santo que habla en la Escritura».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Chad Van Dixhoorn

El Dr. Chad Van Dixhoorn es profesor de historia de la Iglesia y director del Centro Craig para el Estudio de las Normas de Westminster en el Seminario Teológico Westminster de Filadelfia. Es autor de Confessing the Faith.

El silencio de Dios

Martes 22 Febrero

Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia.

Salmo 4:1

Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

Salmo 40:1

El silencio de Dios

Muchos cristianos han pensado, una u otra vez, que sus oraciones parecían chocar contra el silencio de Dios. ¿Cómo vivir esos silencios, esa aparente falta de respuesta a nuestras oraciones? Con respecto a esto, los autores de los salmos son un ejemplo para nosotros. No se dieron por vencidos; al contrario, sus oraciones se volvieron más intensas. Lo que esperaban no era tanto una palabra audible, sino una respuesta visible a través de la intervención de Dios en su vida.

Este aparente silencio de Dios nos enseña a hacer la diferencia entre nuestros pensamientos y los del Señor. Dios dice: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).

El silencio de Dios nos conduce a tomar un lugar más apropiado ante él, con confianza, para alcanzar su liberación sin desesperarnos, pues sabemos que nos ama. Él responderá en el momento oportuno y de la mejor manera. Esta espera no debería alejarnos de su presencia, sino todo lo contrario. David, autor de varios salmos, dijo: “En el día del mal” Dios “me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto” (Salmo 27:5). En otro salmo Asaf, con el alma atormentada, comprendió la voluntad de Dios viniendo simplemente a su presencia (Salmo 73:17).

Dios no permanecerá siempre en silencio. En el momento que él decida, responderá, liberará y salvará.

“Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Salmo 5:3).

Éxodo 6 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

39 – La palabra arrepentimiento casi ha desaparecido de las predicaciones

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 39

La palabra arrepentimiento casi ha desaparecido de las predicaciones

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

¿Pueden las Mujeres servir como Pastoras?

9Marcas

¿Pueden las Mujeres servir como Pastoras?
Por Thomas Schreiner

Frecuentemente me preguntan si una mujer puede servir en el ministerio. Mi respuesta es siempre: « ¡Si, claro! Todos los creyentes están llamados a servir y ministrarse unos a otros».

Pero respondería de manera diferente si la pregunta fuera planteada de una forma más precisa: « ¿Existen algunos roles ministeriales en los que las mujeres no pueden servir?» Argumentaría que el Nuevo Testamento claramente enseña que las mujeres no deberían servir como pastoras (lo cual el Nuevo Testamento también llama obispo o ancianos). Está claro en el Nuevo Testamento que los términos pastor, obispo, y anciano se refieren al mismo oficio (véase Hechos 20:1728Tito 1:571 Pedro 5:1-2), y para el resto de este relato utilizaré los términos «anciano» y «pastor» de manera intercambiable para referirme a este oficio.

LA PROHIBICIÓN DE PABLO EN 1 TIMOTEO 2:12

El texto fundamental que establece que las mujeres no deberían servir como ancianos es 1 Timoteo 2:11-15. Leemos en el versículo 12, «Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio». En este pasaje, Pablo prohíbe a las mujeres involucrarse en dos actividades que caracterizan el ministerio de los ancianos: enseñar y ejercer autoridad. Vemos esto en las calificaciones para el oficio, entre otras cosas: los ancianos deben tener la habilidad para enseñar (1 Timoteo 3:25:17Tito 1:9; véase Hechos 20:17-34) y dirigir la iglesia (1 Timoteo 3:4-55:17). A las mujeres se le prohíbe enseñar hombres y ejercer autoridad sobre ellos, y por lo tanto se deduce que no deben servir como ancianos.

¿Está esta prohibición aún vigente hoy?

¿Pero está el mandato de que las mujeres no deben enseñar a los hombres o ejercer autoridad sobre ellos destinado a estar en vigencia hoy? Muchos hoy contienden que Pablo prohibió a las mujeres servir como ancianos porque las mujeres en los días de Pablo no eran educadas y por lo tanto no tenían la habilidad para enseñar bien a los hombres. También se dice que las mujeres eran responsables de las falsas enseñanzas que estaban perturbando la congregación a la que Pablo escribió en 1 Timoteo (1 Timoteo 1:36:3). Según esta lectura, Pablo apoyaría el servicio de las mujeres como pastoras si eran educadas adecuadamente y si enseñaban sana doctrina.

La prohibición está fundamentada en la creación, no en circunstancias

Estos intentos de relativizar la prohibición de Pablo deben ser juzgados como sin éxito. Pablo podría fácilmente haber escrito, «no quiero que las mujeres enseñen o ejerzan autoridad sobre los hombres porque no están educadas,» o, «no quiero que las mujeres enseñen o ejerzan autoridad sobre los hombres porque están divulgando falsas enseñanzas». Sin embargo, ¿cuál es la razón que Pablo da para su mandato en el versículo 12? La razón fundamental para el mandato se encuentra en el próximo versículo: «porque Adán fue formado primero, luego Eva» (versículo 13). Pablo no dice nada acerca de la falta de educación o acerca de las mujeres promulgando falsas enseñanzas. En cambio, él apela al orden creado, a la intención buena y perfecta de Dios cuando Él formó a los seres humanos. Es imperativo ver que la referencia a la creación indica que el mandato para las mujeres no enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres es una palabra transcultural, una prohibición que está atada a la iglesia en todos los tiempos y lugares. Al dar este mandato, Pablo no apela a la creación caída o las consecuencias que pertenecen a la vida humana como resultado del pecado. Más bien, él fundamenta la prohibición en el todo de la buena creación que existió antes de que el pecado entrara al mundo.

La razón fundamental por la que las mujeres no deberían servir como pastoras está comunicado aquí, y por tanto el argumento de la creación no puede ser descartado como limitado a la cultura. Además, el Nuevo Testamento contiene algunos llamados similares al orden creado. Por ejemplo, la homosexualidad no está de acuerdo con la voluntad de Dios porque es «contraria a la naturaleza» (Romanos 1:26); es decir, viola lo que Dios pretendía cuando hizo a los seres humanos como masculino y femenino (Génesis 1:26-27). Igualmente, Jesús enseña que el divorcio no es el modelo divino ya que en la creación Dios hizo un hombre y una mujer, significando que un hombre debería casarse con una mujer «hasta que la muerte los separe» (Mateo 19:3-12). Por tanto, también, toda comida debe ser recibida con gratitud porque es un don de la mano creativa de Dios (1 Timoteo 4:3-5).

En 1 Timoteo 2:11-15, Pablo fundamenta de manera específica su prohibición de las mujeres enseñando y ejerciendo autoridad en el orden de la creación, es decir, que Adán fue hecho primero y luego Eva (Génesis 2:4-25). La narrativa en Génesis está cuidadosamente construida, y Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos ayuda a ver el significado de Eva siendo creado después de Adán. Las críticas frecuentemente objetan que el argumento falla en persuadir porque los animales fueron creados antes que los seres humanos, pero esto pasa por el punto de Pablo. Sólo los seres humanos son creados a imagen de Dios (Génesis 1:26-27), y por lo tanto Pablo comunica el significado de Dios creando al hombre antes que la mujer, es decir, que el hombre es responsable de dirigir.

Pablo da una segunda razón de porque las mujeres no deberían enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres en 1 Timoteo 2:14: «y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión». El punto de Pablo aquí es probablemente no que las mujeres son más propensas a ser engañadas que los hombres, porque en otra parte él elogia a las mujeres como maestras de mujeres y niños (Tito 2:32 Timoteo 1:53:14-15), lo cual él no recomendaría si las mujeres por naturaleza fueran aptas para ser engañadas. Es probable que Pablo estuviera pensando otra vez en la creación, por la serpiente trastornar el orden creado al engañar a Eva en lugar de a Adán (trastornando así el liderazgo masculino), aunque hay evidencia de que Adán estaba con Eva cuando la tentación ocurrió (Génesis 3:6). El versículo 14 no enseña que las mujeres no estaban educadas, porque el engaño es una categoría moral, considerando que la falta de educación se soluciona con la instrucción.

La decepción de Eva no puede ser atribuida a la debilidad intelectual, porque fue debido a su rebelión, su deseo de ser independiente de Dios. Además, la referencia al engaño aquí no indica que las mujeres de Éfeso jugaron un papel primario en la difusión de falsa enseñanza, porque los falsos maestros mencionados en 1 Timoteo son hombres (1 Timoteo 1:20). En realidad, si a las mujeres se les prohibió enseñar porque defendían la falsa enseñanza, tenemos la extraña y poco probable situación de que todas las mujeres cristianas en Éfeso fueron engañadas por la falsa enseñanza. Más bien, el punto de Pablo es que la tentación de satanás a Eva en lugar de Adán amenazó el liderazgo masculino, porque él engañó y tentó a la mujer incluso cuando Adán estuvo presente con Eva mientras ocurría la tentación.  De hecho, cuando Eva fue engañada primero por la serpiente, la responsabilidad primaria por el pecado cayó sobre los hombros de Adán. Esto es evidente en Génesis 3, cuando Dios le habla a Adán primero sobre el pecado de la primera pareja, y esto es confirmado por Romanos 5:12-19 donde la pecaminosidad de la raza humana es remontada a Adán y no a Eva.

En resumen, 1 Timoteo 2:12 prohíbe a las mujeres enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia. Este mandato está fundamentado en el orden de la creación y es confirmado por la inversión de roles que ocurrió en la caída. No es una prohibición de limitación cultural o contextual que ya no aplica a las iglesias de hoy.

CORROBORANDO EL TESTIMONIO DEL RESTO DE LAS ESCRITURAS

Lo qué aprendemos acerca del papel de los hombres y las mujeres a partir de la creación de Dios de ellos

Lo que vemos sobre el papel de los hombres y las mujeres en el resto de las Escrituras confirma esta lectura de 1 Timoteo 2:11-15. El libro de Génesis nos da seis clases de evidencias de que los maridos tienen la responsabilidad primaria del liderazgo en el matrimonio: 1) Dios creó a Adán primero y luego a Eva; 2) Dios dio el mandato de no comer del árbol a Adán el lugar de Eva; 3) Adán le puso nombre a la «mujer» al igual que lo hizo con los animales, indicando su autoridad (Génesis 2:19-23); 4) Eva está diseñada como «ayudadora» de Adán (Génesis 2:18); 5) La serpiente engañó a Eva en lugar de Adán, usurpando así el liderazgo masculino (Génesis 3:1-6); y 6) Dios fue donde Adán primero, aún cuando Eva pecó primero (Génesis 3:9; ver Romanos 5:12-19).

Lo que aprendemos de la enseñanza de la Biblia sobre el matrimonio

Dicha lectura de Génesis corresponde con lo que descubrimos sobre el matrimonio en el Nuevo Testamento. Los maridos tienen la responsabilidad primaria del liderazgo, y las esposas están llamadas a someterse al liderazgo de sus maridos (Efesios 5:22-33Colosenses 3:18-191 Pedro 3:1-7). El llamado a la sumisión de la esposa no está fundamentado en normas puramente culturales, porque una esposa está llamada a someterse a su esposo así como la iglesia está llamada a someterse a Cristo (Efesios 5:22-24). Pablo designa el matrimonio como un «misterio» (Efesios 5:32), y el misterio es que el matrimonio refleja la relación de Cristo con la iglesia. El mandato para los hombres en lugar de las mujeres para servir como pastores, entonces, corresponde con el modelo bíblico del liderazgo masculino y la autoridad en el matrimonio.

Es importante observar que un papel diferente para las mujeres no significa inferioridad en las mujeres. Las mujeres y los hombres fueron igualmente creados a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27). Él les dio igual acceso a la salvación en Cristo (Gálatas 3:28), y ellos son herederos juntos de la gran salvación que es nuestra en Jesucristo (1 Pedro 3:7). Los escritores bíblicos cuestionan la dignidad, inteligencia, y personalidad de las mujeres. Vemos esto aún más claramente cuando reconocemos que sólo de la manera que Cristo se somete al Padre (1 Corintios 15:28), es como las esposas deben someterse a sus esposos. Cristo tiene igual dignidad y valor que el Padre, y por tanto su sumisión no puede ser entendida como algo que indica inferioridad.

Lo que aprendemos de otros pasajes acerca de las mujeres en la iglesia

Tampoco es 1 Timoteo 2:11-15 el único texto que habla sobre un papel diferente para los hombres y las mujeres en la iglesia. En 1 Corintios 14:33b-36 Pablo enseña que las mujeres no deben hablar en la iglesia. Este pasaje no prohíbe a las mujeres hablar en la asamblea en lo absoluto, porque Pablo motiva a las mujeres a orar y profetizar en la iglesia (1 Corintios 11:5). El principio de 1 Corintios 14:33b-36 es que las mujeres no deberían hablar de manera tal que se rebelen contra el liderazgo masculino o tomar sobre sí mismas una autoridad injustificada, y este principio está de acuerdo con el concepto en 1 Timoteo 2:11-15 de que las mujeres no deberían enseñar y ejercer autoridad sobre los hombres.

Otro texto que nos apunta hacia la misma dirección es 1 Corintios 11:2-16. Hemos ya visto en este pasaje que Pablo permite que las mujeres oren y profeticen en la asamblea. Es imperativo ver que la profecía no es el mismo don que la enseñanza, porque los dones son reconocidos en el Nuevo Testamento (1 Corintios 12:28). Las mujeres servían como profetas en el Antiguo Testamento pero nunca como sacerdotes. Igualmente, servían como profetas en el Nuevo Testamento pero nunca como ancianos. Además, 1 Corintios 11:2-16 deja claro que mientras las mujeres profetizan debían adornarse de tal manera que fueran sumisas a la autoridad y liderazgo masculino (1 Corintios 11:3).

Esto corresponde con lo que vimos en 1 Timoteo 2:11-15. Las mujeres no son líderes reconocidos de la congregación, y por lo tanto no deben funcionar como maestras o líderes de la congregación. El aspecto fundamental de 1 Corintios 11:2-16 no es el adorno de las mujeres. Los estudiosos no están seguros, en todo caso, si el adorno descrito representa un velo o usar el cabello recogido en la cabeza. Dicho adorno era requerido en los días de Pablo porque significaba que las mujeres están sometidas al liderazgo masculino. Hoy en día la manera en que una mujer usa su cabello o si usa un velo no significa que está o no sometida a los líderes masculinos. En consecuencia, deberíamos aplicar el principio (aunque no la práctica cultural específica) al mundo de hoy: las mujeres deben estar sometidas al liderazgo masculino, que se manifiesta no sirviendo como pastores o maestras de hombres.

CONCLUSIÓN

Las Escrituras claramente enseñan acerca de los papeles únicos de las mujeres en la iglesia y en el hogar. Son iguales que el hombre en dignidad y valor, pero tienen un papel diferente durante su estancia terrenal. Dios les ha dado muchos dones diferentes a través de los cuales pueden ministrar a la iglesia y el mundo, pero no deben servir como pastoras. El Señor no ha dado su mandato para castigar a las mujeres, sino para que puedan servirle gozosamente de acuerdo a su voluntad.

Traducido por Samantha Paz.

Por Thomas Schreiner
Thomas R. Schreiner es Profesor James Buchanan Harrison de Interpretación del Nuevo Testamento en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky y es pastor de predicación en Clifton Baptist Church.

¿Cuál fue el papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

Got Questions

¿Cuál fue el papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

El papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento es muy parecido a Su papel en el Nuevo Testamento. Cuando hablamos del papel del Espíritu Santo, podemos discernir cuatro áreas generales en las que el Espíritu Santo trabaja: 1) regenerando, 2) residiendo (o llenando), 3) restringiendo, y 4) capacitando para el servicio. La evidencia de estas áreas de la obra del Espíritu Santo está presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

La primera área de trabajo del Espíritu está en el proceso de regeneración. Otra palabra para regenerar es “renacer,” de donde procede el concepto de “nacer de nuevo.” El texto clásico de la prueba de esto se encuentra en el Evangelio de Juan: “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). Esto lleva a la pregunta: ¿qué tiene que ver esto con la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento? Más adelante en Su diálogo con Nicodemo, Jesús le dijo: “Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? (Juan 3:10). El punto que Jesús quería establecer, es que Nicodemo debía haber sabido la verdad de que el Espíritu Santo es la fuente de la vida nueva, porque así es revelado en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, Moisés les dijo a los israelitas antes de entrar a la Tierra Prometida que “el SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Deuteronomio 30:6). Esta circuncisión del corazón es la obra del Espíritu de Dios y únicamente puede ser realizada por Él. También vemos el tema de la regeneración en Ezequiel 11:19-20 y Ezequiel 36:26-29.

El fruto de la obra de regeneración del Espíritu es la fe (Efesios 2:8). Ahora sabemos que había hombres de fe en el Antiguo Testamento, porque Hebreos 11 nombra a muchos de ellos. Si la fe es producida por el poder regenerador del Espíritu Santo, entonces este debe ser el caso de los santos del Antiguo Testamento, quienes miraron la cruz en el futuro, creyendo que lo que Dios había prometido respecto a su redención sucedería. Ellos recibieron las promesas y “… habiéndolas visto y aceptando con gusto desde lejos” (Hebreos 11:13), aceptando por fe que lo que Dios había prometido, también lo cumpliría.

El segundo aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento es Su permanencia, o llenura. Aquí es donde aparece la mayor diferencia entre los roles del Espíritu en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento enseña que la morada del Espíritu Santo es permanente en los creyentes (1 Corintios 3:16-17; 6:19-20). Cuando ponemos nuestra fe en Cristo para salvación, el Espíritu Santo viene a morar dentro de nosotros. El Apóstol Pablo llama a esta morada permanente la “garantía de nuestra herencia” (Efesios 1:13-14). En contraste con esta obra en el Nuevo Testamento, la permanencia del Espíritu en el Antiguo Testamento era selectiva y temporal. El Espíritu “vino sobre” personas del Antiguo Testamento tales como Josué (Números 27:18), David (1 Samuel 16:12-13) y aún Saúl (1 Samuel 10:10). En el libro de los Jueces, vemos que el Espíritu “vino sobre” varios jueces a quienes Dios levantó para librar a Israel de sus opresores. El Espíritu Santo descendía sobre estas personas para tareas específicas. La presencia del Espíritu Santo era una señal del favor de Dios sobre esa persona (en el caso de David), y si el favor de Dios dejaba a la persona, el Espíritu se apartaba (p.ej. el caso de Saúl en 1 Samuel 16:14). Finalmente cuando el Espíritu “venía sobre” una persona, no siempre era indicativo de la condición espiritual de la persona (p. ej. Saúl, Sansón, y muchos de los jueces). Así que mientras que en el Nuevo Testamento el Espíritu solo mora en los creyentes y Su morada es permanente, en el Antiguo Testamento, el Espíritu venía sobre ciertos individuos para una tarea específica, independientemente de su condición espiritual. Una vez que la tarea era concluida, el Espíritu presumiblemente partía de esa persona.

El tercer aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento, es Su refrenamiento del pecado. Génesis 6:3 parece indicar que el Espíritu Santo refrenó la pecaminosidad del hombre, y que este freno puede ser retirado cuando la paciencia de Dios respecto al pecado alcanza su “punto de ebullición.” Esta creencia es secundada en 2 Tesalonicenses 2:3-8, cuando al final de los tiempos una creciente apostasía señalará la venida del juicio de Dios. Hasta el tiempo pre-ordenado, cuando el “hombre de pecado” (v.3) sea revelado, el Espíritu Santo está refrenando el poder de Satanás y éste se apartará sólo cuando haya cumplido Sus propósitos para hacerlo.

El cuarto y último aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento, es el capacitar para el servicio. De manera muy parecida a cómo operan los dones en el Nuevo Testamento, el Espíritu capacitaba a ciertas personas para servir. Consideremos el ejemplo de Bezaleel en Éxodo 31:2-5 quien fue dotado para hacer gran parte de la obra de arte relacionada con el Tabernáculo. Además, recordando la morada selectiva y temporal del Espíritu Santo mencionada anteriormente, vemos que estos individuos eran capacitados para realizar ciertas tareas, tales como gobernar sobre el pueblo de Israel (p.ej. Saúl y David).

También podríamos mencionar el papel del Espíritu en la creación. Génesis 1:2 habla de que “el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas,” supervisando la obra de la creación. De forma similar, el Espíritu es el responsable de la obra de la nueva creación (2 Corintios 5:17) ya que Él es quien trae a las personas al reino de Dios a través de la regeneración.

Con todo, el Espíritu realiza gran parte de las mismas funciones en los tiempos del Antiguo Testamento, así como lo hace en la era actual. La mayor diferencia es la residencia permanente del Espíritu en los creyentes de ahora. Como Jesús dijo respecto a este cambio en el ministerio del Espíritu, “pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:17).

Indiferencia a la doctrina

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

Indiferencia a la doctrina
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Doctrinas mal entendidas

El estudio adecuado de la doctrina no es fácil. Requiere de tiempo, trabajo duro y mucha oración. Por tales razones, muchas personas no la estudian. Otros no estudian la doctrina porque piensan que es solo para profesionales, e incluso algunos pastores no la estudian porque piensan que es solo para eruditos. Sin embargo, hay otros que no estudian la doctrina porque son indiferentes a ella. Están contentos con ser alimentados con leche y conocer solamente los fundamentos de la fe, son muy apáticos al ejercicio de perseguir la carne doctrinal de la fe.

Me resulta difícil tolerar este tipo de indiferencia en mí mismo y en otros cristianos. La indiferencia en el contexto de nuestras creencias es deplorable, porque ¿cómo podemos ser indiferentes a esas verdades vitales que pueden salvar o condenar nuestras almas? Como dijo un pastor puritano: «La indiferencia a la doctrina es la madre de todas las herejías». Si nos volvemos indiferentes a la doctrina, pronto seremos indiferentes a la Escritura y eventualmente nos tornaremos indiferentes a Dios.

En 1929, J. Gresham Machen salió del otrora doctrinalmente sólido Seminario Teológico de Princeton para ayudar a fundar el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia. Machen y los hombres que lo acompañaron no se fueron simplemente por la desviación teológica liberal de Princeton ni tampoco porque su facultad negaba ciertas doctrinas confesionales históricas. Abandonaron Princeton, fundamentalmente, por la creciente falta de atención a la doctrina misma. «La indiferencia a la doctrina no produce héroes de la fe», escribió Machen.

Si conocer la doctrina no tiene importancia, entonces nada realmente importa. Vivimos en una cultura que continuamente promueve la indiferencia; muchas iglesias se han suscrito a esta indiferencia porque dicen que la doctrina es difícil, que no es llamativa y que causa división. Es cierto, la doctrina separa a los verdaderos cristianos de los falsos. Pero la doctrina también unifica a través del Espíritu de Dios, ya que solo las doctrinas confesionales ortodoxas de la Escritura son capaces de unir a un grupo de pecadores miserables para poder tener un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4:5).

En muchos casos, las personas son indiferentes a la doctrina porque no se les ha enseñado cómo estudiar la Biblia o porque han sido enseñados por aquellos que han malinterpretado doctrinas importantes. Pero muchos en las iglesias no entienden las doctrinas bíblicas simplemente porque nunca las han estudiado. Si la Iglesia ha de entender y profesar la sana doctrina, rechazar las doctrinas no bíblicas y deshacerse de presuposiciones no bíblicas y malentendidos doctrinales, entonces tenemos que comenzar arrepintiéndonos de nuestra indiferencia a la doctrina. Sin la sana doctrina, estamos condenados.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

La Biblia habla de usted y de mí (3)

Lunes 21 Febrero

Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu… ¿Qué tiene el hombre de todo su trabajo… ? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias… Esto también es vanidad.

Eclesiastés 1:142:22-23

La Biblia habla de usted y de mí (3)

No todo el mundo tiene el privilegio de tener un trabajo. Pero todo el mundo sabe que, incluso sin trabajo, uno puede verse atrapado en una actividad al punto de sacrificar su tiempo y su energía por ella.

En este libro de la Biblia, llamado Eclesiastés, hallamos ecos del sentimiento amargo que uno puede experimentar cuando da todo por una ocupación: trabajo, ocio, distracciones, etc. Finalmente, ¿de qué sirve? Me canso, me aferro a lo que hago… sin darme cuenta de que el tiempo pasa, de que la vida pasa. Entonces llego a esta conclusión: cuando pasamos la vida perdiendo el tiempo, también perdemos la vida…

Continuando la lectura del Eclesiastés, hallé esta advertencia: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia… pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios” (cap. 11:9). Como Dios nos da tiempo, tendremos que rendirle cuentas. Nos preguntará cómo hemos empleado ese tiempo: ¿para nuestros intereses personales, o para agradarle?

Pero, ¿puede usted agradarle? Cada uno de sus pecados merece el juicio. ¿Cómo puede escapar a ese juicio? Crea en el Señor Jesucristo y será salvo. Dios le dará la fuerza para agradarle, para servirle.

En este libro también encontramos una exhortación a no perder nuestro tiempo, a aprovechar esas ocasiones que Dios nos ofrece para servirle: “Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano” (cap. 11:6).

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 5 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Un Dios de amor cercano a mí

Domingo 20 Febrero

Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá.

Salmo 27:10

El Padre mismo (Dios) os ama.

Juan 16:27

Un Dios de amor cercano a mí

“Tenía 20 años. Amaba a mis padres y los respetaba, pero ellos querían casarme a la fuerza. Deseaban un futuro feliz para mí, pero yo no aceptaba su manera de controlarme. Guardaba toda esa molestia dentro de mí, pues no podía explicarles nada. Mi padre era frío y muy autoritario. Yo recitaba la oración musulmana cuando tenía dificultades y me refugiaba en ella. Dios me parecía inaccesible, incluso si sabía que estaba presente. Para mí la oración tenía un poder mágico. Dios tenía el rol de un protector, pero eso era todo.

Entonces hui de casa y fui a trabajar en París; mis padres me rechazaron. Estaba desesperada, ya no quería seguir viviendo. Fue en ese momento cuando me puse nuevamente en contacto con un amigo, quien me habló de Jesús y de un Dios de amor que me conocía y me comprendía. Él se había convertido al cristianismo durante el tiempo en que nos habíamos distanciado.

Entonces me contó lo que Dios había hecho en su vida. Y era verdad, pues yo sabía cómo era mi amigo antes. Estaba transformado, radiante, transmitía paz. El Dios del que me hablaba, ¿podría ayudarme? Para mí, Dios estaba lejos. Nunca me habían hablado de un Dios de amor que pudiese acercarse a mí como un amigo.

¡Qué cambio cuando me convertí y pasé a ser una cristiana! Por medio de Jesucristo, mi Salvador, descubrí a un Dios que me escuchaba y me hablaba, un Dios al que podía orar como a un Padre. ¡Sí, Dios me comprendía! Entonces empecé una nueva vida”.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1).

Djamila

Éxodo 4 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El comienzo de una nueva vida (3)

Iglesia Bautista Ozama

SERIE: Evidencias de un verdadero arrepentimiento

El comienzo de una nueva vida (3)

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org