Renovación del pacto

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Renovación del pacto

R.C.Sproul

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Hace poco visité a unos amigos en Jackson, Mississippi y cuando llegamos a su puerta, noté en el marco superior, arriba de la puerta había una placa que tenía la siguiente inscripción: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.  Creo que todos han escuchado esta frase, ¿cierto?

La pregunta es, ¿de dónde viene? ¿cuál fue la razón por la que alguien se paró y dijo: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”? ¿Por qué fue una afirmación significativa en el drama e historia de la redención? Esta afirmación, por supuesto, fue pronunciada por Josué, pero las circunstancias en que Josué las dijo, es de gran importancia para nuestra comprensión del patrón completo de la historia bíblica y del drama de la redención.

Cuando miramos la estructura de los pactos en el Antiguo Cercano Oriente, la estructura del tratado de esos días, recordarán que mencioné que dentro de los elementos del pacto estaba el prólogo: un preámbulo por el cual la persona soberana en el tratado, el gran rey, se identificaba por su nombre y rango

Y que lo que venía después era el prólogo histórico donde se actualizaba la historia de la relación del gran rey con sus vasallos. Mencioné también que, en el Antiguo Testamento, cuando Dios hace un pacto con su pueblo, cuando lo hace con Abraham, Él dice: “Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos”, y luego en los próximos pactos, Él actualizaría esa historia diciendo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel.”

Más adelante Él dice: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto” según vimos cuando Dios instituyó el pacto por medio de Moisés y la entrega de los Diez Mandamientos. Pero no solo tenemos esas instancias donde Dios entra en una nueva dimensión de pactos, según hemos visto, sino que también había una disposición en Israel que era igual al de otras naciones de ese tiempo, donde se celebraban ceremonias en los momentos indicados con el fin expreso de renovar el pacto, y a eso es que llamamos ‘ceremonias de renovación del pacto’.

¿Recuerdas al final de la vida de Moisés, justo antes de morir, que él reunió al pueblo a su alrededor y dijo que iba a partir, que no iba a entrar a la tierra prometida con ellos y comprometió al pueblo a que renovaran su promesa y juramento a los términos del pacto.

Y en esa ceremonia sucedió algo más, algo que se llama: ‘celebraciones dinámicas de sucesión’, donde la responsabilidad pasa de un líder al siguiente, de la generación anterior a la nueva generación. Y, en esa ocasión, Moisés, mientras estaba aún vivo, hizo que el pueblo jurara lealtad a Josué. El bastón se pasa de Moisés a Josué, y este es un momento crucial en la historia judía.

El pueblo ya había experimentado su redención a través del Éxodo, pero ahora pasaron 40 años deambulando por el desierto y finalmente llegaron al momento en que están a punto de entrar a la tierra prometida. Pero la tierra prometida estaba ocupada y tenía que ser conquistada, y esa tarea no le correspondía a Moisés. Esa tarea le es dada a Josué.

Recuerda que el libro de Josué inicia cuando él se prepara para cruzar el Jordán y empezar con la conquista de Canaán y entrar a la tierra prometida. Y todo el libro de Josué interpreta esa historia. Es una historia militar, básicamente, de Josué y sus ejércitos conquistando fortaleza tras fortaleza entre los cananeos.

Luego, cuando llegamos al final del libro de Josué, tenemos otra celebración de sucesión dinástica: otro episodio de renovación del pacto que se lleva a cabo en Siquem. Y eso está registrado en el capítulo 24 del libro de Josué.

Pero me gustaría empezar hoy, viendo un poco antes, al final del capítulo 21 de Josué. El verso 43 dice así: “De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.”

¿Ves lo que dice este resumen casi al final del libro de Josué? ‘La tierra es nuestra, la tierra que Dios prometió a nuestros padres. Ahora poseemos la tierra que Dios prometió a Abraham. La tierra que fluye leche y miel de la que habló Moisés ahora es nuestra. Y Dios cumplió su promesa.

La promesa del pacto que Dios hizo a nuestros padres se ha cumplido y ahora hemos ocupado toda la tierra. Todos los enemigos han huido. Nada nos hace falta y ni una palabra de la que Dios prometió ha fallado.’

Ahora, esa declaración en Josué 21 se repite más tarde en Josué 23. El comienzo de Josué 23 habla de aquellos eventos que condujeron a la ceremonia de renovación del pacto. Dice el capítulo 23, el verso uno: ‘Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa: porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.”

Y luego él continúa diciendo: “Esforzaos, pues, mucho, en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ellos ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy.”

Y continúa diciendo: “Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo”.

Luego, en el verso 14 dice: “Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra;” Oyes lo que está diciendo? Él está anunciando a su pueblo: ‘Hoy voy a morir. Hemos disfrutado el descanso de nuestros enemigos que Dios nos ha dado, pero ustedes serán tentados a mezclarse y unirse con el remanente pagano que queda; y deben entender que hay una continuidad entre nuestros días y las generaciones anteriores.’

Y les recuerda el pacto que sus padres habían hecho con Dios a través de Moisés.  Nuevamente, en el verso 14: “estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas. Otra vez, vemos que se repite esta declaración.

Dios es el guardador del pacto. Sus promesas son confiables. Puedes confiar en ellas porque ni una palabra dejará de cumplirse. Ahora, una de las cosas que debes entender, es que esas promesas que Dios le hizo a Abraham, a Isaac, a Jacob, y luego a Moisés, tomaron siglos y siglos en cumplirse.

¿Qué pasa cuando alguien nos dice que hará algo bueno por nosotros y nos emocionamos anticipadamente, pero luego llega la espera? Empezamos a ponernos ansiosos. Empezamos a dudar y sabemos que hay gente en este mundo que no cumple sus pactos. Somos quebradores del pacto. Hicimos promesas de las cosas que íbamos a hacer y no las cumplimos. Tendemos a decepcionarnos por promesas incumplidas; pero la lección para nosotros, amados, es que a pesar de que las promesas de Dios tardan y Él se toma su tiempo para llevarlas a cabo, ninguna palabra suya fallará.

Y eso es lo que Josué está tratando de comunicar a ese pueblo, preparándolos para renovar su promesa, para renovar su confianza en las promesas del pacto que Dios les ha hecho. Lo que está diciendo en efecto es: ‘Ya no puedes confiar en mí. Toda carne es hierba. Me sacarán del camino”.

Como Pablo le escribió a Timoteo en el Nuevo Testamento: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado”. Déjame decir algo más. Mencioné de paso el concepto de la sucesión dinástica o sucesión dinámica, donde la autoridad pasa de uno a otro. Ahora, esto sucedió en el linaje real cuando se establecieron las dinastías. Así como los patriarcas pasaron la bendición del pacto de padre a hijo, los reyes siempre quisieron transmitir la realeza de padre a hijo, como David se la pasó a Salomón y así sucesivamente.

Pero en el Nuevo Testamento, el nuevo pacto se establece, como veremos más adelante, en el aposento alto, entre Jesús y sus discípulos, y en esa ocasión, Él les da instrucciones. No es por casualidad, amigos, que el discurso más largo que tenemos en la Biblia acerca de la persona y la obra del Espíritu Santo está en el discurso del aposento alto, la noche en que Jesús fue traicionado, la noche en que Él instituye el nuevo pacto.

¿Por qué? Porque Jesús anuncia a sus discípulos: ‘Me voy, pero no los dejaré solos. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

Ahora, cuando celebramos la Cena del Señor, hay muchas cosas que hacemos en ese momento. Recordamos la muerte del Señor, disfrutamos su presencia entre nosotros en la mesa, y miramos hacia el futuro, a la promesa de la fiesta de las bodas del Cordero.

Entonces, tenemos toda esas dinámicas involucradas cada vez que nos reunimos y celebramos la Cena del Señor. Pero hay algo que a menudo se pasa por alto, y es que cada vez que celebramos la Cena del Señor, asistimos a una ceremonia de renovación del pacto, y estamos recordando cómo Jesús entregó el liderazgo de la iglesia en la tierra al Espíritu Santo.

Y así como el pueblo se comprometió con Josué, a continuar bajo un nuevo liderazgo; así mismo lo hicieron en Moab con Moisés. Ahora Jesús dice: ‘Está bien, me voy. Ha llegado el día, pero ahora estoy enviando a alguien para que te guíe en los pasos a seguir, es el Espíritu Santo. Bueno, volvamos rápidamente a Josué 24.  Allí empieza con este anuncio: “Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes,”… Lo que hace al inicio de este capítulo es dar un prólogo extenso actualizando el ministerio de Dios a Su pueblo.

Luego llega al verso 14 después de terminar este relato de todo lo que Dios había hecho por el pueblo y dice: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”

Ese es el encargo. Ese es el mandato dado en esta solemne ceremonia de renovación del pacto.  “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

¡Ahí está!  ¿Ves el contexto en que esto fue dicho? Él está confrontando al pueblo, les está ordenando que teman al Señor y que renueven su compromiso con el pacto que Dios había hecho con ellos en el pasado.

Pero Josué entendió que no todos estaban deseosos de hacer eso, y dijo: ‘Hoy es el día decisivo. Es la hora de escoger, que hagas una elección: Pueden regresar y servir a los dioses que servían al otro lado del Jordán, a esas deidades paganas; o puedes empezar a ir tras los dioses de los paganos que aún están acá.

Puedes ser simplemente secular y adorar los ídolos de tu propia cultura y de tu propio tiempo, o puedes servir al Señor. Es tu elección.’ Yo te digo la mía: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Ahora, observa cómo las personas responden a esta confrontación:

“Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.

Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios”. ¿Oíste cómo ellos hacen eco del compromiso de Josué? Josué acaba de decir: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” y el pueblo dijo: “pues, también serviremos a Jehová”. “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses”. El registro bíblico no termina en esa página. Esto no estaba tan lejos de lo que el pueblo decía. La ceremonia del pacto apenas había terminado y el pueblo poco a poco ya estaba empezando a abrazar el paganismo de ese tiempo e ir tras otros dioses.

Dijeron que estaban lejos de eso: “Nunca tal acontezca …”, ‘sería lo último que haríamos’. Eso fue lo primero que hicieron. Pero hicieron el voto solemne de continuar en el pacto. Miren lo que Josué dice después que ellos dieron tremenda respuesta:

“Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.

Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.”

Ahora Josué dice: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem”.

El pueblo hizo una profesión de fe. Se comprometieron públicamente. Hicieron un juramento y un voto sagrado, y lo rompieron; y Josué les advirtió: “No podréis servir a Jehová”, tu Dios.

Tú piensas que servirás al Señor tu Dios, pero tú no sabes de quién estás hablando. Ni siquiera conoces a este Dios con el cual te has comprometido. ¿No sabes que es un Dios santo? ¿No sabes que es un Dios celoso? No celoso en el sentido humano de envidiar lo que el otro tiene, sino celoso en el sentido de que no permitirá el prostituirse detrás de otros dioses.

Él exige tu lealtad, tu compromiso y tu obediencia. Y todo el pueblo dijo: “serviremos a Jehová”. Una de las cosas que me preocupa profundamente es la facilidad con la que creemos en nuestros días que podemos entrar en el reino de Dios.

Se ha puesto tanto énfasis en un tipo de evangelismo donde las personas son llamadas a leer una oración o levantar la mano o acercarse a un altar y hacer una profesión de fe. No me malentiendan, no hay nada malo en la expresión pública de la fe. Estamos llamados a hacer una profesión de fe pública. Pero lo que es peligroso es que asumamos que, por el solo hecho de realizar ese acto público, ya somos redimidos y entramos a un estado de gracia.

El Nuevo Testamento nos advierte, el Antiguo Testamento nos advierte en cada página, que es fácil para la gente hacer una profesión de fe y apresurarse a prometer lealtad y obediencia a Cristo, y lealtad y obediencia a Dios y que luego no cumplan, porque ellos no han llegado a comprender el significado profundo de lo que es ser hijos de Dios en realidad, ya que no se han topado con el carácter de Dios, con su santidad, con el entendimiento de que Dios nunca pierde; y que cuando juramos lealtad a Cristo, es para siempre.

Mira tu propia vida. Mira tu historial de cumplimiento del pacto. Todos nosotros necesitamos renovar el pacto con Dios regularmente.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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 3/10 – Una doble bendición

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Vivifícame conforme a Tu Palabra (Salmo 119)

 3/10 – Una doble bendición

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/una-doble-bendicion/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Estudiar y obedecer la Palabra de Dios no es solo lo correcto—aunque sí lo es. Pero quiero que vean, mientras continuamos en estos temas del Salmo 119, que estar en la Palabra de Dios es un medio de obtener gran gozo.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín, continuando en una serie llamada Vivifícame conforme a Tu Palabra.

Nancy: Estaba visitando  a una amiga en su apartamento no hace mucho tiempo, y vi un libro que me pareció algo intrigante.  El título del libro era, “1001 Libros que debes de leer antes de morir”.

Ahora mi primer pensamiento acerca de este título fue que probablemente uno tenía vivir mucho tiempo para poder  leer 1001 libros—especialmente los clásicos a que hacía referencia este autor.  Fue editado por un profesor de Literatura Inglesa e incluía libros como: “Noches de Arabia”, “Cumbres Borrascosas”, “El Señor de las moscas…”  Asombrosamente para mí, en este popular libro llamado 1001 Libros que debes de leer antes de morir, no se incluía la Biblia.  Y este es el libro que está por sobre todo otro libro de la historia de la humanidad.

Hicimos recientemente una encuesta en línea con nuestras oyentes, y el 36% de nuestras oyentes respondieron en esta encuesta que no habían leído la Biblia completa.  Ahora, fue alentador para mi que el 64% de nuestras oyentes si habían leído la Biblia completa por lo menos  una vez.  Si fuéramos a tomar la población cristiana en general, no creo que el 64% haya leído la Biblia completa.

Hay muchas razones para esto.  Hemos estado encuestando a nuestras oyentes sobre diferentes razones de por qué no habían leído la Biblia completa.  De manera interesante, la razón número uno que dieron, de las opciones que les ofrecimos, fue la pereza. Y tengo que decirles que en mi propia vida, esa es probablemente la razón más frecuente, por la que yo no leo la Biblia más frecuentemente.

Muchas personas piensan — muchos creyentes — que leer y estudiar la Palabra de Dios, escuchar sermones basados en la Palabra de Dios, y cosas así, es como una obligación.  Pero en el Salmo 119 vemos a un hombre, a un salmista, para quien su relación con la Palabra de Dios no es fría ni seca.  Este salmo emana vida, pasión, gozo, llenura y calidez.

Al leer el Salmo 119, mientras lo vamos estudiando en esta serie, quiero alentarte a leer este texto todos los días. Te tomará unos quince minutos aproximadamente.  Tómate el tiempo cada día, especialmente al principio de cada año, para leer el Salmo 119.  Y mientras lo lees, no podrás escapar del hecho de que la persona que escribe esta oración ama la Palabra de Dios.  Para él no es un deber; no es un trabajo penoso.  Da la sensación de que este es “el libro” que debes de leer antes de morir — ¡no solo una vez, sino una y otra, y otra vez!

Y es que, estudiar y obedecer la Palabra de Dios, no es solo algo correcto que debemos hacer, aunque sí lo es. Sino que quiero que mientras continuamos en estos temas del Salmo 119, veas que estar en la Palabra de Dios es un medio de obtener gran gozo.  No es solo un trabajo o una tarea que marcas en tu lista de deberes—leer —“leí mi Biblia hoy”—sino que es una fuente, el origen de grandes e inmensurables bendiciones y beneficios.

Y en esto es que quiero enfocarme hoy, en las bendiciones y los beneficios que llegan a nosotras por estar en la Palabra de Dios.

Ahora vamos a regresar al versículo 1 del Salmo 119.  Verás en los primeros dos versículos de este largo salmo, que hay una doble bendición —una bendición doble.

“¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del Señor!  ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan! ¡No cometen iniquidad, sino que andan en sus caminos!” (vv.1-3)

Esto no suena como una persona que se esté sintiendo miserable, ¿verdad? Ahora, aquí vemos un gran remedio para la tristeza.  Vas al doctor; tienes una enfermedad; él te da una receta; y te dice, “tome esto.” Pues bien,  esto es una prescripción, un remedio para la tristeza. De hecho, esa palabra bendecido, bienaventurado, realmente se traduce como “feliz”.  Comencé a leer este salmo en la versión Dios Habla Hoy, hace unas semanas atrás y actualmente lo traducía de esta manera.  Decía así:

“Felices los que se conducen sin tacha y siguen la enseñanza del Señor. Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan de todo corazón.”

Ahora bien, el mundo te hace creer que vivir este tipo de vida sin culpa, en santidad, centrada en Dios, guiada por la Palabra es una receta para una vida de miseria.  Una de las cosas que necesitamos reconocer aquí es que el Salmo 119 refleja el corazón de un hijo de Dios hacia la Palabra de Dios.  Una persona que no tiene una relación con Dios no disfrutará realmente leer la Palabra de Dios a menos que Dios esté atrayendo su corazón hacia la fe.

Pero si conoces a Dios, si tienes una relación personal con Él, vas a experimentar bendiciones y beneficios por estar en la Palabra de Dios. Y puedes ver al salmista diciendo que este es el camino a la felicidad.  Como dice Charles Spurgeon en su comentario sobre el Salmo 119: “Afirmen esto en sus corazones … ¡la santidad es felicidad!

Y a propósito, cuando te veas tentada a pecar, recuérdate a ti misma que el pecado no trae felicidad.  En última instancia, te puede dar solo un placer temporal, pero a largo plazo, la santidad es la felicidad.

El Salmo 119 que estamos viendo esta semana y la próxima, tiene un gran parecido a otros dos salmos en la biblia.  ¿Sabes cuáles son? Son salmos mucho más cortos. El Salmo 1 y el Salmo 19.  Estos tres salmos, el Salmo 1, el Salmo 19 y el Salmo 119—muy fácil de recordar de hecho— son acerca de la Palabra de Dios.  El Salmo 119, en un sentido, es una exposición más completa, del corto y pequeño Salmo 1.

Escuchen el Salmo 1 Versículo 1:

“¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite,  en su ley medita de día y de noche!” (versículo 1-2).

La bendición es prometida a aquél que centra su vida en la Palabra de Dios.  Y esta misma promesa la vemos en Apocalipsis capítulo 1 versículo 3:

“Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas que están escritas en ella.”

Vemos en el Salmo 119 que la Palabra de Dios es de mayor valor que cualquier ganancia material — más valiosa que cualquier cantidad de dinero.  El versículo 14 dice:

“Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas”.

Versículo 72:

“Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata…”

No sé cuánto cuesta el oro o la plata en estos momentos, pero creo que cualquiera de nosotras estaría feliz de tener miles de piezas de oro y plata.  Sin embargo, el salmista dice, “Mejor es para mí la ley de tu boca [Tu palabra], que millares de piezas de oro y de plata”.  Ahora, no leas un versículo como este por encima y simplemente sigas con el próximo.  Detente y piensa acerca del mismo.  Y eso es, por cierto, lo que se llama meditar. “Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata”.

¿Realmente creo yo esto? Imagínate que tú o tu esposo van al trabajo mañana y se enteran que van a recibir un aumento de un 100% en su salario.  El jefe está de buen humor después de las vacaciones y ha decidido duplicarte el salario.  ¿Te sentirías bendecida? ¿Estarías contenta?  ¿Estarías animada?  ¿Pensarías que eso es realmente increíble? ¿Podrías pensar en algunas cosas que pudieras hacer con ese dinero? ¡Claro que si!

¿Te entusiasmas así cuando se trata de adentrarte en la Palabra de Dios? ¿Te causa entusiasmo que las riquezas de Su Palabra se hagan tuyas? “Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata”.

Versículo 127:

“Amo tus mandamientos más que el oro, sí, más que el oro fino.”

El hecho es que la mayoría de nosotras amamos el dinero y las cosas más de lo que amamos los mandamientos de Dios— más de lo que amamos la Palabra de Dios.  Seamos honestas.  Así que al leer un Salmo como este, quizás quieras confesar, “Señor, quisiera que esto fuera una realidad para mi, pero tengo que admitir, que amo más mis cosas que lo que amo Tu Palabra”.  Te puedes dar cuenta de esto al notar en qué inviertes tu tiempo, al ver hacia dónde van dirigidos tus afectos, cuáles son tus prioridades.  El salmista dice “Yo amo tus mandamientos más que el oro”.

Versículo 162:

“Me regocijo en tu palabra, como quien halla un gran botín.”

¡Me gané la lotería! Así de tanto me regocijo en Tu Palabra.

Hoy y en la próxima sesión, quiero que veamos diez bendiciones que la Palabra de Dios trae a nuestras vidas.  Veremos cinco hoy y cinco en los próximos programas.  Algunas de estas solo las mencionaremos rápidamente y a otras le dedicaremos más tiempo.  Vamos a ver algunas de estas riquezas específicas, esas bendiciones que vienen a nosotras a través de la Palabra de Dios mientras las vamos encontrando  través del Salmo 119.

La primera es libertad.  Y estoy pensando aquí en el versículo 45 del Salmo 119: “Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos.”  Otra traducción dice “Solo así seré completamente libre, pues he buscado seguir tus mandamientos”. (Reina Valera Contemporánea).

Ahora, de nuevo te repito, el mundo nos quiere hacer creer que si uno vive la vida de acuerdo a la Palabra de Dios, será una vida encadenada.  Vas a vivir una vida encadenada a los principios de la Palabra de Dios.  Pero el salmista dice, “No, yo caminaré en libertad”.

Recuerda, cuando Dios puso a Adán y Eva en el jardín, dijo, “Tú eres libre de comer de todos los árboles de este jardín, excepto de uno en específico. Y esta restricción es para bendición tuya.  Tú caminarás en libertad si escuchas mis preceptos — si sigues mi Palabra”.  Entonces Satanás vino y dijo, “Dios te ha  esclavizado. Dios dice que no puedes comer del fruto de ese árbol”.  Ellos perdieron de vista la libertad que podían tener al buscar y obedecer los preceptos de Dios— así que el primero de ellos es libertad.

Número dos: La Palabra de Dios nos da esperanza.  Versículo 49:

“Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”.

Versículo 81:

“Mi alma desfallece por tu salvación; en tu palabra espero.”

Quizás haya personas que necesitan algo de esperanza luego de estos días festivos recientes. Tal vez para ti los días de fiesta fueron un tiempo de desesperación.  Tal vez te sientes sola o aislada o estresada debido a situaciones familiares.  ¿Necesitas esperanza? La Palabra de Dios trae esperanza a tu corazón desesperanzado.

Hay un tercer beneficio y es consuelo.

“Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado” (v. 50).

Versículo 52:

“Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, oh Señor, y me consuelo.”

Versículo 76:

“Sea ahora tu misericordia para consuelo mío, conforme a tu promesa dada a tu siervo.”

La Palabra de Dios es como un bálsamo para un corazón herido, para una vida herida.  Y algunas de ustedes están ahora mismo con una herida.  El salmista habla sobre cómo la aflicción puede suavizar el corazón; hacerlo más flexible, tierno y listo para responderle a Dios. Contrario al malvado que tiene un corazón duro e insensible.  Puedes leer esto en los versículos 69 y 70.  Las pruebas están hechas para sensibilizarnos hacia Dios.  Cuando nos volvemos hacia Su Palabra en medio de la aflicción, Él trae consuelo a nuestros corazones heridos.

Nadie va y se inscribe para recibir pruebas; nadie dice por favor dame más pruebas.  Pero el hecho es que éstas llegarán. Martín Lutero dijo,

Las pruebas nos enseñan no sólo a conocer y a entender sino también a experimentar cuán justa, cuán verdadera, cuán dulce, cuán amorosa, cuán poderosa, cuán consoladora es la Palabra de Dios.

Y en este salmo podemos ver cómo el salmista entiende que el sufrimiento es inevitable.  Y de manera interesante, él no le pide a Dios que lo libre del sufrimiento, sino que le ministre gracia en medio del sufrimiento.  Él ve las promesas de Dios y la Palabra de Dios como un medio de consuelo y de gracia cuando está herido.

Y un cuarto beneficio es fortaleza o estabilidad. He estado meditando en el versículo 28 por algún tiempo recientemente.  Que dice:

“De tristeza llora mi alma.”

Otra traducción dice : “La ansiedad me corroe el alma,” (Reina Valera Contemporánea), o “De angustia se me derrite el alma,” (Nueva Versión Internacional).  Depende qué traducción estés utilizando.

Esa palabra, “llorar o corroer” —es una palabra que literalmente significa “gotear”.  Puedes ver las lágrimas correr por las mejillas de una persona.  Mi alma llora, mi alma gotea, mi alma se corroe por la tristeza o por la pesadez.  Esta palabra tristeza significa literalmente depresión de espíritu.

No se cuántas personas he escuchado recientemente hablándome acerca de un espíritu deprimido.  Y de nuevo, podrían ser esos sentimientos que vienen después de las fiestas. Tal vez estés experimentando algo de esto ahora mismo porque gastaste más dinero del que tenías; o comiste más comida de la que necesitabas; o fuiste a casa de más personas de las que hubieras querido ir. Ahora estás con espíritu deprimido, decaído.  De tristeza llora mi alma.

Tal vez sea una gran carga la que estés llevando.  Tal vez acabas de celebrar alguna festividad sin el esposo con que estuviste casada por décadas y ahora se ha ido.

Entonces ¿qué es lo que dice el salmista? Fortaléceme conforme a tu palabra.”  Es la Palabra de Dios que hace esto.

Entonces vemos al salmista que está afrontando grandes problemas.  Ves esto a través de todo el salmo.  Y él tiene un corazón apesadumbrado, débil y deprimido por todo eso.  Él busca la Palabra de Dios para que le provea la fortaleza y la estabilidad que lo vuelva a poner sobre sus pies.

Y he aquí un quinto beneficio o bendición que tenemos de la Palabra de Dios.  Y es que esta Palabra nos da vida.  Y ves esto a través de todo este pasaje.  Versículo 25:

“Postrada está mi alma en el polvo ¿Puedes imaginarte esto? No puedes caer más bajo que esto. El salmista dice ¡Vivifícame conforme a tu palabra!

Versículo 93:

“Jamás me olvidaré de tus preceptos, porque por ellos me has vivificado.”

Esta frase, me has vivificado, en la traducción que estoy utilizando aparece varias veces en este salmo.  A veces es traducida como resucitado”.  Otras veces es traducida como “me has avivado” y me encanta esta traducción, devuélveme a la vida.  Es una palabra que significa “disfrutar la vida; vivir de nuevo; animar; refrescar; recuperar; avivar; mantener con vida; salvar una vida”.  Es volver a la vida.

Sabemos como en el libro de Génesis Dios creó la vida por el poder de Su Palabra hablada.  Y somos recordadas a través de toda la Escritura que hemos ganado nuestra propia vida por Su Palabra.  No podemos vivir sin ella.

Y Moisés les dice a los israelitas en Deuteronomio capítulo 8:

[Dios]  te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná, …para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor. (Deut. 8:3).

Esa es nuestra vida; así es como vivimos.  1ra de Pedro 1 lo dice de esta manera:

“Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece “(1 Pedro 1:23).

La Palabra de Dios está viva.  Es poderosa.  Y mientras la internalizamos, nos volvemos ágiles, recobramos la vida, somos avivadas.

Conozco de muchos cristianos que dirían, y  muy frecuentemente esta es una verdad para mi también, que no están pasando por su mejor etapa en su vida espiritual— en su vida cristiana.  Pero internamente saben, que si fueran sinceros, la realidad es que están duros, fríos, estériles, vacíos, secos, huecos.

El salmista que escribió el Salmo 119, que creo que probablemente  fue David (no lo sabemos con seguridad) pero él no estaba satisfecho con simplemente existir, satisfecho de ir de una etapa a otra.  Él no estaba satisfecho con solo tener el traje de cristiano.  Él anhelaba tener una auténtica vitalidad espiritual, la vida abundante de la que habló Jesús.

Él reconoce que depende totalmente de Dios para que le de vida a su alma. Por lo que demanda de Dios lo que solo Dios le puede dar.  Dame vida.  Vivifícame, vivifícame de acuerdo a Tu Palabra.  Y por fe él cree que Dios le puede infundir esa vida abundante a través de Su Palabra y Su Espíritu.  Jesús lo dijo de esta manera en Juan capítulo 6:

“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. (Juan 6:63).

Dame vida; vivifícame según Tu Palabra.  Al llegar al final de esta sesión, quiero invitarlas a que se unan a mi en una oración por avivamiento, la cual hago al unir varios versículos del Salmo 119, que en la versión de la Biblia de las Américas dice, “Vivifícame, vivifícame, conforme a Tu Palabra”.

Si así lo desean, vamos a hacer esta oración juntas al repetirla después de mi.  Vamos a orar a Dios para que Él use Su Palabra para avivar nuestros corazones.

Mi alma se hace polvo;

vivifícame conforme a Tu Palabra.

Aparta mis ojos de mirar la vanidad.

Vivifícame en Tus caminos.

Heme aquí, anhelo tener Tus preceptos;

vivifícame según Tu justicia.

Estoy profundamente afligido;

vivifícame, oh Señor, conforme a Tu Palabra.

Oye mi voz de acuerdo a Tu misericordia;

vivifícame, oh Señor, conforme a Tus ordenanzas.

Defiende mi causa y redímeme Señor;

vivifícame conforme a Tu palabra.

Muchas son, oh Señor; tus misericordias,

vivifícame de acuerdo a Tus ordenanzas.

Mira cuánto amo tus preceptos,

vivifícame, oh Señor, conforme a Tu misericordia (v. 25, 37,40, 107,149,154,156,159).

¿Será que tú que nos estás escuchando necesitas que tu corazón sea avivado? Este pudiera ser para ti un tiempo de dolor o de tristeza…  Puede que estés afrontando una aflicción, una adversidad, una oposición.  Tu corazón puede que esté cargado, decaído, lacerado por una relación familiar tensa que has tenido que sobrellevar durante este tiempo.

Yo misma me he encontrado durante este año con algunas de estas cosas que menciona el salmista en el Salmo 119.  Y si hay algo que he aprendido es la futilidad de buscar que las personas o que las cosas  me sostengan, que me fortalezcan o que me den vida. También he aprendido, que la Palabra de Dios infunde vida a mi débil, cansado y lacerado corazón.  ¡Es la vida de Cristo!

Ahora bien, puede que algunas de ustedes estén viviendo un excelente momento de sus vidas. Me gozo con ustedes.  Pero quiero decirles esto.  Aun si todo anda bien ahora mismo, es muy probable que más adelante enfrenten problemas y retos —grandes, pequeños, medianos.  La pregunta es, cuando tengas problemas, ¿dónde acudirás?  ¿Estarás preparada para enfrentar estos problemas?  Y cuando venga la tormenta, ¿estará tú corazón firmemente anclado en la roca sólida de la Palabra de Dios?

Es por esto que estamos retando a nuestros oyentes a leer la Biblia entera en un año.  “Mediante tu palabra me has dado vida.  Vivifícame oh Dios, conforme a tu palabra”.

Escucha, este programa de radio no puede avivar tu corazón.  Solo la Palabra de Dios puede avivar tu corazón, y Él lo hará, pero tienes que adentrarse en Su Palabra.  Es Su Palabra la que te da vida.

Puede que al decidir leer la Palabra faltes uno que otro día, pero no te des por vencida, que  la intención del corazón sea esta, “Yo quiero leer la Biblia entera en un año”.

Y déjenme animarlas a tomar este reto de leer sus Biblias cada día del año,  para que no se queden solo escuchándome a mi hablar sobre el reto o pensar que esto sólo se aplica para otros.  Asuman el reto cada una de manera particular.  Por la gracia de Dios, quiero leer la Biblia cada día durante un año.  Y si el Señor lo permite por el resto de sus vidas.  Mientras así lo hagan, creo que Dios avivará sus corazones y les dará vida y vida abundante.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss les ha estado animando a asumir un reto.  ¿Te comprometerías a leer la Biblia cada día durante un año?

Si te mantienes conectada a la Palabra de Dios, esta te llevara a lugares de gran paz, sin importar lo que puede estar sucediendo en el mundo a tu alrededor.

Te invitamos a visitar AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ayudarte a abrazar este compromiso.

Te esperamos en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones, para que juntas continuemos por este recorrido del Salmo 119.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

¡Cuánto Amo Tu Ley!, Danilo Montero.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Deleitándonos en Él

Isha – Salmos

DÍA 60 – Salmo 37

Dosis: Llenura Espiritual

Deleitándonos en Él

“Confía en el SEÑOR y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en él, y él actuará. Hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu justa causa, como el sol de mediodía.” (Salmo 37:3–6) (NVI)

Este es uno de mis salmos preferidos. Un poema sapiencial. Y la verdad no hallo la forma de resumir tanta riqueza. Este hermoso poema trata un tema controversial, el sufrimiento de la gente justa e inocente frente a la prosperidad de los que no temen a Dios. Nos enseña a no envidiar la prosperidad de otros.

Lo primero que nos dice el salmista es: no te impacientes, no te irrites. Apunta a nuestro carácter que debe contrastar con el carácter de quien se conduce injustamente: “No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto.” Estas palabras apelan a un examen personal. ¿Envidias la prosperidad de otros? ¿Tienes contentamiento? Y a la vez nos recuerda que la prosperidad material es efímera y nos insta a mirar con los ojos de la fe confiando, esperando y deleitándonos en el Señor. Él sabe lo que queremos y necesitamos y Él nos concederá las peticiones de nuestro corazón.141

David había aprendido a vivir alimentándose de las promesas de Dios, por eso nos anima a vivir una vida de plena confianza en Él: “Guarda silencio ante el SEÑOR, y espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados. Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal. Porque los impíos serán exterminados, pero los que esperan en el SEÑOR heredarán la tierra.”

Frente a los placeres humanos, el salmista describe un deleite diferente. Nos insta a “deleitarnos en el Señor” a saborear nuestra comunión con Él, a vivir agradándole y agradándonos en Él, quien finalmente es el único capaz de conceder los deseos más íntimos de nuestro corazón. Amada yo he experimentado esta verdad de una manera maravillosa, a veces no he llegado a pronunciar mi oración, sólo he deseado algo en mi corazón y Dios me lo ha concedido como una evidencia de su amor. Pero antes aprendí que solamente Él puede llenar mi alma, Él satisfizo mi corazón, lo llenó por completo. Experimenté el placer y la satisfacción más grande deleitándome en su presencia, amándolo y aprendiendo a vivir agradándole. ¡Cristo llena!

Permitamos que sea nuestro guía, encomendándole nuestros caminos, sometiendo a su dirección todos nuestros asuntos y deseos. Confiando en la promesa que Él actuará, hará que resplandezca nuestra justicia como el alba y nuestra causa justa como el sol del mediodía. ¡Qué más podemos desear!

Oración: Señor enséñame a deleitarme en tu presencia y a llenarme de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 75). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

¿De qué sirve la vida?

Jueves 24 Octubre

http://labuenasemilla.net/20191024

Mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar.

Salmo 31:10

(Jesús dijo:) He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Juan 10:10-11

¿De qué sirve la vida?

Si el dinero no da la felicidad, si uno siempre está tan «mal consigo mismo», a pesar de la liberación de la moralidad, y si el corazón permanece vacío… ¿para qué vivir? ¿Tiene sentido la vida? ¿Vale la pena vivirla?

Pues bien, ¡sí! Vale la pena vivir, si conocemos “la vida que lo es en verdad” (1 Timoteo 6:19, V. M.). No una vida sin Dios, sino la vida con Dios cada día. Quizás usted diga: «Dios creó el cielo y la tierra. Sé que él existe, pero no se ocupa de mí».

¿Cómo puede uno hablar así? Si Dios creó el cielo, la tierra y a todos los que la habitan, ¿podría olvidarse de sus criaturas? La Biblia nos dice que es el hombre quien se ha alejado de Dios. “Cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6). Hoy cada uno debe decidir si quiere continuar ese camino que lleva a la muerte, o si quiere volverse a Dios. Escuche también: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Dios trae la solución a las preguntas fundamentales de la vida. Con él no tengo que errar sin rumbo fijo, sino que mi vida tiene un sentido. Dios se interesa en todo lo que me concierne, porque me ama.

Si usted está preocupado y busca un sentido para su vida, Jesús le dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él” (Apocalipsis 3:20). Ábrale su corazón, él quiere darle “el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

Nehemías 10 – Juan 11:17-37 – Salmo 119:33-40 – Proverbios 26:3-4

Contenido publicado por Alimentemos El Alma con autorización y permiso de:

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

13/13 – ¡Extendamos el Reino!

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

13/13 – ¡Extendamos el Reino!

David Barceló

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

CONSUMIDAS POR LAS LLAMAS

Octubre 23

CONSUMIDAS POR LAS LLAMAS

Él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.

Santiago 1:10-11

Los ricos por lo general no se dan cuenta de que no pueden llevarse consigo sus riquezas. Solo los que han sido humillados delante de Dios saben que la vida es “neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Stg. 4:14).

En el versículo de hoy, Santiago escribe acerca de la hierba y las flores de Palestina que florecen con hermosos colores en febrero y se marchitan antes de mayo. Santiago también toma prestada parte de su ilustración de Isaías 40:6-8. El calor abrasador, que pudiera referirse al viento abrasador conocido como un siroco, destruye a su paso la vegetación. Es ilustrativo del furor de la muerte y del juicio divino que pone fin a la vida terrenal del rico y sus bienes materiales.

Cuando se consuman por las llamas las posesiones del rico, él tendrá las verdaderas riquezas, al igual que las del pobre. Si usted es rico, asegúrese de que tenga un verdadero espíritu de humildad y no confíe en las posesiones de la vida.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

3/5 – Cómo vivir al borde de la eternidad

El Amor que Vale

Serie: Al borde de la eternidad

3/5 – Cómo vivir al borde de la eternidad

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

El predicador debe hablar con convicción y denuedo

Coalición por el Evangelio

El predicador debe hablar con convicción y denuedo

Sugel Michelen

Los predicadores no solo deben predicar con autoridad, como vimos en la entrada anterior, sino también con convicción. Y estos dos elementos se encuentran íntimamente asociados el uno con el otro. Es imposible predicar con autoridad cuando no se tiene convicción, y esa convicción emana a su vez de la seguridad de que lo que estamos proclamando y defendiendo es verdadero.

Si tenemos la plena certeza de que la Biblia es la Palabra de Dios, y al mismo tiempo tenemos la certeza de que lo que vamos a predicar es el mensaje de la Biblia, entonces predicaremos con convicción.

La convicción emana de la fe. ¿Creemos que todo lo que la Biblia dice es verdad? ¿Estamos seguros de que eso que vamos a predicar es lo que la Biblia dice?

Hasta tanto no respondamos estas dos preguntas satisfactoriamente no estamos preparados para predicar con convicción. Y si nosotros no estamos convencidos, ¿cómo vamos a convencer a los que escuchan?

Por eso es que nadie debe predicar de un pasaje que no entiende del todo. Si no estás seguro de que has podido desentrañar el verdadero significado del texto, es mejor que prediques de lo que sí entiendes y conoces. “Creí, por lo cual hablé”, dice Pablo en 2Cor. 4:13. La convicción emana de la fe.

Pero no solo debemos predicar con autoridad y convicción, sino también con denuedo. Si hay un elemento distintivo en la predicación apostólica es precisamente este: predicaban con denuedo la Palabra de Dios (comp. Hch. 4:132931).

La palabra griega que nuestra versión traduce como “denuedo” es parresía, que significa literalmente “osadía”, confianza, “sin miedo”, “con valor”. En el griego clásico esta palabra se usaba para referirse al derecho que tenían los ciudadanos libres de hablar franca y abiertamente.

Algunas veces se usa en el NT para referirse a algo que se dice con toda claridad y franqueza, como cuando el Señor reveló a Sus discípulos en Mr. 8:32 que habría de ser llevado a la muerte por los líderes religiosos de la nación. Pero en estos textos del libro de los Hechos señala el valor y la osadía de los discípulos al predicar el evangelio.

Ese denuedo lo vemos una y otra vez en la predicación apostólica (comp. Hch. 2:22-23363:13-15). Un predicador que no posea denuedo no podrá decir nunca como el apóstol Pablo: “Estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hch. 20:26-27).

Hay verdades de las Escrituras que la gente no quiere oír, así como hay personas que manifiestan abierta hostilidad hacia todo lo que tiene que ver con el evangelio. Pero el ministro que ha sido atrapado por la verdad de Dios revelada en Su Palabra no cerrará su boca para hablar lo que debe hablar (comp. 1Ts. 2:24).

Muchos predicadores carecen de denuedo en su predicación por causa del temor a los hombres. Pero hay algo que atenta también contra ese denuedo y que no es tan evidente como el temor a los hombres: la sinceridad del predicador.

Debemos reconocer que nosotros mismos estamos envueltos en un proceso de santificación y que no somos perfectos; todavía tenemos mucho que crecer para seguir conformándonos a la imagen de nuestro Señor.

Pero no por eso debemos predicar con timidez. Consideren el ejemplo del apóstol Pedro en Hch. 3:14, cuando acusa a los judíos de negar al Señor. Pero ¿acaso no fue el mismo Pedro quien había negado a Cristo tres veces la noche del arresto? Él se arrepintió y lloró amargamente su traición; pero eso no elimina este hecho de su historia. Pedro negó a Cristo.

Sin embargo, eso no impidió que en este momento, con todo denuedo, clavara esta acusación en la conciencia de estos judíos, porque ellos necesitaban oír eso. Comentando acerca de este incidente, Ted Donnelly dice lo siguiente:

“¿Dudaremos en aplicar el evangelio por nuestra indignidad? ¿Predicaremos más suavemente por miedo a que nos consideren arrogantes o más santos que el resto? ¿No es esto orgullo con una máscara de humildad? Mientras predicamos, solo una cosa importa – que el mensaje de salvación sea traído a aquellos que nos escuchan. No podemos permitir que nada interfiera con el impacto de lo que estamos diciendo”.

“Debemos examinar nuestros propios corazones. Debemos sentir profundamente el dolor de nuestro pecado. Pero el lugar para esto es en lo secreto, no en el púlpito. El arrepentimiento profundo y la humillación del alma, si son genuinos, nos harán mansos y gentiles. Nuestra actitud mostrará evidentemente si nos estamos poniendo a nosotros mismos en un pedestal o no. Pero es un error trágico el predicar tímidamente porque somos imperfectos. Cristo, nuestro tema, es perfecto. Proclamémosle sin restricción” (Peter: Eyewitness of His Majesty; pg. 78). Comp. Ef. 6:19-20.

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica delSeñor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Redención asegurada

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Redención asegurada

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/30490419

Continuando con nuestro estudio del drama de la redención, es importante que recordemos que nuestra comprensión de cómo se desarrolla la redención en la historia debe verse a la luz tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. Hemos visto cómo el propósito del reino de Dios impregna ambos testamentos.

Recientemente en el curso de Teología Sistemática que enseño en el seminario, estábamos viendo la doctrina de la expiación de Cristo y, por supuesto, el símbolo mismo del cristianismo es la cruz. Recordamos las palabras de Pablo, él estaba comprometido a no predicar más que a Cristo y a Cristo crucificado; y vemos que la cruz contiene un elemento muy importante de la fe neotestamentaria.

Aquí estamos hablando de la expiación. Y mencioné a mis alumnos que no hay una sola definición de expiación en el Nuevo Testamento, pero hay varias maneras en que el Nuevo Testamento habla de la obra expiatoria de Cristo.

Se usan diferentes metáforas, imágenes, y dije, nuevamente estas son interpretaciones que la Biblia nos da del concepto y significado de este evento de la muerte de Cristo. Miras al Nuevo Testamento, y dices, por ejemplo: ‘Si fueras un testigo ocular de la crucifixión, me pregunto: ¿cómo hubieras interpretado el significado de ese evento?”

Los que estaban allí lo vieron desde distintas perspectivas. Para Caifás fue una labor de conveniencia política. Él dijo: ‘Es bueno para la nación que este hombre muera’. No estaba pensando en términos de una redención de la ira de Dios, pero estaba pensando en términos de apaciguar la ira de los romanos; y entonces dijo: ‘No podemos involucrarnos en estas controversias políticas con personas que demandan mesías que los liberarán de Roma, así que probablemente sea mejor para nosotros si este hombre muera.’

Y así interpretaría él la cruz, como una acción de conveniencia política, como lo hizo Poncio Pilato, quien después de anunciar a las multitudes: ‘No encuentro ninguna falta en Él’, sin embargo, aceptó dar la sentencia de ejecución a alguien que ya había declarado inocente de cualquier cargo. Pero lo hizo por pragmatismo político. Esa era su preocupación.

Ahora, mi pregunta es esta: si estuvieras de pie en el Gólgota y mirases este evento de un hombre que es clavado en una cruz, entre dos ladrones, con un título burlón sobre su cabeza que dice: Rey de los Judíos, ¿cómo sabrías o llegarías a la conclusión que esto se trata de una expiación?

Ahora bien, otorgo el hecho de que si una persona extremadamente bien versada en todo el Antiguo Testamento enseña acerca de la venia del Mesías, hubiera dominado los matices de Isaías 53, quizá esa persona hubiera observado a Cristo y su crucifixión y hubiera dicho: ‘Ajá, Este es el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. La muerte del Mesías, lo cual es una expiación’. Pero no estaría muy claro para el espectador simple de este evento.

Por eso, cuando vamos al Nuevo Testamento, no solo tenemos los Evangelios, sino que tenemos las Epístolas; y aunque esa no es la única función de las Epístolas, una de las funciones principales de la Epístola es interpretarnos el concepto y significado de las narrativas históricas y los eventos históricos.

Pablo ve como central a su enseñanza de la iglesia en tiempo del Nuevo Testamento, la importancia central de la muerte de Cristo y describe la muerte de Cristo en distintas ilustraciones. Habla de ello como un rescate. Lo menciona como una obra de redención donde algo que se pierde se redime o se rescata o se compra.

También está el elemento que llamaos el elemento “Christus victor” de la expiación donde Cristo en la cruz manifiesta su victoria sobre Satanás y sobre los poderes de la oscuridad. Entonces, tienes la idea de Cristo como el Cordero sufriente, como nuestro sustituto que satisface las demandas de la justicia de Dios, y es por eso que, la iglesia históricamente abrazó lo que se llama la “satisfacción sustitutoria” de la expiación, donde Cristo satisface las demandas de la lira de Dios por su pueblo.

Y todos estos motivos coexisten en el patrón de expiación del Nuevo Testamento. Pero hay un patrón y una imagen que usa Pablo en la que quiero pasar el tiempo hoy, y encontramos eso en el capítulo tres de Gálatas, donde en el versículo 10 Pablo dice: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.”

Nadie está justificado por la ley a los ojos de Dios. Eso es evidente, porque los justos vivirán por fe. Sin embargo, “la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.” Luego el verso 13 dice esta cosa extraordinaria: “Cristo nos remidió de la maldición de la ley”. Ahora, recuerda que lo que estamos estudiando en esta serie es el drama ¿de qué? El drama de la redención.

Hace unos años hablé en la Convención de Librerías Cristianas y me lancé con algo. Había entre cinco a seis mil personas allí y me atreví a insultar su inteligencia hablando de algo que era tan básico y tan elemental para la fe cristiana. Dije: ‘Como cristianos evangélicos, todos siempre hablan de ser salvos’.

Y primero hice esta pregunta: ¿Salvados por quién? Ellos dijeron: Salvados por Cristo, pero finalmente salvados por Dios porque la Biblia dice que la salvación es del Señor. Y así la salvación viene a nosotros de la mano y por la obra de Dios.

Dije: ‘Está bien, ahora la segunda pregunta es esta: ¿de qué somos salvos? Cuando la gente se acerca a ti en la calle y te detiene y te pregunta: ¿Eres salvo?, ¿No te sientes tentado a decir: ¿Salvado de qué? ¿Salvado de una enfermedad? ¿Salvado de un desastre financiero?

Ciertamente no salvo de ser interrumpido en la calle en medio de mis ocupaciones, eso se nota –pero cuando la Biblia habla de ser salvo en el sentido supremo, ¿de qué se trata esta salvación? Bueno, en los términos más simples posibles, la salvación en la Biblia es la salvación de Dios. No solo somos salvos por Dios, somos salvos de Dios y Jesús es el Salvador designado que Pablo nos dice que salva a su pueblo de la ira que está por venir.

¿La ira de quién? La ira de Dios porque lo central de las enseñanzas que Jesús proclama donde sea que va, es que habrá un día designado por Dios para juzgar a cada ser humano y todos los que no estén cubiertos por la redención, tendrán que comparecer delante de Dios y ser juzgados por la ley de Dios, y todos pasarán por ese juicio.

Y para aquellos que han desobedecido la ley de Dios, las sanciones o pena por no cumplir con las estipulaciones de nuestro pacto con Dios, será la ira de Dios. Recordamos en el Antiguo Testamento que cuando la ley fue entregada al pueblo, Dios prometió que todos los que obedecían la ley recibirían bendición, pero aquellos que rechazaban la ley y desobedecían la ley, recibirían maldición.

Esas fueron las sanciones de las estipulaciones del antiguo pacto, por lo que cualquiera que haya violado la ley de Dios, ahora es vulnerable y está expuesto a la ira de Dios, al juicio de Dios que se expresa en términos de maldición.

Ahora, déjame recordarte el significado de la palabra “maldición”. Recordamos una de las bendiciones hebreas, creo que se llama la número seis entre los judíos, dice así: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;” Y sigue: “Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.”

Ahora, ya hemos mencionado brevemente de esto en una serie anterior sobre la literatura de la sabiduría, y vemos aquí un ejemplo del dispositivo literario que los judíos usaban llamado paralelismo, donde estas tres declaraciones en la bendición hebrea son sinónimos, es decir, las tres líneas significan exactamente lo mismo.

Simplemente usan distintas palabras para expresarlo y hay dos partes en cada línea. “Jehová te bendiga, o vayamos al final: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro… tenga de ti misericordia.. alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz”.

La idea aquí es que estos tres conceptos: ser preservados por Dios, recibir la gracia de Dios y recibir la paz de Dios, se refieren básicamente a la misma cosa, y esta es la oración, esta es la esperanza de un judío, que Dios en su bondad y en su misericordia guardaría a su pueblo, les daría gracia y les daría la paz que era tan importante que se convirtió en la palabra para su saludo: “Shalom”.

Ahora estoy interesado en la primea parte de cada una de estas líneas: “Jehová te bendiga…. Jehová haga resplandecer su rostro…Jehová alce su rostro sobre ti.”

La razón por la cual esto es significativo es que la primera línea simplemente usa la palabra “bendecir”, pero ¿cómo entiende el judío la bendición? Bien, cuando el judío usa imágenes concretas para describir lo que significa ser bendecido por Dios, regresa a alguna experiencia de la presencia de Dios, delante de su propio rostro.
La mayor esperanza de un judío es restaurar la intimidad de la comunión que Adán y Eva experimentaron en el paraíso, donde estaban en comunión diaria con Dios, y Dios estaba cerca de ellos.

Y se emocionaban al escuchar a Dios caminando por el jardín. Pero, después de la caída, la comunión con Dios se rompió. Se colocó una cortina en el templo para separar a las personas de acercarse demasiado a la presencia de Dios, y la prohibición absoluta fue ordenada por Dios, “Nadie verá mi rostro y vivirá”.

Incluso a Moisés no se le permitió ver el rostro de Dios, pero la mayor esperanza de los judíos era que algún día tendremos la visión beatífica, la visión de Dios, que hará que su rostro brille sobre nosotros, que alce la luz de su rostro sobre nosotros. Una de las imágenes más vívidas de una película que he visto, vino de Ben-Hur, donde Charlton Heston, interpretando a Ben-Hur, había sido degradado a esclavo y estaba encadenado, estaba hambriento y sediento.

En eso, a los esclavos se les permitió hacer una parada en el camino y estaban yendo a este pozo. Pero Ben-Hur estaba tan débil y cansado, que estaba en el suelo y no pudo encontrarla manera de llegar al pozo para poder obtener agua, y de repente mientras se retorcía en el suelo en su agonía y en su condición sedienta, ves en la pantalla la imagen de una sombra que pasa, proyectando esta sombra sobre Ben-Hur.

Y luego ves la mano de esta persona que ha aparecido tomando la taza y obteniendo agua del pozo y luego se inclina para darle agua a Ben-Hur. Y Ben-Hur está de rodillas y mira directamente a quien sea que le está dando esta agua fría, y nunca se llega a ver la cara de la persona que estaba dando el agua.

Pero cuando miras la cara de Ben-Hur, y ves esta transformación instantánea de su semblante, donde de repente, en lugar de mirar en abyecta desesperación, su rostro se vuelve radiante al recibir este tierno gesto de compasión de ese extraño que le ofrece agua.

No hay duda en la mente de nadie que está viendo la película de quién es el que dio el agua. Es Cristo obviamente que se ve reflejado en la película. Y vemos lo que le sucede a Ben-Hur cuando mira el rostro de Jesús, y ves esta expresión instantánea de beatitud, de bendición sobre él.

Recuerdo esa imagen debido a la esperanza de los judíos que dijeron que su mayor esperanza sería que recibirían la bendición de Dios en términos de que Él haría resplandecer su rostro sobre ellos y alzaría sobre ellos su rostro.

Pero he visto esto no solo para entender la bendición, sino para entender lo que la Biblia quiere decir con “maldición”. Debes entender que el concepto de la maldición en la Biblia es el opuesto directo: la antítesis, el otro lado de la moneda. La maldición está en marcado contraste con la bendición.

Y si esto no fuera una bendición que puse en la pizarra sino una maldición, diría algo como esto: ‘Jehová te maldiga, Dios te maldiga’, es lo que eso estaría diciendo, y es por eso que no deberíamos hablar así en un lenguaje frívolo porque desear que Dios maldiga a alguien—es lo más duro que se puede desear.

Esto sería: ‘Dios te maldiga y no te guarde – te eche fuera. Que él esconda su rostro de ti y no te conceda gracia alguna, solo justicia e ira. Y que Dios apague la luz de su semblante y te dé la espalda y no te dé paz en absoluto, sino tormento y problemas eternos’.

¿Ves? Así como la bendición se entiende en términos de proximidad a Dios: de cercanía a Dios, de gozar en la presencia de Dios, vivir “coram deo” ante su rostro, lo opuesto, la maldición, la sanción negativa del pacto es perder toda esa bendición. Aquí Pablo dice algo extraordinario en Gálatas, él dice: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición.”

Pero luego dice en el verso 13: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero.” Pablo en su búsqueda de darnos la interpretación del significado de la cruz, el significado de la expiación de Cristo, lo hace en términos de este lenguaje de la maldición, y debemos tomarlo en serio, porque cuando miras la cruz en el Nuevo Testamento, ¿qué ocurre?

En primera instancia vemos una duplicidad de la ceremonia de expiación del Antiguo Testamento. En la ceremonia del antiguo pacto en el día de la expiación, se usaron dos animales. Uno fue el cordero o el toro que fue sacrificado y ofrecido a Dios para satisfacer su ira –para propiciar a Dios—y rociaron la sangre el cordero en el propiciatorio del templo en el lugar santísimo; Pero además del cordero que se sacrifica y se ofrece como sacrificio ante Dios, también hay otro animal, que es un macho cabrío. Es la idea del ‘chivo expiatorio’, donde el sumo sacerdote pone su mano en el lomo del macho cabrío, transfiriendo simbólicamente los pecados de la gente a él, y ¿qué le sucede al macho cabrío? No lo sacrifican. El macho cabrío es expulsado del campamento, enviado a la oscuridad exterior, enviado al desierto solo.

Eso simboliza el destierro de la presencia de Dios donde se centran sus bendiciones. En el Nuevo Testamento, Juan Saluda a Jesús cuando aparece para su bautismo con el agnus dei –“He aquí, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Y en realidad, en la expiación, Jesús cumple el papel tanto del cordero que es sacrificado como del macho cabrío. Él no solo se ofrece a sí mismo como el sacrificio perfecto a Dios para satisfacer la justicia de Dios, sino que también quita nuestro pecado como el cabro expiatorio. Él es enviado bajo la maldición en todos los aspectos, y me parece increíble lo detallado que está en el Nuevo Testamento. En primer lugar, las Escrituras señalan mucho de que Jesús no ha sido condenado a muerte por el tribunal judío, sino por el tribunal romano.

Para cumplir las Escrituras, Jesús es entregado a los gentiles que fueron extranjeros y advenedizos en el pacto. Están fuera del campamento, y Jesús es juzgado por paganos, por gentiles. ¿Dónde lo matan? Es llevado fuera de la ciudad santa, llevado al desierto para ser ejecutado, no por lapidación, que era el método judío de ejecución, sino por crucifixión. Y Pablo recuerda Deuteronomio y dice: “porque está escrito: Maldito el que es colgado en un madero”.

Y así, incluso su modo de ejecución se ajusta íntimamente al concepto de maldición del Antiguo Testamento. Y mientras está en la cruz, Jesús clama con horror al Padre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” ¿Por qué hace eso Él? Porque se siente abandonado. Tiene que ser abandonado si va a tomar sobre sí el castigo dirigido a su pueblo. Él debe volverse maldito.

También hay algunos fenómenos extraños que acompañan a la crucifixión. A mediados de la tarde, de repente surge este fenómeno natural, ya sea un eclipse total de sol que no conocemos, pero el lugar se vuelve tan oscuro como la medianoche. Dios apaga las luces.

En el mismo instante en que Dios ponía su maldición sobre su hijo a causa de nosotros, Él no permitiría que resplandezca su rostro sobre su hijo. Él apaga las luces y deja a Cristo y al mundo en la oscuridad; y Mateo también nos dice que hay un terremoto violento.

Una vez un misionero me dijo que le gusta pensar que lo que sucedió en ese momento cuando Dios derramó su maldición sobre su propio hijo, es que Dios bajó del cielo y agarró la tierra en su mano y la sacudió en su furia.

Pero el punto es que toda la comprensión de la cruz como maldición debe ser entendida a la luz de todo lo que el Antiguo Testamento predijo en términos del pacto de la redención. No sé cuán profundamente has contemplado la cruz o la expiación de Cristo.

He estado estudiando teología por mucho tiempo, y tengo esta vergüenza y una sensación de que no he comenzado a siquiera arañar la superficie de las profundidades y las riquezas que están contenidas en ese único acto redentor.

Todo lo que hemos hablado en términos del drama de la redención, llega a su clímax allí en la cruz. No sé lo que significa, por experiencia, ser completamente maldecido por Dios, ser separado de su presencia y ser enviado a un reino de absoluta oscuridad tal como lo experimentó Jesús.

He escuchado muchas, muchas prédicas acerca de la cruz y muy a menudo los ministros entran en los detalles sangrientos del dolor fisiológico y el estrés que se impone sobre la víctima de la crucifixión; y en el caso de Jesús, la corona de espinas y clavos en sus manos y la espada en su costado y toda esa agonía que Él soportó; Pero en realidad dudo que Jesús siquiera haya sentido todo eso ya que no es comparable al dolor que debe haber sentido en el momento en que estaba recibiendo el castigo del infierno que tú y yo merecemos.

Lo que estoy diciendo es que los clavos y la espada no se comparan a estar bajo la maldición de Dios y te pido que pienses en eso, que pienses en lo que sería para ti estar bajo la maldición de Dios, lo cual de hecho será así si no recibes y crees en aquel que ha tomado esa maldición en tu lugar.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

 2/10 – Un alfabeto de oraciones

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Vivifícame conforme a Tu Palabra (Salmo 119)

 2/10 – Un alfabeto de oraciones

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/un-alfabeto-de-oraciones/

Leslie Basham: ¿Por qué debes leer la Biblia todos los días?  Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Tu relación con Dios nunca será más fuerte, nunca será más vibrante, y nunca será más genuina que la relación que tengas con la Palabra de Dios.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy tiene un desafío importante para ti en este año.  Ella está a punto de compartir contigo en una serie llamada Vivifícame conforme a Tu Palabra: Reflexiones sobre el Salmo 119.

Nancy: Recientemente escuché que la Iglesia Bautista de Belén en Minneapolis, Minnesota la cual pastoreaba recientemente John Piper (quizás conoces ese nombre) celebra una Semana de Oración Anual.  Se lleva a cabo la primera semana de cada año, la primera semana de enero.  Comienzan el año como iglesia con un tiempo de oración corporativa y buscando al Señor.

Hace unos años, al introducir esa semana, el pastor Piper dijo en un sermón impartido ese primer domingo del año, lo siguiente:

La oración y la meditación de la Palabra de Dios son como vías paralelas que permiten al tren de nuestras almas mantenerse en curso hasta llegar a la santidad y al cielo.

Necesitamos renovar nuestro celo por la oración y la meditación bíblica al comenzar el año.  Todas las cosas se envejecen, se gastan y se debilitan si no se vuelven a despertar y si no hay renovación y restauración.

¿Estás de acuerdo con eso?  Piensa en cómo llegas al fin de año y  a veces te sientes vieja, gastada y débil.  A veces físicamente, a veces espiritualmente.  Necesitamos volver a despertarnos, renovarnos y restaurarnos, y por eso es que me gusta el Año Nuevo.  Es una oportunidad para respirar profundo y reenfocarnos y recalibrar, dejando que Dios vuelva a despertar nuestro amor y la sensibilidad por Él.

Así que el pastor Piper continuó su sermón diciendo, “Durante la Semana de Oración cada año fijamos nuestra atención en estas grandes y preciosas cosas para poder volver a encender nuestra pasión por la oración y la Palabra”.  A mí me gusta esto.  Es en este tiempo del año cuando muchas de nosotras estamos haciendo resoluciones para el nuevo año que inicia. Aunque no las escribas o las verbalices formalmente, seguro estás pensando, “Voy a ir al gimnasio; voy a perder las quince libras que subí durante la Navidad; voy a hacer esto o aquello todos los días.”  Pero a veces esas resoluciones de Año Nuevo, al final de la semana, ya están olvidadas o dejadas de lado.

Pero hay una nueva resolución de Año Nuevo que quiero que  hagas, que te estoy desafiando a perseguir, y confío que la tendrás presente durante todo el año. Y nosotros vamos a hacer todo lo que podamos para que te acuerdes.  Y este es el simple reto que estamos extendiendo al comienzo de este año: que leas la Biblia todos los días este año.

Ahora, no te estoy diciendo por cuánto tiempo.  No tienes que leerla durante una hora todos los días.  Algunas de ustedes están en un lugar donde pueden hacer eso y les gustaría hacerlo —eso es fantástico.  No estoy diciendo por cuánto tiempo; no te estoy diciendo que tienes que levantarte a las 4:00 de la mañana para hacerlo.   No estoy diciendo cuándo debes hacerlo, o qué parte de la Biblia leer, o que tienes que leer en cierta secuencia a través de toda la Biblia.

Podemos ofrecerte ayuda y planes de lectura. Te ayudaremos en este proceso. Pero el desafío es realmente simple: Lee tu Biblia todos los días este año.  Y para dar inicio a este reto, quiero tomar la primera parte de ese año para echar un vistazo en el Salmo 119, el cual como sabes, es el capítulo más largo de la Biblia, con 176 versículos.  También es el capítulo en la Biblia que tiene más que decir acerca de la Palabra de Dios, más que cualquier otro capítulo.

He pasado las últimas semanas meditando en el Salmo 119.  Para decirte la verdad, hubiera deseado continuar estudiando 6 u 8 meses más antes de tener que enseñar esta serie.  Así que quizás lo haga el próximo año o más adelante; quizás enseñe más del Salmo 119, porque en mi propia meditación de este maravilloso pasaje, siento como que solo he comenzado a tocar la superficie.

No vamos a caminar versículo por versículo a través de este Salmo (me encantaría hacer eso pero no lo haremos este año).  A través de los próximos programas simplemente las voy a ir dirigiendo en algunas meditaciones sobre el Salmo 119. Haremos algunas reflexiones sobre temas claves de este salmo que espero enciendan en tu corazón un amor por la Palabra de Dios y  una pasión por ser una mujer de la Palabra este año—y cada año por el resto de tu vida.

Con muy pocas excepciones, casi cada versículo en este Salmo hace referencia a la Palabra de Dios.  Un autor quien ha escrito un capítulo con relación al Salmo 119 dice que este Salmo nos ayuda a ver “la belleza alucinante, el poder que da muerte al pecado, y la extensión impresionante de la Palabra de Dios.”1  Y eso es lo que espero que capture tu corazón a través de estos próximos días.

Mientras pienso en este capítulo que es el más largo de la Biblia, pienso en un amigo que ya está con el Señor.  Él contaba cómo cuando él estaba creciendo, su mamá le  leía cinco capítulos de la Biblia a los cuatro niños de esa familia todos los días.  Los leía en voz alta, cinco capítulos.  Esa no es una mala idea.  Pero mi amigo contaba de cómo él pensó que la eternidad había llegado cuando llegaron al Salmo 119—porque era tan largo.  Ese fue uno de los cinco capítulos de ese día.

También leí acerca de un clérigo en el siglo XVII quien fue condenado a muerte.  En aquellos días había la costumbre de que la persona podía hacer una petición antes de morir, justo cuando estaba allí en el patíbulo. Podías solicitar que se cantara el Salmo de su preferencia. El propósito de los Salmos es que sean cantados, y muchos cristianos y pastores han cantado los salmos.

Y la petición de este clérigo, antes de morir, fue se cantara el Salmo 119, y mientras estaba él allí en el andamio listo para ser ejecutado.  Bueno, antes que terminaran el salmo, alguien llegó.  Venía de parte del rey trayendo la noticia de su perdón y su vida fue librada.  Resultó que él estaba esperando este perdón, pero todavía no había llegado.  Así que intencionalmente escogió el Salmo 119 como una táctica para demorar el tiempo.  Así que nunca sabes cuando este salmo te sea útil.

A través de los años, muchas personas—quizás no muchas, pero un buen número de personas conocidas—se han memorizado el Salmo 119 y han encontrado que ha sido muy útil en sus vidas.  De hecho he tratado de comenzar a memorizarme el Salmo 119.  Apenas voy empezando, y no sé hasta dónde llegaré.  Es algo que he deseado haber podido hacer hace veinte o treinta años atrás cuando todavía podía retener mejor las cosas.  No es fácil, pero aun cuando tropiezo y trato de recordar algún versículo que estoy memorizando, pienso que es un gran ejercicio el solo hecho de estar repasándolo en mi mente y en mi corazón.

Algunas de ustedes tienen hijos—quienes por cierto, tienen facilidad para memorizar. No sería un mal ejercicio animarlos a memorizarse el Salmo 119.

William Wilberforce, ¿conoces ese nombre?  Él fue aquel gran abolicionista.  En medio de una crisis política él escribió en su diario acerca de cómo él recitaba el Salmo 119 mientras caminaba desde su casa hasta el Parlamento, y cómo esto fue para él de gran consuelo.  Toma unos quince minutos leer el Salmo completo.  Así que mientras caminas pudieras recitar el Salmo 119—esto fue precisamente lo que hizo William Wilberforce porque se lo había memorizado.

Algunas de ustedes conocen el nombre David Livingstone quien fue un pionero del siglo XIX, misionero en África.  Leí que él se ganó una Biblia que su maestra de escuela dominical estaba ofreciendo por recitar el Salmo 119 de memoria cuando solo tenía nueve años.  ¿Te imaginas?  Puse eso en Twitter el otro día y una de mis amigas le dijo a su hija pequeña que este hombre se había ganado una Biblia por recitar el Salmo 119 cuando solo tenía nueve años, y la respuesta de la pequeña fue, “¿Solo le dieron una Biblia?”  Bueno, la Biblia en esos días era más escasa y más preciosa, quizás, de lo que lo es para nosotros hoy.

Muchas obras extensas se han escrito acerca de este salmo; muchos comentarios.  Thomas Manton fue un clérigo puritano del siglo XVII.  Él escribió una obra de tres volúmenes, 1,677 páginas en referencia al Salmo 119, 190 largos capítulos, más de un capítulo dedicado a cada versículo del Salmo 119.

Charles Spurgeon escribió un libro clásico titulado, “El tesoro de David”, que es un comentario sobre todos los Salmos.  En ese comentario, él dedicó 350 páginas al Salmo 119 solamente. Más de 250,000 palabras; un cuarto de millón de palabras sobre el Salmo 119.  En el prefacio del volumen final de ese comentario—que es el volumen que incluye el Salmo 119—él habla de cómo este comentario tomó más tiempo que los otros (que los otros volúmenes) por la enorme tarea que fue hacer un comentario, versículo por versículo, del Salmo 119.  Él dice:

“Su dimensión, tanto como su profundidad, me sobrecogió profundamente. Se extendió ante mí como una vasta pradera de la cual no podía ver lo límites, y solo esto creó en mí un sentimiento de desaliento… confieso que dudé embarcarme en este Salmo.” [Confieso que yo misma me he sentido así al pensar cómo pude hacer ocho sesiones, tan solo ocho sesiones, de este salmo tan vasto].

Spurgeon continúa diciendo: “Otros salmos han sido simples lagos, pero este es el océano principal.  Es un continente de pensamiento sagrado, y cada pulgada es tan fértil como el jardín del Señor…mientras más uno lo estudia, más fresco se hace.” 2

Ahora, solo una palabra acerca del estilo literario de este salmo.  Tiene, por supuesto, un estilo de poesía hebrea—y pudiéramos hacer toda una sesión acerca de eso.   Quizás lo haga en otra ocasión, pero puedes ver declaraciones paralelas que ayudan a explicar o que contribuyen a expandir los conceptos.  Lo más fascinante acerca de la forma de este salmo es que es un acróstico.  Hay veintidos letras en el abecedario hebreo y hay veintidos estrofas en el Salmo 119.  Cada una de estas estrofas tiene ocho versículos.  Cada estrofa se basa en una letra diferente del alfabeto Hebreo, en  sucesión.  Cada versículo en cada estrofa comienza con la misma letra del alfabeto hebreo.

Al leerlo por primera vez, este salmo pudiera parecer un poco repetitivo, y sí es repetitivo, y algunos quizás piensen que es un poco aburrido.  Si tu pastor dijera este domingo en la iglesia, “Vamos a leer todos juntos, y de pie, el Salmo 119…”  Pienso que mucha gente se quejaría, internamente—sino externamente—pensando es demasiado tiempo para estar parados leyendo algo que tiene tantas aseveraciones similares juntas.

Pero yo pienso en lo que Spurgeon dijo en su comentario acerca de este salmo.  Él dijo:

“He pesado cada palabra y he mirado cada sílaba con meditación prolongada, y soy testigo que este canto sagrado es encantadoramente variado de principio a fin.  Su variedad es como un caleidoscopio; [me encanta esa imagen] una ilimitada variedad se produce a partir de unos cuantos objetos. 1

Ahora, en este salmo hay por lo menos ocho términos que son usados como sinónimos para la Palabra de Dios.  Los ves una y otra vez.  Muchos de ellos son usados más de veinte veces.  Cada uno de estos ocho sinónimos nos dice algo acerca de la naturaleza o el carácter de la Palabra de Dios.  Es un poco difícil enseñar a través de este pasaje cuando todas tenemos diferentes versiones porque hay diferentes maneras en que estas palabras son traducidas, así que  espero que tengan un poco de paciencia.  Estaré leyendo de La Biblia de Las Américas a través de la mayor parte de esta serie, pero ocasionalmente me referiré a otras versiones solo para ayudar con algunos de estos términos.

Comencemos con el versículo 1 del Salmo 119.  En los primeros once versículos vas a ver estos ocho sinónimos aparecerse.  Así que quiero que leamos esos versículos y busquemos estos diferentes sinónimos.

Versículo 1: “Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del Señor”.

Ese es el primer sinónimo.  La ley del Señor.  Es la palabra hebrea torah.  Es la instrucción del Señor. Se puede referir a una sola ley de Dios. A menudo se refiere a lo que nosotros conocemos como el Pentateuco — los libros de Moisés — los primeros cinco libros de la Biblia son conocidos como el Torah. También pudiera usarse para hacer referencia a la totalidad de la Escritura.  La ley del Señor.  Representa la revelación de Dios de Sí mismo; Su pacto con el hombre.

Versículo 2: “Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios,” aquí vemos un segundo sinónimo, “y con todo el corazón le buscan.  No cometen iniquidad sino que andan en sus caminos.”  Sus testimonios, Su testimonio.  Algunas de sus versiones podrían decir “estatutos” o “decretos.”  Esta es una palabra que está relacionada con la palabra que se usa para “testigo,”  y sabemos que los testimonios de Dios son confiables porque vienen de un testigo fiel y verdadero.

Versículo 4: “Tú has ordenado tus preceptos, para que los guardemos con diligencia.”  Otro sinónimo, esta es una palabra que da la idea un capataz.  Un precepto es un mandato de Dios.  Son instrucciones detalladas.

Versículo 5: “¡Ojalá mis caminos sean afirmados para guardar tus estatutos!”  Aquí está el cuarto sinónimo, la palabra estatutos o en algunas versiones dice decretos.  Es una palabra que viene de una raíz que significa grabar o inscribir.  Habla de los límites que la Palabra de Dios provee para nuestras vidas.  Es algo que ha sido grabado. Son preceptos y reglas que deben ser estrictamente obedecidas.  Habla acerca de la naturaleza vinculante de la Escritura y sobre la permanencia de la Escritura.  Una vez grabada, no puede ser borrada.

Luego el versículo 6: “Entonces no seré avergonzado, al considerar todos tus mandamientos.”  Aquí está otro de los sinónimos y vemos a través de este salmo que la obediencia a los mandamientos, a las ordenanzas de Dios, trae bendición y la desobediencia trae maldición; trae conflicto, trae consecuencias.

Versículo 7: “Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios”.  Aquí hay otro sinónimo para la Palabra de Dios y diferentes versiones pudieran traducir esa palabra como reglas.  Algunas versiones hablan de juicios, leyes, ordenanzas.  Hay una connotación legal en esta palabra.  Habla de la justicia de la Palabra de Dios.

Luego los versículo 8 y 9: “Tus estatutos guardaré; no me dejes en completo desamparo.  ¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?  Guardando tu palabra”.  La Palabra de Dios; la palabra revelada al hombre, es aquello que proviene de Su boca.

Versículos 10-11: “Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos.  En mi corazón he atesorado tu palabra para no pecar contra ti”.  Es la misma palabra que leemos en el versículo 9, la “palabra de Dios” pero en  el idioma hebreo en realidad se usa una palabra diferente, pero que se traduce al Español como ‘palabra’.   Es una palabra similar pero a veces es usada para referirse a una promesa.  “En mi corazón he guardado tus promesas para no pecar contra ti”.  Esta palabra se puede referir a cualquier cosa que Dios haya dichocualquier cosa que Dios haya mandado o cualquier cosa que Dios haya prometido.

De manera que tenemos todos estos sinónimos.  Cuando leas estas palabras; estatutos, preceptos, mandamientos, juicios, ordenanzas, decretos, la ley del Señor; todas están haciendo referencia a la Palabra de Dios.  A eso se refiere aquí.

Y luego, mientras he estado meditando en este pasaje, me sentí dirigida a dividir los versículos en cuatro categorías diferentes. Hay cuatro tipos de declaraciones que vamos a encontrar a través de todo este salmo, y la mayoría de estos versículos caen en una o más de estas cuatro categorías.

Te repito, estaré leyendo mucha Escritura a medida que vayamos por esta serie y, en muchos casos, no te voy a dar el número del versículo.  Pero si lees la transcripción que acompaña este programa, podrás encontrar la referencia para todos estos versículos. Puedes obtener la transcripción al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

Antes que todo, encontramos las afirmaciones.Hay versículos que son afirmaciones acerca de Dios, acerca de Su Palabra o acerca de Sus caminos.  Escucha algunas de estas afirmaciones.

“Para siempre, Oh Señor tu palabra está firme en los cielos.” (v.89)

“Tu fidelidad permanece por todas las generaciones.” (v.90)

“He visto un límite a toda perfección; tu mandamiento es sumamente amplio.” (v.96)

“Justo eres tú, Señor, y rectos tus juicios.” (v.137)

“Tu justicia es justica eterna, y tu ley verdad.” (v.142)

“Tú estás cerca, Señor, y todos tus mandamientos son verdad. (v.151)

Estas son todas afirmaciones acerca de Dios y acerca de Su Palabra.

En segundo lugar, encontramos declaraciones de adoración.  Estas son declaraciones de adoración o de celebración o de celebración.  Estos son versículos que alaban a Dios por la maravilla de Su Palabra.  Escucha a algunas de estas declaraciones de adoración.

“También tus testimonios son mi deleite, ellos son mis consejeros.” (versículo 24)

“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!,  más que la miel a mi boca.” (versículo 103)

“…pero mi corazón teme tus palabras” (versículo 161)

“Me regocijo en tu palabra, como quien halla un gran botín.” (versículo 162)

“Siete veces al día te alabo, a causa de tus justas ordenanzas.” (versículo 164)

Vemos afirmaciones y adoración.

Luego, en tercer lugar, hay versículos que son resoluciones.

“Meditaré en tus preceptos; y consideraré tus caminos.” (versículo 15)

“Me deleitaré en tus estatutos; no me olvidaré tu palabra.” (versículo 16)

“Y guardaré continuamente tu ley, para siempre y eternamente.” (versículo 44)

“He inclinado mi corazón para cumplir tus estatutos, por siempre y hasta el fin.” (versículo 112)

A medida que leemos estas resoluciones necesitamos recordar que Jesús es el Único que ha cumplido perfectamente todas estas resoluciones.  Es fácil sentirte abrumada mientras lees un salmo como este y pensar, “yo no podría decir esas cosas, aseveraciones como, ‘yo obedeceré continuamente para siempre y eternamente.’”  ¡Oh, que fuera cierto en el corazón de los hijos de Dios! Pero fue solamente cierto que Jesús cumplió a cabalidad estas resoluciones y es por esto que este Salmo es un recordatorio para nosotros de cuánto necesitamos a Cristo. Nos apunta hacia  Cristo.

Y luego tenemos la cuarta categoría de versículos.  Estas son peticiones.  Son oraciones, son plegarias a Dios por su ayuda.  Por ejemplo el salmista ora en el versículo 17,

“Favorece a tu siervo para que viva y guarde tu palabra.”

“Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley.” (versículo 18)

“Quita de mí el camino de la mentira, y en tu bondad concédeme tu ley.” (versículo 29)

Ahora, a medida que meditamos en este salmo, como lo estaremos haciendo a través de los próximos días, sólo quiero recordarte que tu relación con Dios nunca será más fuerte, nunca será más vibrante y nunca será más genuina que la relación que tengas con la Palabra de Dios.

A través de este salmo el enfoque es en Su Palabra, en Sus preceptos, en Sus mandamientos.  La meta no es solo hacer el ejercicio intelectual de conocer la Palabra de Dios.  El objetivo es buscar a Dios.  Buscar a Aquél que es revelado en Su Libro.  No hay otra manera de conocer a Dios.   No hay otra manera de conocer a Cristo que a través de la Palabra escrita y viva de Dios.

Tengo una preocupación creciente y la he expresado de diferentes formas en este programa, pero nunca la he sentido más fuertemente que ahora. Tengo un anhelo de que seamos mujeres de la Palabra.  Tengo una preocupación con relación al número de creyentes con las que yo me relaciono que no están leyendo la Palabra de una manera consistente.  Muchas creyentes, y quizás la mayoría, nunca ha leído la Biblia en su totalidad.

Dios nos ha dado Su libro.  Nos ha dado Su Palabra, y solo me imagino lo que acontecerá cuando esté  parada delante del Señor cuando muramos… ¿Cómo le vas a explicar a Él la razón por la cual no tuviste el tiempo de leer Su libro?

He sentido una carga, ahora entrando a este año 2014, de desafiar a nuestras oyentes al comienzo de este nuevo año; de retarlas a leer la Biblia diariamente.  Este reto es simple.  Comprométete, por la gracia de Dios, a que vas a leer la Palabra de Dios todos los días durante este año.  Si vas a AvivaNuestrosCorazones.com podrás encontrar recursos que te ayudarán, tales como un diario que puedes imprimir para escribir lo que leíste ese día y luego puedes escribir una o dos oraciones acerca de lo que la lectura le habló a tu vida. Lo hemos llamado “Diario de anotaciones”.

Quiero animarte a que comiences a leer el Salmo 119 en la medida que estudiamos esta serie.  Toma aproximadamente quince minutos para leerlo completo.  Quizás quieras hacer esto todos los días durante esta semana y parte de la próxima, mientras estamos en esta serie.

Tal vez quieras leerlo de rodillas; es una oración.  A través de este salmo verás la palabra : “Clamo a ti oh Señor, es tu palabra.”  Así que quizás querrás ponerte en una postura de rodillas delante del Señor.  Sin importar la posición que escojas, léelo, deja que penetre en tu corazón y en tu mente y deja que Dios te hable por medio de este salmo.

Señor, cómo te suplico que en estos próximos días Tú abras nuestros corazones, nuestras mentes, y nuestros ojos, para que veamos tu Palabra de manera fresca. Y al verla, la amemos, y al amarla te amemos a Ti, Su Autor.  Que te amemos y te obedezcamos, que obedezcamos Tu Palabra, en el nombre de Jesús oro, Amén.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss te ha lanzado un reto.  Lee la Biblia todos los días en este año.  Para encontrar recursos para ayudarte a alcanzar esta meta, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Alguna vez has sentido como que leer la Biblia solo es otra tarea en tu lista de quehaceres? Nancy te enseñará cómo hacerlo una experiencia mucho más enriquecedora.  Eso será mañana en Aviva Nuestros Corazones

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.